¿Por qué votan las mujeres en España? Por Clara Campoamor

Si os hablo de sufragismo (1) sabréis inmediatamente a qué me estoy refiriendo. En parte, gracias a la gran pantalla (2). De hecho, pensaréis ipso facto en aquellas valientes feministas inglesas (3) o en las estadounidenses. Pero, ¿y en España qué? ¿Acaso a principios del siglo pasado hubo mujeres made in Spain que se levantaron para conseguir el voto femenino? ¿Hubo feministas patrias luchando en busca de la igualdad de sexos? ¿La oleada sufragista internacional caló en nuestro país? ¿Antes de la dictadura franquista las mujeres pudieron votar? La respuesta a todas estas preguntas es un sí rotundo, acompañado de un nombre: Clara Campoamor (4). Pero contextualicemos para que sepáis qué se cocía en la madre patria por aquél entonces.

España, para variar, a la cola del mundo

Que en España vayamos atrasados tanto en tema económico como en tema social, con respecto a Europa,  no es nada nuevo. Tal como sucede hoy en día, también pasaba a finales del siglo XIX (5). Además, la situación política de aquellos años no es que fuese estable precisamente. En cuestión de seis “añitos” se destronó a una reina, se implantó una república poco duradera y se restauró la monarquía de nuevo (6). ¡Ahí es nada! No le daba a uno tiempo ni a ubicarse. Y así, de nuevo monárquicos y reprimidos, entramos en el siglo XX. El patio estaba bastante revuelto como para que las ideas feministas calasen con fuerza. ¿Qué moderneces eran esas?

Prensa

Prensa femenina haciendo apología de “el ángel del hogar”. Fuente

Aun así, durante esos pocos años que olieron a libertad, comenzaron a fraguarse las primeras transformaciones sociales para las mujeres (7). ¡A ver si os vais a pensar que seguíamos enclaustradas entre fogones! Bueno, la verdad es que, en líneas generales, sí. El catolicismo seguía haciendo mucho daño. Ya sabéis, éramos “el ángel del hogar” (8), ¡las reinas de nuestra casa! ¿Qué más podíamos pedir?

Para nuestra suerte, las ideas de igualdad que soplaban desde Europa fueron penetrando, a poquito, en la sociedad española, y conforme entrábamos en el siglo XX, empezaron a surgir movimientos de reacción frente a la moral católica (9). Esas voces fueron germinando hasta que se fundó la primera organización feminista española (10) gracias, entre otras mujeres (11), a Clara Campoamor. Por fin, en nuestro país, unas mujeronas como la copa de un pino se propusieron reclamar la igualdad de derechos en todos los ámbitos (12). Además, en los años veinte, se movilizaron a favor del voto femenino (13). ¡Olé por ellas!

Y empiezan las “yoyas” para lograr votar

El primer proyecto de ley que se presentó en el Congreso de los Diputados (14) para establecer el voto femenino fue rechazado sobre la marcha. Ante esta falta de conciencia y sensibilidad política hacia las mujeres, los grupos feministas se pusieron manos a la obra (15). ¡Hasta organizaron una manifestación sufragista por las calles de Madrid (16)!

II República

Cartel II República. Fuente. Mujeres españolas votando por primera vez. Fuente

Pero la victoria no llegará hasta la Segunda República (17), en cuya Constitución se consagró legalmente la igualdad de la mujer (18). Aunque, no os equivoquéis, esto no se consiguió sin un tensísimo debate previo entre los parlamentarios. ¿Pensabais que había sido un caminito de rosas? ¡Ja! ¡Inocentes!

Es aquí donde nuestra Clara asume un papel crucial: sin su empeño el voto femenino jamás hubiese sido una realidad (19). Al César lo que es del César. Pero vayamos por partes, si las mujeres no podían ni votar, ¿cómo narices Clara Campoamor tuvo tanta importancia? ¡Ay!, ironías e incongruencias de la vida. Resulta que, recién instaurada la Segunda República, se apostó por el sufragio pasivo para las mujeres (20). Y esto, ¿que significaba?, os preguntaréis. Pues que las mujeres podían ser elegidas para formar parte de la Asamblea Constituyente, como diputadas, pero no podían elegir. No podían votar, pero sí podrían legislar. ¡Tócate los pies! Y así fue como Clara Campoamor, junto con otras dos mujeres (21), llegó a ser diputada y pudo dar tanto por saco (22).

Lógicamente, con la ley estaba hecha la trampa. Las mujeres podían ser elegidas, pero no podían elegir. Es decir, que quiénes elegían eran los varones… Ejem, ejem… ¡Aquí huele a tufillo! ¡Normal que sólo saliesen elegidas tres mujeres!

Eran solo tres, ¡pero no se callaban ni debajo del agua!

Lo cierto es que sus compañeros diputados no estaban muy contentos con la presencia de estas tres féminas “en sus dominios”. Eran pocas, pero molestaban (23). ¡Y eso que estaban en clarísima minoría respecto a los varones (24)!

Clara Campoamor

Clara dando un discurso. Fuente. Dibujo. Fuente

Los diputados tenían que ponerse de acuerdo para elaborar la Constitución de la recién estrenada Segunda República, y Clara Campoamor fue decisiva en aquéllos debates para que no se discriminase a la mujer (25). Con sus discursos, fue capaz de convencer a la mayoría de los diputados para que apostasen a favor del voto femenino (26). ¡Y lo consiguió!

Resulta doloroso que el discurso de Clara a favor del sufragio femenino no fuese apoyado por sus compañeras diputadas (27). Estaba en juego que la República cuajase y llegase a buen puerto, y eran tiempos difíciles. Para tres féminas que eran y no lograron ponerse de acuerdo sobre si era o no el momento adecuado para reivindicar el derecho al voto. Y es que, mientras que Clara apostaba porque la mujer, al igual que el hombre, tenía la suficiente responsabilidad para votar, sus compañeras pensaban que el catolicismo “seguía haciendo mucho daño” y, por consiguiente, el voto femenino podría perjudicar a la República (28).

¡A votar que son dos días!

El caso es que, finalmente, y gracias a Clara Campoamor, las españolas pudimos votar por primera vez en las elecciones generales de 1933. Y sí, repito que gracias a Clara, pues fue una victoria prácticamente personal de ella (29). Por desgracia, la derecha arrasó en las urnas y los partidos de izquierdas se hundieron. ¿Y a quién culparon de tan terrible derrota? Efectivamente, a nuestra Clara. Para qué iban a hacer autocrítica los señores varones, ¡si era más fácil culpar a una mujer! ¿Qué más daba si ellos habían seguido una estrategia mejor o peor? Os voy a chivar una cosilla: el problema de que la izquierda no esté unida no es cosa de ahora, viene lloviendo de lejos… (30). Pero, ¿la culpa? ¡Era de Clara y su manía por querer votar! ¡Claro que sí, guapísimos!

Normalmente, un fracaso electoral no suele ser “culpa” de una sola persona. Hay múltiples factores a tener en cuenta. Cierto es que, por la influencia del catolicismo, como era de esperar, las mujeres en las elecciones del 33 votaron en masa a la derecha. La sombra de “el ángel del hogar” seguía muy presente en la sociedad española. Pero también es cierto que en las siguientes elecciones, tres años después, la izquierda triunfó en las urnas gracias, en buena parte, al voto femenino. Y ¿adivináis qué? Nadie le pidió disculpas a Clara.

Campoamor, triunfadora y apestada… Y ¿ahora qué?

Si hay algo que caracterizó a Clara Campoamor es lo coherente que fue con sus ideas, sin importarle las consecuencias (31). Lo que hizo siempre esta mujer fue mantenerse fiel a sus principios y, lo demás, tonterías.

Clara Campoamor

Clara Campoamor ejerciendo la abogacía. Fuente. Clara Campoamor en su despacho. Fuente

Pues bien, resulta que la concesión del voto femenino no fue lo único revolucionario que consiguieron las mujeres en la Segunda República. Otro triunfo fue la Ley del Divorcio (32). Así, como había terminado escaldada ejerciendo como política, Clara, que estaba licenciada en Derecho, dedicó la mayor parte de su actividad como abogada a este tipo de causas (33).

Por desgracia, el voto y la Ley del Divorcio fueron grandes logros femeninos, pero tan fugaces como la propia República. La Guerra Civil y la posterior dictadura franquista mandarían al traste todo lo logrado (34). “El ángel del hogar” volvía a imponerse (35).

Clara Campoamor, al comenzar la Guerra Civil se exilió, y no pudo regresar a España antes de su muerte (36). Tras la guerra llegó el franquismo, el horror, la represión, el exilio… Miles de mujeres fallecieron durante la guerra y en las persecuciones posteriores (37), y otras muchas (38), como Clara Campoamor, salieron por patas de España. Con ellas, en sus equipajes, iban sus sueños, sus luchas, sus esperanzas de igualdad y de libertad. En España quedaron las tinieblas de un régimen opresor que nos sometía y nos dominaba bajo su yugo, ejerciendo una violencia atroz. ¡No había quién abriese la boca! (Ni ellas, ni nadie que no fuese afín al Régimen). Las mujeres que quedaron en tierra patria no pudieron continuar con la lucha, era imposible (39). Sufrieron el silencio, por cojones (los de Franco).

Los nuevos aires de libertad

Habría que esperar hasta La Transición (40), después de la muerte del dictador, para retomar la lucha feminista y toda búsqueda de libertades y derechos. Aunque no nos engañemos, a día de hoy, a pesar de que últimamente las feministas estamos teniendo más voz, la lucha no ha hecho más que comenzar. Seguimos viviendo en una sociedad donde los micromachismos cotidianos nos rodean y persiguen, donde la paridad suele brillar por su ausencia, donde la violencia de género se multiplica y no se castiga debidamente. Somos un país que, ante una agresión sexual, termina depositando el dedo acusador sobre la víctima, no sobre el verdugo. Además, están los debates sobre la prostitución y el alquiler de vientres, tan de moda ahora, sobre los que las feministas tenemos tanto que decir. Hermanas, seamos como Clara y no dejemos que nos callen la boca. Éste es nuestro momento, porque, si no, ¿cuándo?


Bibliografía y referencias

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Ana Morillas Cobo

Estudiante de filosofía y escritora. Mis áreas de mayor interés son la filosofía política, la ética en todas sus variantes y la antropología. Actualmente, colaboro en la asociación juvenil de escritores de Mancha Real "Hoja en Blanco". Cinéfila, melómana, devoradora de libros, amante de los animales, defensora del medio ambiente, y de firmes posiciones feministas y marxistas.

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