Las mujeres, la demencia y el alcohol en Edvard Munch

Las mujeres, la demencia y el alcohol en Edvard Munch
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Que Munch fuese un hombre atormentado, no debería extrañarnos. Podemos resumir la infancia de este norteño del siglo XIX, como una versión de la película Los Otros, de Amenábar. Munch, creció en un ambiente lleno de enfermedades, muerte y una profunda religiosidad. A todo esto, tenemos que sumar la moda decimonónica de los fenómenos paranormales y el espiritismo.

Desnudo llorando de Munch

Desnudo llorando. Fuente

De esta mezcla, no podemos esperar que un niño “salga muy normal”. La vida de Munch, como vamos a ver, fue un cúmulo de pérdidas. Además, desde pequeño, tuvo un bombardeo de información contradictoria. Así, no es justo tacharle de misógino a la ligera. Al menos, no sin un previo análisis de sus circunstancias.

Sin madre ni hermana, y con un padre ultra mega religioso, nadie le enseñó a querer. Tuvo una infancia tristemente fría y sin afecto. Además, no dejó de meterse en relaciones tóxicas y bebía como un cosaco. Como consecuencia, Munch fue un hombre muy trastornado y atormentado.

En este artículo, intentaremos acercarnos a las mujeres de su vida, para poder  entenderle a él y a su arte, considerado degenerado (1).

La  mujer idílica, la mujer fugaz. La infancia de Munch

La infancia del pequeño Munch no fue nada fácil. Fue un niño enfermizo, que incluso estuvo a punto de morir. Pero lo peor no era su enfermedad, sino la muerte que rodeó a sus seres queridos. Primero, murió su madre y luego su hermana mayor. Ambas, por culpa de la tuberculosis. Si de por sí era un niño introvertido, con estos dos episodios empezó a vivir con una angustia constante.

Munch Muerte en la Habitación

Muerte en la habitación. Fuente

Si con esto pensamos que un niño quedaría traumatizado, el colofón llegó con la esquizofrenia de su otra hermana. Una enfermedad mental heredada de su familia paterna y a la que Munch temió toda su vida.

Las cosas volvieron a la normalidad (toda la que se puede tener en estos casos) con su tía materna. Esta buena señora, vino a ocuparse de los niños y de la casa, tras la muerte de la madre, y supo ganarse el cariño y la confianza de nuestro Munch. Le enseñó a dibujar y a recortar figuritas, con las que luego hacían collages que vendían.

Telenovela mejicana con mi primo

Si para Munch las mujeres de su infancia simbolizaban el bien, un bien que duraba poco, en su juventud, sigue habiendo una buena dosis de esa fugacidad amorosa. Dios los cría y ellos solitos se juntan.

Para ponernos en situación y contar bien el enredo, tenemos que hablar de su primo, que se dedicaba a ayudar a jóvenes artistas prometedores (2). Así, viendo que Munch tenía talento para la pintura, le pagó un viaje a París. Allí, podría estudiar a los artistas que exponían en los Salones, y las obras del Louvre.

Autorretrato en el infierno de Munch

Autorretrato en el infierno. Fuente

Cuando Munch volvió a Noruega, se enamoró locamente de la mujer de otro de sus primos (3). Al principio, era algo platónico que rozaba lo obsesivo. Pero pronto pasaron a la acción, en el estudio de Munch.

La aventura fue descubierta por su padre, un médico militar muy muy (incluso con otro “muy” nos quedaríamos cortos) religioso, que le amenazó con castigos divinos y el fuego del infierno. Ríete tú de algún castigo en Juego de Tronos.

¿Mi novia me ha pegado un tiro? Y otros problemas de noviazgos anormales

Tras sus idas y venidas por París y la muerte de su padre, Munch viajó a Berlín, con el sobrenombre de pintor maldito. Ya sabéis, esos artistas y escritores que se rodeaban de misterio, malas compañías, mucha absenta y la muerte. Allí, se encontró con una vieja amiga de Noruega (4), encantadoramente liberal, a la par que buena bebedora. Su amor fue pasajero. Pero el asesinato de la joven a manos de su amante celoso, provocó en Munch un dolor tan grande, que tuvo que inmortalizarlo en una obra. La pintó como una mártir de su sensualidad, tan maldita como él.

Madonna de Munch

Madonna. Fuente 

La carrera de Munch ascendía, tanto como las críticas y su mala salud mental. Si su cabeza le jugaba malas pasadas, su nueva amante-acosadora se llevó la palma (5). Después de perseguirle por media Europa y fingir suicidarse para llamar la atención de Munch, terminó pegándole un tiro en mitad de una discusión. Todo ello, de manera accidental y porque nuestro pintor no quería casarse con ella.

Cuando se le pasó el susto, Munch se enamoró de una joven inglesa (6). El amor duró lo que ella tardó en darse cuenta de la demencia y del alcoholismo crónico de Munch. Con esta visión del amor, sometido al odio y a la pérdida, Munch cayó en una espiral de autodestrucción y enfermedades mentales (7).

Con los dedos en el enchufe

Pasó por el psiquiátrico para recibir un nuevo y revolucionario tratamiento: el electroshock (8). Fue por voluntad propia, cuando se dio cuenta de que, a lo mejor, empezaba a estar algo loco. Y después de que le frieran un poquito los sesos, salió feliz y contento. Pero volvió a caer en los mismos problemas al poco tiempo: ansiedad, alcohol, paranoias… Sus últimos amores, se resumen en las modelos que posaron para él, de nombres desconocidos en la mayoría de los casos, pero numerosas. Éstas, no le marcaron tanto como sus otros rolletes.

Sin embargo, estas últimas mujeres pagaron el pato por todas las anteriores. Aunque Munch intentaba abrir su corazoncito, llegó a un punto de trastorno que no se aguantaba ni él mismo. Sus demonios volvían una y otra vez.

Ahogó su miedo al rechazo y su inseguridad en el alcohol, tan ligado al misterio de los artistas malditos. Pero los miedos de Munch, convirtieron esa moda “del drinking” decimonónica de la absenta, en su vía de escape. Era la única manera de no dejar salir sus tormentos de la infancia. Así, se vio envuelto en un círculo muy tóxico, que cada vez crecía más, con cada mujer que conocía. Ninguna (obviamente) iba a aguantar a un personaje así y cuando se marchaban, los demonios de Munch crecían. Además, su demencia engordaba con más y más alcohol.

Los problemas se quedan en casa

Al final, vio reflejado en estas últimas mujeres su miedo y solo quería acabar con esos traumas (no con ellas). No se puede tener todo, y aunque es uno de los artistas más conocidos del mundo, sus adicciones agravaron los problemas que arrastraba desde su infancia. Con un padre que solo tenía presente la religión, su educación fue muy rígida y sin afecto, como hemos señalado. Nunca llegó a superar la muerte de su madre, ni la de su hermana, y menos, que su otra hermana fuera esquizofrénica. Munch tuvo un gran vacío en su infancia. Mientras que todos los niños jugaban y se divertían, Munch solo sentía soledad.

A estos sentimientos, contribuyeron sus posteriores relaciones tóxicas. Una tras otra, sus terrores salían siempre a relucir, junto a los tormentos de la religión inculcada. Todo esto, fue a peor con el alcohol, que aumentó su demencia y le volvió del todo majara.

El odio y el miedo de Munch, aparecieron en la base, en su infancia. Bastante bien salió el chaval, habiéndose criado en ese ambiente religioso, en el que la mujer no era casi nombrada, y sin una madre que le diera cariño. Sus pinturas son sus sentimientos, cada vez más siniestros por culpa de sus adicciones y enfermedades mentales. Son el resultado de lo que vivió y de cómo le educaron. Y es que, amigos míos, la educación suele ser la clave para casi todo.


Bibliografía y referencias

Para acceder a la bibliografía y referencias usadas en este artículo: Bilbiografía y referencias

Itziar Herranz Medina

Historiadora del Arte en potencia. "No se trata de pintar la vida, se trata de hacer viva la pintura" by Paul Cézanne, macarra decimonónico. Los historiadores no somos Snobs y margis, tenemos vidas normales.#AdoptaUnHistoriador.

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