Luis II de Baviera
Luis II de Baviera, loco y posible amante de Wagner
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¿Qué niña no ha soñado con ser una princesa y vivir en un castillo con su príncipe azul? ¿Quién no tiene en sus recuerdos infantiles el fabuloso castillo de las pelis de Walt Disney? Pues bien, resulta que cuando creces, descubres que el creador de Mickey se inspiró en el castillo de Neueschwenstein (1). Y además, te enteras de que el apuesto príncipe de los cuentos de hadas existió, y que construyó ese alucinante castillo (y otros). Este príncipe azul llegó a ser el rey de Baviera, con corona de oro y manto de armiño, cuando aún era un adolescente (2). Pero por ideal que parezca, en esta historia no hay ninguna princesa. Tampoco tiene un final feliz como todos los cuentos. Érase una vez Luis II de Baviera (3)…

Castillo de Neuschwanstein de Luis II de Baviera
Castillo de Neuschwanstein. Fuente

Luis y la extraña familia, ¡todos estamos pirados!

Luis II de Baviera
Luis II de Baviera. Fuente

Nuestro apuesto príncipe tuvo una infancia marcada por la disciplina de la Corte y alejada del cariño de sus padres, todo un tópico. Un niño inadaptado que detestaba su realidad. Por ello, creó un mundo paralelo lleno de fantasía como forma de evasión. Así, aunque creció determinado por su sangre azul, también por sus venas corría el gen de la locura que tanto marcó su carácter singular. Luis II de Baviera era excéntrico, inteligente, megalómano, lunático, soñador, extravagante, melancólico, solitario, amante de la belleza, romántico hasta la asfixia… En definitiva, un incomprendido.

 

Lo cierto es que su padre (4), un gran mecenas de la cultura, enseguida se percató de lo “rarito” que le había salido el niño. ¡Por no hablar de su otro vástago (5)! A este, en plena adolescencia, hubo que encerrarlo en una habitación acolchada. Y es que el hermanísimo de Luis II, en las crisis de su enfermedad mental, golpeaba su cabeza contra la pared para autoagredirse. Y, como también se creía un perro, ladraba y había que ponerle la comida dentro de una escudilla en el suelo (6).

Cada loco con su tema

Si hablamos de la locura familiar, debemos recordar a su  abuelo (7). El yayo era un  hombre enfermizamente mujeriego, encoñado con todas las jovencitas de Múnich, a las que mandaba pintar al óleo (8). De hecho, tuvo que abdicar por la pasión que sentía por una supuesta bailarina española (9). Todo un regio Don Juan.

Por último, hablaremos de su alma gemela dentro de esta extraña familia: su prima Sissi, emperatriz de Austria-Hungría. Soñadora y noctámbula, pasota de la Corte y espíritu libre, como Luis II. Era también una  maniática y estaba obsesionada con su imagen. De hecho, padeció anorexia y su cabello le llegaba hasta casi los pies. ¡Incluso lucía tatuajes! Y para más inri, practicaba el espiritismo. Consciente de ese alejamiento de ambos de la normalidad, solía decirle a su primo Luis: “de vez en cuando nos tomarán por locos ”(10)…

Da la terrible casualidad de que ambos murieron trágicamente. A ella la asesinaron mientras paseaba por el lago Leman; allí, un anarquista le clavó un estilete en el corazón. Vamos viendo cómo el cuento de hadas más bien parece una tragedia griega. ¡Vaya familia!

Luis II de Baviera y Richard Wagner, ¿amor prohibido?

A nuestro querido Luis II de Baviera le cambió la vida asistir una ópera (11) de Wagner. Enloqueció, en el amplio sentido de la palabra; y mandó llamar al genial autor para conocerlo. Y como os podéis imaginar, se enamoró de él hasta perder la cordura, a pesar de la diferencia de edad. El rey tenía 19 añitos,y 51 el compositor.

Luis II de Baviera y Wagner
Luis II y Richard Wagner. Kurt von Roszinsky. Fuente

Su atracción por Wagner fue tal, que le pidió que se instalara en Múnich, con barra libre de gastos, costeando todos sus lujos y caprichos. ¡Y el músico aceptó encantado! Incluso se trajo con él a su director de orquesta (12), pues se estaba acostando con su esposa (13). Además, la dejó embarazada dos veces antes de casarse con ella, previo divorcio de su marido el cornudo. Este putiferio era insoportable para la conservadora sociedad bávara, que rechazaba esas “amistades peligrosas” y sus consecuencias: dilapidaciones a cuenta de las arcas públicas, adulterio y sospecha de relaciones homosexuales entre el músico y Su Majestad. ¡Menudo triángulo! ¡Qué escándalo! ¡Maldita la hora en que se conocieron! ¡Vaya culebrón!

Lo cierto es que entre ellos hubo tema (a parte del musical), como lo demuestran las innumerables cartas que se enviaron. En estas, Wagner se atreve a llamarle: “mi regio ángel”, “mi íntimo amado”, “el más dulce de los Reyes”… Y el monarca se despide en una de ellas con un… “que nuestro amor sea resplandeciente. Vuestro fiel hasta la muerte, Luis .” (14)

De amantes desventurados en vida, a rentable pareja tras la muerte

Luis II de Baviera y Wagner
Luis II de Baviera y Wagner. Kurt Roszynski. Fuente

Y sí, le fue fiel hasta la muerte, pues al rey Luis II de Baviera nunca le interesaron las mujeres; tampoco la política. No es de extrañar que los ministros le diesen un ultimátum: o el amor de Wagner  o el de su pueblo. Richard Wagner murió de un infarto (15) y, tres años más tarde, el Parlamento bávaro destituyó a Luis II por loco. Fue ingresado en un castillo, a modo de manicomio, con máxima vigilancia, de dónde no regresaría jamás. Ni  él, ni su psiquiatra… Un lago cercano se tragó sus cuerpos. Una tragedia que se convirtió en enigma e hizo surgir el mito. ¿Suicidio o accidente?

Tanto monta, monta tanto, Luis II como Richard Wagner… Ambos se enriquecieron mutuamente. El artista, arruinado por derrochón, se aprovechó de la fascinación que el Rey sentía por su música (y por él mismo). Consiguió una sustanciosa paga anual, sin la cual no hubiera podido continuar como compositor, ni realizar el sueño de su vida: un Teatro Nacional para representar sus obras (16). Y, a su vez, la grandilocuencia de la música de Wagner inspiró la colección de castillos neogóticos y la personalidad delirante y narcisista de Luis II de Baviera. Este  se  creía el protagonista de sus óperas y el héroe de leyendas medievales.

Colorín colorado…

¡Y colorín colorado, este cuento se ha acabado! Pero la moraleja es que la Historia a veces es injusta, y se da la paradoja de que, tanto el rey loco (Luis II, no Aerys II Targaryen, que esto no es Juego de Tronos, aunque a veces lo parezca con tanto folleteo), como su amado Wagner, son hoy el gran negocio de Baviera. Ambos son iconos imprescindibles para los turistas que explotan las agencias de viajes y  turoperadores. Así, los más frikis, en su estancia en Múnich, beberán cerveza König Ludwid  (buenísima, oiga) y comprarán como souvenirs camisetas con la cara de Wagner, o imanes con el castillo de ensueño en relieve que pegarán con gusto en el frigorífico al regresar y demás horteradas varias relacionadas con el culto a la romántica pareja. ¡Si ambos levantaran la cabeza!


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Referencias

(1) Literalmente, “nuevo cisne de piedra”. El cisne era el emblema de la familia, y su ave preferida: su cama tenía forma de cisne; los grifos, cisnes dorados; numerosos cuadros y cerámicas de cisnes adornando las estancias del castillo; etc.

(2) En pleno proceso de unificación alemana, conseguida por el Canciller de hierro, Bismark.

(3) Luis de Wittelsbach nació el 25 de agosto de 1845 en el palacio de Nymphenburg y murió ahogado en el lago Starnberg (13 de junio de 1883) junto a su psiquiatra.

(4) Maximiliano II.

(5) Se llamaba Otto y era tres años menor que Luis.

(6) Luján, 1968, p. 67.

(7) El rey Luis I.

(8) Esta colección de retratos se puede ver en una sala del palacio de Nymphenburg.

(9) Se hacía llamar Lola Montes y en realidad, era irlandesa.

(10) Wagner, 2013, p. 52.

(11) La ópera Tannhäuser, cuyo tema es el amor de un poeta medieval y las tentaciones sexuales en el Monte de Venus.

(12) Hans von Bülow, virtuoso pianista.

(13) Se llamaba Cósima y era hija del famoso músico y compositor húngaro Franz Liszt.

(14) Luján, 1968, p. 69.

(15) Falleció en Venecia (1883).

(16) En la ciudad bávara de Bayreuth, donde cada año se celebra el famoso Festival wagneriano.


Bibliografía

  • Banville, J., 1985, Louis II de Baviere, Editions Complexe, Bruxelles.
  • Luján, N., 1968, “La muerte del Rey loco”, Historia y vida, 219, pp. 66-70.
  • Wagner, R., 2013, Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth, Fórcola, Madrid. Edición y prólogo de Blas Matamoro.

2 Comentarios

  1. Ahora resulta que cualquiera es Gay si gusta del Arte. ¡DEJATE DE JODER MARICONES! ¿Por que no se van a la mierda y hacen algo ustedes mismos en vez de querer manchar con sus manos la Historia ?
    ¡ESE REY ERA UN POBRE LOCO CON PODER, Y NO HA SIDO LA PRIMERA VEZ QUE ESTO PASA….!
    ¿Entonces segun Logica significa que los Gays son unos ENFERMOS Y PERTUBADOS MENTALES?

  2. ¡Me ha encantado! Muy original y excepcional la forma de narrar, aunque he echado de menos más cartas de amor entre el rey y Wagner

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