¿Cuándo podemos hablar del inicio de una Revolución? ¿Cuándo podemos establecer el quiebre con la autoridad o cuándo las masas se vuelcan a las calles, en reclamo por sus condiciones de vida? El domingo sangriento ruso es un hito en los años previos a la Revolución Rusa. En 1905, obreros, madres, niños y religiosos de San Petersburgo marcharon al Palacio de Invierno, con una lista de reivindicaciones que pretendían entregar al Zar. La reacción de la autoridad no fue la esperada, y los impactos provocados serían profundos.

domingo sangriento rojo revolucion rusa
Pintura de Iván Vladímirov (1870-1947) Fuente.

El Domingo Sangriento ruso: la antesala de la Revolución. Autoritarismo vs Autonomía

La Revolución no se construyó en un instante. Sino que fue el resultado inevitable de una serie de errores y negaciones por parte de Nicolás II.

Desde una mirada cronológica, en las últimas décadas del siglo XIX podemos identificar una serie de eventos que provocarán consecuencias tanto en lo social como en lo político. La incapacidad del gobierno central en brindar las soluciones necesarias en el tiempo oportuno, comenzará a mermar la confianza en Nicolás II. Pero, al mismo tiempo, esta ausencia de autoridad llevará a la consolidación de grupos sociales que, prontamente, actuarán desde la esfera política, como forma de protesta y ayuda.

Los Zemstov: identificación social e ineficacia política

El hambre provocada ante la baja producción agrícola, especialmente el trigo, debido a las malas cosechas y el frío, a finales del XIX, no solo acarreó enfermedades. La muerte de los animales fue también inevitable. Por ello, el pueblo fue al rescate de los suyos y se formaron comités de ayuda ante la hambruna. Esto generó una unión social que, antes, no era tan evidente.

Si antes se podía hablar de una población fragmentada, ahora se evidencia una unión. Podemos hablar de “Nación Rusa”. Incluso nobles y hombres políticos se unieron, participando en comedores y recolectando dinero para los desfavorecidos. Tolstói fue uno de ellos. Dejó sus escritos y, junto a sus dos hijas mayores, organizaron comedores. Mientras, su señora Sonya, reunía dinero del extranjero (1). Los comités se transformaron rápidamente en reuniones sociales. Allí, debatían asuntos políticos, cuestionando la lentitud del gobierno en dar soluciones para la población. Además, ellos generaban su propia gestión, quedando de manifiesto la poca necesidad del poder central. Así, el autoritarismo estaba siendo cuestionado.

León Tolstói
León Tolstói. Fuente.

Los Zemstov, como unidad administrativa local, adquirieron un rol vital, gracias a su capacidad organizativa. Coordinaban la entrega de alimentos a la población y generaban instancias de ayuda y de autonomía política (2).

La unión nacional que llevó al domingo sangriento ruso

La guerra contra Japón lapidó el apoyo social y político de la población. A pesar de contar con fuerza militar superior, subestimar al enemigo costó caro. La burocracia política y militar mermó las confianzas.

“La Rusia zarista era una potencia militar en expansión dotada del mayor ejercito permanente de todas las grandes potencias de Europa (…) un logro que hacía contrapeso con los problemas internos políticos del país” (3).

El ministro del Interior de Nicolás II (4) vio la guerra como una oportunidad para desarraigar la revolución, que resonaba con fuerza. Pero Nicolás II, incapaz de oír a sus consejeros, daba poca importancia a los sucesos que se presentaban.

El impacto social de la guerra se transformó en momentos de unión. Despertó un sentimiento nacionalista, arraigado en la defensa al “invasor”, traduciéndolo en “Protección al pueblo”. Entonces, los Zemstov, lograron organizarse a escala nacional. Así, fueron en ayuda de la Cruz Roja, en la frontera de Manchuria, administrando su propia autonomía, que resultaba ser más eficaz.

La reacción política

Los primeros días de noviembre de 1904, 103 representantes de los Zemstov se reunieron en distintas residencias. El príncipe Lvov fue elegido como presidente y Petrunkevich como vicepresidente. Se conformó así la Primera Asamblea Nacional.

Fue tal el impacto generado, que los telegramas eran continuos. Las noticias llevaron al apoyo de distintas organizaciones y asociaciones. Las reuniones comenzaron a extenderse a lo largo del territorio, amparados en libertades entregadas por el ministro del Interior, Mirsky. Pero lo que para Mirsky sería solo una reunión de escala local, se transformó en una articulación política de gran envergadura. Las propuestas y reclamaciones de las provincias fueron expuestas al zar. Mirsky estaba atrapado en dos lados de la vereda. Las exigencias de los liberales, por un lado, y la insistencia del zar en reafirmar la autocracia, por otro. Los elementos más progresistas, como participar en el consejo de estado, fueron rechazados tajantemente por el gobernante.

“Nunca llegaré a un acuerdo con la forma representativa del gobierno, porque la considero dañina para el pueblo que Dios me ha confiado”, manifestó (5).

Estalla la fiebre Revolucionaria que condujo al Domingo Sangriento ruso

El prestigio del autoritarismo y de Nicolás II estaban dañados. Una de las últimas fortalezas que mantenía el zarismo era la “Fe en su gobernante”, consecuencia de una fe religiosa más que política. Gueorgui Gapón es reflejo de esta idea. Hombre de pueblo, llevaba la palabra de Dios e invitaba a creer en “la sagrada obligación del zar por sus súbditos”. Prevalecía la figura del “Padre protector, indicado para solucionar las malas condiciones de vida del pueblo”. Gapón no estaba alejado de las pretensiones obreras. Él mismo participaba en actividades que buscaban la abolición del régimen, pero confiaba en el Zar para solucionar las demandas obreras y potenciar la fe.

El nueve de enero de 1905 cerca de 150.000 personas marcharon al Palacio de Invierno, liderados por el Padre Gapón. Caminaban con una intención: presentar al Zar un listado con demandas sociales. Se respiraba preocupación.

“¿Qué pedían en ella? La jornada de ocho horas, el reconocimiento de los derechos de los obreros, una Constitución (responsabilidad de los ministros, separación de la Iglesia y el Estado, libertades democráticas)” (6).

“Majestad:

Nosotros, los obreros y habitantes de San Petersburgo de los distintos estamentos, nuestras esposas, nuestros hijos y nuestros parientes ancianos e indefensos acudimos a vos, oh majestad, en busca de justicia y protección. Somos pobres; nos oprimen, nos cargan con un trabajo excesivo, somos tratados despectivamente… nos ahogamos en medio del despotismo y del desafuero. Oh majestad, no nos quedan fuerzas y nuestra capacidad de resistencia ha llegado a su fin. Hemos llegado al terrible momento en que la muerte es mejor que la prolongación de nuestros insoportables sufrimientos…” (7).

El Domingo Sangriento ruso

Las campanas de las iglesias resonaban. Llevaban el retrato del zar y un gran estandarte blanco con las palabras: “Soldados, no disparéis al Pueblo”. Nicolás II, ese mismo día, no se encontraba en palacio. Decidió pasar el fin de semana en la Villa de los Zares. Reflejo de un desapego social tangible. El zar despreció como un incidente trivial la huelga de ciento veinte mil obreros y la manifestación prevista. En vísperas de la matanza, anotó en su diario:

«Al frente del sindicato de trabajadores está Gapón, una especie de cura socialista» (8).

Al llegar a las puertas de Narva, fueron disparadas al aire dos balas de salva, a modo de advertencia, para que los manifestantes se dispersaran. Pero los siguientes disparos fueron a quemarropa. A pesar de que muchos hombres cayeron al suelo, los soldados continuaron disparando directamente contra la masa.

Dentro de los disturbios y del caos, Gapón cayó al suelo. Pero, en cuanto logró recuperar la consciencia, entonó un manifiesto.

“Camaradas, obreros rusos, ya no tenemos un zar. Un río de sangre lo separa desde ahora del pueblo ruso. Ha llegado la hora de empezar sin él el combate por la libertad del pueblo. Hoy les doy mi bendición, mañana estaré con vosotros” (9) (10).

Padre Gapón domingo sangriento 1905
Padre Gueorgui Gapón: Fuente

Los sobrevivientes se dirigieron, como último intento por alcanzar la plaza de Palacio, hacia Nevky. Allí, los esperaba un cuerpo de caballería y varios camiones. En un principio, tenían órdenes de dispersar a la muchedumbre con látigos y sables. Pero esto no rindió frutos. Así que tomaron posición para disparar. Niños y transeúntes fueron alcanzados por las balas de los rifles (11).

Domingo Sangriento Ruso: la antesala de la Revolución

Cuando cesó el tiroteo, se produjo un momento crítico. El punto de inflexión de toda revolución, cuando su estado de ánimo cambió de incredulidad a la cólera. La revolución verdaderamente había nacido en el mismo corazón, en las mismas entrañas del pueblo.

“Solo momentos después de que hubiera cesado el tiroteo, un anciano se volvió hacia un muchacho de catorce años y le dijo, con la voz impregnada de cólera: Recuerda, hijo, recuerda y jura devolvérselo al zar. Ya has visto cuanta sangre ha derramado, ¿no es cierto? Entonces júralo, hijo, júralo” (12).

Es llamativo pensar que uno de los últimos eslabones de apoyo al zar fue destruido por quien era invitado a dar una mano a su pueblo, en quién habían depositado las últimas confianzas y esperanzas. Esa fe en un gobernante que debía ser un protector, se transformó en quien lapidó finalmente toda esperanza de solución administrativa.

Ya se había quebrado el pilar político, por efecto del hambre y la guerra. La administración era ineficiente y poco activa, rol que desempañaron los Zemstov. El arraigo en las creencias de Dios, que el mismo zar validaba por medio de sus palabras y su confianza en los devenires divinos, fue rota. El último eslabón de apoyo había sido destruido: ya no había confianza en Dios, tampoco en el Zar.

“… expandió la fiebre revolucionaria a todos los estratos de la población e hizo de la revolución un verdadero fenómeno de masas; si el Congreso de los Zemstvos de 1904 fue los Estados Generales rusos, el Domingo Sangriento fue su toma de la Bastilla” (13).



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Figes, 2010, p. 202.

(2) El prestigio social adquirido por los Zemstov estará relacionado directamente por su capacidad de solucionar los problemas inmediatos en momentos que se esperaba la reacción de la autoridad política.

(3) Fitzpatrick, 2005, p. 47.

(4) Von Plehve.

(5) Figes, 2010, p. 215.

(6) Serge, 1999, p. 24.

(7) Sablinsky, 1976, pp. 126 y 344. Citado en Figes, 2010, p. 218.

(8) Pipes, 1990, p. 38.

(9) Walter, 1959, p. 198.

(10) Dentro del tiroteo, el Padre Gapón grita a la muchedumbre “¡Ya no hay Dios, ya no hay Zar!”, demostrando así el quiebre definitivo en la confianza entregada al gobernante.

(11) Figes, 2010, p. 220.

(12) Sablinsky, 1976, pp. 126 y 344. Citado en Figes, 2010, p. 221.

(13) Pipes, 1990, p. 36.

*Fuente imagen destacada: La Izquierda Diario.


Bibliografía

  • Brian Chaninov, N., 1955, Historia de Rusia, Luis de Caralt, Barcelona.
  • Figes, O., 2010, La Revolución rusa (1891- 1924). La tragedia de un pueblo, Edhasa, Barcelona.
  • Fitzpatrick, S., 2005, La revolución rusa, Siglo XXI, Tres Cantos.
  • Pipes, R., 1990, La revolución rusa, Titivillus, Zaragoza.
  • Sablinsky, W., 1976, The road to bloody Sunday: Father Gapon and the Sn Petersburg massacre of 1905, Princeton University Press, Princeton.
  • Serge, V., 1999, El año I de la revolución rusa, Siglo XXI, Tres Cantos.
  • Walter, G., 1959, Lenin, Grijalbo, Barcelona.
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