Os voy a contar la historia de la tzantza shuar. ¿Os suena a chino? ¡No os asustéis! – O sí -. Voy a comenzar enumerando «su receta». Ya os iré detallando cada paso.

Ingredientes: ser humano.
Utensilios: olla y cuchillo.
Procedimiento: Seccionar cuello del individuo. Realizar corte vertical en la parte posterior de la cabeza hasta la nuca, para extraer el cráneo. Introducir piel en olla con agua hirviendo y cocer (1). Tras la cocción…

No, no vamos a ver todos los pasos. El procedimiento es muy didáctico y entretenido, pero vamos a lo realmente interesante, lo que había detrás de esa práctica llamada la tzantza shuar.

Shuar, ¿qué?

Vamos a empezar por quién narices son los Shuar. Han sido generalmente conocidos en forma despectiva como Jíbaros (2). Pero ellos se llaman a sí mismo “Shuar”, que significa “gente”. Habitan en la selva amazónica (3), principalmente en Ecuador, pero también en Perú (4).

Entraron en contacto por primera vez con españoles en el siglo XVI, pero resistieron violentamente, como otros grupos del Amazonía, y los colonizadores no pudieron someterlos (5).

Pese a que llevan décadas sin reducir cabezas, la imagen simplista que esto conforma de los Shuar ha permanecido imperturbable en el imaginario colectivo (6).

La tzantza shuar y su significado

Numerosos pueblos a lo largo de la historia han considerado la cabeza como sede del alma (7). Ya culturas prehistóricas, como los celtas, cortaban las cabezas de los difuntos. Tanto en Mesoamérica como en Suramérica, la existencia de cabezas trofeo se ha documentado iconográficamente en cerámicas y textiles de las culturas Paracas, o Huari de Perú (8).

Pero los orígenes de los procesos de momificación de las cabezas de los Shuar se sitúan en la cultura Nazca (9), donde se han descubierto cabezas con un proceso semejante de preparación (10).

Tzantza o cabeza reducida en el Museo Pitt Rivers (Oxford)
Tzantza o cabeza reducida en el Museo Pitt Rivers (Oxford). Fuente: Wikipedia.

Para entender la tzantza shuar  tenemos que saber por un lado, que la guerra dentro de la sociedad Shuar tenía un papel importante, y los hombres tenían más o menos prestigio en función a los buenos guerreros que fuesen (11). Por lo tanto, cuando más tzantzas conseguían, más valorados eran. Pero hay que tener en cuenta que éstas no eran trofeos de guerra (12).

¡Atrapemos el espíritu reduciendo la cabeza!

Para los Shuar, el espíritu del individuo reside en su cabeza (13), y aquéllos que habían muerto en combate podían volver para vengarse del guerrero victorioso. Sin embargo, si se cortaba y reducía el tamaño de la cabeza del enemigo vencido, se conseguía encerrar en ella su alma e impedir su regreso, por eso se cosían los labios (14).

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El espíritu del guerrero muerto podría atormentar a su asesino hasta 3 años después de la muerte, por lo que el ritual alrededor de la tzantza shuar era largo. Cuando, tras una batalla, se conseguían las cabezas, se llevaban a cabo diversas fiestas rituales (15).

Tras la última fiesta, al cabo de los años, el «espíritu vengador» era expulsado de la cabeza. Por lo tanto, ésta dejaba de tener valor. De hecho, hay testimonios que afirman que después de ese tiempo, las cabezas eran simplemente desechadas (16).

La tzantza shuar y los zoos humanos, ¡lo más chic!

La cultura Shuar era muy conocida en la literatura de antropólogos y viajeros de finales del siglo XIX y principios del XX, debido a la fascinación occidental por su práctica de encoger cabezas humanas (17). ¡La tzantza shuar era lo más!

Recordemos que el discurso antropológico de la segunda mitad del siglo XIX defendía una suerte de evolucionismo de las sociedades humanas en tres fases principales (18): salvajismo, barbarie y civilización.

Inspiradas por tal esquema de “progreso de la humanidad”, proliferaron en Europa las colecciones etnográficas y museos antropológicos (19). En estos lugares, se podía “comprobar” esa evolución en línea recta hacia a una perfección de la especie, bajo un modelo análogo al del darwinismo biológico.

Y dentro de esto, aparecieron las exposiciones universales de las grandes potencias imperiales como Francia, Bélgica, Estados Unidos o Alemania (20). En éstas no solo exponían productos típicos de las colonias, sino también de grupos humanos traídos del Congo, Filipinas o de la India. Éstos eran presentados de forma circense y siempre desde esa perspectiva jerarquizada, como prueba de los diferentes grados que conducen a la perfección de la civilización occidental (21).

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Consecuencias de los caprichos de la gente de bien

En este contexto de finales del siglo XIX, es cuando las cabezas reducidas alcanzan gran popularidad. Tanto europeos como americanos comenzaron a intercambiarlas con los Shuar por armas de fuego. Al principio, poseer una de estas cabezas era privilegio de familias pudientes. Luego se fue popularizando y todo hogar tenía su cabeza (22). Y es que, ¿a quién no le va a gustar una buena cabeza reducida a modo de pisapapeles? De esta manera, la tzantza shuar se puso «súper de moda».

Así entraron los Shuar en las garras de la economía capitalista (23). Los occidentales intercambiaban tzantzas shuar por armas para venderlas a mausoleos y coleccionistas (a un precio desorbitado, por cierto) (24). Y los museos comenzaron a comprar estas cabezas y a mostrar la “barbarie” de la cultura de los Shuar (25).

Pero, ¡problemita! Esta vez, no era oro, cacao, plata, caucho o petróleo, que a lo largo de las centurias se ha expoliado sin cesar en Suramérica en beneficio de los países más ricos (26) (27). En este caso, la materia prima eran cabezas de seres humanos.

Si no hay conflictos, los creamos

Este interés provocó un aumento de la violencia y de las inclusiones de guerra (28) con la única finalidad de conseguir tzantzas shuar  (29). Parece incluso que en este momento comienzan a realizarse cabezas reducidas con mujeres, cosa que no ocurría antes (30).

Que no te den mono por humano

Además, pronto comenzaron las imitaciones (31) hechas por personas que no pertenecían al pueblo Shuar. Las hacían con cabezas de cuerpos de indigentes o cadáveres sin identificar de la morgue o los hospitales (32) (33).

También se hicieron numerosas falsificaciones con animales como monos, gatos (34), o con piel de cabra (35). Qué culpa tendrían los pobres animales…

¿Y qué pasó con tanta tzantza shuar?

Esta locura por las cabezas reducidas llevó a la prohibición de su venta (36) (37). Aunque su fin estuvo también relacionado con la acción a partir de los años 30 de los misioneros (38) (39), que contribuyeron a reducir las incursiones de guerra (40).

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Inauguración del puente Tutanangoza en 1972. Aparecen shuar solicitando a Guillermo Rodríguez Lara derechos sobre sus tierras.

Los Shuar en la actualidad son una población pacífica que lucha por mantener su lengua y su cultura (41). Y es que desde el descubrimiento del petróleo y demás acciones colonialistas (42) en el Alto Amazonas, grupos como los Shuar se han visto obligados a defender sus tierras de la amenaza de la extracción del “oro negro” (43).

Los miembros de esas culturas quieren que se hable de su presente (44). Pese a esto, los museos se siguen empeñando en dar una imagen simplista de los Shuar como reductores de cabezas, que perpetúa estereotipos de los pueblos indígenas de la Amazonía (45).

Además, la tzantza shuar se suele presentar como una creación de la cultura Shuar, pero no como un capricho producido por los Shuar para el deleite de europeos y americanos (46). Es más cómodo descontextualizar prácticas como la de las cabezas reducidas para mostrar el supuesto salvajismo de una cultura, antes que mostrar el salvajismo mismo del sistema mundial (47).

Salvajismo < Barbarie < Civilización

Si después de leer este artículo seguís teniendo una visión de los Shuar como “salvajes y bárbaros”, recordad que cuando ellos estaban abandonando la práctica de la tzantza, Estados Unidos, cumbre de la civilización, lanzaba su bomba atómica (48). De nada.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Alonso Pajuelo, s.f.

(2) Gálvez, 2019.

(3) Etnias del Mundo, 2018.

(4) Etnias del Mundo, 2018.

(5) Gálvez, 2019.

(6) Alonso Pajuelo, 2016, p. 124

(7) Carod-Artal, 2012, p. 111.

(8) González, 2015, p. 40.

(9) Cultura desarrollada en el sudeste de Perú entre el 100 a.C. y el 700 d.C.

(10) González, 2015, p. 40.

(11) Alonso Pajuelo, 2016, p. 125.

(12) Rubenstein, 2007, p. 364.

(13) González, 2015, p. 47.

(14) Carod-Artal, 2012, p. 118.

(15) Alonso Pajuelo, 2016, p. 126

(16) Rubenstein, 2007, p. 365.

(17) Etnias del Mundo, 2018.

(18) Bolaños, 2008, p. 290.

(19) Bolaños, 2008, pp. 290-291.

(20) Bolaños, 2008, p. 291.

(21) Bolaños, 2008, p. 291.

(22) Ávila, 2015, p. 5.

(23) González, 2015, p. 41.

(24) González, 2015, p. 43.

(25) González, 2015, p. 43.

(26) Ávila, 2015, p. 6.

(27) Para más información: Galeano, 1971.

(28) Ávila, 2015, p. 5.

(29) González, 2015, p. 42.

(30) Alonso Pajuelo, s.f.

(31) Alonso Pajuelo, 2016, p. 127

(32) Alonso Pajuelo, 2016, p. 127

(33) González, 2015, p. 43.

(34) González, 2015, p. 49.

(35) Alonso Pajuelo, 2016, p. 128

(36) Alonso Pajuelo, s.f.

(37) Alonso Pajuelo, 2016, p. 126

(38) Esta acción tuvo algunos beneficios para los Shuar, y contribuyeron a la larga a la defensa de sus tierras, que terminó por la creación de la Federación Shuar en 1964. Pero las acciones de estos misioneros tuvieron otros resultados no tan bonitos. Antes de los setenta, estos misioneros, en su afán de “domesticación de los salvajes”, convencían a los Shuar para enviar a sus hijos a internados creados por dichos misioneros para “civilizarlos”. Varios testimonios cuentan que para muchos niños shuar fue un hecho traumático. Les obligaban a hablar en castellano y prácticamente les prohibían visitar a sus familias. Una vez acabado su ciclo escolar, estos jóvenes regresaban a sus lugares de origen, con unos 20 años, encontrándose bastante (o muy) desadaptados a las formas de vida que allí continuaban vigentes.

(39) Gálvez, 2019.

(40) Rubenstein, 2007, p. 367.

(41) Etnias del Mundo, 2018,

(42) Fundación Chankuap: Recursos Para el Futuro, s.f.

(43) Etnias del Mundo, 2018.

(44) Alonso Pajuelo, 2016, p. 133.

(45) Alonso Pajuelo, 2016, P.124.

(46) Rubenstein, 2007, p. 373.

(47) Rubenstein, 2007, p. 374.

(48) Rubenstein, 2007, p. 361.


Bibliografía

  • Ávila Santamaría, R. F., 2015, El sumak kawsay: una crítica al modelo de desarrollo capitalista y una alternativa posible desde la literatura y las voces indígenas, Universidad Andina Simón Bolívar, Quito.
  • Alonso Pajuelo, P., s.f., “Tsantsa”, Red digital de colecciones de museos de España. [En línea] Disponible en: http://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=19215&inventary=CE579&table=FMUS&museum=MNA (27 de febrero de 2020).
  • Alonso Pajuelo, P., 2016, “La exposición de restos humanos en museos: el caso de las tsantsas (cabezas reducidas)”, Anales del Museo Nacional de Antropología, nº XVIII, pp. 109-140.
  • Bolaños, M., 2008, Historia de los museos en España, Ediciones Trea, Gijón, pp. 288-295.
  • Carod-Artal, F.J., 2012, “El culto a los cráneos. Cabezas trofeo y tzantzas en la América precolombina”, Revista de Neurología, vol. 55, nº 2, pp. 111-120.
  • Galeano, E., 1971, Las venas abiertas de América Latina, Siglo XXI, México.
  • Gálvez, M., 2019, “Indígenas Shuar”, Guia Puyo. [En línea] Disponible en: https://guiapuyo.com/indigenas-shuar/ (27 de febrero de 2020).
  • González, J. E., 2015, “Cabezas reducidas de la cultura Shuar: circulación, recontextualización y autencidad de una cabeza reducida en el Museo Madre Laura”, Revista Kogoró, nº 7, Universidad de Antioquia, pp. 38-55.
  • Katan, T., 2014, “Investigando nuestralengua Shuar chicham”, en Haboud M. y Ostler, N. (ed.), Voces e imágenes de las lenguas en peligro, Abya-yala, Quito, pp. 189-194.
  • Fundación Chankuap: Recursos Para el Futuro, s.f., «Los Shuar», chankuap.org. [En línea] Disponible en: http://chankuap.org/comunidades/shuar/ (27 de febrero de 2020).
  • Rubenstein, S. L., 2007, “Circulation, accumulation, and the power of shuar shrunken heads”, Cultural Anthropology, nª 22, pp. 357-399.
  • Etnias del Mundo, 2018, «Shuar: Significado, ubicación, Características y Mucho Más», etniasdelmundo.com. [En línea] Disponible en: https://etniasdelmundo.com/c-ecuador/shuar/ (27 de febrero de 2020).

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