Shirley Jackson y la maldición de hill house
Shirley Jackson, la dama del terror: la tormentosa vida de la autora de “La Maldición de Hill House”
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Shirley Jackson (1) tuvo una vida turbia; muy turbia. Quizás por ello, fue capaz de crear universos tan perversos y perturbadores como el de La Maldición de Hill House (2). Quizás volcar todos sus demonios en sus obras, fue la mejor salida que encontró para calmar sus heridas. Sin duda, fue la salida más sana. Ya se sabe que la escritura, en muchas ocasiones, resulta terapéutica.

La Maldición de Hill House basada en la obra de Shirley Jackson
Póster promocional de La Maldición de Hill House (Netflix, 2018). Fuente

La Maldición de Hill House (3), la nueva serie de Netflix, lo está petando. Ya se postula como una de las mejores series del año. Y no es para menos. La construcción de los personajes es maravillosa y el hilo argumental sublime. Además, las interpretaciones te atrapan y la atmósfera es absolutamente envolvente y cautivadora. Sin duda, su visionado es obligado para todos los amantes del género de terror. Eso sí, tras una casa que asusta a cualquiera y unos fantasmas que te ponen los pelos como escarpias, se esconde un drama familiar que no deja indiferente a nadie.

Pues bien, dicha serie no es una idea original de Netflix. Tampoco lo es de su director y guionista, Mike Flanagan (4). La serie está basada en una novela de Shirley Jackson que se llama del mismo modo: La maldición de Hill House. Y digo basada, porque el argumento y los personajes no se corresponden al dedillo con la novela. Pero no me malinterpretéis, esto no es malo. La adaptación televisiva es una joya. Como ya he dicho, es digna de convertirse en la mejor serie del año.

La Maldición de Hill House, variaciones en el guión

familia Crain
La familia Crain. Fotograma de la serie. Fuente

En La maldición de Hill House de Netflix, nos presentan a una familia muy especial. Mamá y papá: Olivia y Hugh Crain (5). El hijo mayor: Steven Crain (6), quien se lucrará de la tragedia vivida en Hill House durante su infancia, escribiendo una novela. Dos hermanas más: Shirley y Theodora Crain (7). Y, por último, los dos hermanos pequeños, dos gemelos: Eleanor y Luke Crain (8). Cuando los niños son pequeños, la tragedia se cierne sobre la familia Crain: la madre, Olivia, muere en extrañas circunstancias. Y os digo que esta familia es muy especial, porque la madre y los chavales son “muy sensibles”. A buen entendedor…

hermanos Crain imagen promocional de la maldición de hill house
Los hermanos Crain. Imagen promocional de la serie. Fuente

Así, La maldición de Hill House parte de esa premisa y nos presenta a los personajes años después, cuando esos niños ya son adultos, y viven muy alejados de su padre. Tanto física como emocionalmente hablando. Tranquilos, no os voy a contar más, que no quiero pecar de hacer spoilers. Cuanto menos sepáis sobre el argumento antes de verla, mejor. Solo me queda hacer un aviso a navegantes. ¡Cuidado, aprensivos! Hay más de una escena que os va a dejar temblando en la silla. Quien avisa, no es traidora. Pero un trailer, vale más que mil palabras:

El argumento de The Haunting of Hill House, la novela de Shirley Jackson

Pues bien, como os he adelantado, el escenario que nos presenta la novela de Shirley Jackson, no es el mismo. En ella, Hugh Crain es el constructor de la dichosa mansión, Hill House, donde ocurren cosas más que sospechosas y absolutamente inexplicables. El protagonista de la obra, es John Montague, un investigador de cosillas paranormales. Doctor en filosofía y especialista en antropología (9) para más señas. Y claro, cuando escucha la leyenda negra de Hill House, no duda en ir cagando leches a la casita para ver qué se cuece allí. Así, el doctor la alquila y, junto con un equipo muy peculiar de ayudantes, pretende llevar a cabo una serie de experimentos (10). Lo típico, ¿existen o no existen los fantasmas? ¿Cómo reacciona la psique humana ante la sugestión que provoca una supuesta casa encantada?

The haunting of hill house
Hill House. Fuente

Los ayudantes del doctor son tres. Eleanor Vance, una triste y solitaria mujer que vive entregada al cuidado de su madre enferma (11). Luke Sanderson, un muchacho vividor y terriblemente mentiroso, incluido en el pastel bajo demanda de su tía, la propietaria de Hill House (12). Y por último, Theodora, “Theo”, una bohemia a la que selecciona el doctor por su supuesta habilidad telepática (13). El objetivo del experimento es recabar información sobre cualquier actividad paranormal que se manifieste en la casa. Y, una vez más, hasta aquí puedo contar. Os recomiendo leer la novela, que no tiene desperdicio (14).

Otras adaptaciones de The Haunting of Hill House

The Haunting 1963 1999
Pósteres promocionales de ambas películas

La nueva serie de Netflix no ha sido la primera adaptación a la pantalla que se ha hecho de la novela de Shirley Jackson. La Maldición de Hill House ha sido llevada al cine en dos ocasiones. La primera, en 1963, bajo el título de The Haunting (15), bastante fiel a la novela y muy bien recibida por la crítica. Y la segunda, en 1999, también llamada The Haunting (16), considerada prácticamente una aberración, y que desvirtúa demasiado la historia original.

Pero, ¿quién es Shirley Jackson?

Shirley Jackson
Shirley Jackson. Fuente

Shirley Jackson está considerada, hoy en día, como una de las mejores escritoras del género de terror del siglo XX (17). Ya en vida fue bastante conocida. Sobretodo por un relato corto, The Lottery (18), que despertó la indignación más absoluta de la sociedad estadounidense. Os hablaré después de este cuentecillo tan malicioso. Para que os hagáis una idea más clara de la repercusión de Shirley Jackson, basta con comentar que ha sido la inspiración del mismísimo Stephen King (19). En su día, su novela La Maldición de Hill House fue muy bien acogida. Pero conforme pasan los años, la crítica la está situando, cada vez más, en la cima de los novelistas tétricos. Es considerada toda una damisela del horror (20).

The Haunting of Hill House de Shirley Jackson es el relato de casas encantadas más cercano a la perfección que he leído jamás”. Stephen king (21)

¿Cómo fue la juventud de Shirley Jackson? Una apestada social

No os voy a aburrir mucho con “nació, creció y se multiplicó”. Basta con decir que era estadounidense y que nació a principios del siglo XX (22). Tuvo una infancia bastante tensa, en California, porque no fue una hija muy deseada que digamos. Su madre la tuvo muy joven y, oye, ¡que el embarazo le cortó todo el rollo! Se ve que la mujer deseaba vivir su amor con su maridito, y no entraba en sus planes tener descendencia tan pronto (23). Además, de niña y adolescente Shirley Jackson fue toda una inadaptada. No encajaba con otros chavales y se pasaba las horas escribiendo, en soledad. Y tampoco encajaba dentro de los malditos cánones de belleza que la sociedad le imponía por ser mujer (24). ¡Todo un bicho raro nuestra Shirley!

Con 17 años, la familia se mudó a Nueva York, y Shirley Jackson comenzó sus estudios superiores (25). Seguía sin encajar; seguía siendo la fea inadaptada. Además, sus profesores criticaban duramente su talento natural: su manera de escribir (26). Así, Shirley Jackson cambió de universidad y, por fin, pudo encontrar su sitio (27). Al final, volcó toda la frustración que sintió durante su infancia en su primera novela: The Road Through the Wall (28). Eso sí, unos cuantos años después, cuando tenía 32 años.

Como veis, su vida ya empezó cargada de prejuicios y etiquetas. El patriarcado le daba su primera bofetada a Shirley Jackson, cuando a penas era un retoño. Pero no sería ni el último hachazo, ni el peor.

¿Y su matrimonio?

Shirley Jackson hijos
Shirley Jackson y sus cuatro hijos. Fuente

Shirley Jackson se casó (¡en qué mala hora!) con un hombre más joven (29). Esto estaba muy mal visto, por ello, Shirley se quitaba tres añitos, para equiparar su edad a la de su esposo. ¡Ay, lo que no consiga la presión social! (Patriarcado: 2 – Shirley: 0). Como os supondréis, su relación sentimental afectó directa e inmediatamente a sus escritos (30). Y es que, al principio, el maridito la apoyaba y le subía la autoestima. Y oye, que a Shirley le dio el subidón y se vino arriba (31). El mundo no había dejado de darle patadas en el culo y ahora, por fin, había encontrado a su salvador (32). ¡Cuánto daño ha hecho el mito del príncipe azul! Fue un matrimonio bastante tóxico, como os podéis imaginar. Tal dependencia emocional, nunca es buena. Shirley perdonó y aguantó lo inaguantable, como veremos. Tuvieron cuatro churumbeles (33).

Pon a un machista en tu vida, y deja que te chupe la sangre

Shirley Jackson era una escritora bastante conocida y prolifera, y ganaba más dinero que su maridito (34). Sin embargo, ella cargaba con toda la responsabilidad doméstica. Y, como no, también con el cuidado y la crianza de sus hijos (35). No es de extrañar que se le diese tan bien escribir sobre las pesadillas domésticas y las casas encantadas…¡Si a la pobre se le caía la casa encima! Vivía enclaustrada y, además, ni siquiera podía disponer libremente del dinerito que ganaba con su obra. Su marido decidía cual era la propinilla que le debía asignar. Y también gestionaba todo lo referente al trabajo de Shirley. ¡Incluso se inventó que Shirley Jackson practicaba brujería para publicitarla! (36). (Patriarcado: partida ganada; Shirley: ¡ay, pobre Shirley Jackson!). Además, el maridito era un infiel de cuidado, y la pobre Shirley Jackson tenía más cuernos que los que se ven en una berrea (37).

Para colmo, Shirley y su marido eran ateos. Por ello sus vecinos los consideraban unos auténticos impíos (38). Si a esto le añadimos la fama de arisca y “monta pollos” que tenía Shirley Jackson, veremos que la mujer seguía sin encajar muy bien socialmente. Además, no tenía nada que ver con las esposas de los colegas de su marido, mujeres florero e impecables todas ellas. Aún así, era durísimo para ella desempeñar el rol de esposa de un profesor de universidad (39).

Alcohol, codeína, anfetas y comer compulsivamente: la autodestrucción de Shirley Jackson

Ella era consciente del trato de mierda y de la mala vida que le daba su marido. Y aunque acataba las órdenes del señor y tragaba, dentro de sí se generó un buen conflicto. Pero, que la propia Shirley os lo diga:

“Soy una escritora que, por una serie de errores de juicio, propios de la ingenuidad y la ignorancia, se ve sumida en una familia con cuatro hijos y un marido (…) en una casa de dieciocho habitaciones, sin tener ninguna ayuda, con dos gran daneses y cuatro gatos y – si ha sobrevivido hasta hoy – un hámster.” (40)

la maldición de hill house netflix
Fotograma de La Maldición de Hill House, capítulo 1. Fuente

Ante tal panorama, Shirley Jackson se entregó a la botella. También ingería codeína, a lo doctor House (41), y anfetaminas como si no hubiese un mañana. Y claro, para compensar, rebajaba el efecto con una buena dosis de ansiolíticos y barbitúricosFumaba como un carretero y tenía sobrepeso. Además, sufría serios problemas de ansiedad y depresión (42). Así, entró en una espiral de creatividad (porque nunca paró de escribir) (43) y de autodestrucción, hasta que su corazón le gritó: ¡basta! Falleció con 48 años de una insuficiencia cardíaca. Su corazón, simplemente, se detuvo. Cabe destacar que, además de todos sus malos hábitos y adicciones, su salud no es que fuese de hierro precisamente (44). Aunque, por suerte, Shirley Jackson siempre vivirá a través de sus obras.

Un secretillo: según desvelan sus diarios y su última novela, que dejó inacabada, si su corazón no se hubiese rendido, lo más probable es que Shirley Jackson hubiese volado lejos de su hogar. Por fin decidida, parece que tenía la intención de abandonar a su marido. Y veía ese futuro de forma alegre y feliz, por fin sin miedo (45).

The Lottery (46), el cuento que le costó ser vilipendiada públicamente

Lo prometido es deuda; ya os avisé que volvería sobre esta obra. Hoy en día, que un estadounidense ponga de vuelta a la propia sociedad estadounidense, no es para tanto. Por poner un ejemplo de ello mencionaré la serie de televisión True Blood (47). En ella, bajo la escusa de un universo vampírico, lleno de buenorros y buenorras, ponen finos filipinos a los sureños. Xenofobia, racismo, catetos a mansalva… La serie es una auténtica crítica social (o al menos, lo fue en sus inicios). Pero los años 40 del siglo XX eran otro cantar. Y a Shirley Jackson publicar su relato corto The Lottery en The New Yorker (48), le salió caro.

Actualmente, The Lottery está considerado como uno de los mejores relatos cortos de terror. Pero en su día, levantó ampollas. Muchos lectores de The New Yorker anularon sus suscripciones y enviaron cartas a cascoporro, quejándose y protestando (49).

¿Por qué tanto revuelo?

La historia se desarrolla en un pequeño pueblo estadounidense, donde todos los habitantes parecen vivir para un hito anual: la lotería. Que no es otra cosa que una tradición (o ritual), bastante sanguinaria y desagradable… Vamos, que el “premio” no es del agrado de nadie. Y no se trata de una costumbre única de dicho pueblo, sino que en los pueblos vecinos también se celebra. ¿El motivo de dicho ritual? Conseguir una buena cosecha para el año.

“La lotería en verano, antes de recoger el grano” (50).

Y una vez más, hasta aquí puedo leer. No quiero chivarle el relato a nadie. Bueno, doy una pista más: los niños se encargan de recoger piedras. El relato es una clara crítica a las tradiciones y a la irracionalidad de las mismas. Deja caer lo mucho que nos cuesta renunciar a ellas, aunque sean nocivas o injustas, porque “siempre ha sido así”. Y claro, la sociedad estadounidense se quedó conmocionada. ¿Por qué se sentirían tan ofendidos? ¿Será que se dieron por aludidos, ellos que a veces son tan rancios? Seguramente. Shirley se explicó así:

“Supongo que esperaba, al establecer un rito particularmente brutal en el presente y en mi propia aldea, sorprender a los lectores con una dramatización gráfica de la violencia sin sentido y la inhumanidad general de sus propias vidas”. (51)

Como era de esperar, un relato con tanto potencial ha sido adaptado en diversas ocasiones en el mundillo cinematográfico (52). Y atención, porque se ha empezado a producir una película basada en The Lottery (53). Estaremos atentos a las pantallas.

Más homenajes cinematográficos a la reina del terror

Elisabeth Moss El Cuento de la Criada
Elisabeth Moss como June Osborne. Fotograma de El Cuento de la Criada. Fuente

Su última novela, Siempre hemos vivido en el Castillo (54), también ha tenido su propia adaptación al cine en 2018 (55). Con Taissa Farmiga (56) como protagonista. Y, ¡agarraos, que vienen curvas! Se está preparando un biopic de la propia Shirley Jackson (57), que será interpretada por… (redoble de tambores) ¡Elisabeth Moss! Sí, nuestra heroína favorita, June, de la serie El Cuento de la Criada (58). La película se llamará Shirley, y estará basada en la novela del mismo nombre, de Susan Scarf Merrell (59). En la novela se recrea un episodio ficticio en  la casa de Shirley. Así, se narra su convivencia con una joven pareja que se instala en su casa: él para ayudar a su marido con sus clases en la universidad y ella para echar una mano a Shirley en la casa y con sus hijos (60).

Sin duda, 2018 ha sido un buen año para el legado de Shirley Jackson. Cincuenta y tres años después de su fallecimiento, parece que la gran dama del terror por fin está ocupando el lugar que le pertenece por derecho. Caprichos del destino, el nombre de Shirley Jackson cada vez resuena en la memoria colectiva con más y más fuerza. Sin embargo, de su maridito no se acuerda ni el tato (61). Justicia poética lo llaman. Al César, lo que es del César. Démosle pues su sitio a esta proto-feminista (62) terrorífica. Y es que en el momento en que Shirley volcó todos sus demonios domésticos en sus novelas y relatos, éstos se hicieron muy públicos. Es decir, lo personal se transformó en político.


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Referencias

(1) Shirley Jackson fue una escritora estadounidense, especializada en el género de terror. Nació el 14 de diciembre de 1916 en San Francisco (California). Oppenheimer, 1988, p. 11. Falleció el 8 de agosto de 1965, en North Bennington (Vermont). Oppenheimer, 1988, p. 269.

(2) Título otiginal: The Haunting of Hill House. Es una novela de terror, sobre una casa encantada, publicada en 1959. Jackson, 2008. Para conocer el proceso creativo que siguió Shirley Jackson para crear dicha novela, ver Bloom, 2001, pp. 45-77, Franklin, 2016, pp. 407-427 y Oppenheimer, 1988, pp. 222-228.

(3) La Maldición de Hill House es una serie de 2018, emitida en Netflix y creada por Mike Flanagan. Se compone de diez episodios. Podéis visitar el sitio web oficial aquí. Y ver el reparto completo aquí.

(4) Mike Flanagan es un director y productor de cine estadounidense, muy conocido por títulos como El Juego de Gerald (que también podéis disfrutar en Netflix, protagonizada también por Carla Gugino – Ver (5) -), Hush (protagonizada también por Kate Siegel – Ver (7) -), AbsentiaOculus u Ouija: el origen del mal.

(5) A Olivia Crain la interpreta Carla Gugino. Hugh Crain “joven” está interpretado por Henry Thomas (nuestro querido Eliot, de E.T.). Y a Hugh Crain “madurito” lo interpreta Timothy Hutton.

(6) A Steven Crain niño lo interpreta Paxton Singleton. A Steven adulto, Michiel Huisman (nuestro Daario Naharis “dos”, el moreno guapetón, de Juego de Tronos).

(7) A Shirley Crain niña la interpreta Lulu Wilson; a Shirley adulta, Elizabeth Reaser. A Theodora Crain niña la interpreta Mckenna Grace; a Theo adulta, Kate Siegel.

(8) A Eleonor Crain niña la interpreta Violet McGraw; a Nell adulta, Victoria Pedretti. A Luke Crain niño lo interpreta Julian Hilliard; a Luke adulto, Oliver Jackson-Cohen.

(9) Jackson, 2008, p. 13.

(10) Jackson, 2008, pp. 13-15.

(11) Jackson, 2008, pp. 15-16.

(12) Jackson, 2008, p. 17.

(13) Jackson, 2008, pp. 16-17.

(14) Recomiendo encarecidamente leer Jackson, 2008.

(15) The Haunting (1963) o La Mansión Encantada para España, fue dirigida por Robert Wise y protagonizada por Richard Johnson, como el doctor John,  Julie Harris como Eleanor, Claire Bloom como Theodora y Russ Tamblyn como Luke.

(16) The Haunting (1999) estuvo dirigida por Jan de Bont y protagonizada por Liam Neeson, como el doctor, Catheryn Zeta-Jones como Theo, Owen Wilson como Luke y Lili Taylor como Eleanor.

(17) Shirley Jackson está considerada como la madre de la literatura de terror contemporánea. Fernández, 2018. Shirley Jackson sentó las bases de lo que se entiende por terror psicológico contemporáneo, y su clásico, La Maldición de Hill House (1959) – Ver (2) – se ha considerado la novela fundacional del género de casas encantadas. Fernández, 2015. Shirley Jackson es la precursora de la novela de terror contemporánea; su cuento La lotería (The Lottery) – Ver (18) -, publicado en The New Yorker, básicamente marcó el inicio de una nueva forma de entender el terror. Galán, 2018. Su obra se celebra como un hito de la literatura moderna. Tones, 2018.

(18) The Lottery es un relato corto de terror, publicado el 26 de junio de 1948 en el The New Yorker. Jackson, 1948. Jackson, 2018, p. 12 (Prefacio de Ruth Franklin). “La lotería, considerado uno de los más famosos relatos cortos de la historia de la literatura estadounidense, fue el inicio de su terror explícito”. Galdeano, 2017.

(19) Stephen King, el rey del terror (sobran las presentaciones), ha mostrado en diversas ocasiones su admiración por Shirley Jackson. En su libro Danza Macabra (1981), hace una gran reseña de The Haunting of Hill House, y la considera como una de las mejores novelas de terror de todos los tiempos. King, 1981, pp. 68, 147, 150-152, 158-165. Oppenheimer, 1988, pp. 226-227. También ha reconocido que se inspiró en ella para su novela vampírica El misterio de Salem’s Lot (1975). King, 1997. Stephen, también ha alagado a la última adaptación de la novela, la serie de Netflix La Maldición de Hill House. Galán, 2018. Y también ha reconocido públicamente la gran influencia de la novela de Shirley Jackson, La Maldición de Hill House, en su novela, y obra maestra, El Resplandor (1977). Fernández, 2015. Galdeano, 2017.

(20) Shirley Jackson también ha inspirado al escritor y guionista Richard Matherson y al escritor Nigel Kneale. Galdeano, 2017.

(21) King, 1981, p. 152.

(22) Ver (1).

(23) Por este motivo, su relación con su madre siempre fue muy tensa. Oppenheimer, 1988, pp. 11-15.

(24) Franklin, 2016, pp. 11-42. Oppenheimer, 1988, pp. 22-30.

(25) La familia se mudó en la primavera de 1933. Oppenheimer, 1988, pp. 31-37.

(26) Shirley estudió en la Brighton High School, donde se diplomó en 1934. Allí, seguía siendo la chica “fea e inadaptada”. Después, acudió a la Universidad de Rochester, donde sus padres pretendían tenerla controlada. Pero jamás encajó allí; además, los profesores criticaban duramente su forma de escribir, en lugar de apoyarla. Shirley odió dicha universidad desde el primer día. Sus padres tampoco apoyaron nunca su talento natural para la escritura. Franklin, 2016, pp. 43-69. Oppenheimer, 1988, pp. 38-46.

(27) Shirley se matriculó en la Universidad de Siracusa, en septiembre de 1937. Allí logró encajar y adaptarse socialmente. Además, pudo crecer creativa e intelectualmente hablando: empezó a escribir en la revista literaria del campus. Oppenheimer, 1988, pp. 47-54. Se graduó en 1940. Jackson, 2018, p. 11 (Prefacio de Ruth Franklin).

(28) Publicada en 1948. Oppenheimer, 1988, p. 18. Shirley creció en el próspero barrio residencial de Burlingame (California), una comunidad cuyos prejuicios y crueldad Shirley atacó en su primera novela, The Road Through the Wall (El camino a través del muro, 1948). Jackson, 2018, p. 11 (Prefacio de Ruth Franklin). Para conocer más sobre el proceso creativo de esta novela: Franklin, 2016, pp. 190-220. Si gustáis leer dicha novela: Jackson, 2013.

(29) Stanley Edgar Hyman (11 de junio de 1919-29 de julio de 1970), un crítico literario y profesor de una universidad femenina. Lo conoció en 1940, en la Universidad de Siracusa, tras graduarse, y se casó con él. Franklin, 2016, pp. 90-127. Jackson, 2018, p. 11 (Prefacio de Ruth Franklin). Oppenheimer, 1988, pp. 55-74. Ver (34).

(30) Oppenheimer, 1988, p. 75. Para conocer los primeros años de los tortolitos, en Nueva York: Franklin, 2016, pp. 128-157.

(31) Oppenheimer, 1988, pp. 75-86.

(32) “Él era el salvador que la había sacado de la oscuridad. Cualquier amenaza a su relación, era una amenaza para la supervivencia de ella misma – y sería tratada en consecuencia”. Oppenheimer, 1988, p. 86.

(33) Laurence, Joanne, Sarah (Sally) y Barry. Shirley hizo una crónica ingeniosa de las alegrías y dificultades de criar a cuatro hijos en Life Among the Savages (La Vida entre Salvajes, 1953) y Raising Demons (Criando Demonios, 1957) – Ver (34) –. Jackson, 2018, p. 11 (Prefacio de Ruth Franklin). Para conocer el proceso creativo de Life Among the Savages y más sobre esta etapa de la vida de Shirley: Franklin, 2016, pp. 304-330. Para conocer el proceso creativo de Raising Demons: Franklin, 2016, pp. 355-381.

Los hijos de Shirley, especialmente sus hijas, crecieron muy conscientes del terrible resentimiento que ella sentía por sus padres; sobretodo, por su madre. Oppenheimer, 1988, p. 15. Para conocer los primeros años del matrimonio: Oppenheimer, 1988, pp. 87-109. Shirley tuvo mucho cuidado de no cometer el mismo error que Geraldine, su madre, había cometido con ella. Tenía una regla sagrada: nunca anular la privacidad de sus hijos. Sus hijos sabían que una de las razones por las que odiaba tanto a su madre, era que Geraldine había husmeado, en varias ocasiones, en la habitación de Shirley. El respeto por la privacidad, era uno de los principios básicos de la familia Hyman. A pesar de ello, Shirley estaba violando la privacidad de su familia todo el tiempo: escribiendo sobre ellos. Oppenheimer, 1988, p. 205.

(34) El marido de Sherley – Ver (29) – era crítico literario y profesor de universidad. Shirley ganaba mucho más dinero. En 1945, el matrimonio se mudó a North Bennington (Vermont) donde el marido de Shirley, Stanley, se convirtió en profesor del Bennington College (gracias a Kenneth Burke, quien ejercía una gran influencia sobre Stanley Hyman). Oppenheimer, 1988, p. 110. Shirley, trabajaba en sus novelas y varios relatos cortos. Y comenzó a escribir para la revista The New Yorker (donde publicó, por ejemplo, The Lottery – Ver (18), (46) y (48) -). Oppenheimer, 1988, p. 123. Shirley escribía también para The Ladies’ Home Journal, Mademoiselle y Good Housekeeping (revistas femeninas).

Shirley publicó su primera novela,  The Road Through the Wall, en 1948 – Ver (28) -. Contó con críticas favorables, pero sin un reconocimiento especial; aunque supuso para ella una gran satisfacción personal. Oppenheimer, 1988, p. 125. Gracias a su relato corto The Lottery – Ver (18), (46) y (48) -, y al revuelo que se formó, Shirley alcanzó más fama; publicó cinco novelas más, y no dejó de escribir para el The New Yorker. Esto le proporcionaba unos ingresos más altos que los de Stanley. Su segunda novela, Hangsaman (1951), tuvo unas ventas modestas. Oppenheimer, 1988, p. 155. Para conocer el proceso creativo de dicha novela: Franklin, 2016, pp. 271-303. Gracias a la popularidad de Life Among the Savages (La Vida entre Salvajes, 1953), una colección de relatos cortos, – Ver (33) -, pudieron ser solventes por primera vez en su vida. Aunque eran bastante derrochones, y se pulían el dinero que daba gusto. The Bird’s Nest – Jackson, 2014 -, su tercera novela (1954), les proporcionó más dinero, y más fama a Shirley. Oppenheimer, 1988, p. 185. Para conocer el proceso creativo de la novela y más sobre esta etapa de la vida de Shirley: Franklin, 2016, pp. 331-354. Raising Demons (Criando Demonios, 1957) – Ver (33) -, otra colección de cuentos, también tuvo muy buena acogida por parte del público. Oppenheimer, 1988, p. 208. Con la publicación de El Reloj de Sol (1958) – Jackson, 2017 -, su cuarta novela, Shirley consiguió afianzar un rico y poderoso séquito de fans, descaradamente excéntricos. En este libro, por primera vez en sus libros, la propia casa tomó importancia, desarrollando un carácter palpable propio. Oppenheimer, 1988, p. 217. Para conocer el proceso creativo de la novela y más sobre esta etapa de la vida de Shirley: Franklin, 2016, pp. 382-406. Después, vino La Maldición de Hill House (1959) – Jackson, 2008 -, su quinta novela – Ver (2) y (17) -, con la que la fama de Shirley fue imparable. Shirley había escrito el libro que siempre había querido escribir, y fue un éxito total y aplastante. Oppenheimer, 1988, p. 228. La novela le siguió aportando dinero y éxito años después. Oppenheimer, 1988, p. 242. En su última novela (publicada en vida y completa), Siempre hemos vivido en el Castillo (1962) – Jackson, 2012 -, Shirley quiso escribir sobre su vida en su ciudad: sobre el aislamiento y el rechazo que sufría. Esta temática hizo que se estancase un poco cuando empezó a escribirla, por los problemas que le podría acarrear con sus vecinos. Oppenheimer, 1988, p. 232. Tardó tres años en terminarla (la terminó en abril de 1962). Oppenheimer, 1988, p. 242. Para conocer el proceso creativo de la novela y más sobre esta etapa de la vida de Shirley: Franklin, 2016, pp. 428-457. Fueron unos años complicados para Shirley: Stanley tuvo una aventura “más seria” de lo normal, lo que la desestabilizó por completo, llegando a padecer incluso agorafobia (no podía a penas salir de casa) – Ver (37) y (42) -. Tras la muerte de Shirley, Stanley publicó dos colecciones del trabajo de Shirley: The Magic Of Shirley Jackson (1966), que incluía once relatos y tres novelas, y Come Along With Me (1968), que contenía dieciséis relatos, tres conferencias y una novela incompleta – Ver (45) -. Oppenheimer, 1988, p. 275. Jackson, 2018, p. 13 (Prefacio de Ruth Franklin). Para saber más sobre dicha novela incompleta: Franklin, 2016, pp. 485-500. Después de muerta, Shirley seguía siendo rentable.

(35) La tarea de la crianza de los hijos se focalizaba en Shirley. Después de todo, ella era la que se relacionaba con la comunidad y con los miembros de la asociación de padres del colegio de sus hijos; era el progenitor involucrado. Stanley era mucho menos visible en este sentido. Ella era vista por el entorno como una madre “ferozmente maternal”, como dijo un vecino; como un león con sus cachorros. Oppenheimer, 1988, p. 168. Shirley era una gran madre y estaba muy volcada en la crianza de sus hijos. Era el corazón de la familia y quien lograba que las cosas funcionasen. Hacía todas las labores del hogar. Oppenheimer, 1988, p. 177. Shirley era quien hacía los recados, todas las compras y acudía a las reuniones de padres del colegio de sus hijos. Oppenheimer, 1988, p. 182. Tras la publicación de The Bird’s Nest – Ver (34) -, Shirley se sintió agotada y sin fuerzas: había trabajado sin cesar en un trabajo tras otro, y llevaba la carga de su casa y de sus hijos. Empezó a dormir más de lo normal y se sentía muy cansada y deprimida. Oppenheimer, 1988, p. 191.

Shirley se consideraba a sí misma al menos como un ama de casa a media jornada, y la vida de una casa (qué se necesita para formar y mantener un hogar, qué sucede cuando se destruye) cobra importancia en todas sus novelas. Pero Shirley no tenía ninguna intención de mostrarse a sí misma como un ama de casa intachable, arreglada y bien dispuesta; a diferencia de sus vecinas, para ella las tareas del hogar eran un suplicio. Jackson, 2018, p. 20 (Prefacio de Ruth Franklin). Ver (39).

Shirley, sobre todo, se sentía oprimida por su marido. Shirley se encargaba de la cocina, de la limpieza, de la compra y de la crianza de sus hijos. Stanley se limitaba a sentarse en su escritorio, para reflexionar sobre el estado de las letras estadounidenses, y ocasionalmente le gritaba a su esposa que acudiese a rellenar la tinta de su pluma. El hermano de Stanley, Arthur, comentó que la visión de Stanley sobre la división doméstica del trabajo, era lo único que había conservado de su educación judía tradicional. Heller, 2016.

(36) Las expectativas señoriales de Stanley Hyman, de lo que debía ser el patriarca de la familia, eran muy retrógradas, incluso para la época. Mucho después de que Shirley se convirtiese en el principal sostén económico de la familia, Stanley continuó controlando las finanzas del matrimonio, entregándole a Shirley porciones de sus propias ganancias, según le parecía conveniente a él. Pero siempre la alentaba a escribir, en parte, porque era su trabajo el que mantenía a la familia a flote. Llegó a sentir celos, porque la carrera de Shirley eclipsó la suya. Heller, 2016.

Hyman controlaba la mayoría de los aspectos de la relación: obligó a Shirley a aceptar sus infidelidades – Ver (37) – y controlaba las finanzas –le entregaba a Jackson partes de lo que ella misma ganaba según su criterio–, a pesar de que sus ingresos eran mayores que los de él. También insistió en que ella criara a los niños y se encargase de todas las tareas domésticas, sin ayuda externa – Ver (35) -. Camacho, 2018.

Stanley Hyman, aunque aparentemente compartía con Shirley un matrimonio rico e intelectual y una cálida vida familiar, resultaba dominante y era un infiel – Ver (37) -. Además, sentía celos porque sus escritos nunca recibieron la aclamación pública que recibía el trabajo de su esposa. Franklin, 2016, p. 6

Para publicitar la primera novela de Shirley, The Road Through the Wall (1948) – Ver (28) y (34) -, a Stanley se le ocurrió poner como propaganda en la portada del mismo que Shirley era “quizás la única escritora contemporánea que es practicante amateur de brujería, especializada en magia negra a pequeña escala y en adivinación con cartas de tarot”. Franklin, 2016, p. 4. Eran las palabras de Stanley, y sin duda fue idea de Stanley utilizar esa descripción de Shirley. En un primer momento, cuando el libro se vendía de forma modesta, no hizo daño. El problema vino después, cuando la fama de Shirley no hizo más que aumentar. Pocos meses después, el foco de la fama, incluso de la notoriedad, se volvería contra ella, con crueldad. Y nada seria lo mismo. Oppenheimer, 1988, p. 126. (En toda la biografía escrita por Judy Oppenheimer, podemos observar como Stanley dirigía a su antojo la trayectoria y el trabajo de Shirley). “Su marido aseguró que había practicado brujería para escribir con conocimiento de causa, una broma que se le fue de las manos y que los lectores no supieron asumir”. Galdeano, 2017. Heller, 2016.

(37) Shirley odiaba a las estudiantes: sabía perfectamente que estaban fantaseando con su marido y deseando que, en un renuncio, éste cayese en sus brazos. Y también sabía, por supuesto, que a Stanley esto no le molestaba en lo más mínimo. Pero volcó su ira en las estudiantes y no en él. Oppenheimer, 1988, p. 172. Como no había otros chicos para saciar su interés, las estudiantes pusieron sus miras en los profesores (a menudo, con resultados explosivos). Oppenheimer, 1988, p. 172. Incluso Stanley, que era brillante pero no especialmente guapo, tenía muchas fans. Y Shirley se ponía muy celosa. Oppenheimer, 1988, pp. 172-173. Stanley no se resistió a la tentación: tuvo relaciones sexuales con muchas estudiantes. Oppenheimer, 1988, p. 173. [Personalmente, no estoy de acuerdo con la lectura que hace Judy Oppenheimer de lo ocurrido: en esta parte de su libro (capítulo 15, pp. 169-179), pinta a las estudiantes como unas busconas salidas, y a Stanley y a los demás profesores como pobres víctimas de tanta provocación. Me parece una visión distorsionada y muy machista. Lo cierto es que los profesores tenían una posición de poder sobre las chicas, y eran los adultos. Más bien, los señores se aprovecharon bastante de la situación (y de las chicas). Y, en cualquier caso, no es justificable que Shirley y las demás mujeres, la tomasen con las estudiantes. Los desleales eran sus mariditos. No me resulta justo culpabilizar a las chicas. La obra es una biografía de Shirley escrita a finales de los años 80, eran otros tiempos… disculparemos así a Judy]. Stanley se vendía a sí mismo como un seductor y un gran galán, y además, fardaba de ello bastante con sus amigotes. Oppenheimer, 1988, p. 173. Pero fuesen reales tantas infidelidades o jactancia y fanfarronería de Stanley, para Shirley todo fue muy doloroso. Ella era consciente de la reputación de su marido, y no tener pruebas directas de tanta infidelidad, no lo hacía más llevadero. Los celos la atormentaban constantemente. Sus celos no se limitaban a las estudiantes; podían estallar en cualquier momento, sobretodo con mujeres a las que no conocía lo suficiente como para confiar. Oppenheimer, 1988, p. 174. Pero, a pesar de todos sus coqueteos y sus aventuras sexuales, que ella siempre había conocido o, al menos, percibido, y lo doloroso que todo ello era, Shirley nunca lo percibió como una amenaza real. A pesar de sus celos, estaba segura de sí misma y de su capacidad para hipnotizar a Stanley. Ella pensaba que algun día, él renunciaría a tanta aventura. Stanley era para Shirley su roca, necesario en su estructura de supervivencia. Sin embargo, cuando Stanley cumplió los cuarenta, pasó lo inimaginable para Shirley: se enamoró de otra mujer. Y sucedió en las horas más bajas de Shirley. Tenía cuarenta y tres años y su salud empeoraba; cada vez le faltaba más aliento, y estaba agobiada por su cuerpo. Y veía la menopausia a la vuelta de la esquina. Aunque Stanley nunca se lo reconoció, Shirley lo sabía. Era una mujer increíblemente intuitiva a la hora de analizar las emociones y los estados de ánimos de los demás. La sospecha era suficiente para hacerla sentir terriblemente molesta, más de lo que nunca había estado antes. Sabía que no se trataba de una de las estudiantes de Stanley, o una groupie de literatura. La mujer de la que Stanley se había enamorado era una adulta, inteligente y, lo más doloroso de todo, muy encantadora. Siempre había mantenido a sus hijos a parte de sus celos y de las infidelidades de Stanley, pero ahora, se empezaba a desmoronar delante de ellos, sobretodo, cuando bebía. Una noche fría, tras una llamada de Stanley, y delante de sus tres hijos más pequeños, completamente histérica, salió corriendo con su bata de casa y sus zapatillas, desesperada, tratando de llegar al coche, gritando que iba a enfrentarse a Stanley y a su amante. Fue terrorífico para los niños, que corrieron tras ella para pararla. El affair de Stanley se terminó en menos de un año. En verdad, nunca fue una verdadera amenaza. Pero todo el asunto no hizo más que intensificar los miedos de Shirley, que empezaban a incapacitarla; ya a penas podía salir de casa. Oppenheimer, 1988, pp. 238-240. Estuvo tres meses sin salir de casa. Oppenheimer, 1988, p. 250. Ver (34).

(38) Stanley era un ateo convencido. Y Shirley, como no, estaba de acuerdo con todas sus declaraciones al respecto. Para su pueblo, eran unos impíos, “the were the godless Hymans”. Y ese no era el único motivo por el que los rechazaban socialmente. The Lottery – Ver (18), (34), (46) y (48) – le generó a Shirley muy mala fama, además, recordemos que su primera novela se promocionó vendiendo que ella era una bruja – Ver (36) -. Además, Shirley estaba casada con un judío (la familia de Stanley era judía, aunque él era ateo). Oppenheimer, 1988, pp. 180-181. Algunos muchachos del vecindario pintaban esvásticas en las ventanas de los Hyman o se subían a un cobertizo, cerca de su casa, para gritar improperios antisemitas. Inevitablemente, fue Shirley, mucho más que Stanley, quien tuvo que lidiar directamente con los prejuicios de la ciudad. Ella era quien hacía los recados, iba a las tiendas, usaba el trasporte público y acudía a las reuniones de padres del colegio de sus hijos – Ver (35) -. A Stanley rara vez se le veía por la ciudad; él estaba aislado en su mundo universitario. Oppenheimer, 1988, p. 182. Shirley era la representante de la familia, y fue sobre quien más recayó las opiniones de la gente de la ciudad. Oppenheimer, 1988, p. 183. Pero las dificultades de Shirley con la gente del pueblo, fueron más profundas que eso. Ella no quería ser aceptada como una igual, sino como alguien superior a los demás pueblerinos. Como una reina. El pueblo la despreciaba y ella, a su vez, también despreciaba al pueblo. Oppenheimer, 1988, pp. 183-184.

(39) Las estudiantes veían a Shirley como una loca y como una borracha. Oppenheimer, 1988, p. 175. Ver (42). Cuando Stanley tuvo su puesto asegurado en el campus, Shirley se topó con un rol distinto al que había asumido hasta entonces; un rol que ella no había elegido para sí misma: ahora, era la esposa de un profesor de universidad, con todo lo que ello implicaba, que no era poco, y todo negativo. Se esperaba que las esposas de los docentes se mantuvieran al margen, que se mantuvieran alejadas de las fiestas (excepto del ocasional té de graduación, quizás) y que no hiciesen nada para interrumpir la relación sagrada entre el profesor y las alumnas. De vez en cuando, se les podría permitir servir el brunch, tal vez, si eran lo suficientemente discretas como para abandonar la habitación inmediatamente. Las esposas de los profesores de universidad, en esta época (principios de la década de los 50), no lo pasaban muy bien. Sus esposos estaban terriblemente absortos en la universidad. Las esposas sentían que dedicaban toda su energía en ello. Hasta la mujer más segura del mundo, se sentiría mal desempeñando el rol de esposa de profesor de universidad. Oppenheimer, 1988, pp. 171-172.

Sin embargo, Shirley nunca le dirigió una mala palabra a Stanley, a pesar de sus muchas infidelidades – Ver (37) – y de su pasotismo en el cuidado de sus hijos y del hogar – Ver (35) -. Aunque a sus hijas les insinuaba que su padre era “raro”, y que cuando Stanley hablaba, aunque aparentaba atención, siempre había un destello de cachondeo en su mirada. Oppenheimer, 1988, p.198. Shirley nunca fue una madre normal, sus hijos lo sabían. En North Bennington, en los años cincuenta, estaban las madres pueblerinas y las madres-esposas de los profesores de universidad; y luego estaba Shirley, que no encajaba en absoluto con ningún molde. No siempre fue fácil. Shirley se veía completamente diferente a la mayoría de las demás madres. Vista en una habitación llena de esposas de profesores de universidad, delgadas e impecablemente arregladas, casi parecía representar a otra especie. Shirley estaba gorda, no usaba maquillaje, y apartaba su cabello, canoso, de su cara con una banda elástica. Su cara tenía rasgos muy masculinos (mandíbula cuadrada, papada…) y llevaba unas gafas enormes. Era una cara cautivadora, que irradiaba inteligencia, pero no era una cara bonita, y evidentemente, no era la cara de la madre promedio. Oppenheimer, 1988, p. 202. Además, Shirley era la única madre-esposa con una profesión. Las otras mujeres, podían invertir toda su energía en tener sus casas perfectas; para Shirley, conseguir tener su casa impecable era siempre una promesa incumplida. Esto, hacía también que sus hijos fuesen más independientes que otros niños. Oppenheimer, 1988, p. 203.

(40) Jackson, 2018. Jackson, 2015. Tones, 2018. Rodriguez, 2018.

(41) House M. D., es una serie de televisión (2004-2012), centrada en la vida del doctor Gregory House, un adicto a la codeína, inadaptado social, pero terriblemente brillante.

(42) Shirley siempre estaba tensa, propensa a ingerir innumerables alimentos: se daba enormes atracones de comida nocturnos, y trabajaba muy duro durante el día. Esto le estaba empezando a pasar factura. Desde hacía varios años, estaba sufriendo dolores de cabeza, y le habían prescrito grandes dosis de codeína para aliviarlos. Tenía los dientes fatal, de tantos cigarrillos, café y dulces. Su problema de sobrepeso empeoró con cada embarazo. Y por supuesto, estaba también el asunto del alcohol y el abuso que hacía de él. Oppenheimer, 1988, pp. 147-148. Shirley, ante tanta infidelidad de Stanley – Ver (37) – bebía muchísimo y no atendía a razones. Algunas alumnas de Stanley declararon que Shirley “estaba gorda, bebía y era cortante como un hacha” – Ver (39) -. Oppenheimer, 1988, p. 175.  A pesar de que Shirley tomaba mucho alcohol, tenía sus reglas: nunca bebía antes de las cinco de la tarde. Mantuvo esta regla durante años. Después de todo, tuvo disciplina dentro de su caos. Oppenheimer, 1988, p. 177. Shirley también estuvo enganchada a los estimulantes. La dexedrina, la primera anfetamina que descubrió, era para ella como una píldora mágica. Con ella aumentaba su energía, de forma artificial, para afrontar el día. Gradualmente, con el paso de los años, las anfetaminas se convirtieron en un elemento básico del hogar; tanto ella como Stanley cayeron en el hábito de tomarlas casi todos los días. Las anfetaminas le cargaban las pilas, poniéndola aún más nerviosa, por lo que tomaba tranquilizantes y alcohol para contrarrestar el efecto: Thorazine (clorpromazina), Miltown (meprobamato), fenobartibal y bourbon. Siguió esta dieta explosiva el resto de su vida. Tenía una constitución fuerte, por eso sobrevivió tantos años a ese cocktail de drogas. Pero los efectos de tanta droga fueron evidentes mucho antes de su muerte: las pastillas intensificaron sus cambios de humor, su irritabilidad y sus arrebatos emocionales. Con el paso del tiempo, su ansiedad empeoró, así como sus ataques de pánico. Es posible que incluso le provocaran alucinaciones hacia el final de su vida. Oppenheimer, 1988, p. 210. Aunque hubo temporadas en las que Shirley trató de reducir su ingesta de calorías y el consumo de alcohol. Oppenheimer, 1988, p. 220. La solución más apropiada para su ansiedad, su depresión y su agorafobia – Ver (34) y (37), hubiese sido la psicoterapia, pero Shirley temía y desconfiaba de esta opción. Muchos (su marido, amigos…) la presionaron para acudir al psiquiatra, hasta que finalmente lo consiguieron (en 1963). Oppenheimer, 1988, p. 251. Las visitas al psiquiatra le ayudaron a superar la agorafobia y así poder volver a salir de casa. Oppenheimer, 1988, pp. 251-253. Pero su uso de tranquilizantes continuó sin cesar. También continuó con el uso diario de dexedrina (anfetamina). En casa de los Hyman, esas píldoras eran usadas como comodines, como en otras casas las aspirinas. Oppenheimer, 1988, p. 253.

“En septiembre de 1962, Shirley sufrió un ataque nervioso que le provocó una severa agorafobia que le impedía salir a la calle. Otros problemas afectaron su salud física y mental: la adicción a las anfetaminas para adelgazar que pronto combinó con el alcohol. Además, tenía sobrepeso y fumaba mucho. El psicólogo que la atendía para tratar su severa ansiedad le prescribió barbitúricos en un tiempo en el que se consideraban un fármaco seguro e inofensivo. Tomaba por prescripción médica Thorazine, Valium, Dexamyl, Miltown y Seconal, lo que sin duda aumentó su ansiedad”. Camacho, 2018.

A medida que aumentaban las presiones sobre Shirley, recurrió a tranquilizantes para calmar sus nervios y a las anfetaminas para ayudarla a perder peso y a poder llevar adelante su exigente programación de escritura, además de una familia bulliciosa que incluía cuatro niños y una gran variedad de mascotas. En el último año de su vida, estaba tan atormentada por la ansiedad y la agorafobia que rara vez salía de casa. Franklin, 2016, p. 6.

(43) Nunca dejó de escribir, ni en sus peores momentos. Es más, cuando estaba peor de su ansiedad y depresión, se volcaba en la escritura. El hecho de derramar palabras en una página, siempre había tenido una importancia crucial para ella. Toda su vida había dependido de ello, daba forma a su mundo, daba rienda suelta a su poder, la mantenía sana. Hacía todo lo posible para liberar sus sentimientos de depresión e indignidad en las páginas. Oppenheimer, 1988, pp. 249-250. “Escribir es la salida, escribir es la salida, escribir es la salida”, se repetía a sí misma, como un mantra. Oppenheimer, 1988, p. 258.

En el verano de 1964, Shirley estaba bloqueada. Su psiquiatra, Toolan, la había alentado a acudir a reuniones de lectura, y a fines del verano, fue a dar una conferencia en Breadloaf, una colonia de escritores, dirigida por Howard Nemerov. Éste, empatizó con las dificultades de Shirley, y la ayudó a cuestionarse su bloqueo como escritora. Le hizo preguntarse por qué no escribía. Finalmente, Shirley se sentó delante de la máquina de escribir para tratar de responder la pregunta. Lo que surgió en los próximos meses fue una larga serie de páginas, un diario – Ver (45) – en el que ella analizaba, con la vista puesta en un futuro donde estaría sana, libre de obsesiones, recién nacida y en posesión de todos sus poderes. El psiquiatría hacía sus inevitables incursiones; fue un momento en que ella estaba claramente revaluándose a sí misma desde la perspectiva (y con el vocabulario) del análisis. Pero lo importante no es lo que escribía, sino que por fin volvía a escribir. Oppenheimer, 1988, pp. 256-257.

Shirley escribió seis novelas, más de cien cuentos y varios ensayos. Para su corta vida, no estuvo nada mal. Novelas: The Road Through the Wall (1948) – Jackson, 2013, The Road Through the Wall – (- Ver (28), (34) y (36) -), Hangsaman (1951) – Jackson, 2013, Hangsaman – (- Ver (34) -), The Bird’s Nest (1954) – Jackson, 2014 – (- Ver (34) -), El Reloj de Sol (1958) – Jackson, 2017 – (- Ver (34) -), La Maldición de Hill House (1959) – Jackson, 2008 – (- Ver (2), (17) y (34) -) y Siempre hemos vivido en el Castillo (1962) – Jackson, 2012 – (- Ver (34) -). Dos compilaciones estupendas de algunos de sus relatos cortos y otros textos (como una serie de conferencias exquisitas), son Jackson, 2018 y Jackson, 2015. Shirley era muy reacia a las entrevistas, pero ocasionalmente, disfrutaba mucho dando conferencias a sus lectores. Oppenheimer, 1988, p. 210. En toda su obra, su vida y la de su familia siempre estuvo presente. Oppenheimer, 1988, p. 205. En la biografía de Shirley, de Judy Oppenheimer, se puede seguir el proceso creativo de todas las obras de Shirley, y podéis leer cómo iba inspirándose, y relatando a la vez, su día a día. Muchos de sus personajes están inspirados en ella misma, o en sus hijos.

La principal fuente de inspiración de su obra está en su propia vida, en la lucha doméstica, la frustración de su matrimonio y la horrible relación con su madre. Camacho, 2018.

(44) Shirley siempre había padecido una serie de dolencias físicas: asma, fiebre del heno y artritis, concretamente, en sus dedos. Mientras trabajaba en su última novela, Siempre hemos vivido en el Castillo (1962) – Jackson, 2012 – (- Ver (34) y (43) -), sufrió ataques severos de colitis. La ansiedad que padecía siempre le atacaba al estómago. Oppenheimer, 1988, p. 238. Shirley murió repentinamente de insuficiencia cardíaca el 8 de agosto de 1965. Jackson, 2018, p. 13 (Prefacio de Ruth Franklin).

Era un domingo soleado, y Sarah (Sally) fue a despertar a su madre. Se encontró a Shirley tendida en la cama, con su largo cabello suelto en la almohada. Shirley no respondió. Hacía menos de dos semanas que Sally había intentado suicidarse, tragándose todos los tranquilizantes que encontró por la casa, con una copia de La Maldición de Hill House frente a ella. Shirley y Stanley la llevaron al hospital para que le practicasen un lavado de estómago. Shirley escribió después una carta a Joanne, su hija mayor, mencionándole el episodio de pasada, porque no se lo había tomado en serio. Pensaba que era otro más de los episodios dramáticos de Sally. Oppenheimer, 1988, p.268. (Cabe señalar el guiño a este episodio de la vida de Shirley y su hija Sally que hace la serie, La Maldición de Hill House, cuando se mencionan los “episodios dramáticos” con los que suele sorprenderles Nell). Por este suceso, al principio, cuando Sally y Stanley vieron a Shirley inmóvil y sin responder, en la cama, pensaron que se trataba de un extraño juego de venganza. Oppenheimer, 1988, pp. 268-269. Sin embargo, el Doctor Durand certificó su muerte en cuanto la examinó. Fue el 8 de agosto. Shirley tenía 48 años. ¿La causa? Un paro cardíaco, sin más. Oppenheimer, 1988, p. 269. En los días posteriores a su muerte, dos personas recibieron cartas de Shirley: su cuñada, Bunny Hyman, a quien Shirley le aconsejaba sobre dietas y recetas bajas en calorías (porque su marido, Arthut, había sufrido un ataque cardíaco leve). Oppenheimer, 1988, p.270. La otra carta la recibió su agente, Carol Brandt, y era tan extraña que ésta se la reenvió a Sally. Era una carta feliz, llena de energía. En ella, Shirley le decía que estaba a punto de emprender un viaje maravilloso. No había detalles, pero estaba claro que no se trataba de un viaje normal. Y además, señalaba que lo haría sola. Hubo un mensaje más de Shirley, en diciembre, cuatro meses después de su muerte: The Saturday Evening Post publicó su última historia. No era la mejor que Shirley había escrito, pero sí la historia en la que más se desnudó, la más reveladora: describía su concepción de sí misma. Oppenheimer, 1988, p. 271. [Judy Oppenheimer pretende darle una lectura de “premonición de su muerte” a estos últimos escritos de Shirley; personalmente, considero que el viaje del que Shirley hablaba, era otro muy distinto. Ver (45)].

Los problemas de salud relacionados con el consumo excesivo de alcohol de la pareja y el sobrepeso (tanto Shirley como Stanley Hyman tenían un sobrepeso significativo), contribuyeron a sus trágicas muertes prematuras, ambas por paro cardíaco: ella en 1965, a los cuarenta y ocho años, y él cinco años más tarde, a los cincuenta y uno. Franklin, 2016, p. 6.

(45) De hecho, pronosticaba en su diario – Ver (43) – un futuro sin miedo y sin esposo: “separarme, estar sola, pararme y caminar sin ayuda, no ser diferente y débil, ni degradada ni desamparada”. Esta nueva persona, especulaba ella, encontraría un nuevo personaje, un nuevo estilo. Planeaba escribir un libro con una historia feliz. De hecho murió cuando inició una nueva novela, divertida y feliz, en la que una viuda reciente abandona su nombre de casada, se nombra Angela Motorman y se embarca a una nueva vida rodeada de mascotas, libros, recuerdos y hasta amigos. Dejó 75 cuartillas escritas. – Come Along With Me (1968), Ver (34). – Camacho, 2018.

Seis meses antes de morir escribió: “Pienso en el glorioso mundo del futuro. Pienso en mí pienso en mí pienso en mí. No estar descontrolada, no controlar. Sola. Segura… estar separada, estar sola, pararme y caminar sin ayuda, no ser diferente y débil y desamparada y degradada… y excluida. No excluida, dejarlos fuera… al otro lado en algún lugar hay un país, quizás el glorioso país de lo bien hecho, quizás el país de una historia. Quizás ambos, para un libro feliz… soy la capitana de mi fe. La risa es posible la risa es posible la risa es posible”. Camacho, 2018.

(46) Jackson, 1948. Para conocer el proceso creativo de The Lottery, cómo la opinión pública se le echó encima y las reacciones de Shirley: Bloom, 2001, pp. 24-44. Franklin, 2016, pp. 221-270. Oppenheimer, 1988, pp. 127-142.

(47) True Blood es una serie de HBO, creada por Allan Ball y protagonizada por Anna Paquin, Stephen Moyer y Alexander Skarsgård. Parte de la siguiente premisa: los vampiros han salido del armario, y los humanos deben adaptarse y aprender a convivir con ellos.

(48) Se publicó el 26 de junio de 1948, en la revista The New Yorker. – Ver (18), (34) y (46) -. Si gustáis, lo podéis leer online: Jackson, 1948. Lo encontraréis traducido aquí.

(49) El cuento provocó una reacción sin precedentes de los lectores; la mayoría se sintieron traicionados por su inesperado y espantoso final. Jackson, 2018, p. 12 (Prefacio de Ruth Franklin). Le dedicaron frases tan preciosas como: “Decidle a la señora Jackson que se largue a Canadá”. Otros lectores, exigían una disculpa personal de Shirley Jackson. Otros, señalaban el mal gusto de la historia… En resumen, un aluvión de críticas e improperios varios. Oppenheimer, 1988, p. 129. Para saber más, leer el artículo de The New Yorker: Franklin, 2013.

(50) “Lottery in June, corn be heavy soon”. Jackson, 1948.

(51) Shirley se explicó así en el San Francisco Chronicle. Oppenheimer, 1988, p. 131. “I didn’t want to fuss with it” (No quería molestar con él), declaró. Franklin, 2016, p. 4.

(52) Una de las adaptaciones más famosas, es el cortometraje de 1969 The Lottery. También está el telefilm de 1996 El Sorteo.

(53) En 2018 la Paramount Pictures ha empezado a producir un largometraje basado en The Lottery. Busch, 2018.

(54) Publicada en 1962. Jackson, 2012. Ver (34), (43) y (44).

(55) We Have Always Lived in the Castle (2018), dirigida por Stacie Passon.

(56) Taissa Farmiga es una actriz estadounidense, archiconocida por sus interpretaciones varias en la serie de televisión de Ryan Murphy, emitida por la Fox, American Horror Story (AHS), toda una antología de terror.

(57) Fernández, 2018. Rodillo, 2018. Rogers, 2018. Silvestre, 2018.

(58) Elisabeth Moss es una actriz estadounidense, archiconocida por interpretar a June Osborne en la serie de televisión El Cuento de la Criada (se empezó a emitir en 2017; en 2019, se estrenará la tercera temporada).

(59) Susan Scarf Merrell es una escritora estadounidense. Shirley: A Novel es su segunda novela. Scarf Merrell, 2014.

(60) Gómez Urzaiz, 2018.

(61) Los archivos de Shirley Jackson que se conservan en la Sección de Manuscritos de la biblioteca del Congreso, están formados por más de cincuenta cajas. Sin embargo, el archivo de Hyman, que se estableció poco después de su muerte, en 1970, ahora está guardado en el almacén. Jackson, 2018, p. 16 (Prefacio de Ruth Franklin).

(62) Con sus obras, Shirley profundiza cada vez con más interés en el psiquismo de la mujer perturbada, siguiendo la estela de El papel amarillo de Charlotte Perkins Gilman o Jane Eyre de Charlotte Brontë. De hecho, ha sido calificada como proto-feminista debido a que, antes del auge del feminismo en los años 60, ya describe el angustioso mundo femenino como una expresión metafórica de la soledad desesperada de una mujer soltera en una sociedad en la que un marido era esencial para la aceptación social. Años después de Jackson, la feminista Betty Friendan definirá al ama de casa de 1950 como una “esquizofrénica virtual”. Siempre hemos vivido en el castillo – Ver (34), (43), (44) y (54) – da buena cuenta de esta cuestión. Bordeando siempre la demencia, Constance, ama de casa perfecta, sueña con una libertad a la que teme, conformándose con el único hombre al que tiene acceso, Charles, o con una vida de dedicación a los demás. Al contrario, Merricat es la “mujer lobo”, como ella misma se define, expresión de lo impulsivo, el deseo, lo infantil, lo supersticioso, lo irracional, expresión del trastorno y, así, de la libertad. Cortavitarte, 2016.

Shirley retrata la neurosis de una sociedad camino de la alienación y el extrañamiento de décadas posteriores. Las mujeres son personas sometidas por los ideales de perfección y belleza, que buscan refugio en los libros o las pastillas y, a veces, al no poder alcanzar la demanda que se exigen a sí mismas, enloquecen o cometen un acto irreparable. Camacho, 2018.

Esta visión de Shirley como una proto-feminista, está apoyada por su biógrafa Ruth Franklin – Ver Franklin, 2016 -, pero no por la biógrafa Judy Oppenheimer: “Shirley no era feminista. Su visión era personal, no política, y se habría resistido enérgicamente a cualquier esfuerzo por ver su trabajo de esa manera, incluso si hubiera sobrevivido a una era en la que lo personal se había convertido en político”. Oppenheimer, 1988, p. 164. Personalmente, ya he mostrado mi desacuerdo con la obra de Judy Oppenheimer; ofrece una visión de Shirley demasiado sumisa, que no se ajusta a la realidad que muestran sus obras, por ejemplo, ni su malestar personal. ¿Estaba inmersa en una relación sumamente tóxica? Sí. ¿Era feliz por ello? De ningún modo. Además, como dejo reflejado en el artículo, en el momento en que Shirley compartió sus problemas personales, a través de su obra (pues siempre se inspiró en su vida a la hora de escribir – Ver (43) -), dichos problemas se hicieron públicos, por lo que lo personal pasó a ser político, por mucho que se empeñe Judy Oppenheimer en sostener lo contrario.


Bibliografía

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2 Comentarios

  1. Magnífica Escritora.

    Todo bien … pero en el artículo tenían que aparecer los mismos “conceptos” que infectan la cultura actual: “feminista”, “patriarcado”, y demás “ideas” de-género típicas de alguien que se dice que es “de firmes posiciones feministas y marxistas”.
    Espero que ya pronto nuestra Civilización se cure de esa socio-patología.

    • Para que “nuestra civilización se cure”, es necesario, en primer lugar, el pensamiento crítico, y en segundo lugar, una buena revisión feminista de la historia, de la sociedad y de la cultura. Solo así podremos alcanzar la igualdad real.
      Por otro lado, tu argumento de “todo bien, pero no llames a las cosas por su nombre (no sea que mi orgullo de macho se resienta)” es muy cómico y te retrata.
      Veo que te has entretenido en leer mi perfil. Bien, a parte de mis posiciones ideológicas, también habrás leído que me dedico a la filosofía. Un pequeño apunte: lo lógico, es definirse dentro de un marco de pensamiento y/o ideología, si te dedicas a lo que me dedico. Si no fuese así, sí que tendría un serio problema. Más que nada, porque en filosofía, si algo se hace, es pensar. Y se piensa con ideas. Solo pensando se puede revisar críticamente el pasado y el presente.
      En cualquier caso, me alegro que te haya molestado mi análisis. Significa que lo he hecho muy bien.
      Para terminar, que tengas las santas narices de decir que el feminismo es una “sociopatología”, no merece ni respuesta. Y, una vez más, te retrata.

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