Reina de Saba
¿Qué tienen en común American Gods, la Biblia, el Kebra Nagast y Bob Marley? ¡A la Reina de Saba!
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Venga, os doy cinco minutillos para que podáis digerir el título. Y por si alguien lo está dando por sentado: no, no estoy bajo el efecto de ningún narcótico ni estupefaciente. Os prometo que en las siguientes líneas os demostraré que la Reina de Saba es un factor en común que comparten tanto American Gods, como la Biblia, el Kebra Nagast y ¡Bob Marley! Bueno, la cultura rastafari, para ser más exactos. Que no, mal pensados, ¡que no me he fumado un porro!

Este personaje femenino, fascinante, cabalga entre el mito y la realidad. Entre la religión y la Historia. Entonces, ¿existió realmente la Reina de Saba? Trataré de ofreceros la mejor respuesta posible. Eso sí, teniendo en cuenta que informaciones cien por cien certeras no vamos a poder encontrar. ¿Por qué? Fácil, porque los documentos de la Antigüedad que nos hablan de ella pertenecen al mundo religioso.

La Reina de Saba aparece en las líneas de la Biblia y también la recoge la tradición musulmana. Y, por supuesto, es una gran protagonista del Kebra Nagast o El Libro de la Gloria de los Reyes de Etiopía. Venga, os chivo un spoiler, para que hiléis un poco más el título: el Kebra Nagast, con los años, se convirtió… ¡en la Biblia de los rastafaris! Os acabáis de quedar muertos, lo se. Tranquilos que, a su debido momento, os contaré cómo, cuándo y por qué. ¿Y qué carajo tiene que ver American Gods con todo este lío?, os preguntaréis. Los más frikis, serieadictos y/o devoradores de libros, ya sabréis la respuesta…

Bilquis en American Gods. ¡Que fogosidad, cari!

American Gods (1), la adaptación a la pequeña pantalla de la novela de Neil Gaiman (2), está triunfando de nuevo con su segunda temporada (3). La guerra entre dioses antiguos y dioses nuevos sigue su curso, con Shadow Moon como protagonista (4). Pero, ¿quién es la espectacular Diosa del amor que se nos presenta, tanto en la novela como en la serie? No, ni rastro de Afrodita (5). Se trata, nada más ni nada menos, que de Bilquis: ¡la mismísima Reina de Saba!

Bilquis Reina de Saba American Gods season 2 temporada 2
Fotograma de Bilquis en el primer episodio de la segunda temporada de American Gods.

Cabe mencionar, de antemano, que los dioses de American Gods no son precisamente benévolos. Más bien, son bastante narcisistas y perversos. Están ansiosos de protagonismo y de adoración. ¡Para eso son dioses, qué narices!

Con este dato, ya se pueden deducir dos cosas. Por un lado, la guerra entre las antiguas divinidades y las nuevas está servida, como os imaginaréis. El ego de todas estas deidades es inmenso, y los dioses antiguos, especialmente Odín / Miércoles (6), no están dispuestos a compartir nuestra devoción. ¡Qué leches hacemos los humanos adorando a la televisión! ¡Normal que Odín esté que eche humo! Los dioses antiguos reclaman su sitio, y los nuevos no pretenden ponérselo fácil precisamente. Por otro lado, os podéis oler que la diosa del amor no será una afable loquita, que va tirando besicos y cagando corazones, mientras lanza flechicas para enamorar. ¡Ni mucho menos! Bilquis, la Reina de Saba de American Gods, es una devora-amantes. ¡Pero literalmente! Nada tiene que ver con el ñoño de Cupido (7).

Adoradme, ¡que os lo como todo!

En la novela, Bilquis es una prostituta, aunque en la serie han preferido dar un pequeño giro. Se trata de una mujer que liga a través de una app (8). Pero en esencia, paguen por poseerla o no, Bilquis es mucha Bilquis. Tanto en la versión novelesca, como en la versión televisiva, seduce a sus amantes, de todos los sexos, colores y formas, hasta llevarlos a la cama. Y antes de alcanzar el clímax, les pide que la adoren y la agasajen hasta la saciedad. Entonces, la pedazo de diosa se viene arriba, y alcanza el orgasmo de una manera bastante original… ¡Se traga al amante de turno con su vagina! Sí, ¡to’ pa’dentro! Después, Bilquis se muestra la mar de bella, rejuvenecida, revitalizada (9)… ¡Está que lo peta la tía!

Bilquis Reina de Saba American Gods dioses antiguos diosa del amor
Bilquis en pleno apogeo. Fotogramas del primer episodio de la primera temporada de American Gods

La historia de la Reina de Saba, al estilo de American Gods. ¡Alerta, Spoilers de la primera temporada!

Pero, ¿por qué narices la Reina de Saba recurre a una app para ligar? La respuesta, en la serie, nos la da el señor Nancy / Anansi, otro de los dioses antiguos (10). Él es el encargado de narrarnos la historia de Bilquis. Nos la presenta en la antigüedad, en el 864 a.n.e., en el templo de Bar’an (Yemen). Estos datos, se aproximan bastante a la realidad (11). Allí, contemplamos a Bilquis adorada por muchos fieles, que se montan una buena orgía a su alrededor, para luego ser devorados por la Reina, a su estilosa y sensual manera. Poliamor lo llaman ahora.

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La Reina de Saba, adorada en su templo por sus fieles. Fuente

Después, la vemos en los ’70s, como la reina de la pista, en Teherán (Irán) (12). Como toda una diosa-disco. Pero la Reina de Saba se ve obligada a huir de allí cagando leches. Pues, como nos dice Anansi, tanto poder en manos de una mujer acabó por despertar el recelo de los hombres (13).

La Reina de Saba aterriza en Hollywood

A su llegada a América, a Bilquis tampoco le sonrió la fortuna. Aterrizó en Hollywood, el sida estaba haciendo estragos, y la Reina terminó en la calle, como una vagabunda. “Nuestra amiga llegó a olvidarse de que llevaba a una reina dentro”, nos cuenta Anansi (14). La vemos tocar fondo cuando se topa con un restaurante etíope. La Reina recuerda su tierra, y una profunda añoranza la invade. Pero su corazón se rompe en mil pedazos, al ver una terrible noticia en la televisión del bar. ¡El grupo terrorista ISIS había destruido su templo (15)! Y es que, de nuevo en boca de Anansi:

La crueldad de los hombres que se sienten amenazados por las mujeres fuertes es infinita (16)

Y así, rota y deshecha, recibe una inesperada visita. Uno de los dioses nuevos, el chico tecnológico, le ofrece ayuda. Le da un teléfono móvil, le presenta una app de ligoteo, y la anima a reinventarse. Nuevos tiempos, nuevos fieles. Así, la Reina de Saba acepta la propuesta. Ya lo había perdido todo; era renovarse o morir. Por supuesto, esta ayudita por parte de los nuevos dioses tendrá sus consecuencias. ¡No pensaréis que le tienden la mano por amor a la diosa! Pero como no quiero pecar de destriparos más la serie, solo os adelantaré que a Odín / Miércoles esta nueva alianza de Bilquis no le va a gustar ni un pelo.

Os acabo de ofrecer la versión televisiva. En la novela, todo sucede de modo distinto (17).

La Reina de Saba reinventada, adaptada al poliamor

Esta versión de la Reina de Saba se aleja bastante de lo que nos cuentan los textos antiguos (18), que os mostraré a continuación. Pero caris, esto va de mitos que se reinventan. Los tiempos cambian y las leyendas se actualizan. Dioses antiguos, dioses nuevos; dioses siempre. Además, ¿cómo no ofrecer este retrato de Bilquis? American Gods, como novela y como serie, es una auténtica obra maestra. Y ahora, los nuevos dioses, se cuentan con una cámara. Los mitos, los héroes, las grandes epopeyas, se nos muestran a través de la pantalla. ¿O me lo vais a negar? Quizá la culpable sea Media (19), que está haciendo de las suyas…

¿Y qué nos cuenta la Biblia?

Uno de los textos que nos hablan de la Reina de Saba, es la Biblia hebrea. Hablando en plata para los cristianos, el Antiguo Testamento (20). ¿Y qué nos cuentan las Sagradas Escrituras sobre la Reina de Saba? Pues poco, tirando a nada. Nos la presentan como una mujer muy rica, proveniente de una tierra llena de especias y piedras preciosas. Y, asombradísima por los rumores que corren sobre el Rey Salomón, sobre su riqueza y su gran sabiduría (21), decide hacerle una visitica, para comprobar con sus propios ojos si es verdad que existe un hombre con tales dotes. Y, ¡cómo no!, la Reina de Saba alucina pepinillos, al confirmar que los cotilleos son ciertos. Después, Reina y Rey se hacen la pelotilla un ratico, y la buena mujer pone rumbo a casa (22).

La Reina de Saba y el Rey Salomón

El pasaje viene a ser una cosa así: “¡Ay madre mía Salomón! ¡Que ‘choza’ tienes aquí montada! Qué manjares, qué ropas, ¡qué poderío! Pero, ¿serás tan ‘avispao’ como te pintan? Voy a hacerte unas preguntillas, a ver si te pillo en un renuncio“. Y claro, Salomón salió la mar de airoso del cuestionario.

Y yo me pregunto: ¿no tendría nada mejor que hacer la Reina de Saba que pegarse semejante viaje para corroborar lo largo que lo tenía Salomón? No me malinterpretéis, ¡que estoy hablando del ego! La cuestión es que en la Biblia, la Reina se Saba no deja de ser un recurso para engrandecer la figura del rey Salomón (23). No nos aporta ningún dato histórico ni biográfico más sobre la buena señora. ¡Y eso que sí tenemos pruebas históricas sobre la existencia del reino de Saba, pero no sobre el reino de Salomón (24)! Pero de los pasajes bíblicos solo podemos sacar en claro que nos encontramos en el Próximo Oriente del siglo X a.n.e. (25). Tendremos que seguir buscando en otra parte…

Salomón y la Reina de Saba Gina Lollobrigida Halle Berry
Gina Lollobrigida y Halle Berry interpretando a la Reina de Saba (26).

La leyenda está servida: ¡el Corán se lo puso a Neil Gaiman en bandeja!

Eso sí, hay que agradecerle al relato bíblico que diese a luz a tan magnífico personaje. Gracias a la descripción que la Biblia hace de la supuesta visita de la Reina de Saba al Rey Salomón, surgió un verdadero mundo de fantasía. ¡La leyenda de la Reina de Saba empezó a correr en Oriente como la pólvora! (27). ¿Será que una mentira, muchas veces contada, se convierte en verdad? Reflexiones personales aparte, ¿no os mosquea una cosa? Acabamos de ver que la Reina de Saba protagoniza pasajes de los libros sagrados de dos de las tres grandes religiones monoteístas: el judaísmo y el cristianismo. ¿Qué pasa con la tercera? ¿El islam no participa en esta juerga? ¡Pues claro que sí, no iba a ser menos! De hecho, la Reina de Saba es el único personaje femenino que aparece en los textos sagrados de las tres grandes religiones (28).

Así, la Reina de Saba también aparece en el Corán, reinventada al estilo árabe (29). De hecho, los árabes hasta le pusieron nombre a la Reina: (redoble de tambores) ¡Bilqis! (30). ¡Qué fino es Neil Gaiman! En esta versión, Salomón adora a Alá (31), como no podía ser de otra forma. Además, él también le pone una prueba a la reina, para tantear su astucia (32). Al final, en este relato, la Reina de Saba, que adoraba al Sol, abandona el paganismo y se convierte al islam (33). Ya sabéis, éstos siempre barren para casa. Pero no acaba ahí la cosa, sino que además, ¡Salomón se casa con la Reina de Saba! No sin antes comprobar que la chavala no era un demonio maligno (34). Tanta belleza, tanta mujer, tanto esplendor…ya se sabe, ¿eh? Hay que tener mucho cuidado con las mujeres poderosas, no vaya a ser…

¿La Reina “de Saba”? ¿Y eso dónde queda?

mapa reino de Saba
Un mapa para que os orientéis. Fuente.

Situémonos en la Península arábiga. En el Norte, encontramos Israel, las supuestas tierras del Rey Salomón (35). Pues bien, a nuestra Reina, la tenemos que situar al Sur de la Península: en lo que hoy es Yemen (36). Pero además, se piensa que su reino se pudo extender al otro lado del Mar Rojo: lo que hoy es Etiopía (37).

Como ya os he adelantado, sí existen pruebas históricas sobre la existencia del Reino de Saba. Los asirios (los mesopotámicos norteños; habitantes de la zona que hoy en día es Irak, Irán y Siria) nos lo presentaron en el siglo VIII a.n.e. (38). Los sabeos eran comerciantes, de especias e incienso. Y los asirios tuvieron el gusto de conocerles, porque negociaban con ellos. Seguramente, la Biblia se inspiró en alguno de estos encuentros (39). Tenemos pruebas también de que, por este afán de comerciar que tenían los sabeos, habrían llegado a cruzar el charco, y se habrían mezclado con los pueblos que habitaban la zona que hoy es Etiopía (40).

Los asirios, además, nos hablaron de los reyes sabeos. Eran los jefazos de varios pueblos y se hacían llamar “los unificadores” (41). La capital del Reino de Saba era Marib, un auténtico oasis en medio del desierto (42), de la que aún podemos disfrutar de sus ruinas, si nos damos un paseico por Yemen.

El Reino de Saba fue próspero, no solo porque controlaban las rutas comerciales, sino también porque fueron unos genios dominando uno de los grandes recursos: el agua (43). De hecho, la decadencia del Reino comenzó con la destrucción de la presa de Marib (44). Finalmente, los musulmanes los conquistaron, poniéndole fin a tan gloriosa cultura (45).

La tercera versión (y la más rica) de la leyenda: la Reina de Saba o Makeda en el Kebra Nagast

Donde realmente caló la leyenda de la Reina de Saba fue en Etiopía (46). Primero, porque el cristianismo llegó a tierras etíopes, y se desarrolló de forma bastante original (47). Segundo, porque los etíopes, como hemos visto, mantenían una estrecha relación con Yemen. Concretamente, con el Reino de Saba (48). Además, la leyenda de la Reina de Saba les permitió dar un carácter sagrado a su dinastía (49). ¿Y cuál es el libro sagrado que recoge la historia mítica de los reyes de Etiopía? Pues el Kebra Nagast, con el que tanto os estoy dando la murga.

El Kebra Nagast es una historia novelada sobre el origen de la dinastía etíope. Y su misión consiste en demostrar el origen sagrado de la misma. ¿Cómo lo consigue? ¡Fácil! Gracias a la unión de la Reina de Saba con el Rey Salomón, de cuyo rollete nació el primer monarca etíope (50). ¡Cómo no iba a ser sagrado un hijo de estos dos portentos! Así, en el Kebra Nagast también se da por verdadera la visita de la Reina de Saba, aquí llamada Makeda, al rey Salomón (51). Y amplía el concepto visto hasta ahora: hubo tema que te quemas, y hasta un churumbel: Menelik (52). Y no solo eso, sino que, además, el chiquillo llevó el Arca de la Alianza a tierras etíopes, convirtiéndose así Etiopía en la Tierra Prometida (53). ¡Chupaos esa blanquitos!

Y, ¿quién ha recuperado este texto como sagrado y lo conserva como oro en paño? Pues la Iglesia ortodoxa etíope. En definitiva, estamos ante la interpretación africana/negra de la Biblia (54).

¿La Biblia de los rastafaris? Oh My God!

El Kebra Nagast, además, ¡es una de las referencias principales en la interpretación que hacen de la Biblia los rastafaris de Jamaica (55)! Pero, ¿qué tiene que ver Etiopía con Jamaica? ¡Mucho! Ya lo veréis (56). ¿La interpretación africana de la Biblia ha llegado a América? Pues sí, ¡como los dioses de American Gods!

Bob Marley rastafari Kebra Nagast
Bob Marley, el rastafari más famoso del mundo mundial. Fuente

Resulta que en los años 30, coronaron a un rey negro en Etiopía: Ras Tafari Makonnen. Y esto, tuvo un impacto enorme en Jamaica. Allí, existía un gran arraigo de la conciencia negra y del orgullo africano, así que tomaron al nuevo rey etíope como el heredero de la Dinastía salomónica. Aquélla que se inició con el retoño de la Reina de Saba y el Rey Salomón. De esta manera, se inició el “culto rastafari” en Jamaica. Cosa que fue posible porque, desde el siglo XVIII, en Jamaica agarró con fuerza la misma visión de la Biblia que se tenía en Etiopía (57). La versión negra de la Biblia, ni más ni menos.

Lógicamente, para lograr divinizar a Ras Tafari Makonnen, el Kebra Nagast jugó un papel fundamental (58). Si el nuevo rey etíope era descendiente del hijo de la Reina de Saba y Salomón, ¡era divino! Igual que toda la dinastía de la que da cuenta el Kebra Nagast. Además, es normal que los rastafaris jamaicanos tomasen Etiopía como referente: era la Tierra Prometida, como hemos visto (59). Así, la Reina de Saba es un elemento crucial para la cultura rastafari (60).

Pero, entonces, ¿existió realmente la Reina de Saba?

Siento decepcionaros, pero la respuesta a esta pregunta, a día de hoy, hay que seguir dejándola en manos de la imaginación. O de la fe, según se sueñe. Porque pruebas, lo que se dice pruebas, de la existencia de esta señora, lo siento pero no las hay.

A mediados del siglo pasado, un arqueólogo se aventuró a buscar a nuestra Reina. ¿Y dónde se fue el hombre a buscar pruebas? Pues a las ruinas de un templo, cercano a Marib, al que los árabes llamaban Mahram Bilqis: “el santuario de Bilqis” (61). Pero a pesar de las esperanzas depositadas, y del nombre tan sugerente que tenía dicho templo, el hombre no encontró evidencia alguna de la Reina de Saba. No encontró indicios ni de su existencia, ni de la relación del templo con la reina (62). Se trataba de un templo dedicado a una deidad solar (63). Hoy, se conoce como templo de Awwam, y se remonta, al menos, al siglo VII a.n.e. (64). Es una indiscutible muestra de la grandeza de Marib, la capital del reino de Saba (65). Pero ni rastro de nuestra Reina… (66).

templo de Awwam Mahram Bilqis Wendell Phillips Yemen Marib
El Templo de Awwam (Mahram Bilqis) en una fotografía tomada durante las excavaciones de Wendell Phillips.

¡No perdamos la fe en encontrar a la Reina de Saba!

Para los yemenitas, sin embargo, el hogar de la Reina es más que conocido… ¡El templo de Bar’an (67)! ¡He aquí la grandeza de American Gods! Aunque las creencias populares no son una prueba científica ni histórica de la existencia de la soberana. Es más, las opiniones sobre si fue posible que una reina partiese la pana en aquél entonces, son más que contrarias (68). Pero, ¡no perdamos la esperanza! No me digáis que no sería fantasía en estado puro que de repente algún arqueólogo empecinado diese con alguna prueba irrefutable que confirmase la existencia de nuestra Reina.

templo de bar'an templo de Baran Trono de Bilqis
Arriba, el Templo de Bar’an. Abajo, fotograma de la primera temporada de American Gods.

Eso sí, esperemos que no sea ningún iluminado, como ya pasara en 2008 cuando, aprovechando el estreno de una superproducción como fue la última entrega de Indiana Jones, nos trataron de vender que habían hallado el palacio de la Reina de Saba. ¡Y hasta el Arca de la Alianza! A la prensa, el lumbreras de turno se la coló bien colada (69). Ya se sabe, de oportunistas y sensacionalistas está lleno el mundo. Aun así, no perdamos la fe en Bilqis (70). Al menos, creamos en American Gods, donde el pacto con la ficción lo firmamos de antemano. Nadie nos miente, nadie nos engaña. ¡Protégenos, oh Bilquis, de quien ose hacerlo! Bueno, Odín/Miércoles sí nos la juega, pero a él se lo perdonamos todo.


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Referencias

(1)  American Gods es una serie de televisión estadounidense, estrenada en 2017, producida por la cadena Starz. En España, se puede disfrutar en Amazon Prime. La serie es una adaptación de la novela homónima de Neil Gaiman, de 2001. Ver (2).

(2) American Gods es una novela de Neil Gaiman, de 2001. Ver Gaiman, 2012.

(3) La segunda temporada de American Gods se estrenó en la cadena Starz, en Estados Unidos, el 10 de marzo de 2019. Amazon Prime la estrenó para España al día siguiente. Podéis ver el tráiler aquí. Si queréis leer un análisis del primer episodio de esta segunda temporada, ver Polo, 2017, “American Gods T2: camino a la guerra”.

(4) El argumento de American Gods, tanto de la novela como de la serie, gira en torno a Shadow Moon (Sombra, para los amigos; en la serie, interpretado por Ricky Whittle). Éste, acaba de salir de la cárcel y encuentra su mundo desmoronado: Laura (en la serie interpretada por Emily Browning), su mujer (y uno de los personajes más fascinantes de la historia), ha muerto. Casualmente, se topa con un extraño muy excéntrico: “el señor Miércoles”. Éste, le ofrece trabajo a sombra como guardaespaldas. Conforme avanza la trama, el lector/seriéfilo descubrirá que este misterioso extraño es un dios antiguo: el mismísimo Odín. Y que lo que está en juego, es una batalla de dimensiones incalculables, entre los dioses antiguos (Odín, Compé Anansi, Anubis, Tot, Pascua, Bilquis, Loki, Czernobog, las Zoryas, un Leprechaun, un Jinn, Vulcano… ¡Hasta Jesucristo! Perdón, ¡Jesucristos!), y los dioses nuevos (el chico tecnológico, Media, el Señor Mundo). Se trata de una obra maestra, que nos ofrece un paseo maravilloso por América y por la mitología de diversas culturas. La serie en concreto, es una joya visual. Si aún no habéis probado a echarle un ojo, ¡ya estáis tardando! Para no perderse, si os animáis a ver la serie y/o a leer la novela, echad un ojo a: Arrabal, 2018, “Los dioses de ‘American Gods’ (vol. I)”, Arrabal, 2018, “Los dioses de ‘American Gods’ (vol. II)” y Polo, 2017, “Religión, Mitología y Folclore en American Gods”, os servirán como guía. También Campillo, 2017, CulturaOcio, 2017 y Seoane, 2017.

“La segunda temporada de ‘American Gods’ ha extendido la guerra de los dioses a una dimensión titánica. Los viejos dioses, liderados por Odín, han decidido no dejar pasar ni una a los nuevos seres celestiales que representan todo lo que adoramos hoy día: la tecnología, los medios de comunicación y la globalización”. Saloz, 2019.

(5) Afrodita es la diosa del amor en la mitología griega. Y pese a que es, posiblemente, la diosa del amor más famosa del mundo mundial, en American Gods no ha sido elegida como parte del elenco de antiguas deidades. Una vez que conozcáis a Bilquis – la Reina de Saba, y la versión que Neil Gaiman nos ofrece de ella, no os extrañaréis de la elección.

(6) Odín es el dios principal de la mitología nórdica. En la serie, conocido como Señor Miércoles,  está interpretado, como no podía ser de otro modo, por Ian McShane. Para saber más sobre este personaje, ver Arrabal, 2018, “Los dioses de ‘American Gods’ (vol. I)”, Campillo, 2017, CulturaOcio, 2017, Polo, 2017, “Religión, Mitología y Folclore en American Gods” y Seoane, 2017.

(7) En la mitología romana, Cupido es el dios del deseo, hijo de Venus (diosa del amor, la versión romana de la Afrodita griega) y de Marte (dios de la guerra, la versión romana del Ares griego).

(8) En la novela, Bilquis es una prostituta; la diosa se ha adaptado a los nuevos tiempos, y encuentra clientes en “páginas de contactos” online. Sin embargo, en la serie es una mujer atractiva, que liga a través de una app (a lo Tinder).

“Aunque en el libro es explícitamente una prostituta, en la pantalla la conocemos como un atractiva mujer que se presenta a una cita acordada gracias a una aplicación de celular”. Seoane, 2017.

(9) En la serie de televisión, nos presentan a Bilquis, interpretada por Yetide Badaki, en el capítulo 1 de la primera temporada.  Ahí la descubrimos ligando a través de una app, en los bares, y seduciendo y devorando al amante de turno con su vagina. Si queréis disfrutar de un análisis del primer episodio de la serie, leer Maeso, 2017 y Polo, 2017, “Llega American Gods, el Panteón de Neil Gaiman”. Para saber más sobre Bilquis, Bley Griffiths, 2017.

En la novela, Neil Gaiman nos presenta a Bilquis, como una prostituta: Gaiman, 2012, Primera Parte – Sombras, Capítulo 1, En algún lugar de Estados Unidos: Gaiman, 2012, pp. 67-74. Salvo la diferencia de que no nos la presenta como prostituta, el resto de la escena de la serie es bastante similar a la descrita en el libro.

(10) El Señor Nancy/Anansi, es otro de los dioses antiguos de American Gods. En la serie, está interpretado, de manera magistral, por Orlando Jones. En el capítulo 8 de la primera temporada (último capítulo de la primera temporada de la serie), mientras teje unos trajes para Sombra y Miércoles/Odín, cuenta la historia de Bilquis/la Reina de Saba. Si queréis saber más sobre este personaje ver: Arrabal, 2018, “Los dioses de ‘American Gods’ (vol. I)”, Campillo, 2017, CulturaOcio, 2017, Polo, 2017, “Religión, Mitología y Folclore en American Gods” y Seoane, 2017.

(11) El templo de Bar’an o Trono de Bilqis, está a tres kilómetros de la antigua Marib (la capital del Reino de Saba – Ver (42) –), en Yemen. Como veremos, históricamente se sitúa el Reino de Saba en el Próximo Oriente, aproximadamente en el siglo X a.n.e. Concretamente, en lo que hoy en día es Yemen. Además, las creencias populares, sitúan a la Reina de Saba en el templo de Bar’an (Baran). Ver (67). Se trata de un templo sabeo, supuestamente construido en el siglo X a.n.e., en la época en la que se sitúa a la Reina de Saba. Originalmente, tenía seis columnas, de doce metros de altura. Hoy en día, sólo quedan en buen estado cinco. El templo está dedicado a Almaqah o “Al Moka”,  el Dios Padre para los sabeos, o la luna; ver (33). Ver Alonso, 2007.

(12) Teherán es la capital de Irán.

(13) Así lo explica Anansi: “…los reyes seguían queriendo acabar con ella. El poder de nuestra reina, que es el poder de todas las mujeres, el poder del renacimiento y la creación, subyuga a unos hombres que se arrodillan y hacen regalos, pero enfada a otros. Ya lo sabéis: la ira nos hace mover el culo. Al final los hombres hicieron lo de siempre: le quitaron su poder, les costó mucho tiempo. Tuvieron que usar pistolas, cuchillos y pollas afiladas. Pero se hicieron con el poder, porque les daba demasiado miedo que lo tuviera una reina…”. Cita tomada directamente del capítulo 1×08 de American Gods (minuto 9:45 – 10:53). Ver (10).

(14) Minuto 14:26 – 14:32 del capítulo 8 de la primera temporada de American Gods.

(15) En la televisión del restaurante etíope con el que se topa (llamado Marib – precisamente, como se llamaba la capital del Reino de Saba – Ver (42) –), Bilquis ve una noticia: “Atacan templo Himyarita en Yemen” (minuto 14:47 – 15:06 del capítulo 8 de la primera temporada de American Gods).

Esta parte del relato que nos cuenta la serie, es bastante verosímil también, ya que Yemen: “El próspero feudo de la reina de Saba, la Arabia Feliz – Ver (43) – de los romanos, el lugar en el que floreció el comercio del café —el primer oro negro—, una tierra que ha vivido momentos de cierto esplendor, es hoy en día uno de los peores lugares del planeta: afectado por las actividades del terrorismo islamista, sumido en una guerra civil en la que no están claros los bandos ni los objetivos y en la que, además de las cuitas internas, potencias extranjeras se disputan la supremacía regional, el empobrecido Yemen se desangra al tiempo que se ve sacudido por una epidemia de cólera, dando pie a la peor crisis humanitaria de la actualidad. Todo ello sin gran repercusión en los medios occidentales, por lo que tampoco existe una gran presión de la opinión pública para que alguien pare la tragedia”. Sarto Ferreruela, 2018, p. 149.

(16) Cita tomada directamente del capítulo 1×08 de American Gods (minuto 15:06 – 15:14). Ver (10).

(17) En la novela, Bilquis se ha adaptado a los nuevos tiempos, prostituyéndose a través de páginas de contactos online. Por decisión propia, sin que ningún nuevo dios la empuje a ello. Y su encuentro con el chico tecnológico es bien distinto: el colega se la carga, atropellándola con su limusina. Gaiman, 2012, Segunda Parte – Mi Ainsel, Capítulo 12, Interludio, pp. 668-679.

(18) Como os he comentado en (11), en la versión televisiva de American Gods sí se dan algunas pinceladas que nos aproximan a la verdadera historia de la Reina de Saba. Por ello he decidido centrarme más en dicha versión, que en la novela. Aun así, estamos hablando de ficción, lógicamente, y no de Historia.

“Neil Gaiman, autor de la novela que adapta la serie, le da una vuelta al personaje bíblico. Al igual que el resto de dioses protagonistas, su lucha se establece por el culto, pero en este caso de la Reina de Saba es el constituido por la belleza y el poder. Encarnada en una prostituta vanidosa de Los Ángeles, que le pide a sus clientes que la adoren mientras mantienen relaciones sexuales en una habitación tan roja como su nivel de pasión, el personaje es protagonista de un “nacimiento inverso”, engullendo a un hombre por su vagina. Orgullosa, se admira frente al espejo nada más acabar el acto”. Arrabal, 2018, “Los dioses de ‘American Gods’ (vol. I)”

“La versión de Neil Gaiman se aleja de estos textos (textos judíos, cristianos y musulmanes) y la presenta como una deidad del sexo, mitad humana y mitad demonio (probablemente vinculada a los djinn), que se alimenta de la idolatría que le brindan sus conquistas sexuales”. Seoane, 2017.

(19) Media es uno de los dioses nuevos, interpretada por Gillian Anderson (en la segunda temporada, han cambiado de actriz, muy a nuestro pesar). Personifica a los medios de comunicación y al entretenimiento (la solemos ver en la tv, o caracterizada por personajes hipermediáticos, como David Bowie o Marilyn Monroe). Si quieres saber más sobre esta diosa: Arrabal, F., 2018, “Los dioses de ‘American Gods’ (vol. II)” y CulturaOcio, 2017.

(20) “Conocemos la historia del encuentro entre Salomón y la reina de Saba gracias a la Biblia hebrea. En el Primer Libro de Reyes y en el Libro Segundo de Crónicas”. Del Río Sánchez, 2018, p. 56. Kissel, 2006, p. 72. Maíllo Salgado, 2006, p. 72.

Con “Biblia hebrea”, se hace referencia a los libros de la Biblia escritos en hebreo y arameo antiguo; es decir, el Tanaj para los judíos, y el Antiguo Testamento para los cristianos. Aunque existen variaciones entre ambos, en las que, en esta ocasión, no me voy a detener. El Tanaj judío se divide en tres conjuntos de libros: La Ley o Torá, Los Profetas o Nebiim y Los Escritos o Ketubim. Se hace referencia a la Reina de Saba en Nebiim (en el libro Melajim) y en Ketubim (en el libro Divrei Hayamim). En cuanto a la Biblia, se hace referencia a la Reina de Saba en el Antiguo Testamento (I Re 10, 1-13 y II Cr 9, 1-12). Lógicamente, se trata de los mismos pasajes. El Primer libro de los Reyes corresponde a Melajim y el Segundo Libro de las Crónicas a Divrei Hayamim. Para ver las correspondencias entre los libros del Antiguo Testamento y los del Tanaj, ver Casal, s.f., pp. 23-24. El origen, tanto del Libro de los Reyes como de las Crónicas, se sitúa en el período de la Monarquía Unida, de la historia de Israel, entre los años 1040-930 a.n.e. y en el período de los dos Reinos, entre los años 930-735 a.n.e.  Casal, s.f., ANEXOS, Contextualización histórica de los libros de la Biblia, XLI.

(21) La tradición israelita consideraba al célebre rey Salomón como el “sabio” por excelencia. Así, en los dos libros que venimos citando del Antiguo Testamento, se ensalza su figura enormemente. Según el libro de los Reyes, Salomón “pronunció tres mil máximas” (1  Re  5,  12)  y su sabiduría  “superaba la de todos los Orientales y toda la sabiduría de Egipto” (1 Re 5, 10). Casal, s.f., p. 56. El periodo de la monarquía unida, de la Historia de Israel, que comienza con el primer rey Saúl (1040-1010 a.n.e.), sigue con David (1010-970 a.n.e.) y termina con el Rey Salomón (970-930 a.n.e.), se narra en el Antiguo Testamento, en los Libros de Samuel, Reyes y Crónicas. En ellos, se describe la división del gran reino de Salomón en el año 922 en dos reinos independientes, Israel al Norte y Judá al Sur. Casal, s.f., p. 30. Los dos libros de los Reyes, nos cuentan la historia del reinado del rey Salomón, que fue el período con mayor esplendor de toda la época monárquica del pueblo hebreo, y llega hasta el momento en que vivieron sus instantes más dramáticos: la invasión de Jerusalén (586  a.n.e.)  por  las  tropas  de  Nabucodonosor, el fin de la dinastía  davídica,  134  años  después  de  que  Samaria  hubiese  caído en poder de los asirios, y la deportación a Babilonia. Casal, s.f., p. 39.

(22) En el Primer Libro de los Reyes (I Re) y en el Libro Segundo de las Crónicas (II Cr), se relata como la Reina de Sabá, al saber de la riqueza y de la gran sabiduría del Rey Salomón, fue a visitarle, y le puso a prueba con preguntas difíciles. Llegó a Jerusalén con una gran comitiva. Salomón respondió a todas las preguntas de la Reina. Cuando ésta comprobó su gran sabiduría y sus riquezas, se quedó sin aliento. Ya había oído hablar del rey mucho, pero tenía que comprobarlo en persona para creerlo. I Re 10, 1-7. II Cr 9, 1-7. Después, la Reina de Sabá le obsequió con “ciento veinte talentos de oro, y mucha especiería y piedras preciosas”. I Re 10, 10. II Cr 9, 9. “Y el Rey Salomón dio a la reina de Sabá todo lo que ella quiso y todo lo que pidió, además de lo que el rey Salomón le dio conforme a su real generosidad. Y ella se volvió y se fue a su tierra con sus criados”. I Re 10, 13. II Cr 9, 12.

(23) “Hemos de deducir que la reina de Saba realizó un largo viaje desplazándose desde el sudoeste de la península arábiga hasta Jerusalén por las rutas caravaneras, atravesando un enorme territorio árido y desértico”. Martínez Rodríguez, 2007, p. 160. El viaje de la Reina de Saba desde la capital de su reino (Marib – Ver (42) –) hasta Jerusalén, de haberse producido, tuvo que ser largo y agotador, pues cabalgaría 2400 kilómetros en camello, en un viaje que no pudo durar menos de tres meses. Algunos eruditos, incluido Bernd Diebner, un experto teólogo del Antiguo Testamento, piensan que los autores bíblicos inventaron la reunión a posteriori, para reevaluar la figura de Salomón, pero otros creen que el viaje mítico de la Reina de Saba a Jerusalén contiene elementos reales. Ciertamente, se sabe que los habitantes de Saba domesticaban a los camellos ya en el siglo X a.C. – Ver (43) –, y que condujeron grandes caravanas en largos viajes para comerciar. También se sabe que en el siglo VII a.C. algunas reinas árabes se mencionan en los textos cuneiformes asirios. Kissel, 2006, p. 72.

“La gran ruta caravanera (usada por las gentes de Saba) – Ver (39) y (43) – está ya abierta a mediados del siglo X a.C. en su terminal más septentrional, Hindanu, en la cuenca media del Éufrates”. Liverani, 2003, p. 95. “(…)Una vez establecido que al principio había habido un reino modelo, resultó inevitable luego atribuirle todo tipo de anécdotas o historias novelescas que tuviesen como protagonista a un rey valeroso en el campo de batalla, o bien a un rey famoso y sabio, o bien a un rey prepotente. Resultó fácil colorear con rasgos novelescos unas noticias por lo demás auténticas, pero bastante más banales. Por ejemplo, no es anacrónica la apertura de las relaciones comerciales con Yemen en el siglo X; pero la historia de la visita de la reina de Saba es demasiado novelesca por su estilo y por el empleo de motivos narrativos, de modo que sólo cabe calificarla de cuento datable en el período persa”. Liverani, 2003, pp. 377-378.

La historia bíblica se presta a ser interpretada de tres formas: por un lado, podría reflejar un evento histórico, relacionado con la vía (o ruta) del incienso – Ver (39), (40) y (43) –; por otro lado, el pasaje podría constituir simplemente un recurso literario para mejorar aún más la figura de Salomón y la prosperidad de su reino; finalmente, el pasaje bíblico podría representar la versión purificada teológica e ideológicamente de una antigua leyenda popular. Pennacchietti, 2002, pp. 123-127.

“Desde el punto de vista narrativo todo parece indicar que la anécdota del encuentro entre los dos monarcas se introdujo en la narración bíblica con el único objetivo de resaltar la asombrosa sabiduría de Salomón, aprovechando algunas narraciones que posiblemente circulaban por Palestina y Siria y que hablaban vagamente del reinado de una poderosa y bella mujer en las lejanas, ricas y exóticas tierras del sur de Arabia”. Del Río Sánchez, 2018, p. 56.

“El episodio de la Reina de Saba aparece en el Antiguo Testamento, según varios investigadores, inventado por los compiladores bíblicos del siglo VI a.C., para ilustrar la fama y sabiduría del rey Salomón”. Martínez Rodríguez, 2007, p. 159.

“(…) el texto supone que la sabiduría (y riqueza) de Salomón son superiores a la riqueza y conocimiento de la reina de Saba, que acepta esa superioridad y alaba a Salomón, reconociendo el valor de la religión yahvista (…) esa visita sirve también para poner de relieve la riqueza y la sabiduría de Israel, representada por su rey, capaz de responder a todas las preguntas de la Reina Sabia y de competir con ella en regalos y riqueza”. Pikaza, 2013, p. 159.

“Todos los comentaristas constatan que los relatos bíblicos están redactados para destacar la sabiduría de Salomón y que la Reina de Saba ocupa un lugar secundario en la narración”. Marín, 2005, p. 104.

No ha de extrañarnos esta subordinación de la Reina de Saba ante Salomón: la subordinación de la mujer en el cristianismo, es legendaria. Leer Gómez-Acebo, 1998 para corroborarlo.

(24) Para los creyentes: tanto I Reyes como II Crónicas, son considerados libros históricos dentro de la Biblia: relatan la Historia del pueblo de Israel. Casal, s.f., p. 29. “La inspiración y canonicidad del libro de los Reyes no ha sido nunca puesta en duda ni por los judíos ni por cristianos. Históricamente, algunos de los datos que se incluyen en el libro de los Reyes se han comprobado”. Casal, s.f., p. 40. Para los cristianos, los dos libros de Crónicas también son considerados históricos. Casal, s.f., p. 18.

Ahora bien, “al contrario de lo que ocurre con el reino de Saba, no hay pruebas arqueológicas incontestables ni testimonios epigráficos relacionados con el reino de Salomón. La única información que tenemos de su reinado es la que nos da la misma Biblia, que permitiría situarlo en el siglo X a.C. Pero esta información se ve ensombrecida por reelaboraciones tardías que pretenden mostrar a Salomón como el sabio monarca constructor del Templo de Jerusalén. La extensión que el Libro de los Reyes atribuye a su reino, desde el Éufrates hasta el Torrente de Egipto, se corresponde exactamente con la de la satrapía Transeufratina del Imperio Persa, y responde más bien al sueño de presentar el pasado de Israel como digno de competir con el de las grandes potencias de la época”. Del Río Sánchez, 2018, p. 58.

“David y Salomón son figuras religiosas tan fundamentales tanto para el judaísmo como para el cristianismo que las recientes afirmaciones de biblistas críticos radicales de que la historicidad del rey David «no es mayor que la del rey Arturo» han sido acogidas con escándalo y desdén en muchos círculos religiosos y académicos. Algunos historiadores de la Biblia, como Thomas Thompson y Niels Peter Lemche, de la Universidad de Copenhague, y Philip Davies, de la Universidad de Sheffield, tachados de «minimalistas bíblicos» por sus detractores, han sostenido que David y Salomón, la monarquía unitaria de Israel y, en realidad, toda la descripción bíblica de la historia israelita no son más que construcciones ideológicas hábilmente elaboradas, producidas en Jerusalén por círculos sacerdotales en tiempos posteriores al exilio o, incluso, en época helenística. Pero los minimalistas tienen algunos puntos a su favor desde un punto de vista puramente literario y arqueológico. Una lectura rigurosa de la descripción bíblica de la época de Salomón da a entender claramente que se trata del retrato de un pasado idealizado, de una Edad de Oro gloriosa. Las informaciones sobre la fabulosa riqueza de Salomón (quien consiguió que «en Jerusalén la plata fuera tan corriente como las piedras», según 1 Reyes 10:27) y su harén legendario (que, según 1 Reyes 11:3, albergaba a setecientas esposas y princesas y trescientas concubinas) son detalles demasiado exagerados para ser ciertos. Además, a pesar de la riqueza y el poder que según se nos dice poseían, ni David ni Salomón se mencionan siquiera en un solo texto conocido de Egipto o Mesopotamia. Y los testimonios arqueológicos de Jerusalén que pudieran avalar los famosos proyectos constructivos de Salomón son inexistentes. Excavaciones realizadas en el siglo XIX y los primeros años del XX en torno a la montaña del Templo, en esa ciudad, no lograron identificar ni un solo rastro del fabuloso santuario o el complejo palaciego salomónico, Y, aunque ciertos estratos y estructuras de yacimientos de otras comarcas del país se han vinculado de hecho a la época de la monarquía unificada, su datación no es ni mucho menos clara”. Finkelstein y Silberman, 2003, pp. 129-130. “Durante algunos años, las puertas de Salomón simbolizaron el respaldo más impresionante dado a la Biblia por la arqueología. Sin embargo, varias cuestiones de lógica histórica acabaron por socavar su relevancia. En ninguna otra parte de la región —desde el este de Turquía, en el norte, hasta Transjordania, en el sur, pasando por Siria, en el oeste— había signo alguno de instituciones o construcciones monumentales reales de desarrollo similar en el siglo X a. de C. (…) hay aún un problema cronológico más inquietante: los palacios bit hilani de la Edad del Hierro en Siria —considerados prototipo de los palacios salomónicos de Megiddo— aparecen por primera vez en ese país a comienzos del siglo IX a. de C, medio siglo, al menos, después de la época salomónica. ¿Cómo habrían podido adoptar los arquitectos de Salomón un estilo arquitectónico todavía inexistente? Finalmente, debemos tener en cuenta la cuestión del contraste entre Megiddo y Jerusalén: ¿es posible que un rey que construyó fabulosos palacios de piedras de sillería en una ciudad provincial gobernara desde un pueblo pequeño, remoto y subdesarrollado? En definitiva, las pruebas arqueológicas de la enorme amplitud de las conquistas davídicas y de la grandeza del reino salomónico fueron resultado, según sabemos ahora, de una datación estrepitosamente errónea (…). La identificación de los restos del periodo de David y Salomón —y, en realidad, la de los reinados de los monarcas que les sucedieron en el siglo siguiente— se basaba en dos tipos de pruebas. El final de la cerámica característicamente filistea (fechada c. 1000 a. de C.) se vinculaba estrictamente a las conquistas de David. Y la construcción de las puertas y palacios monumentales en Megiddo, Jasor y Guézer se relacionaban con el reinado de Salomón. En los últimos años, ambos apoyos han comenzado a venirse abajo. En primer lugar, ya no podemos estar seguros de que los estilos característicos de la cerámica filistea no se prolongaran hasta bien entrado el siglo X —mucho después de la muerte de David—, por lo que no habrían servido para datar (y mucho menos verificar) sus su- puestas conquistas. En segundo lugar, un nuevo análisis de los estilos arquitectónicos y formas de la cerámica de los famosos niveles salomónicos de Megiddo, Guézer y Jasor indica que, en realidad, se remontan a principios del siglo IX a. de C., ¡varias décadas después de la muerte de Salomón! (…) la mejora de las técnicas de datación mediante el carbono 14 han reducido considerablemente el margen de incertidumbre. Se han sometido a pruebas varias muestras de los principales yacimientos relacionados con el debate sobre el siglo X, y parecen apoyar la nueva cronología”. Finkelstein y Silberman, 2003, pp. 140-141.

“La figura de Salomón (que sucedió a David al término de una serie de sangrientas luchas de corte) se halla todavía más ensombrecida por capas y capas de reelaboraciones tardías, de un valor político y religioso notabilísimo, que le atribuyen un reino más que panisraelita y la empresa de la construcción del templo. (…) La fama de Salomón está ligada sobre todo a la construcción del templo de Yavé y del palacio real (1 Re 6-9). Estos edificios, con las dimensiones referidas en el texto bíblico, superan con mucho el espacio disponible en la pequeña Jerusalén que la arqueología permite atribuir al siglo X a.C. Se trata de empresas de época persa proyectadas retrospectivamente a los tiempos de Salomón para conferirles un valor fundacional. Pero debió de haber algún motivo específico para atribuir la construcción del templo y el palacio precisamente a Salomón y no —como habría sido más lógico— al fundador de la estirpe, David. (…) la condena teológica de David sirve a la arqueología bíblica para justificar que no haya (ni en Jerusalén ni en ninguna otra parte) grandes construcciones atribuibles a él; pero ello no hace sino que resulte todavía más incomprensible la invisibilidad de la obra constructiva de Salomón, quien, según la Biblia, habría sido precisamente un gran constructor. La actividad constructiva de Salomón, celebradísima por la erección del templo de Yavé, incluye también la edificación de fortificaciones y cuadras en algunas ciudades (1 Re 9:15-19), o en las cercanías inmediatas de Jerusalén, junto a la frontera de los filisteos (Guezer y Bet-Horon), o bastante más al norte (Megiddó y Jasor), y por lo tanto admisibles sólo en el modelo de reino panisraelita. En otro tiempo se interpretaban según estas noticias los restos arqueológicos de puertas urbanas y de cuadras hallados en Megiddó (V B), Guezer y Jasor. Hoy día la cronología de las puertas urbanas monumentales ha sido rebajada al siglo IX a.C., a la dinastía Omrida de Samaría, y sigue resultando bastante dudoso que puedan ser atribuidos a época salomónica los edificios monumentales, un poco anteriores, de Megiddó V A-IV B. La época salomónica carece, pues, de edificios monumentales. Igualmente sospechosas resultan también las empresas comerciales. Las marítimas (1 Re 9:26-28, 10:11.22), en colaboración con el rey de Tiro, que habría suministrado las competencias navales, asumen una forma literaria novelesca y parecen poco verosímiles para un reino centrado en las mesetas del interior. El primer establecimiento en Tell el-Heleife (el supuesto puerto «salomónico» de Asiongaber) puede datarse arqueológicamente en el siglo VIII. Las terrestres (por lo demás de carácter pasivo: 1 Re 10:1-13), a lo largo de la ruta caravanera que une Yemen con TransJordania, están todas entreveradas de elementos novelescos (la llegada de la reina de Saba, atraída por la fama de la sabiduría salomónica), y son históricamente poco creíbles. La gran ruta caravanera fue abierta efectivamente en el siglo X – Ver (23), (39) y (43) –, pero el relato de la visita de la reina de Saba no deja de ser una elaboración literaria, además de resultar increíble en el plano sociopolítico (por las rutas caravaneras se movían mercaderes, no reinas) y en el geoeconómico: el reino de Salomón quedaba fuera de los tráficos existentes en el siglo X, incapaz de ejercer un papel de control sobre una ruta comercial que desde Yemen y el Hiyaz se dirigía a TransJordania y desde allí doblaba hacia el norte hacia Damasco, rumbo al oasis de Palmira, y rumbo a los centros de la cuenca media del Eufrates, papel que el Israel de los Omridas intentará más tarde conquistar en los tiempos de las guerras contra Damasco”. Liverani, 2003, pp. 115-120.

(25) “Salomón, hijo de David y su sucesor en el trono de Israel, recibió la visita de la reina de Saba, deseosa de conocer al soberano. La Biblia nos relata este encuentro, entre la historia y la leyenda, que tiene como trasfondo el Próximo Oriente del siglo X a.n.e.”. Del Río Sánchez, 2018, p. 55. Ver (21). En el 970 a.n.e. murió David, rey de Israel, en Jerusalén. Le sucedió su hijo Salomón, el segundo y último monarca del reino unificado. En el 931 a.n.e. falleció Salomón y su reino se dividió en dos: Judá, al sur, gobernado por Roboam, e Israel, al norte, gobernado por Jeroboam I. En el 850 a.n.e., en la Estela de Tel Dan, se menciona la Casa de David; es el único testimonio arqueológico que da fe de la existencia de su dinastía. Del siglo VIII a.n.e. data la primera referencia escrita al reino yemení de Saba, proveniente de fuentes asirias. Del Río Sánchez, 2018, pp. 56-57.

“(…) textos bíblicos en que aparece citado el reino de Saba y su reina: Gn 10, 7.28; 25,3; 1 R 10.1.4.10.13; Is 43,3; 60,6; Jr 6,20; Ez 27,22.23; 38, 13; Jb 1,15; 6,19; 1Cro 1,9.22.32; 2Cro 9,1.3.9.12; Sal 72, 10.15; Mt 12,42; Lc 11,31; Hch 8,27. Como puede observarse después de la lectura de estos textos bíblicos los datos no permiten ir más allá de constatar una vacilación sobre los orígenes de los sabeos (como descendientes de Cam o de Sem) y que el reino de Saba era conocido por su estratégica situación en la ruta de las esencias, a mitad de camino entre los productores (India, Indonesia) y los consumidores (Egipto, Grecia). Sin embargo, los dos relatos que han dado pie a la leyenda del encuentro entre Salomón y la Reina de Saba se encuentran en 1 Reyes 10, 1-13 y en 2 Crónicas 9, 1-12. Ya en el siglo III Orígenes, buscando todas las referencias bíblicas a Etiopía, iniciará la costumbre que perdurará durante la Edad Media de interpretar alegóricamente estos relatos, viendo en el homenaje de la Reina de Saba a Salomón la tipología de la Iglesia yendo al encuentro de Cristo”. Marín, 2005, p. 103.

La Biblia indica un período de 150 años anterior a la era histórica del Reino de Saba. Kissel, 2006, p. 73.

(26) En la imagen, Gina Lollobrigida y Halle Berry interpretando a la Reina de Saba, en “Salomón y la Reina de Saba”, 1959 y 1995 respectivamente. Lo de Halle tiene “un pase”; lo de Gina, no tiene nombre… ¿La Reina de Saba… ¡blanca!? Hollywood y sus patadas a la Historia.

(27) “Gracias al relato bíblico, la visita de la reina de Saba a Jerusalén acabó convirtiéndose en uno de los más imaginativos y fértiles ciclos de leyendas y cuentos de Oriente. De la literatura judía más antigua surgió un colorido relato con todos los ingredientes necesarios para desarrollar una historia glamurosa: belleza, riqueza, poder, exotismo, intriga, magia y amor. Estos elementos se fueron incorporando en obras de diferentes géneros y temáticas, como las Antigüedades judías, de Flavio Josefo (que escribió en el siglo I d.C.) o el Targum Shení, una traducción libre del Libro de Ester al arameo. Según estas fuentes, una abubilla informó a Salomón de que el reino de Saba era el único en la Tierra que no estaba sujeto a su poder y de que su reina adoraba al Sol. El rey envió esa ave a la ciudad sabea de Kitor, con una carta en la que conminaba a la reina a que se sometiera a su poder, a lo que ella respondió mandando una flota «con todos los barcos del mar», cargados con preciosos regalos. En esas naves viajaban seis mil jóvenes de la misma estatura y aspecto, vestidos con ornamentos de púrpura y nacidos el mismo día y a la misma hora, que debían entregar a Salomón una misiva en la que la reina anunciaba que llegaría a Jerusalén tras un viaje de tres años. Cuando al fin la reina entró en el palacio de Salomón, pensó que el limpísimo suelo era una piscina llena de agua y se levantó el vestido enseñando así sus piernas, algo de lo que Salomón se percató. Tras eso, la reina le presentó 19 acertijos, que el monarca solucionó con facilidad”. Del Río Sánchez, 2018, pp. 56-58.

Sobre la Reina de Saba, contamos con la versión axumita. “La civilización axumita nace con la fusión en el siglo V.a.C. de los Abashas y de los Agazianos. Su fusión cristalizó en el predominio de la lengua gueze, que en un primer momento se escribía con caracteres fenicios sabeos. Es en esta lengua como aún hoy en día es posible escuchar la leyenda (…)”. Marín, 2005, pp. 105-106. Dicha leyenda no tiene desperdicio, ¡el relato cuenta hasta con un dragón! A la Reina de Saba se le llama aquí Eteye Azeb o  Reina del Mediodía. También refleja su supuesta visita al rey Salomón, que mantuvieron relaciones sexuales y que tuvieron un hijo: Menelik – Ver (52) –. Si queréis leer dicha leyenda: Marín, 2005, pp. 106-107. También contamos con la versión tigreana, que cambia el dragón por una enorme serpiente. Dicha versión llama a la reina Makeda – Ver (51) –. Y recoge igualmente la visita a Salomón, el encuentro sexual y el posterior hijo de ambos. Si queréis leer dicha leyenda: Marín, 2005, pp. 107-108. Ambas versiones son muy similares a la versión ofrecida en el Kebra Nagast, que veremos después – Ver (50), (51) y (52) –.

(28) Pennacchietti, 2002, p. 123.

(29) “Los árabes conocían los detalles de esa narración, y la adaptaron a su propia sensibilidad adornándola con nuevos elementos. Para ellos, la historia de la reina de Saba era tan famosa que incluso aparece narrada en el mismo Corán. Así, en la azora, o capítulo 27, aparecen resumidos muchos de los elementos de la leyenda tal y como la habían desarrollado los autores judíos, aunque en el Corán, Salomón aparezca descrito como un rey creyente en Alá, sabio y experto en magia, poseedor de un ejército formado por hombres, genios y pájaros. De nuevo se repiten la aparición de la abubilla y la descripción de la figura de una reina sin nombre, rica, poderosa y adoradora del Sol, que se sienta en el trono majestuoso de un lejano país”. Del Río Sánchez, 2018, p. 58.

“La figura femenina que acompaña a Salomón, la reina de Saba, solo aparece fugazmente en el Corán, pero ocupa un lugar importante en la leyenda. Para ella –Balquís–, Salomón –Suleymán– construye un palacio con el techo de alabastro –el palacio de Gudman, cerca de Saná– que permite ver el paso de las aves volando y, cuando hace viento, oír el terrible rugido que sale de la boca de los leones de piedra que guardan las cuatro esquinas del recinto”. Janés, 2016, p. 20.

“La historia de la reina Bilqis y el profeta Salomón, hijo de David, se narra en el Sagrado Corán en Sura Al Namel”. Al-Haidari, 2012, p. 32. Podéis leer dicha narración en esta obra.

(30) Los comentadores del texto coránico fueron aportando otros elementos a la narración y dieron a conocer el nombre de la reina: Bilqis (que, probablemente, es una deformación del griego pallakís, «concubina»). Del Río Sánchez, 2018, p. 60.

Para el islam, es la reina Bilqis. Kissel, 2006, p. 72.

“En el relato bíblico la reina no tiene nombre, únicamente se la identifica por el lugar de donde procede”. Martínez Rodríguez, 2007, p. 159.

“Mencionemos la singularidad de la versión que el Corán ofrece de la visita de la Reina de Saba (denominada Balquis/Bilqis en este relato) a Salomón (Suleimán) de acuerdo con lo consignado en la azora. En un relato más próximo a la leyenda oral etíope que los textos del Antiguo Testamento. Aquí Salomón aparece como un fiel musulmán capaz de convertir con su sabiduría a una inicialmente incrédula Balquis. El encuentro entre Salomón y la reina de Saba es la alegoría del despertar del alma humana a la comprensión gradual de los valores espirituales a través de las pruebas a las que le somete Salomón (la apariencia del trono y el patio pavimentado de cristal). Esta visión del Corán, tan próxima a la versión etíope de la leyenda, ha sido constante en la interpretación de los místicos musulmanes.”. Marín, 2005, p. 105.

Según los antiguos historiadores yemeníes, como Abu Mohamed Al Hassan AL Handani, escritor, poeta y viajero, reconocido como el historiador más importante de Yemen, el nombre original de la Reina de Saba era Belkma, hija de Al Sharh, hijo de Jeden, y se originó a partir del nombre del dios “AL MOKA”. En otras fuentes leemos que el nombre Bilqis deriva de la palabra hebrea “Peligesh”, que significa concubina. En el diccionario del Dr. Ernest Klein se citan otras palabras de las cuales podría derivar el nombre Bilqis, incluyendo el término sumerio “Balagu”, la palabra griega “Pallakis” y el término latino “Pellex”. Lo que nos interesa, sin embargo, es la confluencia de todos los términos hacia el nombre ” Bilqis ”. Al-Haidari, 2012, pp. 31-32.

“The name Bilquis (or Bilqis) comes from Islamic tradition. The ancient kingdom of Saba is thought to have been located in present-day Yemen, Eritrea, Somalia and Ethiopia, and Bilqis was the name given to the Queen of Saba in later stories”.  Bley Griffiths, 2017.

(31) Ver (29) y (30).

(32) “En el Corán, el rey envía una carta a esa soberana, no para someterla a su reino sino para invitarla a la conversión, a lo cual ella responde enviándole emisarios y ricos regalos, que éste a su vez rechaza. En la narración aparece un elemento nuevo: la treta usada por Salomón para probar la sagacidad de la reina. Mientras ella está en camino, el rey envía un genio para que robe su trono y lo traiga a Jerusalén con el fin de modificarlo para ver si la soberana lo reconoce. Una vez la reina ha pasado la prueba, Salomón le muestra su impresionante palacio de cristal, construido por arte de magia”. Del Río Sánchez, 2018, pp. 58-60.

(33) En el Corán se describe a la Reina de Saba como adoradora del Sol. Ver (29). “La soberana, impresionada por el poder del monarca de Israel, abandona el paganismo y se convierte a la fe en Alá”. Del Río Sánchez, 2018, p. 60.

La religión practicada en Saba estaba basada en la adoración de tres astros: el Dios Padre (la luna, “Al Moka”), la Diosa Madre (el sol, “Dhat Hamim”) y el Dios Hijo (el planeta Venus, “Ashte”). Al-Haidari, 2012, p. 32.

En el vigésimo séptimo sura del Corán, Bilqis es una adoradora del Sol, que se deja convertir a la fe de los justos, por el profeta Suleimán. Kissel, 2006, p. 73.

(34) “Los comentadores del texto coránico también explicaron que los demonios no querían que Salomón se casase con ella, por lo que difundieron la noticia de que esa mujer tenía las piernas peludas como Lilith, el temible demonio femenino de la noche. Para comprobarlo, Salomón ordenó que los genios construyeran un suelo de cristal: Bilqis, confundiéndolo con el agua, se arremangó el vestido para poder cruzarlo, dejando así al descubierto sus piernas. Tras ordenar a los genios que hicieran una pócima depilatoria, Salomón acabó casándose con la reina”. Del Río Sánchez, 2018, p. 60.

(35) No tenemos pruebas históricas firmes que avalen la existencia del reino de Salomón. Ver (24).

(36) “La soberana sin nombre del relato bíblico tenía sus dominios en el sur de Arabia, en el Yemen. Toda la península arábiga era un desierto, menos el sur, donde los vientos monzónicos dejaban caer agua que era cuidadosamente atesorada: junto a Marib estaba la gran presa que hizo la fortuna del reino sabeo, al permitir una agricultura que fue el sustento de sus enclaves urbanos. De ahí que esta región se conociera como la «Arabia Feliz» – Ver (42) y (43) –, una felicidad completa porque este territorio era la llave del comercio del incienso y la mirra, aromas utilizados, por ejemplo, en los rituales religiosos del reino de Salomón. La pleitesía que, según la Biblia, rindió a este monarca la señora de un país exótico y fabulosamente rico confirió al pequeño reino de Israel una muy conveniente pátina de esplendor”. Del Río Sánchez, 2018, p. 57.

La historia de Yemen está estrechamente ligada a la Historia del Reino de Saba, en cuánto que éste extendía sus fronteras a todo lo que comprende el sur de la península arábiga, por lo tanto, también abarcaba el territorio del actual Yemen. Al-Haidari, 2012, p. 31.

(37) En el siglo I d.n.e., en la obra del historiador judeoromano Flavio Josefo, se menciona por primera vez la relación entre la Reina de Saba y Etiopía. Del Río Sánchez, 2018, p. 57. – Ver (27) –.

“Flavio Josefo, en sus Antigüedades Judías del siglo I d.C, se interesa por la región de las fuentes del Nilo y habla de una peculiar población, ni blanca ni negra sino de «rostro quemado» (ethiops)”. Marín, 2005, p. 96.

Durante el siglo VII a.n.e. el Reino de Saba creció hasta convertirse en un gran poder teocrático que sometió a los reinos vecinos (Ausan, Hadramaut, Ma’in y Qataban) e incluso se expandió al continente africano, en la Etiopía de hoy. Kissel, 2006, p. 72.

(38) “La primera mención del reino de Saba data del siglo VIII a.C. y procede de fuentes asirias”. Del Río Sánchez, 2018, p. 62.

(39) En las fuentes asirias, se describe a los sabeos como un pueblo comerciante «cuyo hogar está muy lejos» y que consigue su riqueza gracias a la exportación de especias e incienso. Incluso sabemos que los sabeos emprendieron alguna misión diplomática y comercial llevando embajadores y regalos a la corte asiria. Desde esta perspectiva, es posible que la Biblia se hiciera eco de alguna visita oficial para establecer o fortalecer relaciones diplomáticas y comerciales, semejante a las que describen los textos asirios, refiriéndose a enviados a las cortes de los reinos de Israel (entre los siglos IX-VIII a.C.) y de Judá (IX y VI a. C.). Del Río Sánchez, 2018, pp. 62-64.

“Este reino (el de Saba) supo hacer del comercio del incienso y de otros productos aromáticos su fortuna. El mundo antiguo consumía una cantidad enorme de productos aromáticos que se consideraban de primera necesidad, porque servían para conciliarse a los dioses quemándolos como ofrenda, para hacer drogas y medicamentos, para fabricar cosméticos y perfumes, para embalsamar etc.”. Maíllo Salgado, 2006, p. 72.

Los sabeos comerciaban con incienso procedente de Mahara y de Dafar. El Reino de Saba controlaba las rutas del comercio internacional de incienso, mirra, especias y fragancias. Las caravanas (que transportaban los bienes) cruzaban el Reino, continuando por el Mar Rojo hacia Gaza, el lugar de entrega de los bienes. Saba proporcionaba a los viajeros un tránsito seguro, comida y lugares de descanso, y se mantuvo como un punto de conexión entre los países de la Península Arábiga y los del Medio Oriente, en particular Egipto, Persia y Mesopotamia. Ya en la época de Moisés (800 años antes de Salomón), el Reino de Saba estaba en pleno desarrollo y disfrutaba de amplia consideración. Al-Haidari, 2012, p. 31.

“Yemen ha sido considerado desde muy antiguo como el país de los perfumes raros y de las especias, en particular del incienso, una resina que fue de gran interés en la antigüedad por su uso en las ceremonias sagradas (…). El comercio del incienso, como el de la mirra y otros productos, hizo florecer a numerosas ciudades estado, ubicadas todas ellas en la vertiente occidental de la Península Arábiga, la que tenía un clima más benigno. Actualmente el mercado de esta sustancia es muy reducido, pero en el mundo antiguo era una de las más apreciadas; basta pensar que se reservaba para los dioses, dado que su aroma era el más grato que se les podía ofrecer”. Buendía, 2008, p. 30.

“Aunque lo más probable es que nunca se produjera ese encuentro entre Salomón y la Reina de Saba, es muy verosímil que la Biblia se hiciera eco de la existencia y la fama del reino de Saba, del cual tenemos abundante información gracias a las inscripciones encontradas en el sur de Arabia, algunas de las cuales pueden remontarse al siglo VIII a.C. Gracias a esa información, que se complementa con los hallazgos arqueológicos, sabemos que Saba fue una cultura floreciente durante casi un milenio antes de la llegada del Islam. Los sabeos dominaron buena parte del Yemen, permaneciendo durante largos períodos de tiempo a la cabeza de una coalición en la que participaban otros pueblos culturalmente semejantes a ellos, los de Main, Qataban y Hadramaut”. Del Río Sánchez, 2018, p. 62.

“El término Saba aparece en otras citas bíblicas, siempre relacionado con un territorio y los productos que se comercializaban, que no son otros que los que la reina de Saba llevó a Salomón. Isaías (60, 6) el primero de los profetas mayores que murió bien avanzado el siglo VII a.C., cita «llegarán de Saba en tropel, trayendo oro e incienso y pregonando las glorias de Yavé». Jeremías (6, 20) segundo de los profetas mayores que vivió en el siglo VII a.C., también se refiere al «incienso de Saba». Ezequiel (27, 2 2), que muere en torno al año 570 a.C., menciona a los mercaderes de Saba y los productos que comercializaban: «Los comerciantes de Seba y de Ragma comerciaban contigo, cambiaban tus mercancías por los más exquisitos aromas, piedras preciosas y oro». El libro de Job (6, 19) da un dato interesante de cómo los productos eran transportados en caravanas: «Búscanlos las caravanas de Tema, los mercaderes de Saba suspiran por ellos». En el Génesis, IX, en la relación de los pueblos figura Hazarmavet, que se relaciona con el reino de Hadramaut y su capital Sabwa, que se encontraba en el punto en el que wadi Hadramaut desembocaba en el desierto por donde se iniciaba la ruta del incienso”. Martínez Rodríguez, 2007, p. 159.

“El viaje que la reina de Saba realizó en el siglo X a.C. para encontrarse con Salomón puede relacionarse con un texto asirio que habla de una camellera sabea capturada por un rey de Sukhu en el curso medio del Éufrates hacia mediados del siglo VIII a.C.”. Martínez Rodríguez, 2007, p. 160.

(40) “El primer florecimiento de la cultura sabea duró hasta aproximadamente la mitad del I milenio a.C., momento en que el dominio de las rutas del comercio de incienso pasó a manos de otros pueblos del sur de Arabia. De esa época hay algunas evidencias que demuestran que los sabeos mantuvieron colonias comerciales en el Cuerno de África, en el área que luego se convertiría en Etiopía, mezclándose con las poblaciones locales”. Del Río Sánchez, 2018, p. 64.

(41) “En las inscripciones sabeas más antiguas, escritas en árabe meridional con un tipo de alfabeto totalmente diferente del árabe clásico, se menciona a los reyes sabeos, entre los que el poder se transmitía por vía materna. Tales reyes se llamaban a sí mismos «los unificadores», es  decir, jefes de una confederación de pueblos sobre los que mantenían su hegemonía política y militar”. Del Río Sánchez, 2018, p. 64.

“El título de mukarrib (unificador, federador) sólo lo llevaba un único soberano. Este título fue conservado por los soberanos de Saba desde mediados del siglo VIII a. C. hasta el 550 de la era cristiana”. Maíllo Salgado, 2006, p. 72.

Los regentes eran llamados  los mukarribes. Kissel, 2006, p. 73.

El Reino de Saba era conocido por la fuerza de su ejército, por el desarrollo de su agricultura y por el comercio. Su potencia militar les aseguró el control sobre vastos territorios y la estabilidad durante quince siglos. Al-Haidari, 2012, p. 31.

(42) “La capital del reino era la imponente ciudad de Maryab, a la que los árabes llamarían más tarde Maarib, situada en un fértil oasis al borde del desierto”. Del Río Sánchez, 2018, p. 64.

“Tanto las citas bíblicas como los textos asirios demuestran la importancia de Saba y su capital Marib, la cual comenzó a controlar la principal vía comercial que comunicaba el sur de Arabia con el mundo del «Creciente Fértil», situado al norte”. Martínez Rodríguez, 2007, p. 160.

“Hacia el año 1000 a. C. surgen los centros urbanos autónomos de los cuatro “pueblos” sudarábigos: los mineos del reino de Ma’in (capital Qarnaw); los sabeos del reino de Saba’ (capital Ma’rib); los qatabaníes del reino de Qataban (capital Tamna’), y los hadramitas del reino de Hadramawt (capital Shabwa)”. Maíllo Salgado, 2006, p. 72.

Según historiadores como Hommel y Muller (docentes en la Universidad Phillips y especialistas en la Historia de Saba), esta civilización se desarrolló entre el tercer y el segundo milenio a.n.e., según confirman los hallazgos encontrados en las rocas sedimentarias de Marib. Al-Haidari, 2012, p. 31.

(43) “La prosperidad de Saba descansó en su maestría en aprovechar sus recursos hidráulicos y en su dominio de las rutas comerciales del incienso y las especias”. Del Río Sánchez, 2018, p. 64.

“Entre todas las grandes capitales de los reinos de la denominada Arabia Feliz del mundo antiguo (Marib, Tamma, Yathil, Shabwa, Zafar), fue Marib la que controlaba la principal vía comercial que comunicaba el sur de Arabia con el mundo del Creciente fértil, situado al norte. La larga ruta caravanera, conocida como la ruta del incienso, llevaba las hierbas aromáticas y otras mercancías valiosas (oro, piedras preciosas, caballos, camellos) desde la costa meridional del actual Yemen hasta el Mediterraneo”. Martínez Rodríguez, 2007, p. 158.

“Como animales de carga se emplearon al principio asnos y mulas que más tarde fueron sustituidos por camellos, más resistente y con menos necesidades de abrevar. Las caravanas, compuestas con frecuencia por dos o tres mil camellos, recorrían aquella que sería famosa como la Ruta del Incienso y llegaban a Petra y a Gaza en poco más de dos meses. A lo largo del camino se constituyeron estaciones de posta, controladas militarmente y equipadas para dar alimento y reposo a hombres y animales. Nacieron ciudades como Shabwa, Marib, Barrakesh, Mecca, Yathrib (la actual Medina), que llegaron a ser también centros de elaboración y manufacturado de materias primas. Las caravanas tenían la obligación de parar en todas las ciudades a lo largo de la vía recorrida y éstas crecían proporcionalmente a la entidad del tráfico (…).La agricultura también se benefició de este comercio: la disponibilidad económica de los gobernantes locales permitió la construcción de admirables obras de riego. Aún hoy se pueden admirar los restos del monumental dique de Marib – Ver (44) –, que regaba cerca de 1700 hectáreas de terreno. El reino de Saba, después de haber extendido sus territorios hasta Etiopía, sigue siendo siempre el más potente aún después de la aparición del cristianismo. La única tentativa de conquista por parte de los Romanos, al fin del I siglo a.C., falló porque, como refiere Estrabón, el guía que acompañaba al ejército romano de Petra, intencionadamente, lo hizo perderse en el desierto y, aunque llegaron hasta las murallas de Marib, no alcanzaron a conquistarla (…).El comercio en dirección al Mediterráneo utilizaba la Vía del Incienso también para el transporte de otras mercancías (tejidos preciosos como la seda, especias, oro, caparazones de tortuga, ébano y maderas nobles), que los navegantes sabeos importaban de la India y de la costa Oriental de África, aprovechando los monzones que cambian de dirección cada seis meses”. Buendía, 2008, pp. 31-32. Algunos de los productos de mayor demanda en la época fueron el incienso, la canela, el cardamomo, el clavo (especia), el café, el pistacho y el qat. Buendía, 2008, pp. 32-33. “Los pueblos mediterráneos atribuyeron el nombre de «feliz» a esta zona de la Península Arábiga, porque estaban convencidos que todos los productos que provenían de allí eran de producción local (…). Los sistemas de regadío que habían convertido en fértiles, tierras que por su naturaleza eran áridas e improductivas, fueron privados de las obras de mantenimiento indispensables para su conservación. El Gran Dique de Marib colmató y finalmente se derrumbó y la población local emigró a Siria y la actual Arabia Saudí, donde aún el apellido Yamani revela el origen sabeo de quien lo lleva.”. Buendía, 2008, p. 33.

(44) “Su colapso llegó con la destrucción de la gran presa de Maarib, construida a siete kilómetros al norte de esta ciudad, en el siglo VI d.C.”. Del Río Sánchez, 2018, p. 64.

“Uno de los restos arqueológicos de especial relevancia es la gran presa de Marib, construida hace 2700 años como cierre del wadi Dahna, uno de los ríos con más agua del Yemen, para que a través de un sistema de canales irrigase las tierras que rodeaban la ciudad de Marib, creando fuente de riqueza en los fértiles campos”. Martínez Rodríguez, 2007, p. 158.

Durante el Reino de Saba fue construida la famosa presa de Marib (siglo VIII a.C.), que recolectaba el agua de la lluvia. Los sabeos habían desarrollado un sistema de riego efectivo. Así, no ha de sorprendernos que prosperaran gracias a un sistema de agricultura avanzado, cultivando trigo, dátiles, uvas, etc. Al-Haidari, 2012, p. 31.

La especialidad de los sabeos fueron las técnicas de riego, como muestra la gran presa de Marib, con sus cuencas de recogida, sus esclusas y sus canales. Gracias a ello, los sabeos transformaron el desierto que rodeaba la capital en un «jardín fértil». En el desierto, los sabeos capturaban el agua con una presa de 680 metros de largo por 20 de alto, canalizando el agua hacia los campos. Algunas estimaciones argumentan que de esta manera se cultivaron, aproximadamente, diez mil hectáreas de tierra, que suministraron una fuente de supervivencia para las cuarenta mil personas que entonces vivían en el oasis de Marib. A mediados del siglo VI d.C. dos fugas en la presa causaron la destrucción de Marib. Según una leyenda, Alá quería castigar a los sabeos por su conducta lujuriosa, enviando a una rata con colmillos y garras de hierro a cavar la presa, hasta que se derrumbó. Kissel, 2006, pp. 74-75.

Un artículo fabuloso sobre la excavación arqueológica llevada a cabo en 1983 por l’Instituto italiano per il Medio ed Estremo Oriente di Roma (IsMEO), en el área que ocupan San’aa, Mârib, Dhamâr y Radaa, es De Maigret, Fedele y Di Mario, 1988. En dicha área se encuentra la gran zona hidrográfica del Wâdi Dhanah (río que como hemos visto, estaba cerrado en la antigüedad por la presa de Mârib). Este artículo nos ofrece un paseo a través de los restos arqueológicos de Yemen desde la Prehistoria.

(45) Unas décadas después de la destrucción de la gran presa de Maarib, “la conquista musulmana terminó de oscurecer el glorioso pasado de los sabeos”. Del Río Sánchez, 2018, p. 64.

(46) “Fue en los altiplanos septentrionales del Cuerno de África (las actuales Etiopía y Somalia) donde la historia bíblica acabaría inspirando las leyendas fundacionales y las tradiciones literarias y folclóricas más ricas acerca de la relación entre Salomón y la reina de Saba”. Del Río Sánchez, 2018, p. 60.

(47) “La identidad etíope se fue formando gracias a tres elementos. El primero fue el cristianismo, que se había convertido en la religión del reino de Aksum (origen de la moderna Etiopía) a mediados del siglo IV d.C. Poco a poco, esta nueva religión, que probablemente había llegado importada de Siria o de Egipto, se mezcló con muchos elementos de origen judío y se desarrolló de forma autóctona y original”. Del Río Sánchez, 2018, p. 60.

(48) “El segundo rasgo que conformó la cultura etíope fue su carácter semítico que, probablemente, provenía de su estrecha relación con el Yemen y, más concretamente, con el reino de Saba. De hecho, la influencia sabea en Etiopía es aún evidente en su escritura, que es una derivación de la escritura sudarábiga utilizada en esa parte del Yemen preislámico”. Del Río Sánchez, 2018, p. 60.

(49) “Por último, la relación de Etiopía con la reina de Saba permitió que su dinastía quedara perpetuamente legitimada y santificada, gracias a los relatos sagrados de la Biblia. De hecho, la relación de la reina de Saba con Etiopía debía de ser muy antigua, pues ya Flavio Josefo se refiere a ella en el siglo I d.C. – Ver (27) y (37) –. Esa misma idea aparece repetida en autores cristianos como Eusebio de Cesarea u Orígenes, por lo que no es extraño que fuera conocida por los cristianos de Etiopía”. Del Río Sánchez, 2018, p. 60.

“No resulta fácil determinar desde qué momento hay en Etiopía un sentimiento nacional, pero resulta indudable que la leyenda de la reina de Saba siempre ha jugado un papel determinante en la configuración de la identidad etíope. A ello ha contribuido poderosamente la singularidad del cristianismo etíope – Ver (47) –  (no resultado de la aportación de los colonizadores europeos como en el resto del Continente sino heredado directamente de Egipto), que considera la leyenda de la Reina de Saba como uno de los mitos fundadores de su fe. Además, el hecho de no haber pasado, como la práctica totalidad del continente africano, por la desestructuración cultural provocada por la colonización, ha causado que precisamente en Etiopía haya resultado relativamente más fácil conservar tradiciones culturales y religiosas milenarias”. Marín, 2005, pp. 95-96.

“La figura de la reina de Saba, y la certeza de la veracidad histórica de su visita a Salomón ocupan un lugar tan importante en la identidad etíope que incluso la primera constitución de Etiopía, promulgada en 1931, declaraba este principio en su artículo 3, donde se decía lo siguiente: «Queda establecido por la ley que la dignidad imperial pertenezca exclusivamente a la línea de Khayle Sellasi I, nacido de la estirpe del rey Sahla Sellasi, descendiente de la dinastía de Menelik I, nacido a su vez del rey Salomón de Jerusalén y de la reina de Etiopía, llamada reina de Saba».Este artículo se repitió de modo literal en la constitución promulgada por el negus (título de los reyes etíopes) en 1955, que permaneció en vigor hasta el derrocamiento de la monarquía tras la revolución de 1974”. Del Río Sánchez, 2018, p. 62.

Con la llegada de los Zagwé acabó la civilización axumita – Ver (27) –. “Los Zagwé forman parte de la etnia de los Agaw, mitológicamente vinculada con la descendencia de Moisés. Dominarán el poder desde que Mera Tekle se proclamó rey en 922 hasta 1268 cuando Yekuno Hamlak lo recuperó para los amhara. La necesidad de justificar la irrupción de una dinastía no vinculada legendariamente con Salomón hizo que los zagwé construyesen las imponentes iglesias monolíticas de Lalibela en Roha. (…) la dificultad de peregrinar a Jerusalén en una época marcada por las cruzadas quedó solventada con la construcción de Lalibela como reproducción de Jerusalén en las colinas del norte de Etiopía. Los salomónidas recuperaron el poder con Yehuno Amlak, que reinó de 1268 a 1283. El reino cristiano medieval que instauró era una réplica directa del reino axumita. Conservaron Axum como centro religioso pero ellos no construyeron ni una capital ni grandes centros urbanos. Mantener el control político en un territorio accidentado como el de Etiopía no resultaba tarea fácil (prueba de ello había sido la sublevación de los zagwé), así que decidieron administrar el país a partir de una corte itinerante. La unidad se mantenía a través de la persona del rey, que se desplazaba a menudo. Pero, para justificarse y hacer creíble a los ojos de la población la reinstauración de la dinastía, se insistió en el origen salomónida de la familia. Para lograrlo Yekuno Hamlak contó con el apoyo inestimable del monje Takla Haimanot, fundador del monasterio de Debre Libanos. Se estableció, desde entonces, una relación estrecha entre la familia del santo y la realeza etíope que duró hasta 1974”. Marín, 2005, pp. 108-109. “El Kebra Nagast fue originalmente escrito para legitimar la dinastía de los salomónidas después del período de control del poder por parte de los zagwé. Pero desde Yekuno Amlak (1268-1283) a Zara Yacob (1436-1468) tiene lugar una época de progresiva implantación del régimen feudal y del cristianismo ortodoxo. Esto será importante porque acabará provocando que la leyenda de la Reina de Saba actúe como elemento aglutinador del sentimiento identitario etíope. Así, la amenaza del Islam acechante desde el mar de Eritrea (entre 1527-1543 tiene lugar la invasión de Etiopía por parte del imán Ahmad ibn Ibrahim al-Gazi), la decisiva ayuda de los portugueses para derrotar a los musulmanes y el consiguiente interés de los misioneros por llevar a los cristianos ortodoxos etíopes hacia el catolicismo de Roma, provocó un repliegue de Etiopía sobre sí misma, caracterizado por una fuerte resistencia hacia toda aportación cultural exterior con el fin de preservar una singularidad que se justificaba en la leyenda de la Reina de Saba.” Marín, 2005, p. 110. Para saber más sobre cómo la leyenda de la Reina de Saba constituye un elemento aglutinador del nacionalismo etíope: Marín, 2005, pp. 112-114.

En la cultura yemení y en la conciencia de generaciones enteras, la Reina Bilqis se percibe como un elemento que vincula el pasado con el presente y el futuro. Bilqis, la reina de Saba es uno de los legados más importantes que nos ha sido transmitido por la imaginación popular y la historia. Al-Haidari, 2012, p. 32.

(50) “Una larga tradición oral transmitió la leyenda, mezclándola con otras fuentes existentes desde el siglo VI como las Revelaciones del Pseudo-Método, hasta llegar a una versión escrita en gueze por los amhara en el siglo XIV con el título de Kebra Nagast (La Gloria de los Reyes). Al cabo de los siglos el Kebra Nagast se ha convertido en la fuente escrita más importante sobre la leyenda, a pesar de que desconocemos su autor y de ser un texto con una muy compleja unidad literaria. El texto del Kebra Nagast consta de 117 capítulos muy próximos al contenido de la Biblia, combinando parte de contenido «histórico» (capítulos 3-95) con capítulos esencialmente teológicos (96-117). Su autor (autores) realiza un notable trabajo mitológico vinculando la dinastía reinante amhara con los más famosos antepasados bíblicos, haciendo que todos los reyes del espacio mediterráneo sean descendientes de Salomón, sin temor a los anacronismos genealógicos. Se trata, pues, de un relato a la vez cosmológico (desde la creación del mundo) y genealógico (desde Adán hasta Menelik), centrado en la conversión al judaísmo de la Reina de Saba después de renunciar a la antigua adoración de los astros característica de los pueblos sabeos. El Kebra Nagast gira alrededor del hijo de Salomón y la Reina de Saba (llamado Menelik, Baina Lekhem o David) – Ver (52) –, relatando su nacimiento, su visita a Jerusalén para conocer a su padre, su consagración como rey de Etiopía, y su robo del Arca de la Alianza como expresión de ser un nuevo pueblo escogido por Dios”. Marín, 2005, pp. 109-110. Si queréis leer la leyenda al completo de la Reina de Saba: Marín, 2005, pp. 117-132.

En el poema épico nacional etíope Kebra Nagast, escrito a principios del siglo XIV en Ge’ez, el idioma semítico-etíope, Menelik – Ver (52) – es considerado el fundador de la dinastía Salomónica. Al comienzo de la historia del cristianismo etíope, Menelik jugó un papel importante. Habría sido él quien llevó el Arca de la Alianza que contiene los Diez Mandamientos a Etiopía, la cual se habría conservado desde entonces en Aksum, la capital religiosa de los cristianos etíopes. Kissel, 2006, p. 73.

“El Kebra Nagast o Libro de la gloria de los reyes de Etiopía, es una obra compilada en el siglo XIII, pero con elementos probablemente mucho más antiguos, que contiene una historia novelada sobre el origen de la dinastía etíope, y cuyo propósito central es demostrar el carácter sagrado de la misma gracias a la unión de la reina con Salomón, de la cual nacería el primer monarca etíope de dicha línea”. Del Río Sánchez, 2018, pp. 60-62.

“Tenemos constancia de que desde el siglo VI se recopilan tradiciones con listas genealógicas, doctrinas y textos religiosos, pero que no será hasta los siglos XII-XIII cuando se presente la leyenda como la tradición clave para legitimar la dinastía salomónida, hecho que culminará en la redacción por escrito de la crónica denominada Kebra Nagast. A partir de ese instante se diluye la frontera que separaba la leyenda y la historia en el relato del encuentro entre la Reina de Saba y el rey Salomón. El Kebra Nagast se convertirá en una carta de las instituciones imperiales de Etiopía orientada a favor de la etnia amhara, que pretende encontrar sus orígenes en el antiguo reino de Axum”. Marín, 2005, pp. 101-102.

“Desde su aparición en el Siglo VI ha tenido sucesivas traducciones del Geez al Árabe y de ahí al Amhárico, lengua utilizada desde la Edad Media en Etiopía. La primera traducción completa al inglés se debe al egiptólogo E. A. Wallis, en 1922. El subtítulo de la traducción de Wallis, «La Reina de Saba y su único hijo Menyelek», ya asomaba el asunto central del texto”. Larrique Porley, 2017, p. 73. Si queréis leer la traducción de Wallis: Wallis Budge, 2000. En castellano, contamos con la impecable versión de Lorenzo Mazzoni: Mazzoni, 2010, Kebra Nagast. La Biblia secreta del Rastafari. “En términos formales, el Kebra está compuesto por 117 párrafos y un colofón”. Larrique Porley, 2017, p. 74. Se pueden distinguir tres grandes temas dentro del Kebra Nagast: “en primer lugar, un conjunto de historias bíblicas sobre la estirpe de David, así como el papel de Noé y sus tres hijos (Cam, Sem y Jafet) entre quienes se repartían los primeros reinos del mundo (Capítulos 1 al 20). Luego, el centro del Kebra se concentra en la «Reina del Sur» – la Reina de Saba – y su encuentro con Salomón, el destino del Arca de la Alianza luego de la visita de Bayna Lehkem – también llamado Menelik y David II en el propio texto (Larrique Porley, 2017, p. 80)– a su padre y finalmente la muerte de Salomón (Capítulos 21 al 69). En tercer lugar, se construye propiamente la Gloria de los Reyes desde Rehoboam (hijo de Salomón) hasta Isaac, quien también habría sido rey de Etiopía (Capítulos 70 al 83). Finalmente, el regreso de Bayna Lehkem a Etiopía modela todas las prohibiciones a las que el pueblo etíope se somete para agradecer la gloria de Dios a través del desplazamiento del Arca desde Israel (Capítulos 83 a 95). Las profecías sobre Cristo, así como su destino entre los judíos de Israel, ocupan los capítulos finales del texto (Capítulo 96 en adelante)”. Larrique Porley, 2017, p. 74.

“Un primer borrador de este texto antiguo de Etiopía fue compilado entre el siglo IV y el siglo VI, pero la recopilación definitiva data del siglo XIII”. Mazzoni, 2010, “El Kebra Nagast: libro sagrado de la tradición etíope y Biblia secreta para los Rastafaris”, p. 75. “El Kebra Nagast nació como resultado de diversas transcripciones (realizadas en Etiopía durante los primeros cuatro siglos de la era cristiana) de escrituras sagradas sionistas. La base es el Antiguo Testamento, junto con escritos rabínicos, con leyendas tradicionales (principalmente etíopes y coptas, y también del Egipto antiguo), con comentarios del Corán e historias de la tradición árabe (en particular de Palestina y Siria –por ejemplo ‘El Libro de Bee’), y con libros Cristianos considerados apócrifos (como ‘El Libro de Adán y Eva’, ‘Kufale’, ‘Las instrucciones de San Pedro a su discípulo Clemente’, ‘La vida de Ana madre de la Virgen María’, ‘El Libro de la Perla’, ‘El ascetismo de Isaías’, etc.). Esta recolección de textos sagrados comenzó a circular en forma completa, con la redacción en la antigua lengua de Etiopía (es decir el Ge’ez, idioma propio de los Aksumitas: se trata de la lengua precedente al Amárico), desde el siglo VI d.C., probablemente compilada por un sacerdote copto y finalmente titulada ‘Kebra Nagast’ (o Negast): literalmente La Gloria de los Reyes.”. Mazzoni, 2010, “El Kebra Nagast: libro sagrado de la tradición etíope y Biblia secreta para los Rastafaris”, pp. 76-77.

(51) “Según el Kebra Nagast, la Reina del Sur (como se la menciona en los evangelios de Mateo 12, 42 y Lucas 11, 31), identificada con la reina de Etiopía, supo un día por un súbdito comerciante llamado Tamrin que existía un reino gobernado por Salomón, que destacaba en el mundo por su riqueza y su justicia. Movida por la curiosidad, la reina Makeda viajó a Jerusalén, donde quedó admirada por la sabiduría del monarca bíblico”. Del Río Sánchez, 2018, p. 62.

“Los cristianos coptos de Etiopía la conocen como Makeda”. Kissel, 2006, p. 72.

(52) “El centro de la historia que nos relata el Kebra gira en torno al encuentro de la Reina de Saba y del Rey Salomón, que a diferencia de lo que nos cuenta el Libro de Reyes (10:1-13) habría sido un encuentro del que Saba regresa a Etiopía embarazada de Salomón, teniendo a su único hijo, Bayna Lehkem (también llamado Menelik I o Menyelek). Menelik se convertiría en Rey de Etiopía, y cargaría, aunque sin saberlo, el Arca de la Alianza a su regreso de visitar a Salomón, en una historia de duplicación o sustitución del reino de Israel por el de Etiopía”. Larrique Porley, 2017, p. 65.

El hijo de la reina y Salomón, tomó el nombre de Menelik. Kissel, 2006, p. 73.

“Salomón quedó prendado por la belleza de Makeda e intentó retenerla en su reino. Para ello ideó una treta que obligó a la reina a quedarse en Jerusalén y permitió a Salomón yacer con ella. De esa unión nació un niño llamado Bayna Lehkem, que fue reconocido por su padre. Los sacerdotes de Jerusalén lo consagraron con el nombre de David y le permitieron volver a Etiopía como rey, llevándose consigo el Arca de la Alianza”. Del Río Sánchez, 2018, p. 62.

“Respecto a Menelik (nombre con el que también se conoce a Bayna Lehkem), la tradición etíope del Kebra Nagast (siglo XIV) recoge que fue fruto de los amores de Salomón y la reina de Saba, ésta a la que los etíopes dan el nombre de Makeda. Después de la visita a Salomón, volvió a su país encinta y dio a luz a un hijo, Menelik, al que envió a Jerusalén junto a su padre. Cuando llegó al poder, Menelik implantó en su país la religión de los judíos”. Martínez Rodríguez, 2007, p. 163.

(53) Ver (50), (52) y (58). “El Kebra Nagast relata temas históricos y de importancia religiosa, pero también arqueológica, porque explica cómo se desarrolló el movimiento de la dinastía real de Israel, desde Jerusalén hasta Etiopía (antes conocida como Saba o Sheba), es decir el desplazamiento simbolizado por el traslado del Arca de la Alianza, que contiene el Decálogo, a Etiopía. Este Arca desde el padre Salomón, Rey de Israel, pasa a las manos de su hijo (fruto de la relación con Makeda, la Reina de Etiopía), llamado Bayna-Lehekem y coronado Rey de Etiopía con el título de David II (y de Menyelek I), probablemente a finales del siglo X a.C. – Ver (52) –. Junto con el Arca entonces se desplazan a Etiopía también la monarquía teológica, la descendencia bíblica y la Sabiduría (…).Esto es exactamente el significado de ‘La Gloria de los Reyes’: la continuidad de la dinastía de los Reyes de Israel y Etiopía, representada por el Arca de la Alianza (es decir el Tabernáculo de la Ley de Yahvé). Un texto lleno de interés cultural (filológico, antropológico, bíblico), de fascinantes preguntas arqueológicas y de profecías”. Mazzoni, 2010, “El Kebra Nagast: libro sagrado de la tradición etíope y Biblia secreta para los Rastafaris”, p. 75.

(54) “El Kebra Nagast es un texto apócrifo recuperado por la Iglesia Ortodoxa Etíope”. Larrique Porley, 2017, p. 63. “El Kebra Nagast constituye una de las piedras angulares de la interpretación Bíblica de la Iglesia Ortodoxa etíope. Aparecido por primera vez hacia el Siglo VI de nuestra era, «La Gloria de Los Reyes», significado del Kebra desde el Geez antiguo – Ver (50) –, se ha convertido en uno de los pilares sagrados de la historia Bíblica etíope, aunque un texto apócrifo para la tradición central del Cristianismo Occidental”. Larrique Porley, 2017, p. 64.

“A mediados del siglo pasado la Iglesia Ortodoxa Etíope publicó su propia Biblia, que contiene los 30 libros del Antiguo Testamento, los 29 del Nuevo testamento, y casi un número similar de textos no canónicos, sólo publicados por esta Iglesia. Entre ellos está el libro de Enoc, Jubileos y también el Kebra Nagast, que recupera, del encuentro entre la Reina de Saba y Salomón, el inicio de una saga de Reyes, saga que con la coronación de Selassie en Etiopía, en 1930, tendría su más reciente capítulo” – Ver (56) –. Larrique Porley, 2017, p. 74.

“El libro (el Kebra Nagast) fue posteriormente traducido al árabe, al etíope moderno y luego en otros idiomas, hasta llegar a Jamaica como texto sagrado muchos siglos después (tras la abolición de la esclavitud, a finales del siglo XIX); inicialmente a través de la predica de sacerdotes de la “Iglesia Ortodoxa de Etiopía” y luego gracias a la redacción en Inglés de E. A. Wallis Budge – Ver (50) –, publicada en Londres en 1922 por The Medici Society con el subtítulo «La Reina de Saba y Su único hijo Menyelek». Mazzoni, 2010, “El Kebra Nagast: libro sagrado de la tradición etíope y Biblia secreta para los Rastafaris”, p. 77.

“Evidentemente, los datos sobre la Reina de Saba que nos proporcionan tanto las leyendas orales como el Kebra Nagast deben ser leídos en paralelo con los relatos sagrados contenidos en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, así como en el Corán islámico”. Marín, 2005, pp. 102-103.

(55) “A su vez, (el Kebra Nagast) es una de las referencias centrales en la interpretación Bíblica de los Rastafaris en Jamaica”. Larrique Porley, 2017, p. 63.

“El movimiento rastafari, ampliamente promocionado por los medios masivos de comunicación a través de la música reggae y de la figura del cantante jamaiquino Bob Marley, es un movimiento religioso y social de una trascendencia mayor que la revelada por estas imágenes populares. Surgido en la década del treinta del presente siglo (pasado siglo; siglo XX) en Jamaica como un movimiento de definidos rasgos mesiánicos, constituye uno de los movimientos etnopolíticos más relevantes del Caribe contemporáneo y como tal expresa en una doctrina de características propias las reivindicaciones de los sectores marginales y jóvenes de las sociedades caribeñas (…). Destaca su incidencia sobre el desarrollo de un nacionalismo de base étnica en el Caribe anglófono, en el marco de su incidencia sobre el desarrollo del nacionalismo radical vinculado al Poder Negro”. Serbin, 1986, p. 178. Los Rastafari están “identificados con el culto al dios Jah personificado por el emperador Haile Selassie – Ver (57) – y con el uso ritual de la ‘yerba sagrada’ – la marihuana”. Serbin, 1986, p. 178. “En esencia, el movimiento Rastafari resume en su ideología las apelaciones raciales y étnicas de los sectores negros más empobrecidos de la sociedad jamaiquina. Su base social está conformada, desde sus orígenes, por los sectores negros urbanos y rurales particularmente afectados por los cuadros endémicos de desempleo y pobreza que afectan a la isla, y al Caribe anglófono en general, en el proceso de descolonización gradual que se inicia con los disturbios obreros de 1935-1937. En este marco, más que un movimiento religioso es fundamentalmente un movimiento social que expresa, con los instrumentos ideológicos disponibles, la búsqueda, por parte de un amplio sector de la población jamaiquina, de una estrategia de adaptación y de supervivencia a las condiciones económicas, políticas y etnoculturales adversas que le impusieron las particulares características de la colonización británica en la región, y una cosmovisión milenarista que aspira a un cambio de estas condiciones con la desaparición apocalíptica de Babylon y el retorno a la tierra de los ancestros, como una reivindicación fundamental de la raza negra”. Serbin, 1986, p. 183. “El movimiento Rastafari presenta tres fases. Una inicial que se extiende desde la década del treinta hasta principios de la década del sesenta, culminando con la elaboración del informe de Smith, Augier y Nettleford, y caracterizada por la formulación religiosa de las apelaciones étnicas y raciales con un énfasis en el retorno a Africa como la tierra prometida. Una segunda, que abarca las décadas del sesenta y del setenta, de politización y de ideologización secular de parte del movimiento en función de la confluencia con la ideología del Black Power y en relación con el impacto de la influencia de Rodney y de los programas de extensión de la Universidad de las Indias Occidentales, marcada por los nexos establecidos progresivamente con Michael ManJey y el PNP, por el impacto de la música y de la personalidad de Bob Marley y por la expansión y difusión internacional del movimiento, no sólo a nivel regional, sino también en EEUU y en Gran Bretaña. Esta fase se caracteriza no sólo por la identificación masiva con la música reggae sino también por la proyección de cuatro símbolos fundamentales -los dreadlocks, la ital food o comida ritual, el uso de la marihuana y el impacto de la cultura rasta no sólo sobre la música sino sobre otras formas de expresión estética como la narrativa y la poesía, la plástica y la danza. Finalmente una tercera fase, según Semaj, crítica, se inicia con la derrota electoral de Manley en 1980 y la muerte de Marley en 1981, se abre una serie de interrogantes sobre el desarrollo ulterior del movimiento. Las aspiraciones de generar, por parte de una intelligentsia rasta una Teoría Social Rasta, con un énfasis afrocéntrico y tercermundista, parecen estar superadas por la dilución de las apelaciones étnicas y raciales en las ideologías políticas de la región luego del auge del Black Power en la década del sesenta. En este sentido, la contribución original de los Rastas al despertar de una conciencia racial masiva entre los sectores populares negros y al desarrollo de un nacionalismo radical de base etnocultural parece haberse agotado o institucionalizado en el reconocimiento formal de los principales símbolos afrocéntricos del movimiento como elementos de las respectivas culturas nacionales emergentes”. Serbin, 1986, pp. 184-185.

El Kebra Nagast “(…) narra y explica la interesante tradición religiosa del antiguo Imperio de Etiopía, cuyo último Rey es el Negus Haile Selassie I – Ver (57) –; pero sobre todo porque se trata del texto sagrado de un movimiento espiritual que se afirma cada vez más y en más países, gracias a la música ‘Reggae’ y a cantantes como Bob Marley: el movimiento Rastafari”. Mazzoni, 2010, “El Kebra Nagast: libro sagrado de la tradición etíope y Biblia secreta para los Rastafaris”, p. 74.

(56) “Se dan señales del Etiopianismo en Jamaica desde finales del siglo XVIII”. Larrique Porley, 2017, p. 63. Ver (57). Ello se explica por la extendida presencia de múltiples grupos religiosos refomistas en la isla desde finales del siglo XVIII. Así, “la centralidad de África en la narrativa religiosa del Caribe colonial, especialmente de Etiopía en el caso Jamaiquino, estaba ya asentada en la isla al momento de la introducción del Kebra en Jamaica”. Larrique Porley, 2017, p. 72.

(57) “La coronación de Ras Tafari Makonnen en Etiopía bajo el nombre de Haile Selassie, en noviembre de 1930, tuvo un impacto tremendo en Jamaica. Allí, el arraigo de una conciencia negra y de orgullo africano brillaba bajo el influjo del pensamiento de Marcus Garvey, quien habría afirmado a sus seguidores que había que mirar a África, donde un Rey Negro sería coronado. No hay investigador sobre Rastafari que haya podido citar esta afirmación en los discursos de Garvey, pero sería en el influjo de estas ideas que la coronación de Selassie fue vista como la profecía cumplida, y el culto a Selassie como heredero de la dinastía Salomónica en Etiopía, daba inicio en Jamaica. Esto habría sido posible en un terreno religioso muy cercano a las visiones etiopianistas de la Biblia, que ya era una característica de las Iglesias Reformistas que se instalaron en Jamaica desde finales del Siglo XVIII”. Larrique Porley, 2017, p. 64.

“El movimiento Rastafari surge como un movimiento mesiánico en las barriadas marginales de la capital de Jamaica, Kingston, y en las zonas rurales adyacentes, en la década del treinta, como una expresión de la desesperanza y la frustración de los sectores populares negros de la sociedad jamaiquina, golpeados por situaciones endémicas de desempleo, pobreza y discriminación, y por las improntas dejadas por la esclavitud y por las diferencias sociales que caracterizan a las sociedades caribeñas. En sus origenes se inspira en las ideas etno-religiosas del líder negro Marcus Garvey, quien abogó por un retorno al Africa de los descendientes de los esclavos traídos a la fuerza a las Antillas y por la reconstitución del orgullo y de la conciencia racial negra en las dos segundas décadas del siglo XX. En este sentido, la influencia de Garvey alcanzó a los movimientos nacionalistas negros de EEUU, al movimiento panafricanista y al surgimiento ulterior del Black Power en el Caribe. Pese a que su relación con el movimiento Rastafari permanece obscura, entre 1930 y 1935 es altamente probable que haya estado vinculado a algunos de sus fundadores. Otra de las fuentes de inspiración original del movimiento fue la coronación del emperador Haile Selassie de Etiopía, en noviembre de 1930. Este acontecimiento, ampliamente difundido por la prensa jamaiquina, coincidió con algunas de las profecías atribuidas a Marcus Garvey y basadas en la Biblia, sobre el resurgimiento del ‘León de Judá’, profecías que posteriormente fueron refrendadas por la invasión italiana a Etiopía y el retorno del emperador en 1941. De hecho, una frase atribuida a Garvey a su partida de EEUU en 1916 –‘Mirad hacia Africa para la coronación de un Rey Negro; él será el Redentor’ -, constituyó uno de los puntos de partida para identificar a Haile Selassie con este redentor”. Serbin, 1986, p. 179. “La proyección y difusión, del reggae y de la figura de Bob Marley, más que un fenómeno cultural atribuible a la industria discográfica, encubre un proceso de reafirmación ideológica de las bases africanas de la cultura caribeña (y por extensión de las comunidades negras metropolitanas) y la revitalización de una identidad racial de base popular históricamente postergada por el proceso colonial en el Caribe. En este proceso, los componentes religiosos originales se consolidan como símbolos ya no de una resistencia cultural de base étnica y racial, sino de una revitalización y de una reafirmación de la conciencia racial, independientemente de la existencia real de sus referentes y de la validez de sus fuentes de inspiración original. Sin embargo, la politización que se inicia con la secularización del movimiento en la década del sesenta no da lugar a la transformación de un movimiento mesiánico con un movimiento de liberación nacional. Su proyección queda restringida al campo de las reivindicaciones etnoraciales, con un contenido fundamentalmente cultural, pero que en esencia expresa una nueva forma de reafirmación de las identidades etnoraciales sobre la base de los símbolos tradicionalmente elaborados por el movimiento, cuyo contenido tiene significaciones y raíces más profundas que la simple sustitución de las referencias eurocéntricas por las afrocéntricas al dar un nuevo contenido a las identidades nacionales de los Estados emergentes del Caribe anglófono sobre la base de las elaboraciones populares tradicionales”. Serbin, 1986, p. 186.

“Leonard Barret (1997) en su clásico The Rastafarians, dedica dos capítulos completos (pp-68-145) a describir la influencia del Etiopianismo en Jamaica, así como las creencias y rituales asociados a estos primeros grupos religiosos en la isla. Recuerda que Etiopía era el nombre asignado en las versiones antiguas de la Biblia a todo el continente africano, y se presentaba así, a partir de la influencia de los líderes carismáticos Bautistas / Myal del Siglo XVIII y XIX, como la tierra en la que descansaba la visión de un ‘…pasado dorado que revitalizaba la esperanza de un pueblo oprimido. Etiopía para los negros en América era como Sion o Jerusalén para los Judíos’ (Barrett, 1997: 75). Esta centralidad de Etiopía y la constitución de un pasado dorado fue desarrollada fundamentalmente en los períodos de evangelización cristiana y pan-africanista. El amplio uso de la Biblia en esta clave es fundamental para comprender el desarrollo posterior de Rastafari, y en general de las visiones religiosas afroamericanas. Esta particular lectura de los textos Bíblicos estaba presente en toda la isla, desarrollándose ‘a las afueras de las misiones cristianas’ (Barret, 1997:77). La conciencia del destierro y de las continuas manipulaciones de los textos Bíblicos fue creando entre los campesinos de Jamaica una compleja y dinámica identidad racial y religiosa que se amalgamó en torno a las versiones de un pasado idílico, africano (…) La mención de Barrett a las iglesias negras y su desarrollo da cuenta, además, de cómo el Etiopianismo, lejos de ser una interpretación que se inaugura con Rastafari, es parte de una larga tradición negra de interpretación de textos sagrados en la que se ha buscado recomponer interpretaciones Bíblicas previas, desde experiencias y contextos muy particulares”. Larrique Porley, 2017, pp. 67-69.

“Sobre esta tradición de lectura negra de la Biblia se engancha el imaginario panafricanista de Marcus Garvey, figura de máxima importancia en el afianzamiento de una identidad negra anclada en un glorioso pasado africano. Con el objetivo de liberar a los pueblos negros de la esclavitud y demás discriminaciones propias de las primeras décadas del siglo XX, el pensamiento de Marcus Garvey debe ubicarse como uno especialmente influyente en la consolidación de una identidad negra y orgullo africano”. Larrique Porley, 2017, p. 70. Marcus Garvey fue reconocido como héroe nacional en Jamaica. Larrique Porley, 2017, p. 71. “Además del influjo de Garvey, la Orden Real de los Hebreos Etíopes –grupo cristiano creado en Jamaica en 1920- tuvo su peso en el desarrollo de la visión etiopianista de la Biblia en Jamaica. Esta orden, conocida como de los Hebreos Negros, tiene a los Falashas como figuras emblemáticas. Los Falashas contribuyeron de forma especial a afianzar las observancias del Antiguo Testamento en el comportamiento cotidiano de los Rastafaris”. Larrique Porley, 2017, p. 71. “La otra influencia a indicar en el pensamiento de los ‘primeros Rastas’ de Jamaica, los Leonard Howell y demás predicadores tempranos de la divinidad de Selassie, fue la idea de una superioridad negra sobre la raza blanca, una noción de lucha racial que resume bien el tono del discurso de Rastafari en los años iniciales del movimiento, en las décadas de 1930 y 1940”. Larrique Porley, 2017, pp. 71-72.

El Kebra Nagast es “un libro como un viaje, podría decirse: desde Etiopía hasta Jamaica, para llegar al culto espiritual (nacido en el Caribe gracias al sueño de un Rey Negro, Haile Selassie I, de una África libre y poderosa y de una Etiopía heredera de Israel) conocido como Rastafarismo, un símbolo de emancipación de la esclavitud. Promovido por personas como Marcus Mosíah Garvey (fundador en principios del siglo XX del movimiento de liberación llamado UNIA -Universal Negro Improvement Association), o más recientemente como el cantante Bob Marley y otros grupos de música Reggae: el movimiento Rastafari está uniendo cada vez más simpatizantes, seguidores y fieles por todo el mundo”. Mazzoni, 2010, “El Kebra Nagast: libro sagrado de la tradición etíope y Biblia secreta para los Rastafaris”, p. 76.

(58) “Los Rastafaris aseguran la divinidad de Selassie recurriendo a lo que algunos autores han llamado una ‘hermenéutica negra de los textos Bíblicos en Rastafari’. Entre los elementos identificados con esa clave de interpretación Bíblica, el Kebra juega un papel fundamental”. Larrique Porley, 2017, pp. 64-65.

“Lo interesante de esta tradición en la que se inscribe el pensamiento de Rastafari, es que recupera versiones antiguas del cristianismo, particularmente las tradiciones sirias, egipcias y etíopes, desde donde provienen tanto el Kebra como los fuertes cultos a Isis, a Ra, y a las formas de politeísmo previas a la tradición Judeo Cristiana. Barrett – Ver (56) – afirma que de esa tradición pre talmúdica proviene el linaje de los Reyes que quiere recuperarse en la historia del Kebra, pasando de ser llamados Mukaribs a Malkanas, luego Negashi, hasta llegar finalmente al nombre definitivo de Negus Nagast, título equivalente al Bíblico Rey de Reyes (Barrett, 1997: 202). Larrique Porley, 2017, p. 72.

El Kebra Nagast es “una piedra angular en la argumentación de los Rastas con respecto a la centralidad de África, y especialmente la noción de Etiopía como la nueva Tierra Santa”. Larrique Porley, 2017, pp. 72-73. “El Arca (de la Alianza), de acuerdo con la historia del Kebra, no podía ser robada, ni llevada a la fuerza, pues los ángeles que la custodiaban hacían constantemente cumplir las órdenes de Dios. Así que el traslado del Arca, aún a espaldas de David II – Menelik, Ver (52) –, quien es informado del traslado sólo al llegar a Etiopía, es comprendido como el traslado, a su vez, de la gloria del reino de Israel hacia la gloria del reino de Etiopía”. Larrique Porley, 2017, p. 82. “(…) hay una relación confusa en todo el Kebra, y ambivalente creemos, entre la condición masculina y femenina del Arca de la Alianza, también llamado Tabernáculo o incluso Nuestra Señora de Zión”. Larrique Porley, 2017, p. 85. “(…) sin duda el paso del politeísmo a la adoración única del Tabernáculo, es un elemento central, y aún presente en la Iglesia Ortodoxa etíope (…) en los capítulos finales (del Kebra Nagast), estando el Arca en tierra etíope, las costumbres de ese pueblo cambiaron para agradecer la presencia de Nuestra Señora de Zión entre ellos. El resultado del sacrificio del pueblo etíope es la clave que ata el pasado Bíblico con las observaciones Rastas contemporáneas, al ver Makeda (como por primera vez se llama a la Reina de Etiopía en el Kebra) la llegada del Arca y el regreso de Menelik del encuentro con su padre, le entrega el reino a su hijo, y éste le asegura: Si ejecutamos la Voluntad Divina y hacemos cuanto es justo respecto a Zión, nos volveremos el pueblo electo y nadie tendrá el poder de tratarnos mal nunca, en la montaña de Su santidad, mientras que Su morada queda con nosotros. (Kebra Nagast, 87:158. Wallis Budge, 2000, pp. 128.). La relación entre el Kebra y la lectura negra de los textos Bíblicos que hace Rastafari, llegamos -con el definitivo establecimiento de Nuestra Señora de Zión en Etiopía- al clímax del relato. Descansa la gracia del Señor, establecida en sus leyes, en el pueblo que se llenó de gozo por su presencia. El pueblo etíope. De aquí en más, el relato del Kebra se concentra en otro gran capítulo de la tradición Judeocristiana: la llegada de Cristo. Tal como es relatado en el Kebra el destino de Jesús (Crucifixión, Resurrección) se podría pensar que le tocó estar en un pueblo debilitado por la pérdida del Arca, con lo que se demuestra, además, el final del Reino de Israel (…).Sin la Gracia del Arca, el pueblo de Israel lo que hizo -asegura el relato del Kebra– fue ‘lisiar la palabra de Dios’. En cambio, al pueblo etíope le fue asegurado que ‘…continuará en la fe ortodoxa’, lo cual significa ‘…que los etíopes nunca y jamás se pervertirán ni cambiarán su fe’ (Kebra Nagast, 113: 224-225. Wallis Budge, 2000, pp. 193-195.). En todo caso, y más allá de este destino previsto en las profecías sobre la llegada de Cristo, el Kebra culmina con una de las ideas centrales del relato, a la vez que una de las más señaladas por los Rastas para argumentar sobre la divinidad de Haile Selassie – Ver (56) –: Así, en la visión, Dios reservó mayor gloria al Rey de Etiopía, además de gracia y majestuosidad superior a todos los otros Reyes de la Tierra, a causa de la grandeza de Zión, Tabernáculo de la Ley de Dios, el paradisíaco Zión. (Kebra Nagast, 117:228. Wallis Budge, 2000, pp. 197-199.)”. Larrique Porley, 2017, pp. 87-88.

“Muchas de las historias del Kebra cobran vida y sentido en la coronación de Haile Selassie – Ver (57) – en 1930, amalgamando así una interpretación muy particular de las lecturas Bíblicas, de las cuales el Kebra representa una de sus aristas. La centralidad del reino de Etiopía como tierra prometida, la convicción sobre la continuidad de la estirpe de David y Salomón a través del nacimiento de Menelik – Ver (52) – (con la efervescencia carismática de la llegada al trono de Selassie), el relato sobre el decaimiento del reino de Israel tras la muerte de Salomón, la necesidad de observar de forma estricta las prohibiciones del Señor, entre tantos, son temas centrales en la conformación del imaginario africanista de Rastafari”. Larrique Porley, 2017, p. 89.

(59) Ver (53).

(60) “Para los creyentes Rastafari la clave del libro (del Kebra Nagast) está en el encuentro entre el Rey de Israel Salomón y Makeda la Reina del Sur (de Sheba –o Saba, el antiguo nombre de Etiopía). (…) el profundo y apasionado diálogo entre los dos regentes es importante por varias razones: en primer lugar la Reina Makeda decide que desde entonces no adorará más al Sol (al igual que sus antepasados), sino a su Creador, el Dios de Israel, como Salomón (y esto representa la transición de una arcaica devoción, hacia un monoteísmo moderno). Además, gracias a una ocurrencia lúdica concebida por el Rey, los dos pasan la noche juntos y al día siguiente por la mañana Salomón tiene una visión premonitora… Antes de que Makeda regrese a su reino, el Rey le da un anillo especial para donarlo al posible fruto de su amor: de su unión de hecho nacería un niño, Bayna-Lehkem (dijo Ebna Hakim -Hijo del Sabio), posteriormente coronado primer Emperador de Etiopía con el título de Menyelek I (o Menelik I), el origen de la larga línea de los Reyes de Etiopía. Según cuenta el Kebra Nagast, cuando Bayna-Lehkem cumple veintidós años parte en busca de su padre con el valioso anillo, para pedirle un pedazo de la cobertura de Zión (el Arca de la Alianza), así que su pueblo pudiese venerarla. Salomón le da la bienvenida con todos los honores e insiste para que su hijo siga reinando después de él, pero Menyelek decide volver a su tierra materna, acompañado por algunos israelitas que podrían asesorarle con el futuro gobierno. Sin embargo por la noche los jóvenes israelitas sustituyen el Arca de la Alianza por una copia de madera y trasladan el original a Etiopía, recorriendo en un día, en lugar de treinta, el camino hasta el Nilo: Salomón desesperado pero siempre lúcido, entiende como esto pudo suceder, consciente de que a partir de ese momento junto con Zión habría perdido también la bendición divina. Este paso es crucial porque explica la relación entre el reino de Israel y el de Etiopía, representado por Menyelek (dicho Bayna-Lehkem, Menelik I) y por sus descendientes. Esta línea llevando directamente hasta Ras Tafari Makonnen, coronado Negus Negesti de Etiopía con el titulo de Haile Selassie I (literalmente, Poder de la Sagrada Trinidad) el 2 de Noviembre del 1930, Emperador doscientos vigésimo quinto de la dinastía Salomónica, León Conquistador de la Tribu de Judah (o Yehudá: fue el cuarto hijo de Jacob con Lía; a su estirpe pertenece David, padre de Salomón, y también Jesucristo), no sólo arroja luz sobre las raíces estrictamente bíblicas de la cultura Rastafari, sino que también propone la interesante teoría acerca del traslado del Arca de la Alianza a Etiopía, probablemente cerca de Axum (o en el templo de Lalibela), donde se encuentra todavía”. Mazzoni, 2010, “El Kebra Nagast: libro sagrado de la tradición etíope y Biblia secreta para los Rastafaris”, pp. 77-79.

(61) Durante los años 1951 y 1952, Wendell Phillips (un arqueólogo y aventurero norteamericano que llegó a integrarse en la sociedad tribal del sur de Arabia) pudo excavar las ruinas de un antiguo templo cerca de Maarib, la capital de los sabeos, al que los árabes llamaban Maham Bilqis, «el santuario de Bilqis». Del Río Sánchez, 2018, p. 66.

(62) Wendell Phillips “no encontró ningún indicio que pudiera demostrar la existencia de la reina de Saba, ni la relación del templo con la soberana”. Del Río Sánchez, 2018, p. 66.

(63) “El templo, el mayor de la confederación tribal sabea, estaba dedicado al dios solar Almaqah; los sabeos se autodenominaban «hijos de Almaqah»”. Del Río Sánchez, 2018, p. 67.

“Phillips encontró bellísimas estatuas de metal, además de diferentes elementos que demostraban que en ese lugar se celebraban rituales en honor del dios Almaqah”. El descubrimiento más importante de Wendell Phillips fue una estatua de bronce del rey Madikarib, del siglo VI a.C., depositada como ofrenda al dios Almaqah (hoy en día se encuentra en el Museo Nacional del Yemen, Sanaa). Del Río Sánchez, 2018, p. 66.

(64) “Las inscripciones halladas en el templo de Awwam, que es como se conoce actualmente Mahram Bilqis, se remontaban al menos al siglo VII a.C.”. Del Río Sánchez, 2018, p. 67.

(65) “La grandeza de Marib se puede constatar por sus restos arqueológicos: murallas, puertas y fundamentalmente, los dos grandes templos, llamados popularmente Mahram Bilqis y Al-Amaid”. Martínez Rodríguez, 2007, p. 158.

“El geógrafo al-Idrisi escribió en el siglo XII, «Marib, que no es hoy nada más que una aldea, fue en su tiempo una ciudad muy famosa entre los árabes. En ella se ven las ruinas de dos castillos, uno de los cuales, según cuenta la leyenda, construido por orden de Salomón y el otro por orden de Bilqîs». Es probable que la reina Bilqis, que los yemeníes pronunciaban Balkama, existiera en el Yemen, pero según A. Maigret «su reino no podría remontarse mucho antes de donde llegara la memoria de un escritor como Ibn Isaac (750-755 d.C.), musulmán que, olvidada la lengua y la escritura del período jalilla (‘ignorancia’), podía confiar solo en la tradición oral. En una cronología de Al-Ya’qûbi (832 d.C.) se halla, en efecto, una Bilqîs que reinó poco antes del rey Yâsir Yusham’im, cuyo nombre es bien conocido entre los soberanos himyaritas en el poder en Yemen en el siglo III d.C.»”. Martínez Rodríguez, 2007, p. 163.

(66) Nadie sabe si realmente existió la reina de Saba. Hasta ahora, no hay evidencia histórica que lo confirme. Kissel, 2006, p. 72. En los años noventa, un equipo de excavación del Deutsches Archologisches Institut, liderado por Iris Gerlach, se puso a buscar a la legendaria soberana. El grupo aprovechó la colaboración de arquitectos, expertos en instrumentos de medición y estudiosos de idiomas, pero hasta ahora no se ha encontrado ninguna pista de la bella y misteriosa reina. Las esperanzas de los arqueólogos ahora se colocan en una pila de escombros de 22 metros de altura, bajo los cuales presumiblemente estaría el palacio de la reina. Sin embargo, hasta la fecha, la superintendencia de arqueología de Yemen ha prohibido las excavaciones, porque encima de la presunta residencia real se encuentran las ruinas del pueblo de Marib, de la época islámica. Kissel, 2006, p. 73. Cerca del templo de Awwam, los arqueólogos han descubierto un cementerio gigante, pero entre los cuerpos hallados, no estaba el de la reina. Kissel, 2006, p. 74. Pero hay demasiados aspectos de la realidad que se mezclan con la leyenda de la reina para rendirse. Ahora, las esperanzas de los arqueólogos están puestas bajo una colina de ruinas de la época islámica. Kissel, 2006, p. 75.

(67) Para los yemenitas, sin embargo, el enigma de su misterioso antepasado ya ha sido revelado: creen que la reina está en el Santuario de Baran (Bar’an), a tres kilómetros de Marib: Arsch-Bilqis, «El trono de Bilqis », lo llaman los lugareños. Como dedos monumentales, en esa zona del desierto, cinco poderosos monolitos se elevan hacia el cielo, con ocho metros de altura y un peso de 13 toneladas cada uno. Pero las creencias populares no son suficientes para satisfacer las necesidades de la ciencia. Para algunos expertos una cosa es cierta: si la visita de la reina de Saba en la corte de Salomón tiene fundamento histórico, debe haber tenido que ver con el producto por el cual el reino fue famoso: el incienso. Kissel, 2006, p. 74.

(68) “(…) algunos autores se han preguntado sobre las posibilidades históricas de la existencia de una reina en las sociedades de Arabia; aquí las opiniones no podrían ser más contrapuestas: mientras para Noth no hay la más mínima duda ya que hay constancia de la presencia de reinas entre los árabes preislámicos, para Würthwein es del todo improbable que una mujer estuviese al frente de un reino en tiempos de Salomón”. Marín, 2005, p. 104.

“Acerca de este personaje de dimensión más legendaria que real o histórica, pues no existieron reinas en el sur de arabia, quizá encubra una especie de matriarca o regente que habría gobernado 17 años tras el fallecimiento de su marido, hasta la edad adulta de su hijo. Sea de ello lo que quiera, la historia de la Reina de Saba, de Bilqís, que de hecho nos informa acerca de la importancia del matriarcado en el Yemen, tuvo desarrollo autónomo en cuatro diferentes culturas: la judía, la cristiana occidental, la etiópica, y la arábiga, tal fue la fuerza de ese mito”. Maíllo Salgado, 2006, p. 72.

“Las mujeres africanas han jugado tradicionalmente un papel prominente en las ceremonias espirituales por lo que era frecuente que las sacerdotisas fueran del sexo femenino. Estas gozaban de gran poder dentro de la comunidad. El género no constituía problema alguno para desempeñar dichas funciones en las religiones tradicionales africanas. Igualmente, las mujeres han gobernado a lo largo de todo el continente en numerosas ocasiones como es el caso de la reina Makeda (1005 a.C); las reinas Judith y Kentake de Etiopía; la reina Nzingha de Angola (1623 d.C); la reina Amina de Zaria, Nigeria; Yaa Asanatewa (1850 d.C); Hatshepsut (1505 a.C); y las numerosas reinas de Egipto, entre otras”. Pérez Ruiz, 2008, p. 6.

(69) El 8 de mayo de 2008, “un equipo de arqueólogos alemanes de la Universidad de Hamburgo afirma haber encontrado los restos del palacio de la mítica reina de Saba en la ciudad de Axum (Etiopía). De paso, añaden que en un altar del palacio estuvo la no menos legendaria Arca de la Alianza. No se puede negar que el anuncio llega oportunamente, cuando faltan 15 días para el estreno de la nueva entrega de Indiana Jones. Hay que ver el asunto con el natural escepticismo (…). Los argumentos del equipo alemán, dirigido por el profesor Helmut Ziegert y que estudia en Axum desde 1999 la historia de los inicios del reino de Etiopía, parecen, según las informaciones, menos consistentes que los esgrimidos por la Lollo ante Yul Brinner. No se habla de ninguna inscripción que pruebe el hallazgo. Se señala que los restos de la supuesta residencia de la reina, datados en el siglo X antes de Cristo, han aparecido bajo el palacio de un rey cristiano, que dicha residencia fue trasladada y levantada de nuevo orientada hacia la estrella Sirio. La conjunción entre la reina de Saba, el Arca de la Alianza y la alineación estelar es de aquellas que hacen arquear las cejas. Ziegert, no obstante, es un arqueólogo veterano que el año pasado sorprendió a la comunidad científica al proponer que la sedentarización comenzó 400.000 años antes de lo previsto.”. El Historiador, 2008.

“Los argumentos del equipo alemán, dirigido por el profesor Helmut Ziegert y que estudia en Axum desde 1999 la historia de los inicios del reino de Etiopía parecen, según las informaciones recibidas hasta ahora, poco consistentes. No se habla de ninguna inscripción que pruebe el hallazgo (…). El comunicado de los arqueólogos es poco preciso, pero no parece que se hayan localizado inscripciones, ‘y la cultura sabea es epigráfica, de modo que es raro que no detallaran que aquel edificio era tan importante’, advierte un experto arqueólogo catalán. El catedrático emérito de filología semítica de la Universitat de Barcelona Gregorio del Olmo pone ‘en tela de juicio el hallazgo mientras no aparezca un friso explicativo’. ‘La reina de Saba posiblemente existió – añade-, pero dudo que el templo hallado sea el del personaje bíblico, aunque puede que los sabeos de Etiopía, en su tradición, lo establecieran en honor de aquel personaje’”. Protestante Digital, 2008.

Si buscáis en google, veréis que la prensa se hizo eco de la noticia sin cuestionar su veracidad. Pero para la comunidad científica, el supuesto hallazgo no tiene validez alguna. Ver Gámez, 2008.

(70) Como dato curioso, el 10 de octubre de 2012 se inauguró la exposición “El Trono de la Reina de Saba”, organizada por el Museo Nacional de Arte Oriental “Giuseppe Tucci”, por el Ministerio de Relaciones Exteriores y por la Embajada de la República de Yemen en Italia en colaboración con la Misión Arqueológica Italiana en Yemen y Monumenta Orientalia. La exposición es parte del «Proyecto Yemen 2012», financiado por el Ministerio de Relaciones Exteriores, como parte de un programa más amplio de acciones para apoyar el patrimonio cultural y el desarrollo yemení y de las relaciones culturales entre Italia y Yemen. La exposición fue un gran éxito para los visitantes y de este evento nació la aplicación «El Trono de la Reina de Saba»: el primer proyecto relacionado con la cultura yemení y las nuevas tecnologías para dispositivos móviles. Si queréis leer una entrevista a los tres comisarios de la exposición (Paola D’Amore y Michael Jung, del Museo Nacional de Arte Oriental ‘Giuseppe Tucci’, y Sabina Antonini De Maigret, Jefe de la Misión Arqueológica Italiana en Yemen): Gemma, 2013.


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