La noche del 27 y 28 de marzo de 1939 los 70.000 hombres que componían las tropas del llamado Ejército Nacional supieron que la guerra estaba a punto de terminar para ellos. Esa noche no se durmió en Madrid, comenzaba la postguerra civil española.

Unos a la espera del marido, hijo, padre o hermano combatiente que, con suerte, podría llegar a casa en cualquier momento antes de la rendición. Otros con la angustia del destino del familiar que intentaba huir de la ciudad.

En muchos domicilios se aguardaba a los familiares que durante 3 años había padecido alejados por encontrarse en zona nacional. En otros se dedicaron a romper papeles y a temer por el futuro y no faltaron casos donde dedicaron la noche a confeccionar banderas bicolores al tiempo que festejaban la victoria franquista con botellas de vino dulce guardadas para la ocasión.

Una de esas personas era Manuel Vázquez, nuestro protagonista, que desde el comienzo de la guerra siempre afirmaba ¡Madrid resiste! La entrada de las tropas fue recibida por una población aliviada de que hubiera terminado la guerra.

“Puente de los Franceses, mamita mía,

nadie te pasa,

porque los milicianos ¡qué bien te guardan!.

Por la Casa de Campo y el Manzanares quiere pasar el fascismo, mamita mía

y no pasa nadie.

Madrid qué bien resistes, mamita mía,

los bombardeos”.

Versión de Boicot.

La última noche… comienza la postguerra

Manuel (1) mira a la calle por la ventana de su casa situada en el barrio de Lavapiés. No puede ver mucho porque la mitad de los faroles no funcionan desde hace meses. Parece mentira que esta ciudad lleve resistiendo 3 años los cañonazos y aún siga en pie.

¡Qué pelotas tiene Madrid! Piensa mientras le invade un sentimiento de nostalgia por ver su querida ciudad a punto de sucumbir al franquismo. Esta noche la ciudad está rara, o al menos su calle. Es 27 de marzo y aún hace frío por las noches, pero siempre hay algún tipo de movimiento. Esta noche no. Es como si la ciudad tuviese vida propia y supiese que se le acaba el tiempo. Como si supiese que mañana hay que alzar el brazo en vez de cerrar el puño… (2)

Mientras rebuscaba entre unos papeles, encuentra un panfleto de la UGT, Unión General de Trabajadores, que un obrero le dio un domingo paseando con su novia.

Manuel nunca ha pertenecido a un sindicato, pero guardaba ese papel por el cariño y los bellos recuerdos junto a María. María hacía tiempo que había abandonado Madrid con sus padres en dirección al pueblo, huyendo. Todo se había quedado en silencio, ahora Manuel podía escuchar las carreras de la gente huyendo a toda prisa. Si ponía ímpetu, escuchaba a los vecinos del primero festejando, ese que siempre le recordaba que los “patriotas” ya llegaban…

Madrid bombardeada en la Guerra Civil Española
Madrid fue bombardeada durante casi 3 años. Fuente

¡Ya están aquí!

Amanecía así el 28 de marzo, martes de Pasión, una jornada desapacible, fría y lluviosa. Manuel se dispuso a comprar el ABC, como todas las mañanas, pero ese día era diferente. El titular El Consejo Nacional de Defensa se dirige a los españoles en demanda de la serenidad que exige el momento, (3) lo decía todo.

A la mañana siguiente, Manuel estaba sentado en el comedor, mantenía un cigarro en su mano mientras daba sorbos al café. Solía poner la radio para estar informado de lo que sucedía en los frentes de batalla.

Aunque un escalofrío le invadió el cuerpo, cuando escuchó a un tal coronel Eduardo Losas:

Quiero gritar con todos los españoles que me escucháis, españoles de nuestra Península y españoles del mundo, para que se enteren todos, que en la capital de España hondea ya nuestra bandera y que con el mayor entusiasmo todos gritaremos:

¡Viva España! ¡Viva el Generalísimo! ¡Arriba España! (4)

En esos momentos Manuel sabía que su vida iba a dar un vuelco total.

“Estos cabrones ya están aquí”.

Apagado y triste pensaba “estos cabrones ya están aquí”.

Los días seguían pasando y Manuel ya no reconocía su ciudad. La del ¡No Pasarán!, la republicana, la que había resistido 983 días a bombardeos y asedios. Bien lo sabía nuestro protagonista que tenía un oído tocado por un obús que cayó en Gran Vía.

Ya era mayo. Las mañanas amanecían antes y no tan frías como en marzo o lluviosas como en abril. Todas las mañanas Manuel paseaba por la ciudad, le encantaba cuando la encontraba vacía, sus calles le recordaban toda la lucha por la libertad. Al doblar la esquina de su edificio vio un coche con soldados. Vestían camisa azul y bigotito perfecto.

Manuel se quedó blanco. Los escuchaba hablar, sin ni si quiera levantar la mirada del suelo por miedo a cualquier amenaza. Los soldados hablaban del general Franco, que Manuel conocía por la radio.

“Que coman República», como decía el Generalísimo.

“Manda cojones y ¿vosotros que traéis?”.(5)

Amanecía el 19 de mayo un día cálido. Toda la ciudad sabía que día era, hoy tocaba la exhibición de fuerza de los vencedores. El carmesí de la bandera republicana era ya historia. No se veía por ningún lado.

Mirase donde mirase, Manuel solo veía grandes colgaduras rojas y amarillas. Era la nueva bandera con un águila en el centro. La de Franco.

El desfile de la victoria

Las tiendas mostraban grandes retratos del pequeño general. Franco siempre había odiado la República. Era más de reyes y normas que de libertad y voto. Como no, José Antonio Primo de Rivera también estaba presente.

Entre tanto alarde, a Manuel le llamó la atención una frase que leyó en la panadería de siempre. El cartel rezaba:

“Por la patria, el pan, y la justicia”. (6)

Ahora tenemos cartillas de racionamiento (7).

A las 8:00 de la mañana la ciudad estaba llena de los vecinos que celebraban el fin de la guerra. Se preparaban para saludar al nuevo jefe del Estado. El metro estaba cerrado y el Retiro también. Las tropas ya desfilaban. Los italianos, los portugueses, los alemanes, los marroquíes. Un momento, ¿pero no era la Guerra Civil Española? Efectivamente, pero es que los aliados de Franco no dominaban ni el castellano, ni el vasco, ni el catalán.(8)

Franco en el desfile militar de la victoria tras la Guerra Civil Española
Francisco Franco durante el desfile de la victoria el 19 de mayo de 1939. Fuente

Todo está perdido

En el portal del  edificio de Manuel  esperaba el coche con los soldados de la camisa azul. “¿Es usted Manuel Vázquez? – Sí, soy yo-  Tiene que venir con nosotros”.

El vecino del primero había denunciado a Manuel y los soldados habían encontrado en su casa el panfleto de la UGT.

Madrid se convirtió en una cárcel

A Manuel lo llevaron al antiguo cuartel militar del general Díaz Porlier, ahora reconvertido en cárcel. No dejaba de pensar en María. Un juicio militar rápido, una mentira,  le condenó a la pena capital por pertenencia a un sindicato. Era un enemigo del movimiento nacional.

falanguistas fusilando a personas en la postguerra civil española
Falangistas fusilan a un grupo de personas. Fuente

Manuel fue fusilado en la tapia del cementerio de la Almudena.

El terror dominó la vida cotidiana del Madrid de la posguerra. El objetivo principal del general Franco:

“No nos hagamos ilusiones, el espíritu judaico que permitía la alianza del gran capital con el marxismo, que sabe tanto de pactos con la revolución antiespañola, no se extirpa en un día, y aletea en el fondo de muchas conciencias”.

Franco había ganado la guerra y lo iba a dejar bien claro. O conmigo o contra mí. (9)


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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Manuel Vázquez es un personaje ficticio creado para recrear mejor las incertidumbres sociales del Madrid de posguerra.

(2) 70.000 hombres componían las tropas del llamado Ejército Nacional. Estuvieron atrincherados durante 28 meses en un frente de batalla estable que iba desde la Ciudad Universitaria a San Martín de la Vega. Para saber más en Casanova, 2009.

(3) ABC edición de Madrid, 28/3/1939, portada.

(4) ABC edición Madrid, 29/3/1939,

(5) La vestimenta oficial de la Falange se componía de una camisa azul, pantalón oscuro o marrón y el característico gorro que podía ser rojo, negro o azul.

(6) Montoliú, 2005, pp. 66-69.

(7) Barciela, 2003. Durante la Guerra Civil y los años de posguerra el estraperlo (mercado negro) funcionaba como el mercado. Las cartillas de racionamiento no cubrían las demandas nutricionales de la población madrileña.

(8) Preston, 1998.

(9) Abella, 2008. La realidad de las cárceles madrileñas en la época franquista dista una eternidad de ese panorama idílico que el propio Franco describía a principios de 1939. Compartiendo celda con quienes no tenían más esperanza que la conmutación de la pena capital, vivían encerradas nada menos que unas 250.000 personas, 80.000 de ellas en Madrid. Más de la mitad se encontraba en campos de concentración o batallones de trabajo cuya misión era construir embalses, puentes o carreteras y así conseguir que por cada dos días de trabajo el preso redimiera uno de condena.


Bibliografía 

  • Abella, R., 2008, Crónica de la Posguerra 1939 – 1955, Ediciones B, Barcelona.
  • Barciela, C., 2003, Autarquía y Mercado Negro. La auténtica economía política del Franquismo, Crítica, Barcelona.
  • Casanova, J., 2009,  República y Guerra Civil, Crítica-Marcel Pons, Barcelona.
  • Montoliú, P., 2005, Madrid en la posguerra. 1939 – 1946: los años de la represión, Sílex, Madrid.
  • Preston, P., 1998, Franco. Caudillo de España, Grijalbo Mondadori, Barcelona.