Melancolía
Los artistas tienen melancolía, los mortales simple tristeza
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¿Estás triste? ¿Te sientes decaído? ¿Te notas desanimado? ¿Sientes nostalgia? ¿Estás leyendo esto como si fueras la voz en off de la tele – tienda? Pues no te preocupes. No tienes melancolía, eres un simple mortal, y la melancolía es un privilegio que solo sienten los artistas.

Escultura del alma vacía
Escultura del alma vacía. Albert Gyorgy. Ginebra. Fuente

La melancolía no es lo que crees

Asociamos el estado melancólico de una persona con una tendencia de bajeza anímica y la añoranza de alguien o algo. Pero esto no siempre ha sido así.

En la Edad Media creían en la existencia de cuatro humores (1), relacionados con los temperamentos del ser humano. Estos podían verse tan afectados por la alimentación, como por los movimientos planetarios… obviamente. Nuestro humor protagonista era el más conocido, incluso la antigua medicina la consideraba una condición privilegiada, propia de artistas y filósofos (2).

los 4 humores del ser humano
División gráfica de los 4 humores del ser humano. Fuente

Uno de estos cuatro humores dominaba a la persona y marcaba su carácter, y si éste era la melancolía, significaba que el artista tenía un exceso de bilis negra, pues era la causante de este humor; que a su vez estaba intrínsecamente relacionado con las actividades intelectuales. Porque claro está, si eras artista lo que sentías era melancolía, pero si no, eras un simple plebeyo sin derecho a sentir.

El Renacimiento de la melancolía

Fue a partir de la época renacentista, cuando se comenzó a representar este humor, y a conformar su propia iconografía en el arte. ¿Cómo se representa a la melancolía? Piensa en alguien de pie, con los brazos el alto, dando un salto y con gesto alegre… Pues todo lo contrario.

Se trata de un ser sentado sobre una piedra, con la cabeza apoyada sobre una mano, y gesto triste. En ocasiones, a esta alegoría la suelen acompañar desde instrumentos de carpintería, una esfera o un compás, hasta una calavera –por si la representación en sí no había quedado lo suficientemente clara–.

Representación de los acontecimientos

Fue el conocido artista alemán Alberto Durero el primero en plasmarla en su obra originalmente titulada “Melancolía I”, realizada en 1514 (3). El artista la presentó como una joven alada, sentada sobre una roca, con una corona de verbena (4) y ademán pensativo con la mirada perdida. En la mano izquierda sostiene un compás haciendo referencia a la inutilidad del saber humano (5).

Melancolía de Alberto Durero
Melancolía I. Alberto Durero. 1514. Fuente

La calcografía, realizada por Durero, también relaciona la melancolía con la alquimia (6) -a la orden del día en esos tiempos– a través de los diversos elementos. Y es curioso porque en la mitología, la Melancolía es la hija introspectiva de Saturno. Y en la obra se puede ver un escuálido perro dormitando, que simboliza al planeta que gobierna la fase de transformación de la materia en el proceso alquímico. ¿Adivinas cuál es?

Quita, que tú no sabes

Al igual que en la familia, en la Historia no puede faltar el típico cuñado que cree que tú haces las cosas mal, y él bien, o si tú has hecho algo, él también, y más veces. Pues a Durero le pasó algo similar.

En 1593 apareció en escena el erudito Cesare Ripa. Aficionado al arte, publicó una enciclopedia titulada Iconología, en la que explica la representación de las alegorías en el arte como ayuda a esos artistas frustrados que no saben por dónde tirar.

Para él, la Melancolía no se asemejaba mucho a la representada por el pintor alemán. Ripa describe a esta alegoría como una mujer vieja –como no…– triste y dolorida, vestida con un paño y sin ornamentos. Estaría sentada sobre un peñasco, con los codos apoyados en las rodillas y el mentón entre sus manos (7).

Melancolía
Personificación de la Melancolía según Cesare Ripa. Fuente

Tras esto, Durero no respondió con ninguna artimaña, y no hubo un posterior enfrentamiento… Porque el artista murió muchos años antes.

Recorrido exprés, porque lo bueno, si breve, dos veces bueno

Esta iconografía fue la impulsora para las siguientes representaciones. En el Renacimiento, la relación de su figuración con la melancolía se estrechó aún más, porque también indicaba un estado de reflexión.

También se utilizó desde entonces hasta nuestros días en el arte funerario. Actualmente los cementerios de todo el mundo albergan figuras que se adaptan a la perfección a la descripción de la alegoría, señalando así el sentido funerario del sepulcro, ya sea el mausoleo, el panteón o la lápida –ganando la personificación descrita por Durero–.

A partir del siglo XVII se introdujo como detalle recurrente la calavera en las obras que representan a este humor, destacando la fragilidad de la vida humana. También se utilizó esta alegoría para las obras religiosas. A María Magdalena se la comenzó a representar del mismo modo: sentada, pensativa y con la cabeza apoyada sobre una de sus manos, con una calavera. Esto lo hizo el artista Georges de La Tour (8), aludiendo a la penitencia redentora. Antes no se andaban con chiquitas, no.

También se utilizó esta personificación en el ámbito escultórico, como en las obras realizadas del Cristo de la Humildad y la Paciencia, en el que se le puede observar esperando el suplicio. Esto se encuentra dentro del pasaje de La Pasión. Se le representa sentado sobre una piedra irregular, con una mano apoyada en la mejilla, porque está esperando a la crucifixión. En ocasiones se le cubre con un manto violeta y se le corona con espinas.

A modo de conclusión…

Como se puede observar, la personificación de una alegoría ha llegado más lejos de lo que en un principio se pensaba cuando se establecieron los humores del cuerpo humano. Su repercusión en el arte ha sido tal, que se ha representado en muchas obras, tanto pictóricas como escultóricas, sea cual sea la temática y contexto de dicha obra. A lo largo de los siglos, ésta es una representación que se ha asimilado como tal, incluso en la actualidad. Relacionamos la postura descrita a lo largo del artículo con alguien melancólico, tal y como entendemos esa palabra hoy en día. Incluso nosotros mismos cuando nos sentimos tristes, acogemos esa postura. La misma que seguramente hubiera adoptado Durero al leer la enciclopedia de Cesare Ripia.


Referencias

(1) Los cuatro humores hacen referencia a los cuatro líquidos básicos que posee el ser humano, ya conocidos desde la antigua Grecia, y relacionados con los elementos básicos. Aire – Sangre; Fuego – Bilis amarilla; Tierra – Bilis negra; Agua – Flema.

(2) Freedberg, 2009, p. 236.

(3) Klibansky, Panofsky y Saxll,  1991, p. 12.

(4) Iconográficamente, esta planta evita la demencia de la persona.

(5) Revilla, 2007, p. 435.

(6) La oscuridad del rostro del ángel alude a la primera fase de la alquimia, que transforma el plomo en oro. Sobre su cabeza está el “cuadrado mágico de Júpiter”, sugiere el siguiente proceso de la alquimia, donde la materia renace. Hay una escalera apoyada contra la puerta del horno donde se realiza la materia. Tiene siete peldaños, relacionando a los siete planetas que intervienen en este proceso. La joven tiene a sus pies un dodecaedro haciendo referencia a la obra del alquimista. Los elementos de carpintería, dispersos por el suelo, sugieren el trabajo requerido en las diferentes fases de la alquimia para obtener el oro. Entre el ángel y el dodecaedro aparece una piedra, que tritura la materia. Sobre ella hay un amorcillo alado, haciendo alusión a que la alquimia es un juego de niños. Para más información Panofsky, 1972.

(7) Ripa, 1987, p. 65.

(8) Un ejemplo de tantos lo encontramos en las obras de María Magdalena realizadas por George de La Tour, donde se puede encontrar más información de sus obras en: Thuillier, 1974.


Bibliografía

  • Freedberg, D., 2009, El poder de las imágenes, Cátedra, Madrid.
  • Klibansky, R., Panofsky, E. y Saxll, F., 1991, Saturno y la Melancolía. Estudios de historia de la filosofía de la naturaleza, la religión y el arte, Alianza Editorial, Madrid. Versión española de María Luisa Balseiro.
  • Panofsky, E., 1972, Estudios sobre iconología, Alianza Universidad, Madrid.
  • Revilla, F., 2007, Diccionario de iconografía y simbología, Cátedra, Madrid.
  • Ripa, C., 1987, Iconología II, Ediciones Akal, Madrid.
  • Thuillier, J., 1974, La obra pictórica completa de Georges de La Tour, Editorial Noguer, Barcelona.

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