Negro, cabreado y pacifista. Luther King contra el racismo en EEUU

Negro, cabreado y pacifista. Luther King contra el racismo en EEUU
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Luther King

Martin Luther King, Jr. Fuente

Con esta sencilla frase, I have a dream, comienza uno de los discursos más potentes y con más proyección de la historia del s. XX. Verdad es que suena ñoño, casi pasteloso: yo tengo un sueño. Más un deseo que un alegato. Bien, ahí está la genialidad del hombre que reivindicó el pacifismo como medio para conseguir la igualdad entre blancos y negros. Invitó a la gente, precisamente, a eso: a soñar.

Detrás de esa cara de buena persona, y de ese nombre de marca comercial, Martín Luther King, Jr., se esconde un pastor estadounidense de la Iglesia baptista, comprometido hasta las cejas con los derechos civiles. Un Nobel de la Paz que lo mismo agitaba a las masas en la “Marcha sobre Washington”(1), con el célebre discurso, que se oponía a la Guerra de Vietnam (2), o preparaba una campaña contra la pobreza, o se enfrentaba a los supremacistas blancos (3) que, por aquellas fechas, no lo olvidéis, campaban a sus anchas. ¡Ups!, es cierto, ahora también lo hacen.

¿Quién era Luther King?

Martin era un pastor de Alabama con un carisma muy especial. Era un hombre empeñado en acabar con la segregación y la discriminación racial, con métodos no violentos. Y es que, durante décadas, en el sur de los Estados Unidos se promovió, alentó y justificó la violencia que se ejercía contra hombres y mujeres de raza negra. Un racismo que, en uno de sus momentos álgidos, llegaría a provocar, a mediados de los cincuenta, la muerte de tres afroamericanos (4).

Nada de hostias

Su manera de actuar, enarbolando la no violencia, movilizó a una porción creciente de la comunidad afroamericana. Desde el principio de su actividad pública, dio muestras de una personalidad singular, a juego con la firme decisión de luchar por la defensa de los derechos civiles con métodos pacíficos, inspirándose en la teoría de la desobediencia civil (5). La necesidad de agrupar a todas las personas que empezaban a seguir sus movimientos, le hizo liderar una de las mayores organizaciones pro derechos civiles (6).

El método: acción – reacción

Acción: una modista negra (7), Rosa Park, fue detenida y multada por sentarse en la sección reservada para blancos de un autobús. Reacción: Luther King dirigió un masivo boicot de más de un año contra la segregación en los autobuses municipales (la gente se iba andando a trabajar).

Acción: una sentada espontánea de estudiantes negros en Birmingham, Alabama. Reacción: aprovechó para iniciar una campaña de alcance nacional y logró para los negros la igualdad de acceso a las bibliotecas y comedores (8).

No todos eran  angelitos

Los actos de resistencia se mostraron  insuficientes para contener el avance de los grupos nacionalistas de color, contrarios a la integración y favorables a la violencia (9). Malcom X (10), reconocido por su poder de oratoria, lo utilizó para señalar las desventajas de los negros y culpar a los blancos. La influencia de estos grupos violentos puso en peligro el núcleo del mensaje de Luther King. ¡Hasta fue investigado por el FBI por colaborar con los comunistas!

Luther King

Malcom X. Fuente

La marcha sobre Washington

Luther King

La gran marcha sobre Washington. 1963. Fuente

El entonces presidente John F. Kennedy apoyaba públicamente la figura de King, cuando las asociaciones pro derechos civiles se unieron para celebrar una gran protesta. JFK se opuso por considerarla radical. La ineficacia del Gobierno para garantizar los derechos de todos sus ciudadanos quedaba patente. Así, Luther King y sus seguidores no tuvieron otra que aceptar rebajar el discurso, lo que llamamos un “trágala”, en beneficio de mejores resultados. Aunque no por ello renunciaron a una serie de demandas (11). A pesar de las tensiones, la marcha fue un rotundo éxito; más de 250 mil personas  se reunieron frente al Capitolio de los Estados Unidos. El discurso “I have a dream” despertó conciencias.

Bloody Sunday o domingo sangriento

Esta vez se fueron de “manifa” en Alabama. Se acercaban las elecciones. La mitad de la población del Estado era de raza negra y solo el uno por ciento estaba inscrito en la oficina electoral. Las oficinas abrían un par de días al mes. Muy pocas horas y con descanso para el “cafelito”, ¡qué cosas! Así pues, ¡todos a quejarse a la capital del Estado! (12). En las diferentes marchas, los manifestantes fueron arrinconados por la policía y disgregados con brutalidad. Lo peor llegó cuando un grupo de blancos atacó a tres pastores, blancos también, por defender los derechos de los negros. Uno de ellos (13) falleció tras una brutal paliza.

Un asesinato muy sospechoso…

Luther King expresaba sus dudas sobre la Guerra de Vietnam en público, condenaba la pobreza de cualquier persona y alentaba la democracia. Como resultado, se enfrentó a los de la organización pro derechos civiles que había liderado (14). Y es que su visión no planteaba una revolución, pues nunca alentó a desobedecer la ley. La ambición por cambiar las leyes injustas, le hizo plantear una vía alternativa frente al inmovilismo de los pasivos, por una parte, y al odio de los nacionalistas, por otra. Recorrió el país buscando apoyos y removiendo conciencias. Lo que se llama una mosca cojonera.

A finales de los sesenta (15), Martin Luther King, Jr. se desplazó a Memphis (Tennessee) para apoyar una huelga por las mejoras salariales de los basureros negros. Fue asesinado de un disparo en la garganta por un segregacionista blanco en el motel donde se alojaba. El asesinato provocó una oleada de motines raciales en muchas ciudades de U.S.A. Los disturbios provocaron numerosas muertes y obligaron a la intervención de la Guardia Nacional.

Nobody is perfect

La figura de Luther King continúa empañada por un halo de sospecha. Su muerte, señalada como una conspiración en la que estaban implicados tanto la mafia como el Gobierno, da buena prueba de ello. Los intentos por desacreditar la postura de la no violencia se tornan infructuosos ante la dimensión de su legado. Podemos estar o no de acuerdo con su espiritualidad, de lo que no hay duda es que dejó patente, una vez más, el poder de la palabra.

“Con frecuencia, los hombres se odian unos a otros porque se tienen miedo; tienen miedo porque no se conocen; no se conocen porque no se pueden comunicar; no se pueden comunicar porque están separados”.


Bibliografía y referencias

Para acceder a la bibliografía y referencias usadas en este artículo: Bibliografía y referencias

Marta Huelves Molina

Grado en Geografía e Historia por la UNED de Madrid. Empeñada en dar a conocer la Historia de forma amena y rigurosa.

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