La sacralización de la patria durante la Gran Guerra

La clase dirigente legitima el inicio de la I Guerra Mundial a través del surgimiento de un fervor patriotico de carácter nacionalista
La clase dirigente legitima el inicio de la I Guerra Mundial a través del surgimiento de un fervor patriotico de carácter nacionalista.

Durante el transcurso de la Gran Guerra o I Guerra Mundial, la Historia se transforma en un agente propagandístico totalmente desenfrenado. Este hecho está motivado por la directa intervención de los historiadores de ambos bandos en el conflicto armado. Estos profesionales no dudan en alterar la Historia para convertirla en una seña de identidad que fomente el deber patriótico a la nación. Los historiadores consideran que el patriotismo es la primera virtud que debe ostentar cualquier ciudadano europeo (1).

En el viejo continente se manifiesta una diáfana ideologización de la nación. Este fenómeno se fragua y se consolida a partir de las múltiples movilizaciones en masa de carácter patriótico que se celebran a lo largo de esta etapa en las principales ciudades europeas. Estas movilizaciones congregan a miles de ciudadanos que apoyan el estallido de la I Guerra Mundial.

Los gobiernos y la legitimación de la Gran Guerra

Durante este periodo, la política y la nación se sacralizan. Este proceso implica la representación del estado a través del sacrificio de la vida de los soldados fallecidos y de la mitificación de la guerra por parte de los excombatientes. De esta forma, la clase dirigente y las instituciones gubernamentales legitiman el inicio de la I Guerra Mundial mediante el surgimiento de un fervor patriótico de carácter nacionalista.

Los estados europeos convierten el luto bélico a los caídos en un fenómeno público y colectivo de masas. La política experimenta una regeneración moral y espiritual, en donde se crea un discurso en el que aparecen representaciones simbólicas y rituales que anuncian las mitologías de masa.

Los gobiernos europeos convierten el luto bélico a los caídos en un fenómeno público y colectivo de masas.
La Gran Guerra presenta una influencia decisiva en la sacralización de los valores nacionalistas.

Este incipiente sentimiento patriótico provoca que los rituales de la memoria bélica sean profanados a través de un continuo uso político de la Historia. Este hecho es agravado por el marcado acento nacionalista existente en la sociedad de la época. El luto de la guerra ocasiona que imperen las distinciones de carácter institucional, sociopolítico y religioso, lo que genera una especie de mística que vincula estrechamente a la religión con la política (2).

La Gran Guerra y la sacralización de los valores nacionalistas

La I Guerra Mundial presenta una influencia decisiva en la sacralización de los valores nacionalistas. Los gobiernos emplean esta sacralización con el objetivo de materializar una regeneración política y social. El culto colectivo a los fallecidos termina copando el escenario político europeo y las instituciones públicas recogen abiertamente este discurso nacionalista y patriótico, que acaba siendo compartido por toda la sociedad.

Así, el uso político de la Historia que se fragua en la I Guerra Mundial degrada y denigra completamente a esta ciencia. Por eso, los historiadores deben juzgar los datos históricos que proporcionen los dirigentes con un sólido espíritu crítico. La rectitud del espíritu consiste en no creerse cualquier argumentación a la ligera y en saber dudar varias veces de lo mismo. De esta forma, la palabra crítica pasa a adquirir el sentido de prueba de veracidad.

La manipulación histórica del pasado – Cayo Julio César fue un mentirosillo, y lo sabes…

La manipulación histórica del pasado con el objetivo de alcanzar un determinado fin político no es un hecho que se dé exclusivamente en la actualidad. Cayo Julio César empleó esta técnica coercitiva a lo largo de su profusa carrera literaria. El político romano, en sus Comentarios, deformó y omitió muchos sucesos a sabiendas.

Ante estos métodos de artificio, el historiador no debe conformarse con darse cuenta del engaño, pues también tiene que descubrir las inclinaciones y los motivos que inducen a un personaje histórico al hecho de cometer estas falacias. Por lo tanto, mientras subsista la menor duda acerca de sus orígenes, sigue habiendo en el engaño algo rebelde al análisis y algo solo probado a medias (3).

De los venenos capaces de viciar un testimonio, la impostura es el más violento. El más perjudicial es el engaño sobre el fondo. Es por ello que el material primario y original es la base sobre la que el historiador tiene que iniciar su investigación y construir su relato sobre el pasado. Este debe ser el método que empleará para demostrar y constatar la interpretación ofrecida previamente por él mismo (4).

Últimos ejemplares

Una sociedad que apoya la Guerra – Estados sacralizados

Los gobiernos pretenden arrogar y gestionar la ritualización de las memorias públicas. Este hecho acentúa su deseo de querer apropiarse de la Historia Nacional a través del mito de los caídos para reconstruir una línea de continuidad entre el presente y el pasado.

Esta auto-adoración colectiva nacionalista provoca la sacralización de los estados, en donde los ciudadanos profesan la creencia de que los países son su nueva religión. De esta forma, la sociedad apoya el estallido de la guerra y considera que la nación tiene el derecho de exigir la muerte y el sacrificio de los jóvenes soldados por ella.

los símbolos y las conmemoraciones hacia las representaciones del Soldado desconocido logran transformar el luto privado familiar en un sentimiento colectivo de naturaleza patriótica.
Los símbolos y las conmemoraciones hacia las representaciones del Soldado desconocido logran transformar el luto privado familiar en un sentimiento colectivo de naturaleza patriótica.

La nación promete al caído en combate el recuerdo y el reconocimiento eterno de su país (5). Al mismo tiempo, el estado ofrece la vida de los soldados sobre el altar de la patria. De esta forma, la exposición de los restos del denominado Soldado desconocido se convierte en la representación simbólica del sacrificio de todos los caídos y el lugar en el que renovar los rituales patrióticos de la memoria nacional.

La sociedad apoya el estallido de la Gran Guerra, la sociedad acepta que la nación tiene derecho a exigir el sacrificio de los soldados por ella

Como conclusión, los símbolos y las conmemoraciones hacia las representaciones del Soldado desconocido logran transformar el luto privado familiar en un sentimiento colectivo de naturaleza patriótica a través de la ritualización de la memoria de los fallecidos en combate como principal expresión del culto a la nación por obra y gracia del pueblo llano (6).


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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Carreras y Forcadell, C., 2003, p.21.

(2) Ridolfi, 2009, pp. 73- 75.

(3) Bloch, 1952, p. 79.

(4) Moradiellos, 1994, pp. 10-11.

(5) Langewiesche, 2009, pp. 108-109.

(6) Ridolfi, 2009, pp. 76-77.

Bibliografía

  • Carreras, J. J., Forcadell, C., 2003, Usos públicos de la Historia, Marcial Pons, Madrid.
  • Ridolfi, M., 2009, Fiestas y conmemoraciones, "Historia cultural de la política contemporánea", Centro de estudios políticos y constitucionales, Madrid.
  • Bloch, M., 1952, Introducción a la Historia, Fondo de Cultura Económica, México D.F.
  • Moradiellos, E., 1994, El oficio de historiador, Siglo XXI de España editores S.A., Madrid. 
  • Langewiesche, D., 2009, El nacionalismo como deber de intolerancia, "La época del estado-nación en Europa", Universitat de Valencia, Valencia.
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Grado en Periodismo y Máster en Historia Contemporánea. Actualmente estoy estudiando el Grado de Historia. "Escribiendo recuperaba retazos de paz y volvía a ser un HOMBRE. Ni mártir, infame o santo. Un HOMBRE normal que mira al futuro y al pasado", Primo Levi en "Si esto es un hombre".

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