La flor y nata de las fuerzas cristianas, el núcleo principal de la Orden de Santiago, fue prácticamente aniquilado, con su Maestre incluido, durante el desastre de Moclín (1). Este fue un desastroso combate, a finales de junio de 1280 (2).
Esta Orden militar, fundada oficialmente en 1158 (3), se había empezado a labrar por aquel entonces una sólida reputación militar, gracias a su constante apoyo a la causa cristiana en los territorios peninsulares.
Antecedentes del desastre de Moclín
Tras la derrota musulmana en Las Navas de Tolosa (4), tanto Fernando III (5) como su hijo y sucesor, Alfonso X (6), se las prometían muy felices. Y es que se veían dueños de la totalidad de las regiones andalusíes, aún en poder musulmán, en pocos años.
Sin embargo, la llegada a las costas del Estrecho de las tropas cristianas provocó una reactivación de los poderes norteafricanos. Así, los benimerines decidieron intervenir en lo que será conocido como la Batalla del Estrecho (7).
El desastre de Moclín
En un principio, aquello parecía que iba a ser una más de las habituales cabalgadas o expediciones de tala de árboles. Con su destrucción de propiedades y quema de cosechas, sobre la rica vega granadina (8). Pero pronto se convirtió en una sonora y brutal derrota de las armas cristianas, cuando las tropas nazaríes interceptaron a los castellanos.
Al finalizar la jornada, se había perdido no solo la batalla, sino la práctica totalidad de los freires y sargentos (9) de la Orden de Santiago, con su Maestre a la cabeza. Un durísimo golpe para las armas cristianas.
La reacción del monarca
Tras enterarse el monarca sabio de la magnitud del desastre de Moclín, se encontró con que debía tomar una osada y controvertida decisión. En sus manos estaba el decidir si dejaba o no que la Orden de Santiago desapareciera.
Así pues, se ordenó su integración o fusión con la Orden de Santa María de España o de la Estrella. Se llamaba así por ser ese el símbolo de la Orden, en lugar de la habitual cruz que usaban las otras, y había sido creada recientemente (10). Tampoco había tenido mucha suerte en el campo de batalla, asumiendo el cargo de Maestre de Santiago D. Pedro Núñez (11).
Esta Orden de la Estrella había sido creada una década antes, al modo de los calatravos (12). Pero con un importante componente y carácter naval. De cara, precisamente, a intervenir decisivamente en la batalla del Estrecho.
La Orden de la Estrella en el desastre de Moclín
Contaban con su sede en el puerto de Cartagena. Es decir: lo más cerca posible de la zona de conflicto, pero a cierta distancia. Desde allí, podían cubrir las posibles maniobras navales musulmanas, provenientes desde el sur. Y también las acciones aragonesas, desde Valencia. Al contrario que el resto de órdenes militares, centradas en los conflictos terrestres (infantería y caballería), estos se dedicaban a operar en el mar (galeras).
Así pues, de un día para otro, la Orden de Santiago sufrió una transformación radical. Empezando por contar con toda una serie de nuevas posesiones directamente relacionadas con la guerra naval. Alcalá de los Gazules, Oropesa, El Puerto de Santa María, Medina Sidonia, San Sebastián y La Coruña. Si bien la armada de galeras de la Orden de la Estrella había sido prácticamente destruida durante la batalla de Algeciras (13).
Nueva vocación marinera
La decisión del rey Sabio de fusionar ambas maltrechas órdenes tras el desastre de Moclín, permitió la supervivencia de la Orden de Santiago. De hecho, su nombre y características perduraron. Pero esto supuso la condena a su desaparición y olvido a la Orden de la Estrella.
Si bien esto provocará un viraje de los santiaguistas hacia la guerra en el mar. Ya que la Orden de Santiago va a convertirse en la punta de lanza castellano-leonesa en la batalla del Estrecho. Como pilar básico de la defensa de las costas peninsulares y, sobre todo, participando muy activamente en la guerra de corso (14), en el Mediterráneo occidental. Labores que le serán características hasta bien entrado el siglo XVIII.
De hecho, será motivo de inspiración de la más famosa Orden de San Juan, Rodas o Malta (15). Esta ejercerá unas funciones muy similares a los santiaguistas durante este mismo periodo. Pero se centrárá en las aguas del Mediterráneo oriental.
El renacimiento de la Orden de Santiago tras el desastre de Moclín
La nueva Orden militar que surgió tras el desastre de Moclín había perdido, sin duda, la mayor parte de sus características previas. Primero, el monarca intervino directamente en la elección del Maestre. Además, se variaron sus objetivos fundamentales. Así pasó de ser una Orden terrestre a una con evidente vocación marinera. También se evidenció la necesidad de disponer de una cantidad suficiente de miembros, como para que la totalidad de la Orden no pereciese nuevamente en una única batalla desfavorable para las armas cristianas (16).
Así, se creó un peligroso precedente, que conllevará con el tiempo a que la Orden quede completamente supeditada a la Corona. Lo cual sucederá en tiempos de Carlos V (17).
Esto hará que los principales miembros de la Orden pasen a tomar parte e intervenir en las políticas palaciegas. Varios Maestres y Comendadores mayores formarán parte del círculo intimo del monarca. Precisamente, lo que habían tratado de evitar por todos los medios los primeros Maestres (18).
Caballeros, que no marineros
La mayoría de recién reformados caballeros de la Orden de Santiago no destacaron precisamente como hombres de mar. Perduró en ellos su condición de nobles y caballeros. Sin interés ni deseo por asumir cometido alguno relativo al manejo o control de las embarcaciones. La mayoría consideraban dichas labores como inferiores a su status caballeresco.
Por ello, van a ser más bien simples hombres de guerra embarcados. Así, su principal objetivo será el combatir cuerpo a cuerpo contra las tripulaciones enemigas, una vez se hubiera producido el abordaje. Cosa que se buscará activamente, en lugar de otras formas de combate. Y que, entre otros motivos, hace que se termine escogiendo la galera como navío fundamental para las tareas de la Orden (19).
Según va pasando el tiempo, habrá unas cuantas honrosas excepciones (20). Si bien muchos miembros de la Orden continuarán prefiriendo el combate terrestre que la vida en el mar.
Una Orden dual convertida en signo de prestigio y reputación
Tras la finalización de la conquista del reino nazarí de Granada, los ejércitos hispanos y las Ordenes militares, incluida obviamente la de Santiago, sufrieron una serie de profundas modificaciones, en su paso a la denominada Edad Moderna (21).
La infantería se adueñó de los campos de batalla. Así, relegaron a un papel secundario a las tropas montadas y fuertemente acorazadas, que caracterizaron los campos de batalla medievales (22).
La Orden de Santiago se convirtió en dual o bicéfala, desde el punto de vista militar. Por un lado, mantuvieron un conjunto de tropas en los ejércitos reales. Aunque cada vez menos y de menor importancia (23). Por otro, se encargaron de la gestión y mantenimiento de una importante fuerza naval, compuesta fundamentalmente por galeras.
Finalmente, la pertenencia a la Orden de Santiago pasará a convertirse en un mero signo de reputación y prestigio. Ya sin que se tenga que tener relación alguna con el oficio de las armas (24).
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