La celebérrima batalla de Covadonga, mítica contienda entre los astures de un desconocido don Pelayo y las tropas del gobernador árabe local (1), supondría, no solo el surgimiento del reino de Asturias (2) en la Península Ibérica, sino también el inicio de un movimiento de recuperación territorial que culminaría con la conquista del reino de Granada en 1492 (3).

Esta confrontación, acaecida con mayor probabilidad en 718, arrastra consigo una gran serie de incógnitas.  Misterios que han provocado la disparidad de opiniones entre la comunidad historiadora.  Y es que, como el lector estará comprobando, en esta breve exposición ya hemos dado de frente con dos incógnitas que llaman la atención.  O puede que, incluso, con tres, pero esta tercera la dejaremos de bonus track, para el final.

¿Cómo puede haber dudas de la fecha en la que sucedió un acontecimiento bélico?  Y lo que es más importante, y objeto de este artículo, ¿cómo puede uno de los protagonistas del mismo ser un completo desconocido?

Porque, si algo debemos tener claro, es que los sucesos de Covadonga y la figura de don Pelayo van de la mano.  La una no puede existir sin el otro y viceversa, como las dos caras de la misma moneda, como la luz y la sombra, como el ketchup y la mostaza.  Pero, ¿a qué se deben todas estas dudas?

¿Existió realmente este personaje, su batalla en Covadonga, y todo lo que se cuenta alrededor de él?  Y si lo hizo, ¿de dónde carajo salió este tío?

Las fuentes de la discordia: don Pelayo, el enviado de Dios

En primer lugar, intentemos enfocarnos en el punto «sencillo» de este tema.  Existen dos opiniones sobre el año en el que la batalla de Covadonga tuvo lugar. Originalmente, este encuentro bélico se databa en 722, pero los estudios actuales marcan como fecha posible la que indicábamos al inicio de estas líneas: 718 (4).

La solución más aceptada a esta disyuntiva pasaría por fijar el año 718 como la fecha de inicio del levantamiento de Pelayo, quedando 722 como la fecha de la batalla de Covadonga como tal (5). No obstante, se nos presenta un primer problema: ¿por qué tenemos dos fechas y por qué nos hacen dudar?

Esto se debe a las fuentes históricas desde las que podemos recabar información al respecto.  La batalla de Covadonga y por consiguiente, todo lo que acontece a don Pelayo, se recoge en tres crónicas distintas: las denominadas crónicas alfonsinas.

Fragmento de la crónica albedense - el rey don Pelayo
Fragmento de la crónica albedense. Fuente:

Estas crónicas, diferenciadas por sus nombres como albeldense, rotense y sebastianense (6), relatarían los combates de Covadonga de una forma un tanto subjetiva.  Y es que, en ellas (sobre todo en las versiones rotense y sebastianense), se presentan los acontecimientos de este enfrentamiento y a sus personajes como héroes de la Providencia, entremezclando lo allí narrado con episodios de sospechosa similitud con ciertos pasajes bíblicos (7).


La narración de la batalla de Covadonga recogida en las crónicas alfonsinas transmite un ideal de lucha contra el poder musulmán de la época


En algunos círculos, esta subjetividad ha causado la duda de si realmente esta confrontación se llevó a cabo, o solo fue un movimiento de propaganda para justificar el reinado en Asturias (8).

De hecho, nuestro protagonista de hoy se ve, en estas crónicas,  ensalzado a la nobleza más absoluta, conectando todo su árbol genealógico para que, en última instancia, se glorificara su supuesta descendencia real.  Y decimos bien, supuesta, por que, ¿quién era realmente don Pelayo?

El multiverso del desconocido don Pelayo

Si nos guiamos por lo indicado en las crónicas alfonsinas, deberemos, en primer lugar, dejar claro que se contradicen entre ellas mismas (9).  En unas, el origen de Pelayo ni siquiera se comenta, mientras que en otras aparece, tal y como hemos comentado antes, como una suerte de enviado de Dios , destinado a retomar el legado perdido de la corona visigoda.

Desde luego, esto puede parecernos el digno argumento de una novela de éxito.  Pero, tras toda esta parafernalia, ¿hay algo de verdad?  Las teorías son tan variadas y dispares entre sí que la mejor forma de presentarlas será que vayamos por partes.

El abanderado del rey

En primer lugar, si nos adentramos en el multiverso de los «Pelayos», nos encontramos con la opción de que este fuera el espatario de los reyes Witiza y Rodrigo (10).  Estos gobernantes, catalogados dentro de una realeza anterior ya existente, tendrían a Pelayo dentro de su guardia personal. Un guardaespaldas que diríamos hoy.

Con esto en mente, y tras la caída de esta figura real a la que servía, don Pelayo se habría convertido en el heredero de un trono que habría quedado vacante.  Y, puesto que su figura sería de alta estima a ojos del resto de la nobleza, su popularidad habría subido como la espuma.

El sucesor de la corona

Pero esta primera opción no incluye algo que podríamos considerar importante: la sangre.  Y no, no es que nos haya dado un brote vampírico después de Halloween.  Nos referimos a que no todo el mundo podía presentarse a sucesor de un rey sin un linaje que lo avalara.

Sin embargo, y para solucionar esta tesitura, se coteja que Pelayo fuese pariente del anteriormente citado rey Rodrigo (11).  De una forma un poco difusa, pues estaríamos hablando de una relación de primos un tanto etérea, que bien visto, podría explicar los servicios de abanderado que mencionamos en párrafos superiores.

Ya se sabe eso que dicen, cuanto más primo…

El romano Pelagius

Pero claro, esto sería demasiado sencillo y, puestos a enredar más la madeja, hay quien propone el origen romano de don Pelayo.  ¿Con qué argumentos?  «Pelayo» sería un nombre que provendría del latín PELAGIUS, y este a su vez, de un vocablo griego que significaría «marino, del mar» (12).

A esta teoría, se suma que, en algunas crónicas islámicas, Pelayo es nombrado como «Balay al Rumí«, es decir, «Pelayo el romano» (13).  No obstante, los nombres romanos estaban muy normalizados dentro del mundo godo (14).

Por lo que, aunque no sea del todo descartable, la opción de que este fuese un pudiente descendiente de los anteriores conquistadores romanos, puede perder un poco de fuelle.

"Don Pelayo", escultura de José Pagniucci y Zumel, perteneciente a la colección del Museo del Prado.
«Don Pelayo», escultura de José Pagniucci y Zumel, perteneciente a la colección del Museo del Prado. Fuente:

El astur sublevado

Finalmente, también se contempla la idea del origen astur de don Pelayo. De esta forma, se pretende explicar la rápida aceptación del resto de compatriotas hacia su figura como líder de la rebelión (15).

Y es cierto.  Sí se sabe de la existencia de posesiones en territorio astur conectadas a Pelayo.  Pero, desgraciadamente, no se tiene certeza de si estas fueron conseguidas previamente o con posterioridad a los sucesos de Covadonga (16).

De hecho, ni siquiera hay una documentación real que pueda confirmar la elección de Pelayo como adalid de esta sublevación (17), ni por parte de los astures, ni por parte de los godos.

Con todas estas opciones, y teniendo en cuenta las desavenencias y vacíos existentes en la documentación al respecto, no es de extrañar que el origen de Don Pelayo siga siendo desconocido.

Pero antes de acabar, recordemos que, al inicio de este artículo, comentábamos la existencia de una incógnita más acerca de la vida y mera existencia de Don Pelayo.

¿Mito o argumento? El movimiento ideológico tras don Pelayo

Y es que, tras la figura de este «primer rey» se comenzó a forjar, tal y como explicamos anteriormente, un movimiento ideológico, propagandístico y político que culminaría más de 700 años después de la batalla de Covadonga.  Esta corriente, nombrada en el medievo como «Restauración», fue acuñada a finales del s. XVIII – principios del S. XIX como «Reconquista» (18).  Tras esta nomenclatura, del mismo modo que ocurre con la historia de don Pelayo, se oculta un fuerte ideario españolista.


A día de hoy, existe una corriente de estudiosos que no aceptan el término «Reconquista» como válido


Es por ello que, para concluir, deberíamos preguntarnos qué es lo realmente importante en este asunto.

Quizá no es tanto si este desconocido Don Pelayo fue una suerte de Robin Hood ibérico.  Un bandolero de los montes pensado para ensalzar la moral de las masas con mucha propaganda, filtros y make up de por medio (eso sí, a lo medieval).

El ejemplo de don Pelayo – El buen uso de la «Reconquista»

Y es que, tanto la, digamos, mal llamada «Reconquista», como lo acontecido con el desconocido don Pelayo, se han recuperado a lo largo de la historia de España.  Pero, curiosamente, son temas que siempre han vuelto a la palestra de la mano de movimientos políticos que esgrimen estos conceptos como estandartes patrióticos.  

Lejos de querer de ser aguafiestas, este artículo intenta lanzar un poco de luz al respecto.  Y, ya de paso, demostrar que estas figuras, tan defendidas a capa y espada, son bastante difusas, bien por deformidades propagandísticas (actuales o pasadas), bien por escasez de información.

Quizá no sería lo más conveniente basar ningún tipo de discurso en ellos, ya que podrían no ser del todo fieles, o incluso reales.  No deberíamos dar credibilidad a las patas que tiene un caballo por las historias de unicornios que nos llegan desde la narrativa fantástica.

Por muy épicos (o cuquis, en el caso de los unicornios) que sean, sin certeza detrás de ellos, son argumentos que, como la crin del unicornio, se dejarán llevar, antes o después, por las brisas de aire.

El triunfo de la Santa Cruz en la batalla de las Navas de Tolosa, por Marceliano Santa María Sedano, 1892. Óleo sobre lienzo. Fuente:
El triunfo de la Santa Cruz en la batalla de las Navas de Tolosa. Fuente: 


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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Aparicio Bausili, E., 2020, p. 17

(2) Aparicio Bausili, E., 2020, p. 35

(3) García Fitz, F., 2009, p. 153

(4) Montenegro Valentín, J., y del Castillo Álvarez, A., 1990-1991, p. 4

(5) Montenegro Valentín, J., y del Castillo Álvarez, A., 1990-1991, p. 11

(6) Aparicio Bausili, E., 2020, p. 31

(7) Santamarta del Pozo, J., 2021, p.19

(8) Santamarta del Pozo, J., 2021, p.19

(9) Aparicio Bausili, E., 2020, p. 31

(10) Montenegro Valentín, J., y del Castillo Álvarez, A., p. 11

(11) Aparicio Bausili, E., 2020, p. 31

(12) Aparicio Bausili, E., 2020, p. 32

(13) Aparicio Bausili, E., 2020, p. 33

(14) Aparicio Bausili, E., 2020, p. 35

(15) Montenegro Valentín, J., y del Castillo Álvarez, A., p. 21

(16) Aparicio Bausili, E., 2020, p. 34

(17) Aparicio Bausili, E., 2020, p. 34

(18) García Fitz, F., 2009, p. 144


Bibliografía

  • Aparicio Bausili, E., 2020, Apuntes sobre el rey Pelayo.  A trece siglos del nacimiento del Reino de Asturias, 
  • García Fitz, F., 2009, La Reconquista: un estado de la cuestión, incluido en «Clio y Crimen. Revista del Centro de Historia del Crimen de Durango», Número 6, p.p. 142-215, ISSN: 1698-4374, CSIC
  • Montenegro Valentín, J., y del Castillo Álvarez, A., 1992, Don Pelayo y los orígenes de la Reconquista, incluido en «Hispania: Revista española de historia», Vol. 52, Número 180, p.p. 5-32, ISSN: 0018-2141, CSIC
  • Montenegro Valentín, J., y del Castillo Álvarez, A., 1990-1991, Entorno a la conflictiva fecha de la batalla de Covadonga, incluido en «Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval», N.º8, pp. 7-18., ISSN: 0212-2480, Universidad de Alicante
  • Santamarta del Pozo, J., 2021, Fake news del Imperio español: Embustes y patrañas negrolegendarias, Editorial La Esfera de los Libros, S.L., Madrid.

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