Las ciudades musulmanas de la España medieval y su estilo de vida fueron el resultado del encuentro de dos mundos. Este encuentro fue mágico, pero también violento. Las ciudades y la vida en ellas eran muy vibrante, divertida y particular. Las ciudades en al-Ándalus tiene dos grandes momentos de creación. El primero de ellos es cuando apenas lo invasores llegaron. La característica de estas ciudades es que estaban donde habían viejas ciudades cristinas, pero casi que tumbadas y vueltas a formar al estilo árabe y norte africano (1). Claro, siempre hay una que otra excepción en las que los moros o formaron ciudades de la nada (como Murcia), o sí utilizaron las estructuras de la ciudad cristiana (como en Zaragoza) (2).
Ciudades en al-Ándalus: la nueva ciudad andalusí
El segundo momento de creación de las ciudades de al-Ándalus, fue cuando el tiempo de conquista había terminado y el califato estaba súper consolidado. La gran mayoría de las ciudades de este tiempo se dieron desde cero. De hecho, estas nuevas ciudades se crearon por tres motivos: el aumento de la gente, las amenazas militares de los reinos cristianos y por el amor al lujo y la vida cultural (3).
Básicamente, más espacio para más gente, más murallas y edificios militares y más lugares que descrestaran a la gente y donde tener una vida animada. Un buen ejemplo es la Córdoba del momento. Era una ciudad que competía con las más grandes y bellas de su tiempo (4). Sus calles repletas de gente de todo el mundo conocido, mostraban esa vibrante vida.
En Córdoba habían nuevos y más altos edificios por doquier. Aparecian más arrabales con mucha más gente viviendo allí. No solo se construían casas, también edificios públicos, como baños, mezquitas, mercados y espacio de diversión y ocio (5). Incluso, los viejos arrabales y murallas llegaron a ser parte del interior de la ciudad. Claro, no solo fue Córdoba, también destacaron Málaga, Granada, Almería, entre otras (6).
Espacios externos de las ciudades en al-Ándalus
No nos confundamos, por más avanzadas que fueran las ciudades andalusíes, no eran como estamos acostumbrados. Uno de los espacios más importante para la vida era, de hecho, los espacios rurales. En la Edad Media, incluso las ciudades más grandes estaban muy conectadas con la vida rural.
Entre estos lugares rurales súper importantes, estaban los bosques, montes, ríos, mares, etc., que conectaban a la ciudad con el mundo exterior y eran una gran fuente de materiales y comida (7). Otro espacio fundamental para conseguir alimento eran las zonas reservadas a las funciones agrícolas o ganaderas. Aunque para nosotros es bastante normal que las zonas del ganado y del cultivo estén afuera, para los cristianos de la Edad Media era algo completamente impensable. Estas zonas, en los vecinos cristianos, estaba dentro de la misma ciudad.
Los últimos espacios eran las alquerías y los asentamientos militares. Las alquerías, eran pequeñas comunidades rurales, agrícolas o ganaderas cercanas a las ciudades. Vivir en ellas traía muchas ventajas, porque vendían sus productos a la cuidad y lo mejor de todo es que se ahorraba muchísimos impuestos (8). Los asentamientos militares no necesitan mucha explicación. La Edad Media era violenta y peligrosa. En toda ciudad se necesitaban espacios para vigilar y defenderse.
Espacios intermedios de las ciudades en al-Ándalus
Los espacios entre el mundo exterior y el interior son solo dos, pero muy importantes para la vida y las ciudades de al-Ándalus. Claro, estos lugares eran para la defensa de la ciudad, pero su importancia iba muchísimo mas allá. Básicamente eran donde los dos mundos se encontraban y donde la gente pasaba sus mejores momentos.
Las puertas era donde se hacían los mercados (9), en realidad, grandes plazas donde todos iban a comprar, vender y chismosear, ¡claro! Las murallas eran el lugar de los placeres y la diversión. Las ciudades de la España medieval no tenían parques o plazas centrales, así que, si querías hacer una reunión con tu familia, irte de fiesta, dar un paseo para respirar aire fresco, conseguir una que otra prostituta, ese lugar no era otro que alrededor de las murallas. Un lugar bastante interesante, ¿no?
Los espacios internos y públicos de la ciudad
La ciudad musulmana tenían pocos espacios o edificios públicos. En cierto sentido, crecían como se les daba la gana a los vecinos. Básicamente, las familias se unían para hacer una calle aquí, un puente acá, una puerta por acullá (10). Claro, eso hacía que no tuvieran ningún orden. Encontrar cosas como una calle ancha, la siguiente súper angosta y la siguiente cerrada eran la constante.
De hecho, las familias tenían derecho a usar todo el espacio alrededor de sus casas (en cualquier dirección) para su propio uso (11). Así que era posible que fueras caminando y la calle estuviera cerrada porque una familia la había invadido para hacer una fiesta, o porque tenían toda su ropa limpia secándose en ese lugar.
Los edificios públicos se limitaban al alcázar o castillo donde vivía la élite (por lo general aislado), la mezquita (lo único planeado de la ciudad andalusí; siempre en el centro y con funciones políticas y religiosas), el zoco o mercado y los lugares de limpieza como baños, letrinas y fuentes.
Espacios privados
Dejando los espacios públicos de la ciudad llegamos a la casa. Los habitantes de las ciudades de al-Ándalus amaban y respetaban la privacidad más que nada, por lo que las casas estaba diseñadas para protegerla a toda costa (12). Las ventanas casi no existían y cunando existían nunca podían quedar en frente de las de otra casa. Los pasillos de entrada tenían varias puertas para evitar que se pudiera ver el interior desde la calle. En resumen, las casas eran una defensa ente los chismosos.
Las ciudades de la España musulmana fueron únicas, vibrantes en vida y cultura, donde si bien su centro eran las mezquitas símbolo de la religiosidad islámica, sus espacios fueron moldeados por deseos mucho más terrenales.
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