Elio Arístides, el hipocondríaco de la antigüedad

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Os voy a contar la vida de Elio Arístides, un hipocondríaco de manual del mundo antiguo. Pero, antes, veamos qué es la hipocondría, para ponernos en situación.

La hipocondría: esa enfermedad que padecía Elio Arístides

La hipocondría es un trastorno de ansiedad, en el cual las personas que lo padecen sienten de manera casi permanente el temor a tener alguna enfermedad.

Estas personas están tan preocupadas por su estado de salud que cualquier mínimo síntoma que se noten, les hacen creer que padecen una grave enfermedad (1). Por ello, leer o ver en televisión algún caso con unos síntomas específicos, puede producir que la persona sienta ese mismo día que tiene la misma enfermedad.

Este tipo de pacientes se pueden pasar gran parte de su vida pendientes de su salud. Visitan al médico con frecuencia o, por el contrario, ante el temor exagerado de una enfermedad grave, no acuden a la consulta durante años. Podríamos decir que tiene dos extremos: los que no paran de ir a especialistas y aquellos que no quieren saber nada de los médicos.

 El Grito Edvard Munch puede representar la hipocondría
El Grito. Edvard Munch. National Gallery of Norway. Fuente.

Tanto unos como otros pueden llegar a pensar que los propios médicos son unos “matasanos” (2). En efecto, algunos pacientes llegan a cuestionar a los profesionales de la medicina:

“[…] no saben nada, nunca aciertan, hay muchos fallos y demandas. Mi hermano mayor es médico y sus hijos siempre están enfermos de algo […]”. (3).  

Como vemos, este trastorno puede llegar a interferir en las vidas de las personas que lo padecen de una manera importante y afectar a los que la rodean. Seguro que en algún momento hemos tenido esa sensación de pánico ante alguna enfermedad, sobre todo debido a la pandemia provocada por la COVID-19.

¿Es la hipocondría una enfermedad del mundo actual?

Sin embargo, una cosa es tener episodios puntuales de temor, normal por otra parte. Otra muy distinta es convertirse en una constante de la vida diaria. Y ahora hacemos la gran pregunta: ¿es la hipocondría una enfermedad del mundo actual? La respuesta es un rotundo y mayúsculo NO. Hoy vamos a conocer al hipocondríaco por excelencia de la antigüedad clásica.

Elio Arístides

Su nombre completo era Publio Elio Arístides Teodoro. Fue un sofista griego que vivió en el siglo II d. C. (4). Todo indica que nació en Hadriani, una de las ciudades que fundó el emperador Adriano. Sin embargo, pasó mucho tiempo en la ciudad de Esmirna, donde estaba muy difundido el culto al dios Serapis. Casualmente se trata de una divinidad relacionada con la sanación en Egipto y también en el mundo grecorromano (5). Serapis y Asclepio serán los dioses «clave» en la vida del sofista. El primero acudió en su ayuda durante una tempestad (claramente porque él le invocó), regresando de su viaje a Egipto. En agradecimiento si llegaba vivo a Esmirna (que llegó), prometió componerle un himno al dios.

En la formación de Arístides intervinieron varios maestros, entre ellos Epágato. Este individuo le abrió el camino hacia la idea de que los sueños eran un vehículo de comunicación con los dioses. Otro personaje que se debe destacar en su vida fue Zósimo. De hecho, para Arístides fue el más importante. Zósimo le acompañó durante sus momentos más críticos, según él mismo relata (6).

La hipocondría de Elio Arístides

Para estudiar la hipocondría de Arístides, no hay mejor manera que acercarse a los escritos que él mismo redactó y que representan una valiosa fuente de información (7). Esta obra fue redactada en honor al dios Asclepio (8), por haberle curado de sus dolencias durante prácticamente toda su existencia. Arístides estaba convencido de que el dios le acompañaba y velaba por él ante sus enfermedades, que parece ser no eran pocas, como atestiguan los escritos en sus Discursos.

Elio Arístides hipocondríaco
Elio Arístides. Fuente.

La orientación sobrenatural-religiosa de Arístides sobre las divinidades curadoras, fue una constante a lo largo de su existencia. La consonancia con los dioses, en concreto con Asclepio, estará asociada a su figura y a toda su vida como sofista. Como relata en sus Discursos, ya estaba enfermo cuando viajó a Roma y a Pérgamo. En esta última ciudad es donde Arístides encontró (o eso parece) un desahogo espiritual y sanador en el Asclepeion de Pérgamo donde pasó dos años y donde se inició esa comunión con el dios (9):

«Una vez que llegué de Italia, muy enfermo debido a las muchas
fatigas e inclemencias del tiempo que sufrí en el recorrido
por Tracia y Macedonia -pues incluso salí enfermo de casa-,
estaban los médicos en un gran dilema no sólo porque no sabían
qué remedio poner, sino porque no tenían idea de qué podía ser todo aquello […]».

«Allí por primera vez comenzó el Salvador a hacerme
revelaciones. Pues me ordenó que saliera descalzo y yo grite en
el sueño, como si fuera realidad, una vez cumplido en sueños
el mandato: ¡Grande es Asclepio!» (10).

Dios Asclepio.
Asclepio. Fuente.

Asclepio, Elio Arístides y el hospital de Pérgamo

En el mito, Asclepio era hijo del dios Apolo y de una mortal. Aunque Apolo siempre estuvo asociado a las profecías oraculares, en especial con Delfos, es un dios médico. Por tanto, Asclepio obtuvo el don de curar por parte de su padre inmortal. Se cuenta que era tan bueno hasta el punto de llegar a resucitar a los muertos. Ello produjo un conflicto de intereses con su tío Hades, quien se quejó a Zeus de «robarle almas». Zeus resolvió el problema matando con su rayo a su propio nieto (11).

Fue entonces cuando Asclepio pasó a convertirse en una divinidad. Concretamente, en el dios de la medicina. En época romana pasó a llamarse Esculapio. Su fama fue tal que llegó a convertirse en uno de los dioses más famosos, hasta el punto de rivalizar con el cristianismo (12). A este respecto, se construyeron varios santuarios de curación, destacando los de Epidauro y Pérgamo.

El Asclepeion de Pérgamo, un santuario de curación

El Asclepeion de Pérgamo fue fundado por un poeta llamado Arquias en agradecimiento a los cuidados que había recibido en el santuario de Epidauro. Este santuario de curación u hospital se fundó en el siglo IV a. C. (13). Se sabe que en la entrada principal del santuario había una inscripción que decía:

«Para la grandeza de todos los dioses está prohibida la entrada de la muerte en esta plaza sagrada» (14).

Efectivamente, en este tipo de lugares estaba prohibido morir. Antes de dejar entrar a una persona enferma se le examinaba. También estaba prohibido que las mujeres dieran a luz en el interior del santuario (probablemente por la posibilidad de morir durante el parto) (15). Pero las mujeres, igual que los hombres, sí que podían entrar a sanarse por dolencias.

Asclepeion de Pérgamo
Asclepeion de Pérgamo. Fuente.

El procedimiento para sanar en estos santuarios era a través de la incubatioAsclepio se manifestaba a los consultantes mediante el sueño. El dios se aparecía y, o curaba directamente al paciente o le indicaba qué remedio era el mejor para sanarse.

Hipocondría y ¿adicción al dios?

Arístides se empezó a sentir mejor a raíz de su estancia en Pérgamo, aunque posiblemente nunca llegó a curarse del todo por la hipocondría que sufría. O tal vez Arístides se sentía tan bien, tan protegido en el santuario, que simplemente no se marchaba. Recordemos las consecuencias de ser una persona hipocondríaca en el mundo actual ¿qué diferencias podrían existir en el pasado? ¿Tenía Arístides tanta fe en Asclepio que se pudo convertir en una especie de adicción?

El mismo sofista relata en sus Discursos algunas de las prescripciones que le mandaba hacer el dios. Esto naturalmente influyó en su vida y en sus escritos sofistas:

«Se me ordenó que hiciera muchas cosas sorprendentes. De
las que me acuerdo están una carrera que tuve que hacer descalzo
en invierno y montar a caballo al revés, cosa dificilísima. También
recuerdo lo que sigue. Estando el puerto agitado por las
olas levantadas por un viento de Suroeste y las embarcaciones
en desorden hube de hacer una travesía en sentido contrario tras
comer miel y bellotas, la purga así fue perfecta. Se hizo todo
ello cuando el tumor estaba más inflamado y llegaba hasta el
ombligo» (16).

En definitiva, todas las acciones de Elio Arístides, políticas, sociales, etc., estuvieron marcadas (según él) por las órdenes de Asclepio. De esta manera, cualquier cosa que sucediera siempre era por voluntad del dios, porque el dios así lo había querido. Y así giró su vida alrededor de la enfermedad, los temores y los supuestos síntomas. Todo plasmado en sus obras escritas.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Estas personas están tan preocupadas por su salud que no paran de observarse e interpretan cualquier señal o cambio en el cuerpo como una enfermedad grave.  

(2) Normalmente este tipo de pacientes va al médico y se sienten seguros durante un tiempo. 

(3) Belloch Fuster, López Santiago y Arnáez Sampedro, 2019, p. 66.

(4) Concretamente Elio pertenece a la denominada Segunda Sofística. A este autor se le llegó a considerar uno de los grandes oradores del mundo antiguo. Los sofistas predicaban y enseñaban de un modo distinto. 

(5) Serapis es un dios sincrético, probablemente fruto de una fusión entre el dios Osiris y el toro Apis, en Egipto bajo el nombre de Oserapis, helenizándose posteriormente, ya en época helenística. La leyenda dice que fue Ptolomeo quien introdujo su culto en Alejandría, la ciudad que fundó Alejandro Magno. Serapis fue vinculado con el dios griego Asclepio (Vinagre, 2000). Reyes Barrios (Reyes Barrios, 2022) señala que el culto de los dioses egipcios Isis y Osiris, son la base del culto del dios Serapis.  

(6) Discursos I (Elio Arístides, 1987).

(7) Elio Arístides escribió una serie de tratados llamados “Discursos sagrados”.  

(8) Elio Arístides, 1987: Discursos I, Introducción general.

(9) Elio Arístides, 1987: Discursos I, Introducción general.

(10) (XLVII 5-7 K).

(11) Jünger, 2006,  Rodríguez Alonso, 2010,  Gallardo López, 1995.

(12) Musial, 1990. López Pérez, 2012.

(13) Rodríguez Alonso, 2010.

(14) Rodríguez Alonso, 2010.

(15) Pausanias.

(16) (XLVIII 65 K).


Bibliografía

  • Belloch Fuster, A., López Santiago, J. y Arnáez Sampedro, S., 2019, Hipocondría: la ansiedad por la salud, Editorial Síntesis, Madrid.
  • Elio Arístides, 1987, Discursos I, Editorial Gredos, Madrid.
  • Gallardo López, Mª. D., 1995, Manual de Mitología clásica, Ediciones Clásicas, Madrid.
  • Jünger, F., 2006, Los mitos griegos, Editorial Herder, Barcelona.
  • Musial, D., 1990, «Sur le culte d’Esculape à Rome et en Itali», Dialogues d’histoire ancienne,  vol. 16, nº 1, pp. 231-238.
  • Rodríguez Alonso, B., 2010, «El hospital de Asclepio en Pérgamo», Revista Científica Sociedad Española Enfermería Neurológica, nº 32, pp. 62-65.
  • López Pérez, M., 2012, «Los Asclepiea, templos de curación y centros de peregrinación en la Antigüedad» en Bravo, G. y González Salinero, R. (ed.), Ver, viajar y hospedarse en el mundo romano, pp. 137-149, Signifer Libros, Madrid/Salamanca.
  • Pausanias, 1994, Descripción de Grecia, Editorial Gredos, Madrid.
  • Reyes Barrios, V., 2022, Serapis versus Osiris: convergencia y/o divergencia en torno a su doble identidad en el occidente romano. Un análisis socio-religioso (Tesis), Universidad de las Palmas de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria.
  • Vinagre, M. A., 2000, «Los intérpretes de sueños en los templos de Serapis», ARYS, nº 3, pp. 129-141.
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Eulalia Garcia Nos
Doctora y arqueóloga devota de Apolo. Profesora-tutora en UNED Cartagena.