Amelia Earhart (Kansas, 1897) (1) ha pasado a los anales de la Historia por ser la aviadora más famosa del mundo mundial. Y no es para menos, pues durante las décadas de los ’20 y ’30 del siglo XX logró varios récords. Fue la primera mujer que cruzó en avión el Atlántico y parte del Pacífico. También, la que voló a más altura y a más velocidad (2). Toda una pionera de la aviación, que merece más que nuestros respetos por haberse atrevido a ocupar un espacio reservado a los hombres. Y, además, por haberlo hecho tan requetebién.

También, tenemos que postrarnos a sus pies por haber criticado las estructuras de género y el sexismo imperante. En la segunda de las tres autobiografías que escribió, The Fun Of It (1932), Amelia Earhart critica las estructuras socioculturales de género, dándole una buena patada al patriarcado, y señala como culpable al sistema educativo, que «sigue dividiendo a las personas según su sexo, y poniéndolas en pequeños casilleros femeninos o masculinos». Y, oye, que la mujer se queda a gustico poniendo verde a la tradición que existía en la aviación de relegar a las mujeres a un segundo plano (3).

pionera de la aviación piloto mujer

Amelia Earhart: una de las primeras mujeres en surcar los cielos

Amelia nació en una familia acomodada, aunque un pelín desestructurada por los problemillas que su padre tenía con la botella (4). Aunque lo importante es que la posición privilegiada de su familia le permitió estudiar en la Universidad de Columbia (Nueva York) y en Harvard (Cambridge). Era buena en mates y en ciencias y habría podido convertirse en médico. Sin embargo, Amelia era un culillo inquieto y la Uni no terminaba de saciar sus ansias (5).

Pero, ¿por qué le dio a esta chica de Kansas por surcar los cielos en lugar de seguir el camino de baldosas amarillas? – No he podido reprimir el guiño a El Mago de Oz –. Pues porque, durante la Primera Guerra Mundial, sirvió como enfermera voluntaria en Canadá, atendiendo a los pilotos heridos. Así, conoció la fuerza aérea británica y quedó maravillada y mordida por el gusanillo de la aviación (6). En 1920 vivió su primera experiencia aérea (7). Quedó tan fascinada que, en seguida, se puso a tomar clases de vuelo, a manos de otra mujer, también pionera de la aviación. Su madre, aunque no estaba muy convencida de aquello, porque no es que fuese «muy femenino» – ya sabéis, las imposiciones de género, que siempre dan por saco –, le ayudó pagándole las clases (8). Y, solo un año después, compró un biplano usado (9).

 Neta Snook profesora de vuelo de Earhart

¡Vuelta alto, pajarillo!

En 1922 se compró su primer aeroplano (El Canario), con el que logró su primer récord de altitud (10). Un año después, en 1923, se convirtió en la decimosexta mujer del mundo en recibir la licencia de piloto. Y, además de compaginar su pasión por el vuelo con la fotografía, en 1925 también se dedicó al trabajo social, en Boston, enseñando inglés a inmigrantes. Trabajo que amaba, pero que no le daba para comer. Mucho menos, para volar: hasta tuvo que vender su avión. Pero Amelia no iba a rendirse; en sus propias palabras: «Prefiero ser pobre y volar que tener más y hacer otra cosa» (11). Y, a pesar de todos los inconvenientes, en 1927, se unió a la Asociación Aeronáutica Internacional. Así, la empezaron a reconocer como uno de los mejores pilotos de Estados Unidos (12).

amelia earhart biografía

Amelia Earhart Vs patriarcado

Pero, en 1928, cuando se aventuró a realizar su primer vuelo transatlántico, le tocó hacerlo como pasajera, no como piloto. ¿Por qué, si era una aviadora de primera? Pues porque era una mujer, queridas mías. Y se ve que para los señoros de la época volar transatlánticamente era demasiado para una pobre damisela. Mejor llevarla de paquete, no se fuese a marear… (13). ¿De verdad esperábais que a Amelia se lo hubiesen puesto fácil? Pues no, el machismo siempre asoma la patita. De hecho, ciertos columnistas que se hicieron eco del vuelo la reducen a un simple estereotipo femenino desafortunado. E incluso llegan a tacharla de ser un animal oscuro, que solo puede ser un inconveniente en un vuelo (14).

Aun así, este viajecito le valió para ser la primera mujer que cruzó el Atlántico y Amelia Earhart se convirtió en un auténtico icono (15). También le valió para enamorarse; al afortunado le costó bastante convencerla para casarse, pues la institución del matrimonio no iba mucho con Amelia. Finalmente, tragó y se casó en 1931. Pero, eso sí, ataviada con un traje marrón; nada de ir de princesa ni de cuentos de hadas (16). Es más, la misma mañana del bodorrio, escribió a su prometido:

De nuevo, debes saber mi reticencia a casarme, mi sensación de que renuncio a oportunidades en un trabajo que lo significa todo para mí… (…) Por favor, no interfiramos en el trabajo ni el ocio del otro (…). En este vínculo, necesitaré algún lugar al que pueda ir sola, de vez en cuando, ya que no puedo garantizar soportar todo el tiempo el confinamiento de una jaula atractiva (17).

¡Pura fantasía, no me lo podéis negar!

La fama de Amelia…

Y vaya si conservó su propio espacio. Nuestra Dorothy siguió volando y utilizó su fama para reivindicar la incorporación de la mujer al campo de la aviación. Entre discursos y comités, fundó una organización para mujeres piloto (The Ninety-Nines), la nombraron comandante honoraria del Servicio Aéreo de los Estados Unidos y le otorgaron un par de alas de plata (18).

¿Queréis más? ¿Hablamos de logros? Fue la primera mujer que sobrevoló sola Estados Unidos, de este a oeste. Además, a principios de la década de los ’30, batió siete récords, tanto en velocidad como en distancia. En esta época, fue cuando escribió la autobiografía de la que os hablé al principio. ¿El motivo de escribir el libro? Haber realizado, esta vez ella solita, su segunda travesía transatlántica, en 1932 (19).

Mientras Lindbergh cruzó el Atlántico para demostrar que se podía hacer, Earhart lo cruzó para demostrar que las mujeres eran igualmente capaces (20).

Sin embargo Amelia se topó de bruces con la cultura patriarcal: mientras que Lindbergh se convirtió automáticamente en un ejemplo, en un pionero, en prácticamente un Dios, a Amelia había quienes la seguían viendo volar y lo tomaban como algo irrelevanteEscribía también, sí, ¡pero por pura vanidad! – Que digo yo, que una señora que escribió tres autobiografías, poemas, cuentos y artículos varios, al menos, un respeto se merecía – (21).

Y así llegamos a 1935, cuando Amelia Earhart fue la primera piloto en completar con éxito una durísima travesía en el Pacífico (voló sola de California a Hawái), y logró volar sin hacer escala entre México y Nueva York en poco más de catorce horas, fijando un nuevo récord de velocidad. Por ello, la galardonaron con la Cruz Distinguida de Vuelo, en el Congreso de Estados Unidos (22).

Y la tragedia

Sin embargo, si por algo es recordada es porque, mientras llevaba a cabo la mayor de sus aventurillas aéreas – convertirse en la primera persona que dio la vuelta al mundo por el Ecuador, que no es poco, en 1937 –, desapareció sin dejar rastro (23). Y ya sabéis lo que nos pone a los humanos una desaparición. Se nos enciende el piloto automático del misterio y nos volvemos loquísimos fabulando. A veces, incluso pasando por alto las proezas de la protagonista en cuestión y faltándole el respeto a su memoria. Ya os contaré cierta teoría que ha corrido, que hace que se me abran las carnes. En cualquier caso, la desaparición de Amelia sigue siendo un misterio sin resolver, aunque contemos con algunas hipótesis bastante aceptables (24).

Amelia en la ficción

Como supondréis, el mundo del celuloide también ha sucumbido ante Amelia Earhart y su misteriosa desaparición (25). En American Horror Story: Double Feature podéis disfrutar de la «versión» que nos ofrece Murphy. Además, la interpretación de Lily Rabe es exquisita. No os la perdáis, es de las mejores temporadas de la serie.

La desaparición de Amelia Earhart

En 1937, a Amelia se le ocurrió realizar otra hazaña memorable: dar la vuelta al mundo siguiendo la línea del Ecuador, un itinerario distinto al habitual, a bordo de su, ya emblemática, Electra 10-E (un bimotor Lockheed) (26). Partió desde Miami hasta Sudamérica y, después, continuó hasta África y las Indias Orientales (27). En 30 días había completado unos 35.000Km, más de dos tercios del total de su ambicioso objetivo (28). Pero lo que ella no sabía es que este sería su último viaje, y por el que siempre sería recordada (y buscada).

El 2 de julio, cuando volaba la penúltima etapa de su travesía, que comprendía desde Lae (Nueva Guinea) hasta la Isla Howland (a medio camino entre Australia y Hawái, en el Océano Pacífico), Amelia y su copiloto (Fred Noonan) desaparecieron en medio de un fuerte temporal (29). La última vez que Amelia contactó por radio, se comunicó con un guardacostas estadounidense del buque patrullero Itasca, que se encontraba en la Isla Howland para cubrir a Amelia. Pero la comunicación era mala y se cortaba. Aun así, Amelia Earhart informó de que se estaba quedando sin combustible y de que, aunque debía estar cerca de la isla, aún no la divisaba. Después, llegó el silencio (30).

Amelia Earhart Fred Noonan Electra 10-E bimotor Lockheed desaparición Howland

Electra se esfumó de la faz de la tierra, abriendo paso a innumerables rastreos, investigaciones y especulaciones de lo más variopintas, con el fin de hallar alguna pista de su paradero. A día de hoy, seguimos sin saber a ciencia cierta cuáles fueron las circunstancias del accidente, en qué lugar exacto se produjo o dónde están los restos mortales de los dos tripulantes (31). Eso sí, hay teorías que van ganando peso, frente a otras que es mejor desecharlas por el W.C. y tirar de la cadena, por su falta de rigor.

Teoría oficial: Amelia Earhart se estrelló en el Pacífico

Desde el gobierno estadounidense se destinaron recursos incalculables para encontrar a Amelia. Durante dos semanas, tanto los guardacostas como la Armada estuvieron peinando la zona. Además, el marido de Amelia contrató a marineros civiles para seguir con la búsqueda, pero ni rastro de Amelia (32). Así que, oficialmente, se cerró la investigación concluyendo que, al haberse quedado sin combustible, Amelia había caído con su Electra en el Pacífico, antes de poder llegar a la Isla Howland (33).

Entre el 2002 y el 2006, una empresa que se dedica a rastrear las profundidades marinas y a la búsqueda oceánica, organizó una partida para localizar la aeronave de Amelia en los alrededores de la Isla Howland. Teniendo en cuenta los datos sobre el combustible con el que contaba Amelia, así como sus transmisiones de radio, acotaron una zona del Pacífico esperando encontrar los restos de Electra. Para ello, emplearon un sistema de sónar de lo más puntero, pero no encontraron ni rastro del avión (34). En 2009, el Waitt Institute for Discovery organizó otra búsqueda en la que se amplió la zona a rastrear. Además, se emplearon hasta robots para búsqueda en aguas profundas. Pero, de nuevo, no hallaron nada (35).

Así, aunque esta teoría es lógica y posible, y a pesar de las numerosas y sofisticadas búsquedas, no se han hallado evidencias de que Amelia se estrellase en el Océano.

Teoría conspiranoica (y descabellada): las islas Marshall

Supuestamente, Amelia y su copiloto, al perder la comunicación, se dirigieron hacia las Islas Marshall, controladas por los japoneses, quienes los tomaron por espías estadounidenses y los capturaron (36). Y se abren varias versiones: o los asesinaron, o los japoneses los capturaron y obligaron a Amelia a transmitir para los soldados americanos como la “rosa de Tokio”, durante la Segunda Guerra Mundial (37), o volvieron a Estados Unidos con identidades falsas, por cuestiones de seguridad nacional – Amelia, como Irene Craigmile; hasta cuentan que se volvió a casar, tomando el apellido de Bolam, y que falleció en 1982, en Nueva Jersey –. Esta versión asume que el vuelo de Amelia sí escondía una misión de espionaje, para hacer un reconocimiento preguerra de los japoneses, autorizada por el mismísimo presidente Roosevelt, y que el gobierno estadounidense la rescató de las Islas Marshall (38).

¿En qué se basa tanta tontería? Pues en supuestos testimonios orales de las islas y en una foto fake, más que desmentida – el History Channel y sus idas de olla – (39). Lo cierto es que, con el poco combustible que tenía Amelia, no es posible que llegase hasta las Islas Marshall (40). Conspiranoicos del mundo, dejad de molestar, porque esta teoría no tiene ni pies ni cabeza.

La teoría más probable y aceptada actualmente: la Isla de Nikumaroro

Esta teoría sostiene que Amelia hizo un aterrizaje de emergencia en la isla de Nikumaroro (o Gardner, una de las Islas Fénix, en la República de Kiribati), a 350 millas náuticas al suroeste de la Isla Howland (41). Y que ella y su copiloto habrían sobrevivido allí, como náufragos, hasta que fallecieron, pues nunca fueron rescatados (42). Esta hipótesis se basa en las últimas transmisiones de radio de Amelia. Dada la situación de Nikumaroro respecto a Howland, es factible que Amelia aterrizase allí, al no divisar su destino. Además, se recibieron 121 mensajes de radio durante los 10 días siguientes a la desaparición de Amelia, de los cuales, unos 57 podrían haberse transmitido desde la Electra (43).

amelia earhart muerte desaparición

El Grupo Internacional para la Recuperación de Aviones Históricos (TIGHAR) apoya esta hipótesis. Y afirma que al menos seis de esos mensajes pueden situarse en las Islas Fénix – a través de los datos que ofrecen las estaciones inalámbricas de radio – (44). Se decantan por Nikumaroro, porque en aquella época la marea allí fue especialmente baja, lo que le habría permitido hacer un buen aterrizaje a Amelia (45). En las doce exploraciones que han realizado en la isla, han hallado varias evidencias, como la placa metálica de un avión, una cremallera y botones de una chaqueta de aviador, diversos recipientes de cristal de los años ’30, así como restos de fogatas y de animales, que indicarían que alguien se habría alimentado allí, y por la forma en que lo hicieron (no comieron las cabezas del pescado), probablemente, no eran isleños del Pacífico (46).

El posible campamento de Amelia Earhart y Fred Noonan

Además, en 1937 los británicos exploraron la isla para colonizarla y manifestaron que “parecía un campamento”. En una de las fotografías que tomaron, puede verse un objeto que, según el TIGHAR, podría ser el tren de aterrizaje de la Electra (47). Un año después, los colonizadores informaron del hallazgo de fragmentos de aeronaves (48). Y, en 1940, se descubrieron 13 fragmentos de huesos, enterrados cerca de los restos de una fogata – que se llevaron a analizar a Fiji y se perdieron, tras ser medidos –, restos de dos pares de zapatos (de hombre y de mujer) y la caja de un sextante (un instrumento de navegación) (49).

El TIGHAR estudió las medidas que se tomaron de los huesos y determinó que podrían pertenecer a una mujer de la complexión física de Amelia (50). Además, los restos óseos determinaban que esa mujer tenía los antebrazos más largos de lo habitual, característica física que poseía Amelia (51).

Pero no dejan de ser hipótesis, pues falta material óseo con el que poder trabajar. Además, en su día, los exámenes que se realizaron determinaron que los huesos pertenecían a un hombre fornido – conclusión que también es discutible – (52).

El último análisis forense que se ha realizado, en 2018, sobre las medidas de los huesos que se conservaron, llevado a cabo por Richard Jantz (antropólogo forense de la Universidad de Tennessee), vuelve a confirmar que esos restos óseos pertenecen a Amelia Earhart (53).

Las últimas pistas sobre Amelia Earhart

En la última expedición del TIGHAR, en 2017 (para conmemorar el 80 aniversario de la desaparición de Amelia), patrocinada por la National Geographic Society, para el rastreo de la isla, se emplearon cuatro perros – border collies – especializados en localizar restos humanos antiguos y a gran profundidad. Para realizar la búsqueda, acotaron la zona en la que se descubrieron los huesos en 1940 – llamada Seven Site –, y llevaron a los perros a olfatear. Los cuatros marcaron el mismo arbusto: había restos humanos allí (54).

Sin embargo, los arqueólogos no consiguieron desenterrar ningún hueso – posiblemente, se habrían descompuesto –. Así que enviaron muestras de la tierra al laboratorio, para encontrar rastros de ADN. Pero, dado el entorno tropical de la isla, las posibilidades de hallarlo eran escasas (55).

huesos de la isla Nikumaroro

La búsqueda en Nikumaroro la retomó en 2019 Robert Ballard, el explorador de la National Geographic Society que encontró el Titanic en 1985 (56). Reunió un grupo de científicos y expertos y exploraron las aguas que rodean la isla. También, de nuevo, el posible campamento de Amelia, utilizando la tecnología más puntera. Pero ni rastro del avión (57).

La última pista nos lleva hasta el Museo y Centro Cultural de Te Umwanibong en Tarawa, Kiribati. Allí, supuestamente, fueron a parar fragmentos de cráneo de los huesos que se encontraron en 1940 y después se perdieron. Actualmente, se está investigando y analizando el ADN (58).

Así, a pesar de los diversos indicios de que Amelia Earhart y su copiloto fueron a parar a Nikumaroro, aún no contamos con ninguna evidencia irrefutable que resuelva por fin el enigma. Tendremos que esperar a saber si esos restos óseos nos ofrecen nuevas pistas, o si son un nuevo callejón sin salida.

Réquiem por Amelia

Lleguemos a saber o no qué narices le ocurrió a Amelia Earhart, dónde exactamente fue a parar o cómo murió, lo cierto es que poco importa si lo comparamos con su legado. Atrevida, ambiciosa, aventurera, valiente, independiente y enfrentándose a los roles y estereotipos de género, nos dio una lección de vida: nos enseñó que no debemos permitir que jamás nadie nos diga qué podemos o no hacer, por el hecho de ser mujeres. Y en cuanto a su último vuelo, ni siquiera lo deberíamos tomar como una tragedia, si atendemos a las palabras de la propia Amelia: «La aventura vale la pena en sí misma» (59). Desde luego que sí, Amelia, la aventura que fue tu vida valió la pena.

Earhart pretendía que sus espectaculares vuelos fueran su legado para las mujeres y la aviación (…) Earhart tenía un “deseo insaciable de llevar a las mujeres al aire y, una vez en el aire, tener el reconocimiento que sentía que se merecían” (60).

Antes de emprender el fatídico vuelo, Amelia dejó una carta a su marido y le pidió expresamente que se la abriese, si es que no sobrevivía, pues era plenamente consciente del peligro que suponía su vuelta al mundo. En ella, expresa su esperanza de que su vuelo sirviese como inspiración a otras mujeres (61). Y con ello nos quedaremos, querida Amelia, aunque para los señoros de la época tu accidente fuese una prueba irrefutable de que el lugar de la mujer estaba en el hogar, y no en el aire (62). Tú les demostraste que las mujeres no tenemos porque vivir limitadas (63).



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Nació el 24 de julio de 1897, en Atchison, Kansas. Karbo, 2018, p. 214. Karbo, 2019. Mettenburg, 2003, p. 9. Otros autores sitúan su nacimiento en 1898: Gavaldà, 2019, González Calderón, 2017, p. 355.

(2) Bix, 2010, p. 40. Gavaldà, 2019. González Calderón, 2017, p. 355.

(3) Karbo, 2019. En The Fun Of It (Earhart, 1977): “Tejiendo una crítica de la tradición a lo largo del libro, Earhart delinea prácticas sociales injustas que mantienen a las mujeres en segundo plano: las mujeres pagan lo mismo por las lecciones de vuelo que los hombres, aunque ganan menos; la mejor instrucción de vuelo del país, ofrecida por el Ejército y la Marina, está cerrada a las mujeres; las escuelas comerciales desalientan a las mujeres candidatas; la cabina en sí es un espacio físicamente desafiante para las mujeres, ya que los aviones están diseñados para cuerpos más grandes y presumiblemente masculinos”. Turner, 2011, p. 21. “(…) el número total de mujeres empleadas [en aviación] es muy pequeño. Su proporción con respecto a los hombres según una encuesta de la Oficina del Trabajo es de una a cuarenta y cuatro. Algunas empresas no emplean a mujeres en absoluto y, en las que sí lo hacen, a menudo se les paga solo la mitad que a los hombres”. Earhart, 1977, p. 140. “Las primeras mujeres piloto hablaron y escribieron sobre cómo disfrutar de la libertad en el aire, volar con pájaros y poner a prueba sus logros personales. Sin embargo, la verdad es que el aire no estaba libre; las mujeres lucharon simplemente por tener acceso. La marginación limitó su acceso a los últimos aviones, costosas lecciones de vuelo y otros recursos. Muchas se vieron obligadas a justificar su deseo de huir contra las continuas dudas, el ridículo, la presión y la abierta hostilidad”. Bix, 2010, p. 40. Amelia Earhart escribió tres libros sobre su carrera como piloto: 20 Hrs. 40 min. (1929), The Fun of It (1932) y Last Flight (1937). Morris, 2006, p. 3.

(4) “La vida hogareña de Amelia era complicada. Su padre, Edwin, era alcohólico. Abogado prometedor, no tuvo problemas para conseguir trabajos, pero al parecer nunca pudo mantenerlos. Su madre, Amy (también Amelia), provenía de una prominente familia Atchison; El padre de Amy fue un ex juez federal y presidente de un banco. Vivía en un constante estado de decepción y furia de bajo grado porque la vida matrimonial la había dejado luchando por dinero y prestigio. La familia se mudó a medida que sus fortunas subían y bajaban y caían: Des Moines, St. Paul, Chicago. Amelia y su hermana estuvieron estacionadas en la casa de sus abuelos durante largos períodos de tiempo mientras sus padres intentaban arreglar las cosas”. Karbo, 2018, p. 215. Karbo, 2019. “Amelia tuvo una infancia feliz y llena de comodidades. Sus primeros años de vida transcurrieron en Atchison, su localidad natal, donde estuvo al cuidado de sus abuelos maternos (González Calderón, 2017, p. 355; Mettenburg, 2003, p. 9). Pero la errática vida laboral de su padre, que cayó en el alcoholismo tras perder varios empleos, los viajes constantes de la familia y la consiguiente inseguridad económica provocaron que al final su madre lo abandonara y partiera rumbo a Chicago acompañada de Amelia y su hermana Muriel”. Gavaldà, 2019.

(5) González Calderón, 2017, p. 355. Karbo, 2019. Karbo, 2018, p. 216.

(6) Gavaldà, 2019. González Calderón, 2017, p. 355

(7) Karbo, 2019. “En 1920, en un espectáculo aéreo en el sur de California, el piloto Frank Hawks ofrecía vuelos de 10 minutos por 10 dólares”. Karbo, 2018, p. 214. “Quedó tan entusiasmada que en ese mismo instante decidió aprender a volar”. Gavaldà, 2019. “Después de ese vuelo, dijo: ‘Tan pronto como despegamos del suelo, yo sabía que yo tenía que volar’”. González Calderón, 2017, p. 355.

(8) González Calderón, 2017, p. 355. Mettenburg, 2003, p. 10. Su primera instructora de vuelo fue Anita «Neta» Snook (“considerada pionera de la aviación femenina”; Gavaldà, 2019); “Su madre – agradecida, supongo, porque su hija hubiera encontrado una válvula de escape para su naturaleza inquieta y poco femenina – la ayudó pagando sus primeras clases”. Karbo, 2019. Karbo, 2018, pp. 216-217. “Mi familia se opuso enérgicamente a que volara porque pensaban que no podría vivir de esa manera”. Earhart, 1977, p. 151.

(9) Mettenburg, 2003, p. 10. En el verano de 1921, un biplano Kinner Airster usado. Karbo, 2018, p. 214

(10) “A finales de 1922, (…) consiguió su primer récord de altitud al volar a 14.000 pies (4.267 metros) de altura”. Gavaldà, 2019.

(11) Gavaldà, 2019. Karbo, 2018, p. 214. Karbo, 2019. “Como actividad secundaria, eligió por la fotografía y se interesó por capturar cubos de basura. (…) en 1925, (…), descubrió el trabajo social. Los denominados centros sociales, donde se ayudaba a nuevos inmigrantes en la transición de extranjeros pobres y asustados a estadounidenses respetables de clase media, se consideraban vanguardistas. (…) Amelia fue contratada en Denison House, en Boston. Amaba su trabajo, pero no ganaba mucho; se quedó sin dinero y se vio obligada a vender su avión”. Karbo, 2019. “Earhart, trabajaba como trabajadora social en Boston enseñando inglés a niños inmigrantes y volando cuando podía pagarlo”. Turner, 2011, p. 17. Cita de Amelia en: Earhart, 1977, p. 151.

(12) Gavaldà, 2019.

(13) Bix, 2010, p. 40. Fue el 17 de junio de 1928. Karbo, 2019. “Un publicista de Nueva York llamado George Putnam estaba tratando de encontrar a una mujer que fuera la primera en viajar en un aeroplano sobre el Atlántico (Turner, 2011, p. 16) (…) George creyó que Amelia Erhart era perfecta, y ella ansiaba ir. (…) Amelia fue sólo una pasajera en ese vuelo de 1928. Ella se refería a sí misma como ‘una bolsa de papas’, porque sentía que no tenía ningún propósito allí”. Mettenburg, 2003, pp. 11-13. «Amelia recibió la oferta de formar parte de la tripulación junto con el piloto Wilmer Stultz y el mecánico Louis Gordon (…) A bordo de un Fokker FVII bautizado con el nombre de Friendship«. Gavaldà, 2019. “Se suponía que un vuelo transatlántico era demasiado estresante y aterrador para un miembro del sexo débil”. Karbo, 2018, p. 212. “Aunque Earhart es una piloto perfectamente capaz, los dos hombres comparten todas las tareas de vuelo, mientras que Earhart, en su mayor parte, se acurruca en el piso de Friendship entre los tanques de gasolina. Debido a su papel de pasajera, Earhart carece de control del avión y, por lo tanto, carece de acceso a una narrativa masculina de conquista. Puede que se ponga un traje de vuelo de hombre, pero no puede tomar decisiones importantes sobre el vuelo. Su papel como participante pasiva hace que Earhart parezca menos heroica que los hombres, a pesar de que un vuelo transatlántico en 1928 era extremadamente arriesgado”. Turner, 2011, pp. 17-18.

(14) Turner, 2011, pp. 19-20.

(15) “Su vida nunca sería la misma. La primera mujer en cruzar el Atlántico (González Calderón, 2017, p. 355) fue titular en todo el mundo”. Mettenburg, 2003, p. 13. » Amelia se convirtió en una celebridad (…) se había convertido en una sensación que rivalizaba con las estrellas de Hollywood”. Gavaldà, 2019. “Cuando regresó a Nueva York, se celebró en su honor un desfile con confeti. Tras él, se había contratado una limusina para llevarla a otra aparición pública”. Karbo, 2019. “Earhart se convirtió en una figura nacional muy conocida”. Turner, 2011, p. 20.

(16) Nos referimos a George Palmer Putnam – ver (13) –. Karbo, 2019. Karbo, 2018, pp. 218-219. “Con la ayuda de Putnam, todos los vuelos de Earhart serían financiados, publicitados y publicados adecuadamente”. Turner, 2011, p. 17.

(17) Karbo, 2019. Karbo, 2018, p. 220. “En 1931, Earhart y Putnam se casaron (Morris, 2006, p. 3), con la condición de Earhart de que se separarían después de un año si no encontraban la felicidad juntos”. Turner, 2011, p. 17.

(18) “Amelia realizó varios vuelos como el que la llevó de Los Ángeles (California) a Newark (Nueva Jersey). Aprovechando su popularidad, Amelia promovió asimismo el uso comercial de la aviación y defendió la incorporación de las mujeres a este nuevo campo profesional”. Gavaldà, 2019. “A principios de los años 30, se dedicó a defender a las mujeres en la aviación (en una ocasión, dio 13 discursos en 12 días), trabajó en comités, dio más discursos (Mettenburg, 2003, p. 13), trabajó en más comités, escribió cartas en nombre de esto, aquello y el resto de las cosas relacionadas con la aeronáutica. Fundó The Ninety-Nines, una organización de mujeres piloto, y su propia línea de ropa. La nombraron comandante honoraria del Servicio Aéreo de los Estados Unidos y le otorgaron un par de alas de plata, que solía llevar con sus perlas. Trabó amistad con Eleanor Roosevelt”. Karbo, 2019. “Defensora incansable de las mujeres en la aviación, Earhart fue la primera mujer piloto en escribir sobre sus aventuras para una audiencia masiva”. Su autobiografía The Fun Of It (la segunda que escribió: Earhart, 1977) – ver (3) y (19) – muestra “que ella es más política, más en sintonía con (y más frustrada por) los prejuicios que relegan a las mujeres a puestos de secretaría o manufactura dentro de la aviación”. Turner, 2011, pp. 16 y 21.

(19) Karbo, 2018, pp. 214-215. Karbo, 2019. “En 1932, pilotó un vuelo transatlántico en solitario”. Bix, 2010, p. 40. “Cuando Earhart terminó su segunda autobiografía, The Fun of It (Earhart, 1977) – ver (3) –, se había ganado un lugar en la historia junto a los célebres pilotos masculinos de su tiempo. Su exitosa travesía transatlántica en solitario la convirtió en la única persona desde Lindbergh en cruzar el Atlántico sola”. Turner, 2011, p. 21. En dicha autobiografía, Amelia también aprovecha para hacer un repaso a la Historia de las Mujeres en la Aviación: Earhart, 1977, pp. 140-208. Para leer su experiencia volando el Atlántico sola: Earhart, 1977, pp. 209-218. Con este vuelo, se convirtió en la primera persona en cruzar el Atlántico en aeroplano dos veces. Mettenburg, 2003, p. 4.

(20) Turner, 2011, p. 26.

(21) “A pesar de su trabajo en la aviación, hubo quienes la vieron volar y escribir como algo irrelevante. Después de su muerte, Charles Gray, fundador y editor de la revista The Airplane, argumentó que Earhart ‘nunca había hecho nada para promover la causa de la aviación’. Además, la acusó de escribir por ‘vanidad y auto publicidad’”. Turner, 2011, p. 27. Amelia Earhart, además de las tres autobiografías que escribió sobre sus experiencias aéreas – ver (3) –, “escribió capítulos e introducciones para varios libros infantiles y artículos sobre aviación para numerosas revistas y periódicos como el New York Times y el New York Herald-Tribune. Incluso sirvió un breve período como editora de aviación para la revista Cosmopolitan, escribiendo artículos y respondiendo las preguntas de los lectores sobre vuelos (…) Además (…) escribió numerosos poemas y borradores de cuentos”. Morris, 2006, p. 3.

(22) Gavaldà, 2019. González Calderón, 2017, p. 355. Karbo, 2018, p. 215.

(23) Karbo, 2018, p. 215. Karbo, 2019. Mettenburg, 2003, p. 6. Turner, 2011, p. 16. “Para cuando tenía 39 años, Amelia había hecho todos los vuelos principales que se podían hacer, excepto uno. (…) El gran desafío restante era volar alrededor del mundo”. Mettenburg, 2003, p. 14.

(24) “La desaparición de Amelia Earhart y de su experto copiloto fue motivo de numerosas especulaciones, pero aún se desconocen las circunstancias del accidente y el lugar exacto donde se produjo”. Gavaldà, 2019. González Calderón, 2017, p. 355. “Nadie ha podido encontrarles todavía”. Greshko, 2017a.

(25) Amelia Earhart cuenta con su propio biopic (Amelia, 2009), protagonizado por Hilary Swank (Bix, 2010, p. 41; Gavaldà, 2019; Hancock, 2009, p. 19). También tenemos Amelia Earhart: The Final Flight (1994), protagonizado por Diane Keaton. Además, aparece en el primer episodio de la temporada dos de Star Trek: Voyager, donde, igual que hace Murphy en AHS, nos cuenta que tanto Amelia Earhart como su copiloto, Fred Noonan, fueron abducidos. Esta versión no solo es cosa del mundo del celuloide. Sí, también hay Conspiranoicos que defienden que Amelia Earhart fue abdudica por extraterrestres. Swami y Furnham, 2012, p. 245.

(26) Gavaldà, 2019. González Calderón, 2017, p. 355. Karbo, 2019. “El 21 de mayo de 1937, despegó con su navegante, Fred Noonan (su copiloto; Swami y Furnham, 2012, p. 245). Fueron desde Oakland en California hasta Miami en Florida en un nuevo Electra de Lockheed plateado (“El Electra efectuó el primer vuelo de la historia entre el mar Rojo y Karachi, en Pakistán”; Forssmann, 2016). Era el primer tramo de su vuelo alrededor del mundo”. Mettenburg, 2003, p. 15.

(27) Mettenburg, 2003, p. 16. “Despegó con el piloto Fred Noonan el 20 de mayo de 1937 desde Oakland, California, en dirección este. Cruzó Estados Unidos, bajó por la costa este de América Central y del Sur, cruzó el Atlántico, África, el límite meridional de Arabia, la India. Amelia y Noonan llegaron a Lae, Nueva Guinea, el 29 de junio”. Karbo, 2019. El 1 de junio, voló desde Miami «hasta San Juan de Puerto Rico, y desde allí volaron a Caripito, al este de Venezuela, siguiendo hacía África y el mar Rojo. Entonces emprendieron un vuelo inédito en la historia de la aviación: se dirigieron a Karachi, la capital de Pakistán, y el 17 de junio pusieron rumbo a Calcuta. Posteriormente su destinos fueron Rangún, Bangkok, Singapur y Bandung, en Java occidental (las Indias Orientales; González Calderón, 2017, p. 355)». Gavaldà, 2019.

(28) Gavaldà, 2019. González Calderón, 2017, p. 355. “La única manga que quedaba eran 11.200 kilómetros a través del Pacífico. Despegaron el 2 de julio hacia la isla de Howland, con el Lockheed Electra lleno de combustible para llegar a su próxima escala en su vuelo alrededor del mundo”. Karbo, 2019.

(29) Cross y Wright, 2015, p. 52. Gavaldà, 2019. Forssmann, 2016. González Calderón, 2017, p. 355. Karbo, 2019. Swami y Furnham, 2012, p. 245.

(30) González Calderón, 2017, p. 356. Greshko, 2017a. Karbo, 2019. Mettenburg, 2003, p. 18. Swami y Furnham, 2012, p. 245. “El factor principal involucrado en la desaparición de Earhart y Noonan tiene que ver con el problema crucial de la comunicación”. Hancock, 2009, pp. 20-22.

(31) Gavaldà, 2019. González Calderón, 2017, p. 355. “El avión desapareció sin dejar rastro y el suceso alimentó todo tipo de teorías”. Forssmann, 2016.

(32) González Calderón, 2017, p. 356. Greshko, 2017a. Hancock, 2009, p. 22. Mettenburg, 2003, p. 19.

(33) Gavaldà, 2019. González Calderón, 2017, p. 356. Greshko, 2017a. Greshko, 2017b. Mettenburg, 2003, p. 19. “La búsqueda oficial fue cancelada el 19 de julio de 1937, y aunque el esposo de Earhart inició sus propios esfuerzos, nunca se ha encontrado ninguna evidencia irrefutable y concreta de ninguno de los aviadores”. Hancock, 2009, p. 23.

(34) Nauticos, una empresa de Hanover (Maryland). Greshko, 2017a.

(35) Greshko, 2017a.

(36) Greshko, 2017a. Hartigan, 2017b. Karbo, 2019. Swami y Furnham, 2012, p. 245.

(37) González Calderón, 2017, p. 356. Greshko, 2017a.

(38) González Calderón, 2017, p. 356. Greshko, 2017a. Karbo, 2019. Swami y Furnham, 2012, p. 245.

(39) Greshko, 2017a. En un documental del Canal Historia, de 2017, aseguraban haber encontrado una fotografía que “era la prueba perdida que podía resolver el misterio de la desaparición de Amelia Earhart. Sin embargo, la imagen habría sido publicada casi dos años antes de que la aviadora desapareciese en julio de 1937 (…) la fotografía fue publicada en un diario de viaje de 1935 en japonés acerca de las islas del Pacífico sur (…) los Archivos Nacionales de Estados Unidos han señalado que la fotografía empleada por los directores del documental no está fechada (…) Tom King, arqueólogo jefe de TIGHAR, el grupo que investiga la posibilidad de que Earhart realizase un aterrizaje de emergencia en Nikumaroro, afirma que ha sabido de esa fotografía durante años y que nunca le ha parecido una prueba seria”. Greshko, 2017b.

(40) Greshko, 2017a.

(41) González Calderón, 2017, p. 356. Greshko, 2017a. Greshko, 2017b. Karbo, 2019. Hancock, 2009, p. 23. “Nikumaroro es un arrecife de coral que se encuentra sobre un volcán hundido, un estrecho anillo de terreno en torno a una laguna. La isla, que solo tiene 7,2 kilómetros de largo y 2,4 de ancho”. Hartigan, 2017b.

(42) Forssmann, 2016. Gavaldà, 2019.

(43) Greshko, 2017a. Hartigan, 2017b. Hartigan, 2018.

(44) González Calderón, 2017, p. 356. Hancock, 2009, p. 22. Hartigan, 2017a. Hartigan, 2018.

(45) Greshko, 2017a. Hartigan, 2017b.

(46) Greshko, 2017a. Greshko, 2017b. Hartigan, 2017b.

(47) Greshko, 2017a. Hartigan, 2017b.

(48) Greshko, 2017a.

(49) Forssmann, 2016. Greshko, 2017a. Hartigan, 2017b. “En 1940, un oficial británico visitó el lugar e informó de que había encontrado huesos humanos bajo un arbusto del género Tournefortia”. Hartigan, 2017a. Entre los huesos se encontraban un cráneo, “un húmero, radio, tibia, peroné y ambos fémures. Los huesos aparentemente estaban completos, pero habían experimentado alguna modificación tafonómica. También se encontraron parte de un zapato, que se consideró que era de mujer; una caja de sextante, diseñada para llevar un Sextante de Topografía Brandis Navy fabricado alrededor de 1918; y una botella benedictina”. Jantz, 2018, p. 1.

(50) Greshko, 2017a. Hartigan, 2017b. “Los restos mortales se perdieron y el incidente quedó relegado, hasta que la fundación TIGHAR descubrió los archivos originales británicos en 1998, que incluían las mediciones que se realizaron entonces al esqueleto. Una segunda opinión médica constató que los huesos eran ‘compatibles con los de una mujer de la misma altura y origen étnico que Earhart’”. Forssmann, 2016.

(51) Forssmann, 2016.

(52) “Algunos han descartado sumariamente estos huesos como restos de Amelia Earhart porque fueron evaluados como pertenecientes a un varón por el Dr. DW Hoodless, director de la Escuela de Medicina Central, Fiji, en 1940. (…) Cross y Wright (2015), (…) sostienen que los métodos de Hoodless eran sólidos y, por lo tanto, su estimación del sexo probablemente era correcta (“El análisis más sólido de los huesos de Nikumaroro indica que lo más probable es que el individuo fuera un hombre fornido, no Amelia Earhart”; Cross y Wright, 2015, p. 58) (…) Cuando Hoodless realizó su análisis, la osteología forense aún no era una disciplina bien desarrollada. La evaluación de sus métodos con referencia a datos y métodos modernos sugiere que eran inadecuados (…). Por lo tanto, no se puede suponer que su evaluación sexual de los huesos de Nikumaroro fuese correcta”. “No es suficiente decir simplemente que los restos son probablemente los de un macho rechoncho sin especificar quién podría haber sido este macho rechoncho”. Jantz, 2018, pp. 1 y 14.

(53) Forssmann, 2016. Hartigan, 2018. “Para abordar la cuestión de si los huesos de Nikumaroro coinciden con las estimaciones de las longitudes de los huesos de Amelia Earhart, comparo las longitudes de los huesos de Earhart con los huesos de Nikumaroro utilizando la distancia de Mahalanobis. Este análisis revela que Earhart es más similar a los huesos de Nikumaroro que el 99% de los individuos en una muestra de referencia grande. Esto apoya firmemente la conclusión de que los huesos de Nikumaroro pertenecían a Amelia Earhart”. “Desde una perspectiva forense, el escenario más parsimonioso es que los huesos son los de Amelia Earhart. Se sabía que había estado en el área de la isla Nikumaroro, desapareció y se descubrieron restos humanos que son completamente compatibles con ella e incompatibles con la mayoría de las otras personas. (…) Hasta que no se presente evidencia definitiva de que los restos no son los de Amelia Earhart, el argumento más convincente es que son de ella”. Jantz, 2018, pp. 1 y 14.

(54) Greshko, 2017a. Greshko, 2017b. Hartigan, 2017a. Hartigan, 2017b. Hartigan, 2018.

(55) Hartigan, 2017a.

(56) Greshko, 2017a. Hartigan, 2019a. Hartigan, 2019b. Karbo, 2019. Redacción National Geographic, 2019.

(57) Hartigan, 2019a. Hartigan, 2019b. Redacción National Geographic, 2019.

(58) “En 1940, un administrador colonial halló huesos —entre ellos un cráneo— en Nikumaroro y los envió a Fiji, donde se perdieron. Entonces, se especuló que los huesos pertenecían a Earhart. Un equipo terrestre dirigido por Fredrik Hiebert, arqueólogo de la National Geographic Society,  podría haber hallado fragmentos del cráneo en el Museo y Centro Cultural de Te Umwanibong en Tarawa, Kiribati. Según Erin Kimmerle, antropóloga forense de la Universidad de Florida del Sur, el cráneo pertenecía a una mujer adulta. «No sabemos si es suyo o no, pero todas las vías de investigación apuntan a que los huesos de 1940 se encuentran en este museo», afirma. Tendrán más información cuando hayan reconstruido y analizado el ADN del cráneo, algo que debería de ocurrir en los próximos meses”. Hartigan, 2019b.

(59) Karbo, 2019.

(60) Turner, 2011, p. 27.

(61) “Por favor, sepa que soy bastante consciente de los peligros. Quiero hacerlo porque quiero hacerlo. Las mujeres deben intentar hacer las cosas como lo han hecho los hombres. Cuando fracasan, su fracaso no debe ser más que un desafío para los demás”. Turner, 2011, pp. 27-28.

(62) Turner, 2011, p. 28. “Las concepciones sociales de los roles de género inevitablemente han jugado un papel importante en la historia de la tecnología estadounidense. Desde la primera aparición de los automóviles, una de las asombrosas nuevas tecnologías de principios del siglo XX, los críticos bromeaban sobre la incompetencia de las mujeres al volante. (…) Nuestra comprensión de la tecnología actual permanece sombreada por el género (…) De hecho, la ingeniería ha sido históricamente una ocupación masculina (y blanca), vinculada a un trabajo de campo tosco y una retórica machista sobre la conquista de la naturaleza. Una de las áreas más ricas para investigar las conexiones entre género, raza y tecnología es la historia de la aviación”. Bix, 2010, p. 39.

(63) “Demostró a todos que las mujeres no tienen que vivir con límites. (…) Cambió el mundo. Ella fue una leyenda”. Mettenburg, 2003, p. 21.


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Estudiante de filosofía y escritora. Mis áreas de mayor interés - como comprobaréis si me leéis - son la Historia de la Mujer, la Historia de las Religiones, la Filosofía Política y la Antropología. Como buena cinéfila y melómana, me encanta practicar la miscelánea cuando escribo (llamadme friki). Amante de los animales, defensora del medio ambiente, y de firmes posiciones feministas y marxistas.