España y América, una relación más tensa que los pantalones de Falete

España y América, una relación más tensa que los pantalones de Falete
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En el presente artículo vamos a tratar de acercarnos al americanismo, no sólo como ciencia social sino también como elemento de unión entre dos entes políticos separados por el proceso de independencia que ocurrió a principios del siglo XIX entre España y sus colonias. En primer lugar habría que ponerse en el pellejo de las gentes de dichas colonias, cuya representatividad política (pese a la magnitud del terreno al que representaban) era similar a la de Izquierda Unida en nuestros tiempos; es decir, muchas ideas, mucha actividad y movimiento social pero con poco eco político. Vamos, que no les hacían el menor caso.

Por entonces llegaron al gran cuero español nuestros amistosos amigos los franceses, invadiéndonos, por supuesto. Como es un tema demasiado extenso no voy a entrar a ello; sin embargo, sí diré que el vacío de poder que provocó este acontecimiento no sólo sacudió  la política y la sociedad española de la Península, sino que provocó un shock tan grande que a la postre sería el detonante de la inevitable escisión colonial.

En fin, como introducción nos sirve. A partir de entonces las luchas entre España y sus antiguas colonias fue una constante (constante fracaso para España, por supuesto) hasta el terrible y anunciado fin ocurrido en 1898. Fecha terrible para los flojos de moral, que vieron en este momento el fin de la propia España.

Pero no todos fueron así, un grupo de intelectuales españoles a los que denominaremos «proto-americanistas» se encargarían de intentar reactivar (o regenerar) las viejas relaciones políticas fracturadas desde hacía un siglo. Por ello, debemos encuadrar el americanismo dentro del Regeneracionismo español de finales del siglo XIX y principios del XX.

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Alfonso XIII dando la nota, otro rey campechano. Fuente

Este último dato es muy importante porque sin los aportes del Estado español (aunque muy insuficientes, eso sí) ambos movimientos no se habrían desarrollado. ¿El Estado español financiando proyectos humanistas? Ver para creer. Quizá la monarquía española y sus secuaces políticos tenían otras pretensiones (¿territoriales, políticas o económicas?), quién sabe; aunque habría que decir en favor de Alfonso XIII, que siempre se mostró muy cercano a los movimientos intelectuales de su época (además de a las mujeres).

El principal foco donde encontró cobijo el americanismo fue en el Ateneo de Madrid, donde Rafael María de Labra ejercería como actor principal con sus discursos, luchando con temas de moda como el «africanismo» y el «cervantismo» de principios del siglo XX. (1)

Por otro lado, el americanismo se vio favorecido por el impulso que recibieron todas las instituciones para celebrar el IV Centenario del Descubrimiento, a cuyas conmemoraciones el presidente Cánovas del Castillo invitaría a toda la flor y nata de la intelectualidad y la política latinoamericana. Sin embargo, a las celebraciones acudiría menos gente que a la despedida de solteros de Adán y Eva.

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Caricatura de la Crisis del 98. Fuente

Desde un punto de vista latinoamericano fue un rotundo fracaso, ya que la mayoría de los invitados que asistieron eran europeos.(2) A ello habría que añadir la definitiva disolución del Imperio colonial seis años después. Imagínense el drama político, institucional e intelectual del momento; llegó la «Crisis del 98». Ni los casos Gürtel y Nóos juntos.

Entonces, ¿cómo fue posible que en medio de este caos se iniciara un proceso de recuperación de las relaciones internacionales entre España y sus antiguas colonias? Hay que entender que el proceso de independencia dejó un vacío de poder en los países que lo ejercieron; similar a cuando un profesor deja a sus alumnos solos en clase. Fue un «desmadre a lo latinoamericana», más o menos.

Por ello, los países hispanoamericanos se vieron frágiles ante el expansionismo de la nación norteamericana y, al mismo tiempo, se dieron cuenta de que carecían de instrumentos políticos, educativos y legislativos para desarrollar sus propios proyectos nacionales, por lo que vieron con buenos ojos iniciar una ligera aproximación hacia España ¿curioso verdad?-. Esta aproximación no sólo se debía a que España militarmente hablando languidecía (vamos que nuestro ejército era más flojo que las cucharas de Uri Geller), sino también por el hecho de compartir idioma y cultura. 

Por este motivo y por las propias iniciativas que salían desde España, se produjo un acercamiento patrocinado desde las esferas públicas y privadas desvinculadas del americanismo que proclamaban las instituciones centrales estatales; es decir, alejadas de ese nacionalismo imperial caduco.

Ahora la ardua empresa recaía sobretodo en dos focos por encima de los demás: los proyectos económicos y comerciales de Cataluña, y el docente de la Universidad de Oviedo.

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Portada de la revista Mercurio de Rahola. Fuente

Por un lado, el canal catalán además de formar empresas y negocios también impulsó proyectos culturales como la Revista Comercial Iberoamericana Mercurio en 1901 creada por Federico Rahola y Tremols.(3) Por otro, habría que destacar las locas expediciones culturales que realizaron individuos (con un fin claramente económico eso sí) como Blasco Ibáñez, que salió escaldado de los países que visitó.

Por último y para terminar, vamos al foco ovetense que es el que nos interesa y sobre el que recayó el principal peso del americanismo. La Universidad de Oviedo, a través de la ILE (Institución Libre de Enseñanza), comenzó a realizar intercambios docentes, materiales y de alumnos. Todo ello cuajó tan bien que la institución académica ovetense llegó a financiar un viaje para uno de sus profesores (Rafael Altamira), a través de diferentes países latinoamericanos, que sirvió para estrechar las relaciones internacionales de éstos con España.

Con todo ello se inició un proceso de intercambio cultural y político que tuvo como protagonistas a los miembros de la ILE, a la Universidad de Oviedo y, sobretodo, a personajes muy relevantes de la época como Moret, Labra, Giner de los Ríos, y al propio Altamira, entre muchos otros; este último, el padre del americanismo, aunque poca gente lo conozca. Estos proyectos finalmente serían absorbidos por las instituciones gubernamentales tomando un carácter estatal y finalmente florecerían con más fuerza durante la II República. Pero ese es otro tema.


Referencias

(1) Vélez, 2007, p. 160.

(2) Bernabéu, 1987, p 22.

(3) Dalla,  2006, p. 205.

(*) Imagen de portada.


Bibliografía  

Dalla Corte, G. y Prado, G. H., 2006, “Luces y sombras de dos paradigmas del americanismo español en la renovación del diálogo hispanoamericano (1909-1912)”, Anuario de estudios americanos, 63, 2, Sevilla, 2006. Pp. 195-216.

Gil Cremades, J. J., El reformismo español. Krausismo, escuela histórica, neotomismo, Barcelona, Ariel, 1969.

Gómez Molleda, M. D., María Dolores, Los reformadores de la España contemporánea, Madrid CSIC, 1966.

Prado, G. H., “La Universidad de Oviedo, Rafael Altamira y  la JAE: Controversias en torno a la gestión de las relaciones intelectuales hispano-americanas (1909-1911)”, Revista de Indias, vol. LXVII, núm. 239, 2007.

Uría, J. (coord.), Institucionismo y reforma social en España, Madrid, Talasa, 2000.

Vélez, P., La historiografía americanista en España, 1755-1936, Madrid, Iberoamericana-Vervuert, 2007.

Daniel Guerrero

Graduado en Historia en la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Historia y Antropología de América en la misma universidad. Actualmente cursando doctorado en Historia y Arqueología. Especialista en Historia de América y las relaciones políticas e intelectuales de los países latinoamericanos y España en los siglos XIX y XX.

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