En el año 1979 Teherán quedaba colapsada por la multitud que se lanzó a las calles pidiendo la caída del régimen. Tras la toma del poder por parte de los partidarios de Jomeini, que volvió victorioso tras el asalto popular al aeropuerto internacional, la Irán del Sha se convertiría en la República Islámica que soñaba el anciano.

Pero Irán no era el único con una situación política en efervescencia: la vecina Irak se veía amenazada debido a la gran comunidad chií que veía con recelo la administración esencialmente suní de Sadam Hussein. Para el Baaz (1) esta situación no era admisible y no podían correr riesgos; debían detener el proceso de exportación que seguía a cualquier gran revolución. Para ello contactaron con el principal aliado de Irak en aquel momento: Estados Unidos.

Además del peligro revolucionario, el régimen baazista tenía pretensiones territoriales, esencialmente querían incorporar a Irak la provincia fronteriza del Juzestán, rica en petróleo. Sadam creía que podía ser tarea fácil ya que el ejército iraní había quedado muy desorganizado tras la revolución y el nuevo estado islámico estaba reformándose. Puede que este razonamiento simplista tenga su explicación en la ausencia de formación militar del líder iraquí, que no contaba con la alta moral que había adquirido el pueblo persa tras su victoria política frente al Sha.

Las hostilidades se iniciaron el día 22 de septiembre de 1980, cuando las tropas iraquíes cruzaron la frontera. Las unidades blindadas lideraron la marcha y, en un intento de copiar la Guerra Relámpago, se abalanzaron sobre las principales ciudades iraníes de la zona; estas técnicas funcionan bien a campo abierto, pero no lo hicieron contra las grandes ciudades defendidas por la Guardia Revolucionaria (2). Comenzaron entonces los grandes cercos y la parálisis del avance iraquí. Una oportunidad así no podía ser desaprovechada, así que el ejército iraní lanzó un contraataque.

Soldado de irán durante la contienda. Fuente
Soldado iraní durante la contienda. Fuente

Miles de iraníes se alistaron voluntarios para defender a la joven república; muchos de ellos eran niños. Este gran número de nuevos combatientes tenía una misión muy clara: llevar la guerra a Irak, costase lo que costase. Y así fue. Los iraquíes se habían replegado sobre la frontera y habían creado una extensa red de trincheras y fortificaciones de campo rememorando tácticas de principios de siglo; no fue inconveniente para Irán, que no dudó en lanzar a sus voluntarios sobre las trincheras con un pobre –a veces ninguno– equipo y armamento, elevando de forma exponencial el número de bajas.

Para compensar estos asaltos indiscriminados sobre sus posiciones, los iraquíes usaron armamento químico para tratar de compensar su inferioridad numérica. Aunque esta nueva amenaza no se centró solo sobre los iraníes, sino también sobre los kurdos (3) que se habían rebelado aprovechando la circunstancia; así comenzó uno de los grandes genocidios de Oriente Próximo en el siglo XX. La aviación de ambos países también contribuyó a engrosar la lista de los crímenes de guerra bombardeando las grandes ciudades y causando un gran número de bajas entre la población civil.

soldado de irán
Soldado iraní con una máscara anti-gas. Fuente

No faltaron los escándalos en esta guerra: se descubrió que Estados Unidos vendía armas a ambos bandos, rompiendo así el bloqueo sobre Irán que había impuesto la administración norteamericana; se destapó además que el dinero conseguido por la venta de armas a los iraníes se invertía en pagar al ‘Contra’, el movimiento que pretendía derrocar al gobierno sandinista en Nicaragua. Por otra parte, también se descubrió que el Ayatolá Jomeini hizo la vista gorda ante el uso de armas israelíes por parte de sus tropas.

Volviendo al campo de batalla, la guerra se había convertido en una auténtica carnicería que estaba costando una cantidad descomunal de recursos materiales y humanos a unos países que no querían rendirse. Es por eso que la ONU obligó a ambos bandos a cesar las hostilidades a través de la Resolución 598 del Consejo de Seguridad de la ONU. La guerra terminaba en 1988 sin ganancias territoriales para ninguno de los bandos. Sadam disfrazó su chapuza como una victoria gloriosa y los ayatolás fortalecieron su república con cimientos construidos sobre la sangre de los mártires. Un millón de muertos y más de dos millones de heridos fue el precio que se pagó por la locura de dos hombres: un dictador megalómano y un anciano fanático.


Referencias y bibliografía

Referencias 

(1) Baaz es el nombre por el que se conoce al partido socialista árabe por excelencia. Tuvo una gran importancia desde mediados del siglo XX; se fragmentó en dos corrientes: el Baaz sirio y el Baaz iraquí.

(2) La Guardia Revolucionaria iraní es un cuerpo militar compuesto por los hombres más fieles a los preceptos de la Revolución islámica. Son la salvaguarda para que la República no se salga del camino marcado por el Ayatolá Jomeini.

(3) Los kurdos son una etnia que se encuentra dividida entre varios países: Turquía, Siria, Irak e Irán. A día de hoy siguen tratando de alcanzar su objetivo histórico: un estado propio.


Bibliografía 

  • Pelletiere, S. C., 1992, The Iran-Irak War: Chaos in a Vacuum, Praeger Publishers, Santa Barbara.
  • Rajaee, F., 1997, Iranian Perspectives on the Iran-Iraq War. University Press of Florida, Gainesville.
  • Razoux, P., 2015, The Iran-Iraq War, Belknap Press, Harvard.

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