Teherán era puro caos y sus calles un micro-universo donde la vida se abría paso en unos momentos muy difíciles. Al frente del país se encontraba el «rey de todos los arios», el sha Pahlevi, quien desde su palacio de cristal deliraba constantemente con la grandeza de su imperio. Lo cierto es que desde el Occidente actual vemos con buenos ojos a aquel gobernante cuyos súbditos eran modernos y occidentales,  y cuya esposa no llevaba hijab (1). No es oro todo lo que reluce y el sha dista mucho de ser el gobernante moderno e idílico que creemos que fue.

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Retrato del Sha Pahlevi. Fuente

Entre la población iraní reinaba la paranoia: la gente conversaba cuidando cada una de sus palabras. El SAVAK (2) consideraba que determinadas expresiones o formas de decir las cosas constituían un delito contra el sha; cuenta Ryszard Kapuściński en su libro «El Sha o la desmesura del poder» que un anciano fue detenido en una parada de autobús por hacer un comentario respecto al calor y cómo este pudría la cabeza del pescado antes que el resto del cuerpo. Además, los libros acabaron prohibiéndose casi en su totalidad en un ataque de histeria censora del SAVAK, siendo un manual de mantenimiento de coches el único libro a la venta de forma legal en toda Persia… aunque acabó prohibiéndose tiempo después debido a que los capítulos que hablaban sobre los fallos en el motor del automóvil eran sospechosos.

Por muy surrealista que suene todo esto, no es lo único que ocurría en el Irán del sha. Pahlevi era aficionado al armamento y uno de sus mayores sueños era que el ejército iraní fuese el más poderoso de la zona. Para ello pedía por catálogo –estaba suscrito a todos ellos–  el equipo más vanguardista del mercado y, además, en grandes cantidades.  Pahlevi se fijaba en los pedidos que hacían el resto de potencias, así pues, si Alemania Federal pedía 200 tanques, él pedía 250 y si Francia pedía 40 cañones, Irán debía pedir 60. Surgió entonces un problema: los barcos de carga se agolpaban frente a la (escasa) costa iraní ya que el país no contaba con puertos lo suficientemente modernos como para recibir tales cantidades. El sha mandó construirlos. Resuelto el problema apareció uno nuevo, ¡Persia no contaba con una flota de camiones ni el suficiente número de carreteras! Solucionado… el sha contrató una ingente cantidad de transportistas surcoreanos e hizo construir kilómetros de autopistas. Curioso fue el caso de que muchos de estos transportistas coreanos abandonaron sus vehículos en mitad de la nada debido a que hubo un retraso en sus pagas.

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Escudo del SAVAK. Fuente

El armamento finalmente llegó, pero no había especialistas para manejar los últimos modelos, ya que el ejército iraní estaba escasamente formado y los especialistas, en su mayoría, residían en el extranjero debido a la política del sha de no construir universidades en Persia y enviar a los jóvenes a estudiar al extranjero (donde normalmente se quedaban). Así pues, el ejército iraní comenzó a nutrirse de extranjeros que operaban las armas más modernas del mismo.

El dinero del petróleo iraní servía para financiar todos estos caprichos de la Corona y además le permitía participar en empresas de todo el mundo, así como invertir en otros países. Curioso fue el caso de los diez millones de dólares que el sha envió al rey Juan Carlos I de España para financiar la campaña de Adolfo Suárez frente al «extremismo» del PSOE de Felipe González (3). Volviendo al país que nos concierne, los planes del sha se encuadraron en la llamada ‘Revolución Blanca’, que entre grandes planes quinquenales de desarrollo también tenía como proyecto la destrucción de miles de pueblos milenarios para reubicarlos en grandes urbes con una estudiadísima planificación urbanística.

Para cuando el régimen cayó, hubo cerca de 30.000 pueblos y aldeas que fueron destruidos y reubicados.  Además, hoy día cientos de aviones y tanques inservibles se pueden ver en las desérticas tierras de Irán, junto a las autopistas. Caído el régimen también cayeron sus espejismos.

 

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Moneda de 20 riyals con el rostro del Sha. Fuente

En conclusión, la Persia del sha Pahlevi era un país que se encontraba en un subdesarrollo lógico por su situación, y que sufrió un rápido, insostenible y mal planificado desarrollo que, guiado por la mente megalómana del sha, condujo al país al estallido social liderado por los ayatolás dando comienzo así a la etapa de la República islámica. Tal vez, y esto ya es jugar a eso tan peligroso de la historia ficción, de haber tenido un sha más lógico y cuerdo, la antigua Persia aún seguiría en los mapas. A veces los personajes históricos no son como se presentan en el imaginario colectivo.


Referencias y bibliografía

Referencias

(1)El hijab es la prenda islámica con la que las mujeres cubren sus cabezas.

(2)SAVAK u Organización de Inteligencia y Seguridad Nacional, el servicio secreto del Sha.

(3) http://ciberculturalia.blogspot.com.es/2011/12/no-majestad-la-justicia-no-es-igual.html


Bibliografía 

  • Abbas, M. 2011  The Shah. St. Martin’s Press, Nueva York
  • Assadollah, A. 2007  The Shah and I: the Confidential Diary of Iran´s Royal Court, 1968- 1977.  I.B. Tauris, Londres
  • Kapuscinski, R. 1987  El Sha o la desmesura del Poder. Editorial Anagrama, Barcelona.

1 Comentario

  1. Respecto al articulo sobre el Sha de Iran, me pregunto porque no menciona parte de lo mas interesante en la historia de ese lunatico, a saber, que fue puesto en el poder por la CIA, para fomentar los intereses de eeuu en la zona. Los problemas del Sha surgen cuando otros aiiados importantes de eeuu, Arabia Saudi e Israel, comenzaron a desconfiar del creciente poderio militar y politico del tal Sha y sus pretensiones de convertir a Iran en la nacion lider regional. Los eeuu tenian que escoger entre sus favoritos, y optaron por hacer caer al Sha. Sin embargo, la ambicion geopolitica de Iran no ceso con la desaparicion del auto nombrado Shashanesa (Rey de Reyes), pues sus sucesores mantienen viva la ilusion de reconstruir el antiguo imperio persa aun hoy. Pienso que el ultimo capitulo de esta nacion islamica y sus ambiciones aun esta por escribirse.