Tras el golpe de Estado del 17 de julio de 1936, el avance de las tropas sublevadas tiñó de sangre la geografía española. Se ejerció una represión feroz e indiscriminada. ¿La finalidad? Minar y reducir a cenizas al gobierno republicano y a todos los simpatizantes del mismo. Esta represión, aunque la ejercieron sobre hombres y mujeres de manera mordaz, no fue idéntica en la práctica. Fue más virulenta entre la población masculina, en cuanto a cifras de mortandad se refiere. Fue fruto del mayor activismo y representación política de los hombres, de su participación en las fuerzas armadas, etc. Sin embargo, podemos afirmar que existió un condicionante de género que golpeó con dureza a las mujeres. Hoy os traemos una historia trágica, las formas de humillación y ejecución contra los terribles delitos de ser mujer y republicana.

El despertar: la breve experiencia republicana en favor de la igualdad

La llegada de la II República y la Constitución de 1931 supuso un breve impulso en el avance hacia la igualdad. Se aprobó el voto femenino y hubo mayor movilización de la mujer en el espectro político y laboral. Además, hubo más libertad en líneas generales. Por ejemplo, podían divorciarse y acceder a ciertos cargos de la administración pública (1).

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Mujer votando, por primera vez, en las elecciones de 1933. Fuente: Los ojos de Hipatia.

La liberación de la mujer también se mostró en una mayor visibilidad pública. También, en un acceso más generalizado a los distintos niveles educativos. Esto hizo que bajaran las tasas de analfabetismo femenino (2). Además, las mujeres participaron en los diferentes sectores económicos. Surgió un nuevo modelo de mujer moderna, concienciada, independiente, trabajadora y partícipe de lo político y lo social. Aspecto que ya venía gestándose desde años atrás a nivel mundial, gracias a diferentes movimientos feministas.

Republicanas: las “antimujer”

En este avance en igualdad, ese reclamo y ejercicio de derechos por parte de ciertas mujeres, es dónde hallamos el componente de género que marcará la diferencia. Utilizaron la represión como respuesta a la ruptura con la historia, en la que la mujer ha sido ente y voz pasiva en el marco político y social. A la ruptura con el rol tradicional de mujer, relegada al recogimiento del hogar y la familia, con las tareas derivadas del cuidado, mantenimiento de la casa y crianza de los hijos.

El nuevo organigrama social del franquismo, llevaba implícito la reeducación. Y utilizó la violencia como forma de aplicarla a nivel social. Estos mecanismos represivos, en el caso de la mujer, tendrían una doble finalidad. Por un lado, castigar su pensamiento político. Por otro, castigar el no haber cumplido con los modelos tradicionales de feminidad (3).

mujeres republicanas españolas
Mujeres pegando carteles de propaganda política. Fuente: El Mundo

Por tanto, no se castigaba solamente la antipatía política al nuevo régimen, sino también la transgresión del orden social y moral tradicional (4).

“Las mujeres republicanas se habían desnaturalizado como féminas al abandonar los preceptos cristianos. Ser una buena esposa y madre, un ‘ángel del hogar’, que tenía como misión servir al hombre y educar a sus hijos como buenos católicos” (5).

Por ello, el nuevo régimen tenía la misión de reconducir a estas mujeres que se habían descarriado. Y lo hicieron a través de la violencia, en todas sus vertientes.

El nuevo orden quiso dar un castigo ejemplificante a todas aquellas mujeres que hubieran sido visibles en los ámbitos públicos, espacio tradicional de los hombres. Una forma de dejarles claro que nunca deberían haber salido del espacio domestico y privado, lugar natural de la mujer (6).

El manual de la mujer de bandera: las tareas de reeducación femenina

Con el franquismo se diseñó un estereotipo de lo que se consideraba una mujer de bandera. “Un modelo expuesto desde la escuela, la propia Iglesia y los medios de comunicación”. Con una vestimenta sumamente recatada que no marcara los atributos femeninos (7). Y un comportamiento social basado en el pasar desapercibida.

Igualmente, ensalzaron a la mujer como ser superior, por su capacidad de dar a luz y por las virtudes morales que debía poseer (dulzura y protección), frente al hombre, al que definieron como hosco y guerrero (8).

Se buscaba reinstaurar un modelo de mujer conservador. Así, promocionaron el papel de mujer hogareña, pasiva, creyente, practicante y sometida al hombre. Para esta labor reeducativa, se contó con una importante arma de adoctrinamiento: La Sección Femenina de Falange (9). Esta agrupación ayudaría en la difusión y promoción de este arquetipo femenino, reeducando a la mujeres en los principios del régimen.

“El franquismo desplegó sobre la mujer izquierdista unas formas de represión específicas investidas de una dimensión moral y purificadora” (10).

sección femenina de la falange española y de las jons
Cartel publicitario de la Sección femenina. Fuente: Los ojos de Hipatia.

La Sección Femenina se encargó de grabar a fuego en la mente de la mujer española su clara posición secundaria con respecto al hombre. Defendían que el trabajo de ama de casa, y la educación y cuidados de los hijos, era una tarea gloriosa por la patria y para la construcción de los comportamientos sociales y políticos (11).

La represión tenía rostro de mujer

Cuándo hablamos de represión hacia la mujer, debemos utilizar el término de “represión sexuada”. Este concepto significa el uso de la violencia para atacar la biología de la feminidad y el concepto social de la misma. Una represión específica por ser mujer, atacando los atributos físicos y culturales. Y por estar politizada o simpatizar. Este término representa la anulación de la ciudadanía femenina, por un lado. Y, por otro, el utilizar mecanismos represivos que atacaban directamente a los elementos característicos de la femininidad (12).

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Mujeres en la cárcel de Ventas durante la celebración del corpus, 1939. Fuente: El mundo.

Las represaliadas eran aquéllas que habían tenido algún tipo de relación directa o indirecta con sindicatos o partidos de izquierda. Bien militando o simpatizando de manera pública, o simplemente manifestando su oposición al Golpe de Estado (13). En muchas ocasiones, las mujeres eran represaliadas como revancha, por no poder encontrar a sus maridos, hermanos, padres, etc.

«Buscaban al marido, al cabeza de familia, lo que dejaba a estas mujeres en la indigencia en una sociedad con escasos avances legales en igualdad» (14).

Es lo que se llama “delito consorte”: el castigo por tener algún tipo de vinculación con un hombre de izquierdas (15).

Despojadas de sus pertenencias

Las mujeres republicanas también sufrieron represión económica, pues las despojaron de las pertenencias familiares (ya fueran propiedades, ahorros, etc.). El tribunal de Responsabilidades Políticas no dudó en quitarles todo lo que tenían, como una forma de castigo político más (16). Ser madre, esposa, hermana o hija de simpatizantes de izquierda se pagaba caro. Concretamente, con todo el patrimonio familiar. Esta práctica de represión tendría trágicas consecuencias en estas mujeres, reflejándose en las miserias, penalidades y dramáticas situaciones por las que hubieron de pasar para seguir alimentando a su familia, intentando conseguir comida en las largas colas de racionamiento.

Además, en muchas ocasiones hay que sumarle la “represión encubierta”, cuándo eran juzgadas, vigiladas y criticadas por el entorno de su municipio y las autoridades, en pequeñas localidades sobre todo. Sufrían una gran dificultad para encontrar un trabajo con el que ganarse la vida (17). Esta trágica situación provocó que una gran número de mujeres se viesen obligadas a practicar el estraperlo e incluso a prostituirse (18).

la mujer en la dictadura franquista
Abuela, madre e hijos. Fuente: Radio recuperando memoria.

Humilladas por partida doble

A esto se suman otra clase de vejaciones y represiones propias para ellas:

“La forma más habitual de ejercer esta violencia fue raparles la cabeza, a modo de escarnio público, y darles grandes dosis de aceite de ricino y obligarles a limpiar iglesias y cuarteles” (19).

El uso del aceite de ricino o agua de carabaña, con los que se provocaba un fuerte desajuste intestinal, tenía una clara intención de purga y purificación; de eliminación de la suciedad “roja”. Raparles el pelo, era una forma de despojarles de las características tradicionales femeninas. Desnudarlas y hacerles pasear así por las calles, era una humillación que les privaba de su intimidad y del recato que ellos consideraban propios de la mujer.

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Mujer siendo rapada. Fuente: Federación republicanos.

La violencia sexual será otra de las acciones constantes. Las violaciones eran una práctica más de la guerra y del sometimiento femenino. La mujer como botín, parte del terreno de conquista y como medio de castigo ejemplificante para el resto. Aún no existen cifras exactas, pero los fusilamientos de mujeres republicanas en los que era usual la violación y posterior asesinato, como fue el caso de las 17 rosas de Guillena, eran demasiado habituales (20).

“Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen” (21).

La deficiencia de la mujer republicana: en busca del «gen rojo»

Otra faceta de la represión, es que muchas mujeres cumplían pena de prisión. El psiquiatra Juan Antonio Vallejo Nágera se obsesionó con la búsqueda del “gen rojo” en las presas. Sostenía que la mujer, al ser mucho más débil mentalmente, era más vulnerable al marxismo (22).

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Juan Antonio Vallejo Nágera. Fuente: Asociación para la recuperación de la memoria histórica.

En la cárcel vieja de mujeres de Málaga, se realizó un estudio para demostrar la existencia de este “gen rojo” y la capacidad de virulencia del mismo. Para ello, analizaron a 33 presas a las que tachaban de “ libertarias congénitas, revolucionarias natas” que lucharon al lado de los hombres. Vallejo Nágera alegaba que:

«(…) Su característica debilidad del equilibrio mental, la menor resistencia a las influencias ambientales, (…) Cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer (…) entonces se despiertan en el sexo femenino el instinto de crueldad y rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarle las inhibiciones inteligentes y lógicas (…) Además en las revueltas políticas tienen la oportunidad de satisfacer sus apetencias sexuales latentes» (23).

Igualmente, dictó que la mujer que participó en favor de la República lo hizo por tres finalidades. Por influencia ambiental de aquellas exaltadas y de las que se aprovechaban de la situación para obtener beneficios económicos, materiales o sexuales, (38%). Por psicopatía antisocial ( 24%). Y por último, aquellas libertarias congénitas, es decir, genéticamente defectuosas desde el nacimiento (36%) (24).

La anulación de la maternidad, otro mecanismo represivo más

Vallejo Nágera definía a las mujeres republicanas como “incapaces” para ejercer como madres. De ahí que, además de robarles los hijos, en las prácticas de tortura estuviese muy extendido el uso de la violencia para evitar la reproducción de las mismas. Sería el caso de los golpes en el vientre o bajo vientre (25). O las descargas eléctricas en los pechos, lo que suponía un ataque a los atributos femeninos y sexuales, y también, un ataque a la funcionalidad maternal.

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Niños en la cárcel de Ventas (Madrid). Fuente: Memoria de Albacete.

La separación de madre e hijo se producía cuando éste cumplía los tres años y era sacado de la cárcel. La justificación de esta acción era la necesidad de una unidad familiar para el niño. Si la presa no tenía a alguien que pudiese ocuparse de su descendencia, los niños pasaban a tutela estatal, siendo enviados a orfanatos o centros del patronato de San Pablo (26).

El robo de bebés fue una forma más de represión y deshumanización de las mujeres republicanas. Ese nuevo niño iba a parar a manos de una familia afín al régimen, con la pretensión de ser adoctrinado por el sistema, eliminando así el “gen rojo”. Se llegó a establecer una verdadera red de negocios entre médicos y monjas pagados por gentes de bien (27). Para el robo de los recién nacidos, solían decirle a la madre que había muerto tras el parto. O, directamente, que había nacido muerto y lo habían enterrado en una fosa común de la clínica (28).

Una página en blanco de la Historia

La historia de las mujeres durante la Guerra Civil y la represión franquista es un pasaje marcado con luces y sombras, ya que aún nos queda mucho por investigar y conocer. A pesar de ello, son muchos los profesionales que se han acercado al estudio de las represaliadas del franquismo desde múltiples puntos de vista, lo que a día de hoy nos permite escribir pasajes como éste.

Mujeres con vidas, sueños y esperanzas, que se vieron truncadas por un periodo negro que sepultó la libertad durante cuatro largas décadas. Sirvan estas breves líneas como homenaje a todas ellas, a su memoria. Como dijo Julia Conesa, una de las 13 Rosas, en la última carta que le escribió a su madre antes de ser ejecutada:«Que mi nombre no se borre de la historia» (29).


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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Díez, 1995, p. 26.

(2) Núñez, 1998, p. 401.

(3) Abad, Heredia y Marías, 2012, p. 7.

(4) Abad, Heredia y Marías, 2012, p. 15.

(5) Abad, Heredia y Marías, 2012, p. 16.

(6) Castro, 2016, p. 13

(7) Ortiz, 2006, p. 2.

(8) Ortiz, 2006, p. 4.

(9) Sección encabezada por Pilar Primo de Rivera, hermana de Jose Antonio Primo de Rivera, fundador del Partido Falange de las JONS. Esta agrupación nació en 1934 y su principal labor fue la defensa y extensión en la sociedad de los preceptos falangistas, tanto en política como en moralidad.

(10) Palabras de Montserrat Duch. Duch, 2011, p. 318.

(11) Ortiz, 2006, pp. 4-5.

(12) Abad, Heredia y Marías, 2012, p. 10.

(13) Abad, Heredia y Marías, 2012 , pp. 11-12.

(14) Ranz, 2019, p. 55.

(15) Abad, 2009, p. 84.

(16) Abad, 2009, p. 78.

(17) Moreno, s.f., p. 6.

(18) Alted, 1997.

(19) Ranz, 2019, p.56.

(20) Ranz, 2019, p. 54.

(21) No hay que olvidar estas palabras de Queipo de Llano. Preston, 2011,p.216.

(22) Ranz, 2019, p. 58.

(23) Bosch Fio, Ferrer y Capilla, 2008, p. 38.

(24) Bosch Fio, Ferrer y Capilla, 2008, p. 38.

(25) Abad, 2009, p. 76.

(26) Abad, 2009, p. 77.

(27) Ranz, 2019, p. 58.

(28) Bonet, 2013, p. 7.

(29) Julia Conesa, una rosa del ramo de trece. Tenía 19 años, era modista y fue detenida por estar afiliada a las Juventudes Socialistas Unificadas. Fue fusilada, junto con el resto de compañeras, y otros 42 hombres, el 5 de agosto de 1939. Puebla, 2011.


 Bibliografía

  • Abad, I., Heredia, I. y Marías, S., 2012, “Castigos de género y violencia política de posguerra. Hacia un concepto de represión sexuada sobre las mujeres republicanas”, en Ibarra, A. (coord.), No es país para jóvenes, Instituto Valentín Foronda, Vitoria.
  • Abad, I., 2009, “Las dimensiones de la ‘represión sexuada’ durante la Dictadura franquista”, Revista de Historia Jerónimo Zurita, nº 84, pp. 65-86.
  • Alted, A., 1997, “El exilio republicano desde la perspectiva de las mujeres”, Arenal. Revista de Historia de las Mujeres, vol. 4, nº 2, pp. 223-238.
  • Bonet, M., 2013, “Los niños arrebatados por el franquismo a las mujeres. Constelaciones de casos, puntos de conexión y posibles abordajes jurídico-penales” (Comunicación), Encuentro Internacional sobre investigadores del franquismo, Universidad Autónoma de Barcelona. [En línea] Disponible en: https://ddd.uab.cat/record/123066 (6 de mayo de 2020).
  • Bosch Fio, E., Ferrer, V. y Capilla, G., 2008, “La psicología de las mujeres republicanas según el Dr. Antonio Vallejo-Nájera”, Revista de Historia de la Psicología, vol. 39, nº 3-4, pp. 35-40, Universitat de València.
  • Castro, L., 2016, “La represión sobre la mujer en el franquismo: una violencia duplicada”, Todos los nombres. [En línea] Disponible en: http://www.todoslosnombres.org/content/materiales/la-represion-sobre-la-mujer-en-el-franquismo-violencia-duplicada (6 de mayo de 2020).
  • Díez, J. M., 1995, “República y primer franquismo: La mujer española entre el esplendor y la miseria, 1930-1950”, Alternativas: cuadernos de trabajo social, nº 3, pp. 23-40.
  • Duch, M., 2011, “Una perspectiva de género de la represión concentracionaria franquista a partir del caso de la cárcel de Las Oblatas de Tarragona (1939-1943)”, Studia Histórica, n.º 29, pp. 315-336.
  • Núñez, M. G., 1998, “Políticas de igualdad entre varones y mujeres en la segunda república”, Espacio, tiempo y forma (UNED), nº 11, pp. 393-445.
  • Moreno, F., s.f., “La represión de las mujeres” en La represión franquista en la provincia de Alicante, Universidad de Alicante. [En línea] Disponible en: https://archivodemocracia.ua.es/es/represion-franquista-alicante/la-represion-franquista-en-la-provincia-de-alicante.html (6 de mayo de 2020).
  • Ortiz, M., 2006, “Mujer y franquismo”, Aposta, nº 28, pp. 1-26. [En línea] Disponible en: http://www.apostadigital.com/revistav3/hemeroteca/ortizheras.pdf (6 de mayo de 2020).
  • Preston, P., 2011, El holocausto español: Odio y exterminio en la Guerra Civil y después. Barcelona,Debolsillo.
  • Puebla, C., 2011, «Que mi nombre no se borre de la historia», Cadena Ser, 5 de agosto de 2011. [En línea] Disponible en: https://cadenaser.com/ser/2011/08/05/sociedad/1312510415_850215.html (6 de mayo de 2020).
  • Ranz, E., 2019, “La represión franquista contra la mujer”, Femeris, nº 3, pp. 53-70.

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