Se ha gastado mucha tinta a lo largo de la Historia escribiendo sobre uno de los personajes más curiosos de la Antigüedad: Pitágoras. Considerado el fundador de las matemáticas, de la adivinación, un gran filósofo, el líder de una secta (los pitagóricos)…. Una figura que cabalga entre la verdad y el mito, pero ¿qué hay de verdad en todo ello?

¿Cómo surgió la filosofía?

Como bien hemos estudiado todos en esas clases de filosofía de primero y segundo de bachillerato, esta disciplina surgió en Jonia, en la actual Turquía, que por aquel entonces habitaban los griegos. Los primeros filósofos fueron los denominados “presocráticos”, pero ellos no se preocuparon por lo típico del conocimiento y demás, sino más bien por la naturaleza (1), por su funcionamiento.

Así, denominaron como arjé, principio, al elemento fundamental por el que nacieron todas las cosas. Para que nosotros nos entendamos, la materia por la que todo nace. Para ellos, ese arjé lo constituyeron los elementos de la naturaleza, como la tierra, el aire, el fuego y el agua (2).

Lo que también bien sabemos todos, especialmente por las exageraciones de Hollywood a la hora de hacer películas de trama histórica, es que los persas se enfrentaron a los griegos. Como Jonia pertenecía a las diferentes polis (ciudades) griegas, la filosofía desapareció de esta zona para empezar una nueva vida en lugar alejado y seguro. Ese lugar sería la Magna Grecia, es decir, el sur de Italia.

Los Pitagóricos, ¿quiénes eran y cómo ser uno de ellos?

La sociedad pitagórica era una comunidad religiosa fundada por Pitágoras de Samos en Crotona, al sur de Italia, en la segunda mitad del siglo VI a.C. Esta sociedad representaba el espíritu religioso combinado con uno científico. Para ellos el arjé, el principio, eran los números, ya que todo se podía representar con números y formas geométricas (3).

Pitágoras pitagóricos
Busto de Pitágoras. Leyenda: biografiasyvidas.

Pero no debemos pensar que era una comunidad a la que entrabas un día cualquiera y te ponías a filosofar y tomar apuntes. Llegar a ingresar en este grupo podía llevar mucho tiempo, y especialmente una norma fundamental: respetar las normas. Dividían a sus miembros en: oyentes (no podían ver al maestro, sólo escucharle tras una cortina); matemáticos (podían verle y realizar preguntas); y los físicos (4).

También estaban divididos de la siguiente forma: políticos, que se ocupaban de las relaciones del grupo con el resto de población; y los administradores de bienes y dinero que los pitagóricos ponían en común cuando entraban a formar parte de la comunidad (5).

Las severas normas de los pitagóricos

Lo más llamativo de la sociedad pitagórica era sin duda la escrupulosidad con la que dictaban sus normas. Y es que llevaban una vida que prácticamente era monástica. En primer lugar, consideraban la práctica del silencio como algo fundamental, ya que no debían pronunciar una palabra durante….¡cinco años! ¿Por qué? Principalmente porque este grupo se caracterizaba por el secretismo de su doctrina, cuya revelación estaba prohibida y castigada (6).

Un concepto muy importante para los pitagóricos era mantener la pureza de su alma, para así evitar su reencarnación una vez muertos. La purificación del alma se daba a través de la ciencia (especialmente la astrología y las matemáticas) y la música (sobre todo con la lira), ya que calmaba las pasiones (7).

No obstante, lo más curioso de esta sociedad era la forma en la que purificaban su cuerpo, y es que lo hacían a través de una dieta muy estricta. Se centraba en la prohibición de comer carne, pescado (casi siempre vetado) y ciertos vegetales, como las habas. De hecho, su ingesta se comparaba al consumo de carne humana. Pitágoras denominaba como Edad de Oro aquella en la que hombres y animales vivían en paz (8).

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Pitágoras prohibiendo comer habas y señalando frutas y hortalizas como verdadero alimento. Pintado por Pedro Pablo Rubens. Leyenda: Wikipedia

El Pitágoras sobrehumano

Es curioso también destacar la figura del Pitágoras místico, ya que de él se llegó a decir muchas cosas que son fruto más bien de la literatura popular. Se dice que tenía el don de dividirse, ya que fue visto en dos ciudades muy distantes entre sí a la misma hora; también que entendía la lengua de los animales (convenció a un buey para que no comiera habas) y de la naturaleza (se decía que un río lo saludó por su nombre); incluso podía recordar vidas pasadas. Afirmaba que recordaba haber vivido en el cuerpo del rey Midas, de un pescador de Delos y de un héroe troyano. También afirmaba haber reconocido el alma de un amigo suyo en el cuerpo de un perro (9).

¿Y qué pasaba si uno era rechazado de los pitagóricos?

Si los candidatos no era aceptados en la comunidad pitagórica después de tantas pruebas y ritos, eran rechazados y a cambio recibían el doble del patrimonio personal que dieron al ingresar. Pero no todo era tan bonito, ya que desde ese momento para esa sociedad estabas, literalmente, muerto. Y es que levantaban tumbas en honor de los rechazados, y si uno de ellos era visto por la calle se le debía ignorar, ya que estaba muerto.

De hecho, el fin de la sociedad pitagórica se dio por la ira de un rechazado, un tal Cilón, perteneciente a una poderosa familia de Crotona. Este hombre intentó hacer pitagórico pero acabó siendo rechazado por sus numerosas faltas. Al sentirse humillado, incitó una revuelta contra ellos, acabando con la sociedad pitagórica (10).

¿Y qué fue de Pitágoras entonces? Nada mejor que acabar este artículo con la forma de su muerte, digna de salir en el programa “Mil maneras de morir”. Según cuenta la tradición, los perseguidores de Pitágoras le obligaron a cruzar un campo de habas. Se negó por mantener su cuerpo y alma puros, por lo que ahí mismo, frente a ese campo de habas inofensivas, acabó asesinado.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) De hecho, el célebre Aristóteles llegó a denominarlos como los “filósofos de la naturaleza”.

(2) Por ejemplo, el primer filósofo conocido, Tales de Mileto, afirmaba que el principio de todo era el agua, ya que todo nacía en el agua y moría en ella.

(3) Fraile Urdanoz, 1976, p. 153.

(4) Fraile Urdanoz, 1976, p. 163.

(5) Hernández de la Fuente, 2015, pp. 49-50.

(6) Hernández de la Fuente, 2015, p. 46.

(7) Fraile Urdanoz, 1976, p. 162.

(8) Hernández de la Fuente, 2015, p. 53.

(9) Mas Torres, 2003, p. 28.

(10) Hernández de la Fuente, 2015, p. 50.


Bibliografía

  • Fraile Urdanoz, G., 1976, Historia de la filosofía I: Grecia y Roma, Biblioteca de autores cristianos, Alcobendas.
  • Hernández de la Fuente, D., 2015, “La secta de los matemáticos: Pitágoras” en Historia National Geographic, pp. 44-53.
  • Mas Torres, S., 2003, Historia de la filosofía antigua: Grecia y el helenismo, Cuadernos de la UNED, Madrid.
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Graduado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Formación de Profesorado por la Universidad Rey Juan Carlos. "Aprende a enseñar, enseñando aprenderás".