II República española
¡Vamos a reformar España! El comienzo de la II República Española
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El alegre título del artículo no debe engañarnos. Cuando el nuevo Gobierno de republicanos y socialistas se puso a hacer reformas en la II República española en 1931, debieron pensar: “en menudo marrón nos hemos metido”.

Y es que España, en 1931, se había quedado muy atrasada respecto a otros países europeos. El peso de la agricultura seguía siendo inmenso frente a una industrialización escasa y muy localizada. La mitad de la población no sabía leer ni escribir, sobre todo en el campo donde, por otra parte, era donde vivía la mayoría de los españoles.

Se forma el nuevo Gobierno reformista y nace la II República española

La caída de la monarquía, en abril de 1931, llevó a España a la Segunda República (y hasta la fecha, la última). El Gobierno de la II República española estaba integrado, al principio, por todos los partidos que habían apoyado el cambio de régimen. Desde republicanos de centroderecha, hasta los socialistas.

Estos últimos estaban a su vez divididos entre los que apostaban por una república parlamentaria, como la que acababa de nacer, y los que querían utilizar la república para avanzar hacia un Estado socialista, como el que había sido implantado en Rusia años antes (1).

Gobierno de Azaña en 1931 II República española
Gobierno de Azaña en 1931. Sentados, el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora (izda), y el presidente del Gobierno, Azaña. Fuente

Así, era un Gobierno como mínimo complicado, al convivir burgueses con socialistas. Tras las elecciones generales (en las que el PSOE se convirtió en el partido mayoritario) y la proclamación de la Constitución, el Gobierno quedó reducido a los republicanos de izquierda moderada y a los socialistas (2).

El presidente del mismo sería Manuel Azaña, que puede considerarse uno de los políticos más inteligentes del siglo, debido a su habilidad para conducirse en situaciones complejas y para negociar entre los distintos partidos del Gobierno.

Manuel Azaña
Manuel Azaña, presidente del gobierno (1931-1933, 1936) y de la República (1936-1939). Fuente

Comienzan las ambiciosas reformas

Pronto el ejecutivo se dispuso a hacer reformas. ¿Para qué? El objetivo de la II República española era modernizar España de una bendita vez, porque ya era hora. Para ello, centraron los esfuerzos en varios aspectos: agricultura, educación, ejército, sociedad, religión, trabajo y obras públicas. Vamos, a cada cual más peliagudo.

En agricultura, el Gobierno tuvo que emplearse a fondo. Como suele pasar en España, nadie quedó contento con la Ley de Reforma Agraria. La idea era quitar tierras a familias ricas de toda la vida que, en muchas ocasiones, ni siquiera las tenían trabajadas.

Esto se haría con una expropiación. Se les pagaría a los dueños por esas tierras, que más tarde serían distribuidas entre campesinos sin tierras (jornaleros). El objetivo era reducir la desigualdad en el campo y crear una clase media rural. Ni qué decir tiene que la reforma no tuvo éxito. La derecha consideró que venía el “lobo” comunista, mientras que la extrema izquierda de los anarquistas consideró que la reforma se quedaba corta y que era muy lenta (3).

Empujoncito a la educación, al fin y otros asuntos de la Segunda República

En educación, la reforma de la II República española tuvo más éxito y sus resultados fueron en general positivos. Con el socialista Fernando de los Ríos al mando, se planteó la construcción de más de 27.000 escuelas. Además, se estableció la educación primaria gratuita y obligatoria.

Fernando de los Ríos
Fernando de los Ríos. Miembro del PSOE. Era cercano a Besteiro y al sector moderado del partido y destacó por sus esfuerzos en materia de educación. Fuente

Pero, como todo en la II República española, tampoco en educación fue una cuestión de coser y cantar. El proyecto era muy ambicioso para el poco dinero que había (4). Vamos, que no había un duro para construir todas esas escuelas que hacían falta.

La reforma militar en la II República española fue supervisada directamente por Azaña, porque era de las más delicadas. El ejército no se había opuesto a la proclamación de la II República española, pero la veía con recelos. Así, Azaña decidió cortar por lo sano. Obligó a jubilarse a todos los oficiales que no habían jurado lealtad a la República, con una indemnización especial. Así, intentaba que los daños fuesen los menores posibles… Aunque hubo muchos que no se lo perdonaron (5).

También fue muy difícil implantar las reformas sociales y en materia religiosa. La Constitución establecía que España era un Estado laico, y prohibió a las órdenes religiosas dar clase, lo que irritó mucho a los jesuitas. El socialista Fernando de los Ríos, antes de ser ministro de educación lo fue de justicia. Avanzó en la laicidad del Estado al declarar que no habría religión oficial. Más tarde, a la Iglesia le tocaron las narices otras medidas sociales que ella consideró ataques. Una fue la ley de divorcio. Ya se sabe, el matrimonio es hasta la muerte… salvo que tengas dinero para declararlo nulo.

Y llega el hiperactivo Prieto

Las carteras de trabajo y obras públicas (lo que hoy es Fomento) recayeron en ministros del PSOE.

Francisco Largo Caballero
Francisco Largo Caballero. Miembro del PSOE y de UGT. Fuente

En el caso de trabajo, el ministro fue Largo Caballero, que más tarde sería apodado el “Lenin español”. Sin embargo, entre 1931 y 1933, cuando fue ministro, hizo una política de izquierdas, sí, pero bastante moderada para lo que se esperaba del Gobierno de la II República española. Reforzó el papel de los sindicatos (6), dándoles la exclusiva para negociar las bases de trabajo. También podían participar en el reparto de los subsidios de paro y en ayudas a la vejez.

En obras públicas, el ministro fue el archienemigo de Largo Caballero dentro del PSOE: Indalecio Prieto, que bien podríamos decir que era hiperactivo a la hora de lanzar proyectos. Propuso extender regadíos a la España de secano mediante embalses, canales y los que serían más tarde polémicos trasvases.

Planteó también electrificar la red ferroviaria para que los trenes españoles fuesen abandonando el siglo XIX. Y, en Madrid, proyectó sus ideas más revolucionarias para la época. Una era crear los Nuevos Ministerios, un gran complejo gubernamental en la Castellana. La otra era construir un túnel que uniese la estación de Atocha con una nueva en el norte de la ciudad.

La respuesta de sus enemigos fue una carcajada burlona. ¿Cómo se iba a construir un túnel tan grande y largo por debajo de la ciudad? Incluso lo apodaron “túnel de la risa”, en referencia a una atracción de feria de la época (7). Pero, fijaos lo que son las cosas: actualmente, además del primer túnel de la risa (que pasa por Recoletos), hay otros dos (por Sol y el de Alta Velocidad, aún en construcción).

Buenas intenciones, poco dinero y poca estabilidad

Indalecio Prieto
Indalecio Prieto. Miembro del PSOE, su labor puede considerarse hiperactiva por la gran cantidad de proyectos que lanzó. Fuente

Así, después de años de “empanamiento” mental, el Gobierno de España se ponía en marcha con muchas reformas necesarias para la modernización del país.

Por desgracia para la II República española, la falta de dinero para continuarlas debido a la crisis económica, la frontal oposición a derecha e izquierda y las propias diferencias dentro del Gobierno, hicieron que no se pudiesen terminar. Eso sí, sentaron varias bases para una modernización que llegaría, aunque más tarde de lo que podría haber sido.


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Referencias

(1) De la Cierva, 1986, p. 92.

(2) VV.AA., 2003, p. 326.

(3) VV.AA., 2003, p. 328.

(4) Juliá, 1996, p. 178.

(5) Como el general Sanjurjo, quien intentó un golpe de Estado en 1932, que fracasó estrepitosamente, tras lo que fue encarcelado y, posteriormente enviado al exilio en Portugal. Ver Biografías y vidas, s.f., “José Sanjurjo”.

(6) Largo Caballero además de ser miembro del PSOE lo era también de UGT, sindicato del que era secretario general. Ver Biografías y vidas, s.f., “Francisco Largo Caballero”.

(7) Fraguas, 2013.


Bibliografía

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