El poder procreador de las divinidades primigenias griegas

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La procreación siempre se vio desde antiguo como el objetivo principal (o el único, según qué época) del matrimonio. En este sentido, hoy nos vamos a centrar en el poder procreador de las divinidades primigenias griegas.

La capacidad de procrear es exclusiva de la mujer, pero imposible sin el acompañamiento del hombre. Ello le otorgó un poder al género femenino. De esta manera, se vinculó con divinidades asociadas a la naturaleza. En esta misma línea, se asoció a la tierra.

Si la tierra es estéril no produce alimentos que necesitan el ser humano y los animales para subsistir. Por lo tanto, existe una vinculación entre estos dos tipos de fertilidad.

Las divinidades primigenias griegas y su poder procreador con Hesíodo

Las divinidades primigenias son aquellas que existieron antes de que surgieran los Olímpicos (1). Homero dio a este conjunto de diosas y dioses unas cualidades antropomorfas, con apariencia humana.

Todo este acercamiento homérico cambió con Hesíodo (2). En su obra Teogonía, el autor describió todas las generaciones de las divinidades desde el principio del Universo y relató que los primeros en existir fueron Caos, Gea, Tártaro y Eros:

“En primer lugar existió el Caos. Después Gea la de amplio pecho, sede siempre segura de todos los Inmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo. [En el fondo de la tierra de anchos caminos existió el tenebroso Tártaro.] Por último, Eros, el más hermoso entre los dioses inmortales, que afloja los miembros y cautiva de todos los dioses y todos los hombres el corazón y la sensata voluntad en sus pechos” (3).

El poder procreador de las divinidades primigenias griegas El Tártaro
El Tártaro. Fuente: mitologia.info.

El mundo inmortal según Ferécides de Siros

Esta concepción del inicio del mundo y de los dioses cambió con otro autor, Ferécides de Siros (4). Como relata Diógenes Laercio (5) en su Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres I:

“Ferécides, fue el primer griego que escribió del alma y de los dioses” (6).

El poder procreador de las divinidades primigenias griegas Ferécides de Siros
Ferécides de Siros. Fuente.

Es interesante la visión de este autor con respecto a los orígenes míticos. Para él los dioses primigenios siempre estuvieron ahí, sus nombres son Cronos, Zas y Ctonia.

Esta triada está caracterizada, como ya se ha dicho, por ser eternos inmortales, nunca existieron porque siempre estuvieron ahí, al contrario que lo relatado por Hesíodo. En cuanto al nombre de Zas, parece que es una forma etimológica de Zeus (7) al igual que Ctonia o Chthoníe se asocia a Gea, la Tierra.

Cronos desde su propio semen creó los elementos primordiales, el fuego, el viento y el agua. Esto recuerda al mito de la castración de Urano y cómo las gotas de sangre que salpicaron se convirtieron más tarde en seres mitológicos (8).

Es decir, tanto en el mito relatado por Ferécides como el de Hesíodo se observan alusiones a la fertilidad, al poder fecundador de la semilla masculina, en este caso de inmortales, que es capaz de crear elementos en el primer caso y personajes mitológicos en el segundo.

El poder procreador de las divinidades primigenias griegas: Gea, la divina supremacía femenina

Volviendo a Hesíodo nos detenemos con la diosa Gea. Como se ha visto, ella fue la segunda en existir después de Caos, por tanto, es la primera inmortal de género femenino de todas las que vendrán después.

De Caos no existen muchas referencias que indiquen qué era exactamente. Podría ser un vacío, una masa sin forma o una materia, Gea sí aparece varias veces mencionada como una diosa.

Gea es la Tierra, la Madre, aquella que representa la Fecundidad y se le rindió culto desde muy antiguo no sólo en Grecia sino también en Asia Menor (9). Esta diosa, a pesar de que fue superada más tarde por otras, siempre mantuvo ese carácter de Gran Madre Tierra.

Simbolizando lo femenino, lo fecundo y, por tanto, esa supremacía sobre lo masculino. Como dice Jünger en su libro:

Su inagotable fertilidad la convierte en la diosa de las uniones que engendran hijos. En esto se muestra su cercanía con respecto a Caos, del que surge toda la fertilidad” (10).

Gea El poder procreador de las divinidades primigenias griegas
Gea. Fuente.

Esto se puede observar en otras culturas donde también predomina una diosa madre (11). Como gran diosa de la fertilidad su descendencia fue importante y amplísima. Sin necesidad de semilla masculina engendró dos hijos, Urano (el Cielo) y Ponto (el Mar) y, además, con ellos tuvo muchos hijos.

La unión con Urano es interesante porque como el Cielo que es y su madre la Tierra, de él brota la lluvia que cubre totalmente a la Tierra y así la fertiliza haciendo que de ella surja vida.

“Gea alumbró primero al estrellado Urano con sus mismas proporciones, para que la contuviera por todas partes y poder ser así sede siempre segura para los felices dioses” (12).

En definitiva, estamos ante una metáfora de la fertilidad agrícola, abundantes en el mundo antiguo (13).

Más poder procreador de las divinidades primigenias griegas: Rea, la que engendró a los Olímpicos

Siguiendo con las divinidades primordiales o primigenias griegas y su poder procreador, tenemos a Rea. Esta diosa es una divinidad que simboliza la Tierra, de ahí que a veces pueda surgir una confusión entre estas dos diosas antiquísimas.

Rea, la diosa que engendró a los Olímpicos
Rea. Fuente.

Ella es la Gran Madre, la creadora de Zeus, Poseidón y Hades por parte masculina y Hera, Deméter y Hestia por la femenina. Rea representa, como su madre Gea, la fertilidad, la procreación, la maternidad.

Tetis, la procreación acuática

Pero Gea y Rea no son las únicas divinidades primigenias griegas en las que observamos su poder procreador. Al igual que Gea y Rea, Tetis la esposa de Océano, es fuente de fertilidad absoluta, esta vez en el mundo acuático. De nuevo tenemos otra figura que representa lo fecundo, aunque esta vez no se relacione con la tierra.

Su descendencia junto con Océano fue, como no podía ser de otra manera, abundantísima. Todos los ríos y todos las oceánides surgieron de su unión, dando muestra de una gran fertilidad.

Tetis y la procreación acuática
Tetis. Fuente.

Si en estos primeros dioses se ha visto el papel predominante y superior de la diosa, vinculándose a lo femenino y a la fecundidad, no será así en las siguientes generaciones con los llamados Olímpicos donde esa supremacía de la diosa quedará relegada sobre los dioses masculinos. 

los dioses olímpicos
Los Olímpicos. Fuente: flickr.com.

Las sublimes posiciones de Gea y Rea como Gran Madre no existirán, al menos no con la misma fuerza, en diosas como Hera, Ártemis o Démeter, pero sus cultos y atribuciones sí serán muy importantes.

Hera y Zeus, el matrimonio imperfecto

Zeus, el Gran Padre. Zeus, el gran procreador y el más infiel de los dioses masculinos. Posiblemente este dios sea la evolución o el sucesor del Cielo (Urano) ya que, como él, controla los fenómenos atmosféricos en especial los rayos y las lluvias. Relacionado con la faceta de la fecundidad se le asocia un animal en concreto: el toro.

Está representado de esta manera tanto en el mito del rapto de Europa (14) donde para llevar a cabo la hazaña se transformó en este animal, como en el mito de Ío (15), en una relación vaca-toro para pasar desapercibido ante su esposa Hera.

El Rapto de Europa
El Rapto de Europa. Fuente.

Sobre el toro, siguiendo el primer volumen de la magnífica obra de Bernard Cook, dice acertadamente:

“The bull as an embodiment of procreative power was naturally brought into connexion with the great fertilising agencies of sunshine and storm” (El toro, como encarnación del poder procreador, naturalmente se puso en conexión con los grandes agentes fertilizantes de la luz del sol y la tormenta) (16).

Zeus es indicativo de potencia sexual, de una fertilidad masculina extrema y no podía ser de otra forma. Los mitógrafos griegos le otorgan ser el padre de un número muy elevado de hijos, algunos de ellos fueron fruto de las relaciones con otras diosas, pero sobre todo con mujeres mortales.

Zeus fue adorado en varios lugares siendo los más antiguos Dodona, Creta y Arcadia (17); en estos tres sitios el dios estuvo asociado a la fertilidad de los campos. En Dodona fue adorado como dios de la lluvia (18). Concluyendo, su simiente (la lluvia) impregnaba la tierra para que esta fructificase.

Un matrimonio imperfecto…

En cuanto al matrimonio con Hera, es curioso que no se pueda decir que tuvieran una gran descendencia como quizá cabría esperar dado los antecedentes vistos y la cantidad de hijos que tuvo el dios con otras mujeres.

Zeus y Hera
Zeus y Hera. Fuente.

Ciertamente de su unión nacieron tres hijos como relata Apolodoro (19) en su Biblioteca:

“Zeus se desposa con Hera y engendra a Hebe, Ilitía y Ares (…)” (20). De igual manera lo vemos en la Teogonía de Hesíodo: “En último lugar tomó por esposa a la floreciente Hera; ésta parió a Hebe, Ares e Ilitía en contacto amoroso con el rey de dioses y hombres” (21).

Hera como diosa de la fertilidad

La diosa se vincula directamente con el matrimonio y la maternidad, pudiendo incluir entre sus atribuciones la de fertilidad no de la tierra, sino la asociada a la mujer casada. Aunque en este sentido hay distintas opiniones sobre esta última acepción, como se pueden ver en el trabajo de Bermejo Barrera (22).

Hera diosa griega
Hera. Fuente: ecured.cu.

Sin embargo, su culto en Samos está atestiguado como diosa de la fertilidad y se la vinculaba con otras diosas de procedencia oriental; esto no es de extrañar si recordamos la tendencia a asociar a las antiguas deidades femeninas con la fecundidad desde antaño, como ocurre con Ártemis de Éfeso.

El poder procreador de las divinidades primigenias griegas

El culto a las diosas tuvo mucho poder entre la religión griega desde Hesíodo. A la llegada de los Olímpicos, este protagonismo de Gea y Rea decayó, pero tenemos un culto muy fuerte a las diosas que entran en escena tras ellas. Tal es el caso de Hera, Ártemis o Atenea entre otras.

Templo de Hera, Paestum
Templo de Hera, Paestum. Fuente.

Para finalizar este recorrido, podemos concluir que, entre las divinidades femeninas, sobre todo las primigenias, existió un protagonismo y una posición destacada sobre los dioses. Las diosas se asociaron a la fertilidad y a la tierra, siendo las portadoras de la procreación y la abundancia.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) En la tradición de la antigua religión griega, los Olímpicos fueron el conjunto de divinidades dentro del denominado panteón griego. Vivían en el monte Olimpo, la montaña más alta de Grecia. Este conjunto de divinidades era adorada por toda la Hélade; se construyeron en su honor templos, santuarios, esculturas. También se celebraban fiestas y rituales cada cierto tiempo.

(2) Hesíodo fue un poeta griego cuyo logro fue poner por escrito todo el elenco de divinidades griegas que, hasta entonces, se transmitían de forma oral.

(3) Teogonía, 116-120.

(4) Ferécides de Siros fue un filósofo griego presocrático maestro de Pitágoras y Anaximandro.

(5) Historiador griego de la Filosofía.

(6) Los diez libros de Diógenes Laercio: Ferécides, Tomo I, 73.

(7) Véase La teología de Ferécides de Siro, p. 268. En este trabajo realizado por Francisco Lisi se interpreta siguiendo a otros autores toda la mitología de Ferécides, incluyendo las posibles influencias que tuvieron en él diferentes doctrinas como la órfica.

(8) Hesíodo, Teogonía, 180-193.

(9) Gallardo López, 1995, p. 18.

(10) Los mitos griegos, 2006.

(11) En la cultura egipcia tenemos a la diosa Isis, hermana y esposa de Osiris, representa a la Madre, la diosa de todos los dioses. Por otro lado, en el panteón sumerio destaca Ki, una de las diosas más importantes, representa la Tierra.

(12) Hesíodo, Teogonía, 127.

(13) Efectivamente, estas metáforas se utilizaron muchas veces, ya que se asocia/compara a la Tierra con la mujer. Es innegable esta vinculación femenina con la agricultura; la Tierra es fértil pero también puede ser estéril si no se alimenta de agua.

Ya vimos esa asociación de tierra-agua-fértil con el Cielo que cubría de lluvia a la tierra Gea, si esta lluvia no aparece la tierra se volverá estéril. Del mismo modo, la esterilidad de la mujer se considera funesta para los campos si se acerca a ellos.

Eliade Mircea en su libro Tratado de Historia de las Religiones II, p. 30 nos muestra un ejemplo más actual: “En Uganda, por ejemplo, se considera que una mujer estéril es peligrosa para el jardín y basta este motivo de orden económico para que el marido pueda pedir el divorcio”. Y en el sentido contrario tenemos lo favorecedor que es para los campos que una mujer encinta esté en ellos o siembre.

(14) El mito griego relata que Europa, una princesa fenicia, fue raptada por Zeus transformándose en un bello toro blanco. Cuando ella se acercó, la cogió y la llevó a Creta sobre sus lomos. (Véase, Hard, 2009).

(15) Ío era una doncella de Argos y sacerdotisa de la diosa Hera. Zeus se encaprichó de ella y finalmente Ío se entregó a él con tan mala suerte que Hera los pilló juntos. Para salvarla de la ira de su esposa, Zeus la convirtió en una ternera blanca, pero Hera exigió que se la entregase. Finalmente, la joven convertida en ternera escapó y fue corriendo por el mundo hasta que fue devuelta a su condición humana.

(16) Zeus. A study in Ancient Religion, Volume I, 1914.

(17) Santuarios griegos, siendo Dodona el santuario oracular más antiguo de Grecia.

(18) A Zeus se le asocian los fenómenos atmosféricos, entre ellos la lluvia.

(19) Historiador y mitógrafo griego.

(20) Apolodoro, Biblioteca, Libro I, 3.

(21) Hesíodo, Teogonía, 921-923.

(22) El autor realiza un repaso en la primera parte del artículo, sobre la asociación de Hera a la fertilidad, a través de varios autores. Véase Zeus, Hera y el matrimonio sagrado.


Bibliografía

  • Bermejo Barrera, J. C., 1988, «Zeus, Hera y el matrimonio sagrado», Polis, nº 1, pp. 7-24.
  • Cook, A., 1914, Zeus: A Study in Ancient Religion, Volumen 1, The University Press, Cambridge.
  • Gallardo López, Mª. D., 1995, Manual de Mitología clásica, Ediciones Clásicas, Madrid.
  • García Gual, C., 2007, Vidas de los Filósofos Ilustres, Alianza Editorial, Madrid.
  • Hard, R., 2009, El gran libro de la mitología griega: Basado en el manual de mitología griega de H. J. Rose, Editorial La Esfera de los Libros, Madrid.
  • Jünger, F., 2006, Los mitos griegos, Herder Editorial, Barcelona.
  • Lisi, F., 1985, «La teología de Ferécides de Siro», Helmantica: Revista de filología clásica y hebrea, nº 110, pp. 251-276.
  • Mircea, E., 1974, Tratado de Historia de las Religiones II, Ediciones Cristiandad, Madrid.
  • Pérez Jiménez, A. y Martínez Díez, A., 1990, Hesiodo, Obras y fragmentos, Teogonía-Trabajos y días, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid.
  • Rodríguez de Sepúlveda, M., 1985, Apolodoro, Biblioteca, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid.
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Eulalia Garcia Nos
Doctora y arqueóloga devota de Apolo. Profesora-tutora en UNED Cartagena.