El viaje sin retorno al Mictlán, el inframundo de los aztecas

Huitzilíhuitl (1), un hombre de edad avanzada perteneciente a la clase media, acaba de morir. Su yóllotl (2) (corazón) ya no ha soportado más el peso de los años. Huitzilíhuitl no muere triste, ha vivido mucho tiempo, trabajó duro, fue un buen servidor de los dioses, se casó y vio nacer y crecer a sus hijos y a sus numerosos nietos. Pero ahora tanto su familia como él, saben que su alma tiene que emprender un viaje hacia el inframundo (3), el Mictlán. El lugar destinado para las personas que mueren por causas naturales. Esta es la historia del viaje sin retorno al Mictlán, el inframundo de los aztecas.

Un viaje sin retorno al Mictlán

Pero no hay tiempo que perder. Todos se preparan para el largo proceso que tomará cuatro años, para que el alma de Huitzilíhuitl  pase todas las pruebas del Mictlán. De lo contrario, corre el riesgo de perderse en algún nivel del inframundo para nunca más alcanzar el descanso eterno. Vivos y muertos debían de ser fuertes porque el Mictlán no era un lugar para los débiles.

Ofrendas al cadáver del tlatoani Ahuízotl, códice Durán
Ofrendas al cadáver del tlatoani Ahuízotl, códice Durán. Fuente: storage.ning.com

El alma y el Más Allá

El alma, ese ente misterioso, del cual no sabemos nada, ni su forma, ni su origen. Algo que todos poseemos, que al morir abandona el cuerpo pero que a todos nos inquieta su destino tras morir. ¿A dónde va? Es una pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez.

Todas las religiones y todas las culturas, sin excepción del tiempo y del espacio han creado la idea de lugares a los que van las almas de nuestros ancestros, y al que algún día, también nosotros iremos.

El nombre y sus características de esos lugares cambian de acuerdo a la religión que se profese. Si has sido malo durante tu vida, podrías ir a un lugar terrible a purgar tus culpas. O, si has sido buena persona, tu alma será recompensada en un lugar idílico.

El Más allá de los aztecas

El pueblo mexica, no fue la excepción. La cosmovisión (4) de este pueblo fue de lo más compleja. Para ellos el mundo estaba dividido en lo terrenal y en lo que podríamos llamar celestial. Así que al morir no solo creían que el alma se iba a un “cielo” o a un “infierno”, en su cosmovisión existían diversos lugares: el Tlalocan, el hogar del dios Tláloc, el Tonatiuh Ilhuícatl, cielo del Sol diurno. El Chichihualcuauhco, un árbol nodriza. Y el Mictlán, el frío inframundo para las personas que murieron sin gloria.  Pero a diferencia de otras teologías o religiones, el comportamiento del individuo no definía su destino final, sino la causa de su muerte.

El señor de los muertos

El dios que regía el frío y oscuro Mictlán, era Mictlantecuhtli, señor del inframundo y su mujer, Mictecacíhuatl. Se le representaba en los códices (5), cubierto

“con huesos humanos, y el rostro con una máscara en forma de cráneo. Su pelo es encrespado, negro y decorado con ojos estelares, porque vivía en un lugar completamente oscuro”.

Representacipon de Mictlantecuhtli en el Códice Fejérváry-Mayer
Representacipon de Mictlantecuhtli en el Códice Fejérváry-Mayer. Fuente: i.pinimg.com

El tenebroso Mictlán: el inframundo de los aztecas

Como el alma de Huitzilíhuitl no fue elegido para descansar en el Tlalocan ni para acompañar al Sol en su recorrido diario por el firmamento. A Huitzilíhuitl, le corresponde emprender un largo viaje.

En la Tierra sus familiares lo incinerarán con el cuerpo de un perro, xoloitzcuintle, para que este le haga compañía y lo ayude a cruzar el inframundo. Al cuerpo lo “vestían con sus más hermosos vestidos, se le ataba en cuclillas, con las rodillas cerca del mentón y los envolvían con sogas, para formar como un fardo funerario o de momia” Se le decoraba con adornos de papel y plumas. En el rosto debía de llevar “una máscara de piedra esculpida o de mosaico” y dentro de su boca se le colocaba una cuenta de jade “para que le sirviera de corazón y dejarlo en prenda en el séptimo nivel”. Se le daba un jarro con agua, “y cosas valiosas para que los entregara a Mictlantecuhtli, al final del camino”.

Posteriormente, mientras sonaban los cantos fúnebres, el cuerpo se iba consumiendo en una hoguera. Y eran los ancianos quienes cuidaban de dicha hoguera. Cuando todo se había consumido se recogían las cenizas y huesos, “se los colocaba en una jarra con un pedazo de jade, símbolo de la vida”  y se enterraba todo dentro de la casa.

A los ochenta días le hacían ofrendas a las cenizas, luego cada año por los siguientes cuatro años, para animarlo a proseguir su camino hasta el final.

nueve niveles del Mictlán inframundo azteca
Representación moderna de los nueve niveles del Mictlán. Fuente: images.reporteindigo.com

Las regiones del Mictlán

Huitzilíhuitl tendría que pasar por el caudaloso río Chiconahuapan. El perro que fue inmolado con su cuerpo, es el único que podría ayudarlo a cruzar el río.

En Tepectli Monamictlan, se hallan dos grandes montañas que chocan una contra otra, “habría que tratar de seguir adelante con mucho cuidado para no ser triturados, quienes no lograban avanzar se quedaban sufriendo para siempre”.

El siguiente nivel es Iztepetl, la montaña de obsidiana, en el que fuertes vientos lastimaban los cuerpos como cuchillos de obsidiana. Era aquí donde Huitzilíhuitl y los otros muertos, debían de protegerse con sus ropas y los papeles con los que los habían incinerado.

El frío apenas iniciaba en Iztepetl, ya que nada se comparaba con “el infierno congelado de Cehuelóyan, cubierto de densa nieve en donde se siente el peor de los fríos”.

Posteriormente, se llegaba a Pancuentlacalóyan, “un sitio enigmático, llamado lugar en que flotan las banderas”, y es que en este nivel los vientos eran tan fuertes que los muertos eran arrastrados de un lado a otro, sin poder llegar a la salida con facilidad.

En Temiminalóyan, los muertos tenían que avanzar lentamente o podrían ser flechados por manos invisibles. Esas flechas son “en representación de todas las batallas que los difuntos habían perdido en vida”.

En Teyollocualóyan, viven terribles fieras que comen corazones, ellos toman la cuenta de jade que cada muerto llevaba en su boca. Después, en Apanohualóyan, “la laguna de aguas de humo, los muertos debían luchar para no caer al fondo de ese lago oscuro”.

Finalmente, se llegaba a Chiconahualóyan, un lugar de descanso temporal. Los muertos “se veían rodeados de una densa niebla, ahí tenían tiempo para que reflexionaran sobre sus vidas y redimirse.

Por fin ante el señor del Mictlán

Limpios de cualquier error cometido en sus vidas, podrían ver al gran señor del Mictlán, el cual les daba la bienvenida y pronunciaba las siguientes palabras “Ha terminado tus penas, vete, pues, a dormir tu sueño mortal”. Así lo último que quedaba de los muertos, se disolvían en la nada.

9 infiernos nueve niveles del Mictlán
Los nueve niveles del Mictlán, Códice Vaticano A. Fuente.

Mictlantecuhtli o La Santa Muerte

Mictlantecuhtli fue representado como una calavera y el Mictlán un lugar tan oscuro, con zonas tan inhóspitas azotadas con fuertes vientos y terribles criaturas, que pueden ser vistos a ojos de los extranjeros como algo horrible.

Así que a la llegada de los españoles y sobre todo, cuando se llevó a cabo la evangelización, los misioneros y los sacerdotes vieron en Mictlantecuhtli la representación de la mismísima muerte. No cabía duda que ese dios era uno de los principales antagonistas del luminoso Dios cristiano.

¿Cómo un ser sin carne podría ser venerado sin nerviosismo ante lo tétrico de su imagen? Así que los sacerdotes convirtieron al Mictlán en un infierno y a su Señor, en el diablo. Pero su apariencia tenebrosa nunca detuvo a la gente de venerarlo.

Solo Mictlantecuhtli, supo sobrevivir a la evangelización. Al menos, hasta en la actualidad, se le venera en la figura de la Santa Muerte, hecho que no le causa nada de gracia a la Iglesia pero el pueblo mexicano ha recibido el apoyo de diversos clérigos mexicanos. Es tanta la devoción que se le profesa que la estatua más grande de la Santa Muerte mide 22 metros y se encuentra junto a uno de sus muchos templos, en el corazón de México.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Me tomé la libertad de tomar un nombre de un mexica para explicar el recorrido de un alma por el inframundo. Huitzilíhuitl sí existió, es el nombre de un gobernante mexica, el segundo «huey tlatoani» que gobernó Tenochtitlán de 1391 a 1451.

(2) Yollólt, corazón, significaba la fuerza de la vida, que es propio del ser humano.

(3) Mundo mitológico situado bajo tierra en el que viven espíritus y seres terroríficos.

(4) Para los mexicas existía el plano terrenal donde vivían los humanos y animales. Trece cielos y nueve niveles del Mictlán.

(5) Los códices son los antiguos libros manuscritos que tratan de historia, religión, geografía, astrología, etc.


Bibliografía

  • Caso, A., 2004, El pueblo del sol, Fondo de Cultura Económica, México.
  • Cruz, I., 2021, «Los 9 niveles del Mictlán, el inframundo prehispánico», Datanoticias, 7 de febrero. [En línea]. Disponible en:https://datanoticias.com/2021/11/01/los-9-niveles-del-mictlan-el-inframundo-prehispanico/amp/?fbclid=IwAR3zg1sFsZEKl75htWXAwDh2h6mEJkUEoQjSTu3BZcVa55lMun5lBQ8VJZs (24 de junio de 2022).
  • Soustelle, J., 2012, El universo de los aztecas, Fondo de Cultura Económica, México.
  • Perez, R., 2016, La muerte, El Colegio de México, México.
  • Soustelle, J., 2013, La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista, Fondo de Cultura Económica, México.
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Viridiana Bolaños Hernández
Licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Querétaro, México. Me interés se ha centrado en la cosmovisión mesoamericana, la historia de las mujeres y por ende, en el feminismo. También he tomado cursos y diplomados centrados en literatura, arte y turismo.