En la España del siglo XVII, bajo el reinado de Felipe III (1), la figura del valido (2) adquiere especial importancia. No precisamente por los logros conseguidos en las tareas de gobierno (o sí, según como se mire), sino más bien porque el primer valido de Felipe III, El Duque de Lerma, montó la mayor trama de corrupción de la modernidad española.
El Duque de Lerma: dime de dónde vienes y te diré donde llegarás
Francisco Gómez de Sandoval y Rojas nació en el seno de una familia aristócrata (3), que servía a la corona desde los tiempos de Juana I de Castilla. El futuro Duque de Lerma nunca pisó un colegio ni la Universidad, pero desde el primer momento demostró dotes para desenvolverse perfectamente en la vida de la corte, llegando a convertirse en el modelo de noble cortesano perfecto. ¡Ya apuntaba maneras!
El Duque de Lerma y sus favores interesados
Con la “lección bien aprendida”, y tras haber servido como menino (4) del infante don Carlos (5), era el momento de apostar a lo grande y subir en el escalafón de la corte.¿Cómo? , pues buscándose el favor del príncipe heredero (6).
Tras la muerte de Felipe II y con el “cadáver prudente” aún caliente, una de las primeras decisiones del nuevo monarca sería nombrarlo valido real y delegar todo el poder político en su persona. A partir de este momento, Lerma protagonizó un ascenso meteórico hasta que fue nombrando Sumiller de Corps (también llamado “gentilhombre de cámara”), que le otorgaba el privilegio de dormir en la misma estancia del rey. (Si juntaban las camas y hacían la fiesta del pijama, ya no lo contemplaba el cargo) (7)
Un poco liante
Poco a poco el joven Duque de Lerma fue acumulando tal cantidad de cargos, títulos y competencias como no se había visto jamás, hasta el punto que “la cosa se fue de las manos” y acabaría gobernando más que el propio rey. Felipe III había cambiado la obediencia ciega hacia su padre por el sometimiento a un noble.
Si quieres hacer fortuna, arrímate al rey
En la España del siglo XVII predominaba el sentido del privilegio noble. La primera misión que tenía un grande de España era elevar el prestigio, el privilegio y la fortuna de su noble casa. El Duque de Lerma no perdió el tiempo y empezó a recuperar las tierras y rentas arrebatadas a su familia años atrás. Ser el favorito del rey le hacía recibir numerosas y validosas mercedes reales (8), que hicieron al valido amasar un patrimonio económico insultante para el momento.
El Duque de Lerma sabía cómo enriquecerse sin sufrir demasiado
Que el Duque de Lerma utilizo el favor del rey para enriquecerse, lo dejó claro desde el primer día que entró por la puerta de palacio. De este modo, comenzó a colocar en la corte a todo tipo de familiares y parientes. Hermanos, primos, sobrinos y hasta un cuñado (no podía faltar). No es de extrañar que rápidamente se alzaran voces en contra de tales concesiones “a dedo”, encabezadas por la Reina Margarita. (9) También tenía enemigos entre el Consejo de Estado pero los mantuvo a raya a base de sobornos y favores.
Dame pan y dime tonto
Gracias a los “chanchullos”, las expropiaciones y la venta de cargos, se estipula que el Duque de Lerma alcanzó un patrimonio de tres millones de Ducados (una barbaridad traducida a €uros), aunque su actividad principal y con la que realmente se enriqueció fue con el pelotazo urbanístico.
EL Duque de Lerma y el primer pelotazo inmobiliario de la historia de España
En 1601, el valido real tiene la brillante idea de trasladar la capital del reino a Valladolid (10), ya que Madrid no garantizaba las medidas higiénicas necesarias para acoger a la corte (según la versión oficial). Ante tal decisión, el Ayuntamiento de Madrid ofreció suculentos sobornos al duque pero éste no acepto y continúo con la mudanza. “Era calderilla para lo que estaba por venir”
Invertir en suelo: un clásico
Años antes a esta decisión, el noble castellano y su red clientelar habían comprado numerosos palacios y terrenos en Valladolid. Cuando la corte se instaló oficialmente, el precio del suelo se disparó. Muchos de estos vienes fueron vendidos (por el doble del precio de compra) a los nuevos inquilinos que la ciudad vallisoletana albergaba. Era la época de “las vacas gordas”. El dinero en “B” corría como la pólvora y se blanqueaba a base de construir iglesias ,conventos y palacios; a través del mecenazgo y como no, no podían faltar las “fundaciones benéficas” en las que invertir el dinero procedente de las corruptelas privadas del valido.
Donde dije digo, digo Diego
A los cinco años del traslado de la corte, Valladolid colapsa. La ciudad no es capaz de albergar a las 40.000 personas que se mudaron y de nuevo, el valido decide trasladar la corte a Madrid. (11)
En 1605, con la corte de vuelta en Madrid, los precios suben y el valido saca a venta los palacios, terrenos y alojamientos que había adquirido años atrás. Se puede imaginar el lector, los beneficios que obtuvo con la venta de las propiedades en Madrid.
No podéis juzgar al Duque de Lerma. ¡Es aforado!
La situación se hizo insostenible, el Duque estaba manchado de corrupción por todos lados y el bando enemigo apretaba al rey para que tomara una decisión con su valido.
El todopoderoso Duque de Lerma “se las vio venir” y rogó al Papa el Capelo Cardenalicio (que lo nombrara Cardenal vaya). El Santo Padre accedió al nombramiento y el Duque se libró se ser juzgado, ya que el clero gozaba de inmunidad eclesiástica. En honor a su nuevo cargo, el pueblo de Madrid le compuso la siguiente copla:
“Para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España, se viste de colorado” (12)
A rey muerto, rey puesto
El nuevo Cardenal, trató se seguir cerca del monarca pero éste le comunico que había perdido su confianza. Lo apartó de la corte (13) y le permitió retirarse a sus posesiones en Lerma, nombrando como nuevo valido al Duque de Uceda (14).
Por su lado, Felipe III corría por palacio diciendo: “¡yo destapé la trama Gürtel!” (15) y que el Duque de Lerma le había salido rana. Finalmente, el marrón se lo comería Rodrigo Calderón de Aranda (16), que fue sentenciado y ejecutado en la plaza Mayor de Madrid.
Rey nuevo, valido nuevo
Con la llegada al trono de Felipe IV, el Conde Duque de Olivares (17) se alzaría como nuevo valido del reino. Inmediatamente después, mandó embargar todas las rentas y propiedades del Cardenal-Duque. Limitó sus desplazamientos a las posesiones que tenía entre Valladolid y Burgos.
Apartado de la vida pública, el anciano Cardenal escribió una carta al Papa en la que expresaba su malestar por la situación que estaba viviendo, pero de poco le sirvió. En 1625, moriría el hombre más rico del Imperio Español desposeído de toda reputación y dignidad, pero eso sí, ¡sería el más rico del cementerio! (18).
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