Si vemos las noticias, siempre encontraremos conflictos terribles entre humanos. Pero también, al lado de dicha catástrofe, veremos a personas valerosas, marcadas con una cruz roja sobre fondo blanco, atendiendo a los heridos. Pero, ¿de dónde salen esos auténticos ángeles de la guarda? Bien, todo comenzó a mediados del siglo XIX (1), cuando un hombre de negocios suizo, Henry Dunant, quedó horrorizado ante la visión de miles de soldados heridos. Estos, estaban desparramados por el campo de batalla de Solferino. Traumatizado por la experiencia, decidió hacer todo lo que estuviera en su mano para crear una sociedad mejor. Así, sus esfuerzos fueron la semilla de la que nacería la Cruz Roja.

Las “consecuencias” de las guerras modernas

La Revolución Industrial permitió al hombre un gran desarrollo y un inmenso mejoramiento de las condiciones de vida. Igual que a los prehistóricos el fuego les permitió imponerse a los animales, la Revolución Industrial abrió las puertas a una nueva era de prosperidad para la humanidad. Pero no todo el monte es orégano (2).

cañonera a vapor, cañón con ánima rayada y fusil de carga rápida
Los nuevos «juguetes» para el ejército.

Los progresos técnicos ligados a la Revolución Industrial modificaron la forma de guerrear, ofreciendo nuevos juguetes. La utilización de cañones y fusiles más eficaces aumentó enormemente la mortalidad, al igual que los heridos, en las batallas. De esta manera, se redujeron los combates con honor. Surgió así un nuevo tipo de conflictos que marcaron el inicio de las guerras modernas (3).

A partir de ese momento, las victorias dependían de la calidad y del rendimiento de la artillería. Ya no de la superioridad numérica. Por otra parte, el desarrollo de la máquina de vapor también alteró la guerra. Y es que una buena red ferroviaria o unos barcos más veloces, otorgaban más movilidad a los ejércitos. La guerra de Crimea (4), entre rusos y otomanos, constituyó el terreno de experimentación de este nuevo tipo de guerra.

La unificación de Italia: el camino sangriento que inspiró a Henry Dunant

Unificación de Italia Mapa - Imagen de la unificación italiana
Mapa de la unificación italiana. Fuente

Pero el conflicto que dio a luz a la Cruz Roja, fue la unificación italiana. Dicho proceso no fue un camino de rosas. La idea de una unión pacífica del “pueblo” italiano, murió con un intento fallido de establecer una república italiana (5). La unificación vendría de la mano de las ideas expansionistas (esa manía que tienen algunos de querer ampliar sus «influencias«, normalmente «por las malas«) del reino de Piamonte-Cerdeña. Y, claro, de su rey, Víctor Manuel II (6).

Así, bajo la lógica expansionista, dicho rey puso al frente del Gobierno a su hombre de confianza (7). Este debía organizar la anexión de todos los territorios italianos (8). Y tenía claro quién era el enemigo a vencer: los austriacos. Porque estos hombretones llevaban cientos de años hincando sus zarpas en la Península Itálica. Pero como también sabía que él solo no podría contra Viena, se buscó un compañero de viaje: la Francia de Napoleón III. Napoleón III se mostró receptivo a la “cuestión italiana”; así, conseguiría prestigio internacional y además, obtendría un par de territorios (9).

Tras el acuerdo piamonte-francés, pusieron en práctica su plan para provocar un conflicto con Austria. Con este fin, prepararon una insurrección (10) que obligó a Viena a intervenir. En efecto, el emperador austríaco lanzó un ultimátum al reino de Piamonte-Cerdeña para que pusiera fin al apoyo a los insurrectos. Dado que su petición no obtuvo respuesta, Austria decidió entrar en guerra. Napoleón, dispuesto a cumplir su acuerdo, declaró la guerra a Viena poco después. Vamos, que se lió muy parda.

Y mientras tanto, ¿quien estaba en Italia por esas fechas? ¡Nuestro Henry Dunant! Por lo que fue testigo de la pelea entre italianos, franceses y austriacos (11).

La batalla de Solferino – Henry Dunant horrorizado

Napoleón III en Solferino la batalla que impacto a Henry Dunant y llevó al nacimiento de la Cruz Roja
Napoleón III visitando el campo de batalla después del combate. Fuente

Las diversas derrotas y retiradas austríacas frente a los avances franceses y piamonteses, hicieron que el conflicto se resolviese en una última batalla final cerca de la ciudad de Solferino (12). Todo buen cinéfilo recuerda las famosas batallas de El Señor de los Anillos, pues esto es algo parecido. El resultado de dicha batalla es sobradamente conocido. Por ello, me centraré en la experiencia que supuso para nuestro protagonista.

Henry Dunant, nuestro hombre, no fue testigo directo de la batalla, pero sí de su resultado. La primera frase que escribió Henry Dunant sobre los muertos que hubo en Solferino es brutal:

“Todo el campo de batalla está cubierto de cadáveres de hombres y caballos; los caminos, las zanjas, los matorrales, los prados están sembrados de cuerpos” (13).

La muerte campaba a sus anchas, y se cebó tanto sobre los vencedores como los vencidos. Como era imposible oficiar entierros para tanta gente, se optó por enterrarlos en enormes fosas comunes. Henry Dunant participó en dichas actividades ya que, desde su llegada al lugar de la batalla, trabajó en el servicio de intendencia del ejército francés (14). Para que nos entendamos, el servicio de intendencia es algo parecido al trabajo que hacen los camareros en un restaurante: se encargan de que no les falte nada a nadie (en ese caso se encargaban de repartir las municiones, transportar los suministros y también de recoger a los heridos).

Henry Dunant – ¿es que nadie piensa en los heridos?

Los heridos fueron el principal motivo de preocupación para Henry Dunant. Así lo demuestra en esta descripción que hace de un soldado herido:

“Hay un húngaro que grita sin tregua y sin descanso, reclamando, en italiano y con acento desgarrador, la presencia de un médico; sus riñones, que fueron alcanzados por fragmentos de metralla y están como surcados por garfios de hierro, dejan ver sus carnes rojas y palpitantes; el resto de su cuerpo hinchado está negro y verdoso; no sabe cómo descansar ni cómo sentarse; impregno puñados de hilas en agua fresca e intento hacer una compresa, pero la gangrena no tardará en llevárselo” (15).

A lo largo de sus recuerdos de la batalla, Henry Dunant nos describe los sufrimientos de los heridos. Tanto sus males físicos cómo psicológicos. Sus esfuerzos se centraron en conseguir la máxima atención de estos pobres desgraciados. Por ello, recorrió los pueblos vecinos buscando voluntarios que hicieran de enfermeros (16)… Daba los primeros pasos la Cruz Roja… Aunque, sobre todo, voluntarias, motivadas por el amor como madres o hermanas y sus ganas de ayudar a mejorar la sociedad.

Henry Dunant Cruz Roja
Carro de intendencia de la época. Fuente

Para Henry Dunant los servicios de intendencia eran claves para la atención de los heridos (17). Pero dichos servicios presentaban muy malas condiciones. Por ello, ante la falta de medios por parte de los ejércitos para atender los heridos, Henry Dunant planteó la necesidad de organizar un servicio de voluntarios, germen de la futura Cruz Roja (18).

Todas estas circunstancias traumatizaron profundamente a Henry Dunant. Así, unos días después de la batalla, fijó el objetivo que regiría el resto de su vida:

“¿No se podrían fundar sociedades voluntarias de socorro cuya finalidad sea prestar o hacer que se preste, en tiempo de guerra, asistencia a los heridos?” (19).

El nacimiento de la Cruz Roja

Cuatro años después de la batalla de Solferino (20), un comité privado, dirigido por Henry Dunant, organizó un congreso. En este participaron representantes de 16 países. Y allí se recomendó la fundación de sociedades nacionales de socorro, dotadas de protección por parte de los Gobiernos. Además, el comité expresó su deseo de que las potencias beligerantes declarasen inviolables los hospitales de campaña, incluyendo a todo su personal y a los voluntarios que prestasen ayuda sanitaria. Finalmente, se pidió que los Gobiernos eligieran un símbolo distintivo común para los bienes y las personas protegidas (21).

Cruz Roja cartel propagandístico
Alegoría del Convenio de Ginebra de 1864. Fuente

Un año después, se reunió una conferencia diplomática en Ginebra, que se encargó de redactar el “Convenio de Ginebra para mejorar la suerte que corren los militares heridos” (22). Fue ratificado por los 16 países participantes a lo largo de los años siguientes. El Convenio convertía en realidad los deseos de Henry Dunant. Y dejó grabado en piedra el principio según el cual deben ser recogidos y asistidos, sin distinción de nacionalidad, todos los heridos en un conflicto.

Como emblema que garantizaba la protección de dichas sociedades, se optó por el signo heráldico de una cruz roja sobre un fondo blanco. Este rendía homenaje a Suiza, patria de nuestro Henry Dunant (que para eso fue el impulsor del movimiento que dio lugar a la Cruz Roja). Las diversas sociedades que se fueron creando, se coordinaron de forma internacional. Por lo que, finalmente, adoptaron el nombre genérico de Cruz Roja Internacional, donde cada país tenía su representación (23).

¡Muchas gracias Henry!

En conclusión, debemos agradecer a Henry Dunant y a sus colegas su capacidad de sobreponerse a la barbarie y su inquietud por mejorar el mundo. Su gran obra, que fue la Cruz Roja, todavía hoy se hace notar. Ya sea en los conflictos bélicos que todavía asolan la Tierra, en otras crisis humanitarias, en catástrofes naturales o en movimientos de refugiados. Espero que este artículo sirva para conocer el origen de una de las instituciones humanitarias más importantes del mundo, la Cruz Roja.


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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) En 1859.

(2) Abelló, 2014, pp. 48-52.

(3) Abelló, 2014, pp. 53-56.

(4) La Guerra de Crimea (1853-1856) fue un conflicto que libró el Imperio ruso contra una liga formada por el Imperio otomano, Francia, Reino Unido y el reino de Piamonte-Cerdeña. La desencadenó el expansionismo ruso y el temor a que el Imperio otomano se desmoronase. Se disputó fundamentalmente en la península de Crimea, en torno a la base naval de Sebastopol. Se saldó con la derrota de Rusia. Extraído de Pich, 2014, pp. 63-68.

(5) El intento de establecer una república italiana fue obra de Giuseppe Mazzini (1805-1872): fue un nacionalista y liberal genovés, fundador de la sociedad secreta “Joven Italia” con la que persiguió la unidad, independencia y renovación nacionales a través de insurrecciones populares. Partidario de los regímenes democráticos, su objetivo era establecer una república italiana capaz de formar parte de una unión europea basada en la federación de los diversos pueblos europeos. Extraído de Pich, 2014, p. 53.

(6) Víctor Manuel II (1820-1878) fue el último rey del Piamonte-Cerdeña y el primer rey de Italia (1878).

(7) Camillo Benso, conde de Cavour (1810-1861): fue el primer ministro de confianza del rey Víctor Manuel y el principal ideólogo de la unificación italiana.

(8) Víctor Manuel II y el conde de Cavour fueron los impulsores de la unificación italiana. Su plan de unificación se basaba en 3 principios: la monarquía, el liberalismo y el reconocimiento internacional. La unificación italiana bajo sus ideas se convirtió en algo parecido a “todo para los italianos, pero sin el pueblo”. La unificación italiana se convirtió en la absorción por parte de Víctor Manuel de los territorios italianos. Extraído de Pich, 2014, pp. 49-51.

(9) La adquisición de Saboya y Niza. Pich, 2014, pp. 89-92.

(10) En la primavera de 1859, en el ducado de Módena.

(11) Pich, 2014, pp. 92-93.

(12) La Batalla de Solferino tuvo lugar el 24 de junio de 1859. El ejército austríaco, al mando de Francisco José I, fue derrotado por los ejércitos de Napoleón III de Francia y del reino de Piamonte-Cerdeña, comandado por Víctor Manuel II. La batalla se enmarca en el proceso de Unificación italiana. Después de nueve horas de batalla, las tropas austríacas fueron forzadas a rendirse. Extraído de Dunant, 1982.

(13) Dunant, 1982, p. 10.

(14) Dunant, 1982, pp. 11-12.

(15) Dunant, 1982, pp. 15-16.

(16) Dunant, 1982, p. 16.

(17) “El servicio de Intendencia continúa haciendo recoger a los heridos que, vendados o no, son trasladados en mulos, portadores de parihuelas o de artolas, hasta las ambulancias, desde donde son enviados a las aldeas y a los poblados más próximos del lugar en que cayeron o del lugar en que primeramente fueron recogidos. En caseríos, iglesias, conventos, viviendas, plazas públicas, corrales, calles, paseos, todo se ha convertido en ambulancias provisionales. Pero, dado que los austríacos habían requisado, a su paso, casi todos los carros de la región y, como los medios de transporte del ejército francés eran muy insuficientes en proporción con la enorme cantidad de heridos”. Dunant, 1982, p. 12.

(18) “Hay que organizar, como fuere, un servicio voluntario, pero resulta muy difícil en medio de tanto desorden, complicado con una especie de pánico, que se apodera de los habitantes de Castiglione y cuyos desastrosos resultados son el desenfrenado aumento de la confusión y la agravación, por las emociones causadas, del lamentabilísimo estado de los heridos”. Dunant, 1982, p. 13.

(19) Dunant, 1982, p. 25.

(20) En 1863.

(21) VV. AA., 2017, p. 9.

(22) Firmado el 22 de agosto de 1864.

(23) VV. AA., 2017, p. 10.


Bibliografía