futurismo italiano Mussolini - culto a la guerra
Los artistas del futurismo, relacionados con el fascismo italiano
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Os vengo a hablar de los artistas del futurismo, vanguardistas que amaron la guerra…

«Queremos glorificar la guerra- única higiene del mundo (…)» (1).

No, no es la frase de un malo malísimo que quiera invadir la Tierra. La frase es de un poeta italiano, Marinetti, explicando su manera de ver la sociedad y el arte.

A caballo entre lo nuevo y lo viejo, la Italia de principios del siglo XX quiso ser moderna, pero sin dejar de acordarse de sus ruinas romanas. Marinetti y sus amigos empezaron a decir que lo que necesitaban era agresividad y movimiento, que no podían ser modernos si solo era bueno el pasado. Estos «colegas» eran los  futuristas: señores preocupados por el dinamismo de las cosas. Para ellos, las fábricas y los desfiles militares eran lo más de lo más. ¿Paz y amor? ¡Olvídate hippie! La belleza, para ellos, estaba en la guerra.

Normalmente se les mete en el mismo saco que al fascismo italiano. Bueno… ni sí, ni no. Directamente, apostaron por el caballo ganador. Un día una cosa, al siguiente otra. Entonces, ¿eran unos chaqueteros?

Marcha, marcha, queremos marcha… El futurismo italiano

A base de publicaciones y charlas, los artistas del futurismo empezaron a difundir sus ideas.

futurismo italiano Giacomo Balla
Manifestación patriótica. Giacomo Balla. 1915. Museo Thyssen-Bornemisza. Fuente

Estaban hartos de la sociedad y, sobre todo, de no avanzar. La vida se guardaba en museos y, fuera de ellos, Italia era pobre. La gente estaba hasta el moño de todo. Ellos explotaron contra eso, contra un pasado glorioso, total ¿para qué servía si estaban estaban hartos? Por eso mismo, querían destruirlo.

Destrozar cosas hace que tengamos que construir otras nuevas. Así, las máquinas se convirtieron en su símbolo. Pues todo lo que se mueve, genera progreso. Con esta idea en la cabecita, estos artistas también creían que había belleza en la guerra (les gustaba más que a un tonto un lápiz). Si hay guerra, hay unión y movimiento, que es lo que les ponía.

Y con tanto movimiento, no sabían ni dónde apuntaban. Tan pronto te pegaban la chapa con el comunismo, como se te hacían miembros del partido fascista. Hablaban de antifeminismo y luego de igualdad. Se arrimaban a sol que más calentaba…

Que no nos terminamos de aclarar, oye

Siendo sinceros, a la gente le daba igual lo que estos tíos dijeran. Los más pobres tenían hambre y miedo. Los no tan pobres se aburrían y eran unos abusones. Tras la Primera Guerra Mundial, Italia era un mejunje de frustración y descontento, ya que los Aliados les pegaron una patada en el culo (2) con el reparto de territorios. Les vinieron a decir que se dedicaran a comer pizzas y espaguetis, que ellos tenían más fuerza militar y económica y, por tanto, no les daban ná de ná.

futurismo italiano - artista Giacomo Balla
Velocidad de automóvil. Giacomo Balla. 1913. Fuente

La propaganda nacionalista italiana lo llamó «victoria mutilada» y se sentían engañados. Algo cabreados, empezaron a surgir organizaciones de exsoldados (3), a los que se unía todo hijo de vecino resentido.

Hasta que llegó (tachán tachán) un señor de mandíbula prominente llamado Benito Mussolini. Ahí lo vieron claro estos artistas. Este club tan particular terminó formando el Partido Nacional Fascista. Sin ideología concreta, pero contra todo, rendían culto a la violencia y querían transformar las cosas. Los artistas del futurismo se presentaron como sus artistas sin pensárselo dos veces.

El plantón de Mussolini

Los futuristas animaron a la violencia y se creó una relación un tanto peculiar entre artistas y militantes, no sabiendo dónde empezaban los unos y dónde terminaban los otros. Sentían una fascinación enferma por las máquinas como símbolos modernos. Tenían claro que la potencia de un motor tenía que ser la virtud de los hombres nuevos.

futurismo obra - artista Tullio Crali
Antes de que se abra el paracaídas. Tullio Crali. 1939. Fuente

En estas movidas utópicas, los artistas del futurismo entraron en las academias e instituciones que tanto odiaban, porque les recordaban al pasado.

Este movimiento de vanguardias no era un grupo en el que todos pensaban igual. Algunos terminaron apoyando a Mussolini en prácticamente todo y escribían cosas sin sentido (llegaron a hablar de modificar la comida y modernizarla). Otros se desentendieron cuando Mussolini hizo chanchulloss con el Vaticano y la burguesía; era algo que iba en contra del futurismo porque representaba el pasado.

Pero… eso fue todo amigos. Mussolini cambió el futurismo por otro movimiento llamado Novecento (4). No fue el arte oficial del fascismo, pero sí su favorito. Era un arte que quería volver al Renacimiento. Estaban hasta la coronilla de tanta vanguardia y querían equilibrio y grandeza.

Esta idea, sedujo al Duce tanto como la líder del movimiento (5). Así, los autores del futurismo quedaron abandonados a su suerte y cada vez más pirados. Es lo que tiene pactar con el diablo, al final uno sale escaldado.

¿Los artistas del futurismo hicieron algo más que zurrarse?

Los futuristas hablaban de libertad y de terminar con el orden, pero acabaron sucumbiendo. Sufrieron la evolución de un régimen: desde que surgió y necesitaba el mensaje de revancha, hasta que ya solo le quedaba vender grandeza. De esta manera, podemos entender por qué Mussolini terminó prefiriendo otras cosas, como el Novecento.

Pero consiguieron ser modernos. Cosas que nos parecen tan modernas como una performance, tuvieron su origen en el futurismo. Todo se basaba en el momento y en la emoción. Pese a sus ideas y cómo las defendían, fueron un antes y un después en la Historia, en un momento complicado.


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Referencias

(1) Punto 9 del Manifiesto Futurista; Filippo Tommaso Marinetti, Le Figaro, 20 de febrero de 1909.

(2) Tras la Conferencia de Paz de Versalles, de 1919, franceses y británicos dijeron que los territorios que habían prometido a Italia no se los otorgaban porque tenían menos poder económico y militar que ellos.

(3) Conocidos como «arditi». Eran tropas de asalto de élite.

(4) Fundado en 1922, en Milán. Se disolvió en 1933 con la ruptura entre Mussolini y Sarfatti.

(5) Margherita Sarfatti, escritora y crítica de arte.


Bibliografía

  • Fundación MAPFRE, 2016, Del divisionismo al futurismo: el arte italiano hacia la modernidad, Fundación MAPFRE – Área de cultura, Madrid. [En Línea] Disponible en: https://revistalafundacion.com/marzo2016/la-muestra/ (14 de mayo de 2018)
  • Chignoli, A. y Gómez, L., 2011, Futurismo: la explosión de la vanguardia, Vaso Roto, Madrid.
  • González, A., Calvo, F. Marchán, S., 2009, Escritos de arte de vanguardia. 1900/1945, Itsmo, Madrid.