Uno no puede entender la Edad Media europea y del Próximo Oriente sin la religión (y hoy en día tampoco). Dios y su Iglesia fueron el axioma de todo lo que pasaba en la Europa de ese momento, siendo muy pocos los aspectos que se le escapaban.

Y en este contexto se engendraron las cruzadas, campañas militares cristianas en pos de recuperar Tierra Santa, que tenían objetivos distintos dependiendo del estrato social de los participantes. Para reyes y papas, suponían una ocasión sin igual para poder aumentar su poder y presencia en los territorios que ahora estaban ocupados por musulmanes. Para las clases más humildes, era una oportunidad de ir haciendo méritos cuando llegase la hora de rendir cuentas ante el altísimo, así como de buscar nuevas oportunidades, alejándose de la precariedad que tenían en sus hogares.

Todo ello sin olvidarnos del temor al milenarismo, que anunciaba el fin del mundo en el año mil de nuestra era.

¿Reconquista?

El derecho territorial histórico es uno de los motivos de justificación más tradicionales a la hora de reclamar una u otra tierra.

Uno de los paradigmas que se ejemplifican sobre la Edad Media en la Península Ibérica es el de la siempre controvertida Reconquista. Solo con mencionarla, sube el pan. ¿Por qué? Bueno, es realmente una cuestión más de consideración personal, que un hecho en sí mismo (1).

Navas de Tolosa cruzada
La Batalla de las Navas de Tolosa. Obra de Francisco de Paula Van Halen. Fuente: Wikipedia

El termino implica algo muy evidente, que es que se vuelve a conquistar algo. Al utilizarlo ya implica algo muy importante: que quien había antes perdió (en este caso) su territorio a manos de un agente externo y que posteriormente lo recuperó. Entonces, ¿asumimos que los visigodos (que en su mayoría entregaron sus territorios por pactos con los nuevos conquistadores) son los antepasados de los cristianos que se expandieron hacía el sur, con Pelayo a la cabeza en primer lugar? (2).

Leyes y leyendas

Como vemos, los mitos y leyendas son un poderoso aliado de todos aquellos que buscan justificar sus movimientos, sobre todo a la hora de dibujar la línea de un mapa un poco más allá o un poco más acá. Y es que es totalmente necesario entender el concepto de derecho histórico (3) (4), que es la concepción que tiene un grupo social, que en origen está muy presente en un territorio (generalmente de forma exclusiva) y que lo llega a considerar como propio. Se forja una vinculación entre el individuo y el suelo que pisa. No nos costará ahora imaginarnos las implicaciones que puede tener que consideremos a un pueblo como continuador del anterior (o legítimo) o invasor (y por lo tanto ilegítimo).

Por lo tanto, tenemos una explosiva combinación en la coctelera: intereses territoriales y religión. En el caso de Tierra Santa todos estos elementos se agravan notablemente. Tenemos dos potencias antagónicas, cristianos latinos y musulmanes, luchando por un territorio que en las escrituras sagradas de ambos contendientes aparece como sagrado (5).

Jerusalem y la cruzada de los niños
Vista de Jerusalem. Obra de Conrad Grünenberg, 1487. Fuente: Wikipedia

El día que Nicolás hubiera hecho mejor quedándose en la cama. La cruzada de los niños

El escenario original lo encontraremos en Alemania, en la ciudad de Colonia. Una mañana de la primavera de 1212 se congregan un gran número de jóvenes con el fin de partir hacia Tierra Santa. Esto podía haber quedado como una de otras tantas cruzadas populares (6), sin embargo, hay un elemento enigmático que la convirtió en leyenda. Esa es la aparición de Nicolás.

Nicolás fue un niño que se unió a esta primera Cruzada de los niños, y que rápidamente se haría con el mando de la misma. Y es que cuenta la leyenda que fue llamado por un ángel para recuperar el sepulcro de Jesucristo. Los jóvenes, al fin y al cabo, son jóvenes. Experimentan con sustancias, ven cosas, y pasa lo que pasa. Ahora y en el siglo XIII. Pero claro, él se lo creyó e hizo que le creyeran. Hay que reconocer que, de entrada, para un grupo de chavales altamente condicionados por el contexto, tuvo que ser bastante impresionante (7).

Lo que a priori nos podía parecer una mala idea fue, evidentemente, una mala idea. Ya sabemos que las condiciones sanitarias de la Edad Media no eran las mejores (8). Si a eso le sumamos una ola de calor e intentar cruzar los Alpes (con su corriente frío), nos podemos imaginar cómo se iba reduciendo el número de jóvenes que consiguieron seguir adelante. No pintaba bien la cruzada de los niños.

La llegada a Italia supuso el fin de esta cruzada de los niños. Aunque no consiguieran atravesar más que un país, la distancia para hacerla andando y para la época no estuvo nada mal, aproximadamente unos 1.391 km. Los pájaros en la cabeza de esta cruzada de los niños habían acabado finalmente con ella, y la dispersión fue total. Algunos buscaron su hueco en el Vaticano. Otros, los cuatro últimos locos, acabarían siendo vendidos como esclavos tratando de alcanzar Tierra Santa por su cuenta.

Hay una carta para ti

El caso del movimiento de Nicolás no fue aislado (y ya se sabe, mal de muchos…). En el mismo año tenemos un proceso muy similar en Francia (9). Aquí sería un joven pastor  que afirmaba que portaba una carta escrita por el mismo Jesucristo para Felipe II (10). Imagínense, un tipo que supuestamente es omnipotente, omnipresente, uno y trino, ¡tiene que escribir una carta para comunicarse! En fin, pues se lo creyeron.

Las crónicas hablan de 30.000 congregados, pidiendo enfervorecidos el inicio de otra cruzada. La carta fue rápidamente desacreditada por la Iglesia, y la mayoría de los allí presentes se dispersaron. Tuvo que ser toda una decepción, ¿quién podía imaginárselo? Aun así, siguió habiendo gente con las ideas muy fijas, y si tenían que unirse a una cruzada, lo hacían. Así, una parte se unió a la cruzada contra los albigenses (11).

Tanto su parte de realidad como de leyenda, nos puede llevar a plantearnos la siguiente pregunta: ¿son los ejemplos de niños (12) que cometen un acto muy por encima de sus capacidades un recurso de adoctrinamiento que cala con mucha más potencia que historias protagonizadas por adultos?

Tenemos más ejemplos de jóvenes heroicos, en este caso patrios, como es el caso de Isidre Lluçà i Casanoves, el tamborilero del Bruc (13). E incluso en las propias leyendas fundacionales de míticas ciudades como Alba Longa (Lacio) y Roma (14).

Estatua conmemorativa del «timbaler» del Bruc. Fuente: Crónica global, el Español

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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Garcia Fitz, 2009, pp. 142-215.

(2) García Fernández, 2015, pp 38-39.

(3) En el caso de España es complicado discernir un significado general puesto que la historia del derecho español reciente ha copado este término en el reconocimiento constitucional de los derechos forales del País Vasco, Aragón, Cataluña, Navarra y Valencia.

(4) Meisels, 2009, pp. 31-32.

(5) La Biblia y el Corán respectivamente.

(6) Cruzadas que no tenían una motivación oficial por ninguna figura de autoridad y que eran emprendidas por el pueblo llano, motivados por el fervor religioso. En algunas ocasiones, más que iniciar un movimiento propio, se unían a los contingentes militares que pasaban por sus tierras.

(7) F. Madden, 2005, p. 137.

(8) Más relacionado con la falta de estructuras públicas que con el concepto de higiene personal. Quirós Castillo, 2016, pp. 23-42.

(9) Ignacio Cuesta, 2009, p. 167.

(10) Rey de Francia entre 1180 y 1223.

(11) Conocida también como la Cruzada contra los cátaros, secta considerada herética por la Iglesia, situados en el sur francés. Jiménez Sánchez, 2004, pp. 135-163.

(12) Tenemos que tener en cuenta que la esperanza del momento estaba entre los 20 y los 30 años, y lo que consideramos hoy como niño podía ser ya un adulto en el momento.

(13) La famosa leyenda catalana cuenta que el tamborilero, solo con su tambor y el eco que este produjo contra las paredes de Monserrat, consiguió dispersar a las tropas napoleónicas, pensando estas que se acercaba un contingente muy numeroso con el que enfrentarse. Nieto Sánchez, 2010, pp. 295-304.

(14) Con Ascanio con su padre Eneas tras la huida de Troya, y  los famosos Rómulo y Remo, amamantados de muy pequeños por una loba.


Bibliografía

  • F. Madden, T., 2005, Cruzadas, Blume, Barcelona.
  • García Fernández, M., 2015, «Reconquista: un concepto en discusión», Andalucía en la historia, n° 50, pp. 38-39.
  • García Fitz, F., 2009, «La Reconquista: Un estado de la cuestión», Clío & Crímen: Revista del Centro de Historia del Crimen de Durango, 6, pp. 142-215.
  • Ignacio Cuesta, J., 2009, Breve Historia de las Cruzadas, Nowtilus, Madrid.
  • Jiménez Sanchez, P., 2004, «El catarismo: nuevas perspectivas sobre sus orígenes y su implantación en la Cristiandad occidental», Clio & Crimen, I, pp. 135-163.
  • Meisels T., 2009, Historical Rights to Land, «Territorial Rights», Law and Philosophy Library, 72, pp. 31-32.
  • Nieto Sánchez, C., 2010, «Los sucesos del Bruc: un bosquejo de su presencia en las artes», Annals de l’Institut d’Estudis Gironins, 51, pp. 295-304.
  • Quirós Castillo, J. A., 2016, Desigualdad y complejidad social. De la Antropología Física al Arqueo-antropología en el noroeste de la Península Ibérica, Universidad del País Vasco, Servicio Editorial, Bilbao.
  • Sellarès Cots, M., 2008, La guerra del Francès als territoris de parla catalana, Catarroja, Barcelona.