Casandra y Clitemnestra son dos personajes de la mitología griega con muchas más cosas en común de lo que a simple vista parece. Ambas transgreden las normas patriarcales impuestas a las mujeres. Por un lado, Casandra se atreve a alzar su voz y osa decirle a los hombretones que la están cagando de mala manera en temas bélicos. ¡Ni más ni menos! Por otro, Clitemnestra no acepta al marido que le han impuesto, al que detesta. Y hasta se atreve a enamorarse de otro, ponerle los cuernos y gobernar en su ausencia.

Además, Casandra y Clitemnestra pagarán caro su atrevimiento y serán víctimas de la violencia de los hombres. ¿El motivo? Dejar clarito a las mujeres griegas que debían ser sumisas, obedecer a los hombres y quedarse recluidas en el espacio doméstico. ¿Si no? Lo pagarían bien caro, como le sucedió a Casandra, o serían convertidas en unas auténticas villanas sin corazón, como fue el caso de Clitemnestra.

En un mundo donde la mujer era, literalmente, una propiedad del varón que estaba encerrada en el hogar (1), no convenía que las oprimidas se rebelasen y sacasen los pies del tiesto. Siempre es mucho más fácil dominar si no te oponen resistencia. Y para eso estaban los mitos: para educar e implantar el patriarcado (2). En ellos, cualquier artimaña violenta es buena para convertir a las mujeres en meros objetos invisibles, a los que los hombres manejan a su antojo (3). Además, para rematar la jugada, estaban estos contraejemplos, como Casandra y Clitemnestra, subversivos y transgresores, de lo que debía ser una buena mujer. Porque:

“El arte no es un espejo para reflejar el mundo, sino un martillo con el cual darle forma” (4).

El cruel mito de la adivina Casandra

Casandra (5) era la hija de Hécuba (6) y de Príamo (7), el rey de Troya, y la hermanica gemela de Héleno – sí, también es hermana del famoso Paris – (8). Y ¿qué pasó justo cuando su papi reinaba? Pues que estalló la famosa guerra. Y si por algo ha pasado a la Historia nuestra amiga Casandra es por las famosas profecías que lanzó – y que nadie escuchó – a lo largo de esta dichosa guerra (9). Para qué iban a escuchar a una mujer, ¿verdad? Porque el drama de Casandra era acojonante: tenía el don de ver el futuro, pero nadie le hacía ni puto caso. ¡No me digáis que la impotencia que debía sentir la princesa troyana no era una condena!

casandra mito griego

Pero, ¿cómo obtuvo ese don profético que tantos dolores de cabeza le acarreó? Pues hay dos versiones.

“La fiesta del bebé” se nos ha ido de las manos…

La primera nos cuenta que, al poco de nacer, sus papis montaron un fiestorro en el templo de Apolo Timbreo. Y oye, que se ve que la fiestuqui dio para largo, porque, cuando anocheció, los papis se piraron a palacio y se dejaron olvidados a Casandra y a su gemelo en el templo. Y a la mañana siguiente, imaginaos: “Príamo, escúchame, ¡¿y los chiquillos!?”. “¡Ostras Hécuba! Yo tengo un resacón que ni conozco… ¡Volvamos al templo a buscarlos! ¡La que hemos liado! ¡No vuelvo a beber!”. Total, que cuando llegaron al templo se encontraron a los dos churumbeles dormiditos, mientras unas serpientes les estaban chupeteando – ¡no veáis que estampa! –. Pero, tras el shock inicial de ver a los reptiles sobando a los críos, se dieron cuenta de que les estaban purificando y otorgándoles el don de la profecía (10). ¡Que todos los sustos se queden en eso!

Cuando un dios pretende fornicarte sea como sea

La segunda versión, afirma que fue el dios Apolo (11) quien le regaló el don a Casandra. ¿Por qué era muy generoso? ¡Já! Un dios griego no va por ahí regalando sin pedir nada a cambio. Resulta que el muy mamón se había encaprichado de Casandra y, como buen dios del patriarcado, decidió hacerle un chantajillo sexual: Casandra, bonita, ¿qué te parece si te enseño a adivinar el futuro y a persuadir? Sería la leche, ¿verdad? Pues, a cambio, solo tienes que acostarte conmigo, princesa… ¡Prométemelo!  Casandra aceptó, pero fue muy cuca: una vez que aprendió a profetizar, se negó a mantener relaciones sexuales con Apolo. ¿Cuál fue la reacción de este mangarrián? Pues vengarse: le escupió en la boca – que se note la finura – y además, con ello, le retiró el don de la persuasión (12).

Así, no nos debe extrañar que Casandra fuese capaz de ver el futuro y predecir todo lo que iba a acontecerse durante la guerra de Troya. Pero, al haber sido castigada por Apolo, de poco le servía, pues nadie tenía en cuenta ni una sola de sus palabras. Adivinación ya has aprendido, vale, pero, con mi escupitajo, olvídate de “persuadir”; vamos, de que te crean (13). Es más, hasta hay una versión del mito de Casandra donde se cuenta que su padre, Príamo, totalmente avergonzado por el don de su hija, la encierra bajo la custodia de un vigilante (14).

Lo que el mito de Casandra esconde: enseñando y difundiendo sumisión y violencia sexual

Pero este no es un cuentecillo sin más importancia – como no lo es ninguno de los mitos griegos –. Con los mitos lo que se pretendía era culturizar y educar. Y había un sistema de opresión, vigente en nuestros días, que tenían que inculcar fuese como fuese: el patriarcado, la supremacía del varón y la sumisión de la mujer. Los mitos mostraban cómo debía comportarse cada quién según su sexo, por lo que servían para perpetuarlo. Y legitimaron la dominación masculina a través de la violencia ejercida sobre las mujeres: física, sexual, psicológica y simbólica (15). Así, la mitología fue un instrumento ideológico esencial para crear y perpetuar los roles y estereotipos de género – que no son una realidad biológica, sino una construcción sociocultural que impone quien domina y quien se somete – (16).

Últimos ejemplares

¿Qué nos enseña el mito de Casandra? Primero, se legitima que si un hombre se encapricha de ti, tu voluntad importa poco, o más bien nada, porque todas las artimañas que dicho hombre ponga en práctica para arrastrarte al catre, se aceptan.  En el caso de Casandra, un chantaje puro y duro. En otros mitos, como os contamos en nuestra obra, directamente los dioses y héroes optan por la violación (17). Ya que estamos hablando de Troya, el “rapto” – eufemismo que ofende – de Helena es un ejemplo de ello (18). Así, las mujeres dejan se ser sujetos para convertirse en objetos a disposición de los hombres (19).

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¿Una mujer opinando públicamente? ¡Por los dioses!

Por otro lado, como Casandra osa desobedecer a Apolo, es decir, transgredir las normas patriarcales y desafiar al varón, se le impone un castigo. Y dicho castigo también conlleva un mensaje clarísimo: mujer, no te metas en los asuntos públicos, no te pronuncies, porque nadie te hará caso. Es más, te tacharán de loca. Así, se deslegitima a Casandra, la ningunean, ignoran su sabiduría; silencian su voz. Y, aunque bien podría haberles salvado de una derrota aplastante contra los griegos, pues incluso advirtió del peligro de dejar pasar el icónico caballito, con Odiseo al frente (20), era preferible perder y morir que hacerle caso a una mujer. Así, dejaban clarito que el sitio de la mujer estaba en la casa, en el espacio doméstico, y que la política y los problemas públicos eran cosa de machotes (21). Misoginia en estado puro, amigas.

Casandra se atreve a transgredir las normas, soltando sus adivinaciones públicamente, y sin control masculino, por lo que es castigada con violencia simbólica: silencian su discurso, al tratarla de loca y no hacerle ni mijita de caso (22). – Que traten a una mujer de loca si se mete a debatir entre hombres, tampoco nos debe sonar muy raro –. Mujer silenciada, mujer invisible (23). Pero, ¿por qué? Pues porque que una mujer alzase su voz sin el control y la autorización masculina desestabilizaba el orden social; ese orden patriarcal en el que la mujer quedaba subordinada al hombre (24).

El castigo de Casandra, la transgresora, aún no había concluido…

Pero para una mujer que osaba transgredir las normas, desafiar a un dios y opinar en asuntos de hombres, todo castigo era poco. Llámese castigo o, más bien, violencia de género (25). Como los troyanos no hicieron ni caso a las advertencias de Casandra, los griegos lograron colarles en la ciudad el famoso caballo (26). Y este fue el fin para los troyanos. Los griegos los masacraron sin piedad y saquearon la ciudad a conciencia, antes de culminar prendiéndole fuego a todo (27). Y fue durante el saqueo de Troya cuando Casandra padeció un infierno. La condena más cruel.

Casandra, acojonada ante la que estaban liando los griegos, corrió a refugiarse en el templo de Atenea, sin percatarse de que un machote, Áyax el Locrio (28), la persiguió hasta allí. Cuando Casandra se coscó, se abrazó a la estatua de Atenea, implorándole a la diosa que la salvase de aquél violador que pretendía destrozarla. Pero de nada le sirvió, porque Áyax, literalmente, la arrancó de la estatua de manera tan brutal que hasta la imagen de Atenea se tambaleó. La pobre Casandra, aún virgen, se limitó a levantar su mirada al cielo, mientras aquel violador la ultrajaba (29). Por ofender el altar de Atenea – en ningún caso por haber violado a una mujer – los griegos estuvieron a puntito de lapidar a Áyax (30). Este logró salvar el culo, pero no conseguirá escapar de la furia de la diosa (31).

Áyax y Casandra Guerra de Troya saqueo
Áyax y Casandra (Solomon Joseph Solomon). Fuente: Wikipedia.

Los destinos de Casandra y Clitemnestra se entrecruzan malamente

Sin embargo, la condena de Casandra por ser una mujer que se sale de la norma tampoco acaba con esta violación. Una vez que los griegos terminaron de saquear Troya, tocó repartirse el botín. Y Casandra, como mujer que era, era parte de ese botín. Así que, como si fuese un trofeo de guerra, se la entregaron a Agamenón (32), como esclava y concubina, quien “se enamoró de ella con violento amor” (33). Es decir, que Agamenón también la violó, y con todo el derecho del mundo, pues era su botín, su premio, una cosa de su posesión. Una vez más, violencia sexual legitimada by the face. De esta violación, nacieron dos gemelos: Teledamo y Pélope (34).

Y para poner la guinda a este pastel amargo que fue la vida de Casandra, cuando llegó con Agamenón a Micenas, la esposa de éste se los cargó a los dos, supuestamente, por celos (35). ¡Qué casualidad! El verdugo final de Casandra fue otra mujer, muerta de celos (36). Qué cosas, ¿verdad? Y resulta que esta mujer tan “malvada” que mató a Casandra era Clitemnestra (37), otra transgresora. Por supuesto, la mitología griega no nos iba a mostrar unión y sororidad entre dos mujeres subversivas. Para nada. Qué mejor manera de olvidarse de todos los hombres que machacaron a Casandra que asesinándola a manos de otra mujer.

casandra y clitemnestra

Pero la muerte de Casandra también puede verse como una manera de expiar su culpa por haber desobedecido a Apolo. Un castigo más en la lista, por haber osado transgredir las normas (38).

El mito misógino de la reina Clitemnestra

Clitemnestra era la hija de Tindáreo (39) y de Leda (40), y ya desde el momento de su concepción se avecinaron los líos…

Resulta que Zeus (41) “se encaprichó” de su madre, Leda, y, para conseguir violarla, se transformó en un cisne – el ingenio del gran dios para violentar sexualmente a las mujeres no tenía límites (42) –. Y, caprichos del destino, la misma noche que Zeus violó a Leda, esta había yacido con su marido – con el que, por cierto, la habían obligado a casarse –. Total, que el resultado de esa noche horripilante (como comprenderéis, tener que acostarte con un maromo que te han impuesto y que encima llegue otro gañán y te viole, es bastante terrorífico), fue que Leda tuvo cuatro retoños, dos pares de gemelos: Clitemnestra y Helena, y Cástor y Pólux. ¡No veas que lío se montan en los mitos para repartir a los chiquillos y asignarles un progenitor! Pero, fuera como fuese, Clitemnestra se acepta siempre como hija de Tindáreo (43).

El caso es que Clitemnestra se casó y tuvo prole (44), pero llegó el malnacido de Agamenón, rey de Argos y de Micenas, – sí, ese que tomó a Casandra como su botín de guerra – y se cargó al marido y a su bebé recién nacido (45). Así que los hermanos de Clitemnestra, Cástor y Pólux, se pusieron a perseguir a Agamenón… ¿Para matarlo por venganza? ¡Qué va! Para obligarle a casarse con Clitemnestra, que eso de que su hermana se hubiese quedado sin marido que la custodiase no podía ser. Con hermanos así, para qué quiere una enemigos, ¿verdad? Así que la pobre Clitemnestra no solo perdió a su familia, sino que tuvo que casarse con el cabrón que los había asesinado. Con Agamenón, Clitemnestra tuvo varios hijos (46).

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Clitemnestra, Helena, Agamenón y Menelao: dos hermanas para dos hermanos

Resulta que Agamenón era el hermano de Menelao, el marido de Helena, la hermana gemela de Clitemnestra (47). Como ya sabréis, porque es de sobra conocido, Paris – hermano de Casandra; sí, aquí todo queda en familia – “raptó” a Helena. Así que Menelao le pidió ayuda a su hermano Agamenón y así fue como se lio pardísima y se desencadenó la Guerra de Troya (48). Agamenón se piró a combatir y Clitemnestra, la mujer, se quedó descansando (en Micenas o en Argos), pues os podéis imaginar el ascazo que le tenía a su maridito (49). Pero la calma le duró poco a la pobre…

La Guerra de Troya fue cruel con Casandra y también con Clitemnestra: el dolor de una madre

Un adivino le dijo a Agamenón que, para ganar terreno a los troyanos, necesitaban un sacrificio. Y no uno cualquiera: tenía que sacrificar a su hija, Ifigenia (50). Y Agamenón accedió sin temblarle el pulso: ¿qué vale más la vida de una mujer, aunque sea mi hija, o ganar una guerra? ¡No tengo ni que pensarlo! (51). Así que mandó a llamar a Clitemnestra y a sus retoños, con la excusa perfecta: les dijo que iba a prometer a Ifigenia con el buenorro de Aquiles – estáis pensando en Brad Pitt, lo sé; la peli es un bodrio, también os lo digo –  (52).

Así que Clitemnestra y la chavala acudieron tan gustosas, mientras el cabronazo de Agamenón preparaba el sacrificio, en secreto. Al final, inmoló a la pobre Ifigenia ante el altar de la diosa Ártemis, y con esto se deja claro que el destino de las hijas estaba en manos de los padres, y que la voluntad de la madre importaba un pimiento. Y es que, sí, las madres parían y eso, pero desde la mitología lo que se enseñaba es que el verdadero engendrador era papá. Mamá era simplemente un recipiente, una vasija, en el que el hombre ponía su semillita. – ¿Os suena? –. Por eso la madre siempre jugará un rol pasivo respecto a los hijos – bueno, la mujer será pasiva en todos los ámbitos de la vida – (53).

sacrificio de ifigenia en manos de agamenon mitologia griega

Después, mandaron a Clitemnestra de vuelta a palacio, llenita de ira contra su maridito. Es de cajón, el odio y la sed de venganza de Clitemnestra contra Agamenón crecieron hasta niveles desorbitados (54). ¡Que ya había asesinado a dos de sus hijos!

¡Los cuernos que te van a caer, Agamenón, querido!

A partir de aquí, aunque os parezca difícil dado el nivel que hemos visto, la misoginia en torno a la figura de Clitemnestra, por transgresora, se acrecienta desproporcionadamente. Hasta el punto de convertirla en una villana (55). Curioso, pues Clitemnestra es una víctima clarísima del malnacido de Agamenón. Pero nada como darle la vuelta a la tortilla y convertirla en malvada, para deslegitimarla y eximir de toda responsabilidad a Agamenón. También para dejar claro que las mujeres deben someterse a los hombres.

Mientras el padre impío seguía batallando contra los troyanos, puso a Clitemnestra un vigilante, para que la controlase y le chivase todos los chismes que se cocían en su ausencia (56). Que a una mujer hay que tenerla bien atada y vigilada, ¡faltaría más! Pero, entonces, apareció Egisto (57) en escena y se enamoró perdidamente de Clitemnestra. ¿Problema? Que el vigilante que le había puesto Agamenón a la mujer no le dejaba ni acercarse a ella; hasta que Egisto consiguió quitárselo de encima (58). ¡No veáis que cansino era el corre ve y dile! Así que, al final, Clitemnestra sucumbió a los encantos de Egisto. Hasta tuvieron dos hijos (59). Pero claro, la mitología griega tiene una forma bastante misógina de explicar estos cuernos que Clitemnestra le puso al cabrón de Agamenón.

Nos cuentan que lo hizo o por venganza contra Agamenón por haber asesinado a su hija, o por celos, pues conocía las correrías de Agamenón con una esclava, o bien nos dicen que cayó en los brazos de Egisto porque un hombre que buscaba venganza contra los griegos se dedicaba a corromper a las mujeres y le comió la bola (60). Así que el retrato que nos ofrecen de Clitemnestra, por serle infiel a Agamenón, es el de una mujer vengativa, celosa y manipulada.

Vayamos por partes… ¡Un respeto a la reina Clitemnestra!

Teniendo en cuenta que Egisto no fue el polvete de una noche, sino que se quedó al lado de Clitemnestra hasta que terminó la Guerra de Troya y regresó Agamenón, como dueño y señor del palacio, vamos, como pareja legítima de Clitemnestra (61), es difícil concebir que la motivación de la mujer fuese la venganza contra el malnacido de Agamenón. No sé, Rick, parece falso… Por otro lado, teniendo en cuenta que Clitemnestra detestaba profundamente a Agamenón, pues asesinó a su familia, la obligaron a casarse con él y, no contento, también asesinó a su hija Ifigenia, ¿qué más le daba a Clitemnestra si Agamenón tenía o dejaba de tener amantes? Suena bastante ridículo…. Y, finalmente, ¿de verdad les resultaba a los griegos más fácil de creer que Clitemnestra fuese manipulada y corrompida que, simplemente, pensar que se había enamorado y había tomado las riendas de su reino?

Sí, Clitemnestra se enamoró de otro hombre mientras estaba casada con Agamenón y desempeñó un papel dominante en su reino. Así, pasó a ser parte visible del espacio público y a desempeñar roles que les eran destinados solo a los hombres (ser infiel y gobernar), transgrediendo por completo las normas patriarcales. De ahí que se le suela representar “masculinizada”. Y es que Clitemnestra, además de ser infiel, manejó el arte de la oratoria que daba gusto. Así se hizo con el poder político durante la larga ausencia de Agamenón y hasta se metió en el bolsillo al consejo de ancianos. Logró imponer su voz y su voluntad sobre todos los hombres que la rodeaban (62). Y ya sabéis que esto los griegos no lo podían permitir. ¡Había que tirar por tierra la imagen de Clitemnestra! Por si a las mujeres griegas se les ocurría tomarla como ejemplo…

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Ensuciando la figura de Clitemnestra para deslegitimarla

Así, la explicación – y enseñanza – que los mitos transmiten es que si una mujer toma el mando (tanto de su sexualidad como de la esfera pública), es vengativa (malvada), celosa, corrupta y manipulable. Para dejarle bien claro a las mujeres griegas qué líneas no había que cruzar. Si tu marido es un cabrón, te jode la vida y se las pira, tú te aguantas y, encima, le esperas sentada, metidita en casa, como debe ser. No se te ocurra rehacer tu vida, ni quejarte, ni coger las riendas de tu finca, ¡que eso es de ser una villana, como la Clitemnestra! (63).

Por otro lado, jamás se cuestiona que Agamenón maltrate a Clitemnestra – violencia vicaria – ni que le sea infiel. Y es que si los hombres violaban a esclavas (lo que fue Casandra para Agamenón) o prostitutas, ni se consideraba adulterio ni estaba penado. ¡Eso eran cosas de hombres y para eso estaban las esclavas y las prostitutas! Eso sí, que una mujer casada se echase un amante era intolerable. De ahí que Clitemnestra ejemplifique el contraejemplo de la esposa fiel (64). Así, se perpetúa y se legitima, una vez más, tanto la violencia como la opresión contra la mujer. Misoginia en estado puro. Pero aún se podía tirar más por tierra la imagen de Clitemnestra.

El asesinato de Agamenón y Casandra, o cómo convertir a Clitemnestra en una perversa

En cuanto al asesinato de Agamenón, hay varias versiones. Según la más antigua, la de Homero en su Odisea, fue Egisto quien ideó el asesinato y Clitemnestra ni siquiera participó en el asunto. Aunque sí narra que contó son su beneplácito y que asesinó a Casandra. Egisto recibió al rey con un gran banquete, haciéndole la pelotilla y agasajándole, para darle matarile cuando más relajado estaba. Cuando ya estaba muerto, es cuando aparece en escena Clitemnestra para cargarse a Casandra (65). Y oye, que las lindezas que le dedica Homero, en boca de Agamenón, son dignas de leer:

“Egisto había tramado mi muerte y mi final y me mató con ayuda de mi maldita esposa (…) la traicionera Clitemnestra. (…) La de ojos de perra se alejó (…) No hay nada más cruel ni más perro que una mujer que trama en su mente acciones tales como las que ella planeó (…) ella, experta en maldades hasta el fondo, derramó ignominia sobre sí y sobre las mujeres que van a vivir después, incluso sobre la que sea decente” (66).

Así, ya desde la Odisea, Clitemnestra queda señalada como “la esposa traidora”, un estereotipo o modelo de mujer que no se debía imitar. ¡Qué era eso de rebelarse contra el marido, ante el que se debía ser sumisa y acatar sus órdenes sin rechistar! Además, si atendemos a la última frase que le dedica Homero en la cita anterior, vemos cómo con el “pecado” de Clitemnestra quedan marcadas y ensuciadas todas las mujeres (67). Os habéis acordado de Eva y el pecado original, normal.

En el mito de Clitemnestra aún se puede ser más machista que Homero

Sin embargo, después llegaron los autores trágicosmás misóginos que el anterior –, para convertir a Clitemnestra en cómplice e incluso en la mano ejecutora del crimen contra Agamenón. Nos dicen que le preparó un vestido con las mangas y el cuello cosidos, y cuando Agamenón fue a ponérselo al salir de su baño, quedó atrapado, con la picha echa un lío, y así Clitemnestra pudo asestarle unos golpes certeros, sin riesgo de que Agamenón se defendiera (68). Así lo narra Esquilo, en Agamenón, por boca de la propia Clitemnestra:

“Lo hice de modo – no voy a negarlo – que no pudiera evitar la muerte ni defenderse. Lo envolví en una red inextricable, como para peces: un suntuoso manto pérfido. Dos veces lo herí, y con dos gemidos dobló sus rodillas. Una vez caído, le di el tercer golpe, como ofrenda de gracias al Zeus subterráneo salvador de los muertos. De esta manera, una vez caído, fue perdiendo el calor de su corazón y exhalando en su aliento con ímpetu la sangre al brotar del degüello. Me salpicaron las negras gotas del sangriento rocío, y no me puse menos alegre que la sementera del trigo cuando empieza a brotar con la lluvia que Zeus concede” (69).

Y la tragedia continúa maldiciendo a Clitemnestra, ya convertida en un ser diabólico:

“¿Qué mala hierba nacida de la tierra, dulce de comer, has probado, mujer? ¿O qué bebida salida del mar ondulante, para que te hayas puesto a este sacrificio y despreciado las maldiciones que gritará el pueblo? Tú has cortado; ¡pero serás un ser sin ciudad, objeto de odio implacable para los ciudadanos!” (70).

Clitemnestra, enemiga de la pobre Casandra: ¡sumémosle más maldad, que quede claro que es una villana!

Pero los trágicos no se quedaron a gusto, así que, como ya hizo Homero, también sumaron a los crímenes de la “malvada” Clitemnestra el asesinato de la pobre Casandra – a quien, como no, insultó y vejó (que si esclava, que si extranjera) antes de matarla (71) –. ¿El motivo? Celos, ¡qué si no! Agamenón había secuestrado a Casandra como botín de guerra y violado, mientras Clitemnestra estaba tan pichi con Egisto, pero oye, fue verla y morirse de celos. Súper lógico, ¿verdad? Y, además, para terminar de convertirla en una villana malísima, también narran como Clitemnestra, consumida por el odio hacia Agamenón, persiguió a sus propios hijos (72): encerró a Electra (73) en un calabozo y casi se carga a Orestes (74). ¡Echémosle a la espalda también el mito de la “mala madre”! (75).

De esta manera, el cuento de un padre que asesina a su hija se transformó en el cuento de una madre que castiga y maltrata a sus hijos. Así, el verdugo Agamenón se convierte en víctima de Clitemnestra, mientras la víctima Clitemnestra pasa a ser el verdugo de todo quisqui. Cuentecillo patriarcal redondo, donde la maldad de Clitemnestra no radica en el asesinato, no nos equivoquemos; sino en que no se deja dominar por su marido: el hombre al que pertenece (76).

En el arte griego, las representaciones de Clitemnestra también nos enseñan cómo la veía el hombre griego: o como una mujer despreciable, traidora y asesina, o como una mujer frágil y débil, seducida y engatusada por su amante (77). Ambas visiones, absolutamente estereotipadas y misóginas: o era un mal bicho, o una pobrecita manipulada. Esa imagen de pobrecita, ¿dónde vas sin la protección de un hombre – tu dueño, tu marido –? ¡No ves que te pasarán cosas malísimas!, también nos la ofrecieron de Casandra.

Como para Casandra, el destino es cruel con Clitemnestra: asesinada por su propio hijo

Quitado del medio Agamenón, Clitemnestra tomó el poder y quedó investida como soberana (78). Durante siete años, los ya “malvados” Clitemnestra y Egisto reinaron en Micenas, tan a gustico, hasta que Orestes se los cargó para vengar a su padre (79).

Está la versión de que fue el dios Apolo quien le ordenó a Orestes vengar a Agamenón, y la versión de que fue su hermana Electra quien se lo pidió. Pero, en cualquier caso, tenemos a madre e hijos enfrentados, con el beneplácito del dios para llevar a cabo la venganza. ¿Por qué? Pues porque Clitemnestra había sido infiel a su marido y cualquier hombre de la familia podía castigar a la mujer que osase disponer libremente de su propio cuerpo (de su sexualidad). Porque era el hombre quien controlaba el cuerpo de la mujer, así que ser infiel era una auténtica transgresión (80). Porque la historia va de eso: del control sobre las mujeres.

Orestes se hizo pasar por un viajero que tenía la misión de comunicar la muerte de Orestes y preguntar si debía trasladar a la ciudad las cenizas. No se olvidan de relatar cómo Clitemnestra saltó de alegría al recibir la noticia y llamó en seguida a Egisto. Orestes se lo cargó y, entonces, Clitemnestra le suplicó por su vida, mostrándole un seno, a modo de recordarle que era su madre (81).

orestes mitologia griega

Clitemnestra, como Casandra, también pagó cara su transgresión

Así, el “bueno” de Agamenón queda vengado y la “malvada” Clitemnestra es asesinada a manos de su hijo. De nuevo, una mujer es castigada por transgredir las normas. Clitemnestra, aunque se vio obligada a casarse con Agamenón, siempre lo detestó y se mostró reacia al maltrato que este le hizo sufrir. Incluso se atrevió a enamorarse en su ausencia. Conductas más que reprobables desde la perspectiva de la misoginia griega. Porque a Clitemnestra por lo que se le asesina es por adúltera, porque al ser infiel había perdido su honra y dejado por los suelos la dignidad de la familia. Y, además, lo que su asesinato pone sobre la mesa es que el patriarcado consiguió asentarse en la sociedad mediante el uso de la violencia física contra las mujeres (82).

Una vez más, los mitos plasman cómo si una mujer no era sumisa, se recluía en casa ocupándose de las “tareas que les eran propias” y acataba sin rechistar los mandatos de los hombres, sería castigada. En este caso, además, sería convertida en una perversa villana (83).

Así, Clitemnestra fue recreada por el imaginario masculino como un antimodelo de referencia para las mujeres (84). Representaba lo que no debía hacer ni ser una mujer, pues es la antítesis de la esposa casta y sumisa (representada en la mitología, por ejemplo, por Penélope), tan necesaria para el buen funcionamiento del patriarcado. Clitemnestra reflejaba el miedo de los hombres a que una mujer se rebelase y tomase el poder. Y la usaron como ejemplo de que no se podía dejar el poder público en manos de una mujer, ¡que mira la que había liado Clitemnestra en ausencia de Agamenón! (85). Porque Clitemnestra es la “antimujer”: inteligente, con iniciativa, “masculina”, rebelde, agresiva, adúltera, perversa e implacable (86).

Casandra y Clitemnestra: unidas para siempre como mujeres subversivas

A pesar de que la mitología griega nos las presenta como clarísimas rivales – de hecho, Casandra es la víctima y Clitemnestra su verdugo –, ambas tienen en común que no se asemejan lo más mínimo al modelo de mujer ideal para los griegos: la esposa y madre sumisa, fiel y domesticada (87). Por un lado, ambas destacan por alzar la voz sin autorización ni control masculino, rebelándose ante eso de que “calladitas estaban más guapas”. Y ambas serán castigadas por esta transgresión. Eso sí, mientras que el castigo para Casandra fue silenciarla y tacharla de loca, la manera de deslegitimar a Clitemnestra fue convertirla en una villana (88).

Por otro lado, sexualmente hablando y cada una a su manera, también estaban fuera de las normas. Casandra decidió permanecer virgen y pasarse por donde no le daba el sol el apetito sexual del dios Apolo y Clitemnestra, siendo infiel, eligió vivir su sexualidad libremente, alejándose de lo que se esperaba de la esposa del mismísimo rey de Micenas. Así, ambas escaparon del dominio masculino de su sexualidad. Y ambas pagaron caro por ello, pues suponían un peligro para el orden patriarcal: la primera, será chantajeada, castigada, violada y asesinada; la segunda, será asesinada y convertida en el mal encarnado (89).

De esta manera, las aparentes enemigas irreconciliables se unen tanto en su subversión como en el caro peaje que tuvieron que pagar por salirse de las normas que los hombres imponían a las mujeres (90). Así, releamos y reinterpretemos las figuras de Casandra y Clitemnestra y démosles el poder que los hombres les arrebataron, silenciándolas y desprestigiándolas. Contemos el cuento de aquellas mujeres que no se dejaron dominar. Que Casandra y Clitemnestra dejen de ser un peligro, para convertirse en un ejemplo.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) “En la Grecia aracaica, las mujeres pertenecían al varón como propiedad. El valor asignado a las mujeres en el sistema patriarcal griego las considera como objeto de intercambio entre los hombres (…) La escasez de evidencia e información sobre la vida de las mujeres griegas se encuentra en relación con la invisibilidad que las caracterizaba. Aisladas de la esfera pública y recluidas la mayor parte del tiempo en el hogar, las mujeres atenienses se definían en función de sus parientes masculinos y como tal su estatus era un reflejo de ellos. La condición de dependencia y subordinación estaba ligada a su condición legislativa como menor de edad permanente (…) Las mujeres se encontraban sujetas al control masculino desde su infancia. El kyrios, en su función de padre, esposo, abuelo, hijo, tío o tutor legal tenía potestad de decidir sobre las mujeres de la familia o el Estado”. Álvarez Espinoza, 2015b, p. 165. Casandra y Clitemnestra transgredieron estas normas.

(2) “La educación griega, de la que los mitos formaban una parte fundamental, reforzaba estas diferencias jerárquicas de un orden patriarcal”. “En los mitos griegos, lejos de encontrar –como a veces se pretende– el rastro de poderosas diosas, sacerdotisas, o reinas matriarcales, encontramos mujeres sumisas, violentadas, física y moralmente, por dominadores varones, o mujeres terribles que actúan de manera reprobable, recibiendo un duro castigo por ello”, como Casandra y Clitemnestra. Pérez Miranda, 2014, pp. 120-121 y 126.

(3) “En tales relatos, la situación de indefensión social de la mujer es recurrente: es incesante el desfile de repudios, abandonos, maltratos, matricidios, muerte a manos de miembros del mismo oikos, raptos, incluso préstamos y ‘ginecofagia’ por parte del esposo, castigos varios como la exclusión del rito o mutilaciones – incluida la ceguera –, negación de los padres a darlas en matrimonio o abuso de las hijas de manera pública y sin disimulo, rechazos múltiples, alumbramientos a escondidas para impedir el infanticidio y la propia muerte, donación de los hijos para salvarles la vida e incluso el filicidio para evitarles males mayores”. Difabio de Raimondo, 2012, pp. 38-39. Casandra y Clitemnestra son dos ejemplos.

(4) Cita del poeta ruso Vladímir Maiakovski. “La misma afirmación podría ser válida para la mitología que, aunque por supuesto es reflejo de la ideología imperante en la sociedad que la creó, también influyó de manera notable en su transmisión y transformación”. Pérez Miranda, 2014, p. 118. “(…) las manifestaciones artísticas se encuentran impregnadas por la ideología de género y tienen finalidades más allá de lo meramente estético. En concreto, en la Grecia clásica se utilizaron como instrumentos pedagógicos y morales, a menudo para reafirmar las normas sociales imperantes”. Quintano Martínez, 2019, p. 136. Así se usan los mitos de Casandra y Clitemnestra.

(5) Κασσάνδρα. Grimal, 1989, pp. 89-90. Commelin, 2017, p. 219.

(6) Εκάβη, célebre por su fecundidad: según a quién se lea, se dice que dio a Príamo desde 14 a 50 hijos. Grimal, 1989, pp. 89 y 227-228. “Destacan entre ellos Héctor, Paris, Héleno, Deífobo, Troilo, Casandra, Laódice, Políxena, y Creúsa”. Pérez Miranda, 2011, p. 233.

(7) Πρίαμος, el hijo más joven de Laomedonte. Grimal, 1989, pp. 89 y 451-453. Commelin, 2017, p. 214.

(8) Ελενος, recibió el don profético al mismo tiempo que Casandra. Πάρις, el segundo hijo de Príamo y Hécuba. Grimal, 1989, pp. 89, 233-234 y 408-410. Commelin, 2017, pp. 216-218.

(9) “Se mencionan profecías de Casandra en cada uno de los momentos cruciales de la historia de Troya”. Grimal, 1989, p. 89.

(10) Grimal, 1989, p. 89. Hard, 2008, p. 554.

(11) Απόλλων, pertenece a la segunda generación de los Olímpicos, hijo de Zeus y Leto y hermano de la diosa Ártemis (o Artemisa). Grimal, 1989, pp. 35-38.

(12) Grimal, 1989, p. 89. Pérez Miranda, 2011, p. 251. “Apolo tomó medidas para que sus poderes fueran antes una maldición que una bendición, al asegurarse de que no la creerían nunca por más que sus profecías siempre fueran ciertas”. Hard, 2008, p. 215. “Los resultados de las relaciones entre (…) un dios y una mortal, ella tendrá un final triste. Recordemos (…) las venganzas de Apolo hacia las mujeres objeto de su deseo: Casandra, Sibila y Coronis. Se trata, entonces, de una relación que lleva, irremediablemente, a la destrucción de la parte más débil, la mujer, a manos de la más fuerte, el varón”. Molas Font, 2006, p. 73. “Apolo (…) no sólo es lujurioso sino también vengativo. (…) Casandra, Sibila y Dafne son todas destruidas por haber despertado la atención de Apolo. Pero contemplando su destino desde otro punto de vista, estas mujeres, como Atenea y Artemisa, rehusaron el yugo masculino y alcanzaron así un triunfo de propia afirmación”. Pomeroy, 1999, p. 25. “Casandra es una virgen atípica en el contexto de la Grecia antigua. Una doncella de estirpe real, quien acepta el don profético pero rechaza al dios como compañero sexual”. “Las profetisas se manifiestan como seres receptivos a la inspiración divina cuyo poder debe ser regulado y contenido en un encierro (templo, oráculo) e interpretado por el sacerdote, pues durante el enthousiadzein la pitia sufre una crisis emocional y su discurso es de un carácter oscuro e incoherente alejado de toda racionalidad (…) la profetisa Casandra resulta particular ya que posee el poder de la profecía pero no se encuentra recluida, emite sus presagios de forma pública”. Álvarez Espinoza, 2013, pp. 56-57 y 59-60.  “(…) su manera de profetizar se alejaba de la forma institucionalizada de adivinación en la Grecia clásica. Sus augurios eran espontáneos, provocados en forma de crisis proféticas y, además, contravenían la convención de utilizar a una figura masculina que los interpretara. Así que, a falta de control sobre sus profecías, sus mensajes se convertían en ininteligibles e inverosímiles (…) Casandra, como figura mítica, representaba una verdadera excepción en la práctica adivinatoria griega, donde los ritmos de la adivinación estaban perfectamente regularizados. Su discurso, pese a ser certero, carecería de legitimidad para influir en los demás y, en cierto modo, era un «silencio a voces». Ella fue la única practicante de este tipo de adivinación incontrolada que irrumpía en el espacio público. De cualquier modo, el castigo que soportaba impedía a Casandra ganarse el derecho a ser escuchada y comprendida”. Quintano Martínez, 2019, pp. 147-148.

(13) Graves, 1985, T. I, p. 348. Grimal, 1989, pp. 89-90. Hard, 2008, p. 215. “La veracidad del discurso de la pitia troyana es deslegitimizado y la comunicación fracasa”. Álvarez Espinoza, 2013, p. 62.

(14) “Casandra es a veces llamada Alejandra, y con este nombre Licofrón ha hecho de ella el personaje central de un poema profético (Hard, 2008, pp. 43-44) (…) Licofrón imagina que Príamo, descontento por las dotes proféticas de su hija y temiendo las burlas de los troyanos, la encierra, bajo custodia de un vigilante encargado de transmitirle sus palabras. Se pretende que el poema reproduce las profecías de la muchacha”. Grimal, 1989, pp. 89-90.

(15) “Los mitos (…) permitían (…) una manipulación ideológica de la realidad, mostrando cómo debía comportarse cada uno en función de su posición social, su status o su sexo. Servían pues para mantener y legitimar el orden dominante”. Pérez Miranda, 2014, p. 118. En los mitos “El varón tiene todos los privilegios y toma todas las iniciativas, incluida una de las más lamentables: la violación”. Difabio de Raimondo, 2012, p. 49. “(…) toda la violencia que los dioses y héroes griegos y romanos ejercían sobre las mujeres en los mitos, servían para que los hombres —de carne y hueso— sometiesen a las mujeres, legitimando y naturalizando la violencia sexual”. Morillas Cobo en Khronos Historia, 2020, p. 15. “En la Grecia antigua, la violencia contra las mujeres era considerada normal, en la medida en que no era conceptualizada como tal dentro del contexto y de la ideología de la época”. “La violencia física, sexual y simbólica ejercida sobre la identidad femenina, a partir del estudio de las relaciones de poder y de la perspectiva de género, señala la perpetuación del orden patriarcal construido desde la imposición, el orden simbólico y la legitimación del poder (…) El análisis de la violencia simbólica contra las mujeres en los textos del mundo antiguo contribuye a identificar y visibilizar conductas que se han aceptado como normales en función de una cultura occidental donde las ‘ciudadanías femeninas’ fueron inexistentes a lo largo de la historia”. Álvarez Espinoza, 2015b, pp. 60 y 159-160.

(16) Morillas Cobo en Khronos Historia, 2020, p. 28. “(…) la importancia de los mitos, concretamente de la mitología griega, como una herramienta ideológica fundamental para la creación y mantenimiento de los roles de género, entendidos estos no como una realidad biológica, sino como una construcción sociocultural que impone, a los varones y a las mujeres, el rol, la división del trabajo en la economía, y en el hogar, el estatus, así como los desequilibrios de poder en la participación en la toma de decisiones, sirviendo también para legitimar la sexualidad admitida frente a aquellas consideradas reprobables”. Pérez Miranda, 2014, p. 117.

(17) Difabio de Raimondo, 2012, pp. 39-40. “Casandra (…) es uno de los ejemplos que muestran las terribles consecuencias de resistirse a los requerimientos sexuales de un varón y el peligro que esa insubordinación femenina representaba para la mentalidad griega. Frente al deseo de Apolo, al deseo de Áyax por quien será violada y al deseo de Agamenón, con quien sufrirá la esclavitud sexual, su personaje tiene un marcado carácter de virginidad. Su estatus de doncella (parthenos) (…) representaba una amenaza que podía subvertir el orden social establecido”. Quintano Martínez, 2019, p. 150.

(18) Podéis leer mi artículo sobre el rapto de Helena en Khronos Historia, 2020, pp. 145-152.

(19) “En la mitología clásica (…) La mujer aparece cosificada: no es considerada una igual, sino un objeto; y el hombre hace sexualmente lo que quiere con «esa cosa», que, además, «es suya». Es decir, que tiene todo el derecho del mundo para usarla como guste, sin que se le recrimine absolutamente nada. Impunidad total. Esto significa que la mujer en los mitos griegos y romanos está deshumanizada, no se tienen en consideración ni sus pensamientos, ni sus deseos, ni sus sentimientos… Solo vale su cuerpo, que se aprovecha para propósitos sexuales y se deshecha después”. Morillas Cobo en Khronos Historia, 2020, pp. 12-13.

(20) “En Atenas, la primacía de los ciudadanos les permitió ejercer con libertad la expresión en el discurso político, mientras que el silencio y la sumisión femenina se convirtieron en la norma y virtud idealizadas del comportamiento de las mujeres (…) El discurso femenino ejercido sin control ni autorización masculina, irrumpe en el espacio público, se aleja de la tradición helénica y, a su vez, se convierte en un instrumento de desestabilización para el hogar y la ciudad”. “Casandra tiene una voz y tiene asuntos importantes que comunicar, más (…) La locura es la forma idónea para descalificar sus palabras. La veracidad de sus vaticinios habría podido salvar Troya e interferir con los designios divinos y políticos de la Hélade (Grimal, 1989, pp. 89-90). Al excluirla de la esfera lógica del discurso, es posible neutralizar su injerencia en el desenlace de la guerra y los acontecimientos posteriores. El discurso de Casandra en Micenas resulta peligroso en Troya y más aún en Micenas. Ella es una bárbara, una extranjera, una voz extraña y ajena a la razón y, por lo tanto, un discurso que debe ser conjurado y silenciado; al asociarlo a la locura, se la excluye de la lógica y la razón; de esta forma, las advertencias que emite son ignoradas”. Álvarez Espinoza, 2013, pp. 50 y 69-70. “Resulta significativo reparar en cómo la locura es en el Agamenón (Esquilo, 1986) un recurso aplicado a las mujeres protagonistas para desautorizar su discurso”. En el caso de Casandra: “Era el silencio de la incomunicación, a pesar de las palabras, lo que provocaba su aislamiento”. Quintano Martínez, 2019, pp. 148-149. “En las recepciones contemporáneas de estas figuras, la locura va adquiriendo una fuerza transgresiva, connotada positivamente”. Urdician, 2016, p. 4.

(21) “Se puede rastrear el vínculo entre la mujer y la locura desde el patrimonio griego – en las tragedias donde abundan las locas míticas construidas como antítesis del hombre razonado –. Carencia de lógica y enajenación aparecen como signos caracterizadores del ente femenino. Por otra parte, la thémis ubica a las mujeres en la esfera doméstica imposibilitando un discurso en el espacio público del ágora. (…) cuando la mujer transgrede estas fronteras es cuando la tachan de loca”. Urdician, 2016, pp. 1-2. “A la mujer se la educaba para procrear, y debía cumplir su sumiso papel de esposa y madre. Como consecuencia, se cosificó la sexualidad femenina: por una parte, estaba la esposa y madre, para perpetuar la especie y enclaustrada en el hogar; por otra parte, la prostituta —«la mujer pública», de la que ya os hemos hablado en profundidad—, para satisfacer los deseos sexuales del hombre, una mera mercancía”. Morillas Cobo en Khronos Historia, 2020, p. 12. “En la sociedad griega de la antigüedad, las mujeres debían permanecer alejadas del espacio político; no necesitaban, por lo tanto, hablar en el contexto público y de ellas se esperaba el silencio como muestra de virtud (…) el silencio femenino como virtud confirmaba el viejo modelo binario de oposiciones en el cual el discurso femenino se consideró como insignificante y subordinado al discurso masculino. La división entre hombres y mujeres, esfera pública y esfera privada, tuvo gran relevancia en el mundo griego y remanentes de su influencia en este ámbito aún se encuentran presentes en nuestros días (…) Las representaciones del discurso femenino en géneros tradicionalmente masculinos (épica, drama, oratoria y epistolografía) sugieren la asociación de estas conductas con el desorden en la vida social pública y la necesidad de regular, controlar y silenciar las prácticas discursivas femeninas”. “Casandra (…) Las acciones de esta heroína la ubican en un estatus fuera de lo normal en el imaginario griego, una joven que se autoafirma al actuar libremente en el espacio público (…) La desestabilización y la ruptura del orden social establecido que causan las acciones de este personaje son subvertidas por medio del silenciamiento y el aislamiento social (…) por la deslegitimación de su discurso”. Álvarez Espinoza, 2013, pp. 55 y 58.

(22) “La doncella troyana, emite sus vaticinios a viva voz, de forma pública y sin control, una actitud que resulta subversiva en el entorno. El silencio y el silenciamiento del discurso femenino de la pitia proporciona un espacio idóneo para estudiar las funciones y signos del silencio que muestran la violencia simbólica de género presentes en el Agamenón de Esquilo (Esquilo, 1986) y las Troyanas de Eurípides”. “El patriarcado como sistema de dominación presenta formas de opresión y legitimación propias que impone a través de los valores sociales y culturales históricamente impuestos a las mujeres (…) La violencia ejercida a través de lo simbólico sirve para degradar, intimidar, manipular y desvalorizar el respeto y la identidad personal de los individuos. El silenciamiento femenino constituye una de las tradiciones más antiguas en la historia de las mujeres. (…) La agresión, la sumisión y la desautorización de su discurso asociado a la locura, ejerce una violencia de género simbólica”. Álvarez Espinoza, 2015a, pp. 24 y 33-35. “La violencia simbólica incluye no solo los aspectos físicos, sexuales o psicológicos, sino otros tipos de relación, en los cuales la violencia se transforma en una subordinación femenina dentro de un orden simbólico cultural considerado como normal e internalizado”. “La violencia física y sexual es visible pero la violencia simbólica se manifiesta en la aceptación tácita y la legitimación de los comportamientos en el orden social y cultural (…) El orden simbólico establece, reconoce, distribuye y legitima los privilegios, los poderes, bienes y valores de acuerdo con una construcción patriarcal que se ejerce a partir del ejercicio de una sexualidad diferenciada sobre los cuerpos”. Álvarez Espinoza, 2015b, pp. 162 y 171-172.

(23) “El mundo sexualmente jerarquizado induce a las mujeres a un silenciamiento e invisibilización reflejados en la aceptación de un sistema de prohibiciones y prescripciones arbitrarias. La violencia de género se encuentra posicionada en la base ideológica simbólica fundacional del patriarcado, cuya vigencia como sistema institucional de la sociedad se mantiene hasta nuestros días. (…) La violencia simbólica de la cultura patriarcal presente en los textos literarios denota la existencia de una ideología transmitida por medio de la problemática social y el ejercicio del poder”. Álvarez Espinoza, 2015b, p. 160.

(24) “En la Grecia clásica la voz femenina propia fue considerada un instrumento desestabilizador del orden social (…) Frente al sentido unívoco (racional, lógico y positivo) del lenguaje masculino en la órbita de la polis, la ambigüedad se convirtió en característica inseparable del modo de expresión femenino (irracional, ilógico y, en cierta manera, negativo) y de su mundo privado. Bajo dicha perspectiva, la voz de las mujeres debía necesariamente subordinarse a la palabra de los varones”. Quintano Martínez, 2019, p. 145.

(25) “La vida de la adivina estuvo especialmente marcada por la violencia, tanto a través del ataque sexual directo como de la agresión indirecta por motivos sexuales. Como tales deberían entenderse la condena que el dios le impuso por su desobediencia, la violación que sufrió durante la contienda y su posterior conversión forzosa en concubina tras la derrota de su ciudad. Porque las mujeres que se resistían al deseo de hombres o de divinidades masculinas acababan frecuentemente convertidas en objeto de su venganza. De hecho, la violencia de género es innegable en numerosos episodios míticos y pone de manifiesto la sistemática apropiación del cuerpo de la mujer por parte de los varones mortales y divinos”. Quintano Martínez, 2019, p. 151.

(26) Graves, 1985, T. II, pp. 228-232. Hard, 2008, pp. 610-613.

(27) Graves, 1985, T. II, pp. 232-238. Hard, 2008, pp. 613-616.

(28) Αίας, “uno de los grandes héroes que combatieron contra los troyanos”. Grimal, 1989, pp. 65-66. Commelin, 2017, p. 205.

(29) Grimal, 1989, p. 90. Pérez Miranda, 2011, p. 251. “Permaneció virgen hasta que fue capturada en la caída de Troya”. Hard, 2008, pp. 215 y 615. “Áyax de Oileo abusó de Casandra, la más distinguida de aspecto entre las hijas de Príamo en términos homéricos, la noche en que Troya fue tomada y los locrios lo honraron como a un dios. (Ilíada 13.365) La escena descripta por Apolodoro inquieta a pesar de su brevedad, como si el autor reflejara con total desnudez una acción habitual: Áyax, el locrio, viendo a Casandra abrazada a la xoana de Atenea, la forzó; por esto se dice que la imagen mira hacia el cielo. (Epítome, 5.21)”. Difabio de Raimondo, 2012, p. 45. “Áyax arrastró a Casandra por la fuerza (Troyanas, vv.70). Resulta importante notar que el uso de las palabras ὑβρισθεῖάν, βἱᾳ y el verbo εἵλκε aluden a una violencia de tipo sexual que se infiere del contexto. Casandra, de acuerdo con el mito, fue ‘arrancada’ del altar del templo de Atenea por Áyax y violada en el mismo templo”. Álvarez Espinoza, 2015b, p. 171.

(30) “Ante este sacrilegio, los griegos se disponen a lapidar a Áyax, pero él se salva refugiándose en el altar de la diosa que acababa de ofender”. Grimal, 1989, p. 90. Hard, 2008, p. 615. “Cuando los mismos helenos se disponen a lapidar a Áyax por su irreverencia (por el recinto que eligió para el delito, no por la violación en sí), él se salva porque se refugia en el altar de la diosa que acaba de agraviar”. Difabio de Raimondo, 2012, p. 45.

(31) “Atenea exige una terrible venganza (…) y causa la muerte no sólo de Áyax, sino también de muchos de sus camaradas mientras navegan de vuelta a Grecia. Estos hechos se describían en el siguiente poema épico del ciclo troyano, los Regresos”. Hard, 2008, p. 615. Podéis leer mi artículo sobre este episodio en Khronos Historia, 2020, pp. 155-157.

(32) Αγαμέμνων, la Ilíada hace de él el rey de Argos, a veces el de Micenas; en la tradición más tardía, pasaba por ser rey de Lacedemonia. Grimal, 1989, pp. 13-16. Commelin, 2017, p. 200.

(33) Grimal, 1989, p. 90. Hard, 2008, p. 617. “Es convertida en esclava y concubina de Agamenón”. Álvarez Espinoza, 2013, p. 57. Quintano Martínez, 2019, p. 137. En Las troyanas de Eurípides (Álvarez Espinoza, 2015a, pp. 30-32), donde Casandra aparece caracterizada por su “delirio profético” (Urdician, 2016, p. 3), se narra como “Muertos los hombres en la batalla y destruida la ciudad, las troyanas presienten que su destino es la esclavitud y, atemorizadas, esperan ser sorteadas o escogidas por los guerreros vencedores según criterios basados en la edad, la belleza y el linaje. La apropiación del cuerpo de las mujeres jóvenes cuya relación de parentesco era más cercana a Héctor, el príncipe caudillo de Troya, es un trofeo que simboliza la humillación del adversario (…) Casandra, la hermana adivina de Héctor y doncella consagrada a Febo Apolo, fue destinada al lecho de Agamenón, el caudillo de todos los griegos”. Molas Font, 2006, p. 60. “Durante las guerras las mujeres serán protegidas por los defensores pues, en el caso de ser derrotada la ciudad, se convertirían, tanto jóvenes como ancianas, en parte del botín, siendo violadas (Casandra) o convertidas en esclavas y concubinas (Hécuba, Hesíone, Tecmesa, Casandra, Andrómaca…)”. Pérez Miranda, 2011, p. 217.

(34) Τηλέδαμος y Πέλοψ. Grimal, 1989, pp. 90, 417-418 y 496. “En la guerra, las mujeres constituyen objetos pasivos, siempre sujetas al destino de los varones. Ellas serán premio y botín de guerra, reconocimiento para el honor y la gloria masculina (…) La violación en el mundo griego antiguo se convierte en un elemento aceptado como prerrogativa de los vencedores en la guerra”. “El poder simbólico es el que otorga la creencia en el derecho de Agamenón para convertirla en su ‘compañera’ como el privilegio simbólico fundamentado en el derecho político y masculino que po­see el atrida para usar a Casandra a su antojo (…) Casandra debe asumir esta unión sin oponer resistencia”. Álvarez Espinoza, 2015b, pp. 167-168 y 172.

(35) A su regreso a Micenas. Grimal, 1989, p. 90. Pérez Miranda, 2011, p. 252. O a Argos. Hard, 2008, pp. 617-618. Se narra en Agamenón de Esquilo (Esquilo, 1986). Álvarez Espinoza, 2015a, pp. 28-30.

(36) “En ciertas versiones de la muerte de Agamenón, la única razón del asesinato es su amor por Casandra”. Grimal, 1989, p. 90.

(37) Κλυταιμνήστρα. Grimal, 1989, pp. 110-111. Commelin, 2017, p. 199.

(38) Quintano Martínez, 2019, p. 142.

(39) Τυνδάρεως, un héroe lacedemonio. Grimal, 1989, p. 517. Commelin, 2017, p. 196

(40) Λήδα, es hija del rey de Etolia, Testio, y de Eurítemis. Grimal, 1989, p. 311. Commelin, 2017, p. 196.

(41) Ζεύς, el más grande de los dioses del Panteón helénico. Como todos los Olímpicos, pertenece a la segunda generación divina: es hijo del titán Crono y de Rea. Grimal, 1989, pp. 545-549.

(42) Os cuento todas las violaciones perpetuadas por Zeus que se narran en la mitología griega en: Khronos Historia, 2020, pp. 27-62.

(43) “Se suelen repartir así: Clitemnestra y Cástor son hijos de Tindáreo y Helena y Pólux, hijos de Zeus (‘Ελένη, esposa de Menelao, a quien se culpará del estallido de la Guerra de Troya, pues Paris la rapta; Castor y Pólux, Κάστωρ y Πολυδεύκης, a los que se conoce comúnmente como los Dioscuros; Graves, 1985, T. I, pp. 230-232 y 283; Grimal, 1989, pp. 229-233, 90, 141-142 y 445). (…) Hay una versión en la que no se nombra a Clitemnestra —aceptada como hija de Tindáreo, sin más complicaciones—. En cualquier caso, Tindáreo criará junto a Leda a toda la prole”. Morillas Cobo en Khronos Historia, 2020, pp. 54-55. Así, Clitemestra es hermana gemela de Helena, pero mientras esta es hija de Zeus, Clitemestra es hija de Tindáreo. También es hermana de los ya mencionados Dioscuros y de Timandra y Filónoe, hijas «humanas» de Leda. Grimal, 1989, pp. 110-111.

(44) Estuvo casada con Tántalo, hijo de Tiestes (Τάνταλος), no confundir con el hijo de Zeus y Pluto. Grimal, 1989, pp. 111 y 491-492. “Tiestes habría engendrado también a Tántalo (llamado como su bisabuelo)”. Pérez Miranda, 2011, p. 125.

(45) Graves, 1985, T. II, p. 34. Grimal, 1989, pp. 13 y 111. Pérez Miranda, 2011, p. 125.

(46) Pomeroy, 1999, p. 130. “Clitemestra dio a Agamenón un hijo, Orestes, y tres hijas: Electra o Laódice, Ifigenia o Ifianasa, y Crisótemis; aunque algunos dicen que Ifigenia era sobrina de Clitemestra, hija de Teseo y Helena, de la que se compadeció y a la que adoptó”. Graves, 1985, T. II, p. 34. Ifianasa (Ίφιάνασσα), primero era distinta de Ifigenia, y luego acabó confundiéndose con ella. Grimal, 1989, pp. 13, 111 y 282. “La unión de Agamenón y Clitemnestra, iniciada con un crimen, y a disgusto de esta (…) desembocaría en desgracia. (…) dando esta unión lugar a una sería de conflictos en el interior de su casa que provocará el desorden en el reino, siendo el contrapunto con el matrimonio entre Odiseo y Penélope”. “Las mujeres podían ser intercambiadas sin tener en cuenta su voluntad, pero no siempre sin conflictos. La venganza de Medea por ser repudiada será terrible, como también lo serán las de Clitemnestra, obligada a casarse con Agamenón, el asesino de su anterior esposo e hijo, o la de Erífile, obligada a casarse con Anfiarao, el asesino de su padre”. Pérez Miranda, 2011, pp. 125 y 260.

(47) Commelin, 2017, p. 200. Graves, 1985, T. II, p. 34. Pomeroy, 1999, p. 32. Agamenón y Menelao (Μενέλαος), así como Tiestes, padre de Tántalo, primer marido de Clitemnestra, descienden de Tántalo, hijo de Zeus y Pluto. Grimal, 1989, pp. 349-351 y 491. “Agamenón y Menelao reforzarían aún más su poder mediante el matrimonio con Clitemnestra y Helena”. Pérez Miranda, 2011, p. 141. Ver “El nacimiento y los primeros años de Helena, y su matrimonio con Menelao” en Hard, 2008, pp. 567-571.

(48) “En ocasión en que un gran número de pretendientes solicitaban la mano de Helena, Tindáreo, aconsejado por Ulises, los ató por un juramento, en virtud del cual se comprometían a respetar la decisión de Helena y a no disputar la posesión de la doncella al pretendiente elegido. Más aún: si era atacado, los demás debían acudir en su auxilio. Cuando Paris hubo raptado a Helena, Menelao fue a pedir ayuda a Agamenón. Éste recordó a los jefes el juramento prestado, y así se formó el núcleo del ejército destinado a atacar Troya”. Grimal, 1989, p. 13. “Cuando París, el hijo del rey Príamo de Troya, raptó a Helena y con ello provocó la guerra troyana, Agamenón y Menelao estuvieron diez años ausentes de su patria”. Graves, 1985, T. II, p. 34.

(49) Grimal, 1989, p. 111.

(50) Ver “La segunda reunión en Aulide” en Graves, 1985, T. II, pp. 200-203. Agamenón interrogó al adivino Calcante, quien le dijo que era preciso calmar la cólera de la diosa Ártemis y que para ello era necesario el sacrificio de su hija, Ifigenia (’Ιφιγένεια; su leyenda se desarrolla con las epopeyas cíclicas y, sobre todo, con los trágicos). Grimal, 1989, pp. 13, 111-115 y 284. Pérez Miranda, 2011, p. 131.

(51) “Agamenón accedió, ya por ambición, ya por el bien público”. Grimal, 1989, p. 15.

(52) Pérez Miranda, 2011, p. 132. Aquiles (Άχιλλεύς); su leyenda es una de las más ricas y antiguas de la mitología griega. Debe su celebridad, ante todo, a la llíada. Grimal, 1989, pp. 39-43 y 111.

(53) Ártemis (Άρτεμις), hermana gemela de Apolo, hija, como él, de Leto y Zeus. “Prepara el sacrificio en secreto, guardándose bien de confiar sus proyectos  a su mujer”. “Ordenó que Calcante la inmolase en el altar de Ártemis”. Grimal, 1989, pp. 53-54, 111 y 284. Eurípides lo narra  en la tragedia Ifigenia en Áulide. “(…) al igual que acaece en el mundo real, en la esfera de la ficción los dioses y los héroes son quienes deciden acerca del destino de sus hijas, sin tener nunca en cuenta la voluntad de las madres, dadoras de vida”. Molas Font, 2006, p. 89. “Pero pese a la innegable y evidente importancia de las mujeres en la reproducción, su papel será considerado pasivo, siendo el padre el verdadero engendrador del hijo, mientras que la madre es meramente un fértil campo de cultivo en el que la semilla paterna es depositada (…) Es precisamente la pasividad uno de los principales rasgos asociados al sexo femenino durante toda la Antigüedad (y también posteriormente). La mentalidad misógina griega queda plasmada de un modo claro en la célebre frase de Demóstenes (59, 118-122): Tenemos hetairas para nuestro placer, concubinas para servirnos y esposas para el cuidado de nuestra descendencia (…) Las mujeres (…) eran consideradas como elementos pasivos, vinculados a la estabilidad, frente a los hombres activos, caracterizados por la movilidad”. Pérez Miranda, 2014, pp. 119-120.

(54) Grimal, 1989, pp. 15 y 111. “Este sacrificio de Ifiginia sería uno de los desencadenantes fundamentales de la venganza de Clitemnestra hacia Agamenón”. Pérez Miranda, 2011, p. 132.

(55) “Helena, Circe y Calipso forman parte, pues, de las mujeres perversas de la mitología griega. (…) podríamos citar también a Clitemnestra o a Medea, de las que se dice también que tienen un cuerpo seductor, aunque las caractericen otros rasgos. En cualquier caso, todas forman parte del grupo de mujeres transgresoras que deben ser sometidas por el varón”. Molas Font, 2006, p. 69.

(56) A un viejo aedo (un aoidos, ministrel o bardo; Hard, 2008, p. 655; un heraldo; Pomeroy, 1999, p. 43.), llamado Demódoco, encargado de aconsejarla y de informarlo. Grimal, 1989, p. 111. Pérez Miranda, 2011, p. 132.

(57) Αϊγισθος, hijo de Tiestes y de la propia hija de éste, Pelopia. Grimal, 1989, pp. 152-153. Podéis leer mi artículo sobre la violación de Tiestes a su propia hija en Khronos Historia, 2020, pp. 169-173. “Egisto no se unió a la expedición (no marchó a la guerra contra Troya) y prefirió quedarse en Argos para buscar la forma de vengarse de la Casa de Atreo”. Graves, 1985, T. II, p. 34.

(58) Grimal, 1989, pp. 111 y 153. Hard, 2008, p. 655. Pasaje en la Odisea de Homero: Hom., Od., III, 264-273 (Homero, 2008, p. 84).

(59) Aletes (’Αλήτης) y Erígone (Ήριγόνη). Grimal, 1989, pp. 22, 153 y 169. Hard, 2008, pp. 659 y 662. Pérez Miranda, 2011, p. 138.

(60) Las relaciones de su esposo con Criseida (una esclava; Pomeroy, 1999, p. 40). Impulsada tal vez por las sugerencias de Nauplio (Ναύπλιος) “que se esforzaba, corrompiendo a las mujeres, en vengarse de los griegos por haber matado a su hijo Palamedes (Graves, 1985, T. II, p. 34)”. Grimal, 1989, pp. 111 y 370-371. Hard, 2008, p. 628. Pérez Miranda, 2011, p. 132.

(61) Grimal, 1989, pp. 111 y 153. “Clitemnestra (…) tomó a Egisto, primo de Agamenón, como nuevo marido. Homero dice que «Egisto se la llevó a su propia casa», pero todas las historias nos los muestran viviendo juntos en el palacio. Cuando Agamenón retornó de Troya, ellos le dieron muerte, y Egisto, como marido de Clitemnestra, fue rey”. Pomeroy, 1999, p. 36.

(62) “Clitemnestra (…) al tiempo que se deslizaba entre la esfera privada y la esfera pública, alternaba el «habla de las mujeres» con el lenguaje indisolublemente asociado a los hombres. Sin duda, ese carácter resultaba especialmente amenazador. La soberana se había adueñado del discurso masculino, llegando a practicar el arte de la oratoria: se valía de un lenguaje retórico y público, capaz de persuadir mediante las técnicas de la argumentación a su audiencia característicamente masculina. Lo utilizaba como instrumento para irrumpir en el espacio público y apoderarse del gobierno del reino, haciéndose con el poder político. Durante la larga ausencia de Agamenón se había ganado la credibilidad y legitimidad frente al consejo de ancianos, el cual llegaba a asegurar: «He llegado a prestar reverencia, Clitemnestra, a tu poder». Era capaz de imponer su voluntad frente a todos los hombres de su alrededor”. Quintano Martínez, 2019, pp. 145-146. “Aunque en una cultura patriarcal represiva, la mayor parte de las mujeres —como Ismene— se sometan dócilmente, algunas heroínas —como Clitemnestra, Antígona y Hécuba— adoptan las características del sexo dominante para lograr sus objetivos. (…) En Agamenón (…) Esquilo muestra a Clitemnestra como poseyendo poder político, planeando complejas estrategias conducentes a retransmitir señales recibidas desde Troya, engañando a su marido al persuadirlo de que marche sobre una alfombra púrpura, y finalmente, planeando y ejecutando su muerte. Sin arrepentirse, exhibe su libertad sexual anunciando que la muerte de Casandra ha aportado un nuevo sabor a su placer, y que su situación estará asegurada mientras que su amante, Egisto, mantenga encendido el fuego en su hogar. Esta frase equívoca es especialmente escandalosa pues una mujer tradicionalmente enciende el fuego en el hogar de su padre o de su amigo”. Pomeroy, 1999, p. 118.

(63) “(…) existe un tipo de mujer perversa que trae consigo males éticos, morales o religiosos, según el contexto en el que nos hallemos. Se trata de aquellas mujeres que transgreden las virtudes que el hombre ha decidido que les sean propias. Esto no las acerca, sin embargo, a la miseria moral que engendran las perversidades comunes. Se trata, por el contrario, de mujeres excepcionales, protagonistas de los grandes mitos. Ellas y sus acciones no se corresponden con la realidad, pues en ésta no tienen capacidad para obrar del modo en que lo hacen en la ficción. Me refiero a Clitemnestra o a Medea, que cometen asesinatos y a las que los creadores de los mitos hacen actuar de una determinada forma para convertirlas en estereotipos”. Molas Font, 2006, p. 23.

(64) “En la mentalidad griega el adulterio fue un crimen grave, tanto para los hombres como para las mujeres, y estuvo duramente penado por la ley, incluso con la condena a muerte del mancillador. Sin embargo, esto no implicaba que cualquier relación extra-marital fuera considerada adulterio o que únicamente se cometiera adulterio teniendo relaciones con mujeres ya casadas. La verdad es que el propio concepto (moicheia) poseía un significado más amplio que el actual y podría definirse como sexo no autorizado con cualquier mujer que estuviera bajo la custodia de un varón ciudadano. En realidad, abarcaba tanto a las mujeres casadas como a las hijas solteras, siempre que fueran libres y se insertaran en una familia ciudadana, mientras que el sexo con esclavas o con heteras no era penalizado (…) La conocida sentencia atribuida a Demóstenes – ver (53) – ilustra esta distribución de los roles femeninos por la que las heteras proporcionaban placer, las concubinas cuidados y las mujeres descendientes legítimos y seguridad para la hacienda familiar. Además, entre la clase noble parece que se generalizó la costumbre de tener una esposa griega y una concubina extranjera (Molas Font, 2006, p. 28) (…) No obstante, que una mujer buscara amante resultaba inadmisible. Y Clitemnestra terminó por encarnar el anti-modelo de esposa fiel”. Quintano Martínez, 2019, pp. 149-150. “Es obvio decir que a las mujeres no se les permitía las mismas libertades sexuales que a los hombres. (…) la infidelidad de Helena y de Clitemnestra produjo críticas consecuencias políticas para sus reinos”. Pomeroy, 1999, pp. 41-42.

(65) Grimal, 1989, pp. 111 y 153. Hard, 2008, p. 655. “Homero era analfabeto. De acuerdo con las teorías más plausibles, trabajó en el siglo VIII a. C. Sus poemas se fueron trasmitiendo de generación en generación en forma oral hasta alguna época, en el siglo VI a. C., en la que fueron recogidos por escrito (…) por el hecho de que se trata de documentos orales, «La Ilíada» y «La Odisea » no pueden ser tomadas por exactas historias de la Edad del Bronce. En última instancia, se trata sólo de leyendas poéticas derivadas de sucesos históricos reales que se produjeron en la toma de Troya, pero también son reflejos poéticos de la evolución de la sociedad y de la cultura griega”. Pomeroy, 1999, p. 32.

(66) Pasaje en la Odisea de Homero: Hom., Od., IX, 406-439 (Homero, 2008, pp. 242-243).

(67) “Ya desde la Odisea Clitemnestra aparece como modelo de esposa traidora, si bien el grado de responsabilidad variará según el texto, siendo el ejecutor Egisto, Clitemnestra o ambos”. Pérez Miranda, 2011, p. 133. “La actitud de Homero en relación con las mujeres como esposas aparece muy clara en su descripción de Penélope y Clitemnestra. Penélope merece su más alta admiración por su castidad, mientras que Homero convoca al espíritu de Agamenón para describirle la infidelidad de Clitemnestra en términos reprobatorios. Hasta los más virtuosos miembros del sexo femenino resultan manchados para siempre por el pecado de Clitemnestra. Esta afirmación tajante será la primera en una larga historia de hostilidad hacia las mujeres en la literatura occidental”. Pomeroy, 1999, p. 36.

(68) Graves, 1985, T. II, pp. 35-36. Hard, 2008, pp. 33 y 655-656. “En «La Odisea», Egisto es la cabeza perversa del asesinato de Agamenón, pero en la tragedia de Esquilo se ha introducido un cambio para resaltar el papel de Clitemnestra como la principal fuerza de la conspiración”. Pomeroy, 1999, p. 114. “En los trágicos, ella (…) acaba siendo la ejecutora”. Grimal, 1989, p. 111. “(…) lo cual muestra la intensificación de la ideología patriarcal y de la misoginia en el período de la democracia ateniense”. Molas Font, 2006, p. 228. “(…) los relatos míticos fueron cambiando y adaptándose en función de las transformaciones políticas, sociales y culturales”. Quintano Martínez, 2019, p. 136.

(69) Esq., Ag., 1379-1393 (Esquilo, 1986, pp. 429-430).

(70) Esq., Ag., 1408-1411 (Esquilo, 1986, p. 430).

(71) Grimal, 1989, p. 111. Quintano Martínez, 2019, pp. 146-147

(72) Grimal, 1989, p. 111.

(73) Ήλέκτρα, no se cita en la epopeya homérica, pero en los poetas posteriores reemplaza poco a poco a Laódice, cuyo nombre ya no vuelve a mencionarse. Grimal, 1989, pp. 153-154.

(74) Όρέστης, su leyenda ha evolucionado pero “los rasgos fundamentales de la misma aparecen ya fijados en los poemas homéricos, donde Orestes aparece como el vengador de su padre (a pesar de que el poeta parece ignorar la inmolación de Clitemestra por su hijo). Con los trágicos, especialmente con Esquilo, Orestes pasa a ser una figura de primer plano”. Grimal, 1989, pp. 389-391. Commelin, 2017, pp. 201-202.

(75) “Su comportamiento ambiguo y sus sentimientos encontrados frente a la maternidad influyeron, sin duda, para que su imagen quedara construida no solo en torno a su fracaso como esposa, sino también como madre. Fue caracterizada como una «mala madre» debido al reprobable comportamiento que mostró hacia Orestes y Electra, vástagos y vengadores de Agamenón. Sin embargo, no hay que olvidar que las razones que activaron su transformación maternal y conyugal fueron la desesperación y el dolor por la pérdida de Ifigenia, sacrificada a manos de su propio padre y rey. El sentimiento incontenible de «cólera materna» que invadió a Clitemnestra fue malinterpretado y su comportamiento se asoció a una desmedida ansia de poder, de modo que se eludió considerarla como una madre que luchaba por que el asesinato de su hija no quedara impune”. Quintano Martínez, 2019, p. 150.

(76) “Medea o Clitemnestra forman parte de este grupo de mujeres (perversas) (…) son culpables de asesinato, aunque su maldad no radica tanto en eso como en el hecho de que son mujeres transgresoras y no se dejan dominar”. Molas Font, 2006, p. 25.

(77) Dukelsy, 2011, p. 85.

(78) Quintano Martínez, 2019, p. 146.

(79) Graves, 1985, T. II, pp. 37-42. Grimal, 1989, pp. 111 y 153. La vuelta a Micenas de Orestes (enviado fuera de la ciudad después del asesinato de Agamenón) la narra Esquilo en Coéforos. Orestes regresa para vengar a su padre, matando a Clitemnestra y a su amante, Egisto. Hard, 2008, p. 33.

(80) Ver el juicio de Orestes en: Graves, 1985, T. II, pp. 42-47. “La acción de Orestes, como único miembro masculino de la familia, contra su madre estaría totalmente justificada”. Hard, 2008, p. 658. “Aunque se trataba de un castigo no legitimado socialmente, Orestes fue absuelto por el tribunal ateniense del Areópago, convocado por Atenea, pues Apolo argumentó que fue él quien convenció al matricida de llevar a cabo el asesinato. El marido, el hijo o el padre, es decir, cualquier miembro varón de la familia, podía castigar a las mujeres por quebrantar el control masculino sobre sus cuerpos”. Molas Font, 2006, p. 48. “El control sobre la sexualidad de las hijas llega a un extremo desmesurado en los mitos (…) Incluso las diosas –pese a su condición divina, que hace que no puedan equipararse a las mujeres mortales– podrán ser obligadas a tener relaciones contra su voluntad, siendo raptadas y violadas (…) Tampoco es posible encontrar en estos mitos una visión idealizada de libertad sexual sino que, por el contrario, no hacen sino legitimar la concepción de la sexualidad impuesta desde la sociedad de la época, una sexualidad basada en un dominio patriarcal”. Pérez Miranda, 2014, pp. 125-126.

(81) Grimal, 1989, pp. 389-390. Hard, 2008, pp. 656-657. Pérez Miranda, 2011, p. 135.

(82) “(…) el adulterio de Clitemnestra, que pagó con la muerte su infidelidad a su esposo Agamenón, señalan que, en la formación de las sociedades mediterráneas clásicas, el orden patriarcal fijó sus raíces mediante el uso de la violencia física contra las mujeres”. Molas Font, 2006, p. 48. “En la historia de Clitemnestra aparece a menudo la tachadura moral de su adulterio (…) Por esta razón había perdido su honra y había puesto en peligro la dignidad de todo el clan familiar, ya que el honor de las mujeres tenía que ver, sobre todo, con su conducta sexual”. Quintano Martínez, 2019, p. 149.

(83) “Por lo que se refiere a las mujeres de la nobleza, poco sabemos de ellas por los poemas homéricos, pero, cuando nos las presentan, se hallan recluidas en casa, ocupándose de las tareas que les son «propias». Así hallamos a Penélope, tejiendo, o a Clitemnestra, una de las perversas, dedicada a las tareas del hogar. Parece que son ambas las que gobiernan mientras sus maridos están en la guerra, pero, por poco que hurgamos, hallamos la desconfianza de quienes las rodean. (…) Clitemnestra, que quedará dentro del imaginario como la asesina de su marido sin que se tenga en cuenta toda la historia: Agamenón ha matado a una de sus hijas con engaños, ha estado fuera de casa diez largos años y ha regresado con otra esposa concubina”. Molas Font, 2006, p. 15. “Clitemnestra, un nombre que evoca ideas de odio y venganza. Una historia que desemboca en violenta ruptura del orden familiar y social. Un personaje que encarna lo más negativo de la condición femenina. Mujer poderosa, madre atormentada, esposa culpable”. Dukelsy, 2011, p. 85.

(84) Molas Font, 2006, p. 123. “La reina micénica habitualmente recrea el contra-modelo de las representaciones estáticas y calmadas de las mujeres en el arte griego. Suele aparecer en movimiento, como la diosa Atenea en su faceta «guerrera», y (…) suele empuñar su arma (un cuchillo o hacha) e imita el paso decidido de la diosa en actitud de lucha. Su imagen blandiendo el hacha se repite en gran parte de las obras cerámicas más reputadas, tanto que este arma acabó por asociarse a su figura como un elemento iconográfico característico. Simboliza uno de los atributos más visibles de su «masculinización». La asociación de Clitemnestra con el hacha no es casual (…) Era el arma que con frecuencia acompañaba a aquellos personajes reales o míticos que representaban la alteridad respecto del ideal ciudadano griego. Resultaban peligrosos porque podían desestabilizar el orden sobre el que se sustentaba la sociedad. Precisamente, la propia Clitemnestra encarnaba a la perfección esa figura desestabilizadora del orden social y de las convenciones de género”. Quintano Martínez, 2019, p. 141.

(85) “Las transgresoras, seductoras y perversas – Medea, Clitemnestra, Helena o Circe–, castigadas por cuestionar el orden establecido (…) representan la antítesis del modelo de esposa casta y sumisa –Andrómaca, Alcestis, Fedra o Deyanira-, modelo necesario para el buen funcionamiento de la pólis patriarcal”. Molas Font, 2006, p. 228. En Homero, Clitemnestra es un contraejemplo de Penélope, fiel esposa de Odiseo. García Gual en Homero, 2008, p. 24. Hard, 2008, p. 658. “Algunos mitos muestran a mujeres terribles que sirven como contra-modelos, imágenes invertidas de lo que debe ser una griega, sirviendo quizás como proyección de los propios miedos de varones y en cierta manera como una forma de kátharsis. (…) puede ser aplicado también a otras «varoniles mujeres» temibles como Clitemnestra, que ejerce el poder cuando su marido está ausente”. “Los discursos patriarcales inciden en el peligro que supone que las mujeres ejerzan el poder, favoreciendo la interiorización por parte de estas de su presupuesta incapacidad para gobernar, y de su necesidad de protección”. Pérez Miranda, 2011, pp. 144 y 218. “Existe una gran cantidad de mitos en los que se evidencia esta incapacidad de las mujeres para gobernar, provocando, cuando obtienen de algún modo el poder, grandes catástrofes a sus linajes y a sus reinos. (…) La incapacidad de las mujeres para ejercer el poder político es una construcción social que forma parte de lo que llamamos ‘género’. Este ‘género’, no es equivalente al ‘sexo’, como algunos tratan de defender errónea y/o interesadamente, sino que es una construcción sociocultural, y no una realidad biológica”. Pérez Miranda, 2014, p. 121.

(86) Dukelsy, 2011, pp. 112-113. “la reina de Micenas es un personaje andrógino: una mujer que actuó siguiendo patrones tradicionalmente asociados a los hombres y, por ello, frecuentemente virilizada, pero que nunca perdió por completo los rasgos de su feminidad”. Quintano Martínez, 2019, p. 150

(87) “Partiendo de la consideración de los personajes más allá de su manifiesta caracterización como víctima o verdugo, estimamos que, a pesar de sus particularidades y diferencias, en las biografías de Casandra y Clitemnestra existen vínculos comunes. Ambas confluyen como personajes femeninos transgresores frente a la norma de comportamiento social ejemplar de la guné, esposa, madre y procreadora de ciudadanos”. “Porque el ideal femenino de mujer respetable fue el de «esposa y madre», domesticada y fiel. El matrimonio, como vía institucionalizada para canalizar la sexualidad femenina, representó una potente herramienta de control sexual y social”. Quintano Martínez, 2019, pp. 136 y 151.

(88) Casandra y Clitemnestra “representan la voz de una mujer que se alza sin la autorización y el control absoluto de un varón”. “(…) la gran diferencia entre ellas residía en la autoridad de sus voces dentro de la esfera pública. Las palabras de Clitemnestra derivan de su kratos, autoridad política (y masculina) que había alcanzado durante la ausencia de su esposo. Además, uno de sus grandes atributos era su poder de persuasión, puesto que estaba dotada de peithó. Casandra, por el contrario, carecía de ambas. Arrebatada por Apolo, ni su voz tenía autoridad en el ámbito público, ni estaba dotada de la capacidad de convencer. Deslegitimar su discurso había sido la forma de silenciarla socialmente. Poco importaba que fuera portadora de la verdad, porque la adivina no era tomada en cuenta. Tampoco afectaba que Clitemnestra mintiera y manipulara la realidad, porque la reina terminaba por persuadir a su auditorio”. Quintano Martínez, 2019, pp. 145 y 148.

(89) “En las figuras de Casandra y Clitemnestra dos aspectos adquieren especial interés: por una parte, su capacidad discursiva y, por otra, su sexualidad fuera del modelo normativo. Su alejamiento voluntario del ideal femenino las convertiría en elementos peligrosos para el orden social establecido. Por eso sus elecciones no podían quedar impunes. Ambas experimentaron la violencia y tuvieron la muerte como castigo final”. “Las convenciones de género en la antigua Grecia establecieron que la mujer, como ser inferior e imperfecto, se supeditase al varón. Se les impuso un estado de «mudez social» y se procuró dominar su sexualidad, exclusivamente encaminada hacia la maternidad controlada. Pero, a su manera, (Casandra y Clitemnestra) transgredieron las idealizadas virtudes del comportamiento femenino. El paralelismo en sus biografías se puede trazar en torno a dos aspectos de máxima relevancia: su apropiación del lenguaje, como mujeres que practicaron un discurso público, a pesar de que debían permanecer en silencio; y su sexualidad fuera de la normativa, como mujeres que dudaron frente al sentimiento maternal y eligieron el adulterio o la virginidad, alejándose de la asociación unívoca de la feminidad con la maternidad, la fidelidad y la obediencia”. “Clitemnestra y Casandra, cada una a su manera, hacen gala de una sexualidad alejada de la preceptiva. Ambas destacan por elegir un modelo propio para vivir su vida sexual. Escogieron desde su libertad personal enfrentándose a la compartimentación femenina entre los prototipos de fiel esposa procreadora o amante para el disfrute masculino. Indudablemente sus caminos fueron muy diferentes y, en cierta manera, alternativos. Si Clitemnestra se caracterizó por una sexualidad libre y sin complejos, alejada de lo que se espera de la esposa legítima de un rey, Casandra eligió la virginidad enfrentándose a las apetencias sexuales de un dios”. Quintano Martínez, 2019, pp. 137, 144 y 149.

(90) Casandra y Clitemnestra “a simple vista fueron irreconciliables caracteres como desgraciada víctima y terrible verdugo, se acercaron a través de su fatal destino compartido. Pero también por haber sido personajes femeninos que se atrevieron a elegir y a «vivir en desorden»”. Quintano Martínez, 2019, p. 152.


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Estudiante de filosofía y escritora. Mis áreas de mayor interés - como comprobaréis si me leéis - son la Historia de la Mujer, la Historia de las Religiones, la Filosofía Política y la Antropología. Como buena cinéfila y melómana, me encanta practicar la miscelánea cuando escribo (llamadme friki). Amante de los animales, defensora del medio ambiente, y de firmes posiciones feministas y marxistas.