Desde épocas remotas hasta la actualidad a las mujeres se nos han impuesto una serie de cánones de belleza. Se ha relacionado siempre al género femenino con la vanidad. Lo que se conoce como fashion victims. En la actualidad, estamos rodeados de anuncios sobre cómo debe ser nuestra apariencia, de qué forma y cómo tenemos que cuidarla. No hace falta más que ver la televisión, escuchar la radio o fijarnos en los múltiples carteles que se exponen en las calles.

En cada período de la historia se representa un ideal de la belleza femenina distinto; unos determinados cánones de belleza, particularmente femenina, que hay que seguir. Sin embargo, la belleza es una ficción social que se utiliza para encerrar a la mujer dentro de una esfera basada en la vanidad y frivolidad (1).

¿Por qué la mujer es vanidosa? 

¿De dónde procede esta vinculación de la mujer con la vanidad? ¿Quién imponía verdaderamente las reglas y las sigue imponiendo hoy en día? ¿De quién dependen los cánones de belleza? ¿Esta relación hoy tan admitida es real?, o ¿corresponde a un estereotipo social que se ha repetido en los discursos durante siglos?

Goya, la mujer y la vanidad, cánones de belleza
Caprichos de Goya «Hasta la muerte» Fuente.

Las razones por las que se ha relacionado a las mujeres con la moda y la apariencia vienen de tiempos lejanos. Muchos estudios(2) vinculan esta relación con las primeras sociedades prehistóricas. En ellas, las mujeres vivían en un entorno hostil y se dedicaban a las actividades domésticas relacionadas con la comida y la ropa. Los motivos de sus ocupaciones se basaban en la dependencia que entonces tenían del matrimonio en aquellas primeras sociedades. También en la coerción que el marido ejercía sobre ellas.

Ser santa y parecerlo

A partir de ahí, se desarrollaban una serie de gustos y preferencias generalmente asociadas a la moralidad y decencia que se esperaba de ellas (3). Se trata de unos determinados cánones de belleza que normalmente estaban «muy de acuerdo» con los principios religiosos que debían seguir.

Otros autores relacionan a las mujeres con la apariencia por su constante preocupación por diferenciarse de las demás y demostrar cierta singularidad(4).

La cuestión de la fertilidad también juega un importante papel ya que se considera que la belleza está relacionada con la reproducción. Así, este sistema se basará en la selección natural (5). También hay quien consideraba que esta relación se basaba en la esencia femenina que siempre estaba más inclinada al cuerpo que al espíritu, lo que hacía que se vinculara a la mujer con lo frívolo y los vicios.

Belleza y control social

Esta deducción ha llevado al control continuo de la apariencia externa de la mujer y la imposición de determinados cánones de belleza. Recordemos que la propia sociedad imponía que las mujeres fueran puras pero también era importante que lo parecieran(6). Se usa la imagen femenina y los cánones de belleza, como arma política contra el avance de las propias mujeres(7).

cánones de belleza
Control sobre los cuerpos femeninos. Fuente.

El mito de la belleza ha sido, es y será el último resorte para controlar a aquellas mujeres, que de otra manera, hubieran sido incontrolables debido a la ideología feminista (8). De hecho, su influencia es tal, que muchas mujeres se avergonzarán de admitir que los cánones de belleza y preocupaciones como la apariencia física, el cuerpo, el cabello o la ropa tienen tanta importancia (9).

Regulación de la belleza: los cánones de belleza

Estas concepciones han dado lugar a grandes normativas y reglas que  limitan la apariencia femenina; cánones de belleza creados como mecanismos de control para limitar sus formas de actuación. A parte de las leyes que solían regir la sociedad, existían discursos sociales que formaban parte del ideario colectivo de la época y que se difundían, al igual que hoy en día, mediante los medios de comunicación.

cánones de belleza
Regulación de la belleza femenina. Fuente.

Entre ellos encontramos sermones eclesiásticos, discursos o ensayos procedentes de los periódicos, así como otros elementos de difusión. Estos, al que hoy en día, establecían un tipo de belleza y los modos en los que las mujeres debían mostrarse y comportarse, una serie de cánones de belleza que regían el comportamiento femenino.

En ellos se identifica el lujo con las crisis de las naciones y con la lujuria y el desarrollo de comportamientos lascivos (10). Las mujeres con sus gustos podían dar lugar a la ruina económica. Hacían que las mujeres buscarán continuamente ese ideal haciéndolas sentir insatisfechas y víctimas de sus propias imperfecciones (11).

La prensa

Este discurso social, que aún hoy en día sigue vigente, tiene su origen en el “primer” periodismo del siglo XVIII. No solo se desarrolla en los grandes diarios sino también en todo tipo de revistas o artículos, así como en críticas literarias.

Moda y cánones de belleza
Galería de moda. Fuente.

Algunos ejemplos que pueden servirnos para reflejar como el discurso de los cánones de belleza se encuentra presente en los primeros medios de comunicación y diarios de diferentes ciudades. Así, por ejemplo, en el Diario de Madrid se culpa a las mujeres del descenso de los matrimonios por ocuparse únicamente de la apariencia y de no atender a sus maridos (12)

Crítica periodística a los cánones de belleza del pasado

En otro tipo de periódicos también se les acusa de ser la causa de las continuas novedades en la moda. Según el censor, esto se debe a su comportamiento inestable. Este les hace modificar su indumentaria constantemente debido a la gran necesidad que tienen de sentirse únicas y diferentes (13).

Por último, a las mujeres se nos culpa del desorden social, porque según la prensa preferíamos estar a la última moda que ejercer las funciones que se nos habían impuesto de esposas y madres. Se les acusa de dejar de amamantar a sus hijos por estar más preocupadas por la longitud de sus cuerpos, en concreto, de mantener el talle en una determinada medida para poder utilizar siempre el jubón a la última moda (14).

El discurso social que vincula la mujer con la vanidad y moda se ha admitido durante siglos, y de hecho, aún se mantiene en algunos medios de comunicación de la actualidad.

El origen de este discurso lo podemos encontrar en esa primera prensa del siglo XVIII, aunque los artículos, ensayos o críticas a los comportamientos femeninos no se basaban en la realidad social. Si bien es cierto que las mujeres estaban preocupadas por su apariencia, no es en la medida que nos quieren hacer entender.

¿Qué hay detrás del mito de la belleza?

Este discurso social se construye por varias razones. En primer lugar, para justificar de alguna manera la inferioridad de las mujeres. Necesitaban una razón en la que apoyar su discurso misógino y la demonización del género femenino. Con esto, relacionaban fácilmente a la mujer con los vicios y lo frívolo.

En segundo lugar, la necesidad de buscar culpables a las ruinas y crisis económicas. En vez de revisar sus actuaciones culpaban al consumo femenino. Algo que se da en repetidos momentos pero que, en concreto, en el siglo XVIII se basa en culpar a las mujeres de cometer excesos en el consumo de los productos franceses. En cualquier caso, las mujeres eran la raíz del mal.

Por supuesto existían motivos estéticos y de cánones de belleza, aunque tuvieran menor peso en el discurso no por ello son menos importantes. Se consideraba que las mujeres se preocupaban por el uso de las prendas por la necesidad de mantener el pudor y cubrir ciertas partes de su cuerpo. Es otra nueva razón para vincular a las mujeres con la vanidad pero, además, para construir una moralidad que tenían que cumplir a rajatabla.

En definitiva, y cómo podemos ver, se basan en razones que no distan mucho con los motivos que hoy en día se utilizan para representar a las mujeres en los diferentes medios de comunicación y publicidad, apoyando o criticando los cánones de belleza actuales. 


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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Wolf ,1991, p. 220.

(2) Veblen 1899, p. 5.

(3) Veblen, 1899, p. 7

(4) Simmel, 1991,  p. 29. 

(5)Wolf, 1991, p. 216.

(6)Tsëelon, 1995, p. 39. 

(7)Wolf, 1991,  p. 215. 

(8)Wolf, 1991, p. 217. 

(9)Wolf, 1991, p. 214. 

(10) Cantos 2007, p. 290. 

(11)Pérez 2007, p. 316. 

(12)Marcelino Pereira y García del Cañuelo, 1781, pp. 238-239.

(13)Clavijo y Fajardo, 1726, p. 25. 

(14)Clavijo y Fajardo, 1726, p. 25.


Bibliografía

  • Cantos Fagoaga, 2007, «La indumentaria: indicador económica y sociocultural» , Estudis Historia Moderna, nº 33, pp. 287-299
  • Clavijo y Fajardo, J., 1726, El pensador, Imprenta de Joaquín Ibarra, Madrid.
  • Marcelino Pereira, L. y García de Cañuelo, L., 1781, El censor, Madrid.
  • Pérez Abril, D., 2007,  «La influencia de la moda en la construcción de las identidades de género en las postrímetrías del antiguo régimen», Revista de Historia Moderna, nº 33, pp. 313-322. 
  • Simmel, G., 1991, La cultura femenina y otros ensayos, Alba, Madrid.
  • Tsëelon, E., 1995, The masque of feminity, Sage Publications, London.
  • Veblen, T., 1899,  «The Barbarian Status of women», The American Journal of Sociology, vol. 4, nº 4, pp. 503-514. 
  • Wolf, N., 1991, El mito de la belleza, Emecé, Madrid.