En la última ocasión hablamos de la historia de los escitas, unos belicosos guerreros que venían del continente asiático y que, en Europa, se asentaron en la zona de los Cárpatos y el mar Negro. En esta ocasión vamos a echar un vistazo a la sociedad escita, un grupo de “bárbaros” desde el punto de vista de los griegos.

¿Cómo se vivía en la sociedad escita?

La sociedad escita era nómada. Eso les hacía estar constantemente moviéndose por el territorio, aunque eso no significaba que no tuvieran casas permanentes (1). Eso les hacía pasar, irónicamente, mucho tiempo sentados. Y es que se desplazaban sobre las grupas de los caballos que acompañaban a los bueyes que tiraban de carros que eran, en fin, sus casas, y que a veces podían llegar a tener hasta tres habitaciones. Esto nos lo cuenta el médico Hipócrates (2). Tenía que ser una auténtica procesión, porque con ellos iban todos sus rebaños.

¿Cómo eran la sociedad escita?

Según nos dice Hipócrates (3), los miembros de la sociedad escita estaban gorditos por llevar ese estilo de vida que los hacía pasarse mucho tiempo sentados. También se dice que tenían la piel roja porque pasaban mucho tiempo al frío. Según el médico griego, los hombres eran imberbes, pero eso no es del todo cierto, porque en las representaciones artísticas se los ve bien barbudos (4), y, además, tenían buenas melenas hasta los hombros, que se sujetaban con bandanas (que no, que el rollo metalero ya viene de lejos). Las mujeres, por su parte, se peinaban con largas trenzas, que a veces engordaban con pelo de caballo. Sí, señor, ya existían las extensiones. Según la arqueología, sabemos que eran bastante altos, y se han encontrado restos de personas de hasta 1.80 y 1.90 m (5).

Como vivían en un espacio que era bastante frío, solían vestir con prendas de pelo de animal (de nutria, ardilla… que teñían de colores como azul o rojo oscuro), cuero y lino, y llevaban también sombreros puntiagudos. Era ropa confortable, cálida y apta para el viento, y consistía en túnicas, pantalones (similares a nuestros leggins) y botas (6). Era el traje ideal para montar a caballo, porque claro, ir con falda… pues como que no. Eso sí, montar a caballo no significaba que no pudieran llevar prendas elegantes y bien hechas. Los restos que se han encontrado en las tumbas (que se conservan asombrosamente bien), nos permiten ver que estaban ricamente decorados y adornados con apliques como piedrecitas o adornos dorados.

Botas de mujer escita procedentes de la tumba 2 de Pazyryk, con suela de incrustaciones de pirita.
Botas de mujer escita procedentes de la tumba 2 de Pazyryk, con suela de incrustaciones de pirita. Fuente: Pinterest.

Macarrillas de las estepas

La buena conservación de las tumbas escitas nos ha permitido descubrir que era gente a la que le molaban los tatuajes. Generalmente se tatuaban imágenes de animales, como ciervos u onagros. Las mujeres también se tatuaban, y de entre ellas la más famosa es la princesa de Ukok o Altái. Al parecer, los tatuajes eran un símbolo de estatus (7), pero lo que significaban es un misterio, aunque hay quien piensa que bien podían ser símbolos protectores, como si fueran amuletos (8).

Tatuajes del hombre de la tumba 2 de Pazyryk
Tatuajes del hombre de la tumba 2 de Pazyryk. Fuente: Knife.media

También era muy común marcarse el cuerpo con cicatrices. Hipócrates (9) lo dice: “tienen cauterizados los hombros, brazos, muñecas, pecho, caderas y riñones…”. Aunque el médico dice que podría ser por razones médicas, es más probable que fuera un tipo de ritual. El mismo Heródoto habla de un ritual parecido en las ceremonias de enterramiento.

Y hablando de Heródoto, el historiador griego se asombró al ver sus costumbres de aseo. Parece ser que no se bañaban con agua, pero sí habla de algunos rituales de “purificación”. Él explica (10) que, en efecto, los escitas tenían saunas. Sí, sí, como lo lees, saunas: tenían edificios muy simples y en ellos echaban agua sobre una piedra caliente para que todo se llenara de vapor (11). Podría ser probable que en ellas se formara buen jolgorio, habida cuenta de que lanzaban semillas de cannabis a las brasas para inhalar el humo (Según lo que cuenta Heródoto, en sus Historias, Libro IV, 73-75).

En cambio, las mujeres, se aseaban con una mezcla de hierbas (ciprés, cedro e incienso). Con esta pasta se cubrían todo el cuerpo, se lo dejaban a modo de “mascarilla” y tras quitársela al día siguiente, estaban bien limpias, guapas y perfumadas (12).

Algunas claves de la sociedad escita

Lamentablemente, no tenemos demasiada información. Eso sí, como muchas sociedades de su época, era una sociedad estratificada, es decir, que había unos que mandaban más y otros que menos. Las diferencias sociales se acentuaban con determinadas prendas, joyas o características. Como hemos dicho más arriba, los tatuajes podían ser una marca de estatus, pero parece ser que la altura era también un elemento diferenciador, apreciable en los enterramientos: a más alto, más poderoso (13).

Estaban gobernados por reyes, sucedidos de forma hereditaria entre los llamados Escitas Reales, y tal vez por elección entre los escitas de las montañas del este. Nos centraremos en los primeros, que son de los que habla Heródoto.

Al parecer, estaban gobernados por tres reyes al mismo tiempo, cada uno con ciertas diferencias de poder. Bajo ellos se encontrarían otras clases poderosas, como son los nomarcas (es decir, los que poseen las tierras) y otro rango de nobles o gentes distinguidas. También había otro grupo conformado por gente muy específica, como adivinos. Más abajo, como es común en estas sociedades, estaba la gente del común, y mucho más abajo, los esclavos (14).

Otras costumbres de la sociedad escita

Un aspecto muy destacable sobre las costumbres y la forma de relacionarse entre sí, es la conocida como costumbre del hermanamiento de sangre. Dos hombres bebían juntos del mismo cuerno una mezcla de vino y su propia sangre, donde antes habían remojado sus armas. Con esto, establecían entre ellos una alianza que duraría hasta la muerte (15).

Pieza de oro de la tumba de Kul'-Oba. Dos hombres se unen como hermanos de sangre.
Pieza de oro de la tumba de Kul’-Oba. Dos hombres se unen como hermanos de sangre. Fuente: Encyclopediaofukraine

Si esto aún no te parece lo suficientemente chungo, parece ser que tenían también la costumbre de usar los cráneos de los enemigos como copas. Hay quien apunta que posiblemente estuviera esto enlazado con la creencia de que bebiendo de sus cráneos obtendrían el poder del enemigo (16). También era costumbre exhibir las cabezas y cabelleras de los enemigos. Según Heródoto (17), cortaban la cabeza, la clavaban en un palo y la colocaban bien alto en su casa, como si fuera una bandera.

Eso sí, aunque eran un poco sádicos en ese sentido, era una gente que disfrutaba de la música. Se han encontrado flautas de pan y una especie de instrumento parecido al arpa, y al parecer también tenían liras, como se ve en algunas representaciones. Y, cómo no, les gustaba disfrutar de una buena copa de vino de cuando en cuando… O tal vez demasiado a menudo, porque entre los griegos, los escitas tenían fama de borrachos (18). Que, por cierto, parece ser que en algunas reuniones extraordinarias, en las que todos compartían un bol de vino, sólo los que hubieran matado a algún hombre podían probar el alcohol. Si había matado a unos cuantos se les daba un “extra”. Y el que no había matado a ninguno… Pues castigado sin beber.

Ni civilizados ni bárbaros

Como ves, los escitas tenían unas costumbres que, a los ojos del refinamiento griego (y para nuestros ojos actualmente), podían ser, efectivamente, un tanto “bárbaras”. No es de extrañar en un pueblo que se caracterizaba por ser extremadamente militarizado, es decir, en el que la guerra ocupaba un puesto muy importante en sus vidas. Eso no quiere decir que no tuvieran otras costumbres muy parecidas a otras sociedades contemporáneas, como el gusto por la música o la fiesta, es decir, el simple disfrute. También tenían un gusto muy refinado (como se verá posteriormente cuando tratemos el arte en otra ocasión), que se ve en la decoración de sus trajes y en los propios tatuajes de sus cuerpos. En fin, que ser “bárbaros” para ciertas cosas no implica serlo para todo.

Aún nos queda hablar un poco más de otros aspectos de los pueblos escitas. Pero eso ya lo dejamos para otra ocasión.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Cunliffe, 2019, p. 212.

(2) Hipócrates, Sobre aires, aguas y lugares, 18.

(3) Hipócrates, Sobre aires, aguas y lugares, 19-20.

(4) Cunliffe, 2019, p. 201.

(5) Rolle, 1989, p. 54.

(6) Cunliffe, 2019, p. 201-205.

(7) Rolle, 1989, p. 82.

(8) Cunliffe, 2019, p. 209.

(9) Hipócrates, Sobre aires, aguas y lugares, 20.

(10) Heródoto, Historias, Libro IV, 73.

(11) Cunliffe, 2019, p. 210.

(12) Cunliffe, 2019, p. 210-211 y Heródoto, Historias, Libro IV, 73-75.

(13) Rolle, 1989, p. 55.

(14) Cunliffe, 2019, p. 216.

(15) Rolle, 1989, p. 60.

(16) Rolle, 1989, p. 81.

(17) Heródoto, Historias, Libro IV, 103.

(18) Cunliffe, 2019, pp. 226-227.

Bibliografía

  • Cunliffe, Barry, The Scythians. Nomad warriors of the steppe, Oxford University Press, 2019
  • Herodoto, Historias, Libro IV, Editorial Gredos, Madrid, 1979
  • Hipócrates, Tratados Hipocráticos, Libro II: Sobre los aires, aguas y lugares, Editorial Gredos, Madrid, 1986
  • Rolle, Renate, The World of the Scythians, University of California Press, 1989.