Los judíos de España (también llamados los sefardíes ) han sido, desde que fueron expulsados de Israel por los romanos, como la abuela senil de cada familia: todos la tienen, a todos les interesa tenerla mientas tenga dinero y todos la mantienen aislada en un cuarto y se la quitan de encima cuando ya no queda nada que heredar. Un final trágico para cualquiera que tenga que acabar viviendo de invitado en la casa de un sobrino al que apenas ve o, en este caso, en un país del que no es dueño.

En Aragón y Castilla, germen de la futura España, vivían más o menos a gusto hasta que un buen día los reyes se hartaron de ellos y literalmente los pusieron de patitas en la calle: adiós, muy buenas y portazo tras la salida. La cosa es que los judíos y la Corona se habían llevado bien, aquellos ponían la «pasta» que escaseaba a la Corona y estos los protegían de los cristianos,(1) que tenían muy mala leche y siempre andaban con ganas de dar palos a los judíos aunque vivieran en su guetos cerrados, pues no había cosa que pasara que no fuera culpa suya: lo mismo si llegaba la peste como si el burro no comía, seguro que era cosa de los judíos (2). ¡Ni que fueran una secta satánica!
La expulsión de los judíos – A la calle y con lo puesto
A pesar de ello, (3) los reyes dan cuatro meses a los judíos (sefardíes) para arreglar sus asuntos y «pillar la puerta» llevándose lo puesto, siempre que no fuera de oro, ni de plata, ni moneda (4); según ellos porque estaban hartos de que, a pesar de que los habían separado en guetos (5), les «calentaran» la cabeza a los buenos y santos cristianos con sus tonterías de judíos (6)… Con esas razones hoy los reyes no darían abasto con los Testigos de Jehová…

Con las prisas, porque se abría la purga, se vieron obligados a malvender lo que tenían (7) y «pillaron el camino» hacia el norte de África y hacia Europa Central -mala idea esconderse donde luego van a gobernar los nazis- y los Balcanes, cuando no cedieron, pasaron por el aro y se convirtieron en cristianos (8). Pero como no hay mal que por bien no venga, los cristianos salieron beneficiados: se obligó a los judíos a dejar pagadas sus deudas antes de largarse (9); y para colmo, lo que quedó tras la partida, fue a parar a manos de la Corona, que usó esta «inesperada» fortuna para recompensar a algunos colegas de la nobleza (10) -aunque a costa de perder grandes profesionales, en particular médicos, que eran en su mayoría judíos- (11); no despabilamos… cinco siglos y seguimos echando a los profesionales más cualificados…
Con unas y otras cosas, de la noche a la mañana, unos 100 mil judíos (12), descendientes de algunos que habían llegado 15 siglos antes, “españoles” como cualquier hijo de vecino, embarcan (13) sin pasaporte de vuelta. Encima desde Europa felicitan a los reyes (14) por su decisión… parece que Europa solo felicita a España cuando fastidia a sus habitantes.
Los judíos de España – En busca de una tierra soñada sin palos y maltratos
Les llamaron sefardíes por provenir de Sefarad, como ellos llamaban a la Península. Muchos cruzaron la frontera hacia Portugal, de donde les expulsarían también poco después (15) -¿es que nadie quiere a los judíos!-, y otros muchos cruzaron el mar hacia el norte de África y hacia Oriente.
En África destacó Marruecos, en donde aparecieron asentamientos de mayoría judía que mantuvieron las formas y tradiciones que habían tenido en la Península y que continuaron hablando castellano, vistiendo a la manera castellana e incluso construyendo como lo habían hecho hasta entonces en la Península (16), y desentonaron por ello con el resto de sus vecinos; encima de que los querían poco no servían ni para estar escondidos, que discretos…

En el Este destacó la llegada al Imperio otomano, en el fueron bien recibidos, zona que convirtieron en un centro cultural y social y donde destacó Salónica (17). Y finalmente, por diversos caminos llegaron a América latina (18) y a Norteamérica.
Para ser el pueblo elegido, lo cierto es que están bastante puteados… Los echaron de la Península y de muchos otros lugares en los que vivían pacíficamente desde hacía siglos, y luego de los lugares a los que fueron, y los siguieron persiguiendo, y los mataron los nazis; desastre sobre desastre para un pueblo sin hogar. La triste historia de este pueblo odiado por la irracional xenofobia.
Volviendo a casa – ¿El retorno de los judíos españoles?
Aquellos sefardíes que se fueron, mantuvieron como forma de vivir el recuerdo de la tierra a la que habían pertenecido; a pesar de ser como la prima que es madre soltera y la abuela desheredó y a la que ya nadie le habla. Pero, un buen día, nuestro querido presidente Rajoy “como el caer del agua del cielo, sin que nadie sepa muy bien por qué”, aunque quizá esperanzado en que los judíos vuelvan a ser prestamistas del Estado, que buena falta le hace, concedió la nacionalidad a los descendientes de los expulsados (19).
Como era de esperar, el casi medio millón de sefardíes del mundo acudieron en masa a la España de Rajoy, famosa por su infinita bonanza y riqueza, donde fueron, después de siglos, muy felices… Bueno la cosa no fue tan así, lo cierto es que solo unos miles la han pedido y ha sido concedida a la inmensa cantidad de 1, (20) habrá que cerrar las fronteras ante esta desorganizada avalancha que amenaza la pureza del cristianismo español…
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