La preocupación por nuestra estética y la persecución de un ideal de belleza, es una  inquietud que, desde tiempos de Cleopatra (1), ya era importante. La gobernante utilizaba trozos de carne de ternera cruda encima de su piel para conseguir un cutis terso. Actualmente, una de las modas más absurdas en cuanto a estética es utilizar un tapón de una botella, colocarlo en los labios mientras hacemos vacío, esperar unos minutos y ver cómo se nos han puesto unos labios a lo Angelina Jolie. Sorprendente, ¿no? Pues esperad y leed lo que hacían en el siglo XIX para lucir palmito. Porque la belleza en el siglo XIX era mortal…

Belleza siglo XIX época victoriana
Fotograma de «Orgullo y Prejuicio» (2005). Fuente: Vogue.

La belleza en el siglo XIX y la intoxicación por belladona

Atroppa Belladonna o más comúnmente conocida como Belladona, es una planta herbácea bastante llamativa, se caracteriza por sus bayas de color negro. Sin embargo, a pesar de su vistosidad, es una de las plantas más tóxicas del hemisferio Norte.

Belladona trucos belleza en el siglo XIX
Fuente: hdstatic.net.

A lo largo de los siglos se ha utilizado como medicamento tradicional para aliviar diversos dolores corporales. Aunque, también, como cosmético. Sin embargo, durante el  Siglo XIX se verá acentuado su uso cosmético.

En la época victoriana se criticaba el uso de maquillaje excesivo. Algunos veían con malos ojos el uso de algún producto cosmético, pues se buscaba una belleza más natural (2). Por la mañana, las mujeres se aplicaban unas gotas de Belladona en los ojos, proporcionando así una mirada brillante y una pupila más grande que de costumbre.

Sabían que era una sustancia tóxica, pero se autoconvencían pensando que administrándola en pequeñas dosis no pasaría nada. Sin embargo, tenía efectos secundarios como: visión borrosa, vértigo e incluso, en ocasiones, ceguera permanente.

Belladona truco de belleza siglo XIX
Fuente: cdn2.cocinadelirante.com.

Obleas de arsénico

Sin duda una de las modas estéticas que mayor auge tuvo durante el Siglo XIX fue mantener  un cutis blanco y libre de “imperfecciones”, como podían ser las pecas o los granos (3).

La persecución de un cutis blanco y perfecto no comienza en el Siglo XIX, sino que es un ideal que se ha repetido en Occidente desde el Siglo XVI, cuando surge el primer laboratorio cosmético de la mano de los Monjes italianos de Santa María Novella (4). Es en ese momento cuando se exporta ese ideal de belleza italiano al resto de Europa. En un primer momento, utilizaban harina de arroz para empolvarse la cara, creando así un efecto blanco y uniforme. El arsénico es un elemento químico que pertenece al grupo de los semimetales, fue descubierto en 1250 por San Alberto Magno y desde el principio se reconoció como un componente altamente tóxico.

Será en el Siglo XIX cuando se empezaron a popularizar las obleas de arsénico. Eran unas pequeñas pastillas que aseguraban una piel digna de anuncio, sin imperfecciones y blanca como la leche (5).

Numerosos periódicos como el Birmingham Post, comenzaron a publicitarlas diciendo: Si desea una tez transparente, CLARA, FRESCA, libre de manchas, asperezas, tosquedad, enrojecimiento, pecas o granos utilice las obleas de arsénico seguras para la tez del Doctor Campbell.

Obleas de arsénico
Fuente: Muyhistoria.

La belleza por encima de la salud en el siglo XIX

¿Pero si sabían que era tóxico por qué lo utilizaban? Por la sencilla razón de que pensaban que ingerir un poco de esa sustancia no les iba a perjudicar. Por encima de su salud estaba su belleza, y si tenían que arriesgar su vida para conseguir ese ideal de belleza, lo iban a hacer.

La cuestión estética de la piel porcelanosa residía en que cuanto más blanca fuera tu piel, de mejor estrato social eras. Generalmente, la clase obrera tenía una tez más oscura, debido a que estaban trabajando bajo el sol. En el Siglo XXI, sin embargo, se busca tener una piel bronceada. Incluso nos echamos potenciadores para aumentar ese color. ¿Qué dirían de nosotros las personas del Siglo XIX al vernos torrarnos al sol para que nuestra piel se oscurezca? Probablemente se llevarían las manos a la cabeza…

Depilación con acetato de talio

A lo largo de la historia, la cuestión de la depilación ha variado de manera significativa. En Egipto, las mujeres comenzaron a quitárselo utilizando cremas elaboradas con sangre de animales. ¿Por qué lo hacían? En primer lugar, por higiene. En segundo lugar, para poder acceder a los templos. ¿Y las mujeres de la Edad Media? ¡Pelillos a la mar! Dejaban crecer todo el vello de su cuerpo, salvo el que comienza en la frente (6). Como podemos ver en la siguiente imagen, este se lo quitaban con cera para conseguir una cara más ovalada, siendo también en algunas ocasiones  eliminadas las cejas.

Isabel de Portugal de Rogier Van der Weyden
Retrato de Isabel de Portugal de Rogier Van der Weyden (1450). Fuente.

Pero… ¿Qué hacían en el Siglo XIX? Sería a finales de ese mismo siglo cuando incorporaron a su rutina la depilación. Sin duda, el desencadenante de esto fue la publicación en 1871 de El origen del hombre, de Charles Darwin. En él expuso la teoría de la selección natural y la teoría de la evolución (7), dos argumentos que influyeron muchísimo en la concepción del vello corporal. 

Darwin asoció el vello con nuestra ascendencia más primitiva, es decir, el ser humano menos desarrollado. Por tanto, la cantidad de pelo que tenías en tu cuerpo se relacionó proporcionalmente con el puesto que albergabas en la cadena evolutiva. Contra más vello, más primitivo eras.

Pero… ¿Entonces qué hay aquí de mortal? El producto que la mayoría de las mujeres utilizaban para eliminar el vello corporal, el Talio. Un metal altamente tóxico descubierto en 1861. Es de fácil absorción cutánea, uno de sus efectos secundarios era la pérdida de pelo, por lo que lo comenzaron a utilizar, ignorando su gran toxicidad.

Pues sí, la belleza era mortal en el siglo XIX

Aunque la serie de los Bridgerton (8) nos muestre la mejor y más espléndida cara de la cosmética femenina del Siglo XIX, como hemos podido ver, queridos lectores, el Siglo XIX está lleno de ocultas rutinas mortales. Así, alcanzar el ideal de belleza en el siglo XIX era, cuanto menos, bastante controvertido y peligroso.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Última gobernante de la dinastía ptolemaica del Antiguo Egipto.

(2) En Mateos, 2020.

(3) Más en Hernández, 2017.

(4) Basílica situada en Florencia.

(5) En Downing, 2012.

(6) Más en Duby y Perrot, 2000.

(7) Más en Darwin, 1871.

(8) Apellido que da nombre a una familia ficticia del Siglo XIX perteneciente a una serie de Netflix.


Bibliografía

  • Darwin, C., 1871, El origen del hombre, Austral, Barcelona.
  • Downing, S. J., 2012, Beauty and cosmetics 1550 to 1950, Shire Publications, Londres.
  • Duby, G. y Perrot, M., 2000, Historia de las mujeres, Taurus, Barcelona.
  • Hernández, G., 2017, Classic beauty: The history of makeup, Schiffer Publishing, Atglen.
  • Mateos, L., 2020, «Estética en el Siglo XIX», Colaboraeducación, Junta de Andalucía.
  • Mendoza, M. A., 2019, «Tabla Periódica. Talio», Revista C2, 23 de octubre de 2019. [En línea] Disponible en https://www.revistac2.com/talio/ (19 de septiembre de 2022).
  • Poblete, J. C., 2009, «La historia del maquillaje», El Comercio, 4 de octubre de 2009. [En línea] Disponible en https://www.elcomercio.com/actualidad/historia-del-maquillaje.html (19 de septiembre de 2022).
  • Redacción National Geographic, 2018, «Breve historia del maquillaje», National Geographic, 9 de agosto de 2018. [En línea] Disponible en https://www.ngenespanol.com/el-mundo/como-surgio-el-maquillaje-historia-del-maquillaje/ (19 de septiembre de 2022).
  • Redacción National Geographic, 2017, «Historia del maquillaje letal: pastillas de arsénico y polvos de plomo», National Geographic, 9 de noviembre de 2017. [En línea] Disponible en https://www.nationalgeographic.es/historia/historia-del-maquillaje-letal-pastillas-de-arsenico-y-polvos-de-plomo (19 de septiembre de 2022).
  • Redacción National Geographic, 2014, «Charles Darwin el padre de la teoría de la evolución», National geographic, 12 de febrero de 2014. [En línea] Disponible en https://historia.nationalgeographic.com.es/a/charles-darwin-padre-teoria-evolucion_7971 (19 de septiembre de 2022).
  • Theodore, G., 2019, Los elementos, LAROUSSE, París.
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Futura Historiadora del Arte. Amante del Siglo XIX y del coleccionismo.