Escipión el Africano y Aníbal en Zama, Roma y el fin de Cartago
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Sumergida en la mayor de las crisis. Humillada por su gran enemigo. Encerrada tras sus puertas mientras la espada de Damocles pendía sobre sus cabezas. Así estaba Roma después de la gran derrota de Cannas (1). Exhausta, derrotada, aterrada y al límite de sus fuerzas… pero viva. Dicen que un tigre acorralado es el animal más peligroso que existe y Roma supo hacer cierta esa frase. La venganza estaba a punto de comenzar y acabaría con Escipión el Africano y en Zama.

Escipión el Africano y Aníbal en Zama, Roma y el fin de Cartago
Aníbal. Fuente.

Tiempos de desesperanza

Tras esa gran catástrofe Roma, la ciudad del Tíber, se vio obligada a tomar medidas excepcionales:  sacrificios humanos, algo no visto durante generaciones (2). Bajo el férreo mandato de Quinto Fabio Máximo (3) se optó por una posición defensiva. Nada de atacar a Aníbal, todos tras las murallas bien recogiditos y procurando no cabrearle demasiado. Aníbal, pese a la victoria, tampoco pasaba por unos buenos momentos. Había perdido muchos hombres y Cartago no enviaba los refuerzos necesarios para terminar la guerra de manera definitiva (4). Y sin hombres no podía tomar Roma. Tan al alcance de su mano y a la vez tan lejos…

El nacimiento de un héroe, Escipión el Africano

Si las cosas iban mal para Roma, aún iban a empeorar un poco más. Años antes, los romanos habían enviado un ejército a uno de los principales territorios púnicos: Hispania. Durante varios años, los hermanos Cneo y Publio Cornelio Escipión habían debilitado allí a sus enemigos. Sin embargo, sucumbieron ante la superioridad cartaginesa.

Busto de Escipión el Africano
Busto de Escipión el Africano. Fuente

Esa fue la chispa definitiva que encendió los ánimos del hijo y sobrino de los dos muertos, Publio Cornelio Escipión. Sí, los romanos no eran muy originales con los nombres… No había ningún general que se atreviera a ir a Hispania y esto fue aprovechado por el chaval de 24 años, para irse de viaje por las costas españolas y matar de paso a unos cuantos cartagineses  (5).

Pronto se vio que no era un cualquiera. Era un superdotado para el mando. Nada más llegar emprendió una marcha contra la mismísima capital: Cartago Nova y la conquistó. Para estupor general. Cartago se ve obligada a reaccionar y Asdrúbal, el hermano de Aníbal, plantó cara. El pobre Asdrúbal salió trasquilado de la batalla y huyó en dirección norte, hacia Italia, marchándose de Hispania. Su objetivo era reforzar los efectivos de Aníbal, pero topó con el ejército romano (6). Asdrúbal fue derrotado y su cabeza enviada a su hermano como advertencia.

Mientras tanto, en Hispania, el prestigio de Escipión no hacía más que crecer y muchos aliados de los cartagineses empezaban a pasarse al bando romano. La campaña hispana concluirá prácticamente tras la batalla de Ilipa, donde Publio Cornelio Escipión aplasta a los púnicos. A partir de ahí todas las ciudades irán cayendo como un castillo de naipes.

La calma que precede a la tempestad

La cara que se le tuvo que quedar a Aníbal viendo como habían cambiado las tornas tuvo que ser épica. Cartago había perdido Hispania, su principal fuente de riqueza. Gran cantidad de soldados habían muerto por culpa de los malditos romanos y encima los inútiles de sus compatriotas no habían enviado los refuerzos necesarios. Para mear y no echar gota.

En Roma, en cambio, las cosas eran bien diferentes. La moral estaba por los aires y Escipión en estado de gloria. Al llegar a Roma es elegido cónsul, pese a su juventud, y se convierte en el hombre más poderoso de la ciudad. A partir de ahora todos los esfuerzos estarán destinados a acabar con la guerra; pero en contra de lo que cabría esperar, no irán a por Aníbal. Clavarán una daga en su mismísimo corazón. Roma marchará hacia África…

Puerto de Cartago
Puerto de Cartago. Fuente

Escipión el Africano pasará su año de consulado preparándose para partir y entrenando a sus legiones. Durante este tiempo incluso tendrá un pequeño encontronazo con Aníbal en Italia (7) que concluirá con una retirada discreta por precaución. Al acabar el año consigue que lo nombren procónsul y finalmente irá directo hacia la boca del lobo.

La guerra en África

Los éxitos no tardarán en llegar y, tal y como deseaba, Cartago llama a Aníbal de vuelta a su patria para defenderla. El encuentro es inevitable y Zama, una de las batallas más legendarias de la historia está a punto de acontecer. Los dos grandes generales del momento y sus aliados se enfrentarán en la llanura de Zama. Es como un Madrid – Barça de la época, solo que con muerte, mutilación y mucha, mucha sangre.

Dos ejércitos enemigos, destinados a destruirse el uno al otro, se encontraban frente a frente ese día de octubre del año 202 a. C. Habían pasado 16 años desde el comienzo del conflicto. Como en los inmortales, solo podía quedar uno.

Lucha de titanes

A un lado se encontraba el ejército púnico formado por los veteranos de Aníbal, los aliados númidas del rey Sífax, un gran contingente de macedonios (8) y mercenarios. Al otro, los romanos. Con caballería númida al mando de Masinisa (9) y algunas tropas auxiliares. Sus disposiciones eran las clásicas, con la infantería en el centro y la caballería a los lados, y sus números eran parejos. Parecía que el resultado sería difícil de dilucidar, salvo por una cosa, Aníbal tenía 80 elefantes.

La batalla de Zama

Escipión el Africano y Aníbal en Zama, Roma y el fin de Cartago
Batalla de Zama. Fuente

La batalla de Zama empieza y los elefantes cargan contra los romanos. Escipión ya había previsto este ataque casi imparable y se había preparado para él. Mandó bruñir las armaduras de sus soldados para que se reflejara el sol y deslumbrara a las pobres bestias. Ordenó además a los músicos que estuvieran en vanguardia e hicieran ruidos estridentes con sus instrumentos para asustarlos. Esto funcionó y el ataque paquidérmico resultó caótico. Para terminar de desbaratar esta intentona ordenó que sus tropas formaran dejando una serie de caminos a los que dirigir los elefantes y asaetarlos por los costados. ¡Y funcionó! Lo habían conseguido. Desde luego no habían salido indemnes.

Las infanterías ya se estaban batiendo entre ellas en una dura lucha a cara de perro. Ambos ejércitos estaban casi empatados y los generales trataban de desarticular las formaciones rivales, abrir una brecha por la que colarse y reventar al enemigo. Poco a poco el ejército cartaginés empezó a mostrarse superior y el romano empezó a ceder. La tensión se percibía en el ambiente… Y justo cuando la victoria de Aníbal estaba en la palma de su mano, apareció la caballería. La romana había salido victoriosa y como los jinetes de Rohan en los campos de Pelennor, golpearon duramente la retaguardia de Mordor/Cartago. La batalla había concluido y la victoria romana era incontestable.

El comienzo de una nueva era

Aunque Roma había demostrado su poder en la Primera Guerra Púnica, será a partir de ahora, tras la batalla de Zama, cuando se alce en toda su gloria. Todo un imperio acababa de nacer y durante siglos Roma será la capital del mundo conocido. Escipión el Africano será honrado al principio, tras Zama, y despreciado más tarde (10); siendo sepultado fuera de la ciudad a la que salvó (11). Aníbal será perseguido incansablemente durante años por sus enemigos y morirá lejos de su tierra (12), al igual que Escipión el Africano. Es el fin de una era y el comienzo de otra que cambiará el mundo para siempre.


Bibliografía y referencias

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