El Antiguo Egipto fue una sociedad en la que medicina y magia iban de la mano en la búsqueda de la salud.  Es por ello que no sería extraño que la lucha contra las enfermedades se apoyara en estos dos ámbitos, entremezclando la religión y la ciencia de forma indistinta (1).

Puede que a algunos de nuestros lectores les haya venido a la mente, con estas líneas, la película El Príncipe de Egipto”.  En ella, se retrata la vida del personaje bíblico Moisés, las plagas divinas que descendieron sobre Egipto y, de forma muy espectacular, el poder de los médicos-magos del faraón.

Con sus retahílas de nombres de deidades, sus juegos de manos y el uso de polvos y ungüentos (2), son un divertido (y más fiel de lo que parece) ejemplo de esta unión que comentamos. Y, si alguien no la ha visto, que lo haga al acabar de leer, porque no sabe lo que se pierde.

Pero dejemos a un lado los dibujos animados por el momento, aunque nos cueste, y entremos en materia: ¿Eran los médicos capaces de hacer desaparecer cualquier mal, a lo David Copperfield?  ¿Se puede curar un resfriado con un “Abracadabra”?  Veamos si eran solo hechizos lo que mantenía a los egipcios “vivitos y coleando”.

Médico-mago tratando a un enfermo. 
Médico-mago tratando a un enfermo.  Fuente: La Puerta de Baldur

Medicina y magia en el Antiguo Egipto: ver para curar

Lo primero que debemos tener en cuenta, es que la medicina antigua se basaba principalmente en la observación empírica (3), así como en el sencillo método de ensayo y error (4).  Es decir, un médico egipcio era perfectamente capaz de diagnosticar cualquier enfermedad que pudiera contemplarse a simple vista.  Esto llegaba hasta el punto de que, dado el caso, se atrevían a revisar el cerebro en busca de daños, por medio de trepanaciones (5).

Del mismo modo, lograron tener un registro muy amplio de soluciones para todo tipo de dolencias a fuerza de ir probando diferentes remedios para una enfermedad (6).  Entre ellas destacaría la miel, base medicinal por excelencia, por considerarse alimento de los dioses, y utilizada también en ungüentos cosméticos (7).

Pero en este “botiquín” encontramos, además, ciertos hongos para sanar las infecciones   -¿un ancestro de la penicilina en Egipto?-, varias plantas medicinales, y drogas curativas (8) como la belladona, que ya se utilizaba en la Prehistoria.  También minerales en polvo, con los que se creaban inciensos, y algunas sustancias algo más

Medicina y magia en el Antiguo Egipto, obra de Robert Alan Thom
Medicina y magia en el Antiguo Egipto, obra de Robert Alan Thom Fuente: American Gallery

inquietantes, dignas del caldero de una bruja.  Por ejemplo: Sangre de lagarto, secreciones del oído de un cerdo, excrementos… (9) Ya sabéis, ese tipo de “remedios saludables”.

 

En el Egipto Tardío, esta práctica se llevaría al extremo, experimentando soluciones a enfermedades y operaciones en esclavos todavía vivos (10).  Pero, en el caso de que todo esto fallara, pues también había dolencias que escapaban al escrutinio objetivo del sanador, no quedaba más remedio que buscar ayuda en las “altas esferas”.  Es, en estos casos, cuando se aunaban totalmente medicina y magia en el Antiguo Egipto.

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Cuando los remedios medicinales fallaban, los egipcios se apoyaban en sus creencias religiosas para curar las enfermedades


Creer para curarse

El uso de amuletos (11) para conseguir la protección de los dioses en Egipto es de sobra conocido.  El ojo de Horus, la cruz de la vida Ankh, el escarbajo… (12)  Ya fuera para proteger a los muertos en su viaje al Más Allá, o a los vivos de todo mal, estos símbolos se consideraban auténticas barreras contra las fuerzas oscurasPotencias hostiles ajenas al ser humano que, se creía, provocaban las enfermedades del hombre (13).

Podríamos llamarlos “demonios“, para entenderlo más fácilmente, que se colaban en el cuerpo para “hacer pupita”, y que debían ser contrarrestados con poderes divinos, energías igualmente ajenas a los mortales (14).  Es por ello que, para lograr la curación de las enfermedades más difíciles, los médicos recitaban oraciones destinadas a sus dioses.

Buscaban la protección para el enfermo de dioses que representaban animales peligrosos o venenosos, como Sekmet, la diosa león a la que, además, se hacía responsable de las epidemias, o Selkis, la diosa escorpión (15).  También recurrían a Isis, como diosa madre y patrona de la magia (16), o a Haroeris, forma que adoptaba Horus como dios halcón sanador (17).  

Se tenían también presentes a otros muchos dioses que, de forma más concreta y como si de especialistas actuales se tratara, ayudarían en los procesos de recuperación y en las operaciones más duras.  Tal sería el caso, por ejemplo, de Toth, a quien se recurría para procedimientos oftalmológicos (de los ojos, para los de letras), o Tueris, la diosa hipopótamo, que cuidaba los procesos del embarazo (18).

Dioses protectores. Medicina y magia en el Antiguo Egipto.
Dioses protectores. Medicina y magia en el Antiguo Egipto. Fuente: Un Oeil sur la Terre

La tradición del sanador: generaciones de medicina y magia en el Antiguo Egipto

Este hecho se reflejaba en los médicos, que solían especializarse en el tratamiento de una o dos enfermedades como mucho (19).  Estos oficios se transmitían de padres a hijos (20), contando además con estancias como las Casas de la Vida, donde los futuros sanadores podían hacer sus prácticas (21).

Del mismo modo, también evidencia que no existía una medicina general, o lo que hoy llamaríamos médico de cabecera (22). Igualmente, debido a la inexistencia de un centro concreto en el que se practicase la sanación, los médicos acudían a las casas de los enfermos para tratarlos (23).  Seguramente, así se evitaban los colapsos de las UCI egipcias, al tener todo tan bien compartimentado.

Una vez allí, pasaban consulta como lo podría hacer un médico actual, recabando información y palpando partes del cuerpo para su examen (24). Finalmente, se daba un diagnóstico valiéndose de tres fórmulas: enfermedad que puede tratarse, para casos más leves; padecimiento contra el que se puede luchar, para los pronósticos reservados; o desgracia que se escapa de la experiencia (25), en cuyo caso, solo quedaba encomendarse a la ayuda divina que anteriormente comentamos.

Los médicos más antiguos de la Historia

Actualmente, podemos hablar de tres médicos egipcios que destacan por disputarse el título de médico más antiguo de la historia.  Uno de ellos es Hesy-Re, especializado en problemas dentales, que ejerció durante la Tercera Dinastía, allá por el 2620 a.C. (26).  También encontramos a Sekhet’enanach, posible sacerdote de Sekhmet, de quien se dice que, en torno al 3000 a.C., curó las narices del rey (27).

Y finalmente, tenemos a Imhotep.  Sus prácticas se llevaron a cabo alrededor del 2664 a.C. y, además de médico, fue arquitecto, inventor y astrónomo.  Un partidazo de tío que se ganó el que lo nombraran dios de la medicina, y que griegos y romanos conocerían como Asclepio (aunque pasaría a ser Serapis después de un remix) y Esculapio, respectivamente (28).

Diseccionamos muertos, pero con los vivos…

Estos tres ejemplos nos demuestran la gran diversificación del conocimiento médico que se poseía por aquel entonces.  Pero esto iba acompañado, a su vez, de una gran ignorancia en términos anatómicos (29).  Algunos pensarán, ¿cómo puede suceder esto, en una civilización que enterraba a sus muertos “diseccionándolos”?  Esto se debe a que los médicos, y de igual forma los embalsamadores, desconocían de qué manera se conectaban realmente todos los órganos del cuerpo.  Sin embargo, controlaban de manera precisa la ubicación de muchos de ellos (30).

Preparando la momia
Preparando la momia. Fuente: La Voz del Sandinismo

Reflejo de esto es el arte de embalsamar y momificarÓrganos vitales como el hígado, el estómago, los intestinos y los pulmones se tenían completamente localizados en el cuerpo (31).  De hecho, poseían una gran importancia, tanto en la vida del egipcio como una vez fallecido este, pues se conservaban tras el embalsamamiento en los llamados vasos canopos (32).  Sin embargo, la parte más importante a nivel sanitario siempre fue el corazón y, por aquel entonces, se tenía como el centro que conectaba todo en el ser humano (33).


Aunque conocían la distribución general del cuerpo humano, los médicos egipcios no lograban comprender las conexiones internas que unían todos los órganos vitales


Esto tenía su base en la iconografía egipcia.  Del mismo modo que el río Nilo era el centro del país y daba vida a toda la civilización, se suponía que el corazón contaba con una red de vasos y conductos que recorría al ser humano de arriba a abajo (34).  Ciertamente, en esto tampoco iban mal encaminados, si nos paramos a analizarlo.  No obstante, por estas canalizaciones no solo se distribuiría la sangre. También circularía el agua, el aire, la orina, y en el caso de los hombre, el semen (35).

Además, el corazón era el hogar del conocimiento, del entendimiento.  Por ello se volvía a introducir en las momias, que debían contar con este órgano para poder resucitar (36) correctamente en el Más Allá.

Contra la COVID-19: remedios actuales VS medicina y magia del Antiguo Egipto

No deja de ser curioso que, en plena pandemia, sea esta civilización la que una vez más nos sorprenda.  Y es que, entre todos los papiros conservados y catalogados con temática médica,  el llamado Papiro Ebers registra la existencia de un compuesto localizable en el azafrán que podría ser de gran ayuda en la lucha contra el coronavirus (37) por sus cualidades antiinflamatorias.

Medicina y magia en el Antiguo Egipto: Papiro Ebers. 
Medicina y magia en el Antiguo Egipto: Papiro Ebers.  Fuente: Sobre Egipto

La colchicina, un derivado de esta planta, lleva siglos usándose en medicina (38), y ha sido rescatada para estudiar su efectividad contra “el bicho”.  Esto vuelve a demostrar, una vez más, la importancia de volver la vista al pasado.  Porque, en lo que a medicina se refiere, el Antiguo Egipto nos ha legado mucho más.  El uso de antiguas prótesis, cirugías, incluso arreglos dentales por medio de hilos de oro (39).  Y ahora los famosos se los ponen como si se tratara del último must have, si es que vamos para atrás…

En este caso, nos podemos beneficiar de la parte que se refiere a la medicina.  Pero, visto lo visto, quizá no nos vendría mal aprender también un poco de magia.  Por lo que pueda venir.


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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Calvo, 2003, p. 48.

(2) Calvo, 2003, p. 47.

(3) Calvo, 2003, p. 47.

(4) Calvo, 2003, p. 47.

(5) Calvo, 2003, p. 46.

(6) Calvo, 2003, p. 47.

(7) Vázquez, 1991, p. 67.

(8) Calvo, 2003, p. 48.

(9) Calvo, 2003, p. 48.

(10) Calvo, 2003, p. 47.

(11) Calvo, 2003, p. 48.

(12) Calvo, 2003, p. 48.

(13) Ruiz, San Nicolás, 2008, p. 93.

(14) Calvo, 2003, p. 48.

(15) Lull, 2021, p. 17.

(16) Calvo, 2003, p. 49.

(17) Calvo, 2003, p. 49.

(18) Calvo, 2003, p. 49.

(19) Calvo, 2003, p. 45.

(20) Walker, 1999, p. 415.

(21) Walker, 1999, p.177.

(22) Calvo, 2003, p. 45.

(23) Calvo, 2003, p. 47.

(24) Calvo, 2003, p. 47.

(25) Calvo, 2003, p. 47.

(26) Calvo, 2003, p. 44.

(27) Guthrie, 194, p. 26.

(28) Calvo, 2003, p. 44.

(29) Walker, 1999, p.169.

(30) Walker, 1999, p.170.

(31) Walker, 1999, p.170.

(32) Calvo, 2003, p. 46.

(33) Calvo, 2003, p. 46.

(34) Calvo, 2003, p. 45.

(35) Walker, 1999, p. 170.

(36) Calvo, 2003, p. 46.

(37) Ansede, 2021.

(38) Ansede, 2021.

(39) Calvo, 2003, p. 47.


Bibliografía

  • Ansede, M., 2021, “La colchicina: de un papiro egipcio a una gran esperanza contra la covid”, El PAÍS. [En línea] Disponible en: https://elpais.com/ciencia/2021-01-26/la-colchicina-de-un-papiro-egipcio-a-gran-esperanza-contra-la-covid.html (6-2-2021)
  • Calvo, G., 2003, “La medicina en el Antiguo Egipto”, Paediatrica, Volumen 5, nº 1, pp. 49-50, Lima (Perú).
  • Guthrie, D., 1947, Historia de la Medicina, Salvat, Barcelona.
  • Llul, J., 2021, “Una pandemia en tiempos de Akhenaton”, Historia National Geographic, nº 206, pp. 16-19, Barcelona.
  • Ruiz, M., San Nicolás, M. P., 2008, Enfermar en la Antigüedad, UNED, Madrid.
  • Vazquez, A. M., 1991, “La miel, alimento de la eternidad”, Gerión. Revista De Historia Antigua, nº 61, pp. 61-93, UNED, Madrid.
  • Walker, M., 1999, Historia del Antiguo Egipto, Edimat, Madrid.
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