Cabría afirmar que Sir Winston Churchill es uno de “los grandes hombres que mueven la Historia hacia la libertad”, parafraseando a Hegel (1). Pero el filósofo alemán no pensaba en el estadista británico, sino en Napoleón. Aún faltaban décadas para que naciera. Y por cierto que también admiraba al emperador francés.

Pero dejamos para otro momento las campañas napoleónicas, y nos centramos en la vigorosa personalidad de Churchill y su gesta. Un líder predestinado a combatir al nazismo hasta la victoria final. Porque sin él, Hitler hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial, fijo. Y es que este peso pesado de la política ya en los años 30  alertaba contra los teutones. Antes incluso de vivir en el número 10 de Downing Street.

Winston Churchill en la puerta del número 10 de Downing Street.
Winston Churchill en la puerta del número 10 de Downing Street.

En consecuencia, a este gordo bebedor de whisky Johnnie Walker black label y fumador de puros habanos Romeo y Julieta le debemos la derrota del nazismo. Asimismo, la salvación de la democracia.

Tras dimitir el anterior primer ministro Neville Chamberlain se erigió en adalid de la Resistencia frente al totalitarismo. En sus memorias dejó escrito que sentía cómo toda su vida había sido una preparación para esa misión.

Y con semblante siempre optimista se puso manos a la obra. Para ello, rearmó Inglaterra con fusiles ametralladores, creó la RAF (2) e inventó el tanque o carro de combate. También levantó la moral del pueblo con la celebérrima expresión “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. Aunque no menos importantes fueron los pintalabios rojos, como veremos…

En este artículo conoceremos algunas anécdotas que nos mostrarán la grandeza,  humanidad y sentido del humor de Winston Churchill.

Un niño apodado “Winston el Zanahoria”

El carácter impetuoso y rebelde de Winston Churchill ya se manifestó en la infancia. Es más: desde el primer minuto de su vida, pues nació prematuro, sietemesino (3). Tenía prisa por venir al mundo y dar batalla. Pero contra todo pronóstico, su verdadera madre fue la niñera, la única que se ocupó de él. Así, en todos los internados donde le metían llevaba consigo el retrato enmarcado de esta señora que le crio (4).

Un jovencito llamado "Winston el Zanahoria".
Un jovencito llamado “Winston el Zanahoria”.

Y es que Jennie Jerome, su progenitora, estaba demasiado ocupada complaciendo a sus amantes jóvenes y dando escándalos (5). Una mujer bellísima, pero con mala fama. De hecho, su segundo vástago –Jack, hermano menor de Winston- no era hijo de su marido (6). Por estas carencias maternales Winston Churchill comentaba de ella:

“Brillaba para mí como el Lucero Vespertino. La quería muchísimo, pero de lejos” (7).

Tampoco su padre, lord Randolph Churchill, duque Marlborough, fue ejemplar. Aunque al menos, al ser parlamentario, logró inculcar a su hijo el gusanillo de la política. Murió tempranamente de sífilis.

En síntesis, que el estadista británico provenía de una familia aristocrática, pero en las antípodas de la moral victoriana. Se comprende que en el colegio fuera un niño tartamudo y desaplicado. Sufriendo castigos corporales (8). Además, fue objeto de burlas por ser pelirrojo y sus compañeros le llamaban “Winston el Zanahoria” (9)…

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Winston Churchill, nacido para derrotar a Hitler

Con el paso del tiempo fue superando sus complejos y su tartamudez (10). Se convirtió en un joven seguro de sí mismo, con gran oratoria  y aficionado a la lectura.

No le gustaban los clásicos, prefería la gramática inglesa. No en vano llegó a ser Premio Nobel de Literatura (11).

Lo más decisivo en su formación fue su paso por la academia militar Sandhurst. Allí se forjó su enérgica personalidad y aprendió el arte de la defensa y el ataque. Igualmente, se despertó su curiosidad por los artilugios bélicos. Le encantaban las minas, los misiles, los acorazados, los lanzacohetes, los explosivos, etc. ¡Winston Churchill era el hombre que Gran Bretaña necesitaba para frenar la ofensiva nazi!

Winston Churchill con la "V" de victoria.
Winston Churchill con la “V” de victoria.

Como hemos visto, el punto de inflexión fue la dimisión de Chamberlain como primer ministro, superado por los acontecimientos. Su política de apaciguamiento no funcionaba.

Gabinete de crisis – La llegada de Winston Churchill al poder

Los panzer alemanes burlaban con impunidad toda clase de pacto, frontera, e inclusive la línea Maginot (12). La anexión de Austria (el Anschluss) y la invasión de los Sudetes, Dinamarca, Noruega, Holanda, Bélgica…eran graves atentados al derecho internacional. Chamberlain dejó el cargo y, de manera providencial, recayó en Winston Churchill.

A Chamberlain se le acusó de ingenuo, pero la intrahistoria es mucho más profunda: estaba enfermo. Padecía un cáncer de colon y murió meses después de la Caída de Francia (13), durante el Blitz o bombardeo de Londres. Así que un potente Churchill de 64 años pasó de ministro de Marina (Lord del Almirantazgo) a primer ministro de Gran Bretaña (14) y sus decisiones cambiaron el destino del mundo. Tomando desde entonces las riendas de la Segunda Guerra Mundial.

Ipso facto, dijo el nuevo premier:

“tengo un solo objetivo en la vida: derrotar a Hitler” (15).

Winston Churchill le tira los tejos a  F. D. Roosevelt y Stalin se une a la pareja

Churchill asumió el poder en una situación muy peliaguda. Estuvo solo ante el peligro frente a las dictaduras del Eje (Berlín-Roma-Tokio), hasta que llegó el Tío Sam (16). De hecho, la unión angloamericana tuvo lugar un año después (17).

Incluso antes tuvo que enfrentarse con la realeza, puesto que el monarca Eduardo VIII admiraba a Hitler (18). ¡Menos mal que abdicó (19) al casarse con la divorciada Wallis Simpson!

El viejo león -otro apodo de Churchill- le tiró los tejos a Roosevelt. Necesitaba su ayuda. Eso se traducía en hombres y dinero norteamericano. La unión cristalizó en la Carta del Atlántico (20), un acuerdo inter partes para proteger la democracia. El idilio iba viento en popa, sobre todo después del ataque japonés de Pearl Harbor (21). Ya no había marcha atrás. Cueste lo que cueste, los EEUU se involucrarían en la Segunda Guerra Mundial. También Stalin se alió con ambos, agraviado por la invasión de la URSS en la Operación Barbarroja. No cabe duda de que tener enemigos comunes crea vínculos.

Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Lósif Stalin      en la conferencia de Yalta
Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Lósif Stalin en la conferencia de Yalta. Fuente: Elmundo.

Con todo, el tripartito Churchill-Roosevelt-Stalin fue el arma más poderosa frente al nazismo. Y Churchill fue el impulsor.

Si uno se fustiga preguntándose por qué EEUU tardó tanto en tomar la decisión no tiene más que mirar el inmenso cementerio de la playa de Omaha (22)… Esas vidas sepultadas fueron las consecuencias de la maldita guerra.

El primer ministro británico aparece desnudo frente al presidente de los EEUU

La fraternidad angloamericana iba tan bien, que los Roosevelt invitaron a Churchill y a su esposa Clementine a la Casa Blanca. Y sucedió que, estando este en la ducha, llamaron a la puerta. El premier pegó un grito: “¡adelante!” Entonces Roosevelt, que era paralítico, entra en la habitación con su silla de ruedas y se encentra a Churchill completamente en pelotas. Lejos de cortarse, le soltó:

El primer ministro británico no tiene nada que ocultar al presidente de los Estados Unidos” (23).

Esta visita sacó de quicio a Eleanora (24), la esposa de Roosevelt. Ella, como gran anfitriona, organizaba el té de la tarde. Pero a Churchill le daba asco el té (25) y a esas horas prefería beber whisky o champán. Bueno, en realidad lo prefería a todas horas, ¡hasta en el desayuno! Sin embargo, esa ingesta de alcohol no mermaba su capacidad de trabajo. De resultas, el egregio huésped acabó con todas las existencias de whisky, oporto y champán de la Casa Blanca. O sea, que se bebió hasta el agua de los floreros…

Ambos mandatarios tenían intereses y objetivos comunes, aunque metodológicamente opuestos. El norteamericano era austero y ordenado en sus horarios. Por el contrario, el británico se pasaba de hedonista y caótico.

Eleanor y Franklin Delano Roosevelt
Eleanor y Franklin Delano Roosevelt. Fuente: La Vanguardia.

A la Primera Dama le chocaba el alcoholismo de Churchill. Fundamentalmente, porque su marido era abstemio. También aborrecía la nube de humo de los puros que fumaba y su humor sarcástico. En esas veladas interminables hablaban de la posibilidad de fabricar una bomba nuclear antes que Alemania (26). Y para destensar y ganarse la admiración del matrimonio Roosevelt, el inglés recitaba poemas patrióticos norteamericanos (27), cual juglar.

Winston Churchill, un político políticamente incorrecto

Churchill carecía de impostura o disimulo (28), tanto en su vida privada como pública. En sus discursos decía lo que le daba la gana, aunque ello rompiera la disciplina del partido Tory, el suyo (29). Podríamos definirle como un tory (conservador) muy liberal. Sus compañeros de bancada se vengaban llamándole el “bebé gordo” (30).

Es decir, que de flema británica nada, pues resultaba más histérico que otra cosa. Se la traía al pairo los convencionalismos sociales, llegando incluso a ser grosero.

Y lo demostró cuando una diputada laborista le increpó por estar asquerosamente borracho. A lo que él contestó:

“Bessie, querida, tú eres fea, asquerosamente fea. Pero yo mañana estaré sobrio y tú seguirás siendo fea” (31).

Bessie Braddock. Fuente.

Seguramente, le molestaba que ocupara un escaño en la Cámara de los Comunes, pues Winston Churchill también era algo machista. Encima, al comienzo de su carrera política estaba en contra del voto femenino. En cierta ocasión una sufragista le pegó con una fusta en la calle (32). Con el tiempo se convenció de que debía cambiar de opinión.

Otro asunto era su ¿racismo?, al tildar a Gandhi de:

“faquir medio desnudo que le producía náuseas” (33).

Posiblemente, todo surgía de su mentalidad colonial e imperialista. En conclusión, que en ciertos temas Winston Churchill era políticamente incorrecto.

Pero en absoluto era homófobo

En Inglaterra y Gales, la sodomía u homosexualidad estuvo prohibida y considerada delito hasta 1967. Según las circunstancias y época, con penas de cárcel o castración química. Sin embargo Winston Churchill siempre mostró respeto hacia las inclinaciones sexuales de cada uno, como buen defensor de la libertad. Le dejaba indiferente si alguien era heterosexual, bisexual u homosexual.

Hay una anécdota que ilustra su tolerancia y que merece ser contada. El lector apreciará también su sentido del humor. Resulta que Churchill tenía un amigo ministro que era marica. Lo sabía de sobra y nunca le dijo nada. Al amigo ministro le pillaron a las tres de la madrugada dando por culo a un guardia real en Hyde Park, en febrero.

Así las cosas, el jefe de prensa del Parlamento británico le comunica los hechos al primer ministro. Este escucha en silencio fumándose un puro, y de repente habla:

“¿He oído bien? Me dice que lo han pillado con un guardia del rey?

– “Sí, primer ministro”.

– “¿En Hyde Park?”

– “Sí, primer ministro”.

– “¿A las tres de la madrugada?”

– “Efectivamente, primer ministro”.

– “¡Con este frío! Hombre de Dios, lo hace a uno sentirse orgulloso de ser británico” (34).

Las mujeres en la vida de Winston Churchill, ¿era asexuado?

Un jovencito Winston Churchill cuidó a su niñera, la señora Everest. Tenía 20 años cuando la cogía de la mano y ella estaba en estado crítico. Con sus exiguos recursos le pagó las flores, el entierro y la lápida (35). Mrs Everest era muy cariñosa y le inculcó el sentido de la justicia.

La niñera de Winston Churchill, Mrs Everest.

Después, otra mujer íntegra y firme apareció en su vida: su esposa Clementine. La cual se adaptó con santa paciencia a sus excentricidades. Así, cuando él llegaba a casa la saludaba con un “guau” y ella contestaba “miau (36).

Al premier nunca se le conocieron devaneos amorosos. Es por eso que muchos periodistas pensaban que no le gustaban las relaciones sexuales con mujeres (37). Que era un titán en la política, pero flojo en la cama. O quizás algo asexuado (38).

Lo que pasaba es que, al ser un líder mundial, se convirtió en el blanco de la especulación y bla bla bla…

Pero no. Churchill era un gordinflón sibarita: whisky, brandy, oporto, champán, ostras, puros, caviar, etc. Amaba trasnochar, despertarse tarde y trabajar frenéticamente en la cama. Luego, levantarse para almorzar, siesta, discursos en el Parlamento, dirigir la guerra, escribir libros… Con esta agenda tan apretada, ni tenía tiempo ni necesitaba un plus de emociones fuertes.

No obstante, reconocía la belleza de la mujer y su función en la sociedad. Por regla general, exigía que sus secretarias fueran esbeltas, guapas e inteligentes. Aunque no estaría en la lista negra del movimiento feminista #MeToo.

Sangre, sudor, lágrimas y pintalabios rojos

Hemos visto que Winston Churchill fue un líder carismático que consiguió elevar la moral de su país con discursos solemnes. Memorable es el pronunciado en la Cámara de los Comunes, el 13 de mayo de 1940:

No tengo nada que ofrecer, sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” (39).

Lanzaba a los británicos la promesa de que la lucha conjunta, la resistencia, les llevaría a la victoria final. Quería transmitir un mensaje de ánimo a las tropas y a la población civil. No en vano lo necesitaban, pues  durante un año sufrieron los salvajes bombardeos de la Luftwaffe. En concreto, el Blitz (40) destruyó barrios enteros de Londres y era el paso previo a la frustrada invasión alemana de Gran Bretaña (41).

El pintalabios de moda: Victory Red. Fuente: beautymarket.es

En estas dramáticas circunstancias, a Churchill se le ocurrió fomentar el uso de los pintalabios rojos para, igualmente, elevar la moral de los ingleses. Estos pasaron a ser durante la guerra objetos de primera necesidad –como las patatas o el azúcar-, ya que levantaban el ánimo de las mujeres al verse más guapas. Y por ende, alegraban a los hombres. Lógicamente, el premier apoyó la campaña de varias firmas de cosmética “Beauty is your duty” (42). Y el eslogan cundió como la pólvora.

Hitler VS pintalabios rojos

Y hay otra razón de peso… Hitler odiaba el pintalabios rojo.

Las féminas durante el nacionalsocialismo solo podían llevar la cara lavada, que reflejaba mejor la pureza racial. Nada de maquillaje, colorete, pintalabios o uñas pintadas: eso era de pilinguis. Reclamos sexuales que simbolizaban la independencia de la mujer. Si acaso, los nazis consentían los tintes rubios para parecer más aria. Pero ojo, la mujer que osara  salir a la calle con los labios pintados de rojo se arriesgaba a una sanción disciplinaria por libertina (43).

A la sazón, los pintalabios rojos espolearon una revolución cultural. Se convirtieron en la seña de identidad de la liberación femenina, trascendiendo la mera belleza. De este modo, pintarse los labios de rojo era visto por Churchill como un acto antifascista. Asimismo, una reivindicación feminista. Un gesto que la mujer del Tercer Reich no podía permitirse. ¡Incluso la conocida marca Elizabeth Arden sacó el color “Victory Red”!

Lo más triste de este furor por los pintalabios rojos es que llegó hasta el campo de concentración de Bergen-Belsen (Baja Sajonia, Alemania). Sorpresivamente, cuando los Aliados liberaron el campo se encontraron a las esqueléticas supervivientes con los labios pintados de rojo. Al parecer, un convoy de la Cruz Roja británica se los hizo llegar como regalo. ¿De quién partió la genial idea?

Obra de Bansky que muestra la llegada de los pintalabios a los campos de concentración.

El artista alternativo Banksy pintó la escena con gran ternura

 Churchill y el lechero

Solía decir el premier que “en las democracias, el único que llama a la puerta a las 6 de la mañana es el lechero”… O sea, que con este régimen político se acabaron las detenciones ilegales y los juicios sumarísimos. Así, la democracia triunfa frente a los totalitarismos porque es garante de derechos, libertad/dignidad y, consecuentemente, de paz.

Esto lo sabía perfectamente Winston Churchill, un parlamentario de raza y, por ello, apóstol de la democracia y su sistema de valores. Así que, con sus éxitos y sus fracasos, estamos en deuda con él.

Los británicos se vanaglorian de la inexistencia de fotos de Winston Churchill con Hitler. Era tal el odio, que nunca quiso reunirse con él cara a cara. Sensu contrario, los españoles sentimos vergüenza con las imágenes de Franco estrechando la mano al Führer en Hendaya. Ese es el hecho diferencial. El odio acérrimo de Churchill no solo salvó a los judíos, también nuestra civilización. Una leyenda que no palidece frente a Napoleón.

Después de conseguir la victoria aliada, fue derrotado en las urnas por los laboristas. La memoria es débil. Pero aceptó el resultado y dijo con grandeza: – “es la voluntad del pueblo.

Murió a los 90 años con el deber cumplido. Sin duda, el hombre más importante del sangriento siglo XX.

Os dejo con el grupo británico Supertramp y Fool’s Overture. A mitad del tema, en claro homenaje, se escucha la voz de Winston Churchill gritando su lema: “¡never surrender!”


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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) G. W. F. Hegel (n. 1770 – m. 1831). Esta idea aparece en su obra Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal (1830).

(2) Royal Air Force.

(3) Winston Churchill nació el 30 de noviembre de 1874, aunque tenía que haber venido al mundo dos meses más tarde, en enero de 1875. Jenkins, 2002, p. 25.

(4) Eslava, 2016, p. 180.

(5) Eslava, 2016, p. 180.

(6) Jenkins, 2002, p. 28.

(7) Jenkins, 2002, p. 29.

(8) Riambau, 1979, p. 6.

(9) Riambau, 1979, p. 6.

(10) Johnson, 2017, p. 12.

(11) En 1953.

(12) A. Maginot fue un ministro de Defensa francés que, tras la Gran Guerra, hizo construir una muralla defensiva a lo largo de la frontera con Alemania e Italia.

(13) Ocupación de Francia por los nazis, junio de 1940.

(14) El 10 de mayo de 1940.

(15) Fusi, 2015, p. 44.

(16) Tío Sam es la metáfora de EEUU.

(17) En 1941.

(18) Johnson, 2017, p. 37.

(19) La abdicación del rey por el amor de la divorciada norteamericana Wallis Simpson fue la noche del 11 de diciembre de 1936.

(20) Firmado en Terranova, el 11 de agosto de 1941. Fusi, 2015, p. 84.

(21) El 7 de diciembre de 1941.

(22) Punto principal del Desembarco de Normandía, ocurrido el 6 de junio de 1944.

(23) Johnson, 2017, p. 317.

(24) Eleanora Roosevelt fue ferviente defensora de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948).

(25) Riambau, 1979, p. 20.

(26) Eslava, 2016, p. 424.

(27) Johnson, 2017, p. 243.

(28) Jenkins, 2002, p. 13.

(29) Johnson, 2017, p. 51.

(30) Johnson, 2017, p. 51.

(31) Johson, 2017, p. 10.

(32) Johnson, 2017, p. 157.

(33) Jenkins, 2002, p. 493.

(34) Johnson, 2017, p. 11.

(35) Johnson, 2017, p. 146.

(36) Johnson, 2017, p. 161.

(37) Johnson, 2017, p. 152.

(38) Johnson, 2017, p. 153.

(39) Primer discurso de Churchill como primer ministro. Fusi, 2015, p. 44.

(40) El Blitz o bombardeo alemán duró todo un año (1940-1941).

(41) Operación León Marino, durante la Batalla de Inglaterra (1940).

(42) “La belleza es tu deber”.Megía, 2020.

(43) Joric, 2020.

Bibliografía

  • Eslava, J., 2016, La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos, Planeta, Barcelona.
  • Fusi, J. P., 2015, El efecto Hitler, Espasa, Barcelona.
  • Jenkins, R., 2002, Winston Churchill, vol. I y II, Península, Barcelona.
  • Johnson, B., 2017, El factor Churchill, Alianza Editorial, Madrid.
  • Joric, C., 2029, “Hitler odiaba el pintalabios rojo”, La Vanguardia. [En línea] Disponible en: https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporánea/hitler-odiaba-pintalabios-rojo.amp.html?  (20-2-2021)
  • Megía, C., 2020, “Por qué Winston Churchill convirtió el pintalabios en un producto de primera necesidad en tiempos de guerra”, El País. [En línea] Disponible en: https://smoda.elpais.com/belleza/winston-churchill-pintalabios-producto-tiempos-guerra/?  (20-2-2021).
  • Riambau, E., 1979, “Churchill visto de cerca”, Historia y vida, nº 135, Barcelona.
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