Uno puede amar a los animales, detestar la tauromaquia o, directamente, pasar olímpicamente del tema, pero lo que nadie puede ignorar es que el toreo es uno de los símbolos principales de España desde hace mucho tiempo. Aunque, con el paso de los años, cambien los valores y ahora nos parezca una afición arcaica y cruel. En cualquier caso, ¿qué culturas no tienen tradiciones o acontecimientos similares en sus orígenes? Al fin y al cabo, forma parte de nuestra historia, nuestras raíces, nuestro pasado.

Vamos a intentar dejar de lado las desavenencias que despierta este tema en España y en el mundo entero. Es difícil, lo sé, pero nos centraremos en el legado histórico que esto trae consigo y en los orígenes de la tauromaquia. El saber no ocupa lugar. Continúa leyendo y conocerás la base cultural de la polémica fiesta popular, además del debut de las mujeres en esta materia.

La tauromaquia y sus raíces

La arqueología nos ha mostrado que el toro era el animal sagrado en las civilizaciones prehelénicas, presente en la mitología con el famoso Minotauro y en el arte, como aparece en los frescos del palacio de Knossos (Creta).

tauromaquia griega grecia
Fresco de una escena taurina en el palacio de Knossos. Fuente: Pinterest.

Sin embargo, el nacimiento de la tauromaquia como «arte» podríamos encontrarlo en la cultura romana, en los denominados munus, los cuales eran sacrificios a la muerte. En un primer momento, esto se hacía enfrentando toros con esclavos, después con gladiadores y, por último, con fieras, dando lugar a las cazas (1). Con el emperador Constantino estas costumbres se eliminaron, pero en Hispania continuó, dado su inmenso interés hacia esta «gran fiesta». Probablemente, por el espectáculo mucho más salvaje que aportaba el toro, ya que el astado español era bastante más bravío y violento. Quizá se deba a la aridez y sequedad de las tierras de crianza de dicho bovino (2).

Por tanto, la tauromaquia nace en tiempos de la antigua Hispania romana. Como nos podemos imaginar, dicha cultura influenció en gran medida en la aparición de las corridas de toros a través de sus exhibiciones en los anfiteatros y los circos. (3)

munus roma romano
Munus romanos. Fuente: lacasadelrecreador.com

La Edad Media como consolidación de la tauromaquia

Eso sí, hasta la Edad Media no podemos decir que la fiesta asentase sus bases como tal (4). Muchos siglos después, las corridas de toros triunfaron, sobre todo, en España, en el sur de Francia y en las Américas. Era una fiesta fabulosa, glorificante y heroica, aceptada sin cuestionamientos.

En un primer momento, no solo se practicaba el toreo a pie, sino a caballo. Esto, parece ser, era un espectáculo plenamente hermoso. Posteriormente, esta figura a caballo evolucionó en los picadores, los cuales brillarían junto al torero en plena Edad Moderna, entre colores como el rojo y el oro, sin duda, los colores de la tauromaquia (5).

Toda corrida de toros era sinónimo de fiesta, de vacaciones, de diversión. A nadie se le pasaba por la mente palabras como sacrificio, sangre o muerte. La corrida era vista como un baile, un distinguido vals entre el toro y su contrincante, el torero.

La tauromaquia, diferencias entre el ayer y el hoy

No obstante, en la época medieval, las corridas de toros no eran como las conocemos hoy en día, no señor/a. Eran mucho más «divertidas», ya veréis… Eso sí, advierto: si hay sensibles por ahí, no sigáis leyendo. El que avisa no es traidor.

A lo que íbamos, en la Edad Media, la fiesta consistía en que el pueblo entero corriese tras el toro. Hasta aquí bien. No he herido ningún corazoncito, ¿verdad? El problema es que esta celebración tan jocosa y animada acababa con la muerte del toro. ¿Qué cómo moría? Pues desangrado tras múltiples heridas realizadas con flechas, venablos, dardos y cuchillos. (6) ¿A que las corridas actuales nos parecen más artísticas y menos salvajes? ¡Pues no! En ambos casos se inflige sufrimiento al animal y este espectáculo nos envilece como seres humanos.

La religiosidad de la tauromaquia

Lo fuerte no acaba aquí, sino que, por increíble que parezca, esta celebración tiene matices religiosos, pues las corridas se celebraban en bodas, funerales o actos votivos. En este último caso, se realizaba para pedir algún deseo a Dios. Se sacrificaba al toro, considerado como una divinidad, a cambio de buenas cosechas, terminación de guerras, evitación de catástrofes naturales, etc. Estas ideas se basan en los ritos ancestrales de la cultura del toro, las cuales apuntaban que su sangre tenía efecto fertilizante para atraer buenas cosechas, ganado y prosperidad en general (7).

sacrificio toros culto a poseidón
Sacrificio de un toro para el dios Poseidón. Fuente: artelista

En el caso de los funerales, digamos que fue una moda del siglo XVI. Esta petición la hacía el fallecido a través de su testamento y los familiares, si querían pillar un duro de la herencia, tenían la obligación de cumplir esta voluntad (8).

Finalmente, en el caso de las bodas, la celebración también era bastante… digamos curiosa. Esta consistía en la persecución del toro por parte del novio y los invitados “toreándole” con sábanas blancas. Cuando llegaban a la puerta de la casa de la futura esposa, el toro era asesinado dando lugar a salpicaduras de sangre en el vestido de la novia. Maravilloso, ¿eh? Esto era como símbolo de virginidad… (9).

En la Modernidad, las corridas de toros brillan como el oro

Durante la Edad Moderna, la figura del torero empieza a parecerse mucho más a la actual. Es ahora cuando asistimos al pleno auge de esta ancestral «fiesta».

Entonces, es típico torear de puntillas y con los pies juntos, aunque la gran novedad radica en el estilismo. Es en este momento cuando el torero comienza a asemejarse a un árbol de Navidad, en cuanto a adornos se refiere. La ornamentación está por todas partes, sobre todo destacando en colores dorados y rojos, como ya hemos comentado (10).

toreo tauromaquia
Torero vs toro. Fuente: taurologia.

Es fundamental la técnica, que debe ser lo más elegante posible, fina y estilizada. El torero es símbolo de total elegancia. El matador debe dominar el arte del toro perfectamente, realizar buenas faenas y entrar a matar con precisión. Los desplantes son vistos con belleza y admiración (11).

¿Fiesta? Criticas y horror ante la muerte del toro

Aunque la tauromaquia tuvo un éxito feroz en España y fue un símbolo patrio, hubo reyes que sintieron cierto desprecio por esta celebración. Muy posiblemente no considerarían arte el ver cómo un toro muere desangrado sobre la arena de la plaza. Hubo monarcas que realmente llegaron a detestar este show e intentaron eliminarla. Incluso el Papa Pio V en el siglo XVI prohibió las corridas de toros porque eran contrarias a la compasión cristiana.

Los Reyes Católicos, por ejemplo, no consiguieron abolirla completamente, pero si la anularon. La excusa fue que tenía influencia árabe y querían borrar todo rastro musulmán de la cultura de Castilla y Aragón (12).

Una anécdota a mencionar: la Reina Isabel que quedó traumatizadita cuando fue a ver este “magnífico” espectáculo del que todos hablaban maravillas. La corrida se realizó en Medina del Campo y, sin duda alguna, se quedó grabado en sus retinas el sufrimiento y angustia del toro, pues lo que dijo que sintió la reina fue un completo horror (13).

Las mujeres y la tauromaquia 

¿Había mujeres toreras? Pues sí, las había. Su participación en la tauromaquia se remonta al siglo XVII, donde ejercían como verdaderas profesionales del mundo del toro. La primera de la que hay constancia, gracias a Francisco de Goya que la inmortalizó en uno de los aguafuertes, es Nicolasa Escamilla, La Pajuelera. Durante el siglo XIX, las toreras se hicieron más que populares y numerosas (14).

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«La Pajuelera» por Goya. Fuente: Wikipedia

Otra de ellas fue Dolores Sánchez La Fragosa, que incorporó en la vestimenta femenina el mismo traje que el de los hombres, dejando a un lado la falda corta –increíble, pero cierto-  que estaban obligadas a llevar como traje para torear (15).

Como nada es para siempre, en 1908 comenzaron las censuras en la participación femenina en esta profesión. Sin embargo, no hicieron mucho caso y la sociedad termino pasándose por la torera – nunca mejor dicho- la nueva orden. Hasta que llegó la Guerra Civil española y mucho más cuando esta terminó. Ahí la prohibición fue un hecho y las mujeres no volverían a torear en mucho tiempo. Aunque siempre les quedó América para ello… (16).

Hoy por hoy, la tauromaquia está condenada al olvido y a la abolición. Sepultada en el basurero de la Historia, le pese a quien le pese. Y es que las nuevas generaciones prefieren ver los toros en el campo, no en los ruedos.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Gonzáles, 1999, p. 67.

(2) Gonzáles, 1999, p. 68.

(3) Rodriguez, 1997, pp. 13-14.

(4) Rodriguez, 1997, pp. 14 y 19.

(5) Rodriguez, 1997, p. 20.

(6) Martínez, 2005, p. 8.

(7) Martínez, 2005, pp. 8-9.

(8) Martínez, 2005, p. 9.

(9) Martínez, 2005, p. 9.

(10) Martínez, 2005, p. 85.

(11) Martínez, 2005, p. 85.

(12) Gonzáles, 1999, p. 75.

(13) Gonzáles, 1999, p. 75.

(14) Martínez, 2005, p. 121.

(15) Martínez, 2005, p. 121.

(16) Martínez, 2005, p. 122.


Bibliografía

  • Rodriguez, F., 1997, “España y el toro: la fiesta y sus precedentes antiguos”, Estudios Cásicos, nº 112, tomo 39, pp. 7-24.
  • González, J. A., 1999, “Toros y moros. El discurso de los orígenes como metáfora cultural”, Revista de Estudios Taurinos, nº 10, pp. 60-90, Sevilla.
  • Martínez, J. M., 2005, “Cuadernos de Aula Taurina: Historia del toreo a pie”, Junta de Andalucía, Consejería de Gobierno General de Espectáculos Públicos y Juego, Sevilla.
  • Imagen principal, véase en: http://citaconlahistoriajm.blogspot.com/2016/01/la-interminable-polemica-del-toro-de.html.