Para todo en esta vida hay que tener suerte, hasta para morirse. Eso de “descanse en paz” queda muy bonito, pero no siempre es posible. ¡Que se lo digan a las momias que se exhiben en los museos! Aunque quizás a ellas las trataron con mayor respeto que a la mayoría de los cadáveres que los resurreccionistas robaron en el s.XIX en Reino Unido y que obligaron a la invención de un nuevo sistema de seguridad en los cementerios, los mortsafe.

Seguro que lo primero que se os ha venido a la cabeza es el Dr. Frankenstein y su criatura. Pues no estáis nada desencaminados…

“Ahora me veía obligado a examinar las causas y el progreso de esta descomposición y a pasar días y noches en criptas y osarios” (1).

Cuando la realidad supera a la ficción…

Cualquier amante del terror, sobre todo del llamado terror Gótico, sabe que el s.XIX nos dio grandes obras literarias para nuestro disfrute. El Castillo de Otranto de Horace Walpolle (2) abrió las puertas a un maravilloso mundo oscuro, amenazante y a la vez irresistible. Fue en ese siglo cuando la literatura alumbró dos de los personajes más terroríficos de todos los tiempos. Y todo se gestó en un mismo lugar, Villa Diodati. Allí, en 1816, Polidori y Mary Shelly idearon al vampiro y a la criatura.

Seres que vuelven de la tumba para atemorizar a los vivos… La realidad era más parecida a la fantasía de lo que podríamos esperar. Sobre todo en el caso de Shelley y su criatura.

“De hecho, no era poco habitual que los cadáveres abandonaran sus tumbas en el Dublin victoriano” (3).

Ciertamente, los cadáveres abandonaban sus tumbas cuando Shelley y Polidori escribieron sus obras, pero no lo hacían por voluntad propia. Una realidad macabra y un “oficio” nada noble eran los causantes de privar a los muertos de un descanso eterno. Así pues,  empecemos nuestro relato de terror…

Barberos, cirujanos y anatomía

Es de total y absoluta lógica el pensar que un mecánico para poder reparar un coche tenga que saber como funciona, conocer sus partes, saber montarlas y desmontarlas… Pues el cuerpo humano, esa máquina perfecta, también necesita que los “mecánicos” encargados de su reparación sepan como funciona, ¿verdad?

Tenemos que remontarnos bastante atrás en el tiempo para encontrar los primeros estudios anatómicos. Concretamente al s. IV a.C. Herophilos y Erasistratus de Alejandría fueron los primeros en usar a condenados para realizar vivisecciones y conocer el funcionamiento del cuerpo humano (4). Si, vivisecciones, los “pacientes” aún estaban vivos cuando se los estudiaba… (5). Por suerte para los condenados a muerte en la Inglaterra entre finales del s.XVIII e inicios del XIX, las disecciones se hacían una vez muertos.

resurreccionistas siglo XIX inglaterra anatomía

Y es que estos eran los sujetos usados para el estudio de la anatomía, los condenados a muerte (6). Bueno, los únicos legalmente permitidos… Porque el robo de cadáveres creció de una manera exagerada en aquella época.

Murder Act

La Murder Act de 1752, o “Ley para la mejor prevención del horrible crimen del asesinato”, fue la que permitió el uso de los cadáveres de los condenados a muerte para la disección. Aunque parezca que esta ley estaba pensada para favorecer a las escuelas de anatomía, lo cierto era que tenía un carácter moralizante. Una forma disuasoria para que los criminales desistieran de cometer atroces crímenes, ya que la pena podía ser aún más atroz (7).

La sociedad, en todos sus estamentos, estaba horrorizada con la posibilidad de mancillar un cuerpo una vez muerto. Es de suponer que las creencias religiosas tuvieron mucho que ver, aunque puede que hubiera otros condicionantes. ¿Y si no estaba realmente muerto? El 15 de abril de 1824, enterraron a John Macintire en Edimburgo. Los resurreccionistas desenterraron su cuerpo y lo llevaron a un anatomista para su disección…

“Me despojaron bruscamente de la mortaja y me colocaron desnudo sobre una mesa. En un breve espacio de tiempo, oí, por el bullicio de la sala, que los doctores y estudiantes estaban llegando. Cuando estuvo todo listo, el auxiliar tomó su cuchillo y me atravesó el pecho” (8).

Efectivamente, John estaba vivo, en trance. Y él mismo fue quien contó toda la experiencia.

Escuelas de anatomía

Fueron varias las circunstancias que propiciaron ese elevado “tráfico de cadáveres”. Por un lado, estaba el aumento del número de escuelas de anatomía. A partir de 1714 van a proliferar las escuelas privadas de anatomía. Antes de esta fecha, su enseñanza estaba reservada exclusivamente a la Compañía de Barberos y Cirujanos (9).

Al contrario que en otras partes de Europa, en Gran Bretaña no era necesaria licencia alguna para la creación de estas escuelas, por lo que crecían en número cual champiñones. Médicos particulares daban clases en sus propias viviendas a jóvenes ávidos de conocimiento (10).

El nacimiento de estas escuelas fue “la respuesta natural e inevitable a la ineficiente y monopolizadora enseñanza en esos días” (11)

Con demasiada frecuencia, las citas en el hospital y las conferencias se habían asegurado mediante el nepotismo o las donaciones económicas. Muchos hombres de talentos superiores fueron ignorados. El cargo que deseaba y que podía haber ocupado con mérito para sí mismo, con honor a la profesión y con conveniencia para las personas enfermas y heridas, a menudo se concedía a un individuo de mérito inferior” (12).

Como vemos, el sistema era corrupto. El título de medicina no te lo conseguían tu destreza e inteligencia, sino tu dinero, posición social o familia. Las otras causas, la remodelación del código penal, que hacía que fueran menos las penas capitales, y la falta de una buena refrigeración para conservar los cuerpos en buen estado durante días (13).

Todo por la ciencia: el robo de cadáveres

La competencia entre las Escuelas de Anatomía, y entre los propios estudiantes era muy dura. Esto hizo que los profesores tuvieran que recurrir a métodos poco ortodoxos, ilegales, para conservar al alumnado. ¡Si no hay cadáveres nos vamos a otra escuela! Aunque en un principio la obtención de cuerpos se hacía de manera discreta y sin poner en alerta a las autoridades, la cosa acabó yéndose de las manos… (14).

“La obtención de cadáveres era continua causa de dificultades tanto para él como para su patrón. En aquella clase con tantos alumnos y en la que se trabajaba mucho, la materia prima de las disecciones estaba siempre a punto de acabarse“ (15).

Esa mayor demanda, junto con los buenos precios pagados por los cadáveres, hizo que el número de “profesionales” interesados en este negocio aumentase. Los resurreccionistas empiezan a organizarse y aparecen distintas bandas (16). ¿Sabéis eso que vemos en las pelis de mafiosos, lo de controlar distintas zonas y no te metas en mi territorio que te crujo?, pues con estos pasaba lo mismo.

ladrones de tumbas cadáveres

Si una “banda” rival había robado un cuerpo donde no debía podía suceder que los “legítimos saqueadores” irrumpieran la clase de anatomía y dejaran inservible el cuerpo mutilándolo. También eran habituales las peleas en los cementerios, las cuales causaban más escándalo que el propio robo (17).

Los resurreccionistas y su pacto entre “caballeros”

Ya se sabe que los delincuentes también tienen su corazoncito, y su moralidad, aunque eso sea discutible. Por eso, cuando hacían negocios con las escuelas de anatomía, incluían una “clausula de protección”. Si la policía pillaba a un resurreccionista, el médico al que suministraba debía hacerse cargo de mantener a su familia (18).

Ese trato, y cualquier otro, no debían romperse, ya que las consecuencias podían ser de lo más desagradables para el cirujano en cuestión. Eso fue lo que le pasó a Joshua Brookes, quien casi acaba linchado por sus conciudadanos. El impago a sus “suministradores” hizo que aparecieran sendos cadáveres a ambos lados de la calle donde tenía su escuela…(19).

¡Dientes, dientes!

Las incursiones de los resurreccionistas no eran siempre exitosas. En ocasiones los cuerpos no estaban en las mejores de las condiciones y no merecía la pena robarlos. Para no irse con las manos vacías y sacar algo de beneficio a una noche de “trabajo”, robaban los dientes de los fallecidos (20).

Hoy en día a nadie se le pasa por la cabeza que si va al dentista a reemplazar una pieza le pondrán la de un muerto. Pero esto era lo que se hacía antiguamente. Los barberos-cirujanos ya hacían trasplantes de dientes en época de Enrique VIII (21).

En el s. XVIII fue el médico y anticuario John Hunter publicó un tratado sobre el trasplante dental (1771). El uso de dientes tanto de vivos como de muertos era una práctica común. 5 guineas el diente de un vivo, 3 el de un muerto. No es necesario que os diga los problemas médicos que esta práctica conllevaba… septicemia, infecciones venéreas e incluso la muerte. (22)

Resurreccionistas y el hombre del saco

Los ladrones de tumbas eran conocidos por dos nombres distintos, resurreccionistas y sack-em-up men. La verdad es que no se mataron mucho la cabeza para ponerle nombre a tan “honorable profesión”…

“A cuerpos que habían sido entregados a la tierra, en gozosa expectación de un despertar bien diferente, les llegaba esa resurrección apresurada, llena de terrores, a la luz de la linterna, de la pala y el azadón. Forzado el ataúd y rasgada la mortaja, los melancólicos restos, vestidos de arpillera, después de dar tumbos durante horas por caminos apartados, privados incluso de la luz de la luna, eran finalmente expuestos a las mayores indignidades ante una clase de muchachos boquiabiertos” (23).

Resurreccionistas porque “resucitaban”, no de forma literal, a los muertos. De modo irónico se podría decir que les daban una nueva vida… (24). Sack en inglés significa saco, así que blanco y en botella… pa´la saca sería la traducción de sack-em-up. Un término que describe de manera muy gráfica lo que hacían con los muertos, meterlos en un saco después de desenterrarlos. (25)

Resu bueno vs Resu malo

No, no voy a hacer crítica musical alguna sobre el Resu (26), tranquilidad. Es que en el caso de los resurreccionistas había buenos y malos. Los buenos, eran aquellos movidos únicamente por el deseo de avanzar en la ciencia médica. Los malos, los que se movían únicamente por el deseo de ganar dinero (27).

Y es que en ocasiones los propios anatomistas y sus estudiantes eran los que tenían que ejercer como ladrones de tumbas. Todo por el bien de la ciencia, claro. El ansia de conocimiento, y el poder tener un cuerpo propio con el que practicar, hacía que los estudiantes abordasen los camposantos en busca de “material”. (28)

Método y procedimiento de unos buenos resurreccionistas

Si, ya sé, robaban tumbas, es lo que os he contado todo este rato. Pero tenéis que saber que ese no era el único método para obtener cuerpos. No siempre había que mancharse las manos de tierra…

Los cuerpos de las personas que morían en asilos para pobres o instituciones de caridad eran un objetivo para estos ladrones. Un “familiar” del difunto, generalmente una mujer,  acudía, lloroso y de riguroso luto, a reclamar el cuerpo. Si eran lo suficientemente convincentes, conseguían que les entregaran el cuerpo (29).

El acudir a casas particulares también era otra de las maniobras que empleaban. Aquí podían proceder de dos maneras. Entraban por alguna ventana a la habitación donde el cuerpo esperaba para que lo velasen y lo sustraían. O engatusaban y drogaban a la persona que se encontraba guardando el cadáver para dejarla inconsciente, después de haberse presentado en e domicilio para dar el pésame a la familia (30).

En otras ocasiones, eran los cuerpos a la espera de ser identificados, muertos en accidentes o suicidas los que se robaban. Esto sucedía cuando estaban a la espera del análisis forense. En estos casos, lo más habitual era que, una vez que los vendían al médico de turno, y antes de que los diseccionasen, se avisase a la policía de su paradero. Las autoridades recuperaban el cuerpo y luego algún «familiar» lo reclamaba… ¡reventa de cuerpos! A otro profesor lógicamente, para que no los descubriesen (31).

Sería de tontos el pensar que no se recurría también al asesinato para la obtención de cuerpos, pero de esto os hablaré un poco más adelante. y con nombres propios.

Funerarios y enterradores de día, ladrones de noche

El negocio de la venta de cuerpos a las academias era muy goloso, por eso en ocasiones eran las propias funerarias las que facilitaban los cuerpos. En ellas se guardaban los cuerpos de los pobres hasta el momento del entierro. Cuando éste llegaba, el ataúd se cargaba con piedras y se hacía la farsa delante de los familiares (32).

Si los dueños de las funerarias se subieron al carro del robo de cadáveres, es lógico pensar que los enterradores no iban a ser menos. En ocasiones su papel era únicamente el de “facilitadores”, indicaban a los resurreccionistas las tumbas recientes, y facilitaban el acceso a los cementerios (33).

En otras ocasiones ellos mismos eran los que se encargaban de recuperar los cuerpos y comerciar con ellos. Este fue el caso de John Holmes y Peter Williams. Holmes era enterrador en el cementerio de St. George´s, en Bloomsbury. Williams era su ayudante (34).

El vino en un barco…

Tal era la demanda de cadáveres por parte de las escuelas de anatomía, que escaseaban los cuerpos. Los cementerios de Inglaterra, Gales y Escocia agotaron sus “recursos”, por lo que hubo que surtirse en tierras Irlandesas.

El método para transportar los cuerpos, por mar.  Barcos de vapor que hacían la ruta comercial. Allí, en sus bodegas, podían permanecer de dos a tres semanas.

El cerebro de esta operación era un cirujano naval retirado, llamado Wilson Rae. Los cuerpos llegaban dentro de estuches de piano. Hasta un total de dos mil cadáveres al año llegó a transportar. Finalmente lo descubrieron y arrestaron. Se le encarceló en Newgate (35).

Asesinos Resurreccionistas

Las escuelas de anatomía cada vez demandaban más y mejores cuerpos para sus disecciones. Pero, ¿qué hacer cuando estos escaseaban? Porque esto no es como ir al super, ni pedir on line. Pues he aquí que algunos encontraron la solución en el  do it yourself, “hágalo usted mismo”. ¿Qué no hay cadáveres?, pues ya “fabrico” yo uno, usted no se preocupe.

Dos parejas de asesinos, supuestos resurreccionistas, fueron las más famosas. Bishop y Williams en Londres, Burke y Hare en Edimburgo. De ambos, estos últimos fueron los de mayor fama, llegando incluso hasta nuestros días. Si los médicos sabían o no la procedencia de los cuerpos suministrados por estos es algo que no se sabe, o no se quiso saber.

Los sanguinarios resurreccionistas Burke y Hare

En la lista negra de los criminales y asesinos que dio el s.XIX, estos dos personajes tienen un sitio destacado. Unos cuantos años antes de que el más famoso de todos ellos entrara en acción, Jack el destripador (36), estos dos irlandeses cometieron sus crímenes. Eso sí, a favor de la ciencia…

William Hare era un inmigrante irlandés que regentaba, junto con su pareja, Margaret Logue una pensión. Hizo amistad con un compatriota suyo, William Burke, que era huésped suyo. Lo que más les gustaba era gastar el poco dinero que gastaban en bebida. (37) así no había manera de hacerse rico ni de prosperar.

Burke Hare resurreccionistas asesinos en serie

Pero el destino a veces es caprichoso, y te da oportunidades que no puedes desaprovechar.  El 29 de noviembre de 1827, Donald,  inquilino de Hare, moría dejando una deuda de cuatro libras. Aquello afectaba a las finanzas de su, casero. No era un dinero que pudiera recuperar… o quizás si… Hare y Burke decidieron vender el cuerpo del anciano para poder sacarle algo de ganancia y que pudiera saldar su deuda post mortem. Vaciaron su ataud y metieron su cuerpo en un barril. El destinatario era el doctor Knox, profesor de anatomía. Les pagó siete libras (38).

Aquello era un negocio de lo más provechoso. Así que, ¿por qué no repetirlo? Un total de 15 víctimas (39) perecieron a manos de Burke y Hare. Su modus operandi siempre era el mismo. Los engatusaban con whisky para luego llevarlos a la pensión de Hare. Una vez allí los asfixiaban, para no dejar marcas en el cuerpo. Y de allí a la escuela de anatomía del doctor Knox (40).

La última víctima de Burke y Hare

La carrera criminal de Burke y Hare  llegó a su fin la noche Halloween de 1828. Su última víctima, Mary Docherty. El cuerpo de la pobre anciana fue descubierto por un matrimonio de inquilinos, los Gray. Ante tal descubrimiento, no dudaron un segundo en acudir a la policía, no por cumplir como buenos ciudadanos, sino a la espera de alguna recompensa. Cuando la policía llegó el cuerpo ya no estaba (41).

Burke y Hare, y sus respectivas esposas, Margret Logue y Helen Mc Dougal, fueron llevados a comisaria e interrogados. Allí cantaron hasta la Traviata. El cuerpo de la pobre Mary fue encontrado en la escuela del doctor Knox, listo para la disección (42).

Ironías del destino

Aunque el doctor Knox aseguró que no era conocedor del origen de los cuerpos que Burke y Hare le proporcionaban, la opinión pública no le creyó. El buen doctor cayó en descrédito y su escuela fue perdiendo prestigio y alumnos (43).

El destino de Burke fue “firmado” por su compañero de crimen. Hare fue exonerado de todo culpa, al igual que su mujer y la de Burke, a cambio de una confesión en la que culpara de todo a Burke. Tras esto se le perdió toda pista, desapareció (44).

El 28 de enero de 1829, a las ocho de la mañana en punto, Burke fue ajusticiado. La horca fue su verdugo. Las entradas para ver su ejecución se vendieron rápidamente, y eso que su precio era más elevado de lo habitual (45).

Su cuerpo fue llevado al Colegio Médico de Edimburgo, al doctor Monro para su disección. A la una de la tarde comenzó su “última contribución a la ciencia”. Fue un espectáculo que nadie quiso perderse. Su esqueleto fue perservado por Monro y actualmente puede contemplarse en el Museo De Anatomía de la Universidad de Medicina de Edimburgo. “Irish (Male). The skeleton of William Burke, the notorious murderer hanged al Edinburgh, 28th January, 1829. Disected by Monro, Tertius” (46).

William Burke esqueleto Museo De Anatomía de la Universidad de Medicina de Edimburgo

Inventando “palabros” gracias a estos resurreccionistas asesinos

El impacto de los crímenes de Burke y Hare caló en todos los ámbitos de la sociedad, incluso en la lengua. A raíz de estos crímenes se comenzó a usar el término burking para hacer referencia a “crímenes cometidos por asfixia, o asesinar sin producir apenas marcas de violencia, con el propósito de obtener cuerpos para ser vendidos para la disección” (47).

Los resurreccionistas Burke y Hare, unos Pop stars

Han subido  la verja y bajado la escalera, arriba y abajo con Burke y Hare. Burke es el carnicero, Hare es el ladrón, y Knox, el hombre que compra la carne” (48).

Esta canción infantil es sólo una muestra del calado que los resurreccionistas Burke y Hare tuvieron en la sociedad de su época. Robert Louis Stevenson se basó en ellos, en sus crímenes, cuando escribió su obra Los Ladrones de Cadáveres, en 1884.

Pero su influencia y su “mito”, como buenos asesinos en serie, llega hasta nuestros días. Una larga lista de películas se encargó de hacernos llegar su historia. En 1940 se estrena El ladrón de Cadáveres, película protagonizada por dos grandes del género del terror, Boris Karlof y Bela Lugossi (49).

Después de esta han sido varias las recreaciones cinematográficas de sus crímenes, la última en 2010, Burke y Hare (50).

Bishop, Williams y May: asesinos y resurreccionistas

El 5 de noviembre de 1831, dos hombres de nombre Bishop y May se presentaron en la puerta del King´s College con la intención de vender “un joven de catorce años”. Aunque pedían doce guineas por él, aceptaron las nueve que se les ofreció. Más tarde ese día volvieron. Esta vez los acompañaba un hombre llamado Williams, alias Head. Traían otro cuerpo. El aspecto de el hombre que tría el cuerpo, un tal Shield, despertó las sospechas del bedel… El demostrador práctico del colegio, el señor Partridge examinó el cuerpo y  confirmó las sospechas. ¡Asesinato! (51).

The 'London Burkers' John Bishop Thomas Williams James May
Fuente: Wikipedia.

Para entretener a los resurreccionistas, el bedel les indicó que no podía pagarles hasta que cambiara un billete de cincuenta guineas, el cual les mostró. Mientras los ingenuos “vendedores” esperaban por su dinero, la policía fue informada. Se los detuvo allí mismo, acusados del asesinato (52).

Al cuerpo le faltaban los dientes, que previamente habían sido vendidos a un dentista por doce chelines. El pobre muchacho había embaucado por Bishop y Williams para ir a su apartamento. Una vez allí lo drogaron con opio y lo metieron en un pozo hasta que se ahogó (53).

El cuerpo del pobre chico lo habían intentado vender en distintas escuelas de anatomía sin éxito, hasta llegar al King´s College. En el juicio los tres, Williams, Bishop y May fueron encontrados culpables y condenados, Bishop y Williams a muerte, May al destierro penal a perpetuidad (54).

Mortsafe: protegiendo a los muertos de los vivos

Si en un cementerio ves una tumba cubierta por una especie de jaula lo primero que piensas es que está ahí puesta para evitar que lo que está dentro salga fuera. Tu mente escogerá la criatura que más le guste, vampiro, zombie… Pero seguro que después de todo lo que os he contado estaréis de acuerdo conmigo que la criatura más terrorífica de todas es el hombre: los resurreccionistas, sack-ém-up men o ladrones de tumbas, como queráis llamarlos.

Y es que ante el aumento de la actividad de estos “filántropos de la ciencia médica”, los resurreccionistas, hubo que idear un sistema para conseguir que los muertos tuvieran su merecido descanso eterno sin ninguna interrupción.

Si buscáis la definición de Mortsafe en el diccionario, veréis que es clara, directa y no deja dudas sobre lo que eran y su función: “Una pesada caja de hierro o  reja sobre la tumba de un fallecido reciente para desalentar a los ladrones de tumbas” (55).

En 1816 se fabricó la primera “caja fuerte” para difuntos. Literalmente eran ataúdes de plomo o hierro. Se suponía que, al ser un material más resistente que la madera, protegería al cuerpo de ser extraído de su interior (56).

“Se dice que la violación de la sagrada tumba es necesaria para la instrucción de los estudiantes de medicina, pero permitamos que cada individuo a punto de enterrar a una madre, esposo, hijo o amigo decida si desea destinar a ese estimado ser a dicho propósito; si no lo decide así, el único ataúd seguro  es el de hierro forjadoo patentado por Bridgman, con el mismo precio que uno de madera y siendo una mejor alternativa al plomo”  (57).

Vigilancia  para detectar resurreccionistas

La vigilancia en los cementerios se convirtió en algo habitual. Ya bien fuera personal contratado por el propio cementerio, como familiares o amigos del difunto. Hacer guardia durante toda la noche para evitar el robo del cadáver se convirtió en algo habitual (58).

En algunos cementerios se llegó incluso a construir torres para, desde una posición elevada tener una mejor panorámica de todos los puntos del cementerio (59). Algunas de estas torres vigía aún se pueden contemplar en la actualidad en cementerios como el Glasnevin, Dublín, o New Calton, Edimburgo.

mortsafe torres vigilancia cementerios resurreccionistas

Trucos para detectar resurreccionistas

Pero, como ya vimos, en ocasiones eran los propios enterradores y trabajadores de los cementerios los que robaban los cuerpos, o colaboraban con los resurreccionistas. Así que las familias tenían que usar todo su ingenio para asegurar la imperturbabilidad de las tumbas. Se colocaban objetos como una flor o una concha sobre la tumba reciente. Si estaba movida era signo de que la habían profanado. Pero como los resurreccionistas eran todos unos profesionales, lo dejaban todo exactamente como estaba (60).

Otro de los métodos usados era la colocación de trampas de alambre para escopetas sobre las tumbas. En teoría estos se accionarían se intentaba retirar la  tapa del ataúd. Los resurreccionistas utilizaban estos artilugios antes de saquear una tumba. Por la tarde, a última hora, una mujer vestida totalmente de luto acudía a la tumba a depositar flores, aunque lo que realmente hacía era inutilizar el mecanismo (61).

También se colocaban piedras sueltas en los muros de los cementerios, para que fuera difícil escalar por ellos y entrar en los cementerios (62). En algunos cementerios, se llegaron a construir “casas”, donde se dejaban los cuerpos antes de ser enterrados. Allí estarían hasta que su estado de descomposición fuera tal que no sirviera para ninguna clase de anatomía (63).

Mortsafe para todos los gustos y bolsillos

En un principio, el sistema que se usaba para proteger las tumbas consistía en el uso de pesadas losas y cajas de piedra, e incluso de bóvedas cerradas sobre el suelo. Pero era fácil excavar y acceder a ellas (64). Esto hizo que se ingeniasen modelos más complejos, como hemos visto, en metal. Algunos de ellos requerían de varias llaves para desbloquear las barras de metal que se entrelazaban, asegurando así el ataúd, impidiendo que se excavase alrededor (65).

Y es que los resurreccionistas, para que no los descubriesen profanando las tumbas, excavaban túneles. A una distancia de unos 6 metros de la tumba que se quería profanar, se excavaba un pasadizo que permitía llegar al ataúd y retirar el cuerpo de forma horizontal. La tierra exterior no era removida y no quedaba indicio alguno (66).

El objetivo principal de las mortsafe era hacer que el cuerpo quedase inutilizado para la disección. El cuerpo se dejaba dentro es estas el tiempos suficiente como para que se pudriera. Luego el Mortsafe era sustituido por un ataúd normal (67).

mortsafe caja hierro desalentar ladrones de tumbas

El hecho de que las mortsafe pudieran “reutilizarse” hizo que numerosas iglesias y cementerios las adquirieran y las alquilasen a aquellas familias que no podían costearse una (68). Para evitar la especulación con los precios de estos alquileres se crearon sociedades que los compraban. Sus miembros podían tener acceso a estos cuando lo requirieran, por un precio mínimo. Así mismo, los alquilaban a personas ajenas, eso sí, a un precio más elevado (69).

¿Y cómo me quito yo esto de encima?

Para retirar las pesadas losas de las mortsafe era necesaria una especie de “grúa”. Esta, para evitar ser usada por los resurreccionistas, era guardada en un lugar donde piudiera estar bajo vigilancia todo el día y toda la noche. Y que mejor lugar que el obrador del panadero. Durante el día la actividad era continúa, y la noche era cuando el panadero trabajaba. Control continuo (70).

Al decaer el uso de las mortsafe, estas grúas cayeron en el olvido. Eran unos artilugios grandes e inútiles que no hacían más que estorbar. También las pesadas losas de metal que se empleaban sobre las tumbas. La mayoría se vendieron para fundición, por lo que no quedan restos de ellas (71).

El fin de los resurreccionistas y las mortsafe

La aprobación de la Anatomy Act de 1832 supuso el fin del comercio con cadáveres. Esta nueva ley permitía donar los cuerpos a la ciencia. Antes de aprobar esta ley, la debatieron largamente y la rechazaron en diversas ocasiones. Tras los crímenes de Burke y Harela llevaron de nuevo a discusión, en el parlamento. En 1828, la Cámara de los Comunes designó un comité electo, “para estudiar la manera de obtener sujetos para su disección en las escuelas de anatomía y el estado de la ley que afectaba a las personas que se dedicaban a la obtención  y disección de cuerpos” (72).

Al año siguiente, 1829, presentaron un nuevo proyecto de ley ante la Cámara de los Comunes. Esta aprobó el proyecto, pero no la Cámara de los Lores (73). El empujón definitivo para la aprobación de una ley fueron los crímenes de Bishop y Williams. La presión de las Escuelas de Anatomía dio su fruto, y la ley consiguió aprovarse. Gracias a ella se regulaban estas escuelas y permitía a familiares y organismos oficiales, donar cuerpos para su disección y estudio (74).

Diario de un resurreccionista

Bajo este explicito, y verídico, título se enmarca el que quizás es el documento fundamental para conocer a los resurreccionistas. Fue publicado por primera vez en 1896 por James Blake Bailey, para la Biblioteca del Real Colegio de Cirujanos.

Es un diario real de un resurreccionista. Fue entregado a sir Thomas Longmore por su propio autor, un ladrón de cadáveres, una vez retirado tras la entrada en vigor de la ley de 1832. El nombre del resurreccionista nunca fue revelado, pero su autenticidad nunca se puso en duda.

Viernes 21

Nos encontramos en Bartholw. Vendimos una parte, nos fuimos a casa. Nos reunimos a las 2 de la madrugada, fuios al cementerio de St. Thomas. Conseguimos 3 grandes, nos encontramos con patrullas. Llevamos 1 a St. Thomas y 2 a Batholw.

 

Otro libro es igualmente importante para este tema: Sack-em´-up men. An account of rise and fall of the modern resurreccionists. Publicado en 1928, hace un recorrido por la historia del estudio de la anatomía desde la antigüedad hasta la época de los resurreccionistas.

Así que si aún os habéis quedado con ganas de saber más sobre esta “loable” profesión, que tantos avances médicos permitió, no dudéis en ir a la bibliografía y comenzar su lectura.


P.D: La imagen que acompaña la cabecera de este artículo es de mi propia autoría.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Shelley, 2018, p. 82.

(2) El Castillo de Otranto, publicado en 1754 y obra del político liberal Horace Walpole, hijo del primer ministro inglés Robert Walpole, supuso el inicio de un nuevo estilo literario, denominado gótico. Herencia de la literatura medieval, castillos, fantasmas y demás seres sobrenaturales, se mezcla con la ficción contemporánea en perfecto equilibrio. Fue tal su éxito y aceptación popular que le siguieron obras como El Monje, de Mathew Lewis, uno de los poemas preferidos de Percey Shelley.

Hemos de destacar que esta nueva corriente literaria captó la atención de escritoras como Clara Reeve, Anne Radcliffe o Lady Lamb sobre la que ya os he hablado en el artículo sobre Polidory. Podríamos decir que el terror tiene nombre de mujer. Tanto estas aquí citadas como la propia Mary Shelley consiguieron poner los pelos de punta a los lectores. Lo gótico dio pasó al romanticismo en las décadas de 1780-90, por lo que tanto Frankenstein como El Vampiro estarían dentro de este estilo literario, aunque al evocarlos todos pensemos en “gótico”. Klinger, 2017, pp.XXVII-XXIX.

Cuando pensamos en “gótico”, no referido al estilo artístico sino a “moda”, la mente hace un dibujo lleno de clichés: ropa negra, estilo victoriano, palidez, vampiros, brujas, etc. Pero como acabamos de ver este estilo literario se ubica antes de la era victoriana (1837-1901), lo que no implica que su influencia se extendiera más allá, llegando a nuestros días, a modo de definición de determinado estilo de vida y de vestir. Si vistes de determinada manera y consumes determinado tipo de literatura y cine es inevitable la preguntita de marras…” ¿tú eres gótica no?”

(3) Skall, 2017, p. 23.

(4) Kuriositas, 2019.

(5)Normalmente las vivisecciones, “disección anatómica sobre el vivo”, solía practicarse en animales durante el s.XIX. La disección de los cuerpos humanos se hacía sobre cadáveres. Groom, 2020, pp. 137-139.

(6) Blake Bailey, 1896, p. 30.

(7) Barasorda, 2016, pp. 32-33.

(8) Blake, 2016, pp. 127-128.

(9) Blake Bailey, 1896, p. 41. En 1720 se crea en Edimburgo el primer centro de estudios anatómicos, de la mano de Alexander Monro. Aunque Londres y Dublín también tuvieron sus escuelas de anatomía, va a ser la de Edimburgo con Monro a la cabeza (pasando después a su hijo y a posteriori a su nieto), la de mayor prestigio y con mayor número de estudiantes. Barasorda, 2016, pp. 26-31.

(10) Blake Bailey, 1896, p. 44.  Uno de estos fue el anatomista y cirujano escocés William Hunter, quien en 1768 construyó el famoso Teatro de Anatomía de Windmill Street, en Londres, dónde los cirujanos podían diseccionar comodamente los cuerpos ante los ojos de sus alumnos. Actualmente una placa en su fachada recuerda tan insigne “escenario” de la historia de la medicina. Barasorda, 2016, p.28.

(11) Moores, 1928, p. 66.

(12) Moores, 1928, p. 66.

(13) Shelley, 2018, p. 85.

(14) Moores, 1928, p. 75.

(15) Stevenson, 1884, p. 5.

(16) Barasorda, 2016, pp. 40-44.

(17) Moores, 1928, p.76.

(18) Moores, 1928, p. 76.

(19) Barasorda, 2016, p. 40.

(20) Groom, 2020, p. 112.

(21) Groom, 2020, p. 112.

(22) Groom, 2020, p. 112-113.

(23) Stevenson, 1884, p. 11.

(24) Fischer, 2020.

(25) Moores, 1929, pp. 71-72.

(26) El Resu, Resurrection Fest Estrella Galicia (la mejor cerveza del mundo by the way), es un festival de música que se celebra en Viveiro, Lugo, Galicia. Se viene celebrando desde 2006 y es uno de los festivales más importantes de música Punk, metal y Hard Core. Aquí han actuado grandes como Lemmy Kilmister (Motörhead), Rammstein, Slayer, Iron Maiden, Korn… y un laaaargo etc.

(27) Moores, 1929, pp. 71-72.

(28) Moores, 1929, pp. 71-72.

(29) Blake, 2016, p. 118.

(30) Blake, 2016, p. 116.

(31) Blake, 2016, p. 116-118.

(32) Blake, 2016, p. 120.

(33) Ex Classics, s.f.

(34) El caso de Holmes y Williams fue uno de los más famosos de los enterradores que se dedicaban al saqueo de tumbas. Ex Classics, s.f.

(35) Groom, 2020, pp. 84-85.

(36) Jack el destripador es uno de los mayores enigmas, encuanto a asesinos en serie se refiere, y con permiso de Zodiaco. En 1888 aterrorizó a la buena gente de Londres con sus asesinatos cometidos en White Chapple. Hasta un total de 5. Todas mujeres y prostitutas. Las hipótesis sobre su identidad son numerosas, incluyendo al médico personal de la reina y su propio hijo, el príncipe Alberto Víctor.

(37) Barasorda, 2016, pp. 44-45.

(38) Moores, 1929, pp. 83-84.

(39) Un vendedor ambulante, una prostituta, una anciana y su nieto, sordos, una zapatera, una amiga de la familia… estas fueron algunas de sus víctimas. Siempre gente de baja condición a la que nadie echaría en falta. Barasorda, 2016, p. 46.

(40) Moores, 1929, pp. 83-84.

(41) Moores, 1929, pp. 84-85.

(42) Moores, 1292, p. 85.

(43) Moores, 1929, p. 90.

(44) Moores, 1929, pp. 90-91.

(45) Moores, 1929, p. 90

(46) Barasorda, 2016, p. 47.

(47) Moores, 1929, p. 94.

(48) Canción infantil en la que se habla sobre los crímenes de Burke y Hare. Aunque pueda parecernos algo macabro, las canciones de este tipo sobre asesinos eran algo habitual. Lizzie Borden la asesina del hacha, también tenía su propia canción infantil: Lizzie Borden el hacha  tomó Y dio cuarenta hachazos a su madre. Cuando vio lo que había hecho, le dio cuarenta y uno a su padre. Angulo, 2019.

(49) Boris Karlof fue una de las estrellas de Universal Pictures. Él  es la criatura de Frankenstein, la Momia, entre otros muchos personajes. Lugosi es Drácula. No es necesario decir más sobre él, entre otras cosas porque fue su personaje más reconocido, con el que se mimetizó; cuenta la leyenda que fue enterrado con su capa del famoso conde vampiro…

(50) La carne y el diablo (1960), Burke y Hare (1972), El doctor y los diablos (1985) y Burke y Hare (2010) son algunos de los títulos que tienen a ambos asesinos como protagonistas.

(51) Moores, 1929, pp. 115-120.

(52) Moores, 1929, pp. 115-120.

(53) Moores, 1929, pp. 115-120.

(54) Moores, 1929, pp. 115-120.

(55) Voz Mortsafe del Collins Dictionary.

(56) Kuriositas, 2013.

(57) Anuncio aparecido en la Wooler´s British Gazette el 13 de octubre de 1822. En él se habla de las virtudes y beneficios de enterrar a los seres queridos en un ataud de hierro. Blake, 2016, p. 136.

(58) Blake, 2016, p. 131.

(59) Skal, 2017, p. 23.

(60) Blake, 2016, p. 139.

(61) Blake, 2016, p. 133.

(62) Blake, 2016, p. 133.

(63) Blake, 2016, p. 139.

(64) Raymond, 2020.

(65) Raymond, 2020.

(66) Kuriositas, 2019.

(67) Goran, 2016.

(68) Raymond, 2020.

(69) Kuriositas, 2019.

(70) Ritchie, 1920.

(71) Ritchie, 1920.

(72) Blake, 2016, pp. 158-163.

(73) Blake, 2016, pp. 158-163.

(74) Barasorda, 20116, p. 50.


Bibliografía

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Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Vigo. Doctorada en Grecia antigua. Hª de las religiones. Master Universitario de Historia, Territorio y recursos patrimoniales. Especializada en hª de género, Tratando de unir mis dos pasiones, los cómics y la historia desde.... hace mucho mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana.....