Ya hemos hablado de la historia del pueblo escita y parte de la sociedad escita, pero aún no hemos hablado de un aspecto muy llamativo de estas sociedades. Os preguntaréis, ¿cuál es? Pues el de las mujeres, pues la forma de vida de ellas era muy diferente con respecto a las sociedades que lo rodeaban. Veamos qué ocurría con las mujeres escitas.

Una vista rápida sobre la mujer en el mundo antiguo – La mujer escita

A grandes rasgos, la mujer en la sociedad clásica ha sido vista como un ser inferior tanto intelectual como físicamente y la diferencia entre ambos sexos es bien patente, incluso jurídicamente (1). Asimismo, su situación siempre ha sido de subordinación con respecto al hombre, siendo empujadas a una labor puramente doméstica y dejando a los hombres la política (2). No tiene capacidad de decisión (al menos teóricamente), ni tan siquiera en el matrimonio, que es acordado entre el novio y el padre de ella (3). También en la teoría se considera que están recluidas en sus casas, aunque esto no es realmente cierto, si bien esta teoría ya nos hace pensar en un intento de constreñir a la propia mujer.

Se trataba, al fin y al cabo, de una sociedad de hombres dominada por hombres, en la que la mujer tenía poco espacio de maniobra. No faltaron los casos de mujeres que se salieron de la norma, pero fueron casos extraños que no encajaban en lo que se esperaba de ellas. Por eso, la imagen de las mujeres escitas era, para los griegos, algo incluso bárbaro.

El mito de las amazonas

Es Hipócrates (4) uno de los que menciona ciertos aspectos sobre las mujeres: que montan a caballo, tiran con el arco y luchan, al menos, mientras son vírgenes. Él mismo dice que no pierden la virginidad hasta que han matado a tres enemigos. Otras fuentes, como Heródoto, dicen que algunas, por no haber cumplido esta norma, no llegan a casarse nunca (5). No veas… ya ponen pegas hasta para ligar. El mismo autor dice que, una vez que se han casado, no vuelven a luchar mientras no sea necesario.

amazona herida - mujer escita guerrera
Amazona Herida (Museos Capitolinos). Fuente: Wikipedia

Un aspecto llamativo (y que seguro que te sonará de algo), lo dice en este párrafo:

Carecen del seno derecho, pues, cuando son niñas, aun de corta edad, sus madres les aplican al seno derecho un aparato de bronce, construido con tal finalidad, tras haberlo puesto al rojo; el pecho se quema, de suerte que se anula su desarrollo y transmite todo su vigor y plenitud al hombro y brazo derechos (6).

Es precisamente de aquí de donde viene el mito de las amazonas. Técnicamente, la palabra procede del griego a (sin) y mathos (pecho), aunque esto es muy probable que no fuera más que eso, un mito. Sí parece ser que en su sociedad eran llamadas oiorpata, que significa “asesinas de hombres”, un apelativo que, en fin, tiene su “toque” (7).

Las mujeres escitas – una mujer guerrera

Son varias las evidencias, esta vez arqueológicas, que nos permiten saber de la existencia de estas luchadoras. Ciertos enterramientos muestran a mujeres acompañadas de espada, arco y flechas, pero también de lanzas e incluso armaduras de escamas (8). Es también frecuente encontrarse en sus tumbas con joyas y espejos. Zaur Hasanov (9) hace un buen estudio sobre este tema.

Mujer escita con su característico atuendo
Mujer escita con su característico atuendo. Fuente: Pinterest

Un ejemplo histórico, del que conocemos el nombre, es el de la reina Tomiris, de los masagetas. De ella nos habla Heródoto, quien nos la presenta liderando una guerra contra Ciro, rey de Media. La cuestión es que entre unas cosas y otras Tomiris destrozó al ejército enemigo. Heródoto (10) nos lo cuenta así:

El grueso del ejército persa fue aniquilado allí, en el campo de batalla, y también perdió la vida el propio Ciro […]. Entonces Tomiris mandó llenar un odre de sangre humana y buscar el cadáver de Ciro entre los persas muertos; y cuando lo encontró, introdujo su cabeza en el odre; y, al tiempo que ultrajaba el cadáver, le apostrofaba así: «Aunque estoy viva y te he vencido en combate, tú has causado mi ruina al capturar a mi hijo mediante una celada; pero yo, tal y como te prometí, voy a saciarte de sangre».

Se puede ver que ese carácter guerrero (e incluso atroz) no era típico de los hombres, y las mujeres escitas ya demostraron que para ellas no había límites.

Una sociedad de “género fluido” – Las mujeres escitas

Frecuentemente se ha considerado que la “guerra es cosa de hombres” y en muchas sociedades se ha prohibido a la mujer el ejercer como soldado. Aquí parece ser todo lo contrario. Barry Cunliffe, teniendo en cuenta el que acostarse con un maromo era necesario matar, al menos, a un enemigo, cree que existió un cierto empuje por la sociedad para que la mujer adoptara “roles masculinos” (11). Supone también que, debido a que muchas no llegaron a casarse, no todas estaban preparadas para adoptar el “rol femenino” en un futuro.

Reconstrucción del rostro de una mujer escita
Reconstrucción del rostro de una mujer escita. Fuente: Siberian Times

El adoptar roles femeninos o masculinos no sólo era característico de las mujeres, sino también de los hombres. Hipócrates dice (12) que los hombres impotentes hacen trabajos femeninos y hablan como las mujeres, y que estos son llamados “afeminados”. Parece que este hecho lo veían como un castigo divino, pero es altamente llamativa la relación impotencia-trabajo femenino. Muchos de ellos actuaron como adivinos (la adivinación en muchas ocasiones ha estado ligada a las mujeres, de las que se creía que eran más susceptibles de contactar con los dioses).

Este aspecto era para los griegos algo extrañísimo. Esto parece haber hecho pensar que se trataba de una sociedad dominada por mujeres y que relegaba a los hombres al puesto que ellas debían ejercer. No es del todo cierto, claro, pero la idea ahí estaba.

Del mito al logos – Mitos y leyendas de las mujeres escitas

Así, no es de extrañar que, para los griegos esencialmente, la sociedad escita fuera extraña y llamativa, pues chocaba profundamente con las ideas que ellos tenían sobre la sociedad. Era, sin duda, un caso distinto, aunque eso no nos debe llevar a suponer que era una sociedad igualitaria. Muchas mujeres, abandonaban la guerra para dedicarse al matrimonio, considerado tradicionalmente como el fin último de su existencia. Es más, muchas de ellas permanecían con los rebaños y los carros en los que viajaban, cuidándolos tanto a ellos como a los niños, mientras los varones acudían a las armas.

Sí es cierto que esta situación ha dado lugar a mitos y leyendas en torno a las mujeres escitas. Son las las famosas amazonas, que han sido los que nos han llegado con más fuerza y mejor han calado en nuestras cabezas. Pero no podemos olvidar que, al fin y al cabo, son eso: mitos. Por ello, debemos echar un vistazo para conocer qué hay de verdad y qué no en todas estas historias. Porque siempre hay algo más allá que debe ser conocido, como es este caso: el de unas guerreras que luchaban, pero también cuidaban de los suyos.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Duby, 2018, pp. 103-105

(2) Duby, 2018, p. 110

(3) Duby, 2018, p.169

(4) Hipócrates, 1986, p. 17

(5) Heródoto, 1979, p.117

(6) Hipócrates, 1986, p. 17

(7) Cunliffe, 2019, p.219 y Rolle, 1989, p.85

(8) Cunliffe, 2019, p.141

(9) Hasanov, , 2018, pp. 131-150

(10) Heródoto, 1979, p.214

(11) Cunliffe, 2019, p.219

(12) Hipócrates, 1986, p.22

Bibliografía

  • Cunliffe, Barry, The Scythians. Nomad warriors of the steppe, Oxford University Press, 2019.
  • Duby, Georges y Perrot, Michelle, Historia de las Mujeres. La Antigüedad, Taurus, Barcelona, 2018.
  • Herodoto, Historias, Libros I y IV, Editorial Gredos, 1979.
  • Hipócrates, Tratados Hipocráticos, Libro II: Sobre los aires, aguas y lugares, Editorial Gredos, Madrid, 1986.
  • Rolle, Renate, The World of the Scythians, University of California Press, 1989.
  • Zaur Hasanov, “The cult of female warriors and rulers in the Scythian and Sarmatian cultures”, Annales Universitatis Apulensis, Series Historica 22/I: Archaeology of women. Mortuary Practices and Bioarchaeological Reconstruction, 2018, pp. 131-150.
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Estudié Historia por la Universidad de Granada para posteriormente especializarme en educación realizando el Máster en Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato. Siempre he estado interesada en extender el conocimiento histórico a todos los rincones, especialmente el relacionado con la vida cotidiana y la historia de las mujeres.