Lyudmila Pavlichenko: la famosa francotiradora del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial

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Creemos que sabemos todo sobre la Segunda Guerra Mundial, ¿verdad? ¡Es un tema tan trillado! ¡Cuánto nos han dado la murga! Que si nazis, que si hombretones batallando, que si Estados Unidos salvó al mundo… Mitos y mentirijillas, o verdades a medias, que se han ido perpetuando a través del tiempo. ¿Seguro que los estadounidenses fueron los “grandes salvadores”? Porque los soviéticos en este sentido tienen mucho que contarnos. Y, ¿seguro que las mujeres no estuvieron en pie de guerra? ¡Já! La amiga que os voy a presentar, Lyudmila Pavlichenko, es uno de tantos ejemplos de que las mujeres cargaron armas y sacaron pecho como las que más.

Porque lo cierto es que el Ejército Rojo le dio hasta en el cielo de la boca al ejército nazi (1) y que las francotiradoras soviéticas fueron el azote de Hitler y sus secuaces. Aunque sean episodios que no gusta recordar. Normal, la campaña “anti-Rusia” que se lleva haciendo around the world desde la Guerra Fría entra en conflicto directo con admitir que, en la derrota de Hitler, los soviéticos tuvieron mucho que ver. Si quieres vender que los comunistas rusos son el enemigo, no vas a presentarlos como unos héroes que se cargaron a los nazis. Mejor pintar a los capitalistas estadounidenses como “los mesías” de la guerra (2).

Por otro lado, si a las mujeres se nos borra de cualquier capítulo de la Historia, en temas bélicos ¡para qué contaros! Vivimos en un mundo machista que no acepta que las mujeres ocupemos según qué roles y espacios (3). Para muestra, el sexismo que Lyudmila Pavlichenko tuvo que aguantar tras combatir, o la polémica que sigue levantando.

Abierto el melón, como la música amansa a las fieras, subiré el telón de este humilde homenaje a Lyudmila Pavlichenko con una canción (4).

Mujeres rusas batallando: lo que no te han contado

Que las mujeres participasen en el ejército no era una novedad en Rusia. Ya en la Primera Guerra Mundial y en la Guerra Civil que vino después de la Revolución Bolchevique se habían formado batallones completos de mujeres soldado de infantería. Así, Rusia fue pionera en admitir a las mujeres en las filas del ejército y en asignarles misiones de combate (5). Cuando la URSS se metió de lleno en la Segunda Guerra Mundial – para ellos, la “Gran Guerra Patriótica” (6) –, un número inmenso de mujeres se movilizó por la causa. ¡Había que defender a la madre Rusia de los invasores nazis! (7). Así, más del 40% del personal sanitario en el frente eran mujeres (8). Además, las mujeres fueron parte activa del Ejército Rojo: para 1945, suponían casi el 10% del personal militar (9).

La importancia de la participación de las mujeres en el Ejército Rojo

Cuando Rusia consiguió la victoria sobre los nazis, aproximadamente un millón de mujeres habían servido en el ejército, en unidades femeninas o mixtas y en igualdad de condiciones respecto a sus camaradas hombres (10), incluso vistiendo (11), – igualdad que no se dio en otros ejércitos – (12). Ocuparon posiciones de mando, aunque no estuvieron al mando directamente de las tropas (13). Eso sí, le dieron un patadón a los roles y estereotipos de género (14) y fueron cruciales a la hora de derrotar a los nazis (15). En cuanto al reconocimiento de sus méritos, también se les trató igual que a los hombres, condecorándolas con honores, tanto militar como civilmente, y elevándolas a la categoría de heroínas (16).

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En particular, se les dio mucha publicidad a las francotiradoras – como nuestra amiga Lyudmila Pavlichenko –, ya que sus éxitos en batalla fueron memorables, lo que minó la moral de los alemanes de forma apabullante (17). Las mujeres también desempeñaron un papel más que protagonista en las fuerzas aéreas del Ejército Rojo – que se lo digan a nuestras amigas “Las Brujas de la Noche” – (18), pero ese es un capítulo que os contaremos en otra ocasión.

El problema – y la injusticia hacia estas valientes – fue que, tras la guerra, por un lado, desde Rusia se les empezó a restar importancia. Por otro, desde los estudios de Historia, las silenciaron e invisibilizaron – el androcentrismo, que hace estragos, amigas –. Y, para rematar, desde la perspectiva capitalista global, el papel que desempeñaron estas mujeres soviéticas ha sido pintado como mera propaganda comunista¡y eso no podía ser ni verdad, ni relevante, ni bueno! –. Total, que se juntó el hambre con las ganas de comer (capitalistas y patriarcales) y borraron de un plumazo a estas mujeres de las páginas de la Historia (19).

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Francotiradoras soviéticas en la Segunda Guerra Mundial: nazis en su punto de mira

Para situarnos, volvamos a las tropas femeninas soviéticas de tierra, cuyo papel fue decisivo para lograr la victoria en las grandes batallas que libró el Ejército Rojo contra los nazis (20). En concreto, nos vamos a centrar en las francotiradoras, que fueron unas dos mil y las putas amas cargándose a esos malnacidos que portaban esvásticas. ¡Los acojonaron! Tanto, que los nazis tenían instrucciones de ejecutarlas ipso facto si lograban capturarlas. Claro, que estas mujeronas no se lo pusieron fácil ni les iban a dar el gusto: se guardaban una última bala para usarla sobre sí mismas en el caso extremo de ser apresadas. ¡Zas, en toda la boca! Así que los machirulos mucho arios sacaron a pasear su misoginia y les dedicaron lindezas como “¡son unas bestias bolcheviques!” o “¡estas marimachos son unas amazonas que no tienen feminidad!”. La última carta, siempre es el machismo (21).

Resulta que las mujeres fueron jodidamente buenas a la hora de desempeñar el trabajo de francotiradoras. Eran pacientes, sigilosas y muy habilidosas a la hora de tirar. Además, podían disfrazarse de inofensivas campesinas y pasar desapercibidas ante el enemigo, para darle matarile sin pestañear. ¡Normal que a los nazis les temblasen las patillas! (22). Muchas fueron memorables y merecerían un artículo propio (23). Pero, en esta ocasión, os voy a contar la historia de Lyudmila Pavlichenko, por ser una de las más temidas – si no la que más – y porque, sin duda, fue la más famosa. Y no os imaginéis a una mujerona de tremendas dimensiones… ¡Para nada! Era tan poquita cosa, que se ocultaba en la copa de los árboles para dar caza a los alemanes (24). Desde luego, pesar poquito no la hizo menos eficaz. ¡Hasta la apodaron Lady Death! (25).

Lyudmila Pavlichenko, la heroína de Sebastopol

Lyudmila Pavlichenko ha pasado a los anales de la Historia por participar en dos batallas en las que repartió estopa a los nazis que dio gusto. Primero, participó en la defensa de Odesa (26) y, después, en el asedio a Sepastopol (27). Por su eficacia como francotiradora en ambas batallas, pues se cuenta que la colega tuvo los ovarios de cargarse ella solita a 309 nazis en cuestión de un año, fue condecorada con la medalla de Héroe de la Unión Soviética – la distinción militar más alta del país – y,  también, recibió dos veces la Orden de Lenin – la designación civil más alta de la Unión Soviética –. Así, la galardonaron con los mayores honores que podían recibirse (28).

Además, sus heroicidades en el sitio de Sebastopol también han servido para titular un biopic que le dedicaron hace unos añitos (29). Que no todo va a ser pelis de machirulos dándose de leches en la Segunda Guerra Mundial. Está bien que desde el cine se nos ofrezcan – por fin – otras facetas de la guerra.

Pero no vamos a empezar la casa por el tejado. Vamos a retroceder unos añitos para revivir la vida de Lyudmila Pavlichenko desde sus inicios, pues ya desde pequeñita despuntó por tener las cosas muy claritas  y por salirse de toda norma.

La pequeña Lyudmila Pavlichenko: una infancia interrumpida

Lyudmila Pavlichenko nació en 1916, en Ucrania (30), y desde pequeña se pasó por donde no le daba el sol los roles y estereotipos de género. Le encantaba competir en diversas actividades contra los chicos, para demostrarles que las chicas podían ser igual de buenas que ellos e incluso mejores. Así que desde chiquitita le empezó a picar el gusanillo por el campo de tiro (31). Y ahora, me toca contar un episodio que no suele relatarse a la hora de biografiarla – aunque ella sí lo narra en sus memorias –: mientras estaba cursando la secundaria, se cruzó en su camino Aleksey Pavlichenko, un tiparraco mucho mayor que ella, y la dejó embarazada. Lyudmila se casó y dio a luz a un niño, Rostislav, con solo quince añitos. Y, en menos que canta un gallo, se separó de su marido (32).

Al quedarse embarazada, tuvo que dejar la escuela y, como en su pueblo las habladurías no cesaban, se mudó con su familia a Kiev, en 1932. Al pequeño Rostislav lo crio la madre de Lyudmila, y tuvo una vida feliz. Esto le permitió a Pavlichenko seguir estudiando y formándose. Los biógrafos de Lyudmila suelen evitar toda mención a su hijo, pues no encaja en la inspiradora historia de la mujer francotiradora (33). Pero aquí hemos venido a contar la verdad, no a maquillarla. Además, que siendo prácticamente una niña Lyudmila tuviese un hijo y su familia la ayudase a criarlo para que la adolescente Lyudmila tuviese un futuro mejor, no empaña en absoluto ninguna de sus heroicidades. Tampoco el hecho de que fuese una mujer ejemplar, que luchó por su proyección profesional.

Dejemos el mito de la “buena madre” que lo sacrifica todo aparcado en el cajón de los prejuicios machistas y empaticemos con las circunstancias de Lyudmila.

No me digas lo que no puedo hacer

En Kiev, Lyudmila se apuntó a clases de francotirador. Así, obtuvo su certificado como francotiradora, pues ya apuntaba y tiraba que daba gusto. Acto seguido, empezó a currar en una planta de armas local. A la vez, también se sacó el título de secundaria que había dejado a medias (34). Como supondréis, todo esto – y lo que vendrá – hubiese sido imposible si la madre de Lyudmila no se hubiese encargado de su nieto. Llamadme loca, pero no creo que sea reprochable que Lyudmila, tras un embarazo a los quince años, tuviese una segunda oportunidad para crecer en todos los sentidos. Era lo que le correspondía a su edad.

lyudmila pavlichenko hijo marido Kiev

Porque Lyudmila, además del rifle, tenía otras inquietudes más intelectuales. Así que en 1936/1937 se matriculó en la Universidad de Kiev, en Historia. Pasó sus añitos en la Uni formándose para ser profe, mientras competía en el equipo de atletismo y seguía afinando su puntería en una escuela de francotiradores (35). Como veis, Lyudmila no cumplió con el estereotipo de mujer sumisa, metidita en casa y criando su prole – y más, cuando la prole le vino por accidente, siendo una cría –. Lo suyo era más bien eso de mens sana in corpore sano, apuntando certeramente para vencer. Y sin perder nunca de vista su carrera profesional.

Lyudmila Pavlichenko en la Gran Guerra Patriótica

Pero en junio de 1941 Alemania comenzó la invasión de la Unión Sovíetica y Lyudmila, que entonces tenía 24 años y estaba cursando su 4º año de carrera, supo exactamente qué tenía que hacer. Sin titubear, recogió sus bártulos y se plantó en la oficina de reclutamiento de Odesa, para alistarse en el Ejército Rojo. En aquel entonces, aun no aceptaban a mujeres para que combatiesen, así que trataron de convencerla para que se alistase como enfermera. Pero Lyudmila Pavlichenko no estaba dispuesta a claudicar. Sacó su diploma de tiro y, tras demostrar sus habilidades tumbando a unos rumanos – colaboradores de los alemanes –, fue inscrita en la 25ª División de Fusileros, como francotiradora. En este momento, fue también cuando se separó de su hijo, durante casi tres años (36).

“Si mato a un alemán, estoy salvando vidas” (37)

Durante dos meses y medio, la camarada Pavlichenko estuvo repartiendo estopa a los nazis en Odesa. No se le dio nada mal, pues se cargó a 187 malnacidos, pero le costó lo suyo: la hirieron, pasó a ser cabo, luego sargento menor, más de una vez su vida peligró… (38). Y es que el trabajo de francotiradora era de todo menos fácil. Lyudmila aguantaba quince horas sin moverse y sin hacer el menor ruido para no ser cazada por los francotiradores enemigos, por eso no pasaba más de dos días en el mismo puesto de tiro, y solo disparaba si estaba segura de que iba a dar en el blanco, pues un solo disparo fallido delataría su posición (39).

Finalmente, el ejército rumano – amiguis de los nazis – tomó el control de Odessa y Lyudmila, ya ascendida por sus logros a sargento mayor, se unió al regimiento que puso rumbo a Sebastopol, donde llegó en noviembre de 1941, para defender la ciudad del asedio al que estaba sometida (40). Allí luchó durante ocho meses y el recuento de sus muertes confirmadas no hizo más que aumentar; hasta 257 para ser exactas. Por ello, recibió otro ascenso, esta vez, a teniente (41).

lyudmila pavlichenko la francotiradora de stalin batalla por sebastopol

La teniente Pavlichenko, el azote de los nazis

Pero conforme aumentaban sus logros, también lo hacía la peligrosidad de sus misiones: se le asignaron contraataques y duelos con francotiradores enemigos. Todos los ganó: derribó a 36 francotiradores adversarios. Pero Lyudmila también recibió lo suyo: a estas alturas, ya había sido herida en tres ocasiones y había sufrido cuatro conmociones cerebrales (42).

Sacó de quicio por completo a los nazis, quienes la apodaron “Dama de la Muerte”. Pavlichenko contaba cómo, al principio, los nazis jugaron a vacilarle: Lyudmila, bonita, ven con nosotros que te vamos a dar chocolate. Pero pronto cambiaron ese tono jocoso por auténticas amenazas: ¡Será mejor que te apartes de nuestro camino, Pavlichenko! ¡Si te atrapamos, te despedazaremos en 309 pedazos y los esparciremos a los vientos! – Supuestamente conocían el número de alemanes que se había cepillado – (43).

Lyudmila estuvo dándoles para el pelo, hasta que en junio de 1942 resultó herida y la evacuaron de Sebastopol. Así, los altos mandos soviéticos la retiraron del campo de batalla. Tras haber obtenido el récord de 309 muertes confirmadas, era un activo demasiado valioso como para arriesgarse a perderla. A partir de ahora, sus cometidos serían conseguir aliados extranjeros y entrenar a otros francotiradores (44).

Lyudmila Pavlichenko go to USA

Estando en el hospital, la condecoraron con la Orden de Lenin – la primera que recibiría –. Cuando Lyudmila se recuperó por completo de sus heridas, su nueva misión no fue seguir batallando, sino hacer propaganda para conseguir aliados contra los alemanes. Así que la teniente soviética, altamente condecorada, viajó en agosto de 1942 a Estados Unidos, en representación de la URSS, para conseguir el apoyo estadounidense con el fin de abrir un segundo frente contra los nazis en Europa. En Washington se celebró una Asamblea Internacional de Estudiantes y Lyudmila fue elegida para formar parte de la delegación soviética (45).

Su primera parada fue la Casa Blanca. La Primera Dama, Eleanor Roosevelt, la recibió – Pavlichenko fue el primer soviético al que recibieron allí – y las dos mujeres hicieron buenas migas. Tanto, que Eleanor le pidió a Lyudmila que la acompañase en una gira por los Estados Unidos, para que les contase a los estadounidenses su experiencia como mujer combatiente. Pavlichenko aprovechó para convencer a los estadounidenses de lo necesario que era abrir un segundo frente contra Hitler en aras de ganar la guerra, y se hizo una buena tournée por las principales ciudades (Nueva York, Chicago, Los Ángeles, San Francisco…). Teniendo en cuenta que no hablaba ni papa de inglés, tuvo su mérito (46).

Eleanor Roosevelt primera dama gira americana

Entrevista con el machismo

Pero a la prensa estadounidense se la soplaba por completo la experiencia de Lyudmila Pavlichenko en el frente, ni lo que tuviese que contar a cerca de la guerra ni de qué estrategias se barajaban para darle una patada en el culo a Hitler. Los periodistas estuvieron más interesados en saber por qué no llevaba maquillaje, o en apuntar su “falta de estilo” señalando su falda, que era más larga que las faldas que estaban de moda – la teniente Pavlichenko hacía sus intervenciones vestida de uniforme, como no podía ser de otro modo –. Así que el sexismo hizo su ridícula aparición en plena gira americana de Lyudmila (47), poniendo de manifiesto lo poco que se tomaban en serio los estadounidenses a las mujeres combatientes (48) y lo terriblemente misóginos que eran como sociedad.

En lugar de interesarse en cómo había sido su experiencia en el campo de batalla, o en escuchar qué era lo que tenía que proponer para ganarles la guerra a los nazis, los periodistas le preguntaron por su lencería (49). Es más, hasta le preguntaron qué marca de cigarrillos fumaban las mujeres rusas combatientes o si se les permitía maquillarse en el frente – sí, como leéis –. Lyudmila, patidifusa ante tremenda estupidez, vino a responder algo así como: a ver, nadie prohíbe nada, pero, hijos de mi vida, ¿creéis que estamos pensando en empolvarnos la nariz mientras combatimos contra los nazis? (50).

Porque, sí, amigas, estos hombretones no se tomaron en serio a Lyudmila Pavlichenko. Ni se esforzaron si quiera por entender la labor que había realizado. Si tenían a una mujer delante, había que sacar a relucir gilipolleces de moda y estilo, porque veían a las mujeres como objetos bellos; como floreros. ¿Para qué escuchar su experiencia en combate?

Lyudmila Pavlichenko hasta el mismísimo… uniforme

Las insolencias de la prensa hacia Lyudmila no quedaron ahí. En Nueva York, la recibieron el alcalde y un representante del Sindicato Internacional de Trabajadores de la Piel y el Cuero, quien le obsequió con un abrigo. La prensa recogió la noticia lamentándose del desperdicio que era regalarle esa prenda, pues iba a acabar “en las sangrientas estepas de Rusia” cuando Pavlichenko regresase a casa (51). Vamos, que la trataron de marimacho. Y, por si no era suficiente, en Boston, la prensa volvió a meterse con el largo de su falda, porque “la hacía gorda” y empezaron a ridiculizarla, contando cómo se apretaba unos desayunos de escándalo (52).

Total, que llevaron a Lyudmila al límite y la mujer ya estaba hasta los ovarios de tanto imbécil machista. Cansada de que la humillasen por su aspecto, en una entrevista sentenció – y dejó calladito a más de uno –: mirad, queridos, llevo mi uniforme con honor, y me he dejado la piel en la batalla. Hasta he sido condecorada con la Orden de Lenin. Pero vosotros, ridículos mentecatos, ni siquiera sabéis que carajo significa todo esto, porque solo os preocupa si una mujer lleva bragas de seda bajo el uniforme… (53). Y añado: amiga Lyudmila, estamos contigo; si hubieses sacado a pasear tu rifle, no te lo habríamos reprochado.

Pero, tras estas insolencias, Lyudmila consiguió dar su mensaje y transmitir la necesidad de que Estados Unidos se uniese como aliado en la guerra contra el nazismo. Además, visibilizó que las mujeres, no solo eran capaces, sino que eran esenciales en el combate (54). En Chicago, también se encargó de sacarles los colores a los americanitos:

“¡Caballeros! Tengo veintiséis años. En el frente he eliminado a 309 soldados y oficiales fascistas. ¿No creen, señores, que llevan demasiado tiempo escondiéndose detrás de mí?” (55).

La vuelta a casa de la heroína Pavlichenko

Finalmente, Lyudmila dejó impresionados a los estadounidenses. Normal: los aplausos a su declaración anterior los escucharon hasta en Rusia. Hasta hubo quien le escribió una canción – la podéis disfrutar al comienzo de este artículo –. Así que continuó con su gira, abogando por la necesidad de un segundo frente aliado, por Canadá e Inglaterra (56). En enero de 1943, volvió a casa (57), la ascendieron a comandante y la condecoraron con el título de Héroe de la Unión Soviética. También recibió por segunda vez la Orden de Lenin. Todo este marketing que la rodeó tenía una explicación: las soviéticas necesitaban un modelo heroico en el que mirarse, pues el Ejército Rojo, en este momento, ya aceptaba masivamente a las mujeres para combatir. Así, Lyudmila se convirtió en un símbolo (58).

Lyudmila Pavlichenko Héroe de la Unión Soviética Orden de Lenin

La vida después de los flashes

Lyudmila se dedicó a entrenar a otros francotiradores hasta el final de la guerra, en 1945, aunque en alguna ocasión volvió al campo de batalla – en contra de lo que se suele creer – (59). Después, terminó sus estudios en la Universidad de Kiev y se graduó en Historia. Se mudó a Moscú, a un apartamento con su madre y con su hijo, y trabajó como adjunta en el Departamento de Historia Naval de la Academia Naval de Leningrado y como investigadora del Grupo de Historia de Flotas de la Dirección Científica Naval del Estado Mayor de la Armada. En 1953 se jubiló, debido al estrés postraumático que arrastraba desde la guerra, e ingresó en el “Comité Soviético de Veteranos de Guerra”. Desde 1964, también fue miembro de la Unión de Periodistas de la URSS (60). En plan conmemorativo, los soviéticos imprimieron dos sellos postales en su honor (61).

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Como curiosidad, os contaré que en 1957, Eleanor Roosevelt le devolvió la visitilla a Lyudmila en Moscú, en plena Guerra Fría. A pesar de que la cosa estaba tensa, pudieron verse – bajo supervisión, eso sí – y recordar sus batallitas juntas (62). Sororidad entre rivales, en estado puro.

La sombra de la sospecha

Recientemente, no han faltado quienes han tratado de tirar por tierra la imagen de Pavlichenko. Os podéis imaginar hacia donde cojean. Y se basan única y exclusivamente en las dudas que plantea una historiadora (63). Sin desmerecer el trabajo de esta señora, cabe aclarar que lo que expone son hipótesis, no la verdad absoluta.

Pone en duda si la cifra exacta de las muertes que provocó Pavlichenko es 309, porque los registros, tras el desastre de Sebastopol, quedaron destruidos (64). Pero, honestamente, basar la credibilidad de Pavlichenko en una cifra, es hasta ridículo. Y si los registros no existen, es tontería debatir sobre ello. Entiendo que a los humanos nos encanta hacer listas y etiquetar como “el mejor” o “el peor”, en base a números, pero reducir a eso la experiencia de cualquiera es frívolo, superficial y absurdo.

También plantea la duda de por qué no recibió medallas en batalla – como sus compañeros – sino después. Con ello, cuestiona – de nuevo – si de verdad fue tan buena francotiradora (65). Pero se olvida de un detalle: Pavlichenko fue una pionera en combate. No fue hasta 1943 cuando las francotiradoras se alistaron masivamente en el Ejército Rojo, y se dio aquella igualdad entre sexos de la que os hablé al principio de este artículo (66). ¿De verdad suena raro que, en un principio, no condecorasen a una mujer? Recordemos que Pavlichenko combatió el primer año de guerra… Además, sí sabemos cómo fue ascendiendo de rango conforme obtenía logros, entonces, ¿por qué infravalorarla?

El valor de la palabra de Lyudmila Pavlichenko

Por último, esta historiadora viene a decir que las memorias de Pavlichenko parecen una novela, como forma de cuestionar la veracidad de su testimonio. Además, plantea que si realmente fue herida en la cara cuando la evacuaron de Sevastopol, como la propia Pavlichenko relata en ellas, cómo es que no se le ven cicatrices en las fotografías que le tomaron posteriormente. La respuesta es sencilla: Pavlichenko posiblemente decoró este episodio, para dramatizarlo. Y es que, seguramente, no la hirieron en la cara, sino en las piernas, como apuntan otras fuentes (67).

Sí, claro que Pavlichenko se tomó sus licencias a la hora de relatar sus vivencias, y seguramente exagerase ciertos aspectos, maquillases algunos o callase otros. Pero el fondo de su experiencia sigue siendo el mismo. ¿Por qué debemos menospreciarla? ¿Acaso cuestionamos el testimonio de todos los héroes de guerra? ¿Nos vamos a echar las manos a la cabeza porque alguien se tome ciertas libertades creativas a la hora de narrar sus memorias? Si es así, desde ya os digo que ninguna autobiografía sería aceptable. Entre el puntillo narcisista que todos tenemos y lo mala amiga que es la memoria humana (68), apaga y vámonos. – Aclarar que si tenemos en cuenta los conocimientos que tenemos sobre la memoria, lo más probable es que Lyudmila no mintiese en sus memorias deliberadamente – (69).

Por eso unas memorias no deben tomarse a pies juntillas ni mucho menos como única fuente a la hora de reconstruir una historia. Como tampoco las hipótesis que planté una única fuente deben tomarse como verdad absoluta. Un poquito de pensamiento crítico, por favor, en todos los sentidos.

El precio de la fama

El caso es que Pavlichenko hizo mucho ruido y fue muy famosa en su momento. Y eso se ve que molesta, y mucho. ¡Mujer y soviética tenía que ser! Seguramente ella exageró al relatar algunos episodios y claro que la URSS la convirtió en un espejo para que se mirasen las demás combatientes, posteriores a ella. Pero nada de eso resta importancia a la figura de Lyudmila Pavlichenko. Fue una pionera, desempeñó un trabajo “de hombres” en una época “de hombres” y fue una embajadora de la URSS como la copa de un pino. Y además, se enfrentó al sexismo que le tocó sufrir en sus carnes como toda una diosa. También, fuese como fuese, inspiró y abrió camino a las mujeres que llegaron después. Su historia no infravalora a la de las demás, por lo que tampoco se debería menospreciarla para ensalzarlas a ellas (70).

Matase a 309 nazis o a 235, la sacasen por sus heridas del campo de batalla o por estrategia propagandística, y aunque se negase en Estados Unidos a demostrar su destreza como tiradora – no sé de qué nos extrañamos, sabiendo cómo la trataron; yo también me negaría a cualquier petición que me hiciese esa panda de machistas –, sigo encontrando motivos de sobra para admirarla (71). Ninguna de esas “sospechas” es una prueba irrefutable que tire por tierra a Pavlichenko. Es indiscutible que batalló en Odesa y en Sebastopol, así como su labor en la gira por occidente (72). Ponerse a cuestionar los detalles de su relato, es quedarse en la espuma del mar.

Hasta siempre, Pavlichenko

De sobra es sabido que las guerras las carga el diablo, y que el peaje que se paga tras experimentar una experiencia de ese calibre es muy caro. Así, Lyudmila sufrió años de secuelas: padeció depresión y estrés postraumático – aspectos que también se deberían tener en cuenta, para empatizar un poquito con ella, y no ser tan osados a la hora de cuestionar su relato –. Hasta que, en 1974, falleció a causa de un derrame cerebral. A día de hoy, Rusia la recuerda como una heroína y como la francotiradora más exitosa de la Historia (73). Es de justicia que os haya contado su vida y que todas la recordemos como un referente de valentía y de lucha contra los estereotipos y roles de género.

Liudmila Pavlichenko francotiradora heroína soviética ucraniana

Para despedirme, amigos, os dejaré un simple eslogan, a modo de recordatorio: sin nosotras, no habrá revolución. Y a ti, amiga Lyudmila, adornases más o menos tu historia, gracias por haberte cargado tantas normas patriarcales. Tu ejemplo nos hace un poco más libres. Que la tierra te sea leve, camarada.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) En junio de 1941, Hitler lanzó la Operación Barbarroja (Glantz y House, 2015, pp. 34-37) y la Wehrmacht  comenzó la invasión de la Unión Soviética (Gentry, 2021). En noviembre, la Wehrmacht había empujado al Ejército Rojo a las puertas de Moscú (Glantz y House, 2015, pp. 71-97). Sin embargo, menos de cuatro años después, en 1945, la Bandera Roja, con la hoz y el martillo, ondeaba sobre las ruinas del Reichstag (Berlín) (“El 29 de abril, contra una fanática resistencia, las tropas del 79º Cuerpo de Fusileros del 3º Ejército de Choque del 1º Frente Bielorruso comenzaron la simbólica lucha por el Reichstag. Al día siguiente, exploradores de la 150ª División de Fusileros alzaron la Bandera Roja sobre el edificio”. Glantz y House, 2015, p. 264): la Unión Soviética triunfó sobre la Alemania nacionalsocialista, en el que fue, sin lugar a dudas, el frente decisivo de la Segunda Guerra Mundial. Glantz y House, 2015, pp. 250-283.

(2) “Lentamente, a mediados de mayo de 1945, los disparos cesaron y la guerra en Europa llegó gradualmente a su fin. Habiendo, a un gran coste humano, capturado Bucarest, Belgrado, Varsovia, Budapest, Viena, Berlín y Praga, a la destrozada Wehrmacht, los soviéticos, por derecho, habían reclamado indiscutiblemente la parte del león del botín de esta victoria sobre la Alemania Nazi. En las impresiones occidentales, sin embargo, las consecuencias políticas de esa victoria despojaron a la Unión Soviética de ese derecho. En unos pocos años, los horrores de la guerra fueron reemplazados por la amenaza de la Guerra Fría, y las sospechas pronto oscurecieron el sufrimiento y el triunfo sin precedentes de los pueblos soviéticos”. Glantz y House, 2015, p. 269. “(…) el anticomunismo imperante del que se contagió la historiografía occidental – en especial, el odio que despertó la figura de Stalin –”. Manzanera, 2016, p. 71.

(3) “En la Primera Guerra Mundial, en Inglaterra, las mujeres fueron admitidas en las Reales Fuerzas Aéreas, entonces formaron el Cuerpo Auxiliar Femenino y la Sección Femenina de Transporte; en total, cien mil efectivos. En Rusia, Alemania y Francia también hubo muchas mujeres sirviendo en hospitales militares y trenes sanitarios. Pero fue durante la Segunda Guerra Mundial cuando el mundo presenció el auténtico fenómeno femenino. Las mujeres sirvieron en las fuerzas armadas de varios países: en el ejército inglés (doscientas veinticinco mil), en el estadounidense (entre cuatrocientas mil y quinientas mil), en el alemán (quinientas mil)… En el ejército soviético hubo cerca de un millón de mujeres”. Alexievich, 2015, p. 5. “Si bien las mujeres han ganado un terreno inmenso en las luchas por la igualdad de oportunidades, la discusión sobre las mujeres en combate sigue siendo un tema polémico. Los debates contemporáneos sobre la idoneidad de las mujeres en las operaciones de combate se centran en cuestiones que cuestionan la efectividad en el combate de las unidades militares de género mixto y tienden a utilizar argumentos de base biológica y psicológica. (…) las mujeres, por naturaleza, no están física y mentalmente aptas para actuar en combate. (…) los hombres no podrían controlar sus propios impulsos físicos y mentales alrededor de las mujeres en una situación de combate”. DeLance, 2016, p. 2. “Muchos opositores a las mujeres en combate citan estudios científicos en un intento de establecer los defectos de las mujeres como un hecho. Uno de estos estudios de 2015 realizado por la Infantería de Marina concluyó que las unidades de géneros mixtos no son tan precisas en el campo de tiro del rifle, son más propensas a lesionarse y obstaculizan la cohesión de la unidad, sin tener en cuenta las múltiples fallas en la metodología y las diferencias en el entrenamiento entre hombres y mujeres. El debate ha evolucionado, pero sigue existiendo, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el presente”. Noble, 2019, pp. 18-19.

(4) Lyudmila Pavlichenko, durante su gira por Estados Unidos, en la que habló de segregación racial dentro del Ejército Rojo y la igualdad de género, impresionó a los estadounidenses e incluso inspiró al cantante antifascista estadounidense Woody Guthrie (1912-1967) a escribir esta canción sobre ella, titulada “Miss Pavlichenko”, escrita e interpretada en 1946. Biblioteca Central del Distrito Urbano de la ciudad de Agidel de la República de Bashkortostán, 2020, p. 5. Gentry, 2021. Noble, 2019, pp. 23 y 114. Zhukova, 2019, p. 9.

(5) Brayley, 2012, p. 37. “Se estima que unas seis mil mujeres rusas, camufladas, lucharon como soldados en la I Guerra Mundial (…) a raíz de la Revolución de 27 de febrero de 1917 se les permitió agruparse en batallones”. “Durante la Guerra Civil, 1918-1920, ochenta mil mujeres sirvieron como soldados en el Ejército Rojo contra el Ejército Blanco”. Huguet, 2019, pp. 48-49 y 59. “Durante la I Guerra Mundial Rusia se convirtió en el primer país en permitir la entrada sistemática de mujeres en el Ejército, y no sólo para desempeñar labores en la retaguardia, sino también en misiones de combate e incluso en unidades formadas exclusivamente por féminas”. Manzanera, 2016, p. 67. “De 1917 a 1944, la URSS fue un gigantesco laboratorio de experimentación social y, en este sentido, el caso de la mujer soviética resulta ejemplar”. Navailh, 1993, p. 284.

(6) Autoproclamada así por los soviéticos. Cassin-Scott, 2012, p. 42. Glantz y House, 2015, p. 270. O “Gran Guerra Patria”. Бегунова, 2014, p. 30. Brayley, 2012, p. 37.

(7) Zhukova, 2019, p. 8. “En contraste con los alemanes, los soviéticos movilizaron a sus mujeres temprano, pasando por alto la etapa ‘auxiliar’ por completo”. Campbell, 1993, p. 318. De Jesus Reyes, 2017, pp. 4-7. La Unión Soviética “se apoyó en la participación directa de las mujeres para ganar la guerra. Miles de mujeres rusas sirvieron en la artillería y en unidades de tanques, y formaron regimientos en la fuerza aérea”. Anderson y Zinsser, 2007, p. 806. “Fue en la Unión Soviética donde las mujeres cruzaron la última barrera y formaron verdaderas unidades de combate. Las pasmosas pérdidas sufridas por la URSS (…) en los primeros seis meses de ininterrumpidas victorias alemanas, causaron tal desesperada escasez de personal de todo tipo que las distinciones entre sexos se abandonaron rápidamente”. Cassin-Scott, 2012, p. 41. Zaloga, 2011, p. 10. “Hombres y mujeres que habían sido apáticos con ese régimen no pudieron evitar la implicación física y emocional en la lucha contra el invasor. Enfatizando el patriotismo en lugar de la pureza marxista, los comunistas se identificaron con la supervivencia de toda la nación”. Glantz y House, 2015, p. 283. “Ese verano y otoño, miles de mujeres jóvenes reaccionaron y actuaron (…) Fueron a sus comités de reclutamiento militares locales, a las células de la Liga de Jóvenes Comunistas locales y a las organizaciones del partido locales esperando y pidiendo que se les concediera el derecho a luchar”. Krylova, 2004, p. 626. “Se apuntaron jóvenes en masa (la mayoría tenía menos de 20 años), movidas por algo más que un sentimiento puramente patriótico; buscaban ayudar a librarse (y a liberarse) del nazismo (…) Hubo tantas que se optó por crear tres regimientos: 586º Regimiento de Aviación de Caza, 587º Regimiento de Bombardeos y 588º Regimiento de Bombardeo Nocturno”. Manzanera, 2016, p. 68. Además, “Cuando estalla la guerra, el 22 de junio de 1941, 13 millones son movilizados o van a trabajar en las industrias de armamento. En muy poco tiempo, la mano de obra agrícola está formada por un 70% de mujeres. (…) En 1945 constituyen el 56% del total de obreros y empleados (la cifra más alta de toda la historia de las mujeres soviéticas). El abanico de los empleos va de simple peón a responsable de alto nivel. La guerra apresura la promoción de la mujer, mejora las cualificaciones y acelera la desaparición de los arcaísmos en Asia Central y en el Cáucaso”. Navailh, 1993, p. 306.

(8) “Más de 400.000 mujeres fueron adiestradas, principalmente como médicos, enfermeras, celadoras y camilleras”. Brayley, 2012, p. 37. “Sumaban alrededor de un 40% de los médicos, el 43% de los asistentes médicos y el 100% de las enfermeras y no trabajaban sólo en la retaguardia o en hospitales de campaña. A menudo entraban en el campo de batalla para socorrer a heridos; bajo el fuego y armadas por si habían de disparar. Por eso se consideraban parte del ‘segundo frente’, en el que también estaban las encargadas del abastecimiento y la logística”. Manzanera, 2016, p. 71. “Al principio las mujeres sirvieron en roles no combatientes, los usuales de sanidad, comunicaciones, transporte y logística comunes a todos los servicios femeninos”. Cassin-Scott, 2012, p. 41. “Sin embargo la situación empeoró de tal modo que las mujeres fueron finalmente admitidas para combatir”. Zaloga, 2011, p. 10.

(9) Brayley, 2012, p. 37. Campbell, 1993, pp. 318 y 320. “A principios de octubre de 1941, el gobierno soviético anunció la movilización voluntaria de mujeres en el ejército de campaña (“Al principio de la contienda, miles de jóvenes soviéticas pidieron ingresar en el Ejército, pero fueron rechazadas. Sin embargo, cuando la Whermacht pasó a amenazar directamente a Rusia, Stalin (…) se vio obligado a aceptarlas. Con los nazis cada vez más cerca de Moscú, en 1941 se aprobó crear el Grupo Aéreo 122, una unidad para entrenar a mujeres, desde personal de tierra a pilotos”; Manzanera, 2016, pp. 67-68). Durante el transcurso de la guerra, 800.000 mujeres jóvenes fueron enviadas al frente ”. “El reclutamiento voluntario de mujeres con o sin entrenamiento militar fue anunciado a través de las organizaciones OSOVIAKHIM y Komsomol”. Krylova, 2004, pp. 626-627 y 648. “Aunque el reclutamiento de mujeres en el Ejército Rojo era oficialmente voluntario, hay evidencia que sugiere que la masa de reclutas en 1942 y 1943 fue organizada por el Komsomol (la división juvenil del Partido Comunista). Estos reclutamientos fueron limitados después de la resolución del Comité Central del Komsomol del 3 de febrero de 1943, que ‘prohibió específicamente el reclutamiento de mujeres que eran las principales cuidadoras de sus familias’”. De Jesus Reyes, 2017, pp. 12-13. “No hubo un reclutamiento obligatorio sistemático de mujeres para las fuerzas armadas, pero tan completa fue la ruptura de toda vida normal en la URSS, y tan alta la proporción de civiles que entraron abruptamente en contacto con la lucha, que los llamamientos del Gobierno solicitando voluntarias (…) encontraron una rápida respuesta”. Cassin-Scott, 2012, p. 42.

(10) “En el ejército soviético hubo cerca de un millón de mujeres. Dominaban todas las especialidades militares, incluso las más ‘masculinas’”. Alexievich, 2015, p. 5. “Francotiradoras, zapadoras, comandantes de cañones antiaéreos, instructoras, pilotos, tanquistas…”. En el Ejército Rojo sirvieron entre 800.000 y un millón de mujeres soviéticas. Manzanera, 2016, pp. 66-67. “80 mil de las cuales eran oficiales soviéticas. Sirvieron en casi todas las unidades de combate, dominando diversas profesiones tan necesarias en el frente: enfermeras militares, señaleros, ametralladores, pilotos y subfusiles”. Zhukova, 2019, p. 8. “La barrera de los cometidos sanitarios y administrativos aceptados universalmente fue superada muy pronto y al llegar el día de la Victoria en Europa, un millón aproximado de mujeres (tres cuartas partes, conscriptas) habían servido como tiradoras de ametralladora, zapadoras de combate, transmisiones, artilleras antiaéreas, telegrafistas, conductoras de camiones, motoristas de enlace, carristas, sirvientes de cañones autopropulsados y exploradoras de reconocimiento, con frecuencia en unidades mixtas y en total igualdad con los hombres. (…) Si bien las mujeres soviéticas no servían por lo general en las filas de las unidades de infantería, llevaban a cabo numerosos cometidos de combate. Unas 300.000, casi un tercio del total, sirvió en la organización antiaérea. En Moscú, en 1941, se formó al menos un regimiento de mujeres fusileras y tal vez incluso una brigada. En la Escuela Central de Mujeres Tiradoras de élite se graduó casi un millar de ellas y un número desconocido de mujeres combatió en unidades mixtas de carros de combate y cañones autopropulsados”. Brayley, 2012, pp. 37-38. “Muchas fueron capacitadas en unidades exclusivamente femeninas. Aproximadamente un tercio del número total de mujeres en servicio recibió instrucción adicional en morteros, ametralladoras ligeras y pesadas o rifles automáticos. Otras trescientos mil sirvieron en unidades AA y realizaron todas las funciones de las baterías, incluido el disparo de las armas”. Campbell, 1993, pp. 318-319. “Entre las 800.000 mujeres enviadas al frente había miles de comandantes de subdivisiones de fusileros, ametralladoras y morteros. Solo en 1943, 1.388 mujeres comandantes de infantería se graduaron de la escuela de infantería de Riazan. Las mujeres también lucharon en unidades blindadas y de artillería como comandantes de tanques, francotiradores de tanques y operadores de armas de campaña”. Krylova, 2004, pp. 648-649. “Estas mujeres se desempeñaron en todos los aspectos del campo de batalla (…) Recibieron el mismo entrenamiento que los hombres y demostraron ser tan capaces como sus compañeros masculinos”. Noble, 2019, p. 1.

(11) “Las mujeres en servicio con las fuerzas armadas soviéticas llevaban exactamente el mismo uniforme e insignias que sus camaradas masculinos, a excepción del uso de faldas caqui (y a veces azul oscuro) con el uniforme de servicio”. Cassin-Scott, 2012, p. 43. “Aunque muchas mujeres usaban pantalones de hombre”. Brayley, 2012, pp. 37-38. “Los uniformes que recibieron fueron diseñados para hombres”. Campbell, 1993, p. 318.

(12) “La URSS fue el único contendiente que admitió mujeres en unidades de combate” “muy por delante de otros países que no empezarían a hacerlo hasta décadas después”. Manzanera, 2016, pp. 66 y 71. Las diferencias por sexos que se establecieron en los ejércitos alemán, estadounidense y británico, en cuanto a funciones y condecoraciones, no se dieron en el ejército ruso. Campbell, 1993, pp. 317 y 319. DeLance, 2016, p. 2. “Este sesgo occidental de no permitir que las mujeres entrasen en combate se debe en parte a su participación cuidadosamente regulada en la Segunda Guerra Mundial en el frente interno. Las mujeres estadounidenses, canadienses y británicas fueron la fuente constante de argumentos de todo tipo, desde lo que deberían usar hasta las implicaciones de que las mujeres apretasen los gatillos de los emplazamientos antiaéreos. A menudo, la discusión se centró en la preocupación moral de tener a las mujeres como asesinas activas”. Noble, 2019, p. 18.

(13) Huguet, 2019, p. 62.

(14) “La inclusión de la guerra en el ámbito de los derechos de la mujer supuso un gran desafío para sobrevivir a las nociones tradicionales de lo femenino y masculino, así como a las tradicionales divisiones de responsabilidades y prerrogativas por género que las sociedades europeas asignaban y aún asignan a sus ciudadanos. Los nuevos hombres y mujeres militares en la prensa, la literatura, el hogar y el ejército soviéticos comenzaron a compartir cualidades y estilos de vida que pertenecían a mundos de géneros diferentes. La imagen de una mujer joven como francotirador o piloto de bombardero derrotando al enemigo combinaba lo convencionalmente incompatible: feminidad y destreza militar; la determinación de matar y la maternidad; coraje y sangre fría disciplinada”. “Las expectativas de estas mujeres sobre su inclusión en libros de historia y ficción nunca se cumplieron. Las mujeres con armas en la mano, que se destacaban en morir y matar, provocaron una inesperada hostilidad popular y una intensa y desorganizada hacia el sacrificio femenino. Esta reacción salió a la luz en historias y rumores populares, invadió la literatura soviética y sobrevivió en las memorias de mujeres combatientes. La reacción violenta reinterpretó radicalmente los significados asignados a la lucha femenina por la cultura oficial. (…) Ya en la literatura soviética en 1943, las mujeres luchando en el frente y matando al enemigo dieron paso a imágenes de esposas y jóvenes civiles esperando que los hombres regresaran a casa”. Krylova, 2004, pp. 647 y 649-650. “Esenciales para el éxito aliado en el frente oriental, las mujeres llegaron a controlar todas las especialidades militares, incluidas las consideradas más masculinas”. Manzanera, 2016, p. 67.

(15) “(…) lo que está claro es que difícilmente la URSS habría tenido el protagonismo que tuvo en la derrota nazi de no ser el rol desempeñado por las mujeres del Ejército Rojo. Sin su aportación, es posible que el desenlace hubiera sido diferente”. Manzanera, 2016, p. 71. Es indudable “la importante contribución de las mujeres soviéticas a la victoria de la URSS y de la casusa aliada en 1945”. Cassin-Scott, 2012, p. 42.

(16) Brayley, 2012, pp. 37-38. De Jesus Reyes, 2017, p. 13. Zaloga, 2011, p. 10. Entre 100.000 y 150.000 de ellas fueron condecoradas durante la guerra, y entre 80 y 90 recibieron la medalla de Héroe de la Unión Soviética, el máximo reconocimiento y galardón al valor. Anderson y Zinsser, 2007, p. 807. Campbell, 1993, p. 320. Manzanera, 2016, p. 67.

(17) “La amplia publicidad dada a los éxitos de las mujeres francotiradoras tuvo gran impacto en la moral alemana, Ente las más célebres estuvieron voluntarias como R. Shrypnikova, O. Bykova, Rosa Shanina (apodada «Dura») con 54 muertes confirmadas, y Nina Lobovskaya, con 89 víctimas en su haber. La más famosa de todas fue la teniente Lyudmila Pavlichenko, que logró abatir 309 enemigos confirmados”. Brayley, 2012, p. 37. “Los soviéticos se jactaron de que sus mujeres estaban en unidades de combate e incluso enviaron a algunas al extranjero en giras publicitarias (como fue el caso de Lyudmila Pavlichenko, enviada a Estados Unidos)”. Campbell, 1993, p. 320. De Jesus Reyes, 2017, p. 17. “The All Union Young Communist Sniper Campaign fue una de las primeras movilizaciones masivas iniciadas y promocionadas por los líderes del Komsomol y del Komsomólskaya Pravda en 1932”. Krylova, 2004, p. 632.

(18) Anderson y Zinsser, 2007, p. 807. Brayley, 2012, pp. 38-39. Campbell, 1993, p. 319. Cassin-Scott, 2012, p. 42. De Jesus Reyes, 2017, pp. 18-19 y 53. Manzanera, 2016, pp. 68-70. Vajskop, 2008, p. 21.

(19) La participación de las mujeres en el Ejército Rojo “ha sido infravalorada, relativizada y hasta silenciada (…) Al desconocimiento contribuyó (…) la visión androcéntrica de la mayoría de los historiadores. Algo que, aunque en menor grado, sigue estando presente. Parte de culpa de este olvido la tiene la URSS. Durante la guerra las combatientes fueron tratadas como heroínas y usaron su imagen como propaganda, pero una vez acabada esta perdieron visibilidad, y no empezarían a recuperarla hasta los años 50 (ver: Navailh, 1993, p. 306) (…) Además, desde esta parte del mundo se ha tendido a verlas como mera propaganda comunista, minimizando su importancia”. Manzanera, 2016, p. 71. Vajskop, 2008, pp. 26-29. “Las mujeres soviéticas en combate durante la Segunda Guerra Mundial fueron relativamente ignoradas en el campo de la historia hasta los últimos veinte años”. Noble, 2019, p. 22.

(20) Como la de Leningrado o la de Stalingrado. Manzanera, 2016, p. 69.

(21) “Se conocen alrededor de 2 mil francotiradoras soviéticas que lucharon entre 1941 y 1945”. Zhukova, 2019, p. 8. “Suponiendo que las pilotos son las mujeres soviéticas más famosas, las francotiradoras son las siguientes”. Noble, 2019, p. 16. “Eficacia no faltó (…) a las francotiradoras. (…) pronto demostraron su capacidad y recibieron adiestramiento. En mayo de 1943 se creó la Escuela Central de Entrenamiento de Francotiradoras, que en dos años formó a más de mil y a unas 400 instructoras”. Manzanera, 2016, p. 70. “Más de 100.000 mujeres jóvenes asistieron a cursos básicos de formación de francotiradores durante la guerra”. Pennington, 2010, pp. 804-807. Los alemanes apodaron a las francotiradoras soviéticas que conocieron en el frente oriental como ‘bestias bolcheviques’, ‘amazonas desprovistas de feminidad’ y ‘mujeres fusileras feroces’. Eran muy hábiles, y sus capacidades como combatientes las convertían en una seria amenaza para las fuerzas alemanas; eran especialmente peligrosas y pudieron eliminar a un número impresionante de oficiales enemigos. Así, las directivas de la Wehrmacht exigieron al ejército alemán (y también a la policía y a las SS) que ejecutara a estas mujeres de inmediato en caso de capturarlas. Pero muy pocas fueron apresadas, pues se guardaban una última bala para usar en caso extremo con ellas mismas (Lyudmila Pavlichenko narra un episodio así en sus memorias: Pavlichenko, 1942, p. 10). Se calcula que sólo sobrevivió a la guerra  una cuarta parte de cuantas salieron de la Escuela: 500 de las 2000. Manzanera, 2016, p. 70. Vajskop, 2008, p. 21.

(22) Manzanera, 2016, p. 70. Zhukova, 2019, p. 8.

(23) “Hay varias listas de las francotiradoras soviéticas más efectivos que se distinguieron durante la Segunda Guerra Mundial. Fueron compilados en diferentes momentos. Se les hicieron cambios y aclaraciones a medida que se estudiaban los archivos”. Бегунова, 2014, p. 17. Alexievich, 2015, pp. 28-38, 44-45, 158-159, 190, 199-201 y 252-253. La historia de las francotiradoras merece un libro en sí misma. Entre las francotiradoras más conocidas están Maria Ivanova Morozova y Nina Alexeyevna Lobkovskaya (Vajskop, 2008, p. 21). Y también Natalia Kovshova y Maria Polivanova, que formaban equipo (Manzanera, 2016, p. 70) y lograron un total de más de 300 bajas con la 130ª División de Fusileros del 1º Ejército de Choque en la región norte de Rusia. También fundaron un “movimiento de francotiradores” en su regimiento y entrenaron al menos a dos docenas de nuevos francotiradores, incluidas muchas mujeres. Nina Pavlovna Petrova registró más de 100 muertes y también entrenó a más de 500 francotiradores para el 284º Regimiento. Pennington, 2010, pp. 804 y 807. También cabe mencionar a Roza Shanina. Noble, 2019, p. 17.

(24) “La más famosa y efectiva (y exitosa; Vajskop, 2008, pp. 20-21) de ellas es la Héroe de la Unión Soviética Lyudmila Mikhailovna Pavlichenko (Belova)”. Zhukova, 2019, p. 8. “La más temida y mortífera actuaba en solitario: Lyudmila Pavlichenko, que dado su poco peso se ocultaba con frecuencia en las copas de los árboles. Combatió en Odesa y en el sitio de Sebastopol, en la península de Crimea, y acumuló 309 bajas confirmadas”. Manzanera, 2016, p. 70. “La lista de tiradores súper agudos, cuya cuenta personal supera los trescientos hitlerianos, también es pequeña. Contiene solo 12 apellidos. Aquí, en la novena posición, se encuentra la sargento mayor del 54º regimiento de fusileros de la 25ª división de Chapayev, Lyudmila Mikhailovna Pavlichenko. Mató a 309 soldados y oficiales enemigos, incluidos 36 francotiradores (Белгородская, 2015, p. 85; Brayley, 2012, p. 37; De Jesus Reyes, 2017, pp. 17-18; Mustermann, 2019; Pennington, 2010, p. 807; Zhukova, 2019, p. 8). Vale la pena señalar que Lyudmila Pavlichenko pasó solo doce meses en el frente, desde el 28 de junio de 1941 hasta el 19 de junio de 1942. Pero este fue el primer año más difícil de la guerra. Su resultado nos permite hablar de Lyudmila Mikhailovna como una tiradora sobresaliente que poseía altas habilidades profesionales, carácter fuerte y un excelente calibre ocular, aparentemente debido a la estructura especial del globo ocular”. Бегунова, 2014, p. 17.

(25) ‘Dama de la Muerte’. Gentry, 2021. Zhukova, 2019, p. 8.

(26) Бегунова, 2014, pp. 20-33. Biblioteca Central del Distrito Urbano de la ciudad de Agidel de la República de Bashkortostán, 2020, p. 3. Luchó con la 25ª División de Fusileros Chapaev durante la defensa de Odessa y el asedio de Sebastopol. Noble, 2019, p. 116. Pennington, 2010, p. 807.

(27) Бегунова, 2014, pp. 34-38. Biblioteca Central del Distrito Urbano de la ciudad de Agidel de la República de Bashkortostán, 2020, p. 3. Pennington, 2010, p. 807. “Luchó en Moldavia, Odessa y Sebastopol, desempeñando todas sus funciones en igualdad de condiciones con los hombres”. Zhukova, 2019, p. 8.

(28) Ver (24). Gentry, 2021. Manzanera, 2016, p. 67. Noble, 2019, pp. 116-117.

(29) La película-biografía de 2015 La Batalla por Sebastopol (‘Битва за Севастополь’ en Rusia; Indestructible – ‘Nezlamna’ – en Ucrania) es un biopic ruso-ucraniano dirigido por Sergei Mokritsky. Está dedicada a los recuerdos de Eleanor Roosevelt sobre su relación con Lyudmila Pavlichenko, interpretada por Yulia Peresild. Biblioteca Central del Distrito Urbano de la ciudad de Agidel de la República de Bashkortostán, 2020, p. 5. Li, 2020, pp. 559-563. Tomlinson, 2015. Zhukova, 2019, p. 9.

(30) El 30 de junio de 1916 (12 de julio según el calendario soviético; Vinogradova, 2017, p. 35), en una pequeña ciudad de la región de Kiev (al sur; Gentry, 2021) llamada Belaya Tserkov, donde pasó su infancia y adolescencia. Su madre Elena Trofimovna Belova enseñaba en una escuela local. La profesión de su padre, Mikhail Ivanovich Belov, es difícil de definir (un cerrajero de Petrogrado, comisario del regimiento durante la Guerra Civil; Biblioteca Central del Distrito Urbano de la ciudad de Agidel de la República de Bashkortostán, 2020, p. 2). Бегунова, 2014, p. 18. Pavlichenko, 2019, p. 7.

(31) De Jesus Reyes, 2017, p. 17. Gentry, 2021. “Aprendí a disparar hace mucho tiempo, antes de ir a la universidad. Fue puramente accidental (…) una vez, escuché a un niño alardear de que había hecho ocho de diez puntos en un campo de tiro. Eso fue suficiente para enviarme corriendo al campo. Me encantó disparar de inmediato, lo hice como es debido”. Pavlichenko, 1942, p. 9.

(32) Бегунова, 2014, p. 18. Biblioteca Central del Distrito Urbano de la ciudad de Agidel de la República de Bashkortostán, 2020, p. 2. Vinogradova, 2017, p. 37. “Las correrías de barrio acabaron cuando apenas cumplí quince años. Fue un cambio repentino, de la noche a la mañana. Mirando atrás, lo comparo con la conclusión de un mundo, una ceguera voluntaria, una pérdida de la razón. Así fue mi amor de colegiala, el primero. Su recuerdo me acompañará hasta el final de mis días en la forma del apellido de un hombre: Pavlichenko. Por suerte, mi hijo Rostislav no se parece en nada a su padre”. Pavlichenko, 2019, p. 8.

(33) Бегунова, 2014, p. 18. Vinogradova, 2017, pp. 37-38. Las memorias de Lyudmila Pavlichenko comienzan en 1932, justo cuando se trasladó con su familia a Kiev. Pavlichenko, 2019, p. 7.

(34) En Kiev se inscribió en una clase de francotirador (De Jesus Reyes, 2017, p. 17) donde obtuvo su  insignia de francotirador Voroshilov, un tipo de condecoración civil y un certificado de tirador. Aceptó un trabajo en una planta de armas local (Gentry, 2021): en la planta del Arsenal: primero como obrera, luego como aprendiz de tornero, luego como tornero. Simultáneamente al trabajo, estudió en la facultad de trabajadores (el décimo grado; Biblioteca Central del Distrito Urbano de la ciudad de Agidel de la República de Bashkortostán, 2020, p. 2), porque quería obtener un certificado de educación secundaria. Бегунова, 2014, p. 18.

(35) “En el otoño de 1936, Lyudmila Belova-Pavlichenko aprobó con éxito los exámenes en la Universidad de Kiev, en la Facultad de Historia, y se convirtió en estudiante a la edad de 21 años (De Jesus Reyes, 2017, p. 17; “Lyudmila Pavlichenko se interesó por la historia y tenía la intención de convertirse en maestra. Compitió en el equipo de atletismo de la universidad y mantuvo su puntería tomando cursos en una escuela de francotiradores”; Gentry, 2021; “Estaba interesada en la historia. En 1937 entré en la Universidad de Kiev; Entonces soñaba con convertirme en una erudita, en lugar de eso, me convertí en una francotiradora”; Pavlichenko, 1942, p. 9). (…) No se sabe exactamente qué o quién llevó a la estudiante de segundo año del departamento de historia de KSU a la escuela de francotiradores de Kiev de OSOAVIAKHIM. (…) ingresó en la escuela en 1937 (…) Al año siguiente, 1938, recibió un certificado de graduación de esta institución educativa con altas calificaciones en prácticas de tiro, táctica, balística e ingeniería militar (Pavlichenko, 1942, p. 9; Simonov, 2020). (…) No hay duda de que en 1941 Lyudmila Pavlichenko había asistido a sesiones de entrenamiento similares más de una vez y estaba preparada para trabajar como francotiradora”. Бегунова, 2014, pp. 18-19.

(36) En junio de 1941, Hitler lanzó la Operación Barbarroja y la Wehrmacht  comenzó su invasión de la Unión Soviética. En ese momento, Lyudmila Pavlichenko tenía 24 años y estaba en su cuarto año de estudios. Estaba en Odesa realizando sus prácticas de pregrado en la Biblioteca Científica del Estado y preparando su tesis dedicada al Pereyaslav Rada, la adhesión de Ucrania a Rusia y el papel de Bohdan Khmelnitsky en este proceso. Una vez que se enteró de la invasión, Pavlichenko rápidamente se dirigió a la oficina de reclutamiento de Odesa para alistarse (Manzanera, 2016, p. 67; Noble, 2019, p. 116). Los registradores presionaron a Pavlichenko para que se convirtiera en enfermera, pero su mente estaba puesta en unirse a la infantería soviética. Después de demostrar sus habilidades al eliminar a dos colaboradores rumanos de una colina defendida por los soviéticos (Pavlichenko, 2019, p. 9), prestó juramento y fue asignada como francotiradora en la 25ª División de Fusileros del Ejército Rojo (fue asignada como francotirador ordinario del Ejército Rojo en el 54º regimiento de fusileros Stepan Razin (de la 25ª división de Chapayev), en el primer batallón, segunda compañía, primer pelotón). Бегунова, 2014, pp. 19-20. Biblioteca Central del Distrito Urbano de la ciudad de Agidel de la República de Bashkortostán, 2020, p. 2. Gentry, 2021. “Mi hijo Rostislav no quería soltar mi mano y me pidió que me lo llevara conmigo, con la promesa de que me ayudaría en mi trabajo. Sus ojos estaban bañados en lágrimas e intenté consolarlo y animarlo un poco. En ese momento no sabía que estaría separada de él durante casi tres años”. Pavlichenko, 2019, p. 24. Así, el 28 de junio de 1941 se incorporó voluntariamente al ejército. Simonov, 2020. Zhukova, 2019, p. 8. “Fue aceptada (…) sobre la base de un certificado de puntería que había obtenido antes de la guerra – ver (35) –”. Pennington, 2010, pp. 804-805.

(37) “If I kill a German I am saving lives”. “A menudo me han preguntado qué sentía cuando mataba a un alemán. El único sentimiento que tengo es la gran satisfacción que siente un cazador que ha matado una bestia de presa o una serpiente venenosa. Los hitlerianos son peores que bestias brutas. No son simplemente asesinos, son tiranos, sádicos y torturadores, para quienes no existen leyes. Cada soldado nazi que quede vivo matará a mujeres, niños y ancianos. Los alemanes muertos son inofensivos. Por lo tanto, si mato a un alemán, estoy salvando vidas. Me parece que, en la actualidad, la tarea principal de todo joven honesto, independientemente de su nacionalidad, convicciones religiosas y opiniones políticas, es exterminar implacablemente a los hitlerianos”. Pavlichenko, 1942, pp. 9 y 10.

(38) Comenzó su propio servicio como francotiradora el 8 de agosto de 1941, en el pueblo de Belyaevka, a 40 kilómetros de Odesa. La onda de choque de un proyectil rompió su rifle favorito y arrojó a la propia Lyudmila Pavlichenko al fondo de la trinchera. Los compañeros la encontraron inconsciente. Junto con otros heridos la llevaron en la parte trasera de un carruaje al hospital, ubicado en Odesa. Le confirieron el rango de cabo. Después, 19 rumanos fueron encontradas con agujeros de bala en la cabeza, pecho izquierdo, cuello y abdomen. El comandante de su compañía los asignó al cabo Pavlichenko. Por tal distinción, en la presentación de Voronin, se le otorgó el rango de sargento menor. “El siguiente intento de Lyudmila de aplicar la experiencia de combate de sus predecesores casi termina tristemente para ella (…) ¿Cómo recompensar a un sargento menor por derribar una ametralladora de manera oportuna, por disparar con precisión a un mayor rumano que apareció accidentalmente en la línea del frente? Cómo celebrar su nuevo logro: 100 soldados y oficiales enemigos muertos (…) Petrov le dijo a Pavlichenko que el mando de la división le agradecía su servicio y la recompensaba con un rifle nominal por sus éxitos en la destrucción del enemigo”. “Pavlichenko se fue de Odessa, teniendo en su cuenta personal 187 soldados y oficiales enemigos muertos en dos meses y medio (Gentry, 2021; Vajskop, 2008, pp. 20-21; Vinogradova, 2017, p. 35). Un resultado admirable”. Бегунова, 2014, pp. 21-33 y 35.

(39) Así lo relataba la propia Lyudmila Pavlichenko: “¡El trabajo de los francotiradores no es nada fácil! Sales cuando está oscuro, a las cuatro o cuatro y media, y vuelves tarde por la noche. Necesita un gran autocontrol, fuerza de voluntad y resistencia para permanecer quince horas seguidas sin moverse. El menor comienzo puede significar la muerte. Aunque los francotiradores somos cazadores, también somos presa justa para los francotiradores enemigos. Cada paso que damos está bajo la observación de francotiradores enemigos: observadores. Intentan marcar y mantener nuestras posiciones de disparo bajo fuego de ametralladora y artillería. Por eso cada uno de nosotros tiene varios puestos de tiro. Nunca estoy más de dos días en el mismo, y disparas solo cuando estás bastante seguro de tu puntería, porque cada disparo innecesario delata tu posición (…) Después me acostumbré al fuego ya las tácticas alemanas. Aprendí todas sus evasiones y cómo mantener mi posición en un secreto absoluto. Después de un tiempo las cosas salieron muy bien”. Pavlichenko, 1942, p. 10.

(40) “Lyudmila Pavlichenko, quien recibió el siguiente rango de ‘sargento mayor’ (Gentry, 2021), se unió a su regimiento, que finalmente llegó a Sebastopol, el 9 de noviembre de 1941”. Бегунова, 2014, p. 36. Pavlichenko, 1942, p. 10.

(41) Gentry, 2021. Vinogradova, 2017, p. 35. “En mayo de 1942, el Consejo del Ejército Rojo del Sur la citó por haber matado a 257 soldados alemanes”. Vajskop, 2008, pp. 20-21. “Aplastamos a los hitlerianos (…) Los alemanes tuvieron que pagar un precio alto, demasiado alto, por la ruina que una vez fue Sebastopol”. Pavlichenko, 1942, p. 10.

(42) Бегунова, 2014, pp. 37-38. Gentry, 2021. “Peleó regularmente duelos con francotiradores alemanes. Pavlichenko ganó treinta y seis de ellos (Белгородская, 2015, p. 85; Vajskop, 2008, pp. 20-21). Durante uno de estos duelos, permaneció en la misma posición durante veinticuatro horas, acechando a un enemigo cauteloso (…) En Sebastopol Lyudmila fue nuevamente herida y conmocionada. En total tenía tres heridas y cuatro casos de conmoción cerebral”. Vinogradova, 2017, pp. 35-36.

(43) Pavlichenko, 1942, p. 10. “Cuando Pavlichenko se retiró del combate de primera línea, su reputación como francotirador le valió el sobrenombre de ‘Lady Death’”. Gentry, 2021. “Los alemanes sabían de su existencia y la temían”. Vinogradova, 2017, p. 36.

(44) “A finales de junio de 1942, resultó herida en ambas piernas y fue evacuada de Sebastopol en un submarino. Después de recuperarse, fue nombrada instructora de francotiradores en la 32º División de Fusileros de la Guardia (…) Durante la guerra, destruyó a 309 nazis con un rifle de francotirador”. Simonov, 2020. “Dejó de luchar en junio de 1942, cuando fue herida por fuego de mortero. Ya no volvió, pero entrenó a cientos de francotiradores”. Manzanera, 2016, p. 70. “Fue evacuada en submarino a Novorossiysk, donde fue hospitalizada. Tras su baja, el comando militar decidió que la vida de Lyudmila Pavlichenko era demasiado valiosa para arriesgarla, y fue transferida a una escuela de francotiradores para entrenar a otros”. Vinogradova, 2017, p. 36. “Fue evacuada al Cáucaso, y luego completamente retirada de la línea del frente y enviada junto con una delegación de jóvenes soviéticos a Canadá y Estados Unidos”. Biblioteca Central del Distrito Urbano de la ciudad de Agidel de la República de Bashkortostán, 2020, p. 3. “Los militares vieron a Pavlichenko como un activo demasiado valioso. Antes de que pudiera curarse completamente de su herida, el alto mando soviético la retiró de la batalla. En el tiempo que pasó luchando, Pavlichenko había obtenido un récord de 309 muertes confirmadas”. Gentry, 2021. “Fue herida en junio de 1942 y esa fue la última acción que vio en combate”. Noble, 2019, p. 116.

(45) Gentry, 2021. Pennington, 2010, p. 807. “Lyudmila Pavlichenko llegó a Estados Unidos el 27 de agosto de 1942. Washington D.C. acogió una Asamblea Internacional de Estudiantes y Pavlichenko fue elegida para formar parte de la delegación soviética, junto con Nikolai Krasavchenko y Vladimir Pchelintsev”. “Una vez recuperada, Pavlichenko representó a la Unión Soviética para participar en una asamblea internacional de estudiantes organizada por Estados Unidos. Pavlichenko viajó por el país pronunciando discursos sobre la necesidad de un segundo frente en Europa y respondiendo preguntas de los periodistas”. Noble, 2019, pp. 104 y 116. También viajó a Canadá y Gran Bretaña. Zhukova, 2019, p. 9. “recibió (…) su primera Orden de Lenin (…) después de la caída de Sebastopol, estando en el hospital (el 16 de julio de 1942; Simonov, 2020)”. “No podría haber habido un mejor momento para que una delegación de la URSS visitase los Estados Unidos”. Vinogradova, 2017, pp. 40 y 30. “Estoy escribiendo esta carta a petición del Comité Juvenil Antifascista Soviético. No estoy segura de que sea de interés para los círculos más amplios de la juventud estadounidense, pero me alegraría mucho si se demuestra que estoy equivocada, y mis lectores en el extranjero encuentran mi historia digna de su atención”. Pavlichenko, 1942, p. 9.

(46) Gentry, 2021. “Durante su visita al otro lado del océano, Lyudmila Pavlichenko asistió a una recepción con el presidente estadounidense Franklin Roosevelt. Y por invitación de la Primera Dama Eleanor Roosevelt, los miembros de la delegación soviética vivieron durante algún tiempo en la Casa Blanca”. Biblioteca Central del Distrito Urbano de la ciudad de Agidel de la República de Bashkortostán, 2020, p. 3. Vinogradova, 2017, p. 33. “Su primera parada fue para reunirse con Eleanor Roosevelt y el juez Robert Jackson en Washington D.C. Después de la asamblea estudiantil, Lyudmila Pavlichenko viajó por los Estados Unidos hablando en Nueva York, Chicago, Detroit, Seattle, Denver, Los Ángeles y San Francisco, haciendo discursos abogando por un segundo frente a Hitler en Europa. Noble, 2019, p. 104. “En agosto de 1942, por invitación de Eleanor Roosevelt, visitó América del Norte”. Белгородская, 2015, p. 85.

(47) Gentry, 2021. “El New York Times la apodó la ‘Girl Sniper’ y otros periódicos observaron que ‘no usaba colorete, ni pintalabios, ni maquillaje de ningún tipo’ y que ‘no hay mucho estilo en su uniforme verde oliva’”. King, 2013. “Informaron, para indignación de la embajada soviética, que su falda era del largo incorrecto y que, si fuera más corta, la figura de Pavlichenko se vería mejor”. Vinogradova, 2017, p. 34.

(48) “Pavlichenko a menudo descartaba esas ‘preguntas tontas’ y demostró hasta dónde tendría que llegar Estados Unidos para tomar en serio a las mujeres en la batalla”. Noble, 2019, p. 104.

(49) “Cuando la teniente menor Lyudmila Pavlichenko se reunió con los reporteros en Washington, se quedó estupefacta cuando le preguntaron sobre lencería en lugar de cómo había matado a 309 alemanes. (Time, 28 de septiembre de 1942, 60)”. Campbell, 1993, p. 320. “’¿Qué ropa interior prefiere Lady Pavlichenko y de qué color le gusta?’”. Vinogradova, 2017, p. 34.

(50) Gentry, 2021. King, 2013. “La enigmática chica francotirador era, naturalmente, el centro de atención. Como recuerda Pchelintsev, ‘las preguntas más difíciles, y a veces francamente impertinentes, se dirigían a Pavlichenko. No había límites para la curiosidad de la fraternidad periodística’. ‘¿Las chicas usan lápiz labial en la primera línea y qué color prefieren?’ ‘¿Qué marca de cigarrillos fuman?’ ‘¿Aceptará la señorita Pavlichenko que su retrato esté en paquetes de cigarrillos?’ (…) Cuando se le preguntó acerca de los cosméticos, respondió: ‘¿A quién se le ocurriría empolvarse la nariz en una guerra?’”. Vinogradova, 2017, pp. 33-34.

(51) King, 2013.

(52) King, 2013. Vinogradova, 2017, p. 34.

(53) “’Llevo mi uniforme con honor’, dijo a la revista Time. ‘Tiene la Orden de Lenin. Ha sido cubierto de sangre en la batalla. Es evidente que con las mujeres estadounidenses lo importante es si usan ropa interior de seda debajo de sus uniformes. Todavía tienen que aprender lo que representa el uniforme’”. King, 2013. “Pavlichenko se mostró tímida al principio, pero pronto superó su timidez y, a partir de entonces, nunca le faltó una respuesta concisa. Una vez que aprendió a manejar preguntas imprudentes, dejó de estar a la defensiva y se lanzó al ataque (…) En cuanto a la ropa interior y el largo de su falda, ella respondió que no le interesaba el largo de su falda o si tenía o no ropa interior de seda debajo. ‘Este es un uniforme soviético, y lo llevo con orgullo’”. Vinogradova, 2017, pp. 34-35.

(54) “Sin embargo, el entusiasmo por la chica francotiradora superó con creces cualquier crítica o burla”. Vinogradova, 2017, p. 34. “Dejando a un lado las preguntas extravagantes y sexistas, comenzó a encontrar su voz. Pavlichenko continuó viajando por los Estados Unidos, pidiendo apoyo y compartiendo sus experiencias desde el frente (…) Durante su gira por Estados Unidos, a menudo habló de la falta de segregación racial dentro del Ejército Rojo y la igualdad de género”. Gentry, 2021. “Lentamente, Lyudmila Pavlichenko comenzó a encontrar su voz, cautivando a la gente con historias de su juventud, el efecto devastador de la invasión alemana en su tierra natal y su carrera en el combate. En discursos en todo Estados Unidos y, a menudo, ante miles, la francotiradora defendió el compromiso de Estados Unidos de luchar contra los nazis en Europa. Y al hacerlo, llevó a casa el punto de que las mujeres no solo eran capaces, sino esenciales para la lucha”. King, 2013.

(55) Pavlichenko, 2019, p. 211. Palabras de Lyudmila Pavlichenko, en su discurso pronunciado en Chicago. Su declaración fue recibida con aplausos y un clamor de apoyo. Gentry, 2021. Li, 2020, p. 562. Zhukova, 2019, p. 9. “La multitud se quedó paralizada por un momento, pero luego estalló en un gran rugido de aprobación”. Vinogradova, 2017, p. 35

(56) Gentry, 2021. Vinogradova, 2017, pp. 35-37. “Desde agosto de 1942 hasta enero de 1943, junto con el héroe de la Unión Soviética, el francotirador V.N. Pchelintsev,  participó en un viaje a Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, durante el cual participó en numerosas reuniones con los líderes y la población de estos países. En noviembre de 1942 participó en los trabajos del Congreso Internacional de la Juventud en Londres”. Simonov, 2020. “Durante su viaje a Canadá, recibió un regalo de ciudadanos admiradores del modelo más reciente de Winchester. El cantante de country Woody Guthrie le dedicó la canción ‘Miss Pavlichenko’. (…) La parte estadounidense había creado una imagen de mujer-héroe, que se convirtió en un símbolo ideal para movilizar a la opinión pública sobre la idea de abrir un segundo frente en Europa”. Белгородская, 2015, p. 85.

(57) Noble, 2019, p. 116.

(58) Gentry, 2021. Simonov, 2020. “La fama de la joven francotiradora se extendió rápidamente por toda la Unión Soviética. A menudo, Lyudmila aparecía en las lentes de las cámaras, notas, folletos de propaganda. Ella se convirtió en un símbolo de la victoria, los soldados entraban en batalla con su nombre en los labios”. Zhukova, 2019, p. 9. “Se necesitaban modelos heroicos, incluidas las mujeres, porque en ese mismo momento los líderes de la URSS, reconociendo la imposibilidad de reemplazar por completo las enormes pérdidas sufridas, adoptaron una política de reclutamiento masivo de mujeres en el ejército. Para dar al nombre de Pavlichenko más sustancia y brillo – en opinión de esta autora –, finalmente, el 16 de julio de 1942, fue galardonada con la estrella de oro de Héroe de la Unión Soviética, que era la más alta condecoración soviética, y con la segunda más alta: la Orden de Lenin. Se convirtió en Héroe de la Unión Soviética solo después de la gira por Estados Unidos y Gran Bretaña”. Vinogradova, 2017, p. 40.

(59) Gentry, 2021. Mustermann, 2019. Noble, 2019, p. 116. Fue nombrada maestra instructora de francotiradores. Pennington, 2010, pp. 804-805 y 7.  “Se desempeñó como instructora en la escuela de francotiradores Vystrel, cerca de Moscú”. Biblioteca Central del Distrito Urbano de la ciudad de Agidel de la República de Bashkortostán, 2020, p. 4. “Desde agosto de 1943 hasta mayo de 1944 se desempeñó como instructora de entrenamiento de francotiradores en el cuartel general de las Fuerzas Aerotransportadas del Ejército Rojo. Fue repetidamente al frente, en el otoño de 1943 fue herida por una metralla en el costado durante la batalla por el Dnieper. Esta fue su cuarta herida en la guerra. En octubre de 1944, la teniente Lyudmila Pavlichenko fue transferida a la reserva y regresó al entrenamiento interrumpido por la guerra”. Simonov, 2020.

(60) Se graduó en el verano de 1945 (se convirtió en historiadora; Gentry, 2021). En agosto, volvió a alistarse en las filas del ejército. Fue enviada a servir en la Marina. Hasta diciembre de 1946, fue adjunta en el Departamento de Historia Naval de la Academia Naval de Leningrado (ahora San Petersburgo). Desde diciembre de 1946 hasta junio de 1953 fue Investigadora del Grupo de Historia de Flotas de la Dirección Científica Naval del Estado Mayor de la Armada. En junio de 1953, se jubiló y participó activamente en el trabajo público en el Comité Soviético de Veteranos de Guerra (Biblioteca Central del Distrito Urbano de la ciudad de Agidel de la República de Bashkortostán, 2020, p. 4), fue miembro de la junta de la Sociedad “URSS – Canadá” y miembro de la Asociación para la Amistad con los Pueblos de África, y visitó países africanos muchas veces. Fue miembro de la Unión de Periodistas de la URSS desde 1964. Simonov, 2020. “En su esbozo biográfico sobre la heroína, K. Cottam enfatiza que después de la guerra, Lyudmila logró el éxito, convirtiéndose en historiadora y periodista militar”. Белгородская, 2015, p. 85. “Después de presentar mi tesis y obtener un «excelente», en mayo de 1945 volví a Moscú, donde me habían adjudicado un apartamento en el que ya vivían mi madre, Yelena, y mi hijo, Rostislav. Mi vuelta al servicio militar se produjo en las filas de la Armada, cuyo Estado Mayor me nombró ayudante de investigación en la sección de historia de las flotas. Las secuelas de las heridas de guerra y el estrés de combate fueron yendo a más y, en junio de 1953, durante una especialización en la guardia costera naval, me vi obligada a retirarme por motivos de salud (invalidez de segundo grado) con derecho a llevar uniforme. Pero una pensión de oficial no es motivo para quedarse en casa con los brazos cruzados. En septiembre de 1956 se fundó en Moscú el Comité Soviético de Veteranos de Guerra (…) Tuve un papel muy activo en la preparación y ejecución de esta función y fui elegida para el presídium”. Pavlichenko, 2019, pp. 244-245.

(61) Los dos sellos conmemorativos en su honor se imprimieron en 1943 y en 1976 (tras su muerte), respectivamente. Biblioteca Central del Distrito Urbano de la ciudad de Agidel de la República de Bashkortostán, 2020, p. 6. Gentry, 2021. Mustermann, 2019.

(62) Gentry, 2021.

(63) Me refiero a Lyuba Vinogradova y a su obra : Vinogradova, 2017.

(64) “No ha sobrevivido ningún documento que confirme el recuento de Pavlichenko”. Vinogradova, 2017, p. 43. Por otro lado, también hay quien argumenta que sus bajas confirmadas pudieron superar las 309, pues “las muertes confirmadas tenían que ser presenciadas por un tercero”. Mustermann, 2019.

(65) Vinogradova, 2017, pp. 39-40. Sin embargo, aunque la condecorasen a posteriori de combatir: “Durante la Segunda Guerra Mundial, Lyudmila Pavlichenko sirvió como francotiradora del ejército soviético y se convirtió en uno de los francotiradores más condecorados en ambos lados de la guerra”. DeLance, 2016, p. 2.

(66) “En mayo de 1943 se creó la Escuela Central de Entrenamiento de Francotiradoras, que en dos años formó a más de mil y a unas 400 instructoras”. Manzanera, 2016, p. 70. Ver (21).

(67) Vinogradova, 2017, pp. 40-41 y 43. Lyudmila lo narra así en sus memorias “Una esquirla me dejó un corte profundo en la mejilla izquierda y me arrancó el lóbulo de la oreja derecha; además, tenía dañado el tímpano a causa de las ondas expansivas y el estrés del combate. Me llevaron al 47º Batallón Médico de nuestra división. Por enésima vez, el excelente doctor Pishel-Gayek me cosió la herida de la cara. Al día siguiente llegó al batallón médico la orden de preparar un grupo de heridos para evacuarlos a Novorossíisk y el cirujano decidió que, debido a mi estado, me correspondía hacer ese viaje”. Pavlichenko, 2019, p. 163. La respuesta, la di antes, en la referencia (44): “A finales de junio de 1942, resultó herida en ambas piernas”. Simonov, 2020.

(68) Daniel Schacter, psicólogo estadounidense, profesor de la Universidad de Harvard y especialista en la memoria humana, explica que la memoria humana es falible. Clasifica los errores de la memoria en “siete pecados” básicos: fugacidad, distracción y bloqueo (que involucran diferentes tipos de olvido), atribución errónea, sugestión y prejuicio (que se refieren a diferentes tipos de distorsiones) y persistencia (que se refiere a recuerdos intrusivos que son difíciles de olvidar). Estos “siete pecados” son subproductos de características de la memoria, que de otro modo serían adaptativas. Schacter, 1999, p. 182. Así, la memoria autobiográfica es una reconstrucción sobre la cual pueden recaer distorsiones y falsos recuerdos. Linconao, 2018, p. 2.

(69) Veamos los siete tipos de errores de la memoria citados. Fugacidad: la memoria de hechos y eventos generalmente se vuelve menos accesible con el tiempo. Distracción: incidentes de olvido asociados con lapsus de atención durante la codificación o durante el intento de recuperación. Bloqueo: cuando a las personas se les proporcionan señales relacionadas con un elemento buscado, pero que, sin embargo, son incapaces de obtenerlo, se ha producido un bloqueo de recuperación. Dichos bloqueos ocurren tanto en la memoria episódica (es decir, la memoria de experiencias personales específicas) como en la memoria semántica (es decir, el conocimiento general del mundo). Atribución errónea: situaciones en las que alguna forma de memoria está presente, pero se atribuye erróneamente a un momento, lugar o persona incorrectos. Sugestión: la tendencia a incorporar información proporcionada por otros, como preguntas engañosas, en los propios recuerdos. Prejuicio: los conocimientos, creencias y expectativas actuales pueden influir e incluso distorsionar los recuerdos; asimismo, los recuerdos de experiencias pasadas pueden estar teñidos por el estado de ánimo y el estado emocional presentes. Persistencia: implica recordar un hecho o evento que uno preferiría olvidar. La persistencia se revela por recuerdos intrusivos de eventos traumáticos, cavilaciones sobre síntomas y eventos negativos, e incluso por miedos y fobias crónicos. Schacter, 1999, pp. 184-196. Se conoce que la memoria apela a la reconstrucción y no es un calco de la realidad. Los recuerdos no son elementos confiables y estables, sino que son fácilmente distorsionados e incluso pueden ser inventados con cierta facilidad, pues es frecuente la existencia de distorsiones en los recuerdos. La distorsión en los detalles de los recuerdos aparece incluso en sucesos muy impactantes de los cuales el sujeto puede hacer una descripción supuestamente casi exacta. Muchas distorsiones provienen de la información que nos llega a posterior del evento. El relato de terceras personas pueden modificar los recuerdos propios. Además, la memoria también es afectada por la presencia de falsos recuerdos. La memoria prefiere, la coherencia de un recuerdo en relación a otros constructos, a la realidad misma de lo evocado. Los recuerdos pueden ser inventados, incluso pueden crearse nuevos recuerdos para completar partes de los recuerdos faltantes. Así los falsos recuerdos aportarían coherencia al conjunto. Linconao, 2018, pp. 2-5.

(70) Vinogradova dice, desde mi punto de vista, desafortunadamente: “Podríamos repasar otras historias sobre la francotiradora soviética más famosa, pero es más gratificante hablar de otras: mujeres cuyos nombres se encuentran en los registros de sus divisiones”. Vinogradova, 2017, p. 43.

(71) Vinogradova también plantea la duda: “¿Por qué Pavlichenko casi nunca mostró sus habilidades de tiro durante la gira por Estados Unidos?”. Vinogradova, 2017, p. 41.

(72) “Participante de la Gran Guerra Patria: en junio de 1941 – junio de 1942 – francotiradora, líder de escuadrón, asistente del comandante de pelotón y comandante de pelotón, instructor de francotiradores del 54º Regimiento de Fusileros, en julio de 1942 – instructor de francotiradores en la 32º División de Fusileros de la Guardia. Luchó en el Frente Sur (junio-agosto de 1941), como parte del Ejército Separado de Primorsky (agosto de 1941-junio de 1942) y en el Frente del Norte del Cáucaso (julio de 1942). Participó en batallas defensivas en Moldavia, la defensa de Odessa, Crimea y Sebastopol. En agosto de 1941 fue herida en la cabeza, en febrero de 1942 fue herida por una metralla en el omóplato izquierdo”. Simonov, 2020.

(73) Al igual que muchos soldados, Lyudmila Pavlichenko sufrió muchos años de trastorno de estrés postraumático y depresión. En octubre de 1974, Lyudmila Pavlichenko falleció tras sufrir un derrame cerebral (a los 58 años; Noble, 2019, pp. 116-117). Hoy en Rusia, Lyudmila Pavlichenko es recordada como una heroína militar y es conocida como la francotiradora más exitosa de la historia. Gentry, 2021. “El interés por la personalidad de la heroína también es evidente en el hecho de que en el año del 70 aniversario de la Victoria el Instituto Histórico Alemán en Moscú invitó al investigador francés A. Regama a realizar un reportaje ‘Miss Pavlichenko. Francotiradora soviéticoa en Estados Unidos, 1942’”. Белгородская, 2015, p. 85. Murió el 27 de octubre de 1974 en Moscú. Fue enterrada en el cementerio de Novodevichy. Biblioteca Central del Distrito Urbano de la ciudad de Agidel de la República de Bashkortostán, 2020, p. 4. Simonov, 2020.


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Estudiante de filosofía y escritora. Mis áreas de mayor interés - como comprobaréis si me leéis - son la Historia de la Mujer, la Historia de las Religiones, la Filosofía Política y la Antropología. Como buena cinéfila y melómana, me encanta practicar la miscelánea cuando escribo (llamadme friki). Amante de los animales, defensora del medio ambiente, y de firmes posiciones feministas y marxistas.

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