Decía el escritor ruso León Tolstói que «los reyes son esclavos de la Historia». En el caso del Luis XIV, metrosexual avant la lettre (1), doblemente esclavo: de la Historia y de su imagen.

No hay más que mirar el famoso cuadro de H. Rigaud para percibirlo. Vemos al rey francés en una pose arrogante, queriendo exhibir su poder y capacidad de seducción. El rey de la belleza, aunque desde nuestros cánones estéticos nos parezca un adefesio.

Es comprensible que le apodaran el “Rey Sol”, pues Luis XIV fue el monarca más omnipotente y divino de Europa, en el trono por la gracia de Dios, como pensaba Bossuet(2). De este modo, su persona simbolizaba la centralidad del Estado, que él movía a su antojo. Como ejemplo, la archiconocida frase a él atribuida l´Etat c´est moi. O lo que es lo mismo, “aquí mandan mis reales cojones”. Comprendemos, entonces, la metáfora del Sol.  Es decir, al igual que los planetas giran en torno a este astro, sus órdenes y caprichos ponían en órbita al país entero.

Pero no quiero hablar de su denostado Absolutismo, sino sobre otro aspecto más frívolo y desconocido, a saber, su metrosexualidad y glamour a lo largo de su vida.

Damas y caballeros, tengo el honor de presentarles al rey más presumido del mundo: Su Altísima Majestad y ligón de Versalles Luis XIV de Borbón.

Concepción y nacimiento de Luis XIV. ¡Un bebé con dos dientes!

El todopoderoso Luis XIV era hijo de Luis XIII (elemental) y de Ana de Austria, hermanísima de nuestro Felipe IV. O sea, que por sus venas corría sangre francesa y española. Buena mezcla.

Aunque nació de milagro, esto es, que vino al mundo después de 23 años de matrimonio, cuando su madre ya contaba 37 primaveras. Bien es cierto que hubo muchos problemas para encargarlo, fundamentalmente porque a su regio padre no le gustaban las mujeres. Si le llamaban “el casto” no era por virtud, sino porque era  homosexual (3) a todas luces.

No obstante, mereció la pena la espera, y un 5 de septiembre de 1638 llegó el deseado Delfín (4). Además, Luis XIV nació ya criado: robusto, fuerte y ¡con dos dientes! (5) Este hecho insólito se interpretó como una señal de su grandeza futura.

La noticia se recibió con gran regocijo en París, y todos designaron al retoño como “Louis Dieudonné” ( Luis dado por Dios).¡Por fin un heredero!

Ya puestos, Luis XIII volvió a esforzarse y de nuevo dejó encinta a su esposa. Ahora, Doña Ana buscaba la parejita, pero nació otro varón: Felipe I, duque de Orleans. ¡Oh qué contrariedad! No hay problema, lo vistió de rosa y con lacitos y le llamaba cariñosamente “mi niñita”(6). Y claro, el hermano menor del monarca se adaptó perfectamente a su papel femenino. Siempre orgulloso de ser abiertamente gay, a pesar de sus dos obligados matrimonios. Igualito que su padre y nada que ver con el mujeriego de Luis XIV.

Luis XIV y su "hermanita" Felipe de Orleans.
Luis XIV y su «hermanita» Felipe de Orleans.

Luis XIV – un rey metrosexual y glamuroso

Luis XIV se quedó huérfano muy pronto, así que a los 5 años ya ceñía una corona. Aunque bajo la regencia de su madre y la supervisión del astuto cardenal Mazarino. Su reinado, el más largo de la Historia (72 años), estuvo marcado por la vanidad y ambición personal. Convirtiendo a Francia en una superpotencia, caiga quien caiga. Y es que el carisma del Rey Sol determinó el Grand Siècle francés (7); o el Siglo de Luis XIV, como lo denominaba el filósofo Voltaire.

Con estas pinceladas, ya nos podemos percatar del ego desmesurado del monarca galo …

Luis XIV, el Rey Sol, pintado por H. Rigaud.
Luis XIV, el Rey Sol, pintado por H. Rigaud.

A decir verdad, Luis XIV era el hombre más encantador del reino (8) y él lo sabía. De gran estatura, corpulento, galante, excelente jinete y buen bailarín. Todas las hembras caían rendidas a sus pies, ¡hasta su cuñada, Isabel Carlota de Baviera – Princesa Palatina- le describió embelesada! Dice en una carta:

Luis XIV es el hombre más guapo del mundo: tiene una figura envidiable, hermosas piernas, bonitos pies y bella voz”(9).

No me extraña que se le fueran los ojos, pues a la pobre la obligaron a casarse con el hermano homosexual del rey.

Deducimos, al observar los retratos de Luis XIV, que con él nació el glamour y la metrosexualidad. Él dictaba la moda, su estilismo era tendencia. Fue claramente un icono del incipiente Rococó. Con más adornos que un árbol de Navidad…

¡Antes muerto que sencillo! El estilo de Luis XIV – Zapatos de tacón rojo, peluca, medias de seda y maquillaje para ligar

Lo más curioso del asunto es que, en su época, el llevar pelucas largas de rizos, lazos, medias de seda y zapatos de tacón rojo era visto como un signo de masculinidad. Incluso se maquillaba con polvos de arroz y se pintaba los labios y quedaba súper viril. Parece que su lema era: “¡antes muerto que sencillo!”

Ese look tan grotesco y ambiguo, más parecido a una drag-queen o a una folklórica, las volvía locas. Así, cual pavo real, el rey potenciaba su atractivo, ligaba de lo lindo y saciaba su voraz apetito sexual. Porque Luis XIV era glotón con la comida y con las mujeres, ¡le gustaban todas! (10). Lo mismo se tiraba a una cocinera, que a una campesina, o a cualquier cortesana. En eso era muy democrático.

Luis XIV con peluca, lazo rojo, chorreras de encaje y los labios pintados.
Luis XIV con peluca, lazo rojo, chorreras de encaje y los labios pintados.

Su primera esposa, su prima María Teresa de Austria, hija de Felipe IV, no era muy agraciada: bajita, gordita y rancia (11). La infeliz sufrió muchos ataques de cuernos. Pero ¡qué se va a esperar de un Borbón!

No es oro todo lo que reluce. Las enfermedades de Luis XIV

El grado de endiosamiento de Luis XIV era tal, que enseguida adoptó el Sol como el emblema heráldico de su poderío. Luego, si su vanidad le exigía presentarse ante sus súbditos como Rey Sol, era para recordarles que estaba por encima de todos. Inclusive, superior al rey de España (su tío y suegro) Felipe IV. Por eso le ridiculizaba llamándole el “Rey Planeta”(12).

Como  todo fanfarrón se rodeaba de pelotas y aduladores. De bufones, en definitiva. Pero en contra de esa autodivinización, la realidad es que Luis XIV era humano y mortal. De hecho, carecía de buena salud. Y sus hábitos de higiene dejaban mucho que desear.

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A modo de historial clínico, Su Majestad padecía constantes problemas gastrointestinales a causa de su afición a las comilonas. También, ataques de gota, cálculos en la vejiga y diabetes. Asimismo, pilló una gonorrea por su promiscuidad sexual.

El colmo de males fue su alergia al agua. Es decir, que no se bañaba. Solo se lavaba la cara, y lo hacía con un algodón humedecido con saliva (13), lo justo para quitarse los polvos y el carmín de los morros. Consecuentemente, tenía piojos en el pelo y acabó con pústulas en la piel y alopecia (calvicie).

En la misma línea, muy pronto empezó con infecciones dentales y una desagradable halitosis. No obstante, sus serviles aduladores seguían allí…

Un día soleado, paseando con su séquito, Luis XIV se quejó ante el cardenal D´ Estréss de que se le caían los dientes. Y este religioso lameculos le contestó:

“¿Dientes, Su Majestad? ¿Quién necesita dientes hoy en día?”(14)

Lujo, frivolidad y fiestas en el Palacio de Versalles

Luis XIV se miraba en todos los espejos del dorado Palacio de Versalles y se lucía emperifollado ante su corte. Vanitas Vanitatis.

Su excelsa dignidad necesitaba un lugar esplendoroso para gobernar y celebrar eventos fastuosos. Así, a pocos kilómetros de París y sobre un antiguo castillo de caza, levantó el colosal Palacio de Versalles y fue residencia real hasta la Revolución Francesa.

Si su bisabuelo Felipe II reflejó su grandeza en El Escorial, él lo haría en el Palacio de Versalles, e instalaría allí su corte. De paso, tendría controlada a la nobleza, que antaño se rebelaron frente al poder de la monarquía en la Fronda (15). Con rigor, Versalles no era un palacio sino  una ciudad palaciega que albergaba a unas 20.000 personas.

El majestuoso Palacio de Versalles.
El majestuoso Palacio de Versalles.

El monarca cumplió el ambicioso sueño de Versalles, a pesar de la advertencia del ministro de Hacienda, J. B. Colbert, sobre el riesgo de quebrar al erario público con el coste de las obras.

El programa de festejos en el Palacio de Versalles era inacabable: banquetes pantagruélicos, bailes y fuegos artificiales de madrugada. La diversión estaba asegurada. ¡Hasta se representaban obras de teatro de Molière!

Elegancia y hedor. Los reyes también cagan

Sin embargo, ese estilo de vida frívolo y libertino escandalizaba a la austera María Teresa de Austria, su primera esposa.

En esos fastos, Luis XIV hacía su entrada subido en un carro dorado, vestido de dios Apolo. Apoteósico. Sin ningún complejo, su hermano Felipe de Orleans acudía disfrazado de pastorcita. Los invitados solían ponerse sus mejores galas, enjoyados al máximo. Pero ahí nadie se bañaba. Y los trajes tan pomposos tampoco se lavaban y olían mal, por más que mitigaran el hedor con fuertes perfumes.

Todo Versalles olía mal. Era un auténtico pozo negro. Las alcantarillas subterráneas se llenaban de desechos humanos y la peste subía a las habitaciones. Faltaban letrinas y agua corriente, con lo cual, esa gente tan elegante orinaba y defecaba en cualquier rincón (16). Pues no olvidemos que “caga el pobre, caga el rico, caga el rey, caga el Papa y caga el obispo”, glosando el famoso poema.

El filósofo Voltaire tuvo la suerte de ser invitado al palacio. Después de pasar allí unos días definió su habitación con detalle:

el agujero de mierda con peor olor en todo Versalles”(17).

El ocaso del Rey Sol, la muerte de Luis XIV

El Rey Sol tuvo su cénit, pero también su ocaso. La vida licenciosa le pasó factura y envejeció pronto. A partir de los 50 ya no tenía dientes y su vitalidad había menguado considerablemente. Pero en sus años mozos fue un donjuán metrosexual que escandalizó a la iglesia con sus pecados mortales. ¡Llegó a esperar simultáneamente hijos de tres mujeres! (18). Entre legítimos y bastardos engendró la friolera de 17 vástagos. Y eso desgasta a cualquiera…

Siempre le gustó representar su papel como histrión, en el gran escenario que era Versalles. Necesitaba ser el centro para sentirse adorado. En el fondo, el glamour que desprendía, la metrosexualidad y su estrambótica imagen no eran sino pura propaganda, ya que él era la esencia de Francia y viceversa. Podriamos definirle como un influencer por Razón de Estado.

La ceremonia del adiós

En su declinar, quiso ser coherente y permitió que la corte, que fue testigo de su esplendor, participara de su decrepitud. Con los años se convirtió en la caricatura de sí mismo..

Por propia voluntad, su agonía fue pública. Al final de sus días, el dormitorio real parecía el camarote de los hermanos Marx. Aunque por más cuidados de su médico G. C. Fagon, la gangrena instalada en una pierna le ganó la partida (19).

Fotograma de la película "La mort de Louis XIV" (Albert Serra, 2016).
Fotograma de la película «La mort de Louis XIV» (Albert Serra, 2016).

En esas circunstancias, Luis XIV tuvo tiempo de despedirse con serenidad de sus consejeros, de los príncipes y princesas y, por supuesto, de su segunda esposa Madame Maintenon (20). Con ella, el monarca se hizo monógamo y alcanzó la ansiada paz del alma. Acto seguido, besó y bendijo a su bisnieto el Delfín. Aún lúcido, organizó su propio funeral y entierro y recibió la comunión.

Por último, el moribundo realizó un examen de conciencia y se arrepintió de sus pecados y de todas las guerras emprendidas. Esto es importante recalcarlo.

Terminamos esta semblanza de Luis XIV  con unas palabras de su cuñada Isabel Carlota de Baviera:

“A su muerte, Luis XIV ha demostrado que era un gran hombre, pues no es posible morir con más firmeza y valor que él” (21).

¡El rey Luis XIV ha muerto!

¡Viva el rey Luis XV!



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) Expresión que significa “adelantado a su tiempo”.

(2 ) Jacques–Bénigne Bossuet fue un clérigo e intelectual del siglo XVII que defendía el derecho divino de los reyes y, por consiguiente, el Absolutismo de Luis XIV.

(3) Areilza, 1990, p. 14.

(4) Título que se otorga al heredero del rey de Francia.

(5) Zavala, 2017.

(6) Cifuentes, 2017.

(7) Siglo XVII, coincidente con el Barroco.

(8) Princesa Palatina, 1962, p. 154.

(9) Princesa Palatina, 1962, p. 154.

(10) Princesa Palatina, 1962, p. 153.

(11) Areilza, 1990, p. 102.

(12) Areilza, 1990, p. 65.

(13) El Español, 2018.

(14) Fisas, 1989, p. 200.

(15) Levantamientos en París de los nobles. Luis XIV los sufrió en su adolescencia y los temía.

(16) Antigone, 2020.

(17) Antigone, 2020.

(18) Areilza, 1990, p. 111.

(19) Areilza, 1990, p. 190.

(20) Françoise d´Aubigné, marquesa de Maintenon, fue la institutriz de sus hijos.  Era mayor que Luis XIV, una mujer de gran cultura y muy devota. Se casaron en secreto.

(21) Princesa Palatina, 1962, p. 154.

Bibliografía

  • Antigone, M., 2020, Lujo, Ostentación y hedor en el palacio de Versalles, «Historia y Vida». [En línea] Disponible en: https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporánea/ (1 de octubre 2020).
  • Areilza, J. M., 1990, Luis XIV, el Rey Sol, Planeta, Barcelona.
  • Cifuentes, A., 2017, Felipe de Orleans, un príncipe afeminado en la corte del Rey Sol.[En línea] Disponible en: https://hipnosnews. wordpress.com/ (29 de septiembre de 2020).
  • El Español, 2018, Las extrañas manías de Luis XIV: calzaba tacones y se negaba a bañarse. [En línea] Disponible en: https://www.elespañol.com/cultura/historia/ (1 de octubre de 2018).
  • Fisas, C., 1989, Historias de la Historia, Planeta, Barcelona.
  • VVAA, 1962, Reportaje de la Historia, Planeta, Barcelona.
  • Zavala, J.  M., 2017, Luis XIV, el rey que nació con dos dientes, La Razón. [En línea] Disponible en: https://www. Larazon.es/cultura/ (23 de septiembre de 2020).