Marzo 1891 

No importa de dónde vengo, ni las pesadillas que tengo en la noche, o cuando las recuerdo. Lo que importa es que estoy aquí.

Ajjj… Mira mis manos, sigo con el polvo encima de ese encantador lugar, una dama no debería tener ese trabajo, (ni yo me creo esa absurda frase), ¿qué dirán mis vecinas? Aquellas damas refinadas ¿de mí y de mi trabajo?, seguro me comen con sus pensamientos. Bueno, a ganar la comida se ha dicho. 

No me cansaré de mirar por esta ventana, París se ve hermosa desde aquí, Moulin Rouge se ve hermoso desde aquí (a pesar de los secretos que este tenga). Pronto tendré que dejarlo, y admirar la belleza de …de lo que me espere.

¡¡Merde!!, ya voy tarde.

De camino a mi trabajo veo cómo las mujeres ostentosas de hoy en día beben chocolate en las cafeterías, como de la Paix, sin nada más que hacer que chismear sobre alguna otra vecina, sea nueva, o no.

Lo que no saben es que todos conocemos lo que ocultan, París es demasiado pequeña, y es una dama más en la conversación, por ejemplo, la dama sentada sola en la esquina, es madame Babette, está esperando a su esposo, bueno depende del día que sea, si es miércoles entonces, lo único que diré es que no es su esposo a quién ella espera.

La otra mujer, la que está a dos asientos de madame Babette, es madame Alize, ella y sus amigas, se reúnen día por medio para chismear sobre sus vecinos, o para lucir alguna joya nueva y cara que sus esposos les compraron, creyendo que ellas son las únicas a las que les regalan sus esposos aquellas joyas. 

Jejeje, bueno hay que preguntarles a las mujeres del Moulin Rouge si opinan lo mismo. 

A las otras damas sentadas en el lugar no las conozco, pero al igual de Madame Alize, no dejan de hablar de temas que no son de su incumbencia, pero según ellas, podrían resolver todos los problemas de París sentadas en ese café.

Pero yo creo que sentadas y de tanto hablar podrían bailar cancán con sus bocas en ese café.    

Pero bueno, así es París, bella y complicada a la vez.

Sobre todo, de noche.

Miren nada más este desfile de copas, este de desfile de hombres lujuriosos, extasiados, corpulentos y sínicos, que van hacia Montmartre, que van hacia el Moulin Rouge, si lo veo mejor, es como un banco: ellos van a gastar todo, van a invertir en todo lo que puedan, pero en este juego perderán aún más. 

Sí, es exactamente como un banco, ¿o qué opina usted Monsieur Ivo?, su trabajo ¿es igual a este lugar?

Mientras tanto, dentro del Moulin Rouge está las mujeres cambiándose, para ser parte del trato, parte del intercambio.

Están aquellas señoritas escogiendo sus faldas, ajustándose el busto, cambiando las medias de hilo, y colocándose ese extravagante maquillaje, ocultando de aquellos espectadores la verdadera realidad, a lo que Charles Zidler entra y dice:

-¡¡A BAILAR SE DIJO!! 

Y es hora, las puertas se abre, todos se ponen sus máscaras, y empieza la diversión (para algunos). 

La fiesta sigue y yo veo todo lo que tengo que recoger una vez que termine. 

Ufff… Pero miren ahí, buenas noche Monsieur Orson, creo que tiene un muy buen momento con Mirelle, pero miren que joya le regaló, una joya así no se encuentra en todos lados.

Bueno excepto en las manos de madame Alize. Les dije que ella no era la única que tenía buenos momentos con su esposo.

Entre la multitud, hay muchos como Orson, que prefieren la compañía y el calor que el cancán puede darles en una noche como esta.

Ya casi termina la noche y aquellos hombres van saliendo y yo voy limpiando sus errores, para la noche siguiente, por eso mis manos están como están.

Soleil decidió ayudarme hoy, ella es una bailarina de cancán, es una buena persona, pero lamentablemente tuvo que terminar aquí.

Ella es la hija de Madame Babette, hoy no es miércoles, así que no se vieron. Soleil tuvo que convertirse en bailarina de cancán por dinero, pues miren, el banco quería su casa debido a que su padre se endeudó demasiado, y ellos no tenían cómo pagarlas.

Entonces Soleil debe hacerlo, debe pagar las deudas y errores de su padre. 

Madame Babette y Soleil se ven en secreto, porque su padre no tolera que ella sea una bailarina, y le da vergüenza sólo el mencionarlo. Pero su Madre conoce muy bien el sacrificio de su hija, y quiere mostrar su agradecimiento de alguna manera, así que le invita todos los miércoles a tomar un café, ya que sólo tiene dinero para eso. Para Soleil es más que un café, es un momento invaluable, muy especial que le da esperanza, y que hace que olvide todo lo malo del trabajo.

Como Soleil hay muchas, y creo que son muy valientes a pesar de lo que la gente diga de ellas. 

Así es París hoy, hermosa y cruel a la vez.

Enero 1907

Hoy será un día muy especial, al menos es lo que dijo Zidler.

Según oí la esposa Henry Gauthier Villars se presentaría; Según las bailarinas él es un gran escritor, sobre todo con sus libros “Claudine”, bueno no los pude leer, pero comentan que es como si los hubiera escrito una mujer, que fue una revolución, algo diferente a lo que se lee hoy en día. 

Creo que lo leeré, bueno si me alcanza para comprarlo.

La presentación se llama “El sueño de Egipto”, tienen muchas expectativas respecto a esta, y hasta a mí me llamó la atención por un momento, pero la verdad, lo único que espero es que no ensucien demasiado este lugar.

A poner las sillas, a preparar el escenario, a colgar el vestuario, a romperse el lomo se dijo.

Ya empieza la obra, Madame Colette esta vestida de momia, y un joven bien parecido entra como explorador para bailar con ella, y capta mi atención, era realmente interesante.  Pero miro a la audiencia, no conozco bien a la gente que está sentada allí, pero puedo decir que no están contentos, o al menos no lo parecían.

¿Qué hizo aquella dama para que la miraran de esa manera? 

Sé que no me incumbe, pero muchas personas la miran de esa manera. Pero si hizo algo malo, ¿Por qué vinieron a verla entonces? 

Escuche a Loana decir que el apuesto joven que bailaba junto a Madame Colette no era un muchacho, sino una mujer.

Fue ahí, cuando me di cuenta de que no estaban esas personas mirando de esa manera a madame Colette, sino a su compañera Mathilde de Morny, y que habían venido a verla por morbosidad.

No conozco a Madame Mathilde, pero creo que, si ella decidió vestirse, bailar como hombre, nadie debería criticar, u opinar de aquello, es su vida y ella puede hacer lo que quiera con ella.

Después sucedió algo, Madame Mathilde besó a Madame Colette, algunas personas del lugar enfurecieron y empezaron a tirar cosas al escenario, pero lo que sucedió fue que otras no. De un momento a otro los que defendían a ambas damas se pelearon con las que no las defendían.

No las volví a ver desde aquel momento, ni supe qué paso con ellas, pero espero las comprendan, y que dejen de molestarlas.

Así es París hoy, bella e inesperada a la vez.

Septiembre 1909.

Bueno el mundo está cambiando en verdad. 

Aparecen nuevos talentos, nuevos rostros, nuevas historias que cambian a París, la cambian mucho, pero la hacen aún más hermosa y más interesante.

Las costureras del Moulin Rouge no paran de hablar de este circo nuevo, que cautivaba a la gente, sobre todo a las damas, como no me gusta meterme en lo que no me incumbe, pues me puse a escucharlas.

Al parecer en este circo había un hombre muy atractivo, y muy misterioso, llamado Didier, ellas cuentan que él puede volar, no saben cómo, pero lo puede hacer. De inmediato me llamó la atención, ¿cómo un hombre puede volar dentro de un circo? Y ¿en ese lugar tan pequeño?, ¿tendrá alas?

Debo admitir que aquella noche no pude dormir pensando en aquel hombre, y el tema de volar, mis pensamientos curiosos se habían puesto en él, me impresionó tanto aquel chisme que, de un momento a otro me hallaba en aquel circo, tenía que saber cómo lo hacía, y lo que hacía.

Entré en aquella carpa, y pude observar cómo dentro era muy parecido al Moulin Rouge, había personas disfrazadas, realizando números extravagantes para entretener a toda esa gente, que, como yo, fueron por curiosos.

Hasta ahora no me había sorprendido el espectáculo.

Pero, el maestro de ceremonias entró, y presentó a aquel hombre quién se metía en mis pensamientos. 

Didier, el trapecista lo llamaban, una vez que entró, las mujeres del lugar gritaban, algunas incluso lloraban, todas ellas habían ido a verlo sólo a él, todas ellas extasiadas, a punto de volverse locas, como si él hubiera tenido un pasado con cada una de ellas. Y los hombres habían ido allí para comparar su hombría con la de él, para probar cuán poderoso era Didier, y si era una amenaza para sus momentos conyugales.

Didier entró, semi desnudo, con su cuerpo musculoso, disfrazado y orgulloso de ello, pero a la vez era muy tímido, y claramente como dijeron las damas en el Moulin Rouge, MISTERIOSO.

Bailó un poco, mostrando a las señoritas que gran acompañante podría ser, escandalizando a los hombres. Luego subió por unas escaleras hasta donde se encontraba un pedazo de madera colgado de una cuerda, y del otro lado lo mismo, pero el vacío separaba a un lado del otro.

Él empezó a sostener esta madera, todas estábamos a la espera del gran acto, curiosas y morbosas. 

Y entonces él comenzó a volar.

Que sorprendente, en cuestión de segundos me había enamorado, sin saberlo, él sabía todo sobre mí, y yo nada sobre él, solo él podía conocer lo que yo deseaba, y quién realmente era yo.

Me quedé hasta el final, tenía que hablar con él, tenía que saber lo que siento, tenía que aprender a volar como él, a volar con él.

Pasaron las horas y yo esperando trataba de descifrar cómo había hecho semejante acto, en lo que él apareció y me dijo: – ¿lo disfrutaste?

Le dije sin titubear, como si mi propósito más grande fuera descubrir aquella fórmula:       –  dime ¿cómo lo hiciste?, ¡dímelo ahora! –lo agarré de los hombros y prácticamente lo obligué a decírmelo.

Él sabía lo que había hecho, sabía que me tenía, lo que no sabía era que yo estaba decidida a aprender.

Él era un hombre que jugaba con las mujeres, un mujeriego, que enamoraba a las mujeres como yo, curiosas y simples. 

Didier no esperaba que lo que yo quería no estaba en su cama, sino en su lugar de trabajo, que lo que quería no era su cuerpo, sino su talento. 

Entonces me ignoró, me dio la espalda, y me dijo que este no era trabajo para damas, y que me resignara a lavar, costurar o bailar. Aquel hombre del que me enamoré, se convirtió en otro adversario para mí, no iba a dejar que otra persona me denigre por quién soy, así que le grité: 

-Tampoco creyeron en ti hasta que vieron lo que hacías, ¿serás parte de esa audiencia?

Él se dio la vuelta, y me miró como si entendiese, como si supiese lo que me pasó, soltó un suspiro y regresó a mí.

De esa manera empezó mi primera lección, y me contó que su más grande inspiración fue Jules Leotard, que fue el mejor trapecista, que lo que había hecho quedaría en su mente y corazón para siempre.

Jules había aprendido a volar, y a bailar en el aire, así que Didier intentó aprender, y lo hizo, no era tan bueno como Jules, pero había logrado volar.

Entonces empezó a enseñarme, cada momento me sentía más y más cerca de dejar el suelo, pero más lejos de Didier, él se había convertido en un gran amigo, un gran maestro, un gran amor. Sabía que una vez que terminara de enseñarme, él tendría que irse, y sin mí.

 Un día me dijo que haga una presentación sólo para él, que me evaluaría, que era momento de ver cuánto había yo aprendido.

Entonces subí, estaba muy nerviosa, ¿acaso mi maestro se decepcionaría?, ese pensamiento fue creciendo hasta que me dio mi señal, y como si me hipnotizara, no lo pensé dos veces, salté, y volé. No me había sentido tan libre como en este momento, París no era tan bella como yo al volar. 

Pero tenía que terminar, no podía quedarme en el aire mucho tiempo, así que paré.

Al pisar de nuevo el suelo pude ver que Didier se había enamorado, pero ¿sería de mí? Sin darme cuenta me hallaba corriendo a sus brazos para terminar la lección con un beso.

Fue el inicio de algo, no sé de qué cómo decirlo, aún no puedo describirlo, pero me cambió.  

Poco después me enteré que Didier había quedado con los del circo que ya era momento de que me conocieran, que estaba lista. No lo creí, yo pensaba en que talvez el amor de Didier por mí lo había cegado, pero, me di cuenta que tenía que saber si yo estaba lista, por mí, que es lo más importante.

Así que acepté.

Tenía que vestirme, ponerme si disfraz, tenía que ser alguien más frente a la audiencia, debía cautivarlos, ahora no sólo vendrían a verlo a él, sino también a mí, para ellos talvez sería una novata, pero si lo hago bien, ellos no se darían cuenta.

Didier inició su presentación, como siempre lo hizo de maravilla, como siempre los dejó con la boca abierta, y totalmente satisfechos.

Ahora era mi turno, y estoy lista. El maestro de ceremonias entró, y me presentó: 

-Ahora con ustedes para París entera, se escuchó el murmuro de la gente sorprendida, no se esperaban otro acto esta noche, entonces el maestro dijo:

 -Lía, la dama voladora, ¿era eso?, ¿una dama?, ¿acaso toda esa gente vería elegancia en mi volar?, me pareció gracioso en el momento, pero ya era hora, tenía que volar para ellos.

Extendí mi mano, para saludarlos y, empecé.

Volé para ellos, pero la verdad no lo hice, al iniciar olvidé que ellos me estaban observando, así que realmente volé para mí, y sólo para mí.

Terminé de volar y todos me aplaudieron, sentí que era dueña del momento, dueña del mundo, dueña de París.

Seguían aplaudiendo y lanzando flores, y me pidieron que lo haga de nuevo, toda la audiencia pedía por más, estaban embriagados por mi presentación, ¿quién era yo para negárselos?

Detrás de mí estaba Didier, amándome, apoyándome, aplaudiéndome, fui y le di las gracias con un beso. Entonces corrí con todas mis fuerzas y empecé, una vez más estaba volando, pero escuché el grito de Didier, él me decía que me detuviera, en el momento no sabía por qué, pero luego me di cuenta, yo no había calculado la segunda madera, había saltado demasiado tarde, y esta se alejaba de mí.

No logré detenerme a tiempo.

Todo se nubló.

Mi momento había terminado.

Septiembre 1909

Ajjj… Mira está rota, y yo sigo con el polvo encima de ese encantador lugar, una dama no debería tener ese trabajo, (ni yo me creo esa absurda frase), ¿qué dirán mis vecinas? Aquellas damas refinadas ¿de mí y de mi trabajo?, seguro me comen con sus pensamientos.

Bueno, a ganar la comida se ha dicho. 

No podré volar de esa manera otra vez, no con el ala rota.

Fue hermoso mientras duró, quién dice que uno no puede ser y hacer lo que uno quiera. Mírenme a mí una simple paloma en París, que pudo ser humana y trapecista en una noche, aunque hubiera sido un solo un sueño. 

Lo logré, cumplí mi deseo, ahora lo saben.

Así es París: bella, complicada, hermosa, inesperada y cruel a la vez.

Así es “La Belle Epoque”

FIN


Autor/a: LA PILPINTU


Recuerda que puedes ayudarnos a elegir a los relatos ganadores del nuestro concurso. Para votar solo hay que dejar un comentario puntuando el artículo del 1 al 10 y si eres tertuliano de Telecinco o simplemente te gusta criticar pues explícanos los motivos, pero no te pases, que nos somos bichos, aunque alguno comamos como tales, ¡nos echarás un cable para decidir al mejor! Y acuérdate de que 10 es más que uno… que luego nos hacemos la picha un lío… ¡Ah! y se podrá votar hasta el 20 de agosto, todos los artículos que quieras, para dar unos diítas de reflexión.

De la votación se sacarán los 5 finalistas, los que tengan más puntos totales; si suman más de 10 puntos usaremos calculadora, que somos de letras… Muchas gracias por tu colaboración. 

8 Comentarios

  1. Estoy de acuerdo con Eva. Debería cuidar un poco la presentación y atender a la gramática y a la puntuación del texto. Y aún con todo, me ha parecido un relato original y una historia emotiva y encantadora.

  2. Paréntesis sin abrir, descuidos con los interrogantes, comas que deberían ser puntos, puntos que deberían ser comas; una “merde” que debería ir en cursiva o, por lo menos entrecomillada, por ser palabra en francés (no es el único extranjerismo sin resaltar). Muchas palabras repetidas en la misma frase, sobre todo “madame”, “joya”, “dama”, “esposo”. “Ufff” se escribe con una sola “f”. “Tal vez” separado. Dejando aparte lo formal: no he pillado el motivo de esos saltos en el tiempo. La idea del relato podría ser buena, pero creo que no se logra.
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