Los francos entraron en el territorio romano a inicios del siglo V. Este pueblo se instaló en diversas zonas de Bélgica y del norte de Francia. Tras la caída del Imperio Romano, los francos se erigieron como uno de los diferentes poderes, junto a los visigodos y los burgundios, en los que se fragmentó la provincia romana de Galia. Clodoveo I, rey franco, se impuso a todas estas poblaciones y consiguió unificar todo el territorio francés en beneficio de su pueblo. Sin embargo, la hegemonía de esta dinastía no duró mucho tiempo. Así, comenzó a desarrollarse la decadencia merovingia.

Clodoveo I instituyó la monarquía merovingia.
Clodoveo I instituyó la monarquía merovingia. Fuente: Wikipedia.

Durante la etapa de esplendor, Clodoveo I se convirtió al cristianismo y se alió con la aristocracia galorromana. Esta aristocracia dirigía las funciones administrativas dentro del territorio de Galia. Con su apoyo, este soberano, que fundó la dinastía merovingia, derrotó a los visigodos. Así, los expulsó de las tierras galas. Este monarca también hizo de París la capital de su reino y estableció un fuerte protectorado sobre el débil estado burgundio (1).

Después del fallecimiento de Clodoveo I, se produjo una fragmentación de la realidad socioespacial en Galia. Los merovingios constituyeron los reinos de Austrasia, Neustria y Borgoña debido a la diversidad de los grupos étnicos francos establecidos en el territorio galo.

Los mayordomos de palacio se impusieron a los merovingios y se hicieron con el control estatal

El inmenso influjo que alcanzaron los mayordomos de palacio provocó que la monarquía merovingia se convirtiera en un juguete en sus manos. Con el paso de los años, la figura de los monarcas palideció ante el poder que presentaban estos aristócratas. Los mayordomos adquirieron un gran rol político y social. Así que se dedicaron a controlar tácitamente la monarquía merovingia.

Los mayordomos de palacio de Austrasia adquirieron una imponente autoridad política. El territorio merovingio era continuamente atacado por los pueblos germanos, como los turingios y los bávaros. Estos mayordomos se encargaron de efectuar la defensa del territorio y reforzaron su potestad en el reino. A medida que el poder del rey se debilitaba, las influencias de los aristócratas regionales eran más preponderantes. Los Pipínidas, jefes de la aristocracia austrasiana, lograron sacudirse la tutela del palacio y se apoderaron de sus funciones (2).

Los Pipínidas consiguieron imponerse a la monarquía merovingia. Pipino de Herstal unificó las mayordomías de los tres reinos. Posteriormente, se quedó solo en el poder y consolidó su liderazgo político. Tras su deceso, le sucedió en el cargo un hijo bastardo, Carlos Martel, cuyos éxitos pondrían las bases de la futura construcción política efectuada por su nieto Carlomagno.

La decadencia merovingia comenzó tras la muerte de Dagoberto I

Tal y como reseñamos anteriormente, los carolingios se encontraron súbitamente en una situación ventajosa. Esta situación óptima no la habían provocado, pero supieron sacarle un gran rédito político, al hacerse con el poder e iniciar una nueva dinastía.

Los merovingios combatieron contra los visigodos y los burgundios para hacerse con el poder.
Los merovingios combatieron contra los visigodos y los burgundios para hacerse con el poder. Fuente: Wikipedia.

El estado merovingio atravesó una prolongada decadencia, a partir de la muerte de Dagoberto I. El Reino Franco merovingio fue una potencia que presentaba un influyente papel internacional. Los monarcas trataron de instalarse de manera sólida en las zonas mediterráneas. Desde su asentamiento en Galia en el siglo V, los merovingios pretendieron conquistar los territorios de las regiones de Provenza y de la península Ibérica. Allí, entablaron una lucha contra los visigodos. A partir del año 632, el reino franco se debilitó. La influencia monárquica se replegó territorialmente y la dinastía cayó en una profunda crisis.

La decadencia merovingia se produjo por las incesantes luchas civiles existentes entre los distintos reyes. La mayor parte de estos monarcas llegaban al poder siendo menores de edad. Esta inmadurez supuso que los reyes se guiasen por los excesos. Asimismo, la mayoría de los soberanos eran unos degenerados que no ejercían ningún tipo de acción política sobre su territorio. Estos reyes se convirtieron en meros juguetes en manos de los mayordomos de palacio (3).

La disminución del tesoro real influyó en la decadencia merovingia

Otro aspecto que motivó la decadencia merovingia fue que el tesoro real comenzó a menguar a partir del siglo VII. El rey no era un terrateniente que vivía holgadamente del fruto de sus tierras. El principal ingreso que recibía el monarca era a través de los impuestos estatales. Estos tributos cada vez proporcionaban menos riqueza a las arcas. Los reyes concedieron múltiples exenciones impositivas a los sectores seglares y eclesiásticos de la sociedad. De esta forma, las facciones religiosas y nobiliarias percibieron la debilidad de la realeza y consiguieron la inmunidad fiscal.

Durante esta etapa, el comercio disminuyó y los peajes y los impuestos directos también se redujeron. La reducción del tesoro real provocó una crisis en la realeza del estado franco. La desaparición de las transacciones marítimas por la expansión del Islam a través de las costas del Mediterráneo propició el inicio de esta crisis comercial. Al decaer el comercio, la riqueza se concentró en los terrenos agrícolas, por lo que se incrementó el poder de la aristocracia sobre la realeza (4).

A medida que el poder del rey se debilitaba, las influencias de los aristócratas regionales eran más potentes dentro del territorio. Los Pipínidas, jefes de la aristocracia austrasiana, lograron sacudirse la tutela del palacio y se apoderaron de sus funciones, tras dar un exitoso golpe de estado (5).

La decadencia merovingia aconteció por la pérdida del poder regio sobre el territorio

Diversos historiadores consideran que el periodo carolingio fue una continuación de la etapa merovingia. Sin embargo, Henri Pirenne, medievalista belga, señaló que esta afirmación era errónea. El catedrático indicó que la época merovingia perteneció a un ambiente totalmente distinto al existente en el periodo carolingio. El historiador alegó que los antepasados de los carolingios no fueron los reyes merovingios, sino los mayordomos de palacio austrasianos. Asimismo, durante el periodo carolingio, las relaciones con la Iglesia se modificaron por completo. El monarca merovingio era laico y el rey carolingio estaba estrechamente vinculado con la institución eclesiástica (6).

Las luchas internas merovingias ocasionaron la decadencia y la caída de la dinastía.
Las luchas internas merovingias ocasionaron la decadencia y la caída de la dinastía. Fuente: Wikipedia.

Además, ambas monarquías no tuvieron ningún tipo de connivencia entre sí y se oponían mutuamente. Pirenne señaló que la principal razón de la decadencia merovingia procedía de la creciente debilidad del poder real. Esta debilidad, aprovechada por los carolingios para acceder al poder, fue causada por el desarreglo de la administración financiera y por la reducción del tesoro real (7).

El poder absoluto de los merovingios no pudo frenar su caída del gobierno

El último aspecto que ocasionó la decadencia merovingia se produjo debido a que los carolingios poseían unos ingresos regulares, a partir de las rentas de sus posesiones agrarias. De esta forma, su poderío financiero provenía de su patrimonio y no de los impuestos, como sí ocurría en la dinastía merovingia.

Por otro lado, el monarca carolingio era rey por la gracia de Dios. El soberano poseía una moralidad cristiana que limitaba el poder que ostentaba sobre sus súbditos. De esta forma, el monarca no podía realizar las acciones violentas que cometían los reyes merovingios laicos, que tenían un poder absoluto (8).

Como conclusión, la decadencia merovingia acaeció por culpa de la sucesión simultánea de diversos factores. La primera causa consistió en la existencia de una serie de luchas civiles entre los monarcas y sus familiares para tomar el poder. La segunda motivación estribó en la disminución del tesoro real, por las exenciones impositivas hacia los aristócratas y los eclesiásticos francos. La tercera razón radicó en la desaparición del comercio marítimo, a través del cierre del Mediterráneo por parte del mundo islámico.



No te pierdas más artículos interesantes en nuestra revista Khronos Historia.


Referencias y bibliografía

Referencias

(1) García y Sesma, 2008, pp. 38-39.

(2) Pirenne, 1993, pp. 164-170.

(3) García y Sesma, 2008, pp. 115-123.

(4) Pirenne, 1993, pp. 151-164.

(5) Duby, 2007, p. 59.

(6) Pirenne, 1993, pp. 213-221.

(7) García y Sesma, 2008, pp. 115-123.

(8) Donado y Echevarría, 2014, p. 41.


Bibliografía

  • García, J. A. y Sesma, J. A., 2008, Manual de Historia Medieval, Alianza Editorial, Madrid.
  • Pirenne, H., 1993, Mahoma y Carlomagno, Alianza Editorial, Madrid.
  • Duby, G., 2007, Atlas histórico mundial, Larousse Editorial, Barcelona.
  • Donado, J. y Echevarría, A., 2014, Historia Medieval I (siglos V-XII), Editorial Universitaria Ramón Areces, Madrid.

Artículo anteriorLa historia del Partenón: una serie de «katastrophikas» desdichas
Artículo siguienteVentanas a prueba de Brujas: Witch Window
Grado en Periodismo y Máster en Historia Contemporánea. Actualmente estoy estudiando el Grado de Historia. "Escribiendo recuperaba retazos de paz y volvía a ser un HOMBRE. Ni mártir, infame o santo. Un HOMBRE normal que mira al futuro y al pasado", Primo Levi en "Si esto es un hombre".