En el siglo XIV, último de la Edad Media, tendrá lugar el fin del régimen  social  que había denominado Europa durante gran parte de esta etapa de la historia: el feudalismo.

Con el crecimiento de la burguesía urbana y  el despoblamiento de los campos, comenzó el despertar de las ciudades. Y así se vislumbraba un futuro con mayor prosperidad y menos servidumbre. Pero la nobleza no estaba dispuesta a renunciar al sistema del que se había nutrido hasta ese momento.

En Galicia, esa nobleza de la que hablamos, puso de manifiesto durante los últimos años del feudalismo en la región unas prácticas cercanas a la esclavitud de vasallos y campesinos. La respuesta de estos fue su unión en pequeñas hermandades locales durante todo el siglo XIV, decidiéndose atacar y destruir no a la propia nobleza, pero sí a aquello que representaba su poder: las fortalezas. Los irmandiños han pasado a la historia por estas practicas, pero detrás de esto había una organización firme que anticipada a sus días, la cual quería lograr crear un nuevo orden.

El Reino de Galicia en la Edad Media

Antes de entrar de lleno en las causas y desarrollo de las revueltas, conviene que hagamos unas breves referencias acerca de la historia y descripción del reino de Galicia. Incorporado a la corona de Castilla en 1230 (1), históricamente ha contado con unas características especiales.A pesar de las condiciones orográficas, con el macizo galaico atravesando toda la región, encontramos unos terrenos  con una gran riqueza agrícola e importante valor estratégico (2) donde precisamente darán comienzo las revueltas.

Unos terrenos que se encontraban dentro de unos límites mayores a los de la actual comunidad autónoma, extendiéndose más allá de Ribadeo (población hoy limítrofe con Asturias) y ocupando la actual comarca del Bierzo con su capital, Ponferrada (3). Años atrás,  incluso contaba con el condado Portucalense, que se extendía por el sur hasta la actual Coimbra y germen del nacimiento en 1128 del reino de Portugal.

La crisis de la baja Edad Media en Galicia

Desde nuestra etapa escolar nos acostumbran a asociar la Edad Media a una etapa llena conquistas territoriales y conflictos derivados de estas, pero cuando avanzamos hacia los siglos XIV y XV, se sacuden factores que cambian radicalmente esas concepciones. Estos dos siglos están dominados por el hambre, la  peste, y guerras entre linajes (entre hijos legítimos y bastardos y los que puedan surgir de ambos), produciendo serie de conflictos sociales que afectan a nobles de toda procedencia (de la más pura estirpe a las más reciente), a esa creciente burguesía en las ciudades, y cómo no, a los campesinos de cualquier origen y de todas partes.

En el caso de Galicia, la crisis de la Baja Edad Media no sería una excepción (4). El por qué lo encontramos en múltiples elementos: conflictos castellano-portugueses (5), levantamientos urbanos, y pleitos entre la nueva y vieja aristocracia, etc. Pero la Guerra Civil Castellana (6) sería el episodio que marcaría principalmente a la sociedad gallega en esta época. La nobleza tradicional gallega, que hasta se consideraba descendiente de los mismísimos reyes suevos (7), tomaría parte del bando perdedor en la guerra, Pedro I, frente al vencedor Enrique de Trastámara.

Enrique II, primer rey de la la dinastía Trastámara en la corona de Castilla
Enrique II, primer rey de la la dinastía Trastámara en la corona de Castilla. Fuente: biografiasyvidas.com

La derrota de Pedro I hizo que la nobleza tradicional gallega pagase cara su apoyo al vencido. En Galicia se asienta de repente una nueva nobleza muy diferente,  la trastamarista, laicos y guerreros, tachados como caballeros insignificantes por la nobleza antigua pero protegidos por el nuevo monarca (8).

Las intenciones de la nueva nobleza triunfante serán dobles. Su codicia por un lado les llevaba en exprimir todo lo que se podía y más a sus nuevos vasallos y campesinado, y por otro como veremos, conseguir las rentas de aquellos que estaban exentos: el clero.

La sociedad gallega en el siglo XV

Durante el siglo XV, la situación social de la región podía resumirse en las  siguientes dos frases: los señores lo tenían todo, los vasallos no tenían ni el derecho a nacer o morir (9).  A ello se unían la obligación de presentarse armados cuando el señor declaraba la guerra y una provisión de alimentos en ese caso. En cuanto al trabajo diario, en absoluto estaba exento del despotismo nobiliario. Los vasallos estaban en la obligación de trabajar gratis en las tierras de los señores y a pagar el tributo en especie, además de construir o reparar sus castillos y fortalezas (10).

Todo sistema feudal era idéntico en cualquier otro lugar de Europa, pero singularmente las condiciones se agudizaban en Galicia por la avaricia aún mayor de los nuevos señores, y en consecuencia, por qué los vasallos se resignaban malamente a la servidumbre impuesta.

Armandiña - Revuelta de los armandiños -
Grabado de señor y campesinos en época feudal. lifeder.com

Otra parte en este orden medieval la ocupaban los burgueses. Durante todo el siglo XV los burgueses gallegos habían alcanzado un crecimiento notable tanto en las zonas interiores como en las marítimas (11), lo que les llevará a participar de forma notable en la formación y acción de las Irmandades.

Antecedentes – Irmandad Compostelana de 1418

A partir de 1418 tenemos una  burguesía fuerte en las principales ciudades gallegas, comenzando entonces una serie de  conflictos urbanos. Se tratará de insurrecciones periódicas cuyo objetivo será el liberarse no de la nobleza esta vez, sino del yugo eclesiástico. Ciudades como Santiago, Orense, Lugo o Tuy  querrán librarse del señorío eclesiástico y ponerse bajo protección directa del rey, para que las ciudades pasasen a ser señoríos de realengo, logrando de esta manera mayor libertad para el desarrollo comercial.

Es en Santiago de Compostela, cuando después de un siglo XIV lleno de conflictos entre monarca, arzobispo, y habitantes de la ciudad, se forma en 1418 una Irmandade de vecinos. Aunque el concejo de la ciudad había obtenido en el siglo anterior la condición de realengo (12), la iglesia compostelana y sus arzobispos mantuvieron con firmeza su condición de señores materiales y espirituales de la ciudad.

Las acciones de esta temprana Irmandade son bastante poco conocidas, pero el cómo la mayor parte de la población de la ciudad se agrupó para la defensa de sus propios intereses, nos dice mucho de lo que se verá en el resto de siglo y más aún si vemos los resultados en otras zonas. Y es que en otras ciudades de la geografía gallega, como Ourense, una revuelta urbana contra el obispo asedió la catedral y dio muerte a este arrojando su cadáver al Miño (13). En Lugo, de la misma forma, se acabaría con la vida del obispo. No sabemos si duros pero los comienzos fueron fuertes…

I Revuelta Irmandiña – Irmandade Fusquella

En el año 1431 estalló la primera Revuelta Irmandiña. En el mismo año había tenido lugar la formación de la irmandade fusquenlla en tierras de la familia de los Andrade. El cabeza de esta familia era Nuño Freire de Andrade, II señor de Ferrol, Puentedeume y Villalba, y vivo ejemplo de la rapaz nobleza trastamarista  instalada en Galicia  desde el siglo anterior. Su carácter era conocido debido a la forma en la que llevaba la servidumbre feudal hasta límites extremos (14), como hacer que sus vasallos pagaran los banquetes del señor con los infantes y condes que invitaba a sus cacerías o tener que abastecer íntegramente las campañas bélicas.

El resultado de la opresión que vivía el pueblo provocó la formación de líderes populares a lo William Wallace sin el tradicional Kit escocés y sin nada que perder, dado que poco o nada era lo que poseían. El primer paso que dieron fue buscar el apoyo del monarca del momento en Castilla: Juan II. La idea fue tan improductiva como la negación del rey a recibirlos (15). La comisión de visitantes regresó desanimada pero con más mala host… de cuando habían comenzado el camino.

El odio estalló y los habitantes de la villa de Ferrol, tanto campesinos como  burgueses, tomaron sus calles con diversos instrumentos en manos fraternizando en una hermandad: irmandiños de Ferrol, liderados por un individuo llamado Roy Xordo. Algunas cifran llegaron a contabilizar 3000 integrantes (16), y no sería complicado dado que la cosa contagió a otras poblaciones como Villalba, Coruña y Puentedeume, donde se situaba la residencia de los Andrade, en el castillo del mismo nombre. Los irmandiños lo incendiaron y derribaron parcialmente, quedando actualmente en el estado que presenta la fotografía

revuelta de los irmandiños
Castillo del señorío de Andrade, en Puentedeume (La Coruña). Fuente: casteloandrade.com

El señor Andrade huyó a Santiago de Compotela para encontrar la protección del obispo de la ciudad, y allí que también fueron los irmandiños.

Mientras tanto el rey Juan II de Castilla,  no era ajeno al movimiento que se producía en Galicia, y encargó al obispo de Santiago servir como «relator» ante Andrade y los irmandiños. Las conversaciones se fraguaron en la localidad de Betanzos, a 23 km de Coruña. La única exigencia que planteó Roy Xordo fue la entrega de  Nuño de Andrade a la hermandad (17). Nada más.

El obispado relator dio por rotas las negociaciones pero el viaje de Roy Xordo no fue en balde: la Irmandade Compostelana, instituida como hemos visto en 1418, se unió al conflicto, formándose entonces un pequeño ejército de 10000 irmandiños (18). En este momento se cometería la primera imprudencia: los irmandiños decidieron atacar la ciudad de Santiago de Compostela. Frente a ellos se encontraba un ejército inferior pero mucho más profesional y adiestrado… Sería la primera gran derrota de los Irmandiños.

Los Irmandiños terminaron abandonando, pero a su paso por Betanzos, se enteraron de la estancia en el castillo del pueblo de la señora de Andrade e hijos y los cercaron. El asalto estaba a punto de acometerse cuando tropas mixtas integradas por el obispado compostelano, guardia personal de Andrade, y como novedad, del ejército castellano, apresaron a los Irmandiños y a su líder Roy Xordo. Lograron presentar defensa heroica, pero fue el fin de este primer levantamiento. La mayoría de los integrantes de la hermandad fueron acuchillados u ahogados en el cercano río. Los pocos que sobrevivieron, entre ellos Xordo, les esperaría tormento y muerte en los próximos años.

II Revuelta Irmandiña

En los años 60 del siglo XV, la alta nobleza gallega había aumentado más su poder si cabía. Además de las represalias como castigo a los participantes en la anterior revuelta, había obtenido el control de ciudades y puertos hasta ese momento en manos de la próspera burguesía (19).

En cuanto al resto de aquellos y aquellas que no eran de igual condición, además de soportar los agravios de los de arriba, las malas cosechas y pestes de la década no producían un apaciguamiento de su resentimiento. Por el contrario se fraguaba un nuevo conflicto. Un nuevo conflicto que esta vez se llevaría hasta cotas de guerra civil debido a una participación social muy superior a la revuelta de 1431, citando algunas fuentes la cifra de 80000 participantes (20).

La razón de que el nº se ampliará tan drásticamente fue a la variedad de los grupos sociales que sustentaban la Irmandade. Junto con vasallos, campesinos libres y semi-libres procedentes del campo, y burgueses de las ciudades, se unieron un importante número de  baja nobleza y hasta canónigos compostelanos que no mucho antes habían formando parte del bando contrario. ¿La razón?,  las expoliaciones que la nobleza laica llevaba a cabo sobre las posesiones eclesiásticas (monasterios y catedrales), con la intención de convertirse en encomendeiros (21).

Pero los líderes populares de esta nueva Santa Irmandade no iban ser eclesiales, sino integrantes de la nobleza más baja (22). Los principales fueron Pedro de Osorio (Centro de Galicia), Alonso de Lanzós (Norte) y Diego de Lemos (sur). La razón es sencilla si tenemos en cuenta que en la anterior vez la mayoría de irmandiños no había tenido una espada en su mano nunca, y por ello se apresuraron en confiar en líderes más expertos en el asunto de la guerra.

La onda expansiva comenzaría en una villa en pleno corazón de Galicia, Melide, en febrero de 1467, donde incluso acudirían gentes asturianas (23). En esta localidad coruñesa tendría lugar la xuntaza de las irmandades, constituyéndose finalmente la existencia de la Santa Hermandad del Reino de Galicia.  El  rey de turno, Enrique IV, incluso permitiría su extensión por todo el Reino de Galicia (24).

En cuanto a los enemigos, además del muy conocido linaje de los Andrade, aparecería el de los Lemos y el de los Moscoso. Señores laicos, codiciosos, y propietarios de fortalezas y castillos. Estos serían el principal objetivo. Precisamente, la II Revuelta Irmandiña comenzó al grito de “Abajo las fortalezas” (25). No era de extrañar…los vasallos las  despreciaban, pues su edificación no solamente constituía una personificación del poder noble, sino que la construcción les exigía enormes sacrificios: por un lado, tenían que poner a disposición del señorío sus cabezas de ganado para que se usasen como transporte de materiales; por otro lado, tenían que trabajar como albañiles gratuitamente.

A ello había que sumar que los nuevos inquilinos a los que la nobleza entregaba los castillos eran aún menos recomendables que estos.  Prácticamente futuros tiranos que exigían al campesinado tributos como el derecho de peaje si pasaban cerca de sus torres (26).

fortaleza de Sarria destruida en la revuelta de los irmandiños
Únicos restos de de la fortaleza de Sarria, destruida durante la revuelta en 1468, Fuente: pinterest.com

Ante actuaciones como las que hemos visto, no extraña que cerca de 130 fortalezas fueron desmanteladas durante los dos años que duró la guerra. Incluso se llegó a contar con un cuerpo especializado en su derribo, os pedreriros, cuya técnica fue desarrollándose a medida que se alcanzaba la cifra (27). Algunos de los nobles entregaron sus castillos con escasas excepciones (28), siendo el resto asediados a partir de abril de 1467. Desde el 25 de abril de 1467, con el derrocamiento del Castillo de Ribadeo, el de Santa Marta, fortalezas en Santiago, Padrón, Vimianzo, Noya, Sotomayor, Sarria, Monforte, Lugo (29)…incluso lograron sitiar el castillo templario de Ponferrada hasta donde había retrocedido numerosa nobleza.

Recreación del asedio al castillo de Ponferrada por parte de la Irmandade de los irmandiños
Recreación del asedio al castillo de Ponferrada por parte de la Irmandade. Fuente: leonoticias.com

No obstante, conviene que indiquemos que no se dieron actos atroces. No se persiguió a los señores derrotados, respetando su marcha al exilio e incluso su escondite en algunos monasterios o casas de antiguos vasallos (30). Decisiones que posiblemente serían impuestas ante la espontaneidad popular que crecía.

Organización de la Irmandade

Aunque el asedio y la quema de castillos fue constante como hemos visto, el periodo de 1467-1469 fue caracterizado por una ejemplar paz, perturbándose solamente al final, tras el retorno de los señores. No es extraño pues la Hermandad se constituyó bajo unos conceptos de paz, seguridad y justicia con el objetivo de garantizar el orden público en aquellos tiempos difíciles, pues el desorden venía de los señores (31). El tiempo de la hermandad en definitiva era la antítesis que el tiempo de la guerra.

Toda la Galicia popular estaba encuadrada dentro de la organización, que  dependía de sí misma. Se decía que la sincronización de sus mandos era  tan perfecta que podía levantar todo el reino desde el Cantábrico al Miño y desde el Atlántico al Bierzo (32).

Los irmandiños implantaron un gobierno propio y fuerte, nombrándose a los alcaldes, diputados y cuadrilleros de los concejos y villas del reino, así como acordar reunir el dinero necesario para alcanzar los objetivos propuestos como lograr el respeto a los fueros y costumbres locales, y recuperar los bienes y derechos reales usurpados.

El  espíritu era evidente cuando sólo consentían ser mandados por ellos y se auto exigía el cumplimiento de la normativa irmandiña que todos juraban obedecer. Bajo estas características, podemos llegar a comprender hoy los orígenes de la actual Xunta Galega (33), pues la Santa Hermandad asumió las atribuciones típicas del poder en la Edad Media.

Principio y final de los irmandiños

La mayor parte de la nobleza huyó al reino vecino de Portugal. Su exilio perduró hasta lograr apoyos de esta monarquía, además de otorgarles mejor equipamiento para la batalla. El líder del contraataque sería un joven de espíritu indomable como suele ser en estos casos, un tal  Pedro de Sotomayor, Vizconde de Tuy, conocido con el apelativo de “Pedro Madruga”. Iniciaría en la primavera de 1469 el contraataque desde Portugal con sus tropas dotadas con modernos arcabuces, a las que se unirían pronto las del arzobispo compostelano y otros nobles llegados desde Castilla. En la localidad de Balmalige, cerca de Santiago, tendría lugar la batalla contra los irmandiños. Sería una batalla de tinte dramático, contando los ejércitos de los nobles con las nuevas armas de fuego con las que se desarrollarían las futuras guerras de la Edad Moderna, contra las flechas, ballestas y escasas armaduras de época feudal que portaban los irmandiños (34).

Algunos miembros de la hermandad continuarían dando guerra en campo abierto en otros puntos de Galicia, con resultados favorables a los nobles. Sin embargo, las ciudades amuralladas si contuvieron las intenciones de los ejércitos señoriales, lo que obligo a estos a pactar. Algunas de estas ciudades fueron Santiago, Pontevedra, Ourense.

Reformas administrativas de los Reyes Católicos: la victoria tardía irmandiña

Con el aplastamiento de la revuelta la nobleza se vería enseguida llena de euforia, obteniendo nuevos títulos como condes, pero con poca concordia. La nueva guerra sucesoria castellana entre Isabel (la católica) y su sobrina Juana la Beltraneja dividiría de nuevo a la nobleza gallega. La victoria de la primera en 1479 provocó que la posición de la nueva monarca en Galicia fue la del destierro de la mayor parte de la nobleza gallega, entre ellos el que había sido su principal defensor ante los irmandiños. Pedro Madruga, obligándoles a abandonar sus castillos y fortalezas (35) y formalizándose nuevas estructuras administrativas (audiencias o chancillerías) que acumularán de poder la figura real sentando las bases del nuevo estado moderno: la monarquía autoritaria.

Isabel I la Católica y su sobrina Juana la Beltraneja se enfrentaron en una guerra de sucesión por el torno castellano durante 4 años
Isabel I la Católica y su sobrina Juana la Beltraneja se enfrentaron en una guerra de sucesión por el torno castellano durante 4 años. Fuente: es.wikipedia.org

De esta manera, aunque 20 años después de su derrota, las intenciones de los irmandiños pudieron verse realizadas, con una nobleza muy limitada y sumida al poder real, y con unas ciudades libres únicamente bajo control de los corregidores. En cuanto al campesinado, pudo consolidar sus pequeñas propiedades durante siglos (36). La temprana revolución anti feudal lograría resolver aunque años más tardes y con otros reyes, los problemas reales de su tiempo.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) El reino de Galicia se había incorporado previamente al reino de León en el año 1070 con el rey Alfonso VI, pero con la unificación de reinos en la persona de Fernado III en 1230, quedarían dentro de la corona de Castilla

(2) Nos referimos a las comarcas de Santiago, la de Lemos, Ourense, y las costeras en torno a la población de Betanzos

(3) La comarca del Bierzo, y las zonas adyacentes a la ría de Ribadeo, son territorios con un significado histórico muy unidos a Galicia.

(4) Villares, 1997, p. 79

(5) Nos referimos a las Guerras fernandinas, serie de enfrentamientos entre Castilla y Portugal sucedido entre 1369 y 1382, por parte de Fernando I de Portugal y la nueva dinastía castellana, la Trastámara

(6) Entre 1366 y 1369 tendría lugar el conflicto entre Pedro I, firme sucesor del anterior rey de Castilla Alfonso XI, y el hijo bastardo de este y pretendiente al trono Enrique de Trastamara. La victoria sería para la dinastía Trastámara, que gobernaría hasta la llegada de Isabel la Católica un siglo después.

(7) En el año 406, incursiones de suevos, alanos y vándalos penetraron en la Península Ibérica. Un acuerdo en el 416 entre el emperador romano Honorio pactó con los visigodos la expulsión de esos pueblos de la península, algo que lograrían rápidamente excepto por los suevos, arrinconados en Galicia y que consolidarían allí su propio reino durante 100 años.

(8) Villares, 1997, p. 84

(9) Armesto, 1971, p. 379

(10) Ibídem, p. 380

(11) Villares, 1997, p. 82

(12) El status de un lugar como «sitio de realengo» suponía depender jurisdiccionalmente del rey, única autoridad a la que se reconocía y tributaba, evitando así exigencias de nobles o eclesiásticos

(13) Villares, 1997, p. 83

(14) Armesto, 1971, p. 385

(15) Alvarez, 1966, p. 22

(16) Armesto, 1971, p. 385

(17) Ibídem, p. 386

(18) Villares, 1997, p. 85

(19) Martin, 2004, p. 437

(20) Villares, 1997, p. 85

(21) Patrones y defensores del patrimonio eclesiástico

(22) Villares, 1997, p. 86

(23) Barros, 2006, p. 40

(24) La razón al encontramos en que los irmandiños actuaron como sus aliados en la derrota que los el propio rey infringiría a su medio hermano Alfonso en 1468 durante la disputa por el trono de Castilla.

(25) Armesto, 1971, p. 401

(26) Ibídem, p. 401

(27) Ibídem, p. 402

(28) Martín, 2004, p. 438

(29) García, 1967. Libro XXV

(30) Barros, 2006, p. 38

(31) Ibídem, p. 39

(32) Armesto, 1971, p. 398

(33) Barros, 2006, p. 43

(34) Armesto, 1971, p. 406

(35) Villares, 1997, p. 88

(36) Barros, 2006, p. 45


Bibliografía

  • Armesto, V., 1971, Galicia Feudal, Vigo, Editorial Galaxia
  • Barros, C., 2006, «Lo que sabemos de los Irmandiños», Clío & Crimen, nº3, pp. 37-48 Durango, Ed. Centro de Historia del Crimen
  • Garcia de Salazar, L., Bienandanzas e fortunas, Libro XXV. Ed.  A. Rodríguez Herrero, Bilbao, Diputación Provincial de Vizcaya. 1967
  • Martin, J.L., 2004, Historia de España. Hacia la unificación de un reino, Madrid, Editorial Espasa
  • Villares, R., 1997, Historia de Galicia, Alianza Editorial, Madrid.