A la edad de 20 años, Hiroo Onoda fue reclutado por el Ejército Imperial Japonés. Durante su formación fue adiestrado como Oficial de Inteligencia en la Escuela Nakano. En concreto se le preparó para ir detrás de las líneas enemigas con un pequeño grupo de soldados, reunir toda la información que pudiera y hacer la vida imposible a los estadounidenses en una guerra de guerrillas.

Hiroo Onoda es enviado a Filipinas para hacer la guerra de guerrillas

El 26 de diciembre de 1944, Hiroo Onoda fue enviado a la isla de Lubang en Filipinas. Los estadounidenses estaban a punto de invadir la isla y las órdenes de Onoda eran simples: recopilar información, atacar las pistas de aterrizaje y los muelles del puerto para evitar que fueran usados por el enemigo y sobrevivir aguantando todo el tiempo que fuera necesario. Se le advirtió que tal vez tardarían años en volver a recogerlo, así que se le prohibió expresamente que pensara siquiera en la idea del suicidio. A continuación, una vez desembarcado en la isla, se le destinó a un grupo de soldados japoneses que ya estaban asentados allí. Sin embargo, el pequeño destacamento no pudo evitar que las tropas enemigas tomaran la isla el 28 de febrero de 1945.

Hiroo Onoda película netflix en 1944
Hiroo Onoda en 1944

Tras el enfrentamiento inicial entre japoneses y estadounidenses los primeros, en clara desventaja, se dividieron en pequeños grupos e intentaron huir a la selva. Poco después de que la isla hubiera sido invadida por las tropas de EE.UU. y de la Commonwealth de Filipinas solo quedaba con vida un grupo de cuatro soldados japoneses, entre ellos Onoda, que había sido ascendido a teniente. A partir de ese momento los cuatro hombres sobrevivieron en las montañas utilizando la estrategia de la guerra de guerrillas y racionando estrictamente sus alimentos, munición y otros suministros.

¿La rendición de Japón? – Hiroo Onoda desconfía

En esta situación se encontraban Hiroo Onoda y sus hombres cuando, el 14 de agosto de 1945, los japoneses firman su rendición. Durante los siguientes meses la aviación japonesa lanzó infinidad de planfletos para comunicar a sus soldados el final de la guerra y ordenarles que depusieran las armas. Uno de estos folletos llegó a las manos de Onoda y sus hombres en octubre de 1945. El mensaje, firmado por el general Tomoyuki Yamashita, decía lo siguiente:

«La guerra terminó el 15 de agosto de 1945. ¡Bajen de las montañas!».

Los cuatro soldados, sin embargo, desconfiaron y decidieron que debía tratarse de un engaño de los enemigos, puesto que nadie había ido a buscarlos y no les parecía razonable que Japón hubiera perdido la guerra tan rápido. En realidad, un pensamiento lógico para cualquier persona que desconociera que un par de bombas atómicas habían sido lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Como los panfletos no surtieron efecto y en los siguientes años los cuatro soldados se dedicaron a saquear la zona, en 1952 se lanzaron desde un avión cartas y fotos de familiares instándolos a rendirse, algo que también juzgaron como una estratagema para obligarlos a rendirse. Como ya hacía años que la guerra había terminado apenas se encontraban con soldados y casi todo el mundo que veían estaba vestido de civil, pero una vez más lo interpretaron como una artimaña de los aliados para conseguir que se confiaran. A tal grado de paranoia llegaron que incluso cuando el ejército japonés envió a soldados para buscarlos, Hiroo Onoda y sus hombres pensaron que se trataba de prisioneros forzados a atraerlos lejos de la seguridad de la selva.

Uno a uno… Los compañeros de Hiroo Onoda fueron cayendo

Después de estar cinco años en la selva, en 1949, uno de los soldados de Onoda decidió desertar en secreto y entregarse al enemigo. Convencidos de que los aliados habían atrapado a su compañero, este incidente solo sirvió para que el grupo se volviera más desconfiado y aislado.

Cinco años más tarde otro de los soldados murió al ser disparado en una escaramuza. A lo largo de diecisiete años más los dos soldados convivieron hombro con hombro en la selva, cumpliendo a rajatabla las órdenes que les habían dado hacía veintisiete años, pero en octubre de 1972 el último compañero de Onoda murió en un nuevo altercado.

Para entonces todos los miembros del grupo habían sido declarados oficialmente muertos. Que uno de ellos apareciera ahora significaba que Hiroo Onoda podía seguir con vida, así que se envió a un equipo de búsqueda para localizarlo. Fue inútil: el experimentado soldado sabía ocultarse tan bien que nadie pudo dar con él.

Buscando Onoda – el guerrillero japonés se convierte en una leyenda

El honor de encontrar a Onoda lo tuvo Norio Suzuki, un estudiante universitario, el 20 de febrero de 1974. Para entonces Onoda ya se había convertido en toda una leyenda y el joven había decidido viajar por todo el mundo en busca de «el teniente Onoda, un panda, y el Abominable Hombre de las Nieves, en ese orden».

Norio Suzuki junto al teniente Onoda
Norio Suzuki junto al teniente Onoda

Como Suzuki logró ganarse la confianza de Onoda, trató de convencerlo para que volviera a Japón con él, pero el soldado se negó a rendirse, diciendo que estaba esperando que vinieran a buscarlo y que le dieran nuevas órdenes. En vista de la inquebrantable lealtad de Onoda, Suzuki decidió volver a Japón, llevando consigo varias fotografías que demostraban que el legendario soldado continuaba con vida.

Entonces el gobierno japonés localizó al superior de Hiroo Onoda, el mayor Taniguchi, ahora jubilado y convertido en librero. Taniguchi en persona voló a la isla y el 9 de marzo de 1974 se encontró con Onoda y le informó de que Japón había perdido la guerra, ordenándole deponer las armas.

Onoda entregando su sable al presidente Ferdinand Marcos
Onoda entregando su sable al presidente Ferdinand Marcos

Consciente de que había malgastado los últimos veintinueve años, el teniente Hiroo Onoda salió de la selva con su impecable uniforme de gala el 10 de marzo de 1975 y entregó su espada samurai al presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos. El soldado tenía además un fusil tipo 99 Arisaka, todavía en condiciones de funcionar, quinientos cartuchos y varias granadas de mano. Marcos, que era muy querido en Japón, pero no tanto en Filipinas, decidió indultar a Onoda por sus crímenes ‒había matado a una treintena de habitantes de la isla y participado en varios tiroteos con la policía‒, con el atenuante de que Onoda pensaba que todavía estaba en guerra.

El viejo Onoda
El viejo Onoda

Al regresar a Japón, Onoda fue visto como un héroe por sus compatriotas. Con todo, la vida en Japón era ahora muy diferente de lo que recordaba: los valores tradicionales japoneses se habían debilitado y el país había perdido su orgullo de antaño. Así que se trasladó a Brasil y utilizó el dinero que le habían dado como sueldo por los casi treinta años de servicio para comprarse una granja. En 1984, después de leer una noticia sobre un adolescente japonés que había asesinado a sus padres, se siente tan angustiado por la situación de su país que decide regresar a Japón y abrir un campamento para jóvenes donde enseñar los valores japoneses tradicionales. Entre Brasil y Japón, pasaría los últimos años de su vida, hasta enero de 2014, cuando fallece a la edad de 91 años.

Cortometraje sobre la historia de Hiroo Onoda


Artículo de blog invitado. Elaborado por Alejandro Gamero, creador de La Piedra de Sísifo – Gabinete de curiosidades – Visitalo y déjate sorprender.