¿Eres una persona a la que le gusta la fotografía, lo creepy y has entrado a este artículo para asustarse? Entonces la temática de la fotografía post mortem probablemente te atraiga.

El siglo XIX fue un siglo convulso, plagado de encontronazos bélicos, golpes de estado y, sobre todo, inestabilidad. Con que abras un manual de historia contemporánea y leas un poco de España en dicho siglo, es posible que te explote el cerebro con tanto pronunciamiento. Y si algo sabemos del siglo XIX es que supuso el cambio del retrato en pintura al retrato fotográfico. Cosa que sucedió en 1839, debido a la creación del daguerreotipo por Nicéphore Niépce y Louis Jacques Mandé Daguerre, en París. Así que el espacio cronológico en el que estaremos será muy corto: desde 1839 en adelante.

¿Qué era el daguerreotipo? Pues un aparato que captaba con mayor fidelidad al retratado, en detrimento del retrato pictórico. Y esto dio mucho que hablar. Pues el retrato pictórico estaba influenciado por una idealización por parte del pintor. Y en aquel entonces estaba en auge el romanticismo: un movimiento basado en el sentimiento. Y que tenía como objetivo la demostración emocional del individuo (preocupaciones, ambiciones, subconsciente).

¿La fotografía post mortem o mortuoria tenía un tinte socioeconómico?

El romanticismo será idóneo para enmarcar el retrato realizado en el espacio decimonónico. El cual caracterizará a la fotografía, por un lado como campo de especialización de la disciplina fotográfica y por otro, un espacio clave para desarrollar el poder de la imagen social. Es más:

la fotografía, desde su aparición desmanteló el monopolio del retrato como exclusivo de las clases elevadas” (1).

Sobre todo en la primera mitad del XIX. Entonces, España concibió la fotografía como un elemento característico de la nación. Posteriormente, la fotografía se industrializó y tuvo una oferta variada. Además, se democratizó el acceso a ella a los diversos sectores de la sociedad, debido a la creación de otras variantes, cuyo coste se rebajó.

Por ende, el retrato siempre se halló ligado a las altas clases sociales. Pues,  independientemente de la técnica empleada (pintura, escultura o fotografía), se utilizaba como proceso ensalzador del status quo social del retratado. Se podría decir que el retrato, fuese funerario o no, siempre estaba relacionado con la economía y con el aparato social que operase en los diversos contextos históricos. 

La fotografía Post Mortem desemboca en la concepción de la muerte como algo cotidiano, siendo una práctica que deja de ser considerada “tabú”. Era una perspectiva hacia la muerte  diferente a la nuestra, ya que, en pleno XIX, se aceptaba por completo el sufrimiento.  Buscaban la manera de rememorar al fallecido. Se concebía la muerte como la nueva condición social del difunto. A través de esa nueva posición social, ya se aceptaba, en mayor o en menor medida, la muerte del individuo. Y se hacía a través de las distintas tipologías de la fotografía post mortem.

Variedad tipológica en la fotografía post mortem

La fotografía Post Mortem, es un fenómeno histórico en el que las familias, conscientes de que han perdido a un ser querido, intentaban plasmar en los retratos, un recuerdo. El único que, en algunos casos, sería el símbolo que se quedaría en el plano terrenal. Así, eran objeto de culto y de añoranza por parte de las familias.

Cabe destacar, que muchos de los retratos post mortem, que han perdurado hasta el día de hoy, iban decorados con una gran carga artesanal. Muchas veces, eran expuestos en diversos espacios de la vivienda de la familia. Además de ser un acto de amor, también era una acción de reunión familiar. Esto se debe a retratos en los que la familia formaba parte del retrato, la cual se ubicaba en torno al fallecido.

Realmente, algo muy llamativo y que no debería estar pasado por alto, es el reflejo de una idea: la idea de aceptación de la muerte, en función de la tipología del retrato. Entrando en materia, tenemos que aceptar que nuestro familiar ha fallecido. En algunos casos, de manera inesperada. Y el shock que tenemos, nos influencia a hacer un tipo de retrato u otro. Aquí entra en juego una de las ideas más importantes para interpretar la fotografía: “la idea del sueño” (2). 

La idea del sueño es el proceso mediante el cual, el familiar del fallecido ejemplifica el rechazo de la muerte en los retratos. Para ayudar a que esto se entienda mejor, os explicaré las tres tipologías de fotografía post mortem. De manera general, recopilan los retratos, además de la aceptación de la muerte como hecho.

Primera Tipología: “Como vivos”

Es una tipología que podría estar iniciada en los primeros retratos póstumos realizados en Estados Unidos. Aunque en Europa también se  se desarrolló. Dentro del marco iconográfico mortuorio, se imagina un espacio en el que se simula vida. Con el fallecido, al estar retratado, se intenta crear “ilusión de vida” (3).  

Esa simulación, podría incluso provocar la hipotética creación de retratos post mortem donde el individuo se podría presentar de pie, a través de posibles estructuras. Pero los datos en torno a este tema son poco concluyentes.

Por normal general, era una tendencia que generaba escenas muy impactantes a nivel visual. Las posturas de los retratados eran antinaturales, forzadas y muy rígidas.

fotografia post mortem como vivos
Representación “como vivos”. Fuente: Chaparro Contreras, 2017, pp. 278 y 279.  

Segunda Tipología: “Como dormidos”

 A través de la realización de este retrato, simulaban que el individuo captado estaba dormido (5), aunque realmente había fallecido. Es un modo de negar la muerte. Sobre todo, se refleja claramente en retratos de niños y niñas. Cabe destacar que el hecho de que se les represente dormidos tiene un porqué.

Retratos durmientes fotografía post-mortem
Retratos durmientes de una niña y del autor Víctor Hugo. Fuente: www.burnsarchive.com/death—memorial.html

Cuando se está dormido, es el momento en el que más cerca tenemos la muerte. Es como un estado del cual no somos conscientes. El hecho de quedarnos en una posición estática durante un período prolongado de tiempo, es similar a estar difuntos. Teniendo en cuenta esto, estando dormido puedes despertar, mientras que el fallecido no.

Por lo que es un paso intermedio entre la vida y la muerte(5), creyendo que la pérdida no ha sido completa. Cabe la esperanza de que en un momento, el retratado se despierte de su descanso. 

fotografia post mortem españa
Simulando estar dormida. Fuente.

Tercera Tipología: “Como muertos”

Retratos como muertos fotografía mortuoria
Retratos “como muertos”. Fuente: De la Cruz Lichet, 2010, pp. 95 y 79.

Esta tipología es la evolución final de dos ideas. Por un lado, el rechazo de la muerte, la cual ahora es la nueva realidad. Y, por otro, la idea del sueño, la cual perece. Ahora las composiciones van a ser las más realistas, crudas y cercanas. Se dará

la coincidencia con un cambio de actitud frente a la muerte en el que el difunto se muestra sin simulacros y se presenta con su nuevo estatus social” (7).

Fuente: The Thanatos Archive.

Se representa al fallecido con su ajuar funerario, tumbado en una cama acompañado de flores, dentro de su ataúd. Incluso, a veces, acompañado de algún familiar. La complejidad que había  a la hora de retratar se reduce. 

Fuente: The Thanatos Archive.

El legado y la importancia de la fotografía post mortem

La fotografía post mortem ha sido sometida a una óptica de rechazo. Al estar vinculada a la muerte, es algo de lo que no se habla. Se convierte en un tema “tabú”. E incluso se convierte en la temática cinematográfica perfecta. Estamos ante un fenómeno en el que las familias vivían el duelo como podían, en función de sus capacidades económicas, sociales y familiares. Entornos en los que se enfrentaban contra la crudeza de la muerte. Y aún así,  comprendían lo que pasaba y reaccionaban de esta manera, con el objetivo de recordar al fallecido.

Por un momento, traslademonos al siglo XIX. No existe la tecnología que nos rodea en el XXI. Además, hemos tenido una hija/o que acaba de fallecer de manera súbita y no tenemos ninguna foto en vida. Estamos  rotos y en una situación socioeconómica compleja. Asimilamos la situación y llegamos a la conclusión de que para poder recordar, hay que retratar.

Somos conscientes de que la vida es fugaz, ha pasado por delante de nosotros, quitandonos a una parte de nosotros: nuestro hijo. La partida de nuestra criatura, ha sido parcial, ya que en la memoria se forja nuestra batalla contra el duelo. Hemos perdido parte de nosotros, pero recordaremos a través del retrato. Acudiremos a el, para saber que no se ha ido para siempre, ya que seguirá con nosotros.

Comprendiendo la fotografía post mortem

Pasando ahora al presente. Vivimos en una sociedad con demasiada tecnología, siendo reducidos a ser unos meros usuarios, en vez de ver nuestro a día a día. Sobrellevar el duelo es doloroso. Abogamos por no hablar del tema, no aceptar la marcha haciendo que será corrosivo para nuestra salud mental y emocional.

Es curioso, como en una sociedad con ausencia de tecnología y economía inestable, eran capaces de afrontarlo con tanta realidad. Quizás sea, lo que tanto nos cuesta tener a los contemporáneos.  Vivimos en desequilibrio, normalizando el nacimiento y repudiando la muerte, cuando ambos definen al ser humano. La eterna dualidad.

A modo de finalización, he escuchado en numerosas ocasiones decir que: “estaban mal de la cabeza”. O “qué miedo dan, hay que estar loco para hacer eso”. Nosotros no podemos juzgar el pasado con la óptica del presente. Pero, si algo compartimos, es que rechazamos la muerte y no la concebimos como un paso necesario de la vida.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) San Cornelio Esquerdo, 2002, p. 36.

(2) De la Cruz Lichet, 2013, p. 50.

(3) De la Cruz Lichet, 2013, p. 50.

(4) De la Cruz Lichet, 2010, p. 95. 

(5) De la Cruz Lichet, 2010, p. 95.  

(6) De la Cruz Lichet, 2010, p. 79.

(7) De la Cruz Lichet, 2010, p. 34.


Bibliografía

  • Chaparro Contreras, C., 2017, “Angelitos al cielo. Muerte, ritual funerario y
    fotografía en La Mancha (1870–1931)”, I Jornadas sobre investigación en la historia
    de la fotografía, pp. 278 y 279. [En línea] Disponible en
    https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/36/29/21chaparrocontreras.pdf (12 de septiembre de 2021).
  • De la Cruz Lichet, V., 2013, El retrato y la muerte: la tradición de la fotografía Post mortem en España, Temporae, Madrid.
  • De la Cruz Lichet, V., 2010, Retratos Post-Mortem en Galicia (XIX-XX) (Tesis), Universidad Complutense de Madrid, Madrid. [En línea] Disponible en https://eprints.ucm.es/id/eprint/11072/ (12 de septiembre de 2021).
  • San Cornelio Esquerdo, G., 2002, Cartografías de la identidad: Seis itinerarios para la reflexión en torno a la práctica artística y comunicativa en la era digital (Tesis), Universidad Politécnica de Valencia, Valencia.
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