Adoptando diversos procedimientos, la esclavitud ya existía antes de que las incipientes sociedades antiguas comenzaran a realizar los primeros registros contables. Posteriormente, los mercaderes europeos siguieron sometiendo a los seres humanos a un estado total de dependencia. De este modo, ganaban muchísimo dinero a partir del comercio esclavista medieval. A cambio, estos comerciantes obtenían suntuosos objetos y materias primas provenientes de Oriente, como especias y seda. Por lo tanto, la esclavitud en la Edad Media era un modelo de negocio muy rentable que fomentaba el tráfico de seres humanos a cambio de productos de lujo procedentes de los territorios orientales.

La esclavitud es un tipo de contrato jurídico y personal. Este régimen de dependencia y de sometimiento humano consiste en una forma de organización económica. Este modelo productivo se encuentra estrechamente vinculado con la comercialización de diversas materias primas. Durante la Edad Media, existía una profusa mercantilización, en donde intervenían varios factores en el intercambio comercial de seres humanos por dinero. Estas operaciones económicas se plasmaban a través de la realización de múltiples transacciones mercantiles de carácter esclavista.

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La esclavitud en la Edad Media era un negocio que presentaba una abundante rentabilidad económica.

La esclavitud en la Edad Media se convirtió en un modelo productivo habitual a lo largo de los siglos X, XI y XII. El tráfico de seres humanos entre los territorios italianos y las regiones islámicas se efectuó de manera recurrente en los puertos orientales de Italia. Este negocio esclavista medieval se realizaba para obtener las materias primas necesarias con las que los burgueses exhibían sus riquezas con altanería (1).

Si no me das esclavos, no te llevas mis especias

Los países italianos estaban obligados a ejercer la esclavitud. Este hecho se produce debido a que los estados transalpinos no tenían otro producto, aparte de los esclavos humanos, que valiese la pena exportar. Los comerciantes de las regiones de Italia deciden comerciar con personas para compensar el elevado coste de cotización que poseían las materias primas que vendían los sarracenos. Los mercaderes islámicos no aceptarían intercambiar materias primas tan baratas, como las avellanas, por elementos tan suntuosos, como las especias y la seda (2).

Partiendo de esta premisa, cualquier lógica comercial que hagamos sentenciará que debe existir una reciprocidad equitativa entre las exportaciones italianas y sarracenas. Los objetos de lujo procedentes de Asia tenían unos precios muy elevados. En comparación, los productos de consumo a granel que podían ofrecer los comerciantes italianos eran muy económicos. Así, el comercio esclavista medieval es fundamental para comprender los acuerdos económicos existentes entre los mercaderes musulmanes y los comerciantes italianos (3).

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El tráfico humano se transformó en un negocio tan beneficioso  que los mercaderes no se cuestionaban el culto religioso de los esclavos.

La venta de las materias primas de consumo hacia las regiones islámicas proporcionaba una escasa rentabilidad económica para los comerciantes italianos. Este hecho provocó que no existieran muchas transacciones comerciales de este tipo. Un comerciante transalpino solía pagar por una tela de seda unos 50 dinares. De esta forma, para abonar este precio, debería vender más de siete toneladas de grano a los mercaderes islámicos. Este hecho es algo totalmente impensable, pues todo este grano ocuparía unos 41 metros cuadrados de espacio en la cubierta de una embarcación marítima de la época (4).

La esclavitud en la Edad Media: esclavos con un Precio de Venta al Público recomendado

Los comerciantes italianos solían comerciar con esclavos en las regiones de Italia Oriental. Las personas se consideraban como un bien de lujo en los territorios sarracenos, por lo que eran una materia prima muy codiciada y cotizada. Los mercaderes transalpinos preferían comerciar con esclavos que con productos de consumo. Asimismo, los seres humanos eran un bien mucho menos susceptible a las fluctuaciones existentes en el juego de la oferta y la demanda. Un esclavo solía costar unos 33 dinares y tres personas tendían a valer unos 100 dinares. Este precio es un valor estándar que permanece vigente desde el siglo X hasta el XII.

El comercio esclavista medieval era un negocio que presentaba una rentabilidad económica asegurada. Además, un esclavo era más sencillo y más barato de transportar que un barril de grano. El grano era un producto perecedero que ocupaba más espacio en cubierta y que aportaba muchos menos beneficios que el tráfico de personas.

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El coste de los esclavos se basaba en las cualidades personales que poseía el producto, como su belleza. Fuente: Wikipedia.

El esclavo masculino tenía un mayor valor que el femenino. Los mercaderes islámicos solían abonar unos 30 dinares por un hombre y unos 20 por una mujer. Estas cifras constituían una gran cantidad de dinero, ya que suponían más de un año de ingresos de un artesano europeo común. Sin embargo, el coste de los esclavos se basaba realmente en las cualidades y en las particularidades personales que poseía el producto y en la riqueza que ostentase el comprador. Por ejemplo, una mujer joven y muy bella podía llegar a costar unos 1.000 dinares (5).

La religión pasa a estar en un segundo plano cuando se habla de dinero

El comercio esclavista medieval se convirtió en un negocio muy rentable para los comerciantes europeos. Los mercaderes italianos podían llegar a comercializar unos 2.000 esclavos anuales. Por ello, los estados transalpinos generaban una riqueza similar a la que ostentaba el emperador germano (6).

Últimos ejemplares

De esta forma, el tráfico humano se transformó en un negocio muy beneficioso y prolífico. Por ello, los mercaderes italianos ni siquiera se cuestionaban el culto religioso de los esclavos que vendían. Los gobiernos transalpinos trataban de disuadir a sus mercaderes de que comerciasen con seres humanos cristianos. Sin embargo, los registros de la época evidencian que esta norma rara vez se cumplía. ¿Queréis un ejemplo? Una mujer, con un nombre tan cristiano como Cristina, fue vendida en el año 965 en el puerto comercial de Pisa (7).

La esclavitud en la Edad Media enriquece a los estados italianos

El comercio esclavista medieval que ejercían los estados italianos con las regiones islámicas contribuyó al auge que obtuvieron los países transalpinos en la era postcarolingia. Los territorios musulmanes comercializaban múltiples productos lujosos en los puertos comerciales de Amalfi y de Pisa, por lo que estos estados se enriquecieron masivamente durante el proceso.



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Referencias y bibliografía

Referencias

(1) David, 2019, pp. 523-552.

(2) Guérin, 2013, pp. 70-91.

(3) McCormick, 2001, pp. 07-24.

(4) Falaschi, 1971, p. 125.

(5) Bachrach, 2013, pp. 1‒27.

(6) Wickham, 2006, pp. 699-700.

(7) Falaschi, 1971, p. 19.


Bibliografía

  • McCormick, M., 2001, The Origins of the European Economy: communications and commerce, Cambridge University Press, Cambridge.
  • Guérin, S. M., 2013, “Forgotten routes? Italy, Ifriqiya and the Trans-Saharan Ivory Trade”, Al-Masaq: Islam and the Medieval Mediterranean, vol. 25, nº 1.
  • Wickham, C., 2006, Framing the Middle Ages, Oxford University Press, Oxford.
  • Falaschi, E., 1971, Carte dell’archivio capitolare di Pisa, vol. 1, 930–1050, Storia e Letteratura, Rome.
  • Bachrach, D., 2013, Toward an Appraisal of the Wealth of the Ottonian Kings of Germany, 919–1024, Viator 44, nº 2.
  • David Smith, R., 2019, “The business of human trafficking: slaves and money between Western Italy and the House of Islam before the crusades (c.900–c.1100)”, Journal of Medieval History, nº 45.
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Grado en Periodismo y Máster en Historia Contemporánea. Actualmente estoy estudiando el Grado de Historia. "Escribiendo recuperaba retazos de paz y volvía a ser un HOMBRE. Ni mártir, infame o santo. Un HOMBRE normal que mira al futuro y al pasado", Primo Levi en "Si esto es un hombre".