La figura del verdugo siempre ha sido vista como un ser inerte, únicamente necesario para ejecutar la pena impuesta por la Justicia. Asimismo, estos seres invisibles e inaceptados socialmente, han llegado a ser representados sin rostro, simulando la falta de alma, en obras artísticas como Los fusilamientos del 3 de mayo de Francisco de Goya. Sin embargo, estos ejecutores eran personas como el compadecido reo.

En este artículo conoceremos más sobre el verdugo, su oficio y su modo de vida. Además, nos embarcaremos en los aspectos más terroríficos y espantosos de la decapitación, los cuales -avisaremos a su debido momento-, no están hechos para todos los públicos. Si eres valiente y no muy escrupuloso o escrupulosa, atrévete a seguir leyendo este desgarrador artículo.

La decapitación

Por si alguien no conoce este método de ejecución, la decapitación consiste en separar la cabeza del cuerpo, en este caso, de un ser humano, mediante un golpe seco con un arma o instrumento lo suficientemente afilado.

Aunque a lo largo de la Historia podemos encontrar numerosos medios para llevar a cabo la ejecución de esta pena, la decapitación fue una de las condenas que más evolucionó en relación a su instrumentación hasta llegar a la guillotina (perfeccionada en el siglo XVIII).  Podemos encontrar referencias a la decapitación en documentos como Las Siete Partidas de Alfonso X, donde deja claro que la pena de muerte puede llevarse a cabo a través de la horca, espada o cuchillo. Sin embargo, aunque no menciona el hacha, su uso fue muy habitual.

El proceso solía ser el siguiente: al reo se le degollaba con un cuchillo. Luego se remataba con un hachazo y, finalmente, el cadáver era o incinerado, o devorado por animales(1), o pasaba a formar parte de la propiedad privada del verdugo, si este podía venderlo a familiares, o por partes para la realización de trabajos anatómicos. (2)

¿Con qué y cómo trabajaba el verdugo?

El instrumental utilizado para llevar a cabo esta labor era: la espada, el espadón, el hacha y, posteriormente, la guillotina.(3) Evidentemente, es muy probable que se hayan utilizado otras herramientas a lo largo de la Historia, pero los más habituales eran los mencionados. La espada fue el que antes se empezó a utilizar para decapitar a aquellos condenados a esta pena de muerte.(4) La guillotina, sin embargo, fue el último instrumento de decapitación. La tradición para decapitar a una persona era asestar el golpe por detrás.(5)

decapitación el verdugo
Decapitación con espada. 

¿Para quién trabajaba el verdugo?

Este tipo de ejecución significaba una deshonra (6) para el que la sufría pero, a la vez, también era un gran privilegio. Probablemente, si nos preguntásemos cómo preferiríamos morir, si en la hoguera o de un hachazo, la gran mayoría elegiría esta última opción, la decapitación. Principalmente, por la rapidez y el dolor ahorrado. De esta forma y como no podía ser de otra manera, la decapitación era el método más utilizado para castigar por traición a las altas clases sociales. O sea, que un buen hachazo era como la eutanasia…

Posibilidades de suspensión de la pena

El “milagro” de estar condenado a la pena de decapitación y de que esta pudiese cancelarse existía. Como nos podemos imaginar, era el sueño de cualquier condenado y, si había embarazo de por medio, podían librarse de ella. La imagen del Estado y de la Justicia quedaba demasiado manchada si por llevar a cabo este castigo se acabase con la vida de un inocente. En algunas ocasiones, se esperaba a que la madre diese a luz para hacer efectiva la sentencia. Pero generalmente, la pena de muerte por decapitación solía ser suspendida si la rea estaba embarazada, o incluso si esta se encontraba en periodo de lactancia, siendo sustituida por la privación de libertad.(7)

Por otro lado, había una serie de rituales o supersticiones que imposibilitaban la labor del verdugo. En España, por ejemplo, si antes de la ejecución una prostituta pedía casamiento al reo y este aceptaba, la pena quedaba anulada. También la pena podía ser cancelada si se producían acontecimientos extraños o fortuitos de forma sucesiva. Por ejemplo, que se rompiese algún instrumento necesario para la ejecución tres veces seguidas o que el verdugo falleciese el mismo día de la ejecución.(8)

La figura más temida: El verdugo

El más respetado

Hasta el siglo XVIII el trabajo de verdugo estaba bastante considerado. La figura de este personaje era muy respetada socialmente, ya que representaba la mano ejecutora de la Justicia. A aquella persona que ejercía este oficio no se la podía tocar con la mano; también tenía el privilegio de beber solo o en una mesa aparte en cualquier taberna. En cuanto a su vestimenta, este solía remarcar su profesión ilustrando en su sombrero una escalera (símbolo del camino hacia la horca) o un burro (necesario para arrastrar el carro con los condenados al patíbulo) (9).

Normalmente, su vivienda se encontraba a las afueras de la ciudad, donde tenía una vida relajada, cuidando y afilando sus herramientas de trabajo. (10)

Formación académica y personalidad

Sin embargo, no pensemos que esta profesión no requería de formación. Al menos desde el siglo V, se tiene constancia de que los verdugos tenían que estudiar anatomía. Era fundamental que la decapitación se efectuase con un solo golpe. Como veremos más adelante, esto no siempre era así y se convertía en un espectáculo verdaderamente terrorífico y sangriento. Gracias a sus conocimientos, los verdugos llegaron a ejercer ocasionalmente de curanderos. (11)

verdugo con cabeza decapitada
Verdugo mostrando al público una cabeza decapitada de mujer. 

En cuanto a su personalidad, el verdugo tenía que ser lo suficientemente frío y apático para que su conciencia le permitiese realizar su labor de decapitación cada día. Normalmente era una persona amoral, sin muchas virtudes ni principios. Un persona ruda y ciertamente violenta. Aun así, era un ser humano y muchos de ellos, quizás para justificarse a sí mismos su oficio, terminaban creyéndose las propias víctimas del sistema. Por otro lado, estas personas que decidían dedicarse a esta profesión no contaban con vidas armoniosas y bien estructuradas. Hablamos de personas con bajos recursos económicos que luchan por salir de la pobreza y alcanzar una vida mejor. (12)

El más odiado

Aunque anteriormente dijimos que el verdugo era una figura respetada, lo cierto es que fue muy temida e incomprendida a partir del siglo XVIII. Desde entonces, el brazo ejecutor de la justicia era más bien visto con odio y desprecio. Las personas concebían este oficio como impuro y sucio. A continuación, podemos imaginarnos ese rechazo social a través del testimonio de un verdugo de Madrid del siglo XIX:

“La gente huye de mí, unos me miran con miedo, otros parecen tenerme asco (…), pero no soy yo el que mata, la que mata es la ley”.(13)

De esta manera, cada vez se hacía más difícil encontrar personas que quisiesen llevar a cabo este tipo de actividad laboral. En algunos casos, las autoridades tuvieron que recurrir a personas extranjeras o, incluso esclavos para poder realizar las ejecuciones. Muchos de ellos trabajaban el primer día y luego decidían abandonar el trabajo. (14) Todo esto trajo consigo la desgana del verdugo al ejercer su trabajo y, por consiguiente, la falta de profesionalidad, donde los mayores perjudicados eran el reo y la imagen de la Justicia. (15)

Efectos de la decapitación sobre los reos

Antes de comenzar con este apartado, debo avisar de la dureza del contenido. Si eres demasiado sensible o sentido/a, quizás es mejor que no sigas leyendo. Para el resto de atrevidos y atrevidas, adentrémonos a conocer la parte más sangrienta y desagradable de este artículo, la decapitación.

Como hicimos mención anteriormente, el verdugo debía tener una serie de conocimientos anatómicos. Esto era para evitar el mayor sufrimiento posible al reo en el momento de su muerte. Recordad que este tipo de pena estaba enfocada a aquellos miembros de altas clases sociales, por lo que estaban exentos de torturas y sufrimientos adversos a la pena en sí.

Desgraciadamente, y aunque las películas reflejen lo contrario, en muchas ocasiones, el golpe para decapitar no era solo uno. Los verdugos tenían que efectuar varios golpes para decapitar al reo y esto causaba un sufrimiento inimaginable tanto al condenado como a los propios espectadores. Debía de ser un espectáculo realmente traumático, ¿no os parece?

La agonía hasta la muerte

El pueblo acudía a las plazas a ver las ejecuciones como si estas fuesen una obra teatral o algún tipo de festejo. El espectáculo era apto para todos los públicos y de “entrada gratuita”, aunque la gente podía llegar a pagar para estar en “zona vip” y ver la ejecución en primera línea sin perder detalle (16). Tenemos el caso del conde de Chalais con el que no se hizo efectiva la decapitación hasta nada más y nada menos que el 21º hachazo. (17). ¡Imaginaos qué espectáculo para los de primera línea! Un verdadero disfrute para los más sádicos.

La guillotina también proporcionó episodios verdaderamente bochornosos. Aunque antes de que esta se utilizase como medio de ejecución se realizaron prácticas con cadáveres humanos y carneros vivos (18), lo cierto es que hubo momentos de gran tensión y muy sanguinolentos. Previamente a la completa perfección de la máquina y a la óptima formación de los verdugos, la guillotina dio “verdaderos dolores de cabeza” al producir numerosos errores en los cortes. Las ejecuciones llegaban a ser verdaderas carnicerías y el público acababa empapado en sangre, al menos los de la cotizada primera línea. (19)

Decapitación con guillotina
Funcionamiento de la guillotina. 

Otro escalofriante aspecto de estas ejecuciones eran los gritos y alaridos de sufrimiento que emitía el reo. Realmente espeluznante. Unos chillidos que se quedarían grabados en la memoria de quien lo escuchara de por vida. Por esta razón, los verdugos se vieron obligados en dichas ocasiones a golpear con algún objeto, por ejemplo, una llave inglesa, a los reos en la cabeza para dejarles inconscientes. Posteriormente, a este maravilloso método de anestesia general, se impuso el de un “verdugo auxiliar” que portaba un cuchillo. Con esta arma se dispondría a cumplir con la ejecución por medios artesanales si era necesario. (20)

Amenizando el sufrimiento, ¿o no?

Sorprendentemente, existían verdugos corruptos. Estos se encargaban de aprovecharse del dolor de las familias para sobornarlas. Así, el verdugo ejecutaría a una mayor velocidad, firmeza y exactitud en el golpe, evitando mucho sufrimiento al reo. En otras ocasiones, el reo entregaba una moneda de oro al verdugo con la intención de que le facilitase lo máximo posible el trance hasta la muerte. (21)

Muerte por decapitación

Volvemos a avisar de que el contenido que leeremos a continuación es lo suficientemente desagradable como para afectar a personas sensibles. Además, debemos dejar claro que la información que sigue ha sido obtenida de estudios producidos con animales y jamás con personas. Dicho esto, adentrémonos a los efectos que supuestamente se producen en un cuerpo hasta fallecer por decapitación.

En gran parte de las ocasiones, aunque en otras desgraciadamente no, las decapitaciones con varios golpes solían ejecutarse con el reo inconsciente. Sea por el dolor o porque uno de los golpes así lo ha provocado, la inconsciencia termina apoderándose del reo evitándole el sufrimiento que le seguirían el resto de cortes hasta efectuar completamente la decapitación. (22)

Cabeza decapitada por guillotin

A través de estos estudios, se ha llegado a la conclusión de que, en nuestro caso, el reo no perdería la consciencia en el mismo momento de la decapitación en , sino que nuestra actividad cerebral seguiría en activo al menos unos 13 o 14 segundos aproximadamente, como pasa con animales. En el caso de las aves, estos segundos se prolongarían hasta 30. Por esta razón, ahora se requiere cierto aturdimiento o anestesia a aquellas especies que van a ser decapitadas en los mataderos y, de esta forma, evitar el  sufrimiento. (23)

Finalmente, la muerte por decapitación, mientras continúa la actividad cerebral, produce parada respiratoria que, a su vez, interrumpe el funcionamiento del corazón. (24) No obstante, hasta llegado el momento, el reo posiblemente podía escuchar los sollozos, lamentos o, por el contrario, aplausos por parte del público cuando se separaba la cabeza del resto del cuerpo.

También es muy posible que su cerebro siguiese recibiendo imágenes visuales del público, del suelo del patíbulo o de la cesta donde cayese su cabeza. Percibiría el golpe del suelo o cesta en su cara y notaría el sabor de la sangre en su boca.

Decapitación como actividad lúdica

Para no quedarnos con este sabor de boca tan macabro y siniestro, vamos a hacer mención a la decapitación como premio. Sí, como lo leéis, como un premio. Y es que, en culturas prehispánicas como la maya, en vez de jugar al baloncesto, parchís o a la petanca, se divertían con “el juego de la pelota”.

Este era un deporte bastante duro y complicado ya que se trataba de introducir una pelota de hule por unos aros únicamente con la cadera, los codos o la parte superior de la pierna. La teoría más sonada es que el capitán del equipo vencedor era premiado con la decapitación, ya que se consideraba un honor para los dioses. Otros creen que era al contrario, que el “sacrificado” era el capitán del equipo perdedor. (25) Finalmente, hay historiadores que  no creen estas versiones y opinan que las escenas representadas en murales mayas solo simbolizan los sacrificios de prisioneros de guerra. (26)

decapitación juego de pelota maya
Sacrificio de uno de los jugadores del Juego de la Pelota. Fuente.

Sea como sea, hemos llegado al final de este artículo en el que, además de aprender sobre la figura y oficio del verdugo y la decapitación en sí, hemos conseguido acercarnos al sufrimiento que tuvieron que vivir tanto el reo como el verdugo. Ambas figuras padecieron la angustia de esta dura condena que, afortunadamente, ya no es parte de la gran mayoría de los sistemas penales actuales.


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Referencias y bibliografía

Referencias

1)Batalla, 1995, p. 23.

(2)Neuman, 2004, p. 146.

(3)Monlau, 1871, p. 526. También en García, 2017, p. 15.

(4) Monlau, 1871, p. 526.

(5) Batalla, 1995, p. 23.

(6) García, 2017, p. 15.

(7) Neuman, 2004, p. 135.

(8) Neuman, 2004, p. 146.

(9) Neuman, 2004, p. 148.

(10) Neuman, 2004, p. 148.

(11) Neuman, 2004, p. 148.

(12) Neuman, 2004, p. 144.

(13) Eslava, 1993, p. 11.

(14) Garmendia, 2009, pp. 35-36.

(15) Garmendia, 2009, pp. 37-39.

(16) Neuman, 2004, pp. 146-147.

(17) Monlau, 1871, p. 526.

(18) Monlau, 1871, p. 526.

(19) Eslava, 1993, p. 108.

(20) Eslava, 1993, p. 108.

(21) Neuman, 2004, pp. 147-148.

(22) AAVV, 2015, p. 55.

(23) AAVV, 2015, p. 64.

(24) Bichat, 1827,  pp. 193-194.

(25) Maure, 2010, pp. 2-6.

(26) Stuart, 2003, p. 4.


Bibliografía

  • Batalla Rosado, J. J., 1995, «La pena de muerte durante la Colonia –siglo XVI- a través del análisis de las imágenes de los códices mesoamericanos», Revista Española de Antropología Americana, nº 25, Madrid.
  • Eslava Galán, J., 1993, Verdugos y torturadores, Temas de Hoy S.A, Madrid.
  • García Alonso, F.,  2017, Cabezas cortadas y cadáveres ultrajados, Desperta Ferro, Madrid.
  • Garmendia Larrañaga, J., 2009, Verdugo, Eusko Ikaskuntza, Donostia.
  • María Bichat, F. X., 1827, Investigaciones fisiológicas sobre la vida y la muerte, Gardica, Madrid.
  • Maure, G., 2010, “El Juego de la Pelota Maya”, Cuadernos de Psicología del Deporte, nº 6, Argentina.
  • Monlau, P. F., 1871, Elementos de Higiene Pública o arte de conservar la salud de los pueblos, Academia Española, Madrid.
  • Neuman, E., 2004, Pena de Muerte: La crueldad legislativa, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.
  • Stuart, D., 2003, “La ideología del sacrificio entre los mayas”, Arqueología Mexicana, vol. XI, México.
  • VVAA, 2015, Bienestar Animal. Métodos de eutanasia y aturdimiento,  Xunta de Galicia, Santiago de Compostela.