Llega el atardecer a la Gran México-Tenochtitlán, el dios solar Tonatiuh ya ha hecho parte de su recorrido a través del firmamento. Parte como cada amanecer del Tonatiuhichan “casa del Sol” acompañado de los guerreros muertos en combate o en la piedra de sacrificios. Ahí van esos aguerridos hombres cantando y golpeando sus escudos con gran algarabía. Llegando al cenit[1], el gran Dios Tonatiuh se despedirá de los guerreros y se verá rodeado por otro séquito, aún más singular, un grupo formado solo por aguerridas mujeres. Cihuateteos. Muertas en el combate de la vida, el parto. Ellas son las mujeres divinas conocidas como las Cihuateteos.

La Gran México-Tenochtitlán

En la actual cuenca de México, se elevó una de las más majestuosas ciudades del México antiguo. La gran México-Tenochtitlán, fundada en 1325 y construida en pleno lago, era el centro del imperio Mexica hasta su derrota antes los españoles en 1521. Por más de dos siglos, los mexicas pasaron de ser simples salvajes nómadas, a convertirse en una de las culturas más complejas y ricas del actual continente americano.

Guerreros mexicas
Guerreros mexicas. Fuente.

Los mexicas, antiguos aztecas

Provenientes de un lugar llamado Aztlán [2], eran simples nómadas salvajes que por medio de la guerra lograron adueñarse de la cuenca de México. Posteriormente construyeron un imperio por medio de la guerra. La única forma para mantener la paz con sus vecinos fue  la asimilación cultural y autonombrándose herederos de las antiguas culturas que se desarrollaron en esa área geográfica. Adoptaron el lenguaje, las costumbres y tradiciones de sus vecinos, los pueblos nahuas, y combinaron estos aspectos con su propia forma de vida.

Entre las características más notorias de la cultura mexica, se hallaba la cosmovisión [3] a la cual le daban una gran importancia en su día a día. Para ellos, la religión y la realidad se hallaban tan entremezcladas, que una no podía desarrollarse sin la otra. Y ahí es donde descubrimos a las Cihuateteos.

La dualidad en la cosmovisión mexica

Además de  haber incluido a dioses de culturas más antiguas en su extenso panteón religioso, los mexicas consideraban que todo en el universo poseía una dualidad. Dos elementos contrarios pero que al mismo tiempo se complementaban. (No, el agua y el aceite no se complementan) Es así como ellos unían al sol y a la luna. El hombre y la mujer. El calor y el frío. La vida y a la muerte.

 Como un espejo que refleja un objeto pero que posee dos rostros diferentes.

Cihuateteos – Mujeres divinas

Esta dualidad se hallaba también escoltando al sol, cada día. Primero por los guerreros y después por las mujeres, las cihuateteomujeres divinas”. Ambos grupos habían perdido la vida en el combate.

Máscara dividida en mitades: una mitad representa un rostro (la vida) y la otra un cráneo descarnado (la muerte). Preclásico temprano (1000-600 A.C.) Tlatilco, Estado de México. Fuente.

Cihuateteos – Dar a luz a un guerrero

Como en muchas otras culturas antiguas, el embarazo y el parto significaban un proceso lleno de riesgos para las mujeres. Se sabe por las crónicas que si una mujer quedaba encinta recibía desde los primeros meses bastantes cuidados. Es verdad que, al menos, las jóvenes pertenecientes a las clases altas.

Para ello, se elegía a una partera que cuidaría de ella desde los primeros meses de gestación hasta el alumbramiento. La partera le hacía recomendaciones a la futura madre, al padre y a la familia. Tales consejos podían ser tanto prácticos como pura superstición.

“No debía de enojarse ni asustarse. Si miraba objetos de color rojo, el niño nacería atravesado. Si observaba el cielo durante un eclipse, el niño nacería con labio leporino. La familia debía proporcionarle todo lo que a ella le apeteciera”.

Cihuapatli

Pero al momento de entrar en labor solo la partera podía atender a su paciente, ella se encargaba de la comida, de bañarla y masajearle el vientre. Para evitar un alumbramiento prolongado la partera “le daba una tisana a base de cihuapatli [4] que ocasionaba fuertes contracciones. O bien le daría una bebida a base de cola de tlaquatzin “zarigüeya” que se le atribuía la propiedad de provocar un alumbramiento inmediato y hasta brutal.

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Un espíritu dentro

Según la cosmovisión mexica, una  mujer embarazada poseía el espíritu del recién nacido dentro de ella. Como un guerrero que captura a su oponente durante una batalla. Durante el parto el bebé luchaba por salir a la vida. Si a pesar de los cuidados de la partera, la mujer fallecía, el destino de su alma estaba decidido. El sol había elegido a esa joven madre por su valentía, dándole el honor de  habitar en el lado occidental del cielo. Y cada atardecer

“Las mujeres divinas aparecían para llevar al sol en andas hechas de quetzales o plumas ricas, haciendo fiestas al sol”.

Preparar el cuerpo de las Cihuateteos

El alma de la joven madre partía hacía el paraíso pero aún había que hacerse cargo del cuerpo y protegerlo para que no fuese robado y mutilado por los guerreros “porque le estimaban como cosa santa o divina”.

Así que la lavaban y enjabonaban los cabellos de la joven para que su esposo la llevara a su última morada, ataviada con sus mejores ropas.

“Se juntaban la familia, todas las parteras y viejas; iban todos bien armados con espadas y dando voces, como cuando vocean los soldados al tiempo de acometer a los enemigos”.

La despedida de una Cihuateteo

La procesión se enfrentaba con los jóvenes guerreros, si estos no lograban su cometido aún podrían intentarlo cuando la cihuateteo fuese enterrada en un patio especial dedicado a las diosas celestiales o Cihuapipiltin. Para evitarlo, el esposo y sus amigos se quedaban a cuidarla por cuatro noches. Hasta que el espíritu se transformara en una divinidad.

Si los guerreros ganaban, se adueñaban solo de los cabellos o el dedo medio de la mano izquierda de la fallecida. Según las creencias tenían un poder mágico.

“Los guerreros iban a la guerra con el dedo o con los cabellos de la cihuateteo y decían que con esto se hacían valientes y esforzados…que también cegaban los ojos de los enemigos”.

Después de todo, las cihuateteos eran las vencedoras que habían derrotado al espíritu del enemigo.

Cihuateteo, mujer divina - Cihuateteos
Cihuateteo, mujer divina. Fuente.

De diosas a monstruos terroríficos – Cihuateteos

Pero las cihuateteos no solo tenían el honor de ser parte de la comitiva solar. También podían bajar a la tierra y convivir con los humanos. Posiblemente, enojadas y tristes por la pérdida de sus hijos, regresaban durante el crepúsculo como seres temibles y de mal agüero para las mujeres y los niños. “Se aparecían en las encrucijadas y paralizando a quienes las encontraban”.

Y no era para menos, ya que el aspecto de una cihuateteo era aterrador. No poseían un rostro humano, sino una calavera sin ojos y una dentadura prominente. Por manos y pies tenían garras, “senos colgantes y un estómago flácido y arrugado”. También se les vinculaba con las Tzitzimime, “flecha mala”. Monstruos femeninos que aparecerían en el fin del mundo para devorar a los hombres y que durante las noches se escuchaban sus gritos lúgubres, considerados presagios funestos.

Cihuateteos mexicas
Si el sol no ascendía, las Tzitzimimes descenderían de los cielos para devorar a los mexicas. Representación de una Tzitzimime en el Códice Tudela. Fuente.

La divinidad como recompensa

La dualidad era una de las bases de la cosmovisión mexica y un claro ejemplo fue el papel de los combatientes que se debatían entre la vida y la muerte. Si bien las mujeres no iban a la guerra también a ellas les correspondía pelear con gran valentía.

La muerte no era vista como algo negativo para los mexicas, sino como una fase o un proceso más de la vida. Y mientras más coraje y sacrificio demostraran, mayor sería la recompensa. En el caso de las cihuateteos, su valor era tan admirado, que los guerreros luchaban por adquirir algo de ellas e ir a la guerra con la esperanza de que esa valentía y fuerza se convirtieran en parte de ellos.



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Referencias y bibliografía

Referencias

[1] Situación del Sol en el punto más alto de su elevación sobre el horizonte.

[2] Los mexicas eran descendientes de los aztecas. Los cuales provenían de una ciudad mítica llamada Aztlán.  De la cual no se sabe a ciencia cierta su localización. La teoría más reciente afirma que Aztlán se hallaba en el actual Nayarit. Sin embargo existe la creencia de que se encontraba en el norte de México.

[3] La cosmovisión es la visión del mundo en cuanto a la realidad que crea una sociedad en una determinada época o bajo una determinada cultura. Podríamos decir también que es una manera de ver e interpretar el mundo.

[4] Zoapatle o Cihuapatli Empleado para poder aliviar los problemas que pueden surgir en el parto. Siendo un potente remedio para inducir, apresurar e incluso agilizar la labor de parto, si es necesario. Además, en la fase post-parto, se dice que el consumir esta hierba es muy beneficioso para la mujer. Dado que, ayudar a limpiar la matriz y prevenir una hemorragia postparto, la cual podría ocasionar otros problemas.


Bibliografía

  • Caso, A., 2004, El pueblo del sol, Fondo de Cultura Económica, México.
  • Séjourné, L., 2003, Pensamiento y religión en el México antiguo, Fondo de Cultura Económica, México.
  • Soustelle, J., 2012, El universo de los aztecas, Fondo de Cultura Económica, México.
  • Soustelle, J., 2013, La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista, Fondo de Cultura Económica, México.
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Licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Querétaro, México. Me interés se ha centrado en la cosmovisión mesoamericana, la historia de las mujeres y por ende, en el feminismo. También he tomado cursos y diplomados centrados en literatura, arte y turismo.