Se dice que las guerras son el motor de la historia. A ellas se les debe la formación de Estados y de sus fronteras, la transformación de los sistemas políticos, así como del medio geográfico pero sobre todo, afectan la vida privada de los hombres y de las mujeres. Amelio Robles, ser transgénero en la Revolución Mexicana.

Y aunque siempre se ha creído que la guerra es cosa de hombres,  también las mujeres se han visto afectadas por los conflictos bélicos. Se sabe de mujeres que acompañaban a los ejércitos proveyéndolos de alimento, sirviendo de mensajeras y de espías, traficando con armas o bien recaudando dinero para el ejército. Muy pocas veces fueron protagonistas, siempre permaneciendo en las sombras, olvidadas por la historia.

Pero como en todo, hay excepciones. Ejemplos de mujeres únicas que dejaron las faldas por los uniformes militares, cortaron sus largos cabellos y lucharon para defender sus hogares. Al término de la guerra, regresaban a casa para retomar sus vidas como esposas y amas de casa. Pero no la joven guerrerense Amelia Robles. 

Ella o, más bien, él, combatió con el nombre de Amelio Robles durante la Revolución Mexicana para nunca más volver a ser mujer.  Vivió y amó como un hombre hasta el día de su muerte. Incluso el gobierno mexicano, a través de la Secretaria de la Defensa Nacional, lo reconoció como Veterano de la Revolución Mexicana en 1974.

Amelio Robles (izq.) hablando de "hombre a hombre" con Esteban Estrada sobre asuntos de tierras, según testimonio de Getrude Duby.
Amelio Robles (izq.) hablando de “hombre a hombre” con Esteban Estrada sobre asuntos de tierras, según testimonio de Getrude Duby. Fuente.

La niña Amelia

Amelia Robles Ávila nació en 1889 en un pequeño pueblo, Xochipala, Guerrero, en una familia de rancheros. Estudió unos cuantos años en un colegio para señoritas en Chilpancingo. En el cual se dice que llegó a cortejar a una compañera.

Amelia aprendió todas las labores de la casa pero mostró gran interés en trabajar en el rancho de su familia. Desde joven “aprendió el manejo de las armas y de los caballos”  habilidades poco comunes para una señorita, pero que dejan ver su personalidad poco común para la época.

La guerra: Revolución Mexicana (1910-1917)

Durante 31 años el presidente Porfirio Díaz [1] permaneció en el poder, reeligiéndose una y otra vez. Causando con ello el descontento entre las clases más bajas por la desigualdad social y el maltrato del que eran víctimas en manos de los grandes terratenientes, de los inversores extranjeros, dueños de minas, industrias y grandes comercios.

Todo ese odio y rencillas explotaron en 1910. Al llamado de Francisco I. Madero, la gente se unió para combatir en contra de la desigualdad social y sobre todo, para elegir a un nuevo presidente que respetara la ley de “no reelección”.

¡Ahí viene la bola!

Era el grito característico que se escuchaba para alertar a las personas de que los revolucionarios se acercaban a algún poblado. Como la revolución pronto tomó tintes populistas, en los que todos, desde campesinos, rancheros, hasta las clases medias se podían unir a los ejércitos de los diferentes caudillos [2] que surgieron. Era cosa común que recurrieran a la violencia: robaban, incendiaban propiedades, violaban a las mujeres, mataban a los hombres, etc. Toda una serie de actos que los caudillos como Emiliano Zapata, Pancho Villa o el ejército regular [3], no hacían mucho por detener.

Coronel Amelio Robles

Robles se unió al ejército zapatista [4] en 1912 o 1913 hasta 1918. Más tarde reconoció al futuro presidente Venustiano Carranza, en 1918. Lo que le dio la posibilidad de formar parte del ejército mexicano. Combatió en cruentas guerras, que le dejarían seis heridas de balas en total. Si bien se sabe que Robles nunca compartió el interés por los ideales políticos de los zapatistas ni de ningún otro caudillo, sí llegó a sentirse orgulloso por ser un soldado.

Últimos ejemplares

“Contaba anécdotas sobre la vida cotidiana en los campos de batalla, en donde la lealtad a los jefes, los logros y las rivalidades personales eran el pan de cada día”.

Aunque el nombramiento de coronel le fue concedido durante la etapa zapatista, nunca se le fue reconocido oficialmente, por la Secretaria de la Defensa Nacional.

Para 1928, Robles lucho al mando del ex zapatista Adrián Castrejón, que se convertiría en gobernador del estado de Guerrero. Ese apoyo se convirtió rápidamente en amistad y compadrazgo homosocial [5] que le daría reconocimiento oficial y público a la identidad masculina de Robles.

Amelio Robles – ser transgénero en la Revolución Mexicana.

Muchas mujeres como María de la Luz Barrera o Angel/Angela Jímenez, adoptaron una identidad masculina para pelear en la guerra”.  Pero solo Amelia, siguió identificándose como Amelio, usando el cabello corto, fumando y portando un arma cuando estaba en público, “tenía la precaución de seleccionar camisas con bolsillos que ayudaban a disimular los senos”.

Fue gracias a la revolución que pudo hallar su verdadera identidad. En la guerrilla, “Amelia descubrió, según sus propias palabras, la sensación de ser completamente libre”. Para la época actual podríamos definirlo como un transgénero [6] alguien que, en pocas palabras, no se siente identificado con el sexo con el que nació.

El corazón de un hombre – Las relaciones de Amelio Robles

Robles se enamoró varias veces en su vida. Tras la guerra siguió manteniendo “relaciones sentimentales con varias mujeres, entre ellas Guadalupe Barrón y Ángela Torres, con esta última adoptó una hija”.  Según parece tanto Torres como la hija que adoptaron, se distanciaron de Robles tras años de convivencia como una familia aparentemente heteroparental [7].

Amelio Robles (derecha) con Guadalupe Barrón, 1976
Amelio Robles (derecha) con Guadalupe Barrón, 1976. Fuente.

Ni lesbiana ni transgénero

Por supuesto que Robles se topó con críticas y burlas a lo largo de su vida. Por ejemplo, la periodista Getrude Duby, que documentó las experiencias femeninas durante la Revolución, no comprendió del todo la transexualidad de Robles. Para Duby, Robles solo era una mujer que tenía una pose de un travesti[8], “sus actitudes era un performance[9]. Ya que a través de la fotografía y de las entrevistas periodísticas afirmaba su masculinidad.

Ser un macho en el México posrevolucionario

Posiblemente todos esperaban que Robles se comportara como un transgénero o una lesbiana, grupos que poseen una identidad que buscan transgredir el orden social y eliminar el rol del macho violento. Sin embargo, Amelio buscaba la reafirmación de su sexualidad y la aceptación de la sociedad, por medio de un comportamiento que ensalzaba el ideal de masculinidad mexicana.

El macho revolucionario, era un hombre “valiente y arrojado; con capacidad de responder de manera inmediata y violenta a las agresiones; maneja las armas y los caballos con maestría”. Por ejemplo, un vecino de Robles, contó en una ocasión que “yo nunca le dije señora, siempre le dije señor Robles, porque sacaba su pistola a quien le decía mujer o doña”.

La coronela Amelia Robles

Hombres como Castrejón “hacían bromas pesadas sobre el sexo de Robles. Oficialmente avalaban su masculinidad pero, en privado se referían a la coronela Amelia Robles”. Contrario a su deseo de ser llamado Amelio “tras su muerte le dieron el nombre de Coronela Amelia Robles a la escuela primaria de su pueblo natal”.

Para los grupos feministas, el principal objetivo era incluir a Robles como otra mujer valiente que combatió para defender sus tierras y demostrar que “las mujeres son sujetos históricos, capaces de hacer contribuciones significativas a la vida cívica y a todos los aspectos de la historia”.

Soldaderas o Adelitas. Mujeres que acompañaban a "la bola" para combatir o proveer de alimentos sus esposos o parejas
Soldaderas o Adelitas. Mujeres que acompañaban a “la bola” para combatir o proveer de alimentos sus esposos o parejas. Fuente.

La lucha personal de Amelio Robles

Este comportamiento para con Robles es comprensible, si tenemos en cuenta que durante los primeros años del siglo XX, hablar de sexualidad, y aún más, comprender la homosexualidad, travestismo, y transgénero eran temas tabú.

Posiblemente para Amelio Robles defender su elección de género y su sexualidad, fue una constante lucha, aún más personal, complicada y silenciosa que la Revolución. Su identidad fue algo que le tomaría años y años mantener y defender ante las críticas de su familia y de sus conocidos. Su imagen de macho valiente, envalentonado, probablemente fue solo una fachada para no dejarse vencer ante las duras críticas, las burlas y las miradas del que fue víctima hasta su muerte, a los 95 años.



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Referencias y bibliografía

Referencias

[1] El presidente Porfirio Díaz (1830-1915) fue considerado un dictador, debido a que permaneció en el poder de 1877 a 1880 y de 1884 a 1911. El levantamiento armado conocido como Rev. Mexicana dio fin a su gobierno.

[2] Significa cabecilla o líder, ya sea político, militar o ideológico de un grupo de personas que comparten una misma mentalidad u objetivo.

[3] Es el ejército oficial de un Estado o poder legalmente constituido, contrario a las tropas irregulares, tales como guerrillas.

[4] Los zapatistas eran los que se unían al ejército liderado por Emiliano Zapata. Su ejército se concentró en el sur de México. Atrajo el apoyo de indígenas y campesinos por su defensa de la propiedad comunal de las tierras y el respeto a las clases bajas.

[5] Preferencia por relaciones sociales con personas del mismo sexo.

[6] Refiriéndose a una persona que cuya identidad de género, expresión de género o conducta no se ajusta al sexo con el que nació. A diferencia de un travesti, un transgénero al quitarse toda la ropa se seguirá identificándose con el género del que se siente parte.

[7] Una familia heteroparental, es cuando los padres son de distinto sexo, es decir, hombre y mujer.

[8] Un travesti es una persona que se viste con ropa del sexo contrario. Pero una vez que te quitas la ropa vuelven a ser quien eran.

[9] Performance es una palabra de origen inglés que significa actuación, representación, interpretación.


Bibliografía

  • Cano, G., 2009, Género poder y política en el México posrevolucionario, Fondo de Cultura Económica, México.
  • Cano, G., 2010, “Gertrude Duby y la historia de las mujeres zapatistas de la Revolución Mexicana”, Estudios sociológicos, v. XXVIII, núm. 83, pp.579-597.
  • Núñez, F., 2008, “El agridulce beso de Safo: discursos sobre las lesbianas a fines del siglo XIX mexicano”, Historia y Grafía, núm. 31, pp. 49-75.
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Licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Querétaro, México. Me interés se ha centrado en la cosmovisión mesoamericana, la historia de las mujeres y por ende, en el feminismo. También he tomado cursos y diplomados centrados en literatura, arte y turismo.